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🙏 HOMILÍA TODOS LOS FIELES DIFUNTOS. Ciclo C. "Perviven en la tierrra y en el cielo". (1-XI-2025) 🙏

Pater Juanma16:41

Transcription

[Música]

Este año, el 2 de noviembre cae en domingo, y la pregunta que me vienen haciendo en estos días es: ¿qué misa vamos a celebrar el domingo? ¿Vamos a celebrar la misa correspondiente al domingo 31 del tiempo ordinario o vamos a celebrar las misas del día de los difuntos?

Pues la respuesta está en las normas litúrgicas, que dicen que tiene tanta importancia el día de los difuntos que este año, el día de los difuntos, va a prevalecer sobre el domingo 31 del tiempo ordinario. O sea, que todas las misas las ofreceremos este domingo por todos los fieles difuntos.

Y este domingo, las misas van a ser un poquito diferentes. Me refiero al ambiente que va a reinar en las misas. ¿Por qué? Porque en las misas va a reinar un poquito ese ambiente de dolor. Dolor producido por la ausencia de seres queridos. Seres queridos que ya no están entre nosotros. Y el dolor es real y es humano. Y no tenemos que tener miedo a expresar ese dolor.

¿No es verdad esa frase que dicen algunos de que los hombres no lloran? ¿Cómo que no lloran los hombres? Esa es nuestra diferencia con los animales: que nosotros lloramos. ¿Y por qué lloramos? Lloramos porque tenemos sentimientos. Lloramos porque amamos. Si no amásemos, no lloraríamos. Esto es lo grande de las lágrimas: que lloramos por la pérdida de seres queridos. Lloramos por la pérdida de personas que hemos amado mucho y queremos mucho, y nos duele su ausencia. Por lo tanto, no es malo el llorar. Las lágrimas son muy legítimas, las lágrimas son muy humanas. Nada de eso de que los hombres no lloran. Claro que lloramos porque tenemos sentimientos y amamos.

Así que un primer error es decir que los hombres no lloran. Porque eso sería tanto como decir que los hombres no amamos y no tenemos sentimientos. Y eso no es verdad. Porque amamos y tenemos sentimientos, lloramos. Lo mismo que también nos alegramos cuando nace un ser querido. O sea, las dos cosas son legítimas: la alegría y la tristeza.

Pero diríamos que hay también un segundo error: pensar que nuestras lágrimas, cuando muere un ser querido, son causa de porque tenemos poca fe. También he escuchado en muchas ocasiones esto. Pensar que una persona que llora es porque tiene poca fe, tampoco es verdad. Y tenemos el ejemplo muy claro en el mismísimo Jesús. Jesús lloró la muerte de su amigo Lázaro. Nos dice el evangelio que se conmovió y lloró. ¿Por qué lloró Jesús? Porque amaba mucho a Lázaro. O sea, que Jesús, con sus lágrimas, nos está demostrando que el llanto es muy humano y no es producido por una falta de fe. O vamos a decir que Jesús no tenía fe. Jesús tenía mucha fe, pero llora la muerte de su amigo Lázaro. Llora su ausencia.

Eso es lo que lloramos: que ese ser querido ya no está entre nosotros. Ya no podemos verle, ya no podemos conversar con él, ya no podemos recibir sus abrazos, ya no podemos recibir su cariño, su alegría, sus habilidades. Su presencia ya no está entre nosotros. Y sí podemos tener mucha fe y pensar perfectamente que está en el cielo y creerlo de verdad, pero su presencia aquí no está. No podemos disfrutar de su presencia y por eso lloramos, porque no podemos disfrutar de su presencia, pero no porque no tengamos fe.

Al recordar a nuestros mayores, no solamente les estamos recordando, que está muy bien, está muy bien que les recordemos, está muy bien que hagamos memoria de nuestros seres queridos, está muy bien que recordemos esas fechas importantes, como hacen tantas y tantas personas. Hay muchas personas que el día de su muerte acuden a misa para rezar por su ser querido. En días importantes, en días señalados dentro de la familia, se les recuerda. Qué importante es que hagamos memoria de ellos.

Pero no solamente les tenemos que recordar, sino que también tenemos que agradecerle una cosa muy importante o muchas cosas. ¿Y qué es eso que le tenemos que agradecer? Pues los valores que nos han dejado nuestros mayores. De alguna manera, no se van del todo, de alguna manera perviven entre nosotros. ¿Y de qué manera? Pues en esos valores que nos han inculcado. Anda, que no nos han inculcado cosas importantísimas y valiosísimas nuestros mayores, muchísimas. Una educación, unos valores humanos, un sentido de la responsabilidad, la misma fe. ¿Quién nos, quién nos ha inculcado principalmente la fe a nosotros? Pues nuestros mayores, nuestros padres. Así que siempre tenemos que estar muy agradecidos a eso.

