Transcription
Salmo 119 versículo 94 y 95 dice la versión de Las Américas: Tuyo soy Señor sálvame, pues tus preceptos he buscado. Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré.
David era lo suficientemente maduro y realista para saber que para el creyente que vive en esta la aflicción realmente nunca queda totalmente en el pasado. No podemos descansar sobre lo que ha ocurrido porque la aflicción siempre surgirá mientras vivamos en la tierra.
Después de hablar sobre lo que Dios hizo para salvarle en el pasado, David cambia su expresión a tiempo presente. Confiesa su fe continua en que la palabra de Dios le salvará de todo peligro presente. David apela a la salvación de Dios basándose en la realidad de que él pertenece a Dios. Por eso escuchamos: "Tú yo soy". David comprendía que su vida no le pertenecía a él, sino a Dios.
Esta es la verdadera base de la salvación. Dios nos salva porque le pertenecemos. El saber que pertenece a Dios es lo que realmente debe motivarnos como cristianos a amar a Dios y no el vivir más como tener una vida más suave, más relajada o hallar una salida para los problemas a nuestro antojo.
Si David sabía que le que pertenecía a Dios, cuánto más deberíamos saberlo con certeza nosotros. Somos propiedad de Dios por siete razones: somos suyos por creación (eso está en el Salmo 103), somos suyos por redención (Colosenses 1:14), somos suyos por adopción (Romanos 8:15), somos suyos por matrimonio (Segunda de Corintios 11:2), somos suyos por consagración (Romanos 12:1 y 2), somos suyos por derecho de compra (Primera de Corintios 6:20 y Primera de Pedro 1:23).
Con razón nos sentimos frustrados cuando intentamos tomar las cosas en nuestras manos, puesto que le pertenecen a Dios. Podemos clamar con confianza: "Nuestro amo, sálvame", como lo decía la el versículo. Nuevamente recordamos la oración de Pedro en Mateo 14:30, la cual consideramos en el capítulo anterior.
Las oraciones bíblicas pueden ser breves, puesto que empiezan con una relación correcta. Pertenecemos a Dios y, por lo tanto, podemos recurrir a él en momentos de aflicción. ¿Cómo vamos a saber eso? De la misma manera que David lo supo: "porque he buscado tus mandamientos". A través de nuestra relación con la palabra de Dios aprendemos nuestra relación correcta hacia Dios. Todo encaja, ¿te das cuenta?
Al verse llevado hasta el límite de lo que podía soportar, David halló refugio y salvación en la palabra de Dios. Lo mismo podemos hacer nosotros. No sé en qué punto estás, si te sientes al límite, pero lo que David hizo es aferrarse a una norma absoluta en su vida y, a través de su relación con esa autoridad absoluta, David llegó a entender su relación correcta con Dios. Él no tuvo que consultar a nadie más, sino tuvo que entender y depender de la palabra de Dios.
De su estudio bíblico, David dijo: "Los impíos me han aguardado para destruirme". Ciertamente hay hay un impío que está buscando cómo destruirnos, dice en Primera de Pedro 5:8: "Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el como león rugiente anda buscando a quién devorar". No podemos escapar de la atención de Satanás. Él siempre estará haciéndonos caer en nuestro camino, nos estará tendiendo trampas. Es muy astuto y no se da por vencido tan fácilmente. Él va a buscar la manera en que evitemos tener victorias con la palabra de Dios.
El camino de la victoria es el camino que David aprendió. David aprendió a no buscar venganza, a no cobrársela por sus propias manos. Aprendió a entregar a sus enemigos en manos de Dios y dedicar sus energías a la palabra. Creo que nos convendría hacer lo mismo, porque a veces nosotros perdemos tiempo preguntándonos o preocupándonos más por nuestros enemigos en lugar de ello. Entréguelos a Dios, obedezcamos la palabra, hagamos lo necesario conforme a las escrituras para tratar que ellos se opongan y luego dejemos el asunto. Dios actuará.
Wiramos nuestro corazón alma en las páginas sagradas de la palabra de Dios y permitamos que nos transforme, que nos libre de todo mal.
Oremos: Padre santo, te damos gracias por ayudarnos a ver qué importante es comprender que todo lo que somos realmente no somos dueños de nada. Te pertenecemos a ti. Te pedimos de todo corazón que nos ayudes a tener en nuestra mente que siempre busquemos tus mandamientos, tus ordenanzas, tus testimonios. Gracias, Señor bendito. Te lo oramos en el nombre de Jesús. Amén.
[Música]