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Alfabetización Temprana. Educación Inicial. INFOD. 2018.

Silvia Edith Moschner13:59

Transcription

Diversas investigaciones mostraron diferencias en las oportunidades de aprendizaje de la alfabetización en niños de diferentes grupos sociales. Los niños de sectores medios y altos tienen un mayor acceso a materiales escritos y participan en una mayor cantidad y diversidad de situaciones que involucran la lectura y la escritura. Además, se observó que los aprendizajes tempranos inciden en el ritmo de los aprendizajes posteriores. Diversos autores y estudios han planteado el efecto Mateo en educación en general y en el aprendizaje de la lectura y escritura en particular. De acuerdo con el efecto Mateo, si no se interviene tempranamente y de manera adecuada, a lo largo del tiempo se acumulan y profundizan las diferencias con las que los niños ingresan a la escuela.

Considerando la importancia del proceso de alfabetización y la importancia de las primeras experiencias en su aprendizaje, el papel del jardín de infantes es fundamental. La educación inicial tiene un rol fundamental en la creación de situaciones que favorezcan el desarrollo del lenguaje oral y escrito. Si la escuela no logra generar oportunidades para que todos los niños puedan aprender, con el tiempo las diferencias sociales se hacen más profundas y exceden el ámbito educativo.

Ahora bien, ¿cómo se adquieren los conocimientos involucrados en la alfabetización? Estos conocimientos no se adquieren en etapas sucesivas, sino en forma simultánea, en muchas y variadas situaciones de lectura y escritura. En las sucesivas situaciones, los conocimientos vuelven a ingresar constantemente, se retoman una y otra vez y se avanza sobre ellos de manera tal que va variando la participación de los niños y del docente. Además, el aprendizaje de la alfabetización requiere que los niños interactúen simultáneamente con la diversidad discursiva de unidades: letras, sonido, palabra, texto y recursos del lenguaje escrito, en una variedad de situaciones comunicativas y experiencias significativas.

Nos interesa puntualizar ciertas características fundamentales de las situaciones de enseñanza que promueven el aprendizaje de la alfabetización. El rol del docente es fundamental. La escritura es una herramienta cultural que mediatiza otros aprendizajes. El aprendizaje de la lectura y la escritura capitaliza los conocimientos y habilidades de vocabulario y de discurso que se promueven en los intercambios orales. Comprende actividades que involucran hablar, escuchar, leer y escribir en situaciones reales de comunicación. Las actividades conllevan acciones con todas las unidades lingüísticas: textos, palabras, letras y sonidos. Se organizan sistemáticamente y se llevan a cabo con frecuencia. Proponen una progresión en el aprendizaje que implica un traspaso progresivo del control de la actividad. La progresión no es solo, ni principalmente, de lo más simple a lo más difícil, sino de hacer con otro –la maestra– a hacer solo. Esto es: proponen y consideran la evaluación de los aprendizajes de los niños y de las oportunidades de enseñanza que se les brindan.

No, no, no. Como señalamos anteriormente, el proceso de alfabetización comprende la adquisición de conocimientos referidos a la escritura, el sistema de escritura y el estilo del lenguaje escrito. Ahora nos centraremos en los conocimientos sobre la escritura. Los niños tienen que aprender que la escritura es lenguaje; es decir, que las marcas escritas tienen significados. Alrededor de los 3 años, los niños ya ponen de manifiesto que saben que la escritura tiene significado cuando, por ejemplo, ven algo escrito y preguntan qué dice ahí. A esta edad, los niños también reconocen que no es lo mismo pintar o dibujar que leer y escribir. Los niños también deben descubrir las funciones que cumple la escritura como instrumento de comunicación. Los niños reconocen las funciones sociales de la escritura, por ejemplo: hacer una lista, firmar, colocar el nombre a una pertenencia personal, de acuerdo con las experiencias que hayan tenido con la lectura y la escritura. Los conocimientos sobre la escritura son comunes a todas las lenguas, independientemente de la lengua en la que una persona se alfabetice. La escritura constituye un instrumento de comunicación que transmite significados, se diferencia del dibujo y se emplea con determinados fines. El aprendizaje de los conocimientos sobre la escritura no requiere de una enseñanza explícita de manera general. Cuando los niños crecen en un entorno donde están presentes la lectura y la escritura, adquieren estos conocimientos tempranamente y sin dificultad desde muy pequeños y, aunque todavía no puedan leer y escribir de manera convencional, los niños preguntan qué dice ahí y señalan dónde hay que leer en la página de un cuento, señalando el texto escrito. Pero estos conocimientos, aunque representan el comienzo del proceso de alfabetización, no alcanzan para que los niños lean o escriban. También deben realizar aprendizajes relativos al sistema de escritura y al estilo del lenguaje escrito.

Para promover el aprendizaje de los conocimientos sobre la escritura en la escuela, se tiene que usar la lectura y la escritura en situaciones diversas. Es fundamental que en la escuela se generen situaciones que contemplen la gama de usos y funciones de la escritura, no solo escolares sino propias de la comunidad. También es importante atender a la necesidad de ampliar el repertorio de usos de la escritura a través de las prácticas cotidianas en el aula. Los educadores deben involucrar a los niños en situaciones reales de lectura y escritura en el aula, en las que se lee y se escribe con diferentes propósitos: por ejemplo, para comunicarse, registrar experiencias, contar con un apoyo para la memoria, aprender a partir de textos, crear textos, disfrutar de un texto, entre otros.

