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35 MINUTOS DE CRIMENES REALES: ALBERT FISH, EL UNABOMBER E ISRAEL KEYES

Esto No Lo Sabías32:25

Transcription

El anciano de 58 años que convenció a unos padres de dejar llevar su hija de 10 años a una fiesta de cumpleaños y nunca la trajo de vuelta. La historia de Albert Fish no es solo la historia de un asesino serial, es la historia de cómo un hombre aparentemente inofensivo, aspecto de abuelo, pelo canoso, bigote fino, voz suave, cometió algunos de los crímenes más atroces del siglo XX sin que nadie sospechara. Pero lo que realmente quebró a los Estados Unidos no fueron sus crímenes, fue una carta.

Hamilton Howard Fish nació en Washington DC el 19 de mayo de 1870. Su padre tenía 75 años, su madre 32. Albert era el menor de cuatro hermanos. La familia Fish cargaba un historial de enfermedades mentales que atravesaba generaciones. Un tío con manía, un hermano internado en un hospital psiquiátrico, un medio hermano con esquizofrenia y tres parientes más con diagnósticos severos. Su madre sufría alucinaciones visuales y auditivas. Cuando Albert tenía 5 años, su padre murió de un infarto. Su madre, sin recursos, lo internó en el orfanato St Jones. Ahí empezó todo.

En el orfanato, Albert fue golpeado constantemente, pero en lugar de desarrollar miedo al dolor, desarrolló placer. Los golpes le provocaban erecciones. Los otros huérfanos se burlaban de él. Lo apodaban Ham and Eggs, Huevos con jamón, un apodo que odió tanto que años después se cambió el nombre a Albert. Recordemos que se llamaba Hamilton. A los 12 años un joven telegrafista lo introdujo a prácticas extremas. Beber orina y comer eses. Fish desarrolló una fascinación por lo escatológico que nunca lo abandonaría. Para 1880, su madre lo sacó del orfanato, pero el daño ya estaba hecho. A los 20 años, Fish se mudó a Nueva York, se prostituyó, empezó a abusar de niños varones. Según su propio testimonio, más de 100, casi todos menores de 6 años. En 1898, su madre le arregló un matrimonio con Anna Mary Hoffman. Tuvieron seis hijos. Increíblemente, Fish nunca tocó a sus propios hijos. El monstruo tenía límites que resultan imposibles de entender.

En paralelo, Fish desarrolló prácticas de automutilación cada vez más extremas. Se insertaba agujas en la pelvis, se golpeaba con una tabla con clavos, se prendía fuego en el ano con lana empapada en alcohol. Años después, las radiografías revelaron 29 agujas alojadas en su zona pélvica. 29. Enero de 1917, su esposa lo abandonó por un albañil que trabajaba para la familia. Se llevó casi todo. Albert se quedó solo con seis hijos. Fue entonces cuando empezó a escuchar voces. Fish decía que Dios le ordenaba torturar y mutilar niños. En una ocasión se envolvió en una alfombra afirmando que seguía instrucciones del apóstol Juan. Hacia 1910 en Delaware, Fish conoció a Thomas Beden, un joven de 19 años con discapacidad mental. Lo llevó a una casa abandonada. Lo torturó durante dos semanas. Después lo ató, le cortó la mitad del miembro y lo abandonó con una herida cubierta de peróxido y un billete de $10. Fish escribió, "Nunca voy a olvidar su grito ni la mirada que me dio. Elió a Beden por una razón precisa. Tenía una discapacidad mental. Fish seleccionaba víctimas que, según él, nadie iba a extrañar. Niños pobres, niños con discapacidades, niños afroamericanos. En 1919 en Georgetown acuchilló a otro niño con discapacidad mental. Sobrevivió, pero Fish estaba escalando y su siguiente víctima no sobreviviría.

