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y el criminalista nocturno.
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durante el proceso de una investigación, parte fundamental es el modus operandi, es decir, qué patrones y comportamientos realiza un sujeto desde el inicio, durante y al final del suceso. En muchos casos, nos podemos topar ante cosas que nos parecen extrañas, pero todo movimiento siempre nos dice algo y nos da a conocer un poco más de la personalidad del sospechoso. Hay conductas que podemos destacar de otras, y es que depende mucho del desarrollo y el entorno en el que haya crecido el sujeto. En ocasiones, las cargas del pasado afectan el presente, y son bastantes las personas que de víctimas pasan a ser victimarios, cambiando los roles significativamente, ejerciendo poder y control sobre aquellos que pueden reflejarse en el pasado de ellos mismos.
Durante los años de 2009 a 2015, en diferentes puntos de la ciudad, fueron encontrados hallazgos terroríficos. Sin embargo, no habían notado relación alguna entre ellos. Que a mediados de noviembre del 2015, dos personas aparecieron en un mismo lugar, a escasos metros de un arroyo seco. Al encontrar una similitud en todos los casos, las autoridades iniciaron las investigaciones.
El 17 de noviembre del año 2015, luego de un reporte al número de emergencias, en el cual se informó la localización de las extremidades de una persona en el interior de una casa abandonada, ubicada en las calles noventa y sanz abel de la colonia desarrollo urbano, elementos de la unidad especializada de investigación acudieron al lugar para realizar las investigaciones pertinentes. Una vez que se realizó el levantamiento de dichas extremidades, procedieron a buscar el resto del cuerpo, ya que no se encontraba en la casa. Fue hasta 48 horas después que se logró la localización de un torso que tenía un corte por la mitad y diversos golpes en la cabeza. Fue hallado en un arroyo que se ubica a solo una cuadra adelante, en la calle 11 con esquina álamos. Al interior de una llanta de arriba se encontraba la parte delantera de un triciclo.
Luego de las indagatorias, se logró establecer la identidad del sujeto. Se trataba de Lorenzo Ernesto Olivas Berríos, de 22 años de edad, originario de la ciudad de Delicias, quien hace algunos meses se había mudado a la capital en búsqueda de trabajo. Fue visto por última vez la noche del 13 de noviembre por un familiar, a quien le comentó que saldría a comprar de cenar. Sin embargo, nunca regresó. Al siguiente día lo buscaron, pero no aparecía por ningún lado. Así pasaron los días hasta que el 16 de noviembre fue reportado como desaparecido. Al siguiente día se realizó el hallazgo.
De acuerdo con la investigación, el joven acudió a un bar donde se encontró con Andrés Castillo, quien luego de una charla lo acompañó a su domicilio, un cuarto que rentaba en una vecindad en la calle Sanabel número 903, donde le ofreció sustancias ilícitas. Al ver que se encontraba bajo el influjo de las drogas, comenzaron a discutir. Éste lo golpeó y después abusó. Posteriormente, tomó un martillo y lo golpeó en la cabeza hasta que su cráneo se fracturó. Después, procedió a cortar el cuerpo con una segueta. Se dirigió al baño donde lavó las extremidades para que al trasladarlas no dejara rastros.
Luego del acontecimiento, Castillo acudió con uno de sus amigos, a quien le pidió lo acompañara a su casa. Ya en el lugar, le confesó lo sucedido. Sin embargo, amenazó al joven con hacerle lo mismo si no lo ayudaba a ocultar los restos. Al verse obligada, trasladaron el cuerpo al arroyo. No obstante, al regresar al domicilio, Andrés obligó al testigo a tener intimidad. Luego lo ayudó a limpiar y pintar las paredes, ya que se habían manchado de sangre.
Al transcurso de unos días, desalojó el cuarto que rentaba. Luego le pidió asilo a otro de sus amigos, el cual habitaba en la calle 11 número 6 mil 841 en la colonia Desarrollo Urbano, donde se albergó. Posterior a eso, el 13 de diciembre del mismo año, fue hallado otro cuerpo en el mismo arroyo. De igual forma, se encontraba al interior de una llanta. Había sido cortado únicamente de las piernas, las cuales se encontraban envueltas en una cobija. Lo inquietante fue que arriba del cuerpo fue colocada la parte trasera del mismo carrito de juguete que se había encontrado en el primer crimen.
