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Existe la filosofía latinoamericana, un pensamiento periférico. Es un pensamiento situado. Europa se arroja sobre América Latina. La herencia de los pueblos originarios, los proyectos de nación, el porqué de este pensamiento, el rechazo al colonialismo, la unión latinoamericana, la lucha de clases en Argentina, países subalternos, marginados, que no han participado de la centralidad de la historia. América Latina, filosofía y colonialismo.
Encuentro nueve. John William Cook, el ideólogo de la izquierda peronista.
Uno, dictadura y revolución.
Dos, el hecho maldito.
Tres, el doble exilio de Perón.
Cuatro, las masas y los hechos revolucionarios.
Este es nuestro encuentro número nueve de Filosofía Aquí y Ahora, nuestro ciclo número cuatro. En este encuentro número vamos a hablar de John William Cook, el que podemos considerar el gran ideólogo de la izquierda peronista. John William Cook era gordo, era muy gordo. Y fue, no a pesar de ser gordo, sino eso, no le dificultó nada, ni le favoreció nada. Era muy inteligente, era brillantísimo. Fue diputado, siendo muy jovencito, del Partido Justicialista en el Congreso, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón.
Durante esta presidencia, Perón decide tomar una medida terminante con respecto a un diario que lo venía incomodando particularmente, que era el diario La Prensa. No lo decir tanto Perón, sino que es Evita la que le dice: "Bueno, tenemos que hacer algo con este diario. No podemos permitir que todo el tiempo esté hablando mal de nosotros". Y bueno, Perón le dice: "Bueno, querida, pero la democracia es así, la libertad de prensa es así, los diarios tienen derecho a decir lo que quieran".
Y Evita le dice: "Bueno, pero a mí este diario, La Prensa, me parece que pertenece a los Gainza Paz. Los Gainza Paz son la oligarquía, la más rancia oligarquía. Y están, son enemigos de los obreros, son enemigos de los pobres. Son grandes terratenientes y son, además, son además sicarios de la United Fruit, de este de Estados Unidos. Así que yo creo que habría que cerrar ese diario".
Entonces, tiene un diálogo con Apol, con Raúl Apol. Y Evita le dice: "Bueno, mira, Apol, hay que cerrar La Prensa". "Bueno, señora", le dice Apol, "eso no es más que una cuestión de distribución. Yo ordeno que no se distribuya más La Prensa y listo. La Prensa no sale más".
Bueno, Evita le dice que sí. Y le dice: "Necesito a alguien en el Congreso que defienda el cierre de La Prensa". Y para eso voy a convocar al diputado John William Cook. Y Raúl Apol le dice: "Señora, el diputado John William Cook es comunista". "Pero cómo", dice Evita. "No es que la contra dice que Perón es nazi, que vos sos Goebbels, y Cook es comunista". "Pero qué es el peronismo, señora", le dice Apol. "Yo no soy nazi, pero el diputado Cook es comunista".
Pese a esa opinión de la señora Apol, el diputado John William Cook, en marzo de 1951, da un célebre, célebre discurso en el Congreso de la Nación, en el cual fundamenta ideológicamente el cierre del diario La Prensa, diciendo que La Prensa es enemiga de los intereses obreros y que el peronismo representa en el gobierno a esos intereses obreros, a los cuales La Prensa, durante 100 años de existencia, casi, se ha opuesto. Y que además, La Prensa defiende los intereses de la United Fruit, que La Prensa está en manos de unos pocos y poderosos terratenientes, poseedores de vacas, pertenecientes a las altas clases dominantes. Y que cuando La Prensa clama por la libertad de prensa, está clamando por la libertad de su propia empresa, de su propio poder, de su propia familia, de su propia tradición, de la United Fruit y de las tierras de los Gainza Paz. Esto dice Cook en el Congreso.
Bien, el discurso de Cook pasa a la historia como un discurso, por supuesto, virulento de un hombre de izquierda que quería cambios radicales en la base de la sociedad. Se encuentra con Evita. Cook y este Evita le dice: "Pero che, Apol, un poco de razón tiene. Vos sos bastante comunista". "No, señora, yo no soy comunista". "Y yo qué soy", le dice Evita. "Yo soy una dictadora, como dicen". "Vea, señora, aclaremos algo. Apol quiere cerrar La Prensa porque quiere que el peronismo sea una dictadura. Yo quiero cerrar La Prensa porque quiero que el peronismo sea una revolución. Hay algo muy distinto entre esas dos cosas". "Y a mí cómo me calificarías, como una revolucionaria o como una dictadora?". Entonces Cook le dice: "Señora, cuando una revolución es una dictadura, se justifica. Ahora, cuando una dictadura es meramente una dictadura y nada más, es algo lamentable. De modo, señora, que mucho cuidado si usted implanta una dictadura que sea una revolución".
