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[Música] Soy Miguel de Cervantes. No tenemos ni un retrato de Cervantes. No sabemos cómo era. No sabemos nada de lo que más se enorgullecía es de su condición de soldado. Son las letras y las armas. He sido soldado, recaudador y mil cosas más de las que no quiero acordarme. Él siempre llegó un poco tarde a todo. Este hombre fracasado en todo. Dicen de mí que soy viejo, pobre y manco. Es un hombre innovador. Siempre Cervantes se descubre a sí mismo a medida que escribe. El Quijote tenía un sentido del humor increíble. Muere haciendo chistes.
Soy Miguel de Cervantes. He sido soldado, recaudador y mil cosas más de las que no quiero acordarme. Escribo poesía, teatro y alguna novela. ¿Cómo quiero ser recordado? Espero que no solo por haber escrito El Quijote. No creo.
Cuando me propusieron ponerme en la piel de Cervantes, me di cuenta de lo poco que sabía de él. Sabía que era el autor del Quijote, claro, pero poca cosa más. El Quijote, un libro que todo el mundo conoce, pero que quizá no todo el mundo ha leído. Yo, por ejemplo, eh, no voy a decir si lo he leído o no, porque me da vergüenza. Así pues, tenía que interpretar a Cervantes y solo tenía dudas y preguntas. ¿Quién era Cervantes? ¿Tuvo éxito? ¿Tuvo una vida tranquila? ¿Era manco? ¿Dónde nació? ¿Cuándo murió? Necesitaba respuestas. Para encontrarlas, decidí hablar con las gentes que más y mejor saben de él, o algunas de ellas. Empecé por su biógrafo.
"O sea, ¿vas a hacer de Cervantes?"
"Voy a hacer de Cervantes."
"Y sé poco."
"Pero, pero eso es imposible. No solo es imposible, si además no se puede hacer, no se puede hacer. Pero es verdad que si un, si un Cervantes puede pegar, eres tú."
"Eso sí, si un Cervantes puede pegar, eres tú."
Creo que la clave total en mi cabeza de lo que es Cervantes es el rechazo total al embarramiento, a la solemnidad, a la trascendencia, pero siempre un hombre formal. Eso sí, eh, le gusta habla del del de la pulcritud en el vestir, el cuidado en términos de higiene, de incluso la, la no la no la la cortesía en el trato. Pero no la, se me ha ido la palabra, la palabra no es la ceremoniosidad, porque él utiliza otra, comedimiento. Le cabrean, por ejemplo, los jóvenes que van a la moda, una moda que él dice que es ridícula, unos cuellos inmensos que se ponen y que, y que qué petimetres, qué pisavalles. Estos caballeritos están haciendo el ridículo. Cervantes ahí tiene también ese punto de que todo esto está cambiando para mal, eh. Pero sin perder el humor.
¿Dónde nació Cervantes? ¿Nació realmente en Alcalá de Henares? Seguro. Ha habido muchas discusiones. Evidentemente, nació en Alcalá de Henares. Eh, lo que no sabemos con exactitud es cuándo nació, porque solo tenemos la partida de bautismo. Pero debió ser probablemente el 27 de septiembre o 29 de septiembre, ya ni me acuerdo. Yo, que es cuando es San Miguel, y por eso se llama Miguel.
Una familia de hidalgos. Mi abuelo fue Don Juan de Cervantes, abogado influyente y de prestigio. Yo apenas lo conocí. Abandonó a la familia. Mi abuela se quedó en Alcalá de Henares con mi padre y mis tíos, y él se fue a vivir a Córdoba con su amante, sus esclavos blancos y negros y su buen oficio inquisidor. Hay muchos testigos que cuentan que van de hidalgos y actúan como hidalgos, con sus caballerías, con sus trajes, con su posición noble y con su actitud social de de prepotencia. Pero no siempre fue así. Si mi abuelo consiguió dinero y prestigio, mi padre no tuvo nunca ni una cosa ni la otra.
Del padre tenemos poca información, de verdad. Lo que sabemos es que hacía algo parecido a lo que ellos llamaban cirujano, pero que nosotros hemos de identificar como un practicante. No es un médico en el sentido real de la palabra, pero quizás se gana la vida por este lado, eh. No demasiado bien. No hay demasiadas pistas de que se la ganase demasiado bien. Entre otras cosas, porque era sordo. El padre, pero era músico. Tocaba la vihuela. Y cuando Cervantes tiene unos 5 años, les embargan los bienes de la casa y meten en la cárcel al padre por deudas. Por deudas. Y el juez no accede a soltarlo. Y con él en la cárcel, nace otra hermana de de Miguel, que ahora ya ni me acuerdo del nombre, Magdalena. La quinta. Fuimos seis hermanos.