El 25 de mayo de 1928, Edward Bad, de 18 años, publicó un anuncio clasificado en el New York World. Hombre joven, 18 años, desea trabajo en el campo. Tres días después, un hombre mayor de aspecto frágil se presentó en la casa de los Bad. Dijo llamarse Frank Howard. Dijo que era granjero. Dijo que quería contratar a Edward. Era Albert Fish, tenía 58 años. Fish visitó a los Bat varias veces, les llevó queso, fresas, almorzó con ellos, ganó su confianza. En una de esas visitas conoció a Grace. Grace Bad tenía 10 años, pero castaño, ojos claros, sonrisa fácil. Fish la vio y todo su plan cambió. El 3 de junio de 1928, Fish le dijo a los padres que su hermana estaba celebrando su cumpleaños, que quería llevar a Grace, que la traería de vuelta esa misma noche. Delia y Albert Bad confiaron en él. Grace se fue con Fish y nunca regresó. Fish la llevó a Wisteria Cotash, una casa abandonada en Westchester aislada. rodeada de árboles sin vecinos en kilómetros. Cuando llegaron, Fish le dijo que se quedara afuera juntando flores. Él subió, se quitó toda la ropa, dijo después que lo hizo para no mancharla con sangre y la llamó desde la ventana. Grace lo vio desnudo, gritó, forcejeó e intentó huir. Fish la estranguló, después la descuartizó, cocinó los restos y se los comió. Tardó 9 días. Durante 6 años, los Bad no supieron nada. La policía arrestó a un inocente, Charles Pope, un superintendente de 66 años que pasó 108 días preso antes de ser absuelto. El caso se enfrió 6 años sin respuestas, hasta noviembre de 1934.

En noviembre de 1934, Delia Bad recibió una carta anónima. No sabía leer. Le pidió a su hijo Edward que la leyera en voz alta. Lo que escucharon es probablemente el documento más perturbador jamás escrito por un asesino serial. La carta empezaba con una historia muy rara sobre la hambruna en China, describiendo cómo niños eran vendidos como carne, como el trasero, la parte más dulce del cuerpo, se vendía como chuleta de ternera y después, sin transición, la carta cambiaba a segunda persona. El domingo 3 de junio de 1928 yo le visité. Almorzamos. Grace se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comerla. Fish describió cada detalle: llevó a la casa, cómo la estranguló, cómo la cortó en pedazos, cómo cocinó su cuerpo. Escribió, "¡Cuán dulce y tierno fue su trasero asado en el horno. Me llevó 9 días comer su cuerpo entero y después remató con esto. No la violé, aunque podría haberlo hecho si hubiera querido. Murió virgen." Como si eso fuera un consuelo. La carta venía en un sobre con un sello que decía N y PB larga A. New York Private Chuffers Benevolent Association. La policía rastreó el sobre hasta una pensión en Harlem. El dueño confirmó que un hombre llamado Albert Fish había vivido ahí. El 13 de diciembre de 1934 lo esperaron. Cuando Fish entró, el detective William King lo encaró. Fish metió la mano en el bolsillo. King pensó que iba a sacar un arma. Forcejearon. Fish sacó un cuchillo, pero no para atacar, para demostrar quién era. Yo soy el hombre que buscan. Bajo custodia, Fish confesó otros dos asesinatos que la policía pudo confirmar. Francis McDonald, 8 años, asesinado en Staten Iceland en 1924 y Billy Gfne de 4 años, desaparecido de su edificio en Brooklyn en 1927. Fish confesó que lo había torturado en un almacén abandonado y después se lo había comido. Dijo que su carne era más dulce que la carne de Grace. Fish afirmó haber matado a más de 100 niños. La policía nunca pudo confirmarlo, pero tampoco pudo descartarlo. El juicio comenzó el 11 de marzo de 1935 en White Ples. La defensa intentó declararlo inimputable. el historial familiar, las 29 agujas, las voces, pero la fiscalía tenía la carta. El jurado tardó menos de una hora en declararlo culpable. Fue sentenciado a muerte. El 16 de enero de 1936 en la prisión de Sing, la misma donde había estado preso 33 años antes, Albert Fish, fue ejecutado en la silla eléctrica. Tenía 65 años. Dicen que cuando lo sentaron, las agujas en su cuerpo hicieron un corto circuito. Tuvieron que aplicarle dos descargas. A veces lo más escalofriante no está en lo que el asesino hace, está también en lo que no puede dejar de hacer. Albert Fish no mató por venganza, no mató por dinero, mató porque disfrutaba cada parte del proceso. La planificación, el engaño, la tortura, el acto de comer carne humana. Pero lo que realmente perturba de este caso no es la monstruosidad de Fish, es la fragilidad de la confianza humana. Los Bad le abrieron la casa, compartieron la mesa, le entregaron a su hija y 6 años después recibieron una carta explicándoles exactamente cómo se la había comido el hombre que aterrorizó a los Estados Unidos durante 17 años con cartas bomba perfectamente indetectables que volvió loco al FBI durante casi dos décadas, que vivía en una cabaña de 3 por 4 m sin electricidad ni agua corriente en medio de la nada. Era un genio, un genio de verdad con coeficiente intelectual de 167, aceptado en Harvard a los 16 años, doctorado en matemáticas en tiempo récord, profesor universitario a los 25. Y sin embargo, todo eso, el prestigio, la carrera, la promesa de una vida brillante se quebró en un sótano de Harvard. bajo las luces blancas de un laboratorio donde un psicólogo llamado Henry Murray estaba llevando a cabo uno de los experimentos más sádicos y perturbadores jamás financiados por el gobierno de los Estados Unidos. Ted Kakinski, el hombre que se convirtió en el una bomber.