Esta vez se trataba de Daniel Alfonso Rodríguez Morales, de 22 años, de apodo "El Troya", quien fue visto por última vez caminando por la calle unas horas antes de su hallazgo. De acuerdo con el reporte de la fiscalía, Rodríguez Morales fue agredido la noche del 12 de diciembre al interior de la casa en la calle 11, donde vivía Castillo desde hace un mes. Durante una reunión que tenían, comenzaron a discutir, pues se encontraba bajo el influjo de las drogas. Golpeó a Daniel en la cabeza con una roca hasta que lo privó de la vida, en presencia del joven que le había ayudado anteriormente a deshacerse de la primera víctima, así como en presencia de su anfitrión. Al ver tal suceso, amenazó a ambos de que les haría lo mismo si decían algo. Entonces, acudió por la misma segueta que utilizó para cortar los cuerpos. Posteriormente, lo trasladó en una carretilla, en la que cargó los restos hasta el mismo lugar donde un mes antes había dejado a Lorenzo Olivas.
Al analizar los cortes en ambos cuerpos y al ver la posición de los mismos, así como el hallazgo del mismo carro de juguete, se determinó que indudablemente habían sido cometidos por la misma persona. Días después, el 18 de diciembre, localizado otro cuerpo en una de las habitaciones del mismo domicilio. La víctima, Fernando Valles Gandarilla, quien desapareció el mismo día que Daniel Rodríguez. Más tarde, Jesús Valles Gandarilla declararía que su hermano había visitado a Andrés Castillo antes de desaparecer. Al ver que su hermano no regresaba, le preguntó al agresor si sabía sobre su paradero, pero éste le dijo que su hermano se había marchado de su casa y no sabía dónde estaba. Jesús Valles le creyó, pues pensó que su hermano ya se había cansado de él y lo había abandonado, ya que Fernando lo cuidaba, pues Jesús había perdido ambas piernas en un accidente. Pero la verdad fue que el agresor lo golpeó en varias ocasiones. Una vez que no se podía mover, abusó de él. Posteriormente, tomó un martillo y lo golpeó en la cabeza en reiteradas ocasiones. Después, lo metió en una hielera que se encontraba enterrada en una de las habitaciones, ya que ahí guardaban cerveza clandestina que antes comercializaban. Seguido de eso, puso cemento en el lugar, lo cual cubrió con un ropero para no levantar sospechas.
En este punto de la investigación, era preocupante la serie de sucesos que estaban ocurriendo en esa colonia, que los llevó a centrar toda la atención posible para esclarecer los hechos. Nadie se imaginaba que Andrés Castillo era el responsable de tales actos, hasta que la mañana del 5 de enero del año 2016, la policía detuvo a Andrés Castillo, de 35 años de edad, en la colonia Vistas de Cerro Grande, en el municipio de Chihuahua, Chihuahua, por posesión de cristal. Se encontraba en esos momentos trabajando como albañil en una construcción. En el interrogatorio, se dieron cuenta de que el sujeto vivía exactamente donde habían ocurrido los crímenes, así que le cuestionaron sobre dichos acontecimientos. Una vez que vio que lo iban a investigar, confesó haber privado de la vida a tres personas, las cuales se habían encontrado cerca de la misma zona donde él habitaba.
Al día siguiente, 6 de enero de 2016, la Fiscalía General del Estado dio a conocer la detención del presunto sospechoso, vinculado con el asesinato de tres hombres desmembrados hallados al sur de Chihuahua en noviembre y diciembre del 2015. Se trataba de Andrés Ulises Castillo Villarreal, alias "El Cholo", de 35 años de edad, que se dedicaba a la albañilería y presuntamente también vendía cristal. El Fiscal General, Jorge Enríquez González, señaló que el sujeto asesinó a las personas descuartizadas en la colonia Desarrollo Urbano, y no solo eso, sino que también se le vincula con otros 12 casos sin esclarecer, pero con mucha similitud, ocurridos violentamente entre el 2009 al 2015. Todos ellos hombres.
