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La MENTIRA Que Sostiene Toda Nuestra Civilización | Chesterton

Legado de Chesterton32:34

Transcription

Permíteme plantearte una pregunta que me obsesionó durante años. ¿Qué pasaría si toda nuestra civilización moderna estuviera construida sobre una mentira fundamental? Una mentira tan perfecta, tan seductora, que incluso los más inteligentes la abrazan como si fuera la verdad más pura.

En 1910, cuando el mundo celebraba los milagros del progreso y la ciencia prometía resolver todos los males humanos, yo vi algo que nadie más quería ver. Vi las semillas de la destrucción plantadas en el corazón mismo de nuestra apreciada modernidad. Y hoy, más de un siglo después, esas semillas han florecido en una cosecha amarga que estamos obligados a cosechar.

¿Has notado como nuestra época que prometía liberarnos de todas las supersticiones nos ha convertido en los seres más supersticiosos de la historia? Como una era que juró traer luz universal, ha sumergido a millones en una oscuridad existencial sin precedentes. Cómo el progreso que prometía unir a la humanidad la ha fragmentado en mil pedazos irreconocibles.

Esto no es coincidencia, es el resultado inevitable de lo que yo llamé la herejía fundamental de la modernidad. Una herejía tan sutil que se disfraza de sensatez, tan poderosa que ha conquistado universidades, gobiernos y hasta iglesias. Durante los próximos minutos te voy a revelar exactamente qué es esta herejía, cómo infectó el alma de Occidente y por qué su colapso no solo es inevitable, sino que ya ha comenzado. Más importante aún te mostraré porque este colapso no es una tragedia, sino la condición necesaria para el renacimiento de algo infinitamente más hermoso y verdadero. Porque verás, mi querido amigo, yo no soy un profeta de la desesperanza, soy un optimista militante que descubrió que la única manera de salvar nuestra civilización es permitir que sus falsos ídolos se desmoronen completamente.

La pregunta no es si la modernidad caerá. La pregunta es si tú tendrás el valor de estar del lado correcto de la historia cuando suceda el gran engaño. Cuando el progreso se convirtió en regreso. Para entender por qué la modernidad está condenada, primero debemos entender qué es realmente la modernidad. Y aquí está el primer engaño. La modernidad no es lo que piensas que es. Cuando la mayoría de las personas escuchan modernidad, piensan en tecnología, ciencia, democracia, derechos humanos. Pero eso es confundir los frutos con la raíz.

La modernidad en su esencia es una filosofía, una forma particular de ver el mundo que surgió en el siglo XI y se consolidó en el Xo. Esta filosofía puede resumirse en una frase que suena inocente, pero que es revolucionaria. El hombre es la medida de todas las cosas. No Dios, no la naturaleza, no la tradición acumulada de siglos de sabiduría humana. El hombre, mejor dicho, el hombre moderno, armado con su razón individual y su método científico.

Ahora bien, no me malinterpretes. Yo no soy enemigo de la razón ni de la ciencia, al contrario, soy su más ferviente defensor. Pero la razón moderna no es razón verdadera, es razón mutilada. Es como un hombre que decidiera caminar solo con la pierna izquierda, negándose a usar la derecha, porque considera que es no científica. ¿Cuál es esa pierna derecha que la modernidad amputó? La capacidad de asombro, la intuición, la reverencia, el reconocimiento de que hay misterios que trascienden nuestro pequeño cerebro mortal.

Los modernos no perdieron estas capacidades por accidente. Las sacrificaron deliberadamente en el altar de lo que llamaron progreso. Y aquí está la ironía suprema. Al rechazar todo lo que no podían medir, pesar y diseccionar, los modernos se volvieron más supersticiosos que cualquier campesino medieval, porque el campesino medieval sabía que había cosas que no sabía. El moderno, en cambio, está convencido de que no hay nada que no pueda saber o al menos nada que valga la pena saber.

Esta arrogancia intelectual produjo lo que yo llamo la inversión de la sabiduría. Durante miles de años, los seres humanos entendieron que la humildad era el principio de la sabiduría, que cuanto más sabes, más te das cuenta de cuánto no sabes, que los misterios más profundos de la existencia, el amor, la belleza, el sentido de la vida, no se pueden resolver como ecuaciones matemáticas. La modernidad invirtió esto completamente. Declaró que solo era real lo que se podía medir, que solo era válido lo que se podía probar científicamente, que solo era verdadero lo que se podía reproducir en un laboratorio.

