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El Señor esté con y con tu espíritu.
[canto] Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
[canto] Entonces Jesús fue con ellos a un huerto llamado Getsemaní y les dijo, "Siéntense aquí mientras voy allá a orar." Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Cebedeo, empezó a entristecerse y angustiarse. Entonces dijo, "Me muero de tristeza. Quédense aquí, velen conmigo." Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba, diciendo, "Padre mío, si es posible que pase y se aleje de mí este cáliz, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres." Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro, "¿No han podido velar una hora conmigo? Velen, lloren para que no caigan en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil." De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo, "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hoy estamos celebrando en la iglesia una fiesta. Por eso hemos cantado el Gloria. ¿Qué fiesta? Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Hay tres enseñanzas que brevemente quisiera remarcar en esta fiesta.
La más importante de las enseñanzas es que Jesucristo es el sacerdote. Jesucristo no es un sacerdote, es el sacerdote, sumo y eterno sacerdote. Porque solamente Jesucristo es el que nos lleva al Padre, porque solamente Jesucristo salva. No hay otro salvador, solo Jesucristo. Jesucristo es sumo y eterno sacerdote porque él es el único redentor del mundo, el único que nos rescata del pecado, el único que nos rescata de la muerte, el único que nos rescata del. Jesús es el único camino hacia el Padre.
Hoy hemos escuchado en el evangelio la oración de Jesús. ¿En dónde? En Getsemaní. Y ahí Jesucristo muestra cómo es obediente al Padre. Aba, Padre, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Jesucristo es el sacerdote que viene a ser la voluntad del Padre. Y la voluntad del Padre es que nadie se pierda. Y para que nadie se pierda, tenemos que vivir con Cristo. Solo Cristo nos lleva al cielo. Es el sacerdote, el único sacerdote que salva. Esa es la primera enseñanza de esta fiesta.
La segunda enseñanza la trae la oración colecta, que es la primera oración que hace el sacerdote, que ustedes han escuchado. Ustedes han escuchado lo siguiente: "Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu hijo único, sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos."
Aquí está la segunda enseñanza. Hoy, de manera especial, ¿por quiénes oramos? Por los sacerdotes con minúsculas. Porque el sacerdote con mayúsculas, ¿quién es? Jesucristo. Hoy pedimos al Señor por sus ministros, para que sean fieles, para que vivan correctamente su ministerio. Hoy rezamos en toda la iglesia por la santidad de los sacerdotes.
San Juan María Vianey, santo sacerdote, patrono de los párrocos, decía lo siguiente: "Si el sacerdote es malo, el pueblo estará pervertido. Si el sacerdote es regular, el pueblo será malo. Si el sacerdote es bueno, el pueblo será regular. Pero si el sacerdote es santo, el pueblo será bueno." No es una exageración lo que enseñó San Juan María Viany. Los sacerdotes estamos llamados a mostrar con nuestras vidas la belleza de vivir con Cristo Jesús. Es muy fácil criticar a los sacerdotes, muy fácil. También es fácil calumniarlos. Qué difícil es acompañarlos con la oración, ayudarles a vivir correctamente su ministerio. Hermanos, tienen que rezar todos los días por los sacerdotes, porque los sacerdotes somos de barro, no somos de acero. Y necesitamos de la oración de ustedes para ser fieles hasta la muerte.
Y la tercera enseñanza tiene que ver ya con ustedes. ¿Por qué? Pregunto, ¿los laicos son sacerdotes? ¿Sí o no? ¿Sí o no? Sí. Todo bautizado es sacerdote, profeta y rey. Hoy ustedes, laicos, tomen conciencia que tienen una misión sacerdotal. ¿Y en qué consiste esa misión sacerdotal? En que tienen que hacer de sus vidas una ofrenda agradable a Dios. Lo propio de los laicos es santificarse en el mundo. Aquí hay casados, solteros. Cada uno de ustedes tiene sus deberes. Aquí hay padres de familia, hay mamás. Tiene que santificarse en el día a día, haciendo sus deberes de cada día, siempre unidos a Jesucristo y de esa manera todo lo que hagan será una ofrenda agradable a Dios Padre. Así un laico vive su ministerio sacerdotal en cuanto sacerdocio común, porque hay dos formas de participar del único sacerdocio de Cristo. En mi caso, yo tengo el sacerdocio ministerial. En el caso de ustedes que son laicos, ¿qué es sacerdocio? El sacerdocio común. Ustedes tienen un ministerio, un servicio sacerdotal, pero no como el del sacerdote, no como el mío, sino como laicos. Tiene que santificarse en el día a día, haciendo bien sus deberes de cada día, siendo ofrendas agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Hoy le pedimos a la Santísima Virgen María, nuestra madre, que nos ayude a tomar conciencia que solo Jesucristo salva, que tenemos que estar unidos a Cristo. Él es el sacerdote. Hoy le pedimos a la Virgen por todos los sacerdotes para que sean fieles hasta la muerte. Y hoy también pedimos a la Virgen por todos los laicos para que tomen conciencia que tienen que santificar el mundo unidos a Cristo y haciendo de sus vidas una ofrenda agradable a Dios Padre. Que así sea. Amén.