De acuerdo a las investigaciones, utilizaba siempre el mismo modus operandi. Las víctimas eran reducidas con la promesa de consumir algo de cristal. Después, iban al domicilio de Andrés Castillo. Una vez bajo sus efectos, los golpeaba con un objeto contundente en la cabeza. Luego de eso, abusaba de ellos. Posteriormente, los asesinaba. Tomaba una segueta, misma que fue usada en todas sus víctimas, y procedía a cortar las extremidades para finalmente esparcir sus cuerpos en lugares abandonados. En algunas víctimas fueron hallados carros de juguete, que en un principio se pensó podrían tener relación con el robo de vehículos en la ciudad, pero luego de varios interrogatorios.
Algo que llamó sumamente la atención de este caso fue lo que Andrés Castillo declaró, pues mencionó que de niño había sufrido abuso por parte de una persona. Una vez que terminaba de estar con él, el atacante le obsequiaba un carro de juguete para que no dijeran nada. El carro era muy similar al que dejó cerca de sus víctimas, lo que indica que posiblemente los carros de juguete representaban los regalos que le hacían de niño, evidenciando una carga emocional que va arrastrando desde su infancia y que en determinado momento pasó de ser víctima a victimario. Ello explica por qué todos son hombres. De acuerdo al perfilador, son douglas. La colocación de un objeto es la firma personal de un criminal, y personal que es único en el individuo, que nos deja ver el estado emocional del sujeto, es decir, aquello que lo llena emocionalmente al momento del hecho, ya sea para saciar un instinto o para calmar un daño.
En el cateo de los dos domicilios, se lograron obtener pruebas importantes que más adelante en el proceso sirvieron como evidencia para el esclarecimiento de los hechos. Al interior se encontraron cobijas y trapos en las que estaban enredados los cuerpos, así como bolsas de polietileno que contenían las extremidades encontradas, guantes de látex, manchas hemáticas localizadas en pisos y paredes, pintura con la que trató de cubrir huellas, así como la segueta metálica con la que cercenó los cuerpos y la que días después había pintado en color verde para disimular las manchas hemáticas. Se encontraron también las partes del juguete infantil que dejó junto a los cuerpos, la carreta que utilizó para el transporte también fue hallada, zapatos en color negro y la credencial de una empresa de seguridad privada con fotografía a nombre de Andrés Ulises Castillo. Todos los objetos que se encontraron tenían manchas de sangre.
Una vez que se realizó el análisis a las pruebas encontradas, se pudo encontrar ADN de Lorenzo Ernesto Olivas Berríos y de Daniel Alfonso Rodríguez Morales, así como de Fernando Valles Gandarilla, a quien puso bajo tierra. Durante la audiencia de vinculación a proceso, un testigo declaró ante el ministerio público que fue agredido por Andrés Castillo. Dicho testigo fue el joven a quien pidió ayuda para tirar los restos al arroyo. Éste mencionó que Andrés se presentó en su casa en la madrugada para solicitarle un favor. Mencionó que se encontraba agitado y ebrio. Al entrar a su domicilio, vio el cuerpo a la mitad de un sujeto en el baño. Luego lo amenazó que si no le ayudaba, sería el próximo, añadiendo que no era el primer crimen que cometía, ya que le dijo que era un asesino en serie y que si estaba en libertad era porque nunca había dejado cabos sueltos. Una vez que lo dejaron en el arroyo, le confesó al joven que le gustaban los hombres y que se había acabado con él porque se quiso imponer en la intimidad. Luego de contarle esto, abusó de él, dejándole muy en claro después del acto, tenían que ser inseparables y que si él notaba distanciamiento, lo tomaría como una traición, situación que se pagaba constante. Tras esto, el imputado le dijo a su víctima que a él le gustaba asesinar por placer y que siempre hacía un trabajo limpio, por eso no lo habían agarrado.
Una vez que vio todas las pruebas en su contra, decidió confesar algunos otros crímenes que, según la fiscalía, podría tratarse de 20 personas a quienes privó de la vida. El perito en psicología forense mencionó que Andrés Castillo es un psicópata desordenado, cuyas características son impulsivas y desorganizadas, no únicamente en los delitos donde dejaba mucha evidencia, sino también en su vida personal.
Finalmente, el 5 de diciembre del 2017, al término del juicio oral, el agente del ministerio público presentó pruebas sólidas como periciales, testimoniales y de genética. A pesar de confesar haber cometido por lo menos 12 asesinatos, solo se le comprobaron 3 y un abuso, por lo que fue sentenciado a 120 años de prisión.
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