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EL FALSO ANTAGONISMO entre LIBERALES Y CONSERVADORES: disputas superficiales sobre un mismo núcleo

Vanguardia Colombiana25:29

Transcription

Como vimos en nuestro video anterior, hablar de la izquierda en singular es un mito oscuro y confuso, porque encubre el hecho de que la izquierda no es unívoca, sino análoga. Existen muchas izquierdas diferenciadas y enfrentadas incluso a muerte entre sí.

Otro mito muy común es el de la narrativa histórica dominante que suele presentar a conservadores y liberales como adversarios con ideologías opuestas o contradictorias. Sin embargo, esta distinción es tan engañosa como afirmar que el marxismo y el maoísmo eran antagónicos, como si los maoístas no fuesen marxistas, o como plantear una dicotomía entre ser cristiano y ser ortodoxo, como si estos últimos no fueran también una rama del cristianismo. Y no se trata de negar de manera simplista las particularidades específicas del maoísmo, ni las diferencias entre el catolicismo y la ortodoxia, sino de señalar que sus diferencias son ante todo, de forma y no de fondo. Los unos son esencialmente tan socialistas como los otros son cristianos.

Esto mismo ocurre con conservadores y liberales. Más allá de algunos matices y disputas, ambos han sido, en lo fundamental liberales que se distinguen apenas por diferencias superficiales. El llamado partido conservador históricamente no ha sido más que una variante moderada o otoritoria del liberalismo. Su posición a los liberales siempre fue en realidad una disputa de la forma, mientras que su acuerdo en el fondo ha sido casi absoluto. Y aunque es muy común que en la narrativa dominante se hable de estas cosas de manera acrítica y se presente a la izquierda en singular como algo unívoco a la vez que se presentan a conservadores y liberales como algo opuesto.

En Vanguardia colombiana trabajamos desde el pensamiento filosófico, crítico, sistemático y materialista. Con pensamiento crítico nos referimos a operaciones de análisis, clasificación, distinción, comparación, relación y coherencia. Y con sistemático nos referimos a que seguimos una metodología explícita, lógica, radicalmente racional y compatible con la realidad misma. Esto es lo propio de la metodología materialista.

Entonces, para empezar a desenredar esta confusión ideológica, hay que situarnos históricamente en el origen de lo que entendemos por izquierda. Y tenemos que la idea de izquierda política nace concretamente con la Revolución Francesa que se dio entre 1789 y 1799 en la Asamblea Nacional donde los diputados se sentaban según su orientación política. Tenemos entonces que a la derecha se sentaban los girondinos isrealistas que defendían el mantenimiento del antiguo régimen, la unión del trono y el altar, es decir, el poder monárquico y los privilegios de la nobleza y el clero. En el centro se sentaban los constitucionalistas que buscaban un punto intermedio y a la izquierda se sentaban los jacobinos y cordeleros que representaban a la burguesía radical, junto al pueblo llano y se oponían a la unión del trono y el altar del artivo régimen, es decir, defendían la abolición de los privilegios feudales, la soberanía popular, el fin del absolutismo monárquico y mayor igualdad jurídica.

Basado en este acontecimiento es que Gustavo Bueno, en sus obras El mito de la izquierda y el mito de la derecha construye una clasificación rigurosa de las distintas generaciones de izquierda y las modulaciones de la derecha que han ido surgiendo desde entonces. Bueno, distingue entre géneros y generaciones, pues aunque todas las izquierdas definidas comparten ese mismo género generador, se diferencian por los planes y programas políticos que cada una desarrolló en distintas generaciones históricamente determinadas, es decir, pertenecen a un mismo género, no porque se asemejen entre sí, sino porque descienden del mismo tronco del que a lo largo de la historia han surgido múltiples generaciones. que se definen y diferencian por su posición frente al Estado.

