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Las últimas imágenes de Gaia muestran algo MASIVO en el interior de la Vía Láctea

Astrum Español16:30

Transcription

Realmente no conocemos la Vía Láctea. Sí, has oído bien; ni siquiera con el hecho de que vivimos dentro de ella.

Y antes de que pienses que estoy hablando de detalles rebuscados sobre la formación estelar, de cómo evolucionan las galaxias o cosas por el estilo, no va por ahí la cosa. Hay aspectos básicos de nuestra galaxia que aún son un misterio. Por ejemplo: ¿cuántas estrellas hay realmente en la Vía Láctea? ¿Cuál es su forma exacta? Y, más concretamente, ¿tiene dos brazos espirales o cuatro?

Puede que parezcan preguntas simples, pero la realidad es que no tenemos una respuesta definitiva. Las estimaciones sobre el número de estrellas van desde los 100.000 millones hasta los 400.000 millones, dependiendo del modelo que se utilice. Y lo de los brazos espirales lleva décadas generando debate entre científicos: que si son dos, que si son cuatro. Ahora mismo, todo apunta a que son cuatro, y tiene sentido. Es mucho más difícil observar algo desde dentro que desde fuera. Vamos, que es más fácil mirar por la ventana y ver la casa de enfrente que tratar de ver tu propia casa estando dentro de ella.

Pero aquí va una curiosidad: ¿cuántas galaxias hay dentro de la Vía Láctea? Según el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea, que acaba de completar su misión de 10 años, la respuesta no es una sola. Durante su misión, Gaia ha estado cartografiando las estrellas de la Vía Láctea con más de 3 billones de observaciones. Y ahora, mientras se analiza la última tanda de datos, empiezan a salir cosas sorprendentes. Hay 30.000 estrellas que se están comportando de forma extraña. Van en la dirección equivocada, no siguen el movimiento general; pero, en realidad, estas estrellas no son de aquí.

Soy Rafael González y estás viendo Astrum. Acompáñame hoy en un viaje profundo por los datos de Gaia para responder a una pregunta fascinante: ¿Cuántas galaxias se ha comido la Vía [Música] Láctea?

Como ya he mencionado antes, observar nuestra propia galaxia es sorprendentemente complicado, y no es solo una cuestión técnica. Ya comenté en un vídeo anterior que todas las estrellas, las nubes de gas y polvo interestelar pueden interponerse en lo que realmente queremos ver. Esto se vuelve especialmente problemático al mirar hacia el centro del disco galáctico, donde se acumula la mayor parte de la materia. Esa zona se conoce entre los astrónomos como la zona de evasión. La luz visible no puede atravesar fácilmente esta región, lo que obliga a los científicos a utilizar otros métodos, como los rayos X, para intentar averiguar qué hay más allá.

Siguiendo con la metáfora de la casa, es como si estuviéramos sentados en nuestra habitación intentando entender la distribución del resto de la casa, pero las paredes que tenemos justo delante nos impiden ver las otras habitaciones y pasillos.

Y si eso no fuera suficiente, aún hay otro problema: es muy difícil saber a qué distancia está una estrella de la Tierra. Para crear un mapa 3D preciso de la Vía Láctea, no basta con ver las estrellas. Hay que saber si lo que estás viendo son estrellas pequeñas, cercanas y tenues, o gigantes lejanas y brillantes que solo parecen pequeñas y tenues por estar tan lejos. Y, claro, no todas las estrellas nos lo ponen fácil. Algunas, como las estrellas variables cefeidas, tienen una luminosidad bastante predecible. Si sabes unas cuantas cosas sobre ellas, puedes calcular su distancia con bastante precisión; pero no todas las estrellas son tan generosas.

