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Dedicación Basílica de Letrán 2025 (domingo XXXII)

Padre Eugenio Fernández Herrera17:28

Transcription

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Y haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes, y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas. Y a los que vendían palomas les dijo: "Quitad esto de aquí. No convirtáis en un mercado la casa de mi padre."

Sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: "El celo de tu casa me devora."

Entonces intervinieron los judíos y le dijeron: "¿Y qué signo nos muestras para orar así?"

Jesús contestó: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré."

Los judíos replicaron: "46 años ha costado construir este templo y tú lo vas a levantar en tres días."

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron en la escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor.

Podemos sentar, hermanos. Hoy celebramos una fiesta. Hoy, hoy tampoco, así como el domingo pasado hubiera sido el domingo 31, pero celebramos el día de todos los fieles difuntos, ¿se acuerdan? Este domingo tampoco es el domingo 32 que correspondería. Viene una fiesta que la tapa, tapa el domingo 32 y la fiesta es la dedicación de la basílica de San Juan de Letrán.

Y tú puedes decir: "¿Y a mí eso qué me importa, ¿no? ¿Qué vaina es esa basílica de San Juan de Letrán?" Pues es la primera basílica que se construye en el siglo cuando el emperador Constantino se convierte, digámoslo así, al cristianismo en el 314 con el edicto de Milán. Se empiezan a construir las grandes basílicas y la primera que se construye es esta, San Juan de Letrán, para que es es la iglesia del Papa, como si pudiéramos decir la parroquia del Papa. El Papa es el párroco de esta basílica, que no es así. O sí, pero no, no sé.

Eh, por eso es muy importante. Es la dedicación, la consagración. Pero esto es mucho más, hermanos, que recordar una iglesia por allá en Roma que se dedicó, pues podemos decir lo que he dicho yo ahora. A mí qué me importa esto, en qué me ayuda, en qué me... Pues nos ayuda muchísimo esta fiesta, porque tú y yo somos o estamos llamados a ser la basílica de San Juan de Letrán y tú y yo hemos sido consagrados también un día en el bautismo. Hoy recordamos nuestro bautismo. Yo no sé si tú sabes qué fecha fuiste bautizado. ¿Lo sabes? ¿Lo sabes o no? Yo el 8 de agosto. No sé si sabes cuándo fuiste dedicado, consagrado al Señor, que es muy importante saberlo. Métete a la parroquia donde y pide la partida de bautismo. Ya aparece la fecha donde fuiste bautizado.

Pues porque es importantísimo, hermanos, porque nosotros esto no celebramos hoy una fiesta de la dedicación de unos muros y unas piedras, ¿no? Nosotros somos las piedras vivas del templo del Señor vivo. Es un templo vivo, eh, más allá de una iglesia que al final no es lo importante, ¿sabes? No es lo importante. La iglesia, la como edificación, el templo, pues es importante en cuanto nos refleja o estamos llamados a reflejar ahí, digamos, nuestra vida. Yo no sé si hoy te gusta más el templo de Cristo Maestro que hace dos años y medio o tres. No sé si te... A mí me gusta más. A mí me gusta más, pero eso es cuestión de gustos. A ti te puede no gustar. Puede que prefieras la lámpara o puede que prefieras no sé qué o que todo volviera a ser. A mí me gusta más y es un signo, es un signo de lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros, ir embelleciéndonos y ir haciendo que este lugar, este templo que somos nosotros sea un lugar digno para el Señor y sacar como hoy saca el Señor todos los animales. No quiere decir por eso, ah, ah, ya entiendo por qué el padre no deja entrar los perros a misa. No, o sí también, pero bueno, sacar los animales que tenemos dentro nosotros y lo y ese amor al dinero y tantas situaciones que tenemos internamente.

Porque hoy viene el Señor a visitar el templo, su templo. ¿Y sabes cuál es su templo? Tú y yo. Y ahora te quiero preguntar, hoy viene el Señor, ¿qué va a encontrar como encontró el templo de Jerusalén? Yo creo que sí. Lleno de negocio, lleno de amor al dinero, lleno de animales. ¿Será que encuentra tu templo lleno de animales? ¿Qué animales puede haber? Pues de pronto hay una llena, de pronto hay un sapo, ¿no? De pronto hay un sapo, una avispa. Las avispas son complicadas porque y joden y joden y joden, ¿no? Y pin y pican y se van. Yo les hace así, pero no se van, las alborota más, ¿no? Entonces puede haber avispas aquí, puede haber leones, corderillos disfrazados, pero son serpientes, etcétera. No sé qué animales tengas, no sé, no sé qué animales tengas. No sé cuánto amor al Señor hay o no hay, porque se había convertido el templo en un mercado. Yo no sé si el templo que te he dicho que eres tú, el templo del Señor, se ha convertido en un mercado. Y me lo estoy diciendo a mí también, ¿eh? Yo cuando te predico, me predico a mí, porque esta palabra primero que ayuda es a mí. Y entonces tiene que venir el Señor, hermanos, si encuentra esa vaina, a sacar a todo.