Pues la izquierda política surge simultáneamente a la idea de nación política durante la ya mencionada Revolución Francesa. Así se pueden distinguir entre seis generaciones de izquierdas definidas que no solo se oponen al antiguo régimen, sino que cada una tiene un proyecto político distinto al de las demás. y entre izquierdas indefinidas que reciben la denominación de izquierda solo por analogía o por su relación externa con alguna izquierda definida.

La primera generación fue la izquierda jacobina, que fue la fundadora de la nación política francesa. Después surgiría la segunda generación, es decir, la izquierda liberal, que es la fundadora de las repúblicas hispanoamericanas que surgieron tras los procesos de independencia o de ruptura con la monarquía española y cuyas diferencias con la izquierda jacobina radican principalmente en los siguientes tres puntos. El primero era la defensa absoluta o casi absoluta de la propia burguesa como derecho natural. La segunda era la primía de los derechos individuales sobre los derechos colectivos. Y la tercera era el fundamentalismo del libre cambio como dogma económico con más o menos matices.

Así, la izquierda liberal es la madre de la nación política colombiana como tal. Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y prácticamente todos los dirigentes posteriores han sido esencialmente liberales, incluidos los denominados conservadores. Esto es así porque el Partido Conservador fue fundado por liberales en 1849 como respuesta a la creación del Partido Liberal en 1848, con cuyos dirigentes tenían diferencias metodológicas. Sus fundadores, Mariano Pina Rodríguez y José Euse Vio Caro provenían de una facción de liberalismo llamado los ministeriales, denominados despectivamente como los retrógrados por los progresistas o radicales. No eran antiliberales, eran liberales que privilegiaban el orden centralista y el rol de la Iglesia católica dentro del marco de la propiedad burguesa y el libre cambio.

Dicho de otra forma, los liberales radicales eran de izquierda con respecto al trono y al altar. Los liberales conservadores eran de izquierda respecto al trono, pero más a la derecha o al centro respecto al altar, pues ellos no defendían tampoco una dictadura eclesiástica, sino respetar cierta soberanía de la Iglesia y una educación nacional católica. Es por esta razón que será muy común encontrar a lo largo de nuestra historia conservadores que se hacían liberales como Tomás Cipriano de Mosquera y liberales que se cambiaban sin ningún problema al bando conservador como Rafael Núñez, porque salvo algunas disputas periféricas en la base eran lo mismo.

Es preciso recordar que el periodo posterior a la disolución de la Gran Colombia en la Nueva Granada de 1830 estuvo marcado por la pugna entre los seguidores de Bolívar, los bolivarianos de orientación militar y centralista y los herederos políticos de Santander, los santanderistas renuentes al militarismo y al centralismo excesivo. Sin embargo, el fenómeno clave para entender el origen del partido conservador es la división que se gestó dentro del propio tronco santanderista, es decir, dentro de lo que se consideraba la corriente liberal dominante. A partir de 1830, el santanderismo se fragmentó en dos corrientes cruciales. La primera, los liberales exaltados, también conocidos como progresistas o posteriormente rojos. Este grupo impulsaba reformas sociales rápidas, promovía el federalismo, tenía tendencias anticlericales y una marcada desconfianza hacia el poder ejecutivo fuerte. Y lo segundo, los liberales moderados. Esta facción favorecía un liberalismo cautocentralista y crucialmente respetuoso de la iglesia y las estructuras sociales heredadas, aunque compartían el ideario republicano, priorizaban la estabilidad institucional y el orden por encima de la velocidad de las reformas.

El destino de estos moderados es lo que define la fundación del Partido Conservador Colombiano, pues enfrentados a la necesidad de elegir entre la adhesión a un proyecto de transformación acelerada o la defensa de cierta continuidad institucional, optaron por el segundo camino desencadenando una fragmentación de liberalismo nacional. La fundación del Partido Conservador Colombiano el 4 de octubre de 1849, oficializada por Mariano Ospina Rodríguez y José Euse Vio Caro, a través de un manifiesto publicado en el periódico La civilización es uno de los factores más determinantes de la historia política de Colombia, aunque tradicionalmente se presenta el partido conservador como la antítesis directa del Partido Liberal fundada un año antes. La tesis postula el origen del conservatismo a partir de una facción del liberalismo en una perspectiva mucho más ajustada a la realidad material de la evolución política de la Nueva Granada.

