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Hola a todos. Me da mucho gusto poder estar nuevamente con ustedes. Estamos celebrando este domingo el domingo número 33 del tiempo ordinario, es decir, nos acercamos al final del año litúrgico. Dentro de dos domingos será ya el primer domingo de Adviento y nos prepararemos para la Navidad.
Por eso, ahora en estos últimos domingos, Jesús nos ha hablado de las últimas realidades, de lo que va a suceder al final de nuestra vida y al final de los tiempos. Todos estamos de acuerdo, lo veíamos el domingo pasado, que un día vamos a morir, un día nos vamos a encontrar con Dios nuestro Señor. Pero, ¿y después qué viene después? Lo decimos nosotros en el Credo cada domingo: creo que Jesús está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Entonces, ¿qué es lo que nos dice que un día Jesús va a volver? Y yo preguntando especialmente a los jóvenes en el colegio, no todos tienen claro esto de la segunda venida de Jesús. Sabemos que vamos a morir y que si hemos sido buenos, nos vamos a ir al cielo. Pero, ¿después vamos a estar siempre en el cielo? ¿O qué va a pasar después?
Bueno, pues lo que nosotros los cristianos, los católicos, creemos es que cuando morimos, nuestra alma se va al cielo y ahí espera la resurrección de los muertos. Es decir, un día Jesús va a volver a la tierra, ya no un bebé como vino en Navidad en el primer año de la historia, sino va a venir en toda su gloria y majestad como Rey. Por eso, el próximo domingo celebraremos la fiesta de Cristo Rey. Y entonces todos los muertos resucitarán, todos, todos. Y las almas que habían muerto de las personas que hayan muerto, se unirán a su cuerpo, porque somos hombres, hombres y mujeres formados de cuerpo y alma. Entonces habrá un mundo nuevo, sin dolor, sin guerras, sin desastres naturales, un mundo donde todo sea armonía, una tierra nueva y un cielo nuevo, como lo leemos en la Sagrada Escritura. Y ahí viviremos eternamente felices, ahora sí, para toda la eternidad, con nuestro cuerpo y con nuestra alma.
Pero Jesús tiene que venir. Es la condición que Jesús vuelva otra vez. Y entonces será lo que se llama el juicio universal. Entonces, es muy importante que tengamos presente esta segunda venida de Jesús y que la pidamos. Jesús vuelve. Desde los primeros años del cristianismo, los cristianos pensaban que la venida de Jesús era inminente. Y sin embargo, no era lo que les había dicho. Había que esperar un poco.
Vamos por saber qué es lo que nos dicen sobre esto las lecturas de la misa de hoy. La primera lectura está tomada del libro de Malaquías, donde nos dice una frase que yo creo que es la más importante, muy sencilla, que dice: "Llegue el día abrasador como un horno". ¿Cuál es este día? El día de la venida de Jesús. Está profetizando Malaquías muchos años antes que un día Dios va a venir con todo su poder, y ese es Jesús, que vendrá con su gloria y su majestad. Y dice: "Para ustedes, los que temen mi nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos". Para los que creen en Dios, para los que temen a Dios, sea un día lleno de alegría y felicidad.
En el Salmo responsorial recordaremos el Salmo 97: "El Señor viene a gobernar los pueblos". Va a venir Jesús para traer la justicia y la paz. Y especialmente en el último versículo que decimos: "Griten de gozo delante del Señor, porque viene a gobernar la tierra". Él gobernará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. ¿Qué es lo que nosotros pedimos todos los días? Oración por la paz del mundo, que haya justicia, para que se repartan mejor los bienes, para que cuidemos esta tierra que Dios nos ha dado. Bueno, pues eso es lo que va a traer Jesús cuando vuelva. Entonces, pidámosle a Jesús que venga a traer la paz, la justicia, que venga a gobernar los pueblos.
La segunda lectura está tomada de la carta de San Pablo, la segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses. En esta carta nos dice San Pablo: "Apártese de todos los hermanos que llevan una vida ociosa". Apartémonos de la sociedad. No podemos estar sentados. San Pablo lo dice a los Tesalonicenses, porque como pensaban que Jesús venía pronto, como que dejaron de trabajar y dejaron de hacer las cosas que tenían que hacer. San Pablo dice: "El que no trabaje, que no coma". Comiencen a trabajar, pónganse a ayudar, comiencen a hacer lo que yo les pide en este momento. No podemos decir como dicen algunos: "Yo solamente con creer en Dios, con eso me basta". Con la sola fe para poder llegar al cielo, es necesario ponerse a trabajar. Aquí lo dice San Pablo: tenemos que demostrarle a Dios con obras concretas que queremos ir al cielo. Tenemos que mostrarle a Dios con obras rectas que lo amamos, que amamos a nuestros hermanos, que hemos entendido el Evangelio. Entonces, no podemos sentarnos a esperar el Reino de Dios. Tenemos que trabajar todos los días, luchar para construir ese Reino de Dios en nuestros corazones y en el mundo.