El resultado, una civilización que sabe cómo dividir el átomo, pero no sabe por qué vale la pena vivir. Una civilización que puede enviar mensajes instantáneos a cualquier parte del mundo, pero ha perdido la capacidad de comunicarse verdaderamente consigo misma. Una civilización que ha conquistado el espacio exterior, pero ha perdido completamente el espacio interior del alma humaná.

Piénsalo, ¿no es extraordinario que la época más iluminada de la historia haya producido también las más grandes tragedias? Que el siglo XX, el siglo de la ciencia triunfante, fuera también el siglo de los campos de concentración y las guerras mundiales. Que nuestra era de liberación sexual haya coincidido con niveles epidémicos de depresión y suicidio. Esto no es coincidencia. Es la consecuencia directa de haber construido una civilización sobre una mentira fundamental. La mentira de que el hombre puede ser Dios de sí mismo. La mentira de que la razón técnica puede reemplazar la sabiduría tradicional. La mentira de que el progreso material equivale al progreso moral.

Esta mentira funcionó por un tiempo porque Occidente aún vivía del capital moral y espiritual acumulado durante siglos de cristianismo. Pero ese capital se está agotando rápidamente y cuando se agote por completo, la modernidad se derrumbará como un castillo de naipes. Porque una civilización construida sobre una mentira no puede durar para siempre. La realidad siempre tiene la última palabra.

Oh. la herejía del individualismo absoluto. Pero hay algo aún más profundo en el corazón de la crisis moderna, algo que pocas personas han identificado correctamente, la herejía del individualismo absoluto. Ahora, antes de que me acuses de ser un colectivista disfrazado, déjame aclarar algo crucial. Yo creo fervientemente la dignidad y el valor infinito de cada persona individual. De hecho, sostengo que solo el cristianismo proporciona la base filosófica real para los derechos individuales.

Pero hay una diferencia abismal entre el individualismo verdadero y lo que la modernidad ha fabricado. El individualismo verdadero reconoce que cada persona es única y reemplazable precisamente porque es creada a imagen de Dios. Es individual porque participa de algo universal. Es libre porque está conectado a una realidad que trasciende su pequeño ego. Es valioso porque es parte de una historia más grande que él mismo.

El individualismo moderno, en cambio, es exactamente lo contrario. Declara que cada persona es una isla autosuficiente, que no debe nada a nadie, que puede crear sus propios valores y determinar su propia realidad. Es el individualismo del yo soy mi propio Dios. ¿Ves la diferencia? Uno libera a la persona conectándola con lo eterno. El otro la esclaviza encerrándola en la prisión de su propio ego limitado.

Esta herejía del individualismo absoluto ha producido lo que yo llamo la paradoja de la libertad moderna. Nunca en la historia los seres humanos han tenido tantas opciones teóricas y sin embargo nunca se han sentido menos libres. Nunca han tenido tantos derechos legales y, sin embargo, nunca se han sentido más impotentes, nunca han estado menos restringidos externamente y, sin embargo, nunca han estado más esclavizados internamente. ¿Por qué? Porque la libertad real no consiste en tener infinitas opciones, sino en poder elegir el bien. Y para poder elegir el bien, primero debes saber qué es el bien.

Pero el individualismo absoluto hace imposible conocer el bien objetivo porque declara que cada individuo es la autoridad final sobre lo que es bueno o malo para él. Es como si alguien te dijera, "Eres completamente libre de ir a donde quieras," pero al mismo tiempo destruyera todos los mapas y brújulas del mundo. Técnicamente tienes libertad de movimiento, pero en realidad estás perdido sin esperanza.

Esto explica porque nuestra época, obsesionada con la autenticidad y la autoexpresión ha producido una generación de personas que no tienen idea de quiénes son realmente, que cambian de identidad como quien cambia de ropa, que buscan desesperadamente encontrarse a sí mismas, pero nunca lo logran porque han rechazado todas las tradiciones, instituciones y comunidades que podrían ayudarles a descubrir su verdadera identidad. El individualismo absoluto prometió liberarnos de todas las opresiones externas, la familia, la religión, la tradición, la autoridad, la comunidad. Pero al hacerlo nos entregó a la peor tiranía de todas, la tiranía del ego desconectado de toda realidad trascendente.