El modo en el que trata las mujeres en su obra literaria es incomparablemente más respetuoso, más valeroso, más reivindicativo que ningún otro escritor de los del siglo de español y de cualquier otro momento. Entonces, eso es incuestionable. El retrato de la mujer, el respeto por las mujeres, la reivindicación de la autonomía de las mujeres, el modo en el que respeta que no me quiero casar contigo y déjame en paz. Y no soy yo el culpable de que tú sufras y te quieras suicidar. Eres tú el que no, no se ha enterado de que te he dicho no. Ese componente de que no, que no, que la mujer no es un objeto de cambio, ni tampoco es un objeto para comerciar con ella, que es como funcionaban las mujeres para los esposos o para los padres. Las mujeres inteligentes estudian, leen, quieren ser libres, independientes, no esclavas de un marido. Yo tuve la suerte de crecer entre mujeres inteligentes hasta que me vi forzado a huir de España. Pero no quiero hablar de eso.
Tenemos un documento que dice: "Un tal Miguel de Cervantes ha sido condenado a 10 años de destierro y a que le corten la mano derecha". ¿Por qué? Porque ha sido declarado culpable de pinchar en una pelea a un maestro de obras. De haberme quedado en España, me hubieran cortado la mano, me hubieran paseado en burro con la espalda desnuda, azotando, gritando mi nombre. Huí porque tenía que huir. Ha salido huyendo de verdad de España por esa condena antes de que lo pillen. El corte, la mano derecha, claro, porque imagínate si después en Argel vuelves y sin la mano izquierda, se queda sin ninguna de las dos manos, lo cual ya sería el remate total. No se sabe si es nuestro Miguel de Cervantes o es otro. Antes, pero casualmente, eso ocurre en octubre, finales de octubre de 1565, 1569. Y un mes después, Cervantes está en Roma. Si eres un poco detective, los atas cabos y sí que sí que tuvo que ser Miguel de Cervantes. Con lo cual encaja bastante, porque claro, el castigo por duelo en España en aquella época, pues, por ejemplo, que le ponen a este Miguel de Cervantes, que debe ser el nuestro, era en vergüenza pública, que se le cortara la mano derecha y ser expulsado de los reinos de España durante 10 años. Con lo cual, claro, se fue a Roma corriendo.
Los duelos eran habituales en esta época. ¿Y por qué tipo de motivos se producían? Por la tontería más grande del mundo. Era la, era una cuestión de honra y honor, ¿vale? De cualquier cosa te podía ofender y cualquier cosa te podía molestar. No quitarte el sombrero por la calle cuando pasas ante alguien de clase social más alta, o por ejemplo, eh, unos en Sevilla iban unos jóvenes con sus por la calle andando con sus caballos de las riendas y entonces un señor les dice: "Villanos". Pero no villanos de villanos malvados, como entenderíamos ahora, sino pueblerinos. El hombre murió en un duelo.
Una cosa es una ofensa y otra cosa muy distinta es una afrenta. Una ofensa, que hasta puede ser involuntaria, se tolera y se perdona. Pero ante una afrenta, el afrentado no tiene más remedio que batirse en duelo, defenderse, matar o morir, lo que sea preciso. Los duelos eran, no eran una moda española. Los trajeron los soldados de los tercios de Italia, que era donde realmente el duelo era más común. Pero vamos, luego nos hicimos campeones de los duelos nosotros, para variar. Y entonces ya cualquier excusa nos venía bien. La verdad es que también tiene su razón de ser. ¿Por qué? Porque la justicia funcionaba muy mal. Y entonces los hidalgos, que eran la, la clase baja de la de la aristocracia, digamos, Cervantes era hidalgo. La manera que tenía de solventar sus problemas, que podías meterte en un pleito, pero podías estar años esperando la solución, tenías que pagar las costas del pleito. Creo que tampoco hemos cambiado. En fin, que no hemos cambiado mucho, ¿no? Entonces, ¿qué hacían los hidalgos? Pues decían: "Por la vía rápida, un duelo. Lo resolvemos nosotros y te mazamos. No hace falta ir a la justicia". El duelo se convirtió en una costumbre y eras más machote cuanto más duelos hacías y más sobrevivías. Te convertías en una especie de atleta olímpico.
Te recuerdo, Cervantes tiene el duelo en 1569, huye a Italia. En Italia entra en los tercios en 1570 y 1571 está en Lepanto. "Y aquel que no ha gustado de la guerra que aflige, y la memoria parece que Dios del cielo le destierra, porque no se coronan en la gloria sino los capitanes valerosos que llevan de sí mismos la victoria". Me parece que cuando escribí este poema, soñaba con ser un héroe.
Si tú te metías en el ejército, ya no te podías ir. O sea, no había un tiempo durante el que tú dijeras: "Pues voy a hacer la mili de un año, no. O voy a estar al servicio del ejército tanto tiempo". No. Tú entrabas al ejército y luego, si te querías ir, tenías que pedir una licencia al rey o al general, que si les venía bien te la daban y si no, no. Con lo cual, podías estar toda la vida de soldado, aunque ya no quisieras serlo. O sea, no tenías excavador. Y por otro lado, pues te podía pasar como le pasó a Cervantes. De acuerdo. Tú entras en los tercios, en el ejército, tú eres un soldado que va con su pica, con su espada ropera, con su daga, tal, con tus compañeros. Y de repente te dicen: "Súbete a una galera y vete a pelear a Lepanto". Y dices: "Ah, ahora de soldado me convierto en infante de marina".