Y finalmente, el Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 21 del Evangelio de San Lucas. Y vamos a escuchar a Jesús instruyendo a sus discípulos acerca de esto que va a suceder al final de los tiempos. Y esto tiene lugar un día en el Templo de Jerusalén, cuando la gente le dice a Jesús: "Qué maravillosa es el Templo, todos los adornos, todo lo que había ahí". Y Jesús le dice: "Llegará un día en que todo esto será arrasado". Y me viene a la mente lo que ha sucedido aquí en estos días en Chile, en donde han quemado varias iglesias que eran muy hermosas y ahora está todo quemado, no queda nada.
"Llegará un día en que todo esto sea, no quedará piedra sobre piedra". Los discípulos se asustan y dicen: "Maestro, ¿cuándo sucederá esto?". Y Jesús les dice: "Ustedes no se preocupen. Van a escuchar acerca de guerras, de destrucción, pero todavía no es el momento". Miren lo que dice Jesús: "Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se alarmen. Es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin". No porque ahora hay muchas guerras en el mundo, porque hay destrucción, es que usted significa que ya va bien. Y Jesús dice: "No, sino que tenemos que seguir esperando".
Llegará el día menos pensado. Y les dice Jesús: "Y antes de que suceda todo esto, a ustedes los entregarán las autoridades y los van a perseguir porque estamos buscando hacer el bien". Dice Jesús: "Esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí". Y una de las cosas que tenemos que hacer y ponernos a trabajar, como dice San Pablo, es en el dar testimonio de nuestra fe. No negar nunca en lo que creemos, en ser valientes, no tener miedo de rezar, de ir a Misa delante de los demás. Porque, ¿por qué tenemos que dar testimonio de nuestra fe? Esa es la mejor obra que podemos hacer. Si creemos en algo, si estamos confiados en que el camino del bien, dice, nos va a llevar al cielo, no tengamos miedo. Quién sabe cuántas personas podemos influir para que también ellos sigan este camino. Cuál, quién sabe cuántas personas podemos arrastrar para que vengan detrás de nosotros con nuestro testimonio, con nuestro ejemplo, para que también ellos lleguen al cielo. Por eso no podemos estar ociosos, tenemos que creer en nuestra fe y dar testimonio de ella.
Vamos a pedirle a Dios en este domingo la gracia de ser valientes testigos de la fe. A todos los que han recibido la Confirmación, lo tienen, porque tienen una ayuda especial del Espíritu Santo. En un momento determinado, si me piden testimonio de la fe, yo tengo ese valor por dentro de poder dar testimonio de la fe. Pero todos, con el ejemplo de Jesús, con la ayuda de la Santísima Virgen, podemos seguir adelante. No tengan miedo. Todo lo que sufran a causa del Evangelio, está bien empleado. Dios usa esas humillaciones, esos dolores, esas persecuciones para ayudar a la Iglesia en el mundo. Eso es lo que significa ser apóstol.
Algunas veces la gente te alabará, te felicitará por tu testimonio de fe. Pero otras veces te atacarán y te dirán que estás fuera de tiempo, que eso ya no se usa, que vas a encontrar los principios de la humanidad moderna. Pero ustedes no hagan caso. Entonces, siempre viviendo el Evangelio, amando a Dios sobre todas las cosas, al prójimo como a uno mismo, ayudando a los más necesitados, tratando que se viva la justicia, el amor, la armonía, especialmente dentro de tu corazón y en tu familia, transformando tu metro cuadrado, tratando que realmente a tu alrededor se viva como Dios quiere. Cuando estés solo, cuando estés acompañado, siempre preguntándote: "¿Y esto que voy a hacer? ¿Esto que voy a decir? ¿Es realmente lo que Dios espera de mí en este momento?". Y actuar en consecuencia, tratar de vivir siempre lo que Dios te pide.
Yo voy a pedir para todos ustedes eso en esta semana. Que Dios les dé valor para vivir siempre su fe. Y nos preparamos porque el próximo domingo celebramos a Cristo Rey. Así que la oración que tenemos que repetir esta semana es: "Cristo Rey nuestro, que venga tu Reino". Que tengan una bonita semana. Nos vemos dentro de unos días en el siguiente video. Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Que Dios los bendiga.