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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
[música]
Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, [canto] Señor.
En aquel tiempo, Jesús levantando los ojos al cielo, oró diciendo: Padre Santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que gracias a su palabra creerán en mí. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí para que sean perfectamente uno. De modo que el mundo crea que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido y ellos han conocido que tú me has enviado. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos, como también yo estoy en ellos.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor [canto] Jesús.
Hoy la palabra de Dios nos lleva a meditar sobre la unidad. Estos días estamos escuchando en el evangelio la oración llamada sacerdotal, oración que Jesús dirige a su padre, a nuestro Padre celestial. Y Jesús le dice a su padre, a nuestro padre Dios: Padre, que sean uno, como tú estás en mí y yo en ti, que sean uno para que el mundo crea. Hermanos, hay que dar testimonio de unidad para que el mundo crea. Lo ha dicho Jesús. Hay que hacerle caso a Jesús. Padre, que sean uno.
Hermanos, todos sabemos que la unión hace la fuerza. Y eso lo sabía San Pablo muy bien. Nos encontramos en la primera lectura con San Pablo, que es llevado al sanedrín. Y fíjense, los judíos quieren linchar a Pablo, están furiosos con Pablo porque es hecho cristiano. Pablo es inteligente y sabía muy bien que en el Sanedrín había un punto de discusión entre los saduceos y los fariseos. Los saduceos no creían en la resurrección. Los fariseos sí. Saduceos y fariseos están unidos para juzgar a Pablo, para lincharlo. ¿Y qué hace Pablo? Mete la división inteligente de ¿qué habla? De la resurrección. Y al tocar ese tema, los fariseos y los saduceos comienzan a pelearse y Pablo sale airoso.
Hermanos, las peleas dividen, las peleas debilitan un grupo. Por eso, cuidemos la unidad en nuestra casa, en primer lugar, en la parroquia, en la iglesia. Una de las preocupaciones que tiene el Papa León 14 es la unidad de la iglesia. De hecho, su lema ya nos dice bastante. ¿Se acuerdan el lema del Papa León 14? Inilo 1 un traduzco. En Cristo somos uno. Hermanos, cuidemos la unidad. La unidad es en Cristo, en la verdad, en el bien.
Y hay tres pecados que de forma directa traen siempre división. Y hay que luchar contra todo tipo de pecado, pero sobre todo contra estos tres pecados si queremos cuidar la unidad en nuestra casa, en la parroquia, en toda la iglesia. La envidia, los celos [carraspeo] y la murmuración. ¿Quedó claro, hermanos? ¿Cuáles son estos tres pecados que generan división? La envidia, los celos y la murmuración.
La envidia genera división. En vez de alegrarme por el bien de mi prójimo, me pongo triste y lo que es peor, comienzo a odiar al hermano por envidia. Los celos generan división. Me siento menos que ese hermano que ha sido mejor tratado que yo. Dios te ama y es lo más importante. Y Dios te ama con amor infinito. Y la murmuración, cuánto daño podemos hacer con un comentario destructivo. Lo que es peor, la calumnia, que es un pecado mortal. Cuando el Papa Francisco vino a Lima, se reunió con las religiosas, ¿se acuerdan? En las Nazarenas y dijo lo siguiente: "Una religiosa chismosa es una terrorista." No lo he dicho yo, por si acaso. Reclámenle a quién? al Papa Francisco, que en paz descanse. Una religiosa chismosa, es una terrorista, lanza la bomba, ya generó la división.
Hermanos, erradiquemos de nuestra vida las envidias, los celos, las murmuraciones. Cuando una mamá ve que sus hijos se están peleando, ¿cómo está la mamá? sufre. La iglesia es nuestra madre y la iglesia sufre cuando no ve unidad entre nosotros. Y para contrarrestar esos tres pecados, tres actitudes, orar los unos por los otros. Lo primero, ¿qué debemos hacer? Orar los unos por los otros. ¿Ves que un hermano no se ha portado mal? reza por ese hermano. En segundo lugar, mirarlos con los ojos de Cristo. ¿Qué he dicho? Mirarlos con los ojos de Cristo. Y eso te llevará a tener entrañas de misericordia con el hermano, a acercarte para corregirlo con cariño, a darle un buen consejo, a tener paciencia, mansedumbre. Hay que mirarnos con los ojos de Cristo y en tercer lugar luchar por nuestra propia conversión. Por ahí hay que empezar. Somos especialistas en criticar los pecados del hermano. Hermanos, tenemos que luchar en primer lugar por nuestra propia conversión. Si yo lucho contra mis pecados, eso va a repercutir en el bien del ambiente donde estoy. Vivamos estos tres puntos que les he dado y estoy seguro que vamos a ser instrumentos de unidad empezando en nuestra casa. ¿Qué les he dicho? Orar los unos por los otros, mirarnos con los ojos de Cristo y buscar nuestra propia conversión.