En Lepanto perdí la mano izquierda. Una herida fea que yo tengo por hermosa, porque la gané bajo la bandera del hijo bastardo de Carlos V, Don Juan de Austria. Fue una de las, uno de los combates navales más terroríficos que han existido en la historia. Fue glorioso. Se calcula que los muertos pudieron estar entre 40.000 y 50.000. Cervantes peleó, peleó y peleó con valor, según los testimonios que se han recogido de toda la gente que estuvo a su alrededor. Testimonios escritos. Castañeda, Urbina, Santiesteban, todos dieron fe de mi coraje. Estaba enfermo con fiebres muy altas y me ordenaron quedarme bajo cubierta. Yo me negué. Señores, les dije: "Siempre he servido como buen soldado y ahora no haré menos, aunque esté enfermo y con fiebre. Más vale pelear que esconderme bajo cubierta". Y le pedí al capitán que me pusiera en el lugar más peligroso para morir peleando.
Eran barcos de muchas nacionalidades dirigidos por Juan de Austria contra la armada turca. Y eran dos armadas, imagínate, enfrentadas, vale, en el golfo, en el mar que había delante de la ciudad de Lepanto, en Grecia. Ahí estaba la armada turca descansando, reponiéndose, haciendo reparaciones, etcétera. Y en ese momento es cuando aprovecha Juan de Austria, que era muy listo, hay que reconocerlo, aprovecha y llega con los barcos de la Liga Santa y dice: "Ahora que están parados, ahora les ataco". Empiezan a bombardear, o sea, disparos de cañón para ir eliminando barcos. Y mientras van avanzando y chocan, ¡pam! Yo estaba en el esquife a estribor, en el lugar más expuesto y arriesgado. Y cuando chocan, pues quedan trabadas las naves, es decir, dos naves, tres naves, cuatro naves trabadas. Y entonces es el abordaje y es cuando empieza la guerra a espada, con pica, con arcabuz, en primera línea, disparando como arcabucero. Aquello fue horroroso. Él recibió dos o tres disparos de arcabuz, no está claro, hay distintas fuentes. Uno o dos le dieron en el pecho y otro en el brazo izquierdo. Caía al suelo desmayado. Tenía una herida profunda en el pecho y la mano izquierda rota en mil partes. Tuvo la suerte de salvar la vida porque, como te digo, aquello fue una carnicería tremenda, tremenda. O sea, fue brutal. El ruido tronador, los estruendos y los gestos de los tristes miserables que murieron entre el fuego y el mar.
Una de las pocas cosas que sabía de Cervantes antes de tener que interpretarlo es que era manco. Pues bien, parece que incluso eso, lo de que perdió un brazo luchando en Lepanto, tampoco es del todo exacto. Resulta que el famoso manco de Lepanto no era tan manco como yo me creía. Para aclararlo, fui a la Universidad de Alcalá de Henares a ver un especialista que ha publicado un estudio pormenorizado de las diferentes heridas y enfermedades de Cervantes. La herida de la mano era una herida por herida de arma de fuego, por arcabuz. Y entonces era profunda, es decir, que interesó todos los planos anatómicos, desde la piel hasta los huesos. Por lo tanto, hirió la piel, el tejido celular subcutáneo, los músculos, los nervios y rompió huesos. Tenía fractura. Seis meses me estuvo sangrando, Don Miguel. Sí, tenía mano. Lo que pasa es que la mano que tenía Don Miguel, exactamente, era así, con la muñeca flexionada. Si quieres, te lo hago a ti. Mira, era así, con la muñeca flexionada y después los dedos en garra. Exactamente. Esto es lo que llamamos mano en garra cubital. Cada 48 horas había que curarle y metían aceite rosado y luego, en la segunda fase, para que criara carne, para que hiciera una crema de huevo. ¿Yema de huevo? Don Miguel, yema de huevo. ¿Pero con qué finalidad? Lo hacían, pues sencillamente porque eso cría carne, hacía una cicatriz tremenda y tanta cicatriz hizo que es la, la cicatriz que retrae la mano y la colocó así. Y la colocó así. Pero entonces, ¿quiere decir que él era, o sea, estaba digamos, sería así? No, exactamente así, pero que él puede ir así, hacer esto, hacer cualquier cosa, puede rascarse. Nada.
Otras dolencias que hoy tengo son peores. Desde el principio, él tenía hidropesía. La hidropesía es que se llena el, se llena la cavidad peritoneal, el vientre, todo se llena de líquido. ¿Por qué? Porque la carne era impura en determinadas enfermedades y se diluía, se diluía agua. Y por eso la cavidad peritoneal. O sea, que eso, eso ya lo tengo trabajado. Claro. Me dicen que no beba tanto, que mi enfermedad no la curará ni toda el agua del océano. Pero digan lo que digan, yo no puedo dejar de beber como si hubiera nacido para eso. La clínica que él tenía era, primero, hidropesía. Eso sugería enfermedad hepática, una enfermedad en el hígado. Segundo, tenía unas ansias terroríficas de beber. Bebía muchísima agua. Y eso, ¿sabes por qué era? ¿Por qué? Porque era diabético. Y de eso murió, de la cirrosis hepática conjuntamente con la diabetes.