Ted Kakzinski nació en Chicago en 1942, hijo de inmigrantes polacos, segundo de dos hermanos. Desde chico mostró una capacidad intelectual fuera de escala. Avanzó 2 grados, no encajaba con sus compañeros. Mientras otros chicos jugaban al béisbol, él leía libros de matemáticas avanzadas. A los 16 años entró a Harvard con una beca, pero Harvard no lo recibió con los brazos abiertos, lo recibió con un experimento. Henry Murray era un psicólogo de Harvard financiado en secreto por la CIA como parte del programa MK Ultra. Su experimento se llamaba Evaluación Multilateral de la Personalidad, un nombre anodino para lo que en realidad era tortura psicológica sistemática. Durante 3 años, desde 1959 hasta 1962, Kinski fue sometido a sesiones donde lo sentaban frente a luces cegadoras, lo conectaban a electrodos y un interrogador entrenado lo humillaba, lo ridiculizaba, atacaba sus creencias más profundas, su identidad, su valor como persona. El objetivo era medir hasta dónde podía soportar un ser humano bajo estrés extremo. Ininski entró siendo un chico brillante y socialmente incómodo. Salió 3 años después con una visión del mundo radicalmente distinta. La tecnología, las instituciones, el sistema. Todo estaba diseñado para destruir al individuo. Nada de lo que hizo después se entiende sin ese sótano. Terminó Harvard. Hizo su doctorado en matemáticas en la Universidad de Michigan. resolvió un problema que llevaba décadas abierto. Sus profesores decían que era uno de los mejores matemáticos de su generación. En 1967, con 25 años, se convirtió en el profesor más joven del departamento de matemáticas de Berkley. Renunció 2 años después sin explicación, sin un plan B. En 1971 se mudó a un terreno que compró en las afueras de Lincoln, Montana. construyó una cabaña de 3 por 4 m, sin agua corriente, sin electricidad, sin calefacción más que una estufa a leña. Vivió de la casa, la recolección y trabajos esporádicos. Durante 7 años no hizo nada más que leer, escribir y observar. Hasta que en 1978 algo cambió.