Esto está tomado del film "Eva Perón", que tiene guion original mío. Así que lo que dije está en ese film. Este es un diálogo denso, ideológico, entre Evita, Cook y el problema entre la dictadura, la revolución, la libertad de prensa y la libertad de los poderosos.
John William Cook en el Congreso no era una figura fácil. Por ejemplo, cuando Perón, en la segunda etapa de su gobierno, que es una etapa más abierta al liberalismo económico que al nacional proteccionismo de su primer gobierno, cuando estaba Evita Perón, impugna un contrato con la Standard Oil de California, una compañía petrolera. Y es Cook, justamente, en el Congreso, quien se opone. Se opone a ese contrato. Ustedes observen la libertad de John William Cook, que cuando tiene que oponerse a su gobierno, se opone a su gobierno.
Ahora bien, después de los actos criminales del 16 de junio de 1955, en los cuales se bombardea una ciudad abierta, desprotegida, Perón, ante la tragicidad de los acontecimientos, convoca a Cook y lo pone al frente del Partido Justicialista. Ustedes observen el juego pendular de Perón, que ha sido eterno. Y si Perón moría en ese momento, Perón quedaba como el líder revolucionario que había dejado nada menos que a John William Cook al frente del Partido Justicialista.
Cook le dice que la única salida que hay frente al ataque del gorilaje desbocado, que a toda costa quiere derrocar a ese gobierno, que era el gobierno constitucional, es una respuesta violenta, pero con las masas como protagonista. O sea, lo que le está diciendo Cook a Perón, y esto es fundamental, es que hay que armar a las masas para que una resistencia popular sea posible. Las masas tienen que ser armadas. Pero Perón, Perón, como todo líder burgués, no va a armar nunca a las masas, porque aunque sea un líder popular, es un líder y siempre va a tener miedo de que si arma a las masas, las masas pasen sobre él, vayan más allá de lo que él quiere que vayan y pasen sobre él.
Entonces, ante eso, se retira y toma la famosa cañonera paraguaya, que es un, digamos, es un acto, bueno, es un acto de huida, porque en ese momento la CGT pedía armas, los obreros salían a la calle a pedir armas, en tanto el líder no quería pelear, porque sabía que una lucha de ese tipo, basada en el proletariado, iba más allá que su propia ideología.
Cook va a escribir libros fundamentales en el pensamiento político nacional. Cook es un hombre de una gran inteligencia. Cook había leído muy bien a Sartre, y no a cualquier Sartre. Había leído al Sartre de la "Crítica de la Razón Dialéctica". La "Crítica de la Razón Dialéctica", que no es "El Ser y la Nada". Ya es un Sartre denso, con una metodología poderosa. Y Cook lee ese texto y elabora su afirmación teórica fundamental, que es que la política no parte de una verdad visualizada y conocida por una minoría, sino que parte del conocimiento que tengan de las grandes líneas estratégicas. Las masas son las que deben tener el conocimiento de las grandes líneas estratégicas de lucha, y de ahí hay que partir. El error de la vanguardia es trabajar por fuera de las masas, creerse superior a las masas y creer que la verdad que tiene la vanguardia la tiene que infiltrar en las masas, y que esa verdad le permite estar por encima de las masas. Cook nunca creyó en esto.
Entonces, para Cook, que piensa sobre todo al peronismo del 55 al 68, que es la fecha en que él muere, el peronismo es lo que él llama el "hecho maldito del país burgués". Ese peronismo, ese peronismo inintegrable del 55 en adelante. Ese peronismo que Cook queda deslumbrado por la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre, que es una huelga ejemplar, en gran medida, porque Perón no la conduce. Perón no tiene nada que ver con esa huelga, porque es la comuna de Mataderos, porque es la gente de Mataderos respaldando a los obreros del frigorífico Lisandro de la Torre, los que se declaran en huelga en nombre del peronismo, la lucha de clases y la dignidad del salario obrero. Es el Plan Conintes de Frondizi, con tanquetas, tanques y 2000 soldados, el que va a aplastar la huelga, quizás más genuina, o una de las más genuinas, la más genuina del peronismo, sin duda alguna, sin burócratas, sin conducción de Perón, con apoyo barrial de la barriada de Mataderos. Una huelga que es realmente un orgullo, fue aplastada por 2000 soldados, tanques, por el doctor Frondizi, apoyado por los militares, por supuesto.