Cuanto más sabía del personaje, más me impresionaba y más me sorprendía. A Cervantes parece le iba el rollo del ejército. Y a pesar de su mano inválida, quiso continuar luchando. Pero en 1575 tuvo que renunciar a ese empeño y se embarcó para volver a España. Dicen que quería estar de nuevo con su familia y que soñaba con triunfar como poeta. Fíjate, o como autor de comedias. Qué cosas. Sin embargo, cuando estaba a la altura del Golfo de Rosas, su barco cayó en manos de piratas berberiscos. Cervantes fue hecho prisionero y conducido hasta Argel, una ciudad que se había convertido en la capital de un negocio tan peculiar como lucrativo. El negocio consistía básicamente, como lo fue en las guerras de la Edad Media, en a un personaje importante y pedir rescate. A Cervantes, en la cautividad, le perjudicó eso de venir de unos ambientes que, sin ser nobles ni grandes señores, los tenían cerca, porque creyeron que él era un personaje muy importante y pidieron mucho dinero por su rescate. Llevaba conmigo dos cartas de recomendación, una firmada por Juan de Austria y la otra por el Duque de Sesa. Pocos soldados comunes, sin grandes apellidos ni linaje, volvían a casa respaldados por cartas como aquellas. Pero al final terminaron por perjudicarme, porque mis captores pensaron que yo era una persona importante. Él, al parecer, se portó como un hombre, como un soldado. Intentó fugarse cuatro veces y nunca delató a nadie. Sufrió algunas veces tormento. Yo no sé hasta qué punto. Tras cada intento de fuga, el castigo era peor. Dos veces me tuvieron aislado durante cinco meses, encadenado. Me usaron como esclavo. Tuve miedo de terminar empalado o que me cortaran las orejas y me las pegaran en la frente, como hacían con algunos. No parece que sufriera lo que sufrieron muchos otros, es decir, no parece que fuera sodomizado. Y salió estando mucho más tiempo de lo que hubiera estado normalmente cautivo. Mis padres y mis hermanas movieron cielo y tierra para reunir el dinero de mi rescate. Los frailes trinitarios viajaron a Argel para recogerme y llegaron justo cuando yo estaba a punto de zarpar hacia Constantinopla como esclavo. No hay palabras para agradecer lo que mi familia hizo por mí. Pero no veo que dejara una huella en el sentimiento, en el modo de obrar, en que estuviera un poco perseguido por ese recuerdo. Yo creo que lo tomó como un incidente doloroso y demás. Volvió a España después de 10 años de estar fuera. Entre una cosa y otra, yo no creo, yo no, no creo que marcara a Cervantes.
Volví a casa, donde las cosas estaban pues como en muchas otras casas de aquellos años. Sus hermanas y su propia hija vivieron de llevarse a la cama a señores poderosos que sabían que no se iban a casar con ellos y luego pedirles indemnización por no haberse casado. Ese era el negocio de las hermanas de Cervantes, muy claro, porque lo repiten. ¿Cómo lo vería él? Es como si era hombre de fe, que lo era, insisto, pues sabe que todo eso se perdona. Además, el sacramento de la penitencia, todo. Y los dineros quedan. Muchos caballeros buscan aprovecharse de las mujeres y cuando lo consiguen, las abandonan sin más. Si por ventura alguna vez esta destemplanza les cuesta dinero, les está bien empleado. Y así lo quise reproducir en alguna de mis obras.
Cervantes empieza a escribir teatro, que es un gran amor suyo, el teatro. Y hace unas comedias muy innovadoras. Tienen un éxito relativo. Dice: "Todas fueran recibidas sin que se les hiciera ofrenda de pepinos o de otra cosa". Rojad, el éxito dependía del público. Si tu comedia gustaba, te llovían los encargos. Si no gustaba, te llovían las hortalizas. De un modo u otro, comida no te faltaba. Y entonces es cuando interrumpe, irrumpe, perdón, Lope de Vega con una fórmula mucho, mucho más viva, que se, que cambia totalmente la comedia. Entonces cuenta Cervantes que él tiene sus comedias, pero ha triunfado Lope de Vega y ya no hay pájaros en los nidos. "O gaño, no hay pájaros en los nidos de antaño. Fue aparecer ese monstruo de naturaleza y volaron pájaros". En cargos de comedias quedaba la poesía, pero Cervantes es un poeta gracioso a veces, pero no puede competir en ningún sentido ni con Lope ni con Góngora. También queda muy de lado. Y finalmente, en la novela. En la novela, sí, pero la novela no tiene ningún prestigio. Es una presencia, pero desde luego no es una potencia a los ojos de los contemporáneos. A veces cogía la pluma decidido, pero la volvía a soltar porque no sabía qué quería escribir. Tanta indecisión, sin embargo, me llevó a ser el primero en novelar en lengua castellana. Ese mérito sí que lo tengo.
"¿Me harías el favor de darme algún consejo o hacerme alguna sugerencia para interpretar yo a Cervantes?"
"Hombre, en principio, debías estar más serio que un palo y de vez en cuando se te debe escapar una sonrisa, medio sonrisa."