Hoy es jueves, día eucarístico y sacerdotal. Además es el día de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Vamos a rezar como hacemos todos los jueves, las letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo de Dios, hecho hombre, sálvanos.
Sangre de Cristo del Nuevo y eterno Testamento, sálvanos.
Sangre de Cristo vertida hasta la tierra en la agonía, sálvanos.
Sangre de Cristo que corrió en la flagelación, sálvanos.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas, sálvanos.
Sangre de Cristo derramada en la cruz, sálvanos.
Sangre de Cristo, precio de nuestra redención, sálvanos.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón, sálvanos.
Sangre de Cristo en la Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas, sálvanos.
Sangre de Cristo, río de misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los demonios, sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, valor de los confesores, sálvanos.
Sangre de Cristo, engendradora de vírgenes, sálvanos.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran, sálvanos.
Sangre de Cristo, solaz de los que trabajan, sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo de los afligidos, sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes, sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio a los moribundos, sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y gozo a los corazones, sálvanos.
Sangre de Cristo, garantía de vida eterna, sálvanos.
Sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio, sálvanos.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria, sálvanos.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Nos redimiste, Señor, con tu sangre.
Oremos.
Omnipotente y eterno Dios, que constituiste a tu unigénito Hijo redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Hacemos la oración por la santificación y multiplicación de los sacerdotes. Decimos:
Padre celestial, para mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al Verbo encarnado que acabamos de recibir en el sacramento de su amor y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión, por manos de María Inmaculada, por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu divino espíritu, enciéndelos en amor a la cruz y haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Escuchemos la meditación que toca hoy en este mes de mayo, mes de María. Día 28, María Rosa Mística.
La rosa es la reina de las flores. Es considerada la flor más hermosa y la del perfume más agradable. Y místico se refiere a quien vive con intensidad el misterio de Cristo y de manera especial su misterio pascual, que implica la cruz y la resurrección. Una persona mística refleja en sí el misterio pascual de Cristo. Vive abrazada la cruz y al mismo tiempo expresa la alegría de la resurrección. Cuando decimos que María es la Rosa Mística, estamos afirmando que ella es quien de forma más bella participa del misterio de su Hijo. Por eso María tiene el buen olor de Cristo y ella es mística, pues vivió abrazada la cruz de Cristo y goza ya de la gloria de la resurrección. Toda la vida de María estuvo marcada por el misterio de su Hijo. Aprendamos de María a ser místicos, es decir, a vivir sumergidos en el misterio de Cristo.
Propósito de hoy: Pedir a la Santísima Virgen María la gracia de participar mejor del misterio pascual de Cristo, que es un misterio de cruz y resurrección.
Juntos hacemos la consagración a nuestra Madre. Le decimos:
"Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco el todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén."
Hermanos, hoy es la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. La primera enseñanza es que tenemos al sacerdote con mayúsculas. Jesucristo es el único que salva, el único redentor del mundo, el único camino hacia el Padre. Coloquemos a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, en el primer lugar de nuestras vidas. Si estamos con Cristo, nos iremos al cielo. El único salvador es Cristo, no hay otro.
En segundo lugar, hoy rezamos por todos los sacerdotes, sacerdotes con minúsculas. [carraspeo] Hoy rezamos por la fidelidad de todos los sacerdotes, que sean fieles hasta la muerte. Y también rezamos por la santidad de los sacerdotes para que cada uno refleje a Jesucristo, el buen Pastor.
Y en tercer lugar, hoy la Iglesia también recuerda a los laicos que participan del sacerdocio de Cristo. Todo bautizado es sacerdote, profeta y rey. ¿Cómo vive un laico su sacerdocio? En primer lugar, viviendo en gracia y en segundo lugar, ofreciendo todo lo que hace a Dios Padre. ¿Por medio de quién? De Jesucristo. Aquí hay mamás. Las mamás se preocupan de sus hijos, de sus hogares. Si ustedes, queridas mamás, unidas a Cristo, ofrecen todo lo que hacen, la educación de sus hijos, el cuidado de sus hijos, están viviendo su misión sacerdotal. Cuando un taxista, por ejemplo, hace bien su trabajo y ofrece todo lo que hace en el día al Padre por medio de Jesucristo, está cumpliendo su misión sacerdotal. Todos tienen una misión sacerdotal. Todos tenemos que estar unidos a Cristo. Y en Cristo somos ofrendas agradables a Dios Padre.
Hoy le pedimos a la Virgen de manera especial por sus hijos predilectos, quiénes son los sacerdotes, para que sean fieles hasta la muerte.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, sea la salvación. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes.
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Pueden ir en paz.
[música]