El 25 de mayo de 1978, un paquete explotó en la Universidad de Northwestern en Chicago. La víctima fue un guardia de seguridad. Sobrevivió pero con heridas graves. Era la primera víctima de Luna Bomber. Durante los siguientes 17 años, Kakinski envió 16 bombas, mató a tres personas e hirió a otras 23. Sus objetivos no eran aleatorios. apuntaba a universidades, aerolíneas, ejecutivos de la industria tecnológica, lobistas, gente que representaba, según él, el sistema tecnológico que estaba destruyendo la libertad humana. Lo que volvía loco al FBI era lo limpio de sus dispositivos. Cada bomba estaba construida casi en su totalidad con materiales imposibles de rastrear. Madera, goma, clavos, pólvora casera. No dejaba huellas, no dejaba ADN, no cometía errores. El FBI creó un grupo de trabajo dedicado exclusivamente este caso. Lo llamaron Una bomb, que es el acrónimo de University and Airline Bomber. Más de 150 agentes trabajando a tiempo completo, millones de dólares gastados y no tenían nada. Y entonces Kakinski cometió el único error de su vida. decidió que el mundo tenía que escuchar sus ideas. En 1995, Kakinski envió una carta al New York Times y al Washington Post. Su propuesta era simple y aterradora. Si publicaban su manifiesto, 35,000 palabras, titulado la sociedad industrial y su futuro, él dejaría de enviar bombas. Pero si se negaban seguiría matando. El manifiesto era denso, académico, radical. Argumentaba que la revolución industrial había sido una catástrofe para la humanidad, que la tecnología esclavizaba a las personas, que el único camino era destruir el sistema antes de que el sistema nos destruyera a nosotros. El FBI y el Departamento de Justicia recomendaron publicarlo. El 19 de septiembre de 1995, el Washington Post imprimió el manifiesto completo. Y fue entonces cuando una mujer llamada Linda Patrick leyó esas páginas y sintió que el mundo se le venía encima. Linda Patrick era la esposa de David Kakinski, el hermano menor de Ted. Leyó el manifiesto y reconoció frases, ideas, incluso expresiones textuales que había visto en cartas que Ted le había enviado a su hermano durante años. Se lo mostró a David. David lo leyó y supo inmediatamente que era su hermano. David Kakinski pasó semanas en agonía, contrató un abogado, contrató un detective privado, hizo comparar las cartas de Ted con el manifiesto. Los analistas confirmaron una coincidencia casi perfecta. David Kakinski delató a su propio hermano. Lo hizo con la condición de que el FBI no buscara la pena de muerte. El 3 de abril de 1996, agentes del FBI rodearon la cabaña de Ted Kakzinski en Montana. Lo arrestaron sin resistencia. Dentro de la cabaña encontraron una bomba lista para ser enviada, componentes para fabricar más y el diario personal donde Kakinski había documentado cada ataque con precisión casi quirúrgica. La cabaña medía 3 por 4 m, menos de lo que medía una celda de la prisión. Kaksinski fue juzgado en Sacramento. Se declaró culpable de todos los cargos para evitar la pena de muerte, la misma que David había intentado evitar cuando lo delató. Fue condenado a ocho cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional. Pasó el resto de su vida en ADX Florence, la prisión federal de máxima seguridad en Colorado, la misma que alberga a los peores criminales de Estados Unidos. murió el 10 de junio del 2023 cuando tenía 81 años. A veces el enemigo más peligroso no es el que actúa por impulso u odio, es el que actúa desde una certeza inquebrantable, el que está convencido de que está haciendo lo correcto. Ted Kakinski no era un loco en el sentido clínico, era un genio que un día miró al mundo y decidió que estaba roto y que él era el único dispuesto a arreglarlo, aunque fuera con explosivos. El experimento de Harvard no lo transformó en un monstruo, lo que hizo fue abrir una puerta, la puerta que lleva al lugar donde las ideas dejan de ser ideas y empiezan a costar vidas. David Kakinski, su hermano, dijo años después, "No delaté a un monstruo, delaté a mi hermano y eso fue lo más difícil que hice en toda mi vida".