A paso quedaba en mi viaje buscando a Cervantes. Con cada persona nueva con la que hablaba, descubría una faceta inesperada de su personalidad. Poco a poco sentía que me iba adentrando en su alma. Cervantes era un hombre perspicaz, sensible y alguien que aprendió mucho de las mujeres. Vivió casi siempre rodeado de ellas, siempre cerca de sus hermanas y de su hija Isabel, aunque no tanto de su mujer. Cervantes se casó al volver del cautiverio de Argel, pero al parecer el matrimonio no cuajó. Como decía, para mi Cervantes empezaba a tener alma, pero curiosamente, aún me costaba ponerle [Música] cara. Quizá porque ese es otro de los enigmas que le rodean. ¿Cuál era el verdadero rostro de Cervantes? No tenemos en realidad ningún cuadro de Cervantes. La única descripción que tenemos de Cervantes es la que hace él mismo en el prólogo de las Novelas Ejemplares. "Este que veis aquí de rostro aguileño, etcétera, etcétera. Este que veis aquí de rostro aguileño, la frente lisa y desembarazada, alegres los ojos, la nariz corva de plata, las barbas que no han ni 20 años que fueron de oro, el cuerpo ni grande ni pequeño, algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies. Este, digo, es el autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha". En un momento determinado se encuentra el cuadro de Jauregi, que se da por válido, a falta de un testimonio que demuestre todo lo contrario. Pero no hay nada que demuestre que ese es el retrato de Cervantes. Absolutamente nada. Los retratos eran cosas de gente de alta cuna, obispos, nobles, reyes. ¿Quién quería pintar a un manco?
Él es consciente de que la literatura no es suficiente y quiere asegurar su futuro. Y la mejor forma de asegurarlo es pretender algún cargo en la corte, cosa que después conseguirá cuando es nombrado comisario al servicio del comisario general de del abastecimiento de trigo y aceite de la Armada Invencible. Éramos muchos los soldados que buscábamos una recompensa a nuestros esfuerzos contra el Turco. Nos ir a la guerra contra Inglaterra y encontré un empleo porque al tener que incautarse de trigo y de aceite, tuvo que tocar muy directamente los intereses de distintas clases sociales de muy diverso tipo. Es decir, por una parte, tuvo que enfrentarse a los pequeños propietarios de cuyas propiedades en materia de trigo y aceite se incauta, pero también chocó contra la iglesia. No hace falta decir que mi presencia no despertaba muchas simpatías. Cuando alguien se negaba a darme el trigo, yo debía llevármelo a la fuerza. Y si ese alguien era un cura, ¡ay amigo!, con la iglesia hemos topado. Dos veces fui excomulgado. Y lo que vino después no fue mejor. Pero ponte en lo peor. Piensa que en un momento determinado vas a ser nombrado, no ya comisario, sino recaudador. En este caso, sí, es decir, vas a tener que asumir una comisión para recuperar, atención al dato, 2 millones y medio de maravedís. Y eso va a recaer sobre tu responsabilidad con un matiz que te va a resultar muy complicado obtener esa recaudación. Era un propósito imposible y un abuso de poder. Bien, pues es el punto en el que tú depositas parte de tu recaudación en manos del banquero sevillano Simón Freire. Simón Freire, truhán moderno y majadero antiguo, salió huyendo con todo el dinero recaudado. ¿Quién es el responsable ante la administración de esa situación? Evidentemente, tú. Sobre van a recaer las acusaciones y, en su caso, las penas de cárcel, sobre ti, sobre Miguel de Cervantes. Qué raro. Cuando se vio que en España una persona honrada tenga que pagar por la villanía de un banquero. Se te condena a restituir los 2 millones y medio de maravedís, cosa que es absolutamente imposible para nadie en la época. Consecuencia, se decreta el ingreso de Cervantes, tu ingreso en la prisión de Sevilla, a la cárcel. Y como mi padre, una tradición familiar de haber tenido dinero para untar al juez, las cosas hubieran sido distintas.
La peor prisión en la que uno puede ingresar en el siglo XVI. Aquella cárcel era un mundo aparte. Los negocios que allí se hacían beneficiaban a todos: criminales y carceleros. La cárcel de Sevilla era un lugar tremendamente complejo, conflictivo, un desafío a la supervivencia, donde los presos podían optar a cierto trato de favor en función de sus ingresos, donde había una gran venalidad, donde había una vida paralela, es decir, al margen de la justicia se practicaba el juego, se podían recibir visitas non sanctas en algunas ocasiones, por decirlo de la forma muy suave. Y tú estás ahí, eh, más o menos hasta la primavera de 1598. Y entre los hierros de aquella prisión nació El Quijote.