Entonces, ¿cómo averiguamos la distancia de aquellas que no nos dan pistas? La respuesta está en un fenómeno conocido como paralaje, y eso es precisamente lo que ha estado utilizando Gaia durante los últimos 10 años para construir su mapa de la galaxia. El paralaje se basa en un principio muy sencillo: dependiendo del punto desde el que observes algo, ese algo puede parecer estar en lugares distintos. Puedes hacer la prueba ahora mismo. Estira un dedo frente a tu cara. Cierra un ojo. Ahora cierra el otro. Alterna rápidamente entre uno y otro. ¿Lo ves? Tu dedo parece moverse bastante con respecto al fondo. Cuanto más cerca esté el objeto, mayor es ese efecto de paralaje. Y con un poco de trigonometría básica se puede calcular la distancia a la que está.

Claro, el efecto es muy evidente si miras un dedo delante de tu cara, pero apenas lo notarás en un árbol al otro lado del campo. Eso nos dice que está mucho más lejos. Cuanto más distante está un objeto, más difícil es usar el paralaje para estimar su distancia. La precisión empieza a flojear.

Pero entonces, ¿cómo se puede aplicar esto a las estrellas? La clave está en ampliar la base desde la que se observa. Igual que la distancia entre tus ojos genera ese efecto de paralaje, Gaia no ha observado cada estrella una sola vez, sino muchas veces a lo largo de una década entera. Durante ese tiempo, el cielo ha ido cambiando poco a poco, y eso queda claro en timelapses como este que estás viendo, donde el movimiento está exagerado unas 10.000 veces. En lugar de usar los 6 cm que separan tus ojos como base para medir el paralaje, podemos usar algo bastante más grande: el sistema solar entero. Cada medio año, la Tierra se mueve de un lado al otro del Sol, lo que provoca un pequeño efecto de paralaje en todas las estrellas que vemos. Si te fijas en esta animación, notarás que las estrellas dibujan unos bucles pequeños. No es que realmente se estén moviendo así, es que nosotros lo estamos haciendo. Es el efecto de nuestra propia órbita alrededor del Sol.

Esto ya nos permite medir distancias con cierta precisión, pero en realidad hay una escala aún mayor que podemos aprovechar: el movimiento propio de las estrellas. Olvídate por un momento de esos bucles de paralaje. Aquí entra en juego una base de medida aún más grande. Y es que no solo se mueve la Tierra, todo nuestro sistema solar, junto con el resto de las estrellas de la galaxia, también se desplaza por el espacio. Ese movimiento galáctico también genera una especie de efecto de paralaje a gran escala. La idea es la misma: las estrellas que parecen moverse más con respecto al fondo del espacio están más cerca. Las que apenas se mueven están mucho más lejos.

De esta forma, Gaia ha ido construyendo, observación tras observación, un mapa tridimensional preciso de 2.000 millones de estrellas, tanto dentro de la Vía Láctea como más allá. Y para ello ha acumulado la increíble cifra de 3 billones de observaciones.

Pero Gaia no solo ha estado mirando su movimiento y su distancia. La misión de la ESA con este telescopio era mucho más ambiciosa. También se propusieron estudiar la luminosidad, temperatura, masa y composición química de esas estrellas. Para ello, Gaia está equipado con dos telescopios super precisos que captan luz desde dos direcciones distintas y la redirigen a una cámara con casi 1.000 millones de píxeles. Es literalmente la cámara más precisa jamás enviada al espacio. Cuenta con un espectrómetro de velocidad radial que permite medir el desplazamiento Doppler y nos da pistas sobre la velocidad de las estrellas. Y además tiene instrumentos fotométricos que nos permiten conocer las propiedades espectrales de cada estrella, como su composición o su temperatura.

Y aunque esos 2.000 millones de estrellas apenas representan una pequeña parte de los cerca de 100.000 millones que se estima que hay en la Vía Láctea, con eso ya podemos construir un mapa increíblemente detallado de nuestra galaxia y su historia. Y es precisamente ese análisis a lo largo del tiempo lo que nos permite descubrir los hábitos alimenticios de la Vía Láctea.