Nuestros mayores perviven en nuestros recuerdos, pero también perviven en nuestras acciones. Y ahora nos corresponde a nosotros conservar ese legado que nos han dejado nuestros mayores.

Recuerdo un amigo mío que falleció por una enfermedad grave. Él tenía un cáncer, luchó muchísimo contra ese cáncer. Y este amigo mío tenía dos hijos, y me comentaba la familia, cuando ya él veía que se iba a morir, había recibido todos los sacramentos. Era una persona muy creyente, muy practicante. Y ya cuando se iba a morir, reunió a sus hijos, que eran adolescentes. ¿Y qué les dijo este padre en el lecho de la muerte? Pues les dijo que se amasen entre ellos, que se quisiesen mucho, que amasen a su madre, que cuidasen a su madre, que viviesen en todos los lugares donde estuvieran en la vida los valores que él le había enseñado. En ese momento tan importante como es el momento de la muerte, se dicen las cosas más importantes. Y este padre le decía a sus hijos que viviesen el legado que él les había dejado. En ese momento se dice todo lo que se valora en la vida.

Y hasta aquí, todo lo dicho lo podemos vivir sin fe. Teniendo unos profundos valores humanos, podemos vivir todo lo que he dicho. Pero el cristiano, aparte de tener unos valores humanos que nos han inculcado en nuestra familia, también hay otra cosa que nos han legado nuestros mayores y es la fe. Y qué importante es esto, porque la fe nunca resta, la fe siempre suma. O sea, nosotros podemos tener todo lo que pueda tener un no creyente, pero además podemos tener mucho más porque tenemos la fe. O sea, todo lo que he dicho hasta aquí lo podía tener un no creyente. También lo podemos tener los creyentes y debemos tenerlo. Pero es que además tenemos algo más: tenemos la fe. Y la fe nunca resta, la fe siempre suma.

Y la fe, ¿qué nos habla? ¿De qué nos habla la palabra de Dios? Nos habla de vida, nos habla de una vida en plenitud, nos habla de una vida eterna. Qué importante es esto. Qué importante es lo que nos aporta la fe, porque nos aporta el hecho de que le podemos dar un sentido a la vida y que además, aunque nos vayamos de este mundo, no nos vamos apenados como los hombres sin esperanza, porque tenemos la esperanza de encontrarnos con Dios. Y no solamente de encontrarnos con Dios, sino también de encontrarnos con todos nuestros seres queridos. Este es, digamos, el plus de la fe. La fe no resta, la fe siempre suma. Cuánto le tenemos que agradecer a Dios la fe que nos ha dado, porque da todo un sentido a nuestra vida. Qué importante es el hecho de que tengamos fe.

Y una cosa importante que tenemos que hacer es dejar que nuestros difuntos se vayan. ¿Qué quiero decir con esta expresión de "dejar que nuestros difuntos se vayan"? De hecho, ya se han ido, ya no están entre nosotros. Pero, ¿qué quiero decir con esta expresión? Quiero decir que no podemos aferrarnos a ellos, que de alguna manera no estamos aceptando su muerte y nos estamos aferrando a ellos de tal manera que nosotros no vivimos nuestra vida. Conozco a personas que, una vez que ha muerto, por ejemplo, su marido, están todo el día en el cementerio y allí todo el día llorando. Eso no lo quieren los hijos, no lo quiere la familia. Y me atrevo a decir, no lo quiere el mismo difunto. El difunto, cuando los esté viendo desde el cielo, ¿va a querer eso? El difunto quiere que vivamos felices, que no nos amarguemos la vida.

Y este fue el ejemplo que nos dio la Virgen María. La Virgen María, cuando muere Jesús, no se encerró en su casa, ¿no? La Virgen María hizo algo muy importante. Se fue con los apóstoles al Cenáculo y allí estuvo orando y rezando con ellos. Quiero pensar que sería algo realmente muy bonito para los apóstoles y que para los apóstoles este hecho de que la Virgen estuviera allí les daría muchísima esperanza. Además, de alguna manera, los apóstoles, al ver a la Virgen María, estarían viendo a Jesús, porque es de suponer que Jesús tendría muchísimas cosas de la Virgen María, porque la que le dio el cuerpo humano fue la Virgen María. Y muchas expresiones, muchos gestos, como nosotros también tenemos expresiones y gestos de nuestros padres, pues Jesús también tendría muchas expresiones y muchos gestos de la Virgen María. Y ver los apóstoles allí a la Virgen María entre ellos les llenaría de esperanza. O sea, la Virgen María no se encerró llorando en su casa, sino que ayudó a los apóstoles, ayudó a aquella iglesia naciente y titubeante.