Y aquí está lo más irónico. Este individualismo supuestamente liberador ha producido la sociedad más conformista de la historia. Porque cuando rechazas toda autoridad tradicional, inevitablemente caes bajo el poder de nuevas autoridades, los medios de comunicación, la opinión pública a las modas intelectuales, los algoritmos de las redes sociales. El individualismo moderno no creó individuos verdaderos. Creo masas de personas idénticas, todas convencidas de que son únicas, todas siguiendo exactamente los mismos patrones de rebelión y autenticidad. Es como un ejército de soldados que marchan al unísono todos gritando, "¡Soy diferente! Soy único, soy un individuo!" Sin darse cuenta de que están cantando la misma canción al mismo ritmo, en la misma dirección.

Esta es la razón profunda por la cual la modernidad está condenada. Una civilización no puede sobrevivir cuando está compuesta por individuos que han perdido toda conexión con algo más grande que ellos mismos. Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie.

Awa. El materialismo, la superstición más grande de todos los tiempos. Ahora llegamos al corazón más oscuro de la herejía moderna, el materialismo. Y aquí debo hacer una confesión que puede sorprenderte. El materialismo es la superstición más absurda que jamás haya infectado la mente humana. Espera un momento. Dirás, "¿Cómo puede ser el materialismo una superstición? No es precisamente lo contrario de la superstición. No es la posición más científica y racional."

Esta es exactamente la trampa en la que han caído millones de personas inteligentes. Confunden el método científico, que es una herramienta maravillosa y válida con la filosofía materialista, que es una creencia metafísica completamente injustificada. Déjame explicártelo con una analogía simple. Imagina que un hombre se dedica exclusivamente a estudiar las notas musicales escritas en un papel. se vuelve experto en analizar la tinta al papel, las proporciones matemáticas entre las notas. Pero un día declara, "He estudiado exhaustivamente la música y puedo confirmar que no existe tal cosa como la melodía, solo existen marcas de tinta sobre papel. Todo lo demás es superstición." ¿No dirías que este hombre ha perdido completamente el punto? ha confundido el medio con el mensaje, el dedo que señala la luna con la luna misma.

Esto es exactamente lo que hace el materialismo moderno. Estudia los aspectos físicos de la realidad que son reales e importantes, pero luego declara que solo esos aspectos existen. Es como si un hombre estudiara obsesivamente las palabras de un poema, pero negara la existencia del significado. Pero aquí está lo verdaderamente cómico. Para sostener su materialismo, el materialista moderno debe hacer actos de fe mucho más grandes que cualquier religioso tradicional. Debe creer, sin evidencia alguna que la consciencia surge mágicamente de la materia inconsciente. Debe creer que la inteligencia emerge espontáneamente del caos. Debe creer que la información compleja se organiza por sí sola sin ninguna fuente inteligente. Debe creer que el amor, la belleza, la justicia y la verdad son solo ilusiones evolutivas sin realidad objetiva. En otras palabras, debe creer que el universo es fundamentalmente absurdo y sin sentido, pero que de alguna manera produjo seres que buscan obsesivamente sentido y racionalidad. debe creer que somos accidentes cósmicos que accidentalmente desarrollaron la capacidad de descubrir verdades sobre el cosmos. ¿No es esto infinitamente más inverosímil que creer en un creador inteligente?

Pero la superstición materialista va aún más lejos. No solo niega la realidad del espíritu, sino que niega la realidad de la mente misma. Los materialistas más coherentes insisten en que no existe tal cosa como el libre albedrío, que todos nuestros pensamientos son solo reacciones químicas determinadas por las leyes de la física. Pero entonces, ¿por qué deberíamos creer en sus argumentos si sus propios pensamientos sobre el materialismo son solo el resultado inevitable de procesos químicos ciegos, porque deberían ser más verdaderos que los pensamientos de quienes creen en Dios? Es la paradoja perfecta. El materialismo solo puede ser defendido por mentes racionales que actúan como si fueran libres de elegir entre verdad y falsedad. Pero según el materialismo, tales mentes no pueden existir.

Esta contradicción interna es la razón por la cual el materialismo está destinado al colapso. No puedes construir una civilización duradera sobre una filosofía que se contradice a sí misma en sus fundamentos más básicos. Y los síntomas de este colapso están por todas partes. Una sociedad materialista inevitablemente se convierte en una sociedad nilista, porque si no hay nada más allá de la materia, entonces no hay propósito objetivo, no hay valores objetivos, no hay esperanza objetiva. El resultado es lo que vemos hoy. una civilización técnicamente avanzada, pero espiritualmente vacía, poblada por personas que tienen todo lo que supuestamente necesitan para ser felices, pero que están hundidas en la depresión, la ansiedad y la desesperanza existencial. El materialismo prometió liberarnos de las ilusiones del espíritu, en cambio, nos entregó a la ilusión más grande de todas, la ilusión de que somos solo carne inteligente en un universo sin alma.