El asesino metódico que enterraba kits con armas, dinero en efectivo y herramientas para desmembrar cuerpos por todos los Estados Unidos años antes de usarlos. para no tener que volar con nada incriminatorio, para no dejar rastro, para que ningún investigador pudiera conectar los puntos. La historia de Israel Keis es la de un depredador que planeó sus crímenes como quien planifica una operación militar sin prisa, sin errores, sin testigos. 11 víctimas confirmadas por el FBI y probablemente muchísimas más que nunca se van a conocer. y lo hubiera seguido haciendo durante décadas si no fuera por una tarjeta de débito y un patrullero de tránsito en una carretera de Texas.

Israel Keis nació el de enero de 1978 en Richmond, Uta. Fue el segundo de 10 hermanos, 10 en una familia que se movía entre iglesias cada vez más extremas, primero Mormones, después The Ark, una secta que predicaba ideología supremacista blanca. Después la Christian Israel Covenant Church, que era básicamente una milicia armada con biblias. En 1983, la familia se mudó a una cabaña de una sola habitación al norte de Colbile, Washington. Sin electricidad, sin agua corriente. 10 chicos, algunos dormían en carpas, cazaban su propia comida, cortaban leña, trabajaban en granjas ajenas para ayudar a la familia. Su padre. Jeff Kiss, era un hombre violento. Los investigadores del FBI sospecharon después que abusaba físicamente de sus hijos. Kiss medía 1,88 a los 14 años. Cazaba, según sus propias palabras, cualquier cosa que tuviera latido. Una vez despellejó a un siervo vivo frente a otros chicos. Lo aislaron de inmediato. Un exca compañero de la iglesia dijo años después que su presencia te ponía la piel de gallina. Otra vez ató a un gato a un árbol con una cuerda de paracaídas y le disparó con un revólver calibre 22. Su hermana lo vio. Kiss dijo después que el incidente le pareció gracioso. A los 14 Kiss ya sabía que algo en él era distinto. Se lo dijo al FBI. A los 14 ya sabía que algunos de mis pensamientos no eran normales, pero para mí eran normales y decidí esconderlos. A los 16 construyó su primera cabaña de madera con sus propias manos. Era un carpintero excepcional, hábil, preciso. Esa misma precisión quirúrgica la aplicaría después a sus crímenes. Cuando Keis le dijo a sus padres que ya no creía en Dios, lo echaron de la casa. Le prohibieron a sus hermanos menores cualquier contacto con él. Tenía 18 años. Poco después se interesó por el satanismo. Planeó cometer un asesinato ritual, pero su primer crimen violento no fue un asesinato, fue una violación. Verano de 1997 o 1998, Río de Shuts, Oregon. Una adolescente de entre 14 y 18 años se estaba deslizando en el agua con sus amigas. Kiss la acechó desde la línea de árboles, la amenazó con un cuchillo y la violó brutalmente. Originalmente planeaba matarla como parte de un ritual satánico, pero ella le suplicó. Le prometió que no le diría a nadie. Kiss la dejó ir en el mismo flotador del que la había sacado. Años después, Kiss le dijo al FBI, "Fui demasiado tímido, no fui lo suficientemente violento." Y agregó, "Decidí que no iba a dejar que eso volviera a pasar." Y no volvió a pasar. A partir de ese momento, Kiss no dejó testigos.