Su vida fue tan azarosa que entonces siempre intenta conseguir cosas y no lo logra. E, cuando consigue un empleo real, pues se enfrenta con la curia y entonces lo meten en la cárcel. Cuando intenta acercarse a un noble para irse a Nápoles, tampoco lo consigue. Es decir, es el eterno perdedor. De tal manera que nunca ocupó un lugar destacado en la sociedad, lar de su tiempo. Quevedo odiaba a Góngora, Góngora odiaba a Lope, Lope me odiaba a mí. Todo eran insultos, burlas. No quiero ni recordar los versos que aquellos insignes poetas me dedicaron llamándome cornudo y a Don Quijote basura. Si quieres, te hago un mapa de las amistades. De amistades de hoy, de hoy. Entonces, en aquel momento pasaba lo mismo. Y lo que pasa es que además eran menos sagaces y vivían todos en un círculo mucho más reducido y se conocían todo. Y a mí me encanta lo que dice de Lope en el prólogo a la segunda parte del Quijote: "Adoro su ingenio, admiro su obra y su ocupación continua y virtuosa". Sobre todo, su ocupación continua y virtuosa. Está hablando de Lope, que es un clérigo y que tiene una. Entonces ahí vemos la finura. Dice: "Admiro sus obras y su virtuosa y continua ocupación". Ya le está diciendo, le está clavando, pero con una suma elegancia. Un amante.
Quiero que sepas una cosa y eso sí que tienes que tenerlo muy claro cuando interpretes a Cervantes. Por favor, hazle justicia. Porque yo ya te veo como Cervantes. Entonces, es un hombre innovador. Siempre tiene una originalidad y audacia literaria extraordinaria. Es decir, incluso con los géneros más convencionales, quiere ser un innovador. En la obra de El cerco de Numancia, por ejemplo, convertí el río Duero o España en personajes. Hice hablar a la guerra, a la fama, a la enfermedad. Y no fue bien comprendido. No gustó al público. Eso es lo que caracteriza. Y también te diré otra cosa: cuando rompes demasiado en un género, casi nunca obtienes el éxito inmediatamente. Eres un rebelde, un revolucionario y un innovador. Y en el fondo, te importa un poco, poco lo que digan los demás, porque incluso puedes burlarte de ti mismo, que es muy importante en la obra.
"El Viaje del Parnaso". Los buenos poetas, tras vencer a los malos, logran una silla junto al dios Apolo, que les protege e inspira. Todos los buenos poetas, menos uno: Miguel de Cervantes. Yo mismo. Cervantes era un hombre que sabía reírse de sí mismo. Maravilloso. Y nunca perdió el sentido del humor a pesar de una vida complicada, llena de batallas, cautiverios, conflictos familiares, cárcel, una vida de pocos éxitos y ningún premio. Quizá hoy pueda parecer imposible, pero en el arranque del siglo XVI, el Siglo de Oro de nuestras letras, Cervantes como literato era, era prácticamente un fracasado. Alguien de quien nadie esperaba ya nada. Entre otras razones, porque tenía más de 50 años. Sí, es verdad que los 50 años de ahora no tienen nada que ver con los de entonces. Cuando estamos llegando a finales de la década de los 90 y ya nos acercamos al momento de empezar a concebir y a escribir Don Quijote, la primera parte, la idea misma, eh, estamos ante un señor que prácticamente está a las puertas del final de su vida. Sabe que está casi casi empezando el periodo extra, el periodo de regalo. A partir de los 50, la muerte ronda nuestra casa, si es que no está ya dentro. A esa edad uno se convierte en aprendiz de difunto y no sabe que le va a quedar mucho tiempo por delante. Le van a quedar 20 años más, le van a quedar 20, de los cuales no tiene idea. Pero sobre todo, de lo que sí tiene idea es de que han ido quedándose solo y que su tiempo ha desaparecido. Simbólicamente, desaparece con Felipe II. Pero además, sus amigos, sus héroes, los militares de referencia, las razones por las que luchó, han empezado a disolverse en una especie de cambio de época que tiene que ver con el cambio de siglo, pero tiene que ver también con una especie de reconciliación de Cervantes consigo mismo. El joven piensa que ir a la guerra, luchar por la patria, por Dios, es lo más noble, lo más elevado. Piensa que si va a la guerra y sobrevive, el rey lo recompensará. Rey, patria, Dios. El viejo aprende que son palabras vacías. Su mundo se está acabando y empieza ese otro Cervantes que va a hablar a través, ya directamente del Quijote, directamente, quiero decir, a través de la ficción. Y que es ese que tenemos la sensación de estar detectando con la naturalidad, con la bonhomía, con la especie de distancia escéptica y al mismo tiempo vitalista, con la que habla Cervantes en El Quijote. El Quijote, esa historia que se me ocurrió yendo de aquí para allá, recaudando aceite, trigo, tratando de cobrar deudas y malviviendo en la cárcel de Sevilla. ¿Quién lo iba a [Música] decir?
El Quijote. Por fin, en este viaje hacia Cervantes, llegó al momento en que escribió el libro por el que sería conocido en el mundo entero. Una obra única y genial que acabaría por desbordar y ocultar la figura y la personalidad de su autor. Para entender qué supuso esa obra en su momento y por qué hoy la seguimos considerando tan extraordinaria, me acerqué a la imprenta de Madrid, de donde salió la primera edición en 1605. Allí me encontré con el director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, que en 1992 supo dar vida y encontrar rostro para El Quijote en una famosísima serie de televisión.