El colapso de los ídolos modernos. Ahora quiero mostrarte algo fascinante. Los mismos ídolos que la modernidad erigió para reemplazar a Dios se están derrumbando ante nuestros ojos y lo están haciendo exactamente de la manera que yo predije hace más de un siglo.

El primer ídolo fue la razón con mayúscula, no la razón verdadera que siempre he defendido, sino la razón orgullosa que se declaró autosuficiente y omnipotente. Esta razón prometió resolver todos los misterios del universo y crear un paraíso en la Tierra a través del conocimiento puro. ¿Qué pasó con este ídolo? Se autodestruyó de la manera más espectacular posible. La misma razón moderna que prometía certeza absoluta descubrió que no puede haber certeza absoluta sobre nada. La física cuántica mostró que la realidad física más básica es fundamentalmente misteriosa. La lógica matemática demostró que incluso los sistemas formales más simples contienen verdades que no pueden ser probadas dentro del sistema. Pero el golpe mortal vino de la psicología y la sociología, que mostraron que la razón humana está profundamente influenciada por emociones, prejuicios, condicionamientos culturales y procesos inconscientes. La razón orgullosa descubrió que no era tan racional como pensaba.

El segundo ídolo fue la ciencia como religión secular, no la ciencia como método de investigación que es maravillosa, sino la ciencia como visión del mundo totalizante que prometía reemplazar toda religión, filosofía y sabiduría tradicional. ¿Qué pasó con este ídolo? Se fragmentó en mil pedazos especializados. Los científicos descubrieron que cuanto más sabían sobre sus campos específicos, menos sabían sobre todo lo demás. La especialización extrema creó expertos que saben todo sobre nada y nada sobre todo. Peor aún, la ciencia objetiva se reveló como profundamente subjetiva. Los paradigmas científicos cambian no solo por nuevos datos, sino por factores sociales, políticos y hasta estéticos. Lo que una generación de científicos considera verdad absoluta, la siguiente lo descarta como superstición primitiva.

El tercer ídolo fue el progreso inevitable, la idea de que la humanidad estaba en una escalera mecánica hacia la perfección, que cada generación sería automáticamente más sabia, más moral y más feliz que la anterior. ¿Qué pasó con este ídolo? El siglo XX lo hizo pedazos. Las mismas tecnologías que prometían liberarnos produjeron armas de destrucción masiva. Las mismas ideologías progresistas que prometían justicia produjeron tiranías sin precedentes. El mismo desarrollo económico que prometía prosperidad universal produjo crisis ecológicas que amenazan la supervivencia de la especie.

El cuarto ídolo fue la democracia como panacea universal. La idea de que todos los problemas humanos se resolverían simplemente dándole el voto a todo el mundo y dejando que la voluntad del pueblo decidiera todo. ¿Qué pasó con este ídolo? Se está desmoronando ante nuestros ojos. Las democracias modernas han producido demagogos, populistas y tiranos electos. El pueblo soberano ha demostrado ser tan manipulable como cualquier monarca absoluto. Las elecciones se han convertido en concursos de popularidad dirigidos por expertos en propaganda y financiados por intereses especiales.

El quinto ídolo fue la educación como salvación secular. La idea de que si solo educáramos a suficientes personas en ciencias y humanidades seculares, crearíamos una sociedad racional y moral. ¿Qué pasó con este ídolo? Ha producido las generaciones más educadas y menos sabías de la historia. Personas con múltiples títulos universitarios que no saben por qué vale la pena vivir. Expertos en literatura que no pueden distinguir entre belleza y fialdad. Filósofos que han perdido la capacidad de filosofar sobre las preguntas más importantes de la existencia.

¿Ves el patrón? Cada ídolo moderno contenía las semillas de su propia destrucción. Cada promesa secular terminó traicionándose a sí misma. Cada intento de reemplazar lo eterno con lo temporal terminó revelando la futilidad de lo temporal. Esto no es accidente, es la ley inexorable de la realidad. Puedes construir una civilización sobre mentiras por un tiempo, pero la verdad siempre resurge. Puedes adorar ídolos por unas décadas, pero los ídolos siempre terminan devorando a sus adoradores. La modernidad está condenada porque está construida sobre cimientos que no pueden sostener el peso de una civilización real.