A mí me encanta este Jesucristo. Es un Jesús eh bravo. O sea, Jesús se ponía bravo. Ese Jesusito edulcorado que tú tienes allí en la estampita de primera comunión de de cuando la hiciste. Ese Jesusito que tienes allí en el cuadrito del Sagrado Corazón en tu casa. Ese Jesusito ahí todo queridito y todo buena gente y que no alzaba la voz, ¿eh? que era todo suavecito, todo bien peinado, ¿lo has visto? Todo afeitadito, perfecto, eh, ojitos azules. Ese Jesús no existe. Jesús es este, eh, también es este. Jesús trae la paz, por supuesto, y el amor del Señor. Pero no es un Jesucito ahí todo dulcecito. Es este es este que coge látigos, hace unos látigos. Jesús y los saca todos a latigazos. ¿Tú te imaginas que yo ahora los saque a todos a latigazos? Mañana queja en el en con el cardenal. Sáquese loco de esa parroquia. Señor cardenal. Sacó a todos a latigazos. Jesús saca a todos a latigazos. Vuelca las mesas de los cambistas. Los cambistas era porque eh en es en es no se podía entrar con dinero pagano al templo. Entonces lo que hacían era había unas monedas del templo que solo se usaban allí. Entonces uno llegaba con las monedas paganas donde aparecía la inscripción del César y todas esas cosas, llegaba y las cambiaba y le daban unas monedas del templo donde y con esas monedas ya podías comprar la ovejita, podías comprar la paloma para ofrecer lo que fuera. Era el negocio todo montado, estaba el negocio montado. Entonces vuelan las monedas, espanta las palomas, echa todo el mundo. Él solo.

A mí me impresiona este Jesús porque porque es un Jesús, hermanos, dice, "El celo de tu casa me devora." Es un Jesús que ama el templo. E insisto, cuando digo templo, no me refiero al al al edificio que te ama a ti. Te ama a ti y tiene celo por ti. Celo es amor. Tiene un celo maravilloso por ti y viene y viene y no nos gusta cuando expulsa. No nos gusta, pero el Señor tiene que meterse. Es necesario que lo haga. Pidámosle, pidámoselo hoy al Señor. Digámosle: "Señor, ¿sabes qué? Métete a latigazo y a lo que quieras conmigo." Y nos duele. Claro que nos duele, pero hay dos actitudes para tomar. Aceptarlo o, como hoy les pasa a los judíos, no lo entienden y se revelan. Oye, ¿y tú por qué haces esto? ¿Qué signo nos muestras para obrar así? ¿Y tú por qué esto? Y el Señor, hermanos, entra en el templo y empieza a actuar como en nuestra vida. Y entonces empieza a sacar animales y vainas y cosas y situaciones y empezamos a vivir, hermanos, situaciones que puede que no nos gusten. Una precariedad económica, una enfermedad. Y entonces puedes decir: "¿Y por qué te puede salir lo de estos judíos? Pero, ¿y por qué? ¿Por qué tengo que vivir esta enfermedad? ¿Pero por qué se ha muerto esta persona que yo tanto amaba? ¿Pero por qué ahora me quedo sin trabajo? ¿Pero por qué me están calumniando en el trabajo? ¿Por qué me persiguen? ¿Por qué se ríen de mí? ¿Por qué ahora que no quería tener hijos quedo en mi embarazo? ¿Por qué quiero tener hijos y no quedo en embarazo? ¿Por qué?" Y puede que te reveles a cambiar la historia que Dios está haciendo contigo. El Señor se está metiendo, se está metiendo con nosotros. Es maravilloso, hermanos, cuando vienen a nuestra vida acontecimientos que no nos gustan, que no queremos, porque podemos ver detrás la mano del Señor sacando a esos animales porque te ama.

Había un santo que decía con respecto a la enfermedad, digo, porque muchas veces no entendemos eso, ¿no? Y por qué me toca un cáncer a mí ahora. ¿Por qué ahora? Oye, que me dé un cáncer cuando tenga 99 años, ¿no? Y que me lleve a los 100. Ya, listo, chao, me fui. Ahí sí, lógico. Vale, Señor, ahí sí. Pero ahora con 40, con 50, con 60, un cáncer, ¿no? Y no lo entendemos. Y el Señor está removiendo este templo y poder ver que es un puro amor de Dios para nosotros, para ayudarnos, para desapegarnos de tantas cosas, porque sucede una cosa, que te has podido acostumbrar a tener ese templo lleno de animales. Te has podido acostumbrar a vivir como vives, te has podido acostumbrar a vivir en unión libre. No pasa nada. No pasa nada. Te has podido acostumbrar al pensamiento del mundo. Dice: "No, el aborto, bueno, no pasa nada. El aborto, la eutanasia, las relaciones homosexuales, eso no pasa nada. Estamos en un mundo nuevo, moderno." Y te acostumbras como se había acostumbrado todo el pueblo de Israel a ese templo así tan vuelto nada. Y quizá o quizá te has acostumbrado, te has acostumbrado a vivir con ese señor que es tu esposo y te has acostumbrado y lo soportas y lo aguantas más o menos, pero no lo amas y estás llamada a amarlo. Te has acostumbrado a que tu mujer sea como tu sirvienta que tiene que estar haciendo todo y la tratas como si fuera tu sirvienta y te has acostumbrado a eso. Eso no está bien y no la puedes amar. Te has acostumbrado a fornicar en el noviazgo. Es normal, nos amamos, todo el mundo lo hace, no pasa nada. Ah, somos mayores, no pasa nada. Y no está bien porque te destruye, porque es templo del Espíritu Santo, es templo del Señor tu cuerpo.