Permiso. Hay una muy importante correspondencia entre Perón y Cook que se establece a partir del exilio de Perón y también del exilio de Cook. Recala finalmente en la Cuba de Castro. Perón se instala definitivamente, para gran disgusto de John William Cook, en la España de Franco. La correspondencia entre Perón y Cook se publica en 1972. Es el momento de publicarla, porque la juvenil, la izquierda peronista, estaba hambrienta de ideología, estaba hambrienta por conocer el pensamiento de John William Cook y la respuesta que Perón había tenido por este pensamiento. El valor en boga en ese momento era el de la lucha armada. La lucha armada estaba en boca de todos y era la, el, la indudable metodología que iba a derrocar a los regímenes capitalistas serviles del imperialismo norteamericano en América Latina. Esta línea era bajada, por supuesto, por Cuba, por la Revolución Cubana. Y el ejemplo era el de la Revolución Cubana. Sí, la Revolución Cubana había logrado derrocar al régimen batistiano. Eso quería decir que la guerrilla podía derrocar a los gobiernos de América Latina.
Además, había una especie de creencia en un, en un devenir necesario de la historia, que era la descolonización. En el prólogo de Jean Paul Sartre al libro "Los Condenados de la Tierra", hay una frase de Sartre que dice: "La descolonización está en camino. Lo único que pueden hacer nuestros mercenarios es demorar". La gran error de Sartre, gran error de Sartre, que mi maestro, y ahora ya no sé si es mi maestro, pero fue mi maestro, el filósofo al que más admiro. Pero qué significa esto, qué significa que los mercenarios solo pueden demorar la descolonización. La descolonización es inevitable. Hay hechos en la historia que son inevitables. No, nada en la historia es inevitable. La historia es azarosa. Lo que prima en la historia es el principio de incertidumbre de Heisenberg. Es decir, la historia es un juego de azar en el que se gana la vida o la muerte de los vencidos, como decía Salvador María del Carril para justificar el fusilamiento de Dorrego. En consecuencia, Sartre se equivoca. La descolonización está en marcha, pero los mercenarios pueden mucho más que demorar. Y pudieron mucho más que demorar.
Ahora bien, hay una, entre Perón y Cook, hay una dramática, hay un dramático choque de ideas diferenciadas. Una cosa es lo que piensa Perón y otra cosa es lo que piensa Cook. Lo que Cook quiere desde Cuba es una revolución socialista. Por eso está en Cuba, porque en Cuba se ha hecho una revolución socialista. Lo que Perón quiere no es una revolución socialista. Aunque durante esos años, cuando muere el Che Guevara, diga, por ejemplo: "Ha muerto el mejor de los nuestros". Pero Perón, durante esos años, hace un juego pendular en el cual a veces le da manija a la izquierda, a veces manija a la derecha. Perón seguía queriendo su comunidad organizada del 45.
Cook entonces le manda cartas definitivas de una lucidez extraordinaria. Usted le dice: "Usted no está en Occidente, usted está en Santa Elena". Esta frase es formidable, es contundente. Yo no sé cómo Perón no se ofendió y no lo mandó al... Pero usted no está en Occidente, está en Santa Elena. Lo que usted no puede captar desde donde está es la vivencia revolucionaria de América Latina. Eso se capta únicamente estando en América Latina. Si usted está en la España de Franco, nunca va a captar lo que está pasando aquí. Es como si Eisenhower hubiera dirigido el desembarco en Normandía desde un campo de concentración.
¿Y qué quiere hacer usted? ¿Cómo va a entender usted la revolución latinoamericana desde la España de Franco? Es imposible. Véngase aquí. Usted es un doble exiliado. Usted está exiliado por los militares de la Argentina y está exiliado por usted mismo del clima de la revolución que se vive en América Latina. En consecuencia, lo que yo le pido, le dice Cook, es que usted venga a Cuba.
Ahora, Perón no podía ir a Cuba. Si Perón iba a Cuba, tenía que someterse a Castro, ese ante todo, y tenía que hacer un montón de cosas que Castro le iba a pedir y que generalmente, o estoy seguro, iban a ir más allá de la ideología de Perón. Mientras tanto, que Franco fue hábil con Perón y no lo molestó mucho. Entonces, como Cook insiste, no se da cuenta de esto, insiste: "Venga a Cuba, venga a Cuba". Al final dice: "Bueno, lo lamento, me doy cuenta de que todo lo que yo le estoy diciendo es inútil".
