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[Música] Después de muchas horas de desvelo e infinitas idas al baño, Edgar por fin ha terminado de leer un libro de más de 500 páginas. Edgar, no es para tanto. A ver, ¿cuál es tu parte favorita? A Edgar siempre le pasa lo mismo. Primero porque no le gustan los libros y segundo porque no sabe leer. ¿Cómo es esto posible?
Aunque parezca increíble, este problema es más frecuente de lo que creemos, ya que saber leer no solo es poder descifrar un conjunto de letras y pronunciarlas de manera correcta. Se trata de comprender aquello que se lee, es decir, ser capaz de recrear mentalmente el significado del texto. Sí, justo lo que Beto no está haciendo. Hablemos de comprensión y fomento a la lectura con peras y manzanas.
Comprender es relacionar la información que presenta un texto con los conocimientos que ya poseemos. Como cada lector posee experiencias y conocimientos diferentes, un mismo texto puede ser comprendido de distinto modo. Es por esta razón que la comprensión nunca es homogénea. Sin embargo, no todas las comprensiones son igualmente válidas o adecuadas.
¿Que cuándo una comprensión es adecuada? Podemos decir que una comprensión es válida cuando el lector puede hacer deducciones a partir de lo leído, cuando reconoce que una misma idea se formula de diferentes maneras, también cuando puede identificar palabras y frases claves y cuando puede sustituir las palabras del autor por palabras propias sin alterar su significado. Y por supuesto, cuando logra interpretar palabras desconocidas a partir del contexto del texto.
Por otro lado, el fomento o motivación a la lectura es una tarea distinta de la formación de la habilidad de leer. El fomento lector se inicia en la familia y en la escuela y necesita de personas y lugares que favorezcan el acercamiento a los libros. Se trata de desarrollar en los alumnos el gusto de leer por leer a través de estrategias específicas. Por ejemplo, procurar que los niños nos vean leer, leer en conjunto, contarles cuentos e historias o suscribirlos a revistas infantiles y juveniles, por mencionar algunas.
Con el fomento adecuado y la comprensión lectora precisa, la próxima vez que Edgar llore de felicidad no será porque por fin logró terminar un libro, sino por el romántico desenlace de una novela.