"Cuando me lo propusieron, pensé que mejor no hacerlo, porque, bueno, porque sobre todo en España, pues El Quijote, o hacer de Quijote, o de Cervantes, o de Sancho, no, pues ya tiene tantos antecedentes y sobre todo cada uno ya se ha fabricado su, su Quijote, ¿no? en la cabeza, que es difícil encontrar un punto que sea aceptable para para todos, ¿no? Porque además, aquí es como la bandera o el himno, es una insignia nacional. A Fernando Rey le tuvimos que convencer. Primero dijo que no, eh, y luego que sí. Pero de Fernando Rey, lo, mi, digamos, la gente que me rodeaba entonces del cine me parecía horrible que lo hiciera Fernando Rey, porque parecía que él daba, don Lope, ¿no? el hidalgo, vamos, el aire de un señor, ¿no? pero que no tenía sentido del humor. Total, que yo a Fernando le dije: 'Digo, mira, como esto del Quijote siempre va a ser un desastre, ¿no? Nadie quiere que hagamos ni tú ni yo ni nadie una versión del Quijote, vamos juntos al abismo, ¿no? Y tú arriesga'. Y entonces Fernando arriesgó y dejó, digamos, sin ser lo que era, lo que era de verdad Fernando Rey, que era un hombre de una gran dignidad natural, ¿no? Pues él arriesgó para ir a la comedia".
Nunca se me hubiera ocurrido convertir El Quijote en comedia para ser representada delante del público. Probablemente me hubiera ido mejor. En la época de Cervantes, todo el mundo lo que quería escribir era teatro, ¿por qué? Porque, porque el teatro era lo que daba dinero. Nos daba prestigio, pero el dinero solo estaba, solo estaba en el teatro, ¿no? Entonces, igual que ahora, un novelista lo que quiere es que adapte una novela al cine, aunque desprecie luego la película, ¿no? Pero, pero le paga por ello y tal. La novela se lanza gracias al cine o a la televisión, ¿no? El, el dinero siempre está, siempre estuvo en el teatro. Una novela apreciada, una novela no te abre las puertas de la academia como la poesía, ni las de la hacienda como el teatro. Él no tenía prestigio porque El Quijote no le dio prestigio. Le dio la satisfacción de saber que los niños lo manosean, los viejos se ríen, y no sé cuántas cosas más, ¿no? Entonces, eso da mucha satisfacción y muchos disgustos, porque enseguida hubo muchas copias. Entonces se pasaron el tiempo persiguiendo a los, a los, digamos, a los piratas de de entonces que hacían, eh, copias sin cesar en Lisboa, en todas partes. Empezaron a a copiar El Quijote, como pasa ahora, digamos, ¿no? con una película de éxito que se que se que se copia mucho. No solo copias, también me suplantaron. Un tal Avellaneda, un seudónimo, tuvo la desvergüenza de escribir una segunda parte de mi Quijote, muy [Música] mala. No voy a decir quién lo hizo, aunque lo sé perfectamente. Era uno que me envidiaba mucho porque me admiraba mucho. Y Lope estaba detrás.
Cervantes donde realmente acertó fue en al diseñar el personaje de Don Quijote, ¿no? Un personaje que tenía dignidad y que imponía verle allí con la lanza y con todo aquello, ¿no? Pero que, pero que le vistió muy bien, o sea, fue, fue un éxito de casting aquello y de vestuario, ¿no? El gran éxito de Cervantes fue la invención del personaje. Quería escribir el libro más gallardo, más discreto, quería escribir el libro más hermoso que pudiera imaginarse y lo hizo en el último tramo de su vida, después de andar tropezando aquí y allá, después de sobrevivir a tantas adversidades sin lograr prácticamente nada de lo que se había propuesto. Aquel hombre viejo, pobre y manco, tocó el cielo.
Cervantes no es del todo consciente, del todo consciente de lo que ha hecho. No es del todo consciente. Probablemente Cervantes empezó a escribir una novelita sobre un tipo que se vuelve loco escribiendo, leyendo libros de caballerías, y se acabó. Y ahí se acababa en principio su idea. Pero de repente dice: "Esto, esto da para mal. Espérate, espérate, voy a poner uno bajito y gordito al lado. Vamos a ver qué pasa". Y entonces empieza y sigue y sigue y sigue y sigue y sigue y sigue. Pensaba escribir un relato breve de 30, 40 páginas. Otra novela ejemplar iba a ser la historia de un hidalgo aficionado a leer novelas de caballerías, que un día dejaba su casa para convertirse en caballero y no tardaba en regresar apaleado. Pero me di cuenta de que allí cabía todo: caballeros, doncellas, obispos, titiriteros, gigantes, galeotes. Me salió una obra inmensa, de los clásicos, extravagante, llena de imprevistos, de aventuras. ¡Qué felicidad! Después de tanta indecisión, de tantas dudas, por fin El Quijote. Y entonces aparece este monstruo, esta cosa rara, que es la primera parte del Quijote, que es una obra maestra absoluta. El problema es que la segunda parte del Quijote ya no es una obra maestra absoluta. Es un libro como que parece escrito por Dios. Por Dios, hombre. No inventa una cosa que antes, antes de él no existía, o al menos no existía en la medida y de la forma en que él la crea. Se llama ironía. Ironía en un sentido muy preciso. ¿Qué es la ironía en Cervantes? Mira, Don