El nacimiento del PSCF no fue un resurgimiento de las posturas monárquicas o bolivarianas, sino la consolidación de una amplia y heterogénea coalición de orden. Esta coalición se forjó necesariamente mediante la integración de elementos tradicionales. Los antiguos bolivarianos, militares y terratenientes, con los descontentos y los ideológicamente cautos, muchos de los cuales provenían del troncosantanderista original. El partido fue instituido con el objetivo primordial de proteger las tradiciones sociales y religiosas y de promover políticas moderadas oponiéndose a los excesos del liberalismo radical progresista.

Por eso, la realidad del conflicto entre estas dos facciones es mucho más compleja de lo que se suele decir y para entenderla es necesario desmantelar la narrativa histórica simplista que reduce los orígenes del bipartismo a la querella personal. entre Simón Bolívar, un centralista precursor ideológico del conservatismo, y Francisco de Paula Santander, federalista y precursor del liberalismo. Los documentos fundacionales del Partido Conservador Colombiano demuestran que para 1849 la identidad del partido requería superar estas viejas rivalidades. Ospina Rodríguez se esforzó activamente en el manifiesto programático por desvincular el naciente conservatismo de la mera lealtad a caudillos específicos escribiendo. Ser o no ser enemigo de Santander, de Asuero o de López no es ser conservador, porque Santander, Asuero y López defendieron también en diferentes épocas principios conservadores. Esta declaración explícita de desvinculación personalista fue de hecho un acto pragmático político que legitimaba la fragmentación del liberalismo dominante para la posterior inclusión de los santanderistas moderados dentro de esa nueva colectividad. Al reconocer que figuras históricamente liberales habían adherido a principios de orden, Ospina estaba proporcionando una justificación ideológica para que la facción ministerial conservadora, que era ya demasiado heterogénea, basara su existencia en la defensa de principios compartidos, el orden constitucional y la estabilidad social ante la amenaza de las transformaciones aceleradas.

Así, a lo largo de la década de 1840, las etiquetas políticas se reconfiguraron en torno a la función de gobierno. Los liberales exaltados se definieron como progresistas los futuros fundadores del Partido Liberal de 1848, mientras que los liberales moderados se sintieron cada vez más atraídos por la facción que representaba la continuidad del poder estatal, conocida como el Partido Ministerial, que se llamaba así porque no eran un partido político tradicional, sino una coalición parlamentaria de respaldo al gobierno que se alineaban en torno al apoyo de sus ministros o ministerios. Los ministeriales, despectivamente llamados retrógrados, se convirtieron en la facción del orden por excelencia. Esta facción no estaba compuesta precisamente por nostalijos del antiguo régimen, sino que fue una coalición funcional que logró unificar, por un lado, los antiguos bolivarianos y urdanetistas, tradicionalistas, militaristas y centralistas, y, por otro, los liberales moderados, constitucionalistas, provenientes de la raíz santanderista. Esto confirma el origen liberal del moderado del PCC. Sus miembros y fundadores, aunque adherían a principios liberales básicos como la República, el derecho a la propiedad y derechos individuales, desertaron del tronco liberal principal cuando la agenda radical o progresista comenzó a ser dominante. Los moderados se definieron tácticamente menos por las reformas que deseaban y más por las instituciones que tenían perder, en particular el control estatal centralizado y la paz con la Iglesia Católica. Al ver que los progresistas o liberales radicales impulsaban una agenda rupturista, los moderados se alinearon con los ministeriales, quienes representaban la fuerza estatal y el orden establecido tras la independencias, culminando en la conservación de un poder que consideraba legítimo.

