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La filosofía secreta de tu vida (y sus peligros) | ¿Qué ideas están moldeando tu historia personal?

Jorge Benito17:46

Transcription

La filosofía es inútil, no sirve para nada. Esta frase es un fiel reflejo del profundo desprecio por la filosofía que nuestra sociedad moderna profesa orgullosamente. Sin embargo, nadie puede vivir sin filosofía. Es imposible. Incluso si ignoramos las raíces filosóficas que están configurando la historia de nuestra vida, estas siguen ahí. Nuestra indiferencia no las elimina, solo las oculta. Aquellos que no conocen la filosofía de su vida están condenados a vivir arrastrados por ideas y supuestos, que no conocen en absoluto. No son dueños de sus acciones y actitudes. Y corren el peligro de caer presa de ideologías estultificantes y perversas que degradan su vida. Pero cuando ves con claridad de qué fuente estabas bebiendo sin saberlo y qué consecuencias estaba generando en tu vida diaria cuando tu filósofo deja de estar oculto y se te revela, puedes redirigir tu historia vital ipso facto. En este vídeo voy a compartir contigo algunas de las claves del fantástico libro "¿Hay filosofía en tu nevera?", escrito por mi amigo Enric F. Gel, del canal Adictos a la filosofía. Una obra que no solo nos introduce en este mundo, sino que además nos proporciona unos cimientos filosóficos que podemos trasladar al territorio de la vida cotidiana. Amor por la sabiduría. Este es el significado etimológico de la palabra filosofía. Pero no de cualquier sabiduría. Sino de aquella que Aristóteles buscó incesantemente. Es el más perfecto de todos los modos de conocimiento y trata de las primeras causas y principios. Haciendo uso de la razón, la verdadera filosofía aspira a encontrar la verdad primordial que sustenta y permea la existencia. Si conocemos la verdad, también podemos adquirir una visión unificadora de la realidad que nos permita relacionar todo el conocimiento humano, la biología, las matemáticas, la física, la psicología, el lenguaje, la ética, etc. Hoy, sin embargo, la filosofía es vista como algo abstracto, que no conecta en absoluto con nuestra realidad cotidiana. Para muchos no es más que un conjunto de ideas vagas y ambiguas, de ermitaños académicos desconectados del mundo y que nada tienen que ver con la gente de a pie. Pero este no es el caso en absoluto. Las corrientes filosóficas no se quedan en los libros, sino que se filtran en la cultura y se convierten en el sustrato de las ideologías, los movimientos ciudadanos, las agrupaciones políticas y las tendencias históricas. Y también configuran directamente nuestra propia historia vital a todos los niveles. Creer que la filosofía y sus ideas no nos tocan en absoluto es tan ingenuo como ridículo. Veamos un ejemplo claro: Algo que nos afecta de manera directa y palpable: el relativismo. Hay mucha gente que cree que las verdades absolutas no existen. No hay verdad universal, ni una sola. Cada uno tiene su verdad. Y lo que es verdad para ti, puede que no lo sea para mí. Todo es relativo. Una idea absurda, como veremos en un momento, pero que no sale de la nada. Las raíces de este pernicioso hechizo colectivo se encuentran en una corriente filosófica llamada escepticismo. "El escéptico, propiamente dicho, hace de la duda un fin y un método. La utiliza como una sustancia corrosiva para deshacer los cimientos de cualquier sistema de creencias que pretenda ser verdadero." "Si alguien dice A, el escéptico contrapone las razones a favor de no A. Si dice no A, lo contrario. Y después de que la duda haya hecho su labor destructiva, el escéptico suspende el juicio. No dice ni sí ni no. Ni A ni no-A. Simplemente se encoge de hombros y lo deja ahí. Incluso ante las propuestas más inocentes del sentido común." "Como veis, una de las principales armas del escéptico es la disidencia. La disidencia con los demás debe generar desconfianza en nuestra apreciación de las cosas y, en última instancia, la suspensión del juicio." El escepticismo, partiendo de la premisa de que la verdad no existe, o si existe, no es cognoscible por el ser humano, nos aleja de nuestras propias certezas, nos distancia del otro y, finalmente, nos sumerge en una mezcla fatal de nihilismo, resentimiento y conflicto social. René Descartes se propuso combatir el escepticismo usando sus propias armas. ¿Cómo? Usando la duda para llegar a la verdad. Su intención era dudar absolutamente de todo para encontrar algo indudable. Algo puramente verdadero y a partir de ahí reconstruir toda la estructura del conocimiento. De lo que no podía dudar, según él, era de su propia existencia. Cogito, ergo sum. Pienso, luego existo. "Es