Nosotros, aunque se vayan nuestros seres queridos, seguimos teniendo una misión en el mundo y una misión importante y una misión que tenemos que realizar. Si nos quedamos llorando nuestros difuntos, centrados en eso, no estaremos realizando esa misión que el Señor nos ha encomendado.

Y una expresión que he escuchado con mucha frecuencia es la siguiente: que a nuestros mayores tenemos que cuidarles en vida. Y es verdad, no lo vamos a negar. Pero como digo siempre, la fe siempre aporta. La fe siempre es un plus. La fe nunca resta. La fe siempre suma. ¿Por qué digo esto? Porque cuando nuestros mayores nos dejan, no quieren decir que ya se acabó todo. "Le he cuidado en vida, ya ha fallecido, ya no tengo que preocuparme de él". No, tenemos que seguir cuidándoles. Tenemos que seguir preocupándonos de ellos una vez que hayan dejado este mundo. ¿Cómo? Rezando por ellos.

En estos días tenemos por costumbre, está bien, no lo voy a negar, ¿no? Porque es algo que nos ayuda a nosotros, tenemos costumbre de visitar los cementerios, ponerle flores, arreglar las lápidas, todo eso está muy bien porque nos ayuda a nosotros, ¿no? Nos ayuda a nosotros a recordarles, a a tenerles presente, hacer memoria de ellos. Todo eso está muy bien. Pero seamos sinceros, al difunto eso no le aporta nada. Ahora, al difunto sí que le aporta, sí que le ayuda nuestras oraciones. No sabemos nunca si nuestros difuntos van a necesitar o no necesitar de nuestras oraciones, pero nosotros nuestro deber es rezar por ellos, pedir por ellos por si necesitan de nuestras oraciones. Y si acaso nuestros seres queridos, cercanos, nuestra familia que ya han fallecido, no necesitasen de nuestras oraciones, sin duda ninguna que esas oraciones no van a quedar en el vacío. Ya hará el Señor que fructifique en otras personas. O sea, a nuestros seres queridos tenemos que cuidarles en vida, sobre todo cuando son ya mayores. Y también una vez que han dejado este mundo. ¿Cómo? Rezando por ellos, pidiendo por ellos. Podemos rezar un rosario, podemos ofrecer una misa, podemos hacer una oración, lo que queramos, pero esto es de gran ayuda para ellos. Es la única obra que positivamente les afecta cuando rezamos y oramos por ellos.

Y para acabar, tres detalles donde vemos el corazón de madre de la Iglesia. Estos tres detalles son los siguientes:

Este domingo vamos a ofrecer todas las misas por todos los fieles difuntos. Y digo por todos. Habrá personas que no recen por sus difuntos porque no creen o no le dan importancia o tienen otras ocupaciones, pero la Iglesia no se olvida de ellos. El domingo, en todas las misas, vamos a rezar por todos los difuntos, también por aquellos por los cuales nadie reza. Ese sería el primer detalle.

El segundo detalle: no solamente rezamos el día de todos los difuntos. ¿Se han fijado que en el canon de la misa, en todas las misas, por importante que sea la misa, aunque sea una misa de gloria, aunque sea una misa del domingo de resurrección, aunque sea una misa del día de Navidad, siempre se reza por los difuntos? ¿Se han fijado en ese detalle? Aunque nosotros ofrezcamos una misa por un difunto, se pide por ese difunto de un modo especial, pero sin olvidarnos del resto de los difuntos. O sea, cuando nosotros pedimos por un difunto en una misa, la misa no se está ofreciendo exclusivamente por ese difunto. Aunque se le nombre en la misa, se está pidiendo también por todos los difuntos. Fíjense en el canon de la misa, como en todas las misas siempre, siempre se pide por todos los difuntos.

Y otro detalle: en la oración de vísperas, que es la oración oficial de la Iglesia, siempre en la última de las peticiones se pide por los difuntos. Aquí vemos la importancia que le da la Iglesia a que oremos por nuestros difuntos. Si la Iglesia le da tanta importancia es porque realmente la tiene. O sea, que no nos limitemos solamente a recordar a nuestros seres queridos, hacerles presente, sino que recemos por ellos. Y no solamente el día de todos los difuntos, sino a ser posible todos los días del año. Si vamos a misa todos los días, ya estamos cumpliendo con eso. Ya estamos rezando en la misa por todos los difuntos.

Que el Señor os bendiga y os proteja. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.