Así, la semilla conservadora no fue una simple fuerza antiliberal, sino una decisión funcional del liberalismo existente. Las diferencias que surgieron entre estas dos facciones, que principalmente fueron centralismo versus federalismo y educación católica versus educación laica, son meras disputas periféricas, es decir, cambios de forma que no cuestionan la base o estructura económica sobre la que se asienta la sociedad liberal burguesa y su respectiva superestructura ideológico institucional. Por eso es que a pesar de sus disputas, si algo tenían claro estas dos facciones, es que sus discrepancias eran de forma y no de fondo. Eran diferencias superficiales sobre un mismo núcleo común, pues nunca dudaron en aliarse cada vez que ese núcleo era puesto en duda.

La primera gran prueba de la alianza esencial entre estas dos facciones de la misma ideología pudiera ubicarse en 1854, cuando el general José María Melo, apoyado por el gremio de los artesanos, que estaban arruinados por las políticas librecambistas impuestas desde el gobierno de José Hilario López, que priorizaban el comercio internacional sobre la producción local, intentó impulsar un mercado regulado que protegiera y priorizara la industria y la producción nacional. Y la redacción fue inmediata y prácticamente unánime. Liberales y conservadores se aliaron para derrocar a quien usaba desafiar el dogma económico compartido. Así, el fondo liberal, es decir, su estructura económica, prevaleció sobre la forma de su disputa partidista, que sería la superestructura jurídica, ideológica institucional. Veremos cómo este patrón se va a repetir a lo largo de la historia.

A mediados del siglo XX, Lauriano Gómez, quien fuera uno de los pocos conservadores coherentes que hemos tenido en nuestra historia, pues era tan crítico del socialismo como de la democracia liberal y del libre cambismo absoluto. fue influenciado por el corporativismo de Franco en España y de Salazar en Portugal, e intentó un proyecto de Estado realmente soberanista que implementaba medidas proteccionistas y una reforma social orgánica que, a diferencia del conservatismo tradicional no respondía a intereses anglosajones como si lo hacía, por ejemplo, era la conservadora de Mariano Espina Pérez. Una vez más, esta alianza liberal conservadora no se hizo esperar. En 1953, con el beneplácito de ambos partidos, el general Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de estado. Irónicamente, después, cuando Rojas Pinilla, inspirado en Perón, comenzó a aplicar políticas proteccionistas orientadas a la industrialización y el desarrollo nacional, la misma alianza entre liberales y conservadores lo derrocó en 1957. De esta maniobra fue que nació el Frente Nacional, que sería la institucionalización oficial de esa hegemonía bipartidista, un pacto de alternancia en el poder entre conservadores y liberales que garantizaba que los tres pilares ya mencionados de la estructura económica liberal nunca fueran cuestionados. Estos pilares eran la defensa absoluta de la propiedad burguesa como derecho natural, la primacía de los derechos individuales sobre los derechos colectivos y el fundamentalismo del libre cambio como dogma económico.

Incluso hoy podemos ver esta alianza entre el Partido Liberal y conservador alrededor del uribismo en su oposición al gobierno de Gustavo Petro, a quien acusan de socialista. No obstante, Petro, a pesar de ser el mandatario menos librecambista de la historia reciente, más en el discurso que realmente en los hechos, eh también es un defensor a ultranza de los derechos individuales. Prueba de esto es que no ha tocado la propiedad burguesa de los medios de producción. Precisamente por ello es que ha logrado el respaldo de sectores liberales y conservadores, tanto en su agenda legislativa como en menor medida dentro del poder ejecutivo. Y este fenómeno no es exclusivo de Colombia. En toda la hiberofonía encontraremos casos más o menos homologables. Por ejemplo, en Argentina, la alianza entre sectores liberales y conservadores aglutinados en Juntos por el Cambio contra el peronismo, que históricamente ha tenido un componente industrialista y proteccionista, ha sido estructural. Y más recientemente ante el gobierno de Javier Miley, que es un liberal radical, muchos conservadores subordinaron sus matices ideológicos y culturales como su postura frente a la ideología de género que mi ley acepta al ser un defensor a ultranza de los derechos individuales, pues muchos conservadores subordinaron eh sus matices para respaldar su proyecto económico ultraliberal, lo cual confirma que ese es el núcleo de su acuerdo.