Te has acostumbrado a tatuajes. ¿Cuántos de los que estáis aquí tenéis tatuajes? No levantes la mano, tranquilo, que ya algunos les dan ganas, ¿no? A los tatuajes, a las operaciones. Te operas los senos, te operas la cola, por no decir otra palabra, te operas la la nariz, la boca, ya no eres tú, yo no sé quién eres. ¿Cuántos habéis hecho de esto? atentando contra el templo de tu cuerpo, que es la casa del Señor. Pero no pasa nada, ya lo has hecho, ya no te preocupes, ya el Señor va a sacar los animales. Otra cosa es por por enfermedad o algo así, pero por estética. ¿Entiendes esto? Quizá algunos no lo estáis entendiendo porque os parece un lenguaje duro lo que estoy diciendo ahora. Bueno, el Señor lo sacó a latigazos. Tranquilo que yo no les voy a sacar a latigazos. ¿Entiendes que tú has sido creado para que el Señor habite en ti? Eso es esta fiesta que tú has sido creado para el Señor, para ser templo del Señor. Qué amor nos tiene el Señor hoy, hermanos, que en esta Eucaristía viene a entrar en cada uno de nosotros a través de su palabra, de la predicación, a través de su cuerpo y de su sangre. Va a entrar en ti el cuerpo de Cristo. Va a entrar en su templo. Ojalá encuentre hartos animales y los saque a patadas. Patadas no, a latigazos. Ojalá, ojalá vaya poniendo orden en ese templo tan desordenado, tan amante del dinero, tan amante de de sí mismo, tan viviendo para sí, ¿no? Me impresiona a veces eh porque te has acostumbrado también quizá a vivir cómodamente, burguesamente, que nadie te diga nada, que nadie se meta contigo. Tú mientras tengas platica y salud, como dice la canción, tres cosas hay en la vida. Salud, dinero y amor. Y el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios. ¿Has escuchado esa canción? Horrible. Entonces, el que el que no le aman, el que no tiene salud y el que y el que no tiene plata, pues no le ama a Dios, ¿o qué? Entonces, nos hemos acostumbrado a esto. Yo, mientras tenga esas cositas es maravilloso. El resto me da igual. El resto me da igual. Y vivimos y este templo y le vamos dando al cuerpo lo que nos pide. ¿Tú eres consciente de esto? Que el cuerpo te pide dormir, duermes. Que el cuerpo te pide comer, comes. Algunos comen, oye, como si fueran una caneca de basura. Empiezan, tragan y tragan y tragan y tragan y una cosa impresionante. ¿Tú te has dado cuenta como tragas? Es impresionante. Es impresionante. Ahí también está cuidar y tener una dignidad en este templo del Señor. Fíjate que estoy tocando muchos aspectos, muchos aspectos, porque tu cuerpo tiene una dignidad, tiene una dignidad maravillosa porque es templo del Espíritu Santo. Cuídalo, cuídalo mucho. El Señor no le no le importa que haya animales. Él entra, no es que vio los animales y dijo, "Uh, no, yo aquí no entro, me voy." No, entra y pone en orden la casa del Señor. Espero que esto te alegre hoy. Espero que te alegre que el Señor quiere entrar en ti, si es que no ha entrado ya. Porque muchos de los que estáis aquí, ya el Señor ha entrado y está actuando y está poniendo en orden la casa. No te preocupes, te puede doler, va a volcar las mesas, va a desorganizar todo todo lo que tú tenías bien cuadriculado, todo lo que tú tenías bien organizado. Tranquilo, no te afanes, pero ya verás que después va a venir la vida eterna para tu vida, porque se va a convertir tu vida, tu casa, tu familia, tu vida, tu historia en el lugar de la presencia del Señor. Y tú vas a ser portador de Jesucristo, o sea, cristiano. Eso es la fiesta de hoy. Eso es la basílica de San Juan de Letrán. Nosotros somos la basílica de San Juan de Letrán. Que así sea, hermanos. Oh.