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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del santo evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: "Les aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes. Yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la escritura. El que compartía mi pan me ha traicionado. Se los digo ahora antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy. Les aseguro, el que recibe a mi enviado me recibe a mí y el que me recibe recibe al que me ha enviado."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Vamos a quedarnos con estas palabras de Jesús. El siervo no es más que su señor y el que es enviado no es más que aquel que envía. Queridos hermanos, Jesucristo es inigualable. El siervo no es más que su señor. ¿Y quién es el Señor? Jesús, Jesús es lo máximo.
Hemos escuchado hoy en la primera lectura como San Pablo en Antioquía de Pisidia relata la historia de la salvación. San Pablo habla de cómo Dios elige un pueblo, acompaña ese pueblo, lo saca de la esclavitud de Egipto, lo acompaña en el desierto, de ese pueblo surgen los reyes y de la descendencia de David surge Jesucristo, quien no solamente es verdadero hombre, es también verdadero Dios. Jesucristo es insuperable, es el Emmanuel Dios con nosotros. Jesús, hermanos, es el referente, debe ser el referente de todo lo que hacemos. Estamos llamados a imitar a Jesucristo y Jesús mismo nos da la fuerza del Espíritu Santo que nos renueva desde dentro para poder imitarle, para reflejarle.
El siervo no es más que su señor. Estamos llamados a tener siempre como referente a Cristo. Y quisiera señalar solamente tres puntos para que juntos hagamos examen de conciencia si estamos imitando a Jesús.
El primer punto es el servicio. Y ustedes han estado atentos al evangelio. ¿Cómo empieza el evangelio de hoy? Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus apóstoles, dijo: "El siervo no es más que su señor." Jesús nos ha dado un ejemplo maravilloso de lo que es el servicio. Si el maestro Jesucristo sirve sin medida, lo mismo debemos hacer nosotros. ¿Cómo está nuestro servicio? ¿Nos ponemos a disposición de los demás empezando nuestra casa? Queridos hermanos, lo propio de un discípulo de Jesús es el servicio. Ahí donde estamos, tenemos que caracterizarnos por ser personas serviciales. Decía un poeta que no era cristiano, Tagore, lo siguiente: "Soñé que la vida era alegría. Me desperté, me puse a servir y me di cuenta que en el servicio está la alegría." Ese poema podemos asumirlo nosotros los discípulos de Jesús. En el servicio está la alegría.
Jesús nos ha marcado un camino. El maestro lavó los pies a sus apóstoles.
El segundo punto es el perdón. Si el maestro Jesucristo siempre perdona, hermanos, tenemos que perdonar. El siervo no es más que su señor. Jesús no se cansa de perdonar. Cuántas veces tú y yo tenemos rencor en el corazón, no perdonamos de corazón, entonces no estamos imitando al maestro. El perdón es también un termómetro de nuestro seguimiento a Jesucristo. Jesús todos los días perdona. Jesús nunca nos quita el habla. ¿Quién soy yo para no perdonar? ¿Quién soy yo para quitarle el habla a alguien? Eso no es cristiano, hermanos.
Y el tercer punto, la cruz. Si Jesús el maestro ha ido a la cruz, el maestro, nosotros también tenemos que estar crucificados con el crucificado que es Cristo. Es más, Jesús nos ha dicho, ustedes se acordarán: "quien quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga." ¿Cómo estamos asumiendo las cruces de cada día? Quien rechaza su cruz rechaza a Jesús. Queridos hermanos, no rechacemos las cruces, porque si rechazamos las cruces no estamos imitando al maestro.
El siervo no es más que su señor. Estos tres puntos que les he dado, con esto ya concluyo, implican un combate espiritual. Servir, perdonar, llevar con paz nuestras cruces no es fácil, es un combate espiritual.