Otro ejemplo lo tenemos en España que durante la restauración, que fue a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, existió algo llamado el turno pacífico, que fue una alternancia pactada entre conservadores y liberales, Canovas y Sagasta, controlada por caciques y fue diseñada para mantener el orden monárquico y las reglas de las élites, que sería la propiedad burguesa y la estabilidad para los capitales, y posteriormente el bipartidismo que podemos encontrar entre el Partido Popular Conservador y el PSOE, que es social liberal, ha funcionado AD durante décadas como dique de contención contra toda fuerza que cuestione la base económica de la Constitución del 78. Su rápida alianza para frenar propuestas de cambio profundo responde a la misma lógica, la defensa del régimen liberal burgués frente a las alternativas que se le opongan.

Por tanto, el título de este video se confirma. La distinción entre liberales y conservadores es una mera apariencia necesaria para la gestión del poder. Los conservadores son el ala moderada o autoritaria que proporciona una aparente estabilidad y tradición a un orden que es en esencia liberal. Su función es la de un liberalismo no declarado, pero siempre listo para emerger y aliarse con su supuesto enemigo en cuanto el proyecto común, que es la Sociedad Burguesa de Propietarios y Exposeídos, el libre cambismo y la individualización o atomización de la sociedad se vea amenazado, condenando así a nuestros países a ser meros exportadores de materias primas y servicios, dependientes del turismo y carentes de industria nacional, manteniéndonos en el subdesarrollo a la vez que culpan de todos esos males al socialismo que nunca existió realmente. gente en nuestro país.

Por eso debemos dar cuenta de que todo el que se diga liberal en lo económico, pero conservador en lo social es esencialmente un farsante. Decirse conservador y pretender defender cosas sagradas como la familia, la fe o supuestos valores tradicionales, a la vez que se defiende la estructura económica capitalista que los destruye y profana para convertirlo todo en mercancía es una hipocresía monumental. Hay que ser ingenuo o muy corrupto para creer que se puede luchar contra las consecuencias del capitalismo sin siquiera cuestionar la base o al propio capitalismo que las causa y las genera o degenera, tal como la industria disquera, por ejemplo, ha degradado a la música. Es como pretender luchar contra los síntomas, pero no contra la enfermedad. Es como creer que se puede combatir el cáncer con paracetamol o con acetaminofen.

Por eso hay que tener claro que todo el que se diga conservador en lo social y liberal en lo económico es un farsante que simula defender algo sagrado, mientras que por otro lado promueve el orden económico que destruye, profana y mercantiliza todo lo que supuestamente defiende. Eso explica por qué la familia tradicional o los valores tradicionales solo están desapareciendo realmente en países capitalistas liberales como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, Colombia, Argentina. Pero en los países de tradición marxista, donde no se ha podido implantar el liberalismo como ideología dominante, es donde mejor se ha conservado todo eso que aquí llaman valores tradicionales, como los países herederos de la Unión Soviética o en China, Vietnam, Laos, Corea del Norte, países donde no existe esa degeneración postmoderna que vemos hoy en sociedades liberales capitalistas y donde tienen un profundo respeto por sus tradiciones. Precisamente es porque no se ha podido implantar allí el liberalismo como base económica y por consecuencia como ideología dominante, pues allí no priman las libertades individuales sobre los derechos colectivos, ni prima la defensa absoluta de la propiedad privada burguesa, tampoco prima el libre cambismo como dogma económico, pues sus clases dirigentes sí son conscientes de que la única ideología que al día de hoy busca destruir cualquier forma de visión trascendental de lo colectivo que busca deconstruir, liberalizar o revolucionar en sentido burgués, toda forma articulada de comunidad y tradición para disolverlo todo y convertirlo todo en mercancía capitalizable, principalmente para intereses anglosajones en alianzas con unas élites antinacionales, antisociales y anticatólicas. Porque por más que se autoproclamen católicos para ganar votos y simpatía del pueblo, en realidad son anticatólicos. son en realidad protestantes de rito católico o católicos protestantizados, porque el liberalismo es totalmente incompatible y opuesto a la idea de comunidad católica, la idea de bien común y a la doctrina social de la Iglesia católica.