imposible dudar de que existo, dice Descartes. Esta es la verdad que vence al escepticismo, que vence a toda duda y sobre la cual, como piedra angular, se alzará de nuevo toda la estructura de la filosofía." "Pero fracasó en su empeño, porque al escéptico no se le vence. No hay forma de convencerle. Al escéptico solo se le vence dejándole solo a su aire. La única salida del laberinto de la duda es renunciar a entrar en él." Descartes, al dudar de todo, incluso de lo indudable, acabó haciendo de la duda el motor de la filosofía. La duda debe ser una herramienta al servicio del filósofo, no el centro de su actividad, de lo contrario acabas cayendo en el absurdo, como fue su caso. Pienso, luego existo es la única verdad, lo único de lo que no podemos dudar, es contrario al sentido común, porque sabemos que existen otras verdades absolutas y universales, y no son pocas precisamente. He aquí una: el principio de no contradicción. Es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido. Júpiter no puede ser Saturno al mismo tiempo y en el mismo sentido. Una manzana no puede ser una pera. Un hombre no puede ser una mujer. El principio de no contradicción, formulado por el gran Aristóteles, es la ley más fundamental del pensamiento y de la realidad, y nos demuestra tres cosas que, si aún no forman parte de tu filosofía, te sugiero que las incorpores de inmediato, o corres el riesgo de ser devorado por el espíritu de los tiempos. Y estas tres cosas son: uno, la realidad es consistente. Nada puede ser y no ser la misma cosa en el mismo sentido y simultáneamente. Dos: existen verdades universales y estas pueden ser conocidas. Y esta ley de no contradicción es un ejemplo, pues se aplica literalmente a todo lo que es y puede ser sin excepción. Y tres, contrariamente a lo que dijo Descartes, podemos conocer más allá de lo directamente sensible. "Mirad bien, no necesito abrir todas las neveras del mundo para saber que ninguna de ellas contiene un círculo cuadrado. Toda la realidad es consistente. Podemos alcanzar verdades universales y nuestro conocimiento no se limita a lo que nos presentan los sentidos." "Partiendo de lo particular, la razón puede descubrir verdades universales y necesarias. Si sé lo que es un perro, por ejemplo, sé cosas que se aplican necesariamente a todos los perros, como que por naturaleza están destinados a tener cuatro patas." Esto es absolutamente autoevidente. Pero un hombre llamado Immanuel Kant dijo que no. Para Kant estamos desconectados de la realidad y cada uno construye la suya. Los seres humanos ordenamos los datos de la experiencia a nuestra manera, según las estructuras internas de nuestra mente. Las cuales son completamente independientes de las estructuras de las demás personas. Y no hay salida de la película subjetiva en la que cada uno está atrapado. Este es el núcleo de su famoso giro copernicano. La verdad ya no es algo que se descubre, sino algo que se construye internamente. Cada uno tiene sus gafas de realidad virtual y fabrica su verdad. "En el pensamiento kantiano, el sujeto está encerrado en sí mismo, en su fenómeno. Como en una cárcel sin posibilidad de salir. En mi barrio, llegar a tales conclusiones es reducir tu propio sistema filosófico al absurdo." Una vez que los posos del racionalismo cartesiano y del kantismo se desmandaron, muchas otras doctrinas sin sentido se abrieron paso, como fue el caso del reduccionismo que ahora es hegemónico en Occidente. Los reduccionistas argumentan que esta realidad que tú y yo estamos experimentando ahora mismo no es real. Lo que es real está mucho más abajo, a nivel de las partículas elementales. Cuando suficientes partículas se juntan, generan la ilusión de un plátano, un par de pantalones o tu vecino, el señor Paco. Pero si miramos de cerca, vemos que el señor Paco está hecho de millones y millones de partículas, y esas partículas son lo real. El señor Paco parece real, pero no lo es. Si quieres conocer al señor Paco, tienes que mirar sus átomos y sus cuartos. No sentarte a tomar un café con él, porque no hay café, ni mesa, ni tú, ni Paco. "Si el reduccionismo fuera cierto, sería bastante problemático. Por ejemplo, si lo único que existe son las partículas fundamentales, la conclusión a la que debemos llegar es que yo no existo realmente." Y en el caso de que el reduccionismo no consiga convencerme de que no existo, nos lleva a la conclusión de que la muerte y la vida no difieren en nada, lo cual es aún peor. Yo existo, pero mi existencia no importa porque es lo mismo que la no existencia. ¿Qué diferencia hay entre la persona viva y el cadáver? Antes era un tipo de partículas y ahora es otro tipo de partículas, pero partículas