Y al observar durante años el movimiento y la posición de las estrellas de nuestra galaxia, Gaia nos ha permitido algo realmente asombroso: crear un modelo completo de la Vía Láctea e incluso rebobinarlo en el tiempo. Mira esto. No podemos hacer una fotografía real de nuestra galaxia. Ninguna nave equipada con cámara ha viajado lo suficientemente lejos como para captarla desde fuera. Pero lo que estás viendo aquí es una recreación basada en los datos de Gaia, con un nivel de detalle y precisión sin precedentes. Fíjate en los bordes irregulares, como si estuvieran agitados o deformados. Eso fue lo primero que hizo sospechar a los científicos. Esos bordes ondulados indican que en algún momento del pasado la Vía Láctea chocó contra otra galaxia.

Usando el segundo paquete de datos que Gaia publicó, un grupo de investigadores neerlandeses analizó los movimientos de 7 millones de estrellas y detectó que unas 30.000 se movían de forma extraña. Mientras que la mayoría de las estrellas, incluido nuestro Sol, giran alrededor del centro galáctico en una misma dirección, ese grupo peculiar iba en dirección contraria. Además, su color y su brillo también eran diferentes al resto. Algo claramente no encajaba con el patrón habitual. Los científicos se pusieron a hacer cálculos y encontraron un modelo que explicaba lo que estaban viendo: una colisión galáctica. Según sus conclusiones, el impacto habría ocurrido entre 8.000 y 11.000 millones de años atrás, y la protagonista fue una pequeña galaxia enana que los investigadores bautizaron como Gaia-Encélado, aunque también se la conoce con un nombre algo más peculiar: la salchicha Gaia-Encélado. Mira cómo las estrellas de Gaia-Encélado, representadas aquí en rojo, consiguieron mantenerse agrupadas durante un tiempo antes de dispersarse poco a poco por toda la Vía Láctea.

Esta fusión no fue cualquier cosa. Pudo ser clave para que nuestra galaxia desarrollase algunas de sus características únicas, como esa barra central que la atraviesa, algo que solo tienen dos tercios de las galaxias espirales.

Pero no te creas que fue un atracón puntual de salchicha galáctica. Otra galaxia enana, llamada de muchas maneras (Arjuna, Sequoia o Ijitoi, según a quien preguntes), también se fusionó con la Vía Láctea. De hecho, se sospecha que podría haber estado emparejada gravitacionalmente con Gaia-Encélado.

Y eso no es todo. En un estudio posterior se descubrieron los restos de otra fusión galáctica, mejor dicho, más de una. Según ese estudio, nuestra Vía Láctea podría haber devorado hasta seis galaxias distintas. Y según los datos de Gaia, esto no ha parado. La galaxia enana Sagitario, que está bastante cerca de nosotros, ya ha chocado tres veces con la nuestra en los últimos 4.000 a 5.000 millones de años, y todo apunta a que volverá a hacerlo. Algunos astrónomos incluso creen que ese último impacto pudo ser el detonante que encendió el nacimiento de nuestro propio Sol, que surgió justo por esas fechas. Con el tiempo, Sagitario acabará siendo la séptima galaxia que la Vía Láctea devora por completo. Sus estrellas ya están siendo arrancadas poco a poco por las fuerzas gravitatorias para acabar integradas en nuestro hogar galáctico.

Todo esto que sabemos es gracias a los datos que Gaia ha recopilado durante su misión. Por eso, no deja de ser un poco triste decirlo, pero el tiempo de Gaia ha llegado a su fin. Para mantenerse en su posición, el segundo punto de Lagrange, Gaia usaba un propulsor de gas frío que gastaba unos 12 g al día, pero ese gas se ha agotado. El 15 de enero de 2025, Gaia realizó su última observación. Ahora está completando unos últimos ajustes y calibraciones antes de apagarse definitivamente el 27 de marzo de 2025.

Pero atención, porque su historia no termina aquí. Todavía quedan dos lotes de datos más por publicar. El primero de ellos, el cuarto lanzamiento de datos (DR4), incluirá nada menos que 500 TB de información y saldrá a la luz en 2026. Y ojo, solo cubre los primeros 5 años y medio de la misión, pero lo hace con un nivel de precisión alucinante. Sus mediciones exactas de los movimientos de bamboleo de las estrellas podrían incluso revelar posibles exoplanetas, y además va a incluir el mayor catálogo de estrellas binarias que jamás se haya creado.