Antes de continuar con lo que considero la parte más esperanzadora de nuestra conversación, permíteme hacer una pausa para invitarte a algo importante. Si estas reflexiones están resonando contigo, si sientes que hay algo profundamente verdadero en este diagnóstico de nuestra época, entonces creo que encontrarás gran valor en acompañarme regularmente en este canal. No soy solo un crítico de la modernidad. Soy un defensor apasionado de algo infinitamente mejor. La tradición perene de sabiduría que la modernidad abandonó en su prisa por ser original. En los próximos vídeos exploraremos no solo que está mal con nuestro mundo, sino cómo podemos reconstruirlo sobre fundamentos sólidos. Hablaremos de distributismo económico, de la belleza perdida, del sentido común recuperado, de la aventura extraordinaria que es ser verdaderamente humano. Suscríbete ahora y únete a esta conversación crucial para nuestro tiempo.

Zamo, el renacimiento que viene, porque el colapso es esperanza. Ahora llegamos al corazón de por qué soy fundamentalmente un optimista, incluso especialmente ante el colapso de la modernidad. Porque verás, lo que estamos presenciando no es el fin de la civilización, sino el fin de una pseudocivilización. Y eso es motivo de celebración. Déjame explicarte por qué el colapso de la modernidad es en realidad la mejor noticia que hemos tenido en siglos.

Primero porque está liberando a millones de personas de ilusiones que las mantenían espiritualmente prisioneras. Cuando los ídolos se derrumban, las personas finalmente pueden ver la realidad tal como es. Cuando las mentiras se revelan como mentiras, la verdad finalmente tiene oportunidad de brillar. Yo he observado este patrón a lo largo de toda la historia. Las épocas de mayor colapso externo son también las épocas de mayor renacimiento espiritual. Cuando el Imperio Romano se desmoronó, surgió la civilización cristiana medieval. Cuando el mundo antiguo murió, nació un mundo nuevo y más hermoso. ¿Por qué? Porque las crisis existenciales obligan a las personas a hacer las preguntas fundamentales que habían estado evitando. Cuando el materialismo demuestra su incapacidad para satisfacer el alma humana, las personas finalmente buscan aquello que sí puede satisfacerla. Cuando las soluciones temporales fallan, las personas finalmente se abren a las soluciones eternas.

Y esto es exactamente lo que está sucediendo hoy. Por primera vez en décadas veo a jóvenes hambrientos de tradición, de sabiduría perene, de conexión con algo más grande que ellos mismos. Por primera vez en mucho tiempo veo a intelectuales serios cuestionando los dogmas del secularismo y explorando la fe con mente abierta. La modernidad nos prometió que la religión desaparecería gradualmente reemplazada por la ciencia y la razón secular, pero está sucediendo exactamente lo contrario. Mientras más falla la modernidad en entregar sus promesas, más personas buscan lo que la religión verdadera ha ofrecido siempre: sentido, propósito, comunidad, trascendencia.

Segundo, el colapso de la modernidad está revelando verdades eternas que habían sido oscurecidas por décadas de propaganda secular. La verdad de que los seres humanos son seres fundamentalmente espirituales que no pueden vivir solo de pan. La verdad de que necesitamos comunidad real, no redes sociales virtuales. La verdad de que necesitamos propósito objetivo, no autorrealización subjetiva. Estas verdades nunca desaparecieron realmente. Simplemente fueron suprimidas por una cultura que las consideraba obsoletas. Pero la naturaleza humana no puede ser suprimida indefinidamente. Siempre resurge a menudo de maneras inesperadas y poderosas.

Tercero, el colapso está creando espacio para experimentos genuinamente creativos en formas de vida más humanas. Cuando las instituciones modernas fallan, las personas se ven obligadas a crear nuevas instituciones. Cuando las comunidades artificiales se desintegran, las personas buscan o crean comunidades auténticas. Ya veo signos de esto por todas partes. Familias que abandonan las ciudades para crear comunidades rurales sostenibles. Jóvenes que rechazan las carreras corporativas para dedicarse a oficios tradicionales. Artistas que abandonan el arte moderno decadente para redescubrir la belleza clásica. intelectuales que dejan las universidades seculares para crear nuevas instituciones educativas basadas en la nuevas instituciones educativas basadas en la selda basadas en la CAN.