al fin y al cabo. ¿Qué diferencia hay? Creo que empiezas a ver de dónde viene la creciente falta de sentido en nuestras sociedades y el tedio existencial que azota ferozmente a nuestros jóvenes. La filosofía nos sitúa en el mundo, lo sepamos o no. Sus ideas, que inicialmente parecen muy elevadas y abstractas, terminan convirtiéndose en historias vitales. Si somos partículas que se juntaron al azar y arbitrariamente, la vida no tiene ningún valor significativo ni trascendencia. Venimos de la nada y vamos a la nada. No hay verdad última, ni esperanza, ni amor. ¿Pero es esto cierto? ¿Somos un mero accidente de probabilidades que está aquí sin causa y sin propósito? En absoluto. Aquí te traigo otra verdad universal, de esas que los relativistas detestan fervientemente llamada el principio de causalidad. Todo lo que empieza a existir tiene una causa. "Vacía la nevera. Tíralo todo al suelo. Una vez que no haya nada en ella, cierra la nevera. Espera unos segundos. Ábrela. ¿Hay cocos? No. Ciérrala de nuevo. Dale unos segundos más. Ábrela. ¿Hay cocos? No. Ciérrala de nuevo. Repite tantas veces como quieras. De una nevera vacía, no salen cocos. De la nada, nada sale." "Todos nos movemos por el mundo sin pensar con esta convicción. Nos viene tan natural e inmediata que solo la adopción consciente de una mentalidad escéptica nos permite cuestionarla." Nunca encontraremos algo que empiece a existir sin causa. El universo tiene una causa para su existencia. Lo mismo ocurre contigo. El escepticismo y el reduccionismo no pueden mostrarnos cuál es esa causa. Pero el principio de causalidad nos dice que existe y es real, por lo que deberíamos aspirar a conocerla. Mirad lo que dice el filósofo ateo Quentin Smith sobre la existencia del universo: "El teísta dice que la pregunta tiene una respuesta. Dios trajo el espaciotiempo a la existencia. La respuesta estándar del ateo es que no hay respuesta. El principio del espaciotiempo es un hecho bruto. Carece de explicación." "En este punto rechazo el ateísmo estándar o tradicional y me posiciono con el teísmo. Una teoría que incluye una hipótesis explicativa sobre alguna evidencia observacional, como que el espaciotiempo empezó a existir, es, en igualdad de condiciones epistémicas, preferible a cualquier teoría sobre la misma evidencia que no incluya tal hipótesis explicativa." Ningún ateo ha ofrecido nunca una prueba de que la existencia del espaciotiempo sea un hecho bruto. En consecuencia, el ateísmo estándar sigue siendo, a este respecto, una hipótesis injustificada. El escepticismo, la duda metódica, el giro copernicano y el reduccionismo cientificista que dominan la mentalidad de Occidente hoy en día han envenenado nuestra relación con el conocimiento y la verdad. Tan absurdos como dañinos, nos han moldeado en secreto y nos han llevado a este posmodernismo delirante caracterizado por una desconexión total con la realidad, un relativismo lacrimógeno y un amargo rechazo de las verdades universales, incluso las más obvias. De que la verdad no existe y cada uno fabrica la suya caprichosamente, a que nada tiene sentido, hay un paso muy corto. Y llegar ahí no es cuestión de azar. Las ideas tienen consecuencias. ¿Qué filosofía podríamos incorporar para construir una historia vital que nos conecte profundamente con la realidad y nos guíe hacia la verdad? "Yo, al menos, tengo una idea clara de hacia dónde ir. Creo que necesitamos recuperar la sabiduría de los clásicos, la convicción de que no estamos encerrados en nosotros mismos, en el teatro de nuestras categorías y representaciones, sino abiertos al mundo. Abandonar esta idea fue un error. La revolución copernicana fue en realidad una involución." "Es necesario, por tanto, vindicar lo siguiente: que hay en nosotros algo que puede conocer lo real, algo que puede discernir, a partir de la experiencia, la estructura inteligible de las cosas. No sin esfuerzo, no de inmediato, sino como quien, tras un duro día de trabajo, alcanza la cima de una alta montaña con satisfacción." "La realidad, tal como se nos presenta, no es una pantalla entre nosotros y la realidad misma. Es una ventana a través de la cual podemos mirar hacia afuera." Muchas gracias, como siempre, a los mecenas y miembros del canal por hacer posible mi trabajo. Recordad que también podéis uniros a mi comunidad privada de apoyo para recibir vídeos animados exclusivos que no publico abiertamente en el canal y para que vuestro nombre aparezca siempre en esta pantalla de créditos junto al resto de la comunidad. Abajo en la descripción os dejo los enlaces para que consultéis los diferentes niveles de apoyo y sus recompensas particulares. Y espero que os decidáis a uniros.