Cook, la idea de Cook era en realidad la idea de la izquierda peronista, que no creía tanto en Perón, porque este es un gran error. La izquierda peronista no creía ciegamente que Perón era un revolucionario socialista. Lo que creía era que había que crear hechos revolucionarios en la Argentina para que Perón no tuviera más remedio que aceptarlos. La idea era: si nosotros creamos hechos revolucionarios aquí, Perón, cuando venga, los va a tener que aceptar. Pero no podemos estar al margen del peronismo. Esta era la idea esencial de las masas peronistas, de los, de la izquierda peronista, que la alejaba del foquismo. Por eso la traición de Montoneros es el error también, es tan grande, cuando se autonomizaron.
La clase obrera estaban las masas, y a pesar de que sabían, sabían o no estaban muy seguras de que las masas hicieran la revolución, porque sabían que las masas peronistas estaban muy acostumbradas al estado de bienestar peronista, es decir, a que las cosas les vinieran de un estado benefactor que era bueno, que era generoso con esas masas y que le daba todas las conquistas que les dio el primer peronismo, que fue formidable con los pobres. Pero consideraban que a lo largo de los años y de todos los hechos que se habían producido, el peronismo debía ajornarse.
En mi novela "La Astucia de la Razón" hay un encuentro ficcional entre Perón, perdón, entre John William Cook y René Rufino Salamanca, el líder de los mecánicos de Córdoba, en la calle, este, 25 de abril, la calle de los mecánicos. Ahí Salamanca y Cook discuten. Y Salamanca le dice: "Mira, viejo, mira gordo, el problema con el peronismo es que los obreros son peronistas, pero el peronismo no es obrero". Y Cook, que sabe muy bien lo que le está diciendo Salamanca, dice: "Mira, Salamanca, eso yo lo sé muy bien. Por supuesto que lo sé muy bien. Y vos en el fondo me estás diciendo también que Perón no tiene una ideología obrera, que Perón no es socialista".
"Pero ahora yo te voy a decir algo, entendeme bien. Me cago en Perón, y te voy a explicar por qué. Porque nosotros aquí en la Argentina le vamos a crear a Perón tantos hechos revolucionarios que no va a tener más remedio que aceptarlos. Porque el peronismo es más que Perón. Porque las masas peronistas son más que Perón. Y a las masas peronistas las estamos organizando nosotros, los militantes de la izquierda peronista. Y le guste o no a Perón, cuando vuelva, él va a tener que aceptar eso. Porque Perón ya no se pertenece. A mí no me importa lo que piensa Perón. Perón, cuando venga, va a aceptar lo que nosotros hayamos hecho de esto. Y nosotros vamos a trabajar tanto revolucionariamente con las masas peronistas que Perón va a tener que aceptar lo que eligió el pueblo a través de nuestro trabajo militante".
Entonces, Cook le dice: "Esa es mi forma de cagarme en Perón, ¿entendés? No es que no me importe lo que piensa Perón. Yo sé quizás lo que piensa Perón, pero le vamos a crear a Perón hechos tan poderosos que no va a tener más remedio que aceptarlos".
Cook muere en 1968. Muere sin asistir, gracias, no sé a quién, pobrecito, sin asistir a la debacle del peronismo, al tercer regreso de Perón, sin, sin asistir a la persecución que Perón desata sobre la izquierda peronista. John William Cook, de todos modos, yo no sé qué hubiera hecho Cook, no sé qué hubiera hecho Cook, digamos, de haber seguido viviendo. No sé qué opciones políticas hubiera tomado. Creo que se hubiera enfrentado muy fuertemente con Perón. Ya se enfrenta en la correspondencia. Pero Cook es un hombre de una gran inteligencia, de una gran ética, de una gran limpieza moral. Es un ejemplo de luchador social, un hombre que realmente amó a los desposeídos y entregó su vida por los desposeídos, porque le dedicó su vida a los desposeídos. No es que lo hayan matado, murió de cáncer, pobre. Pero todo su pensamiento, todas las cosas que escribió, todas las cosas que dijo y escribió muchas cosas. Cook, el libro de Cook "Peronismo y Revolución" es un ejemplo de dialéctica revolucionaria inspirada en la "Crítica de la Razón Dialéctica". De modo que es un gran pensador argentino. Para mí, es el más inteligente, el más inteligente de los pensadores argentinos, sin ninguna duda. Está a miles de kilómetros de Jauretche, Calabrini Ortiz, Hernández Arregui. No, Cook es otra cosa. Cook es un pensador al nivel de un Sartre, al nivel de los grandes pensadores socialistas europeos. Fue además un gran maestro, un tipo que la peleó a fondo con Perón, que la perdió, pero que, pero que le dijo un montón de cosas a Perón que todavía permanecen. Así que salud, John William Cook.
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Colonización es inevitable. Hay hechos en la historia que son inevitables. No, nada en la historia es inevitable. La historia es azarosa. Cuando una dictadura es meramente una dictadura y nada más, es algo lamentable.