Y por si fuera poco, los descubrimientos de Gaia no se limitan a colisiones galácticas del pasado o del presente. También podemos usar sus datos para hacer una especie de avance rápido y modelar el movimiento de las estrellas locales millones de años hacia el futuro. Esto permite generar simulaciones como esta que estás viendo. Fíjate: aunque al principio las estrellas cercanas parecen dispersarse por la Vía Láctea, después vuelven a agruparse. Se cree que esto ocurre por efecto de las ondas de densidad que recorren la galaxia. Ver cómo sucede esto en simulaciones ayuda a entender por qué nuestra galaxia tiene forma de espiral.

Pero Gaia también ha afinado nuestra comprensión mucho más cerca de casa. Ha determinado la posición y dirección de más de 150.000 asteroides en nuestro sistema solar, y como ha seguido sus trayectorias durante años, ha podido detectar que 352 de esos asteroides probablemente tienen lunas, gracias a unas pequeñas oscilaciones detectadas en sus movimientos. Esto casi duplica el número de asteroides con lunas que conocíamos hasta ahora.

A Gaia la han llamado un auténtico tesoro de información, y sinceramente no están exagerando. Es difícil transmitir cuántos descubrimientos se esconden entre todos los datos que ha recopilado. Gracias a ella, tenemos el mayor mapa 3D jamás hecho de cuásares en el universo. Ha identificado nada menos que 1,3 millones de ellos, algunos de ellos tan antiguos que su luz empezó a viajar cuando el universo apenas tenía 100 millones de años.

Pero Gaia no solo mira lejos; también ha descubierto un agujero negro nuevo dentro de nuestra propia galaxia, uno que tiene 33 veces la masa del Sol y a tan solo 2.000 años luz de distancia. Este tipo de agujero negro nunca se había detectado antes en la Vía Láctea. La mayoría de los agujeros negros cercanos no suelen superar las 10 masas solares, así que este hallazgo es enorme.

Y ojo, que hay muchísimos más descubrimientos como estos gracias a los datos de Gaia. No es de extrañar que la ESA ya esté planeando su posible sucesora. GaiaNIR sería un telescopio similar, pero con capacidad para observar más allá del infrarrojo, lo que le permitiría atravesar las nubes de gas que limitaron la visión de Gaia. Eso sí, no te hagas ilusiones todavía. Si el proyecto sigue adelante, GaiaNIR no despegaría hasta 2045. Así se dejaría un buen intervalo entre ambas misiones, y eso es algo intencional. Cuanto más tiempo pase, más lejos habrán viajado las estrellas que Gaia observó, y mayor será el efecto de paralaje que se podrá medir cuando se publique el quinto lanzamiento de datos, el DR5. Será el gran momento. Si todo va bien, llegará hacia finales de esta década y traerá todo, los 10 años y medio de misión, con el nivel de detalle más extremo que podamos imaginar. Será de verdad una mina de oro científica. Imagínate todo lo que se podrá descubrir con semejante cantidad de datos en bruto. Quién sabe qué más podremos aprender sobre nuestra galaxia.

Así que sí, puede dar un poco de pena que la misión de Gaia termine, pero el legado que deja es emocionante. Aprender sobre nuestra galaxia, la Vía Láctea, puede ser sorprendentemente complicado, pero gracias a Gaia estamos más cerca que nunca de entenderla.

¿Te ha parecido interesante este viaje por nuestra galaxia, la Vía Láctea? ¿Te gustaría que profundizáramos más? Déjamelo en los comentarios, ya que hay muchísimo más de lo que podríamos hablar. Un fuerte abrazo a los mecenas que me apoyan en mi misión de divulgar la ciencia. Suscríbete y deja un me gusta para apoyar el canal. Gracias por tu visita y nos vemos en el futuro. [Música]