Ahora nos centraremos en los conocimientos sobre el sistema de escritura. El dominio del sistema de escritura implica… En el sistema de escritura del español existe una relación entre lo que decimos y lo que escribimos, entre la oralidad y la escritura. Por lo tanto, para aprender a escribir, los niños deben tomar conciencia de que las palabras están formadas por sonidos. Además, los niños tienen que descubrir qué unidades del lenguaje representan las letras. En español, las letras representan los sonidos del habla. Los conocimientos sobre el sistema de escritura también involucran reconocer la orientación de la escritura: en español se lee y se escribe de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Los niños tienen que poder identificar las letras, trazarlas y distinguirlas y comenzar a establecer las correspondencias entre los sonidos y las letras. El sistema de escritura del español es un sistema alfabético. Esto quiere decir que la escritura representa la estructura fonológica de las palabras. Por eso, para aprender a leer y escribir en español, los niños deben entender que las palabras están formadas por sonidos y que las letras representan los sonidos. Si los niños no toman conciencia de que las palabras están formadas por sonidos y si no atienden a las acciones de correspondencia entre las letras y los sonidos del habla, no saben cómo escribir ni cómo leer, porque resulta difícil a los niños descubrir el principio alfabético y deslindar los sonidos de las palabras. Los niños se atienen al significado; escuchan una palabra y activan su significado como si la forma sonora de la palabra no existiera. Por otro lado, al hablar, particularmente cuando hablamos, nos separamos los sonidos; no decimos “o sí”, no “sopa”. Como los niños no pueden distinguir los sonidos en su propia articulación, entonces no pueden establecer las relaciones entre estos y las letras. Cuando los niños logran salvar este obstáculo, pueden comenzar a leer y escribir palabras.

La conciencia fonológica es la capacidad para entender y manipular los sonidos del lenguaje. En los sistemas de escritura alfabéticos, como el español, las letras representan los sonidos del habla. Por lo tanto, existe una estrecha relación entre el aprendizaje de la lectura y la escritura en español y el desarrollo de la conciencia fonológica. Los niños que alcanzan un mejor desarrollo de las habilidades fonológicas presentan menores dificultades para aprender a leer y escribir. La conciencia fonológica comprende un conjunto de habilidades de distintos grados de dificultad. Algunas de las habilidades son un prerrequisito para aprender a leer y escribir; otras se desarrollan como consecuencia del proceso de alfabetización; un tercer grupo de habilidades de conciencia fonológica presentan una relación de influencia recíproca con el aprendizaje de la lectura y la escritura. Veamos cuáles son las habilidades de conciencia fonológica y su relación con el aprendizaje de la lectura y la escritura. Las habilidades de reconocimiento y producción de rimas, junto con la sensibilidad hacia las sílabas, preceden al aprendizaje de la lectura y la escritura. Desde las salas de tres años se pueden proponer actividades para desarrollar este tipo de habilidades. La identificación del sonido inicial y final de las palabras, así como la segmentación fonológica –que implica identificar cada uno de los sonidos de una palabra– tienen una relación de influencia recíproca con el aprendizaje de la lectura y la escritura. Por su parte, la emisión de sonidos, la recodificación fonológica –esto es, la síntesis de sonidos durante la lectura– son una consecuencia del proceso de alfabetización.

Cuando un niño aprende a leer y escribir, lo hace con el objetivo de poder comprender y producir textos; esto es, utilizar el lenguaje escrito como forma de comunicación. Para ello, tiene que poder leer y escribir palabras en forma veloz y precisa. Para poder leer palabras, los niños necesitan reconocer las letras, establecer las correspondencias con sus sonidos, hacer síntesis de sonidos, es decir, unir los sonidos para leer. Antes de leer y escribir en forma convencional, los niños producen formas emergentes de escritura y realizan acciones emergentes de lectura. Las escrituras preconvencionales muestran una progresión desde el garabato, las líneas en zigzag, hasta escrituras parecidas a las letras y secuencias de letras al azar, denominadas escritura inventadas. No hay una secuencia estricta en el desarrollo de las formas de escritura; estas formas pueden variar de acuerdo con las demandas de la tarea. No es lo mismo escribir palabras sueltas que un texto más extenso. En cuanto a las acciones emergentes de lectura, tempranamente los niños hacen como que leen; en el proceso suelen observarse fases que van desde intervenciones apoyadas en los dibujos, el relato de la historia de memoria, hasta la lectura convencional.

Cuando los niños se empiezan a leer y escribir palabras, emplean distintas estrategias: estrategia logográfica: leen y escriben palabras familiares de memoria. Esta estrategia permite leer y escribir un número limitado de palabras, solo palabras familiares que los chicos vieron escritas muchas veces. Estrategia analítica: los niños comienzan a atender a la estructura sonora de las palabras y establecer correspondencias con las letras. Permite escribir cualquier palabra. Estrategia ortográfica: la forma ortográfica de la palabra se amalgama con el significado y la pronunciación. Esta estrategia permite la lectura fluida. Para ayudar a los niños a usar la estrategia analítica, el docente puede colaborar en el análisis fonológico de las palabras. Para ello, el docente prolonga los sonidos de la palabra. Escribir es importante que los sonidos prolongados se pronuncien juntos y no aislados, por ejemplo “más”, no “m-a-s”. Para facilitar la escritura, los niños también pueden contar con el apoyo del alfabeto de la sala a la vista. La lectura compartida y frecuente de textos breves y sencillos contribuye a que los niños adquieran fluidez en la lectura de palabras. El objetivo de las situaciones de lectura compartida es que los niños tomen un rol activo en la lectura. Al hacer que leen, los docentes y los niños leen en forma conjunta un mismo texto varias veces. Dado que escuchan y siguen la lectura que hace la maestra varias veces, los niños aprenden el texto y hacen que leen. De este modo, aprenden a leer leyendo y adquieren confianza en sus posibilidades como lectores.