Hoy se recuerda a un papa santo. ¿Alguien sabe qué papa? San Pío V. ¿Y por qué es importante San Pío V? ¿Le suena la batalla de Lepanto? ¿Le suena? Para aquellos que no les suene, brevemente se los relato. Era una batalla decisiva entre los musulmanes y los cristianos. Año 1571. Si ganaban los musulmanes, invadían Europa y la flota musulmana era superior a la cristiana. ¿Y qué es lo que pidió San Pío V a todos los cristianos? Rezar, rezar el Santo Rosario y los cristianos le hicieron caso. Se rezó el rosario y contra todos los pronósticos, los cristianos le ganaron a los musulmanes. La Virgen nunca falla. Nosotros también tenemos nuestros lepantos, hermanos. Tenemos que luchar todos los días por imitar a Jesús. Es un combate espiritual. El Señor nos da su gracia para vencer. Hay que colaborar con el Señor. Y hoy le pedimos a la Virgen que nos ayude para que imitemos todos los días a Jesús, vivamos el servicio, perdonemos de corazón y asumamos nuestras cruces con paz y alegría, poniéndolas en la cruz redentora, la cruz de Cristo. Que así sea. Amén.
Hoy es jueves, día eucarístico y sacerdotal. Vamos a rezar las letanías de la preciosísima sangre de Cristo.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, verbo de Dios, hecho hombre, sálvanos.
Sangre de Cristo del Nuevo y eterno testamento, sálvanos.
Sangre de Cristo vertida hasta la tierra en la agonía, sálvanos.
Sangre de Cristo que corrió en la flagelación, sálvanos.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas, sálvanos.
Sangre de Cristo derramada en la cruz, sálvanos.
Sangre de Cristo precio de nuestra redención, sálvanos.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón, sálvanos.
Sangre de Cristo, en la Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas, sálvanos.
Sangre de Cristo, río de misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los demonios, sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, valor de los confesores, sálvanos.
Sangre de Cristo, engendradora de vírgenes, sálvanos.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran, sálvanos.
Sangre de Cristo, solaz de los que trabajan, sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo de los afligidos, sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes, sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio de los moribundos, sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y gozo de los corazones, sálvanos.
Sangre de Cristo, garantía de vida eterna, sálvanos.
Sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio, sálvanos.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria, sálvanos.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Nos redimiste, Señor, con tu sangre; haz de nosotros para nuestro Dios.
Oremos.
Omnipotente y siempre eterno Dios, que constituiste a tu unigénito hijo redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Rezamos la oración por la santificación y multiplicación de los sacerdotes.
Decimos: Padre celestial, para mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al Verbo encarnado, que acabamos de recibir en el sacramento de su amor y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada, por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu divino espíritu, enciéndelos en amor a la cruz y haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Queridos hermanos, me he fijado en esas palabras que Jesús dice cuando acabó de lavar los pies a sus apóstoles. Jesús dice: "El siervo no es más que su señor. El que es enviado no es más que quien envía." Jesús es lo máximo. Él es nuestro referente. A él tenemos que imitar. Y hay tres puntos concretos que he señalado, podría haber mencionado más para hacer examen de conciencia si estamos imitando al maestro.
¿Cuál es el primer punto? El servicio. Si el maestro sirve y siempre no sirve, ¿quién soy yo para ser egoísta y no servir? Hermanos, lo propio de un cristiano es el servicio, ponernos a disposición de los demás.
¿Cuál es el segundo punto que les he dicho? El perdón. Si el maestro siempre perdona y como decía el Papa Francisco, Jesús no se cansa de perdonar, ¿quién soy yo para no perdonar? Para quitarle el habla a alguien. ¿Quién soy yo? Si el maestro nunca me quita el habla. Hermanos, hagamos examen de conciencia.
Y el tercer punto que les he dicho, ¿cuál es? La cruz. Si el maestro ha ido a la cruz por nosotros, ¿quién soy yo para rechazar mis cruces? Pongamos nuestras cruces en la cruz de Cristo y todo será llevadero.
Hoy recordamos a San Pío V, el Papa del Santo Rosario. Recemos el rosario todos los días. La Virgen nos va a ayudar a vencer en esos lepantos, en esos combates espirituales. Todos los días hay que esforzarnos por imitar a Jesús.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Dulce corazón de María, sea salvación del alma.
San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Pueden ir en paz. Damos gracias a Dios.