En 1998, Key se enlistó en el ejército de Estados Unidos. Sirvió 3 años en la 25ava división de infantería como especialista en morteros. Estuvo destinado en Fort Lewis. En Forthood, la península del Sinai en Egipto. Recibió una medalla por servicio. Fue dado de baja con honores en 2001. En el ejército, Keis era callado, reservado. Los fines de semana bebía botellas enteras de Wild Turkey. Una vez le dijo a un compañero que le gustaría matarlo. El compañero pensó que era una broma. Después del ejército, Keis se instaló en Bay. Washington tuvo una novia llamada Tammy Hawkins. Una mujer de la reserva Maca. Tuvieron una hija. La relación terminó en 2004. Para 2007, Keiss se había mudado a Alaska y había fundado Keiss Construction, su propio negocio. Contratista, carpintero, handyan, un vecino confiable, un padre presente. Nadie en Anchurage sospechaba nada y mientras tanto, Kiss ya estaba matando. ¿Por qué hace único a Israel Kiss entre todos los asesinos cereales de los Estados Unidos? No es la cantidad de víctimas, es el método. Kiss enterraba lo que el FBI llamó kill kits o kits de asesinato. Eran recipientes plásticos sellados, tipo barriles herméticos que escondían lugares remotos, en bosques nacionales, en parques estatales, reservorios abandonados. Blake Falls Reservor en Nueva York, Eagle River en Alaska, lugares en Texas. Vermont, Washington. ¿Qué había dentro de un Kill Kit? Un arma de fuego, municiones, herramientas para desmembrar, productos químicos para acelerar la descomposición, cuerdas, esposas plásticas y fajos de dinero en efectivo. Miles de dólares, dinero que obtenía robando bancos. Enterró esos kits años antes de usarlos. Años. La lógica era aterradora en su simplicidad. Kiss volaba sin armas, sin herramientas, sin nada que lo conectara a un crimen. Aterrizaba, alquilaba un auto, viajaba cientos o miles de kilómetros, a veces 16 en un solo trayecto. Desenterraba el kit, cometía el crimen, enterraba o tiraba las herramientas usadas y volvía a casa como un contratista que vuelve de una obra. Nunca usó el mismo kit dos veces. Nunca mató en el mismo condado dos veces. nunca dejó un patrón geográfico que el FBI pudiera rastrear. La agente especial Joline Gin, que dirigió la investigación desde la división de Anchurage, lo dijo sin rodeos. Kiss era el asesino más meticuloso que jamás investigamos. No había nada improvisado, absolutamente nada.

Junio de 2011, Kiss voló de Alaska a Chicago. Alquiló un auto, manejó más de 1600 km hasta Esse ex. Vermont no conocía a nadie, no tenía ningún motivo, simplemente eligió Vermont en un mapa. Durante días, Keis recorrió pueblos pequeños buscando una víctima. Una noche vio una casa con las luces prendidas, la casa de Bill y Lorrain Currier. Bill tenía 49 años, Lorrain 55, una pareja de clase media, sin enemigos, sin deudas, simplemente personas comunes viviendo su vida. Kis entró por la puerta trasera, los ató, los llevó a una granja abandonada que ya había identificado antes. Ahí violó a L Rein mientras Bill estaba atado, obligado a escuchar. Después mató a Bill delante de ella y después la mató a ella. Los cuerpos de Bill y los Rein Currier nunca fueron encontrados. Kiss le dijo al FBI que los había enterrado en el sótano de la granja, pero cuando demolieron el edificio años después no encontraron nada. El kill kit que usó en Vermont tampoco apareció jamás.

El primero de febrero del 2012, Samantha Coin, 18 años, estaba trabajando en el turno de noche de Com Grounds, un puesto de café en Angorage, Alaska. Faltaban pocos minutos para cerrar. Kiss entra, pide un café americano, Samantha se lo prepara, el paga, se va, pero vuelve con el rostro cubierto con un arma, la arrastra por la puerta trasera, la mete en su camioneta blanca, la lleva a un cobertizo en su propia casa, la ata, le toma una foto con su propio teléfono, la foto del rescate. Esa noche Kiss usó la tarjeta de débito de Samantha por primera vez, $75. A la mañana siguiente le dijo a Samantha que su familia iba a pagar el rescate, que pronto la liberaría. Samantha le creyó, le dijo que se sentía aliviada y Kiss la mató esa misma noche. Después hizo algo que probablemente te va a helar la sangre. Tomó el cuerpo de Samantha, le abrió los ojos, le puso un periódico de ese día entre las manos y le tomó otra foto para que pareciera que seguía viva. Con esa foto, Kiss le mandó mensajes de texto a la familia desde el teléfono de Samantha. Exigió $30,000 de rescate. La familia pagó lo que pudo. El novio de Samantha, creyendo que estaba viva, hizo transferencias a la cuenta de Kiss. Kiss descuartizó el cuerpo de Samantha y lo hundió en el lago Matanusca, al norte de Anchurage. Después se fue de crucero al Caribe, de crucero, mientras la familia de Samantha todavía esperaba noticias del rescate. Con la tarjeta de débito de Samantha, Kiss viajó por Arizona, Nuevo México y Texas. Durante semanas sacaba plata en cajeros automáticos. La familia veía los movimientos y pensaba, "La están moviendo, está viva, la tienen en algún lado." Pero Samantha llevaba más de un mes muerta.