Así que si algo debemos tener bien claro es que la causa de que nuestros países sean lo que son al día de hoy no es otra que del liberalismo, que ha sido la ideología más revolucionaria del mundo hispano hasta el momento. Pues sí, en su momento fue revolucionaria en lo económico y lo social y lo sigue siendo al día de hoy, aunque ahora solo en lo social y es conservadora en lo económico, pues tiene la capacidad de revolucionarse constantemente, pero en sentido burgués. Y quien mejor lo supo describir fue March, cuando afirmó que esta estructura económica capitalista todo lo sagrado lo profana, todo lo mercantiliza, todo lo sólido lo desvanece en el aire y donde quiera que se instaura echa por tierra todas las instituciones tradicionales de antaño. Y esto lo dice en el Manifiesto Comunista y lo leo, lo cito, dice que la burguesía donde quiera que se instauró echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y el jarro de agua helada de sus cálculos egoísta. enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad, la libertad ilimitada del mercado. Despojó de su manto de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acatamiento y convirtió en meros servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote y al hombre de ciencia. Esto lo dice en el manifiesto, en la primera parte titulada burgueses y proletarios y todo eso lo ha generado la estructura económica capitalista, de la cual el liberalismo no es otra cosa que su expresión ideológica más coherente. El capitalismo no puede existir si no es mutando o revolucionándose constantemente, cambiando de nombre, cambiando los colores y apareciendo cada nueva generación con un disfraz distinto y prometiendo más libertades individuales y más liberalismo para solucionar los problemas que el mismo liberalismo ha venido causando desde la fundación de nuestras repúblicas. se fundaron como repúblicas liberales, manteniéndonos siempre impotentes y sumisos a los intereses de la potencia hegemónica de turno y culpando al hasta ahora inexistente socialismo de todos los males que ellos mismos causan.

Así, durante 200 años, esta alianza liberal conservadora ha ostentado la hegemonía en la vida republicana del mundo hispano. Su sumisión a intereses anglosajones, primero británicos y después estadounidenses, no es solo una traición a la patria, sino la consecuencia lógica de una estructura económica y un proyecto de clase que necesita el libre cambismo, la globalización individualista y dicha sumisión a intereses anglosajones para perpetuarse. Liberales y conservadores son, en definitiva, las dos caras de una misma moneda y una misma ideología que constantemente se disfraza, cambia de color, de nombre y pretende revolucionar todo lo que sea, con tal de que nunca se cuestione la base económica sobre la que se asienta.

Por eso, para vanguardia colombiana, el camino que supera el estado de cosas actuales, claro, es precisamente cambiando de raíz esa estructura económica liberal, es decir, que prim los derechos colectivos sobre los derechos individuales, que la propiedad de los medios de producción sea social y no individual y que el mercado esté al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio del mercado. Así y solo así, pero ampliado a escala civilizatoria en el mundo hiberófono es la única forma que tenemos de salir del estado de cosas actual. Todo lo demás es mero maquillaje, es apariencia, pues todos los derechos que se conquisten hoy se perderán mañana, mientras no se cambie de raíz la estructura económica liberal capitalista.

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