📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Si lo Dices, Sostenlo

Iglesia Bautista de Cristo34:29

Transcription

Tenlo, ¿no? Eso es algo que en nuestros ranchos, en nuestros tiempos, la mayoría de nosotros ya pasamos de los 25 y sabemos que siempre decía, si don fulano dice tal cosa, se respeta, ¿no? Un hombre de palabra. Entonces, cuando uno dice algo, más vale que lo sostengas, porque si no lo sostienes, pues llega a ser una mentira. Usted sabe cómo lo descubren a uno en corte que uno está mintiendo. Cuando usted cambia la historia, porque cuando es una verdad no cambia, cuando es una verdad permanece. Pero cuando es una mentira disfrazada de verdad cambia. Por eso es que el evangelio no cambia, porque es verdad de Dios y ha permanecido a través de los siglos. Mucho cambiará, pero la palabra no cambia, permanece firme porque es la verdad. Jesucristo no dijo, "Yo soy una verdad." Jesucristo dijo, "Yo soy la verdad, la única verdad." Entonces, si nosotros también decimos algo, sostengámoslo. La Biblia dice, "Sea tu hablar, sí, sí, no, no, después de eso ya es por gusto. Pero sea tu hablar, sí, sí. No, no." Yo sé que algunos les voy a caer más mal ahora, pero ni modo. Es parte del ser evangélico, protestante, pastor.

Muy bien. Mateo 16. Vamos a buscar Mateo capítulo 16 verso 13 al 16. Mateo 16, 13 al 16. Dice la palabra del Señor. Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo, "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Ellos dijeron, "Unos Juan el Bautista, otros Elías, y otros Jeremías o alguno de los profetas." Él le dijo, "¿Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Respondiendo Simón Pedro, dijo, "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente."

Gracias, Jesús, por tu palabra que nos afirma que adoramos al verdadero Dios. Gracias, Señor, porque tu palabra siempre trae ese reto para nosotros, pero al mismo tiempo nos empodera para que podamos vivirla y compartirla. Perdónanos lo que hemos dicho, hecho, pensado, visto que te ha ofendido y permítenos que una vez más la sangre de Cristo nos limpie para ser dignos oidores de tu palabra y transmisores de la misma. Que podamos escuchar tu voz en el día de hoy. Te lo suplicamos por Cristo nuestro Señor. Amén. Y amén. Ahí pueden sentarse, hermanos. Muchas gracias.

Hay muchas cosas en nuestro caminar. Ah, tenemos en nuestros pueblos refranes, dichos populares, como se le dice, ¿no? Que en determinado momento se dicen porque representan una realidad en nuestro pueblo, una verdad que de alguna forma sucedió o está sucediendo. Usted ha escuchado aquel que dice, "Estaba en el lugar equivocado, a la hora equivocada y algo sucedió." O viceversa, "No estuvo en el lugar indicado a la hora que sucedió aquello." Entonces, también puede ser ambos lados, pero llega a ser una realidad el hecho de que podemos entender que ese refrán de alguna forma cobra vida en algunos de nosotros o en todos nosotros cuando vamos caminando. La Biblia tiene precisamente el libro que le llaman el libro de la sabiduría o el libro de los Proverbios, que no es otra cosa que los dichos del pueblo, los dichos del rey, los dichos de los sabios, dice él mismo. Entonces, en todos los 31 capítulos del libro de los Proverbios está lleno de sabiduría, está lleno de contención para el pueblo. El libro de los Proverbios nos ayuda a nosotros hoy en día a mejorar nuestro carácter. Usted lee el libro de los Proverbios y le va a ayudar a no ser tan enojón, le va a ayudar a ser un poquitito más sabio en las decisiones que usted vaya a tomar. Ya no, no se deja ir de boca, como dicen allá en mi rancho, sino que uno aprende que todo tiene un momento para que podamos nosotros digerirlo y hacerlo, ¿no? A mí me encanta porque el avisado ve venir el problema, ve venir el peligro y se aparta, dice el proverbio, y deja que el peligro pase. El necio se confronta con aquella situación y usualmente se lo lleva la corriente. No, hay un proverbio que siempre me pega cuando dice que el hombre que es amonestado y no hace caso, después le viene el castigo. El hombre que al ser amonestado rechaza aquello por su orgullo, por su manera de ser, por su religión, por lo que usted quiera, porque tengo dinero o porque tengo un estudio, porque tengo un carro nuevo, cualquier cosa, uno cualquier cosa usa de pretexto para sentirse mejor que otros. Entonces la palabra dice, "Si se te amonesta y no entiendes, no te queda otra cosa más que recibir el sopapo," dicen ahí en mi rancho. No te lo van a dar porque no hiciste caso.