El 13 de marzo del 2012, Kiss maneja por la carretera 59 en Lafkin, Texas. Un patrullero lo detiene por exceso de velocidad. Es un control de rutina de esos que pasan miles de veces por día en los Estados Unidos. Keis entrega su licencia. El patrullero notó algo raro. El auto está alquilado. Kiss es de Alaska y está en un pueblo perdido de Texas. Revisa el vehículo, encuentra la tarjeta de débito de Samantha Coining, su teléfono, sus documentos. Keiss es arrestado en el acto. 9 meses después. El primero de diciembre del 2012, en una celda de aislamiento en Anchorage. Israel Kiss se cortó las venas con una hoja de afeitar. Y por si eso no fuera suficiente, se estranguló con una sábana enrollada. Tenía 34 años. Durante los meses entre su arresto y su muerte, el FBI entrevistó a Kiss durante más de 40 horas. Lo que escucharon es escalofriante. Kiss no mataba por odio, no mataba por venganza, no mataba por dinero, aunque robaba bancos para financiar los kits. Mataba por la adrenalina, porque en sus propias palabras, una vez que empecé, no había nada igual. Confesó ocho asesinatos que el FBI nunca pudo verificar. Hablaba con precisión quirúrgica y ambigüedad calculada. Daba pistas, pero nunca nombres completos, nunca ubicaciones exactas. quería mantener el control incluso desde la cárcel. Negociaba información a cambio de cigarrillos de que no se publicara su nombre en los medios. Pero lo más perturbador no fue lo que K se hizo en vida, fue lo que dejó después de morir. En la pared de su celda, los guardias encontraron 11 calaveras dibujadas con su propia sangre. 11 calaveras, 11 víctimas. Un año después, en 2013, el FBI hizo algo que casi nunca hace. pidió ayuda al público para identificar más víctimas. Publicaron un mapa interactivo con los movimientos de Keys, fotos de los autos que alquiló, los campings que frecuentó, los Kill Kits que encontraron. Horas de video de los interrogatorios. El FBI cree que son 11, pero lo admiten. Probablemente nunca lo van a saber con certeza. Kiss se llevó la mayoría de los nombres a la tumba. A veces lo más perturbador no es la confesión, es el silencio. Israel Kiss no dejó un manifiesto, no buscaba fama, no quería ser el centro de un documental de Netflix, quería el control absoluto sobre sus víctimas, sobre sus crímenes, sobre su propia narrativa y hasta el último segundo la mantuvo. Mató más de una década. Enterró kits de asesinato por todo Estados Unidos. Cometió crímenes en al menos seis estados. El FBI le atribuyó 11 víctimas, pero el número real seguramente sea mucho mayor. Y lo atraparon no porque un agente del FBI resolviera algo imposible, no porque un testigo lo identificara en una rueda de reconocimiento, tampoco por cometer un error de novato. Lo atraparon porque un patrullero lo detuvo por exceso de velocidad y registrando su auto encontró una tarjeta que no era suya, 11 calaveras dibujadas con sangre y un silencio que nadie va a romper. Si te gustó el video, por favor, dale like y déjame un comentario. Me ayudaría muchísimo. Gracias. Por cierto, en algunos países y dispositivos ya está habilitada una opción que se llama hype. Es un botón que dice hype. Si lo presionas ahora, me ayudas mucho a seguir creciendo. Gracias.