Quijote está como una, como una cabra, está loco de atar, debería estar en un sanatorio. Bien, parece Sancho, que no estás cursado en esto de las aventuras. No son molinos, son gigantes. Pero al mismo tiempo es el hombre más sabio del mundo. "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra, ni el mar encubre. Por la libertad se puede y debe aventurar la vida". Esa ambigüedad esencial permea absolutamente todo el libro. Sancho es un destripaterrones, un auténtico botarate, pero al mismo tiempo es un hombre lleno de sentido común, lleno de sabiduría. Y todos los personajes, todo el libro es así. Todo el libro está escrito en el borde. Todo en El Quijote es al menos dos cosas a la vez. No hay historia humana que no tenga sus altibajos. Todo tiene su cara y su revés. O como diría Sancho: "Detrás de la cruz está la cara". Entonces, ¿cómo se le ocurre a este hombre, a este soldado fracasado, porque es un fracasado, este hombre ha fracasado en todo, ha fracasado en la poesía que la intentó, no funcionó, el teatro, Lope de Vega se lo llevó todo, nada, fracasó en todo, y de repente El Quijote es un libro de un éxito fabuloso, pero un éxito popular. La gente culta, la élite, desprecia ese libro y desprecia a su autor. Lope de Vega dijo: "No hay nadie tan necio que al El Quijote". Eso dijo. Valverde, María Valverde decía que Cervantes nunca hubiese ganado el premio Cervantes. Esto me parece exacto. Hay que ponerse en aquel momento y en aquella época. Lo que era bueno, lo que era válido, era aquello que se insertaba en la tradición clásica, o sea, era lo que se parecía a otra cosa. Es decir, el concepto de originalidad no existía. "Todo lo que hay en mis novelas nació aquí, todo lo parió mi ingenio, no he imitado a nadie, no he robado nada". Entonces El Quijote no se parece absolutamente a nada en la época, a nada. Quiere decir, a nada antes del siglo XIX, antes de los románticos. El libro, El Quijote era meramente un libro de risa, un libro de burlas, como decían en aquel momento. Y Don Quijote era un personaje ridículo. El Quijote tarda siglo y medio en ser entendido, eh, desde el punto de vista, en el sentido de entendido profundamente, qué es lo que significaba ese libro, qué es lo que había, qué revolución había en ese libro, porque es una inmensa revolución. Eso en España nadie lo entiende. Nadie. Sabes que no lo entienden. Los ingleses y ellos crean la tradición de la novela a partir de Cervantes, imitando a Cervantes. Por eso yo cuando voy a Inglaterra siempre les digo: "Miren ustedes, déjense, déjense del peñón, ya solo pueden quedar el peñón de Gibraltar, de dos mandos, la novela. Tómense esto muy en serio". Cervantes simpatiza con todo. Es un hombre que ha sufrido mucho, pero no siente rencor por nada. Es la felicidad de la creación, pero la felicidad también de entenderlo todo. Esa es la impresión que tienes cuando lees este libro, que de repente parece que lo entiendes todo. Sin ese libro, no seríamos como somos. Seríamos mucho peores de lo que somos. No hay ninguna duda. Para que digan que la literatura no cambia el [Risas] mundo.
Cervantes tuvo, tuvo una, como le pasa a muchos pintores y músicos y tal, que es que con, con El Quijote puso el huevo. Si no hubiera sido por El Quijote, pues no recordaría tanto a Cervantes. Sería uno, uno de tantos, ¿no? Entonces, es que hacer aquel hombre, ya viejo además y enfermo y y pobre, pobrísimo y sin tener donde caerse muerto, eh, es que acertó. Acertó. Y de vez en cuando, de vez en cuando, en esto hay alguien que acierta. Que después de la Biblia, El Quijote es el libro que más se ha publicado y más se ha leído a lo largo de la historia. Es decir, por orden, el libro más leído, traducido y publicado es la Biblia y El Quijote de Cervantes. En todo el mundo. Hace 400 años que se murió y realmente yo puedo hablar con él. Cojo su libro y me está diciendo al oído cosas que no encuentro en otros escritores. Don Quijote, Sancho Panza son nuestros amigos, son tipos a los que conocemos mejor que a nuestro padre. Es totalmente verdad que Don Quijote ha abducido a Cervantes. Cervantes no existe, existe El Quijote. Y hasta es totalmente común, incluso en ámbitos académicos, donde sea, cuando dices Quijote, quieres decir Cervantes, y cuando dices Cervantes, quieres decir Quijote. Debería ser mucho más reivindicado. Hay que saber valorar esa obra, hay que saber reivindicar esa vida, hay que poner en su lugar al Cervantes magistral que siempre ha supuesto para un ejemplo en la vida y en la literatura. La única justicia verdadera que hay que hacer a Cervantes no son las exposiciones, ni como hacen en Esquivias una parodia de sus bodas, sino [Música] leerlo.
Soy Miguel de Cervantes. He sido soldado, recaudador y mil cosas más de las que no quiero acordarme. Escribo poesía, teatro y alguna novela. Dicen que nací el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares y dicen que morí el 22 de abril de 1616 en Madrid. Pero estoy vivo.