En primer lugar, pidámosle hoy a la Virgen que es madre de la Iglesia que nos ayude a hacerle caso a Jesús. Hemos escuchado todos como Jesús se dirige a su Padre celestial y le dice: "Padre, que sean uno, como tú estás en mí y yo en ti, que sean uno para que el mundo crea." Si nosotros nos esforzamos por ser instrumentos de unidad, estamos poniendo muy contento a Jesús. Que la Virgen nos ayude a ser personas que buscan siempre la unidad y que radican todo tipo de envidias, celos y murmuraciones. Que así sea. Amén.
Hoy es jueves, día sacerdotal y eucarístico. Vamos a rezar las letanías de la preciosísima sangre de Cristo.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sálos.
Sangre de Cristo, verbo de Dios, hecho hombre, sálos.
Sangre de Cristo, el nuevo y eterno testamento, sanos.
Sangre de Cristo, vertida hasta la tierra en la agonía, sál.
Sangre de Cristo que corrió en la flagelación.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas.
Sangre de Cristo derramada en la cruz.
Sangre de Cristo precio de nuestra redención.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón.
Sangre de Cristo en la Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas.
Sangre de Cristo, río de misericordia.
Sán sangre de Cristo, vencedor de los demonios.
Sán, sangre de Cristo, fortaleza de los mártires.
Sangre de Cristo, valor de los confesores.
Sangre de Cristo, engendradora de vírgenes.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran.
Sangre de Cristo, solaz de los que trabajan.
Sangre de Cristo, consuelo de los afligidos.
Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes.
Sangre de Cristo, alivio de los moribundos.
Sangre de Cristo, paz y gozo en los corazones.
Sangre de Cristo, garantía de vida eterna.
Sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos.
Se Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Nos redimiste, Señor, con tu sangre de nosotros un reino para nuestro Dios.
Oremos. omnipotente y empiterno Dios, que constituiste a tu unigénito hijo, redentor del mundo, y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Vamos a hacer la oración por la santificación y multiplicación de los sacerdotes. Decimos: Padre celestial, para mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al verbo encarnado, que acabamos de recibir en el sacramento de su amor y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu divino espíritu. Enciéndelos en amor a la cruz. y haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Escuchemos la meditación que toca hoy en este día del mes de mayo, mes de María, día 2o. María, Virgen fiel. María es la Virgen fiel, pues toda su vida permaneció siempre unida a Dios. La madre del Salvador siempre le dijo sí a Dios y nunca no. La fidelidad de María nos anima a nosotros, sus hijos. Seamos fieles a nuestra vocación cristiana. Un bautizado está llamado a ser fiel a Cristo. Cuánto le duele al corazón de Jesús las infidelidades de sus discípulos que somos nosotros. Aprendamos de María Santísima a no despegarnos. nunca de Jesús. Propósito de hoy, pedir a María todos los días la gracia de la fidelidad a Dios hasta la muerte.
Vamos a hacer juntos nuestra consagración a nuestra madre, la Virgen María. Decimos: "Oh, señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco del todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya." Amén.
Queridos hermanos, hoy les he hablado de la unidad porque eso es lo que Jesús le pide a su Padre Celestial en esa oración tan bonita que es la oración sacerdotal. Padre, que sean uno, como tú estás en mí y yo en ti, que sean uno para que el mundo crea. Vamos a hacerle caso a Jesús. Hermanos, la unidad viene de Dios. La división no le gusta a Dios. Cuidemos la unidad en nuestra casa. En primer lugar, la familia es una pequeña iglesia. Cuidemos la unidad en nuestra casa, en la parroquia, en la iglesia. Por eso erradiquemos todo tipo de pecados. Sobre todo hay tres pecados que generan división. Las envidias, los celos y las murmuraciones. Erradiquemos esos pecados. Una vez escuché, no los voy a escandalizar, que los pecados del clero no son tanto los pecados contra la castidad, los pecados del clero son esos. En el clero también hay celos. A ese padre le han dado la mejor parroquia. Todas las parroquias son bonitas. Las envidias, la murmuración. Todos somos de barro. Hay que luchar contra todo tipo de pecados.
Frente a esos pecados, hermanos, recemos los unos por los otros. Miremos a los otros con los ojos de Cristo. Hay que ser misericordiosos. El hermano se ha equivocado. Míralo con los ojos de Cristo. Reza por él. Acércate, corrígelo con cariño, dale buenos consejos, ten paciencia. Hay que mirarnos con los ojos de Cristo. Y en primer lugar, ¿quién tiene que convertirse? El padre Carlos Rosel. Sí, la conversión comienza con uno mismo y cuando yo lucho por mi conversión, mejor el ambiente donde estoy.
Vamos a pedirle a la Virgen, madre de la Iglesia, que nos ayude a ser instrumentos de unidad.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, con Dulce Corazón de María, sea sal.
San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con esp.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.