Entonces, cuando vamos caminando por todo esto, nos vamos dando cuenta que si yo quiero ser fiel a mí mismo, tengo que ser un hombre, una mujer de palabra. Si lo digo, lo sostengo. Si te lo digo, lo sostengo. No, yo siempre digo desde este púlpito, yo lo quiero decir porque lo creo y lo sostengo y lo repito. Si no lo sostuviera, no lo repito porque no lo creyera. Pero al creer aquello que estoy diciendo, lo sostengo y lo comparto. ¿Me doy a entender? Es como el evangelio, ¿no? Cuando usted sostiene el evangelio en su corazón, cree el evangelio en su corazón, entonces usted comparte el evangelio porque el evangelio llega a ser parte de tu mismo vivir. Y a uno le gusta compartir las cosas buenas, ¿o no? A uno le gusta. Si usted no comparte las cosas buenas que le suceden, usted es un egoísta, selfish, como le dicen aquí en inglés, ¿no? Pero cuando a alguien le pasa algo bueno, a mí me gusta compartir las cosas buenas que me suceden. Por eso los miércoles, por ejemplo, tenemos nosotros el momento de testimonio, donde pasamos y le damos gracias a Dios por lo bueno que nos ha pasado y aún por lo malo que nos ha pasado o porque necesitamos oración o necesitamos el apoyo del pueblo, pero siempre tenemos ese momento en el que compartimos con el resto del pueblo. Y entonces, porque es parte de nosotros, el evangelio ha llegado a ser parte de nosotros. Hablamos como evangélicos, ¿no se ha fijado usted? Hablamos como evangélicos donde nos vemos. "Dios le bendiga." ¿Se acuerda cómo lo saludaba antes? "¿Qué pasó, hijo?" Pero ya no. Cuando el evangelio viene a nosotros nos cambia hasta la manera en cómo nos saludamos, ¿no? Las hermanas antes, "Ya vino esa señora." Hoy la besa, la besa en el cachete. No la quiere morder. Pero, ¿qué? Por lo menos la besa. O sea, vamos siendo transformados porque Dios no es un Dios que se queda quieto. Dios es un Dios que transforma el corazón de aquella persona que viene hacia él. Entonces, va trabajando en nosotros, ¿no? Que vamos a llegar a ser buenos. Ya leíamos en el salmo de hoy en día, "No hay nadie bueno." Nadie va a llegar a ser bueno, ni Cristo aceptó el título de bueno, pero estamos en el camino, estamos en el proceso de mejorar.