Cuarto y más importante, el colapso de la modernidad está preparando el terreno para el retorno de lo que yo llamo la normalidad eterna. Por normalidad eterna me refiero a esas verdades, valores y formas de vida que han sido constantes en todas las culturas sanas a lo largo de la historia. La veneración de lo sagrado, el respeto por la tradición, la importancia de la familia, el valor del trabajo honesto, la belleza del arte verdadero, la necesidad de la comunidad, la realidad de la jerarquía natural, la centralidad de la transcendencia. Estas no son ideas conservadoras en el sentido político moderno, son ideas perenes tan relevantes hoy como hace 1000 años, porque están basadas en la naturaleza permanente del ser humano y en la estructura permanente de la realidad.

La modernidad intentó abolir la normalidad eterna declarándola obsoleta, pero lo único que logró fue crear una anormalidad temporal que está demostrando ser insostenible. El futuro pertenece a quienes entiendan que no podemos mejorar la naturaleza humana ignorándola, que no podemos crear una civilización duradera construyéndola sobre mentiras, que no podemos encontrar la felicidad verdadera buscándola en lugares donde nunca ha existido.

Si has llegado hasta aquí, entonces ya no eres simplemente un espectador pasivo de nuestro tiempo. Es alguien que busca la verdad en una época de mentiras, la cordura en una época de locura, la esperanza real en una época de desesperanza disfrazada de optimismo. Te invito no solo a suscribirte a este canal, sino a convertirte en parte de lo que está surgiendo. Una nueva generación de personas que entienden que el camino hacia delante pasa por el redescubrimiento de las verdades eternas que nunca deberían haber sido abandonadas. En próximos vídeos exploraremos temas prácticos. Cómo vivir de manera diferente en un mundo enfermo. Cómo crear comunidades sanas. Cómo educar a nuestros hijos para un mundo mejor. Cómo encontrar belleza en medio de la fealdad contemporánea. El renacimiento comienza con individuos como tú.

Entonces, para resumir lo que hemos descubierto juntos, la modernidad está condenada no por fuerzas externas, sino por sus propias contradicciones internas. construyó una civilización sobre tres mentiras fundamentales, que el hombre puede ser su propio Dios, que solo existe lo material y que el progreso técnico equivale al progreso moral. Estas mentiras funcionaron por un tiempo porque Occidente aún vivía del capital espiritual acumulado durante siglos de cristianismo. Pero ese capital se ha agotado y ahora estamos viendo las consecuencias inevitables. Una sociedad técnicamente avanzada, pero espiritualmente vacía, poblada por individuos aislados que tienen todo lo que supuestamente necesitan para ser felices, pero que viven en desesperanza existencial.

Los ídolos modernos, la razón orgullosa, la ciencia como religión, el progreso inevitable, la democracia como panacea, la educación como salvación, se están derrumbando uno por uno, víctimas de sus propias promesas imposibles de cumplir. Pero aquí está la paradoja hermosa. Este colapso no es una tragedia, es una liberación. Es la condición necesaria para el renacimiento de algo infinitamente mejor. Porque la verdad siempre resurge, la belleza siempre regresa y la naturaleza humana siempre reclama sus derechos eternos.

Ya veo los signos de este renacimiento por todas partes. Jóvenes hambrientos de tradición, intelectuales serios explorando la fe, familias creando comunidades auténticas, artistas redescubriendo la belleza clásica. El futuro está siendo construido por aquellos que entienden que no se puede mejorar la naturaleza humana ignorándola. La pregunta ahora no es si la modernidad caerá, ya está cayendo. La pregunta es si tú tendrás la sabiduría de estar del lado correcto de la historia, si tendrás el valor de abrazar las verdades eternas que la modernidad abandonó en su prisa por ser original.

Porque al final, mi querido amigo, no hay nada más revolucionario en nuestra época que ser completamente normal. No hay nada más radical que ser simplemente humano. No hay nada más contracorriente que vivir de acuerdo con la naturaleza eterna de las cosas. El mundo necesita desesperadamente lo que siempre ha necesitado. Personas que entiendan que somos peregrinos en busca de nuestro verdadero hogar, que este mundo es hermoso, pero no es nuestro destino final, que la vida más plena se encuentra no en la autorrealización, sino en la entrega a algo infinitamente más grande que nosotros mismos. Como escribí hace mucho tiempo, las cosas más extraordinarias de la vida son las más ordinarias, vistas con ojos nuevos. El renacimiento comienza cuando recuperamos esos ojos. M.