Entonces, otro de los proverbios, y no uno, sino está lleno el libro de los Proverbios de esto. Cuidado con lo que dices. Me llama la atención, siempre me ha llamado la atención el hecho de que hay cantidad de proverbios que dice que el testigo falso no quedará impune. Y aquel que dice las cosas que no son, Dios lo toma muy en serio, porque puedes condenar a alguien por aquella situación. Puedes decir algo que te puede crear en la otra persona una situación muy adversa. Por eso el libro de los Proverbios dice, "El testigo falso no va a quedar impune ante los ojos de Dios." Puede que aquí la hagas, pero delante del Señor no la vas a hacer. Y tarde que temprano, aunque te mueras huyendo de la justicia del hombre, tarde que temprano te vas a enfrentar a la justicia divina. Y cuando te presentes a la justicia divina, ahí no hay pero que valga. Ahí no hay pero que valga porque Dios conoce tu pensamiento y tu corazón. No le podemos ocultar nada a Dios. No le podemos ocultar nada. Con Dios no hay hipocresía porque él nos conoce, sabe lo que hemos dicho y lo que hemos sostenido o lo que no hemos sostenido o simplemente lo repetimos como el oro, ¿verdad? Por eso son los chismes, porque es repetición como el oro. Nunca lo vio, nunca supo, pero como lo dijeron, lo repito. Mientras que el verdadero testigo mantiene lo que dijo, lo sostiene porque lo vio, porque lo sintió, porque estuvo ahí. Miren, nosotros no estuvimos presentes en la crucifixión de Jesucristo, pero si algo hemos aprendido y hemos aprendido a sentir en nuestro corazón, es que ese Cristo que murió en la cruz es el mismo Cristo que resucitó de entre los muertos. Se levantó, salió de la tumba y ahora vive en nuestro corazón. Eso lo sabemos nosotros. Eso lo sabemos con todo nuestro corazón. Eh, no es cuestión de que es una filosofía, no es una verdad. Es una verdad. Aquellos que escucharon el testimonio de nuestra compañera, ¿verdad? Escucharon cómo Dios la fue transformando y a cada uno de nosotros, a cada uno de nosotros. No, no, aquí no hay ninguno que diga, "Oh, yo nunca había pecado antes de venir al Señor." ¿Quién no andaba metido en problemas? ¿Quién no andaba en situaciones? So, la importancia que tenemos que traer ahora es acá. Si vas a decir algo, mantenlo. Si vas a prometer algo, cuidado, iglesia, cuidado. No digas las cosas que después te quieres arrepentir, porque si ya las dijiste, las vas a tener que sostener. De lo contrario, te lo leo para que puedas estar al pendiente de lo que te estoy diciendo. Eclesiastés 5. Eclesiastés 5 del 1 al 6. Mira lo que dice.

"Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios, porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios, porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra. Por tanto, sean pocas tus palabras, porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. Cuando a Dios haces promesa, póngale coco, cuando a Dios haces promesas, no tardes en cumplirla, porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios enoje a causa de tu voz y que destruya la obra de tus manos?"

Cuidado con lo que dices, cuidado con lo que prometes, cuidado con lo que vas a hacer, porque Dios tiene todo escrito, Dios escucha todo y él no olvida nada. Por cierto, que hay un viejo refrán, ¿verdad?, que así dice, "Dios tarda, pero no olvida." Tarde que temprano nos va a llegar. Entonces, si vas a prometer algo a Dios, es un trato entre Dios y tú. Sosténgalo, manténgalo, sea hembra, sea hombre y sostenga aquello que quiere, aquello que promete, aquello que dice. Porque a veces el pueblo popular es más consciente que nosotros y prometen mandas y prometen hacer cosas y lo cumplen y se destrozan la espalda o se destrozan las rodillas o se destrozan los pies o se destrozan las manos caminando y haciendo aquella penitencia o manda, como usted le quiera decir, y para agradar a Dios, lo cual no es bíblico, porque Dios lo único que se complace es de un corazón contrito y humillado. Amén. Amén. Eso es lo que enseña la palabra. Entonces, pero si ellos pueden cumplir eso, ¿cómo es que nosotros prometemos y no cumplimos y ya sabemos que Dios es celoso? Que Dios es celoso. Por eso aquí te está diciendo, si prometes algo, no te comprometas. Mejor no te comprometas porque después vas a pagar las consecuencias porque no vas a lograr sostener aquello que has dicho.

Ah, lo que Pedro confiesa en el relato que hemos leído, le dice, "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, del Dios viviente." Esta declaración en sí es un compromiso para Pedro. Está reconociendo a Jesús como Señor, está reconociendo a Jesús como el Hijo de Dios. Ya de por sí eso trae una tremenda, tremenda, tremenda responsabilidad. Cuando usted reconoce a Jesús como el Señor, usted tiene la responsabilidad de adorarlo como Señor. Quiero comprobárselo un poquitito más para que podamos ir entendiendo esto. Dice el verso 13 que hemos leído, "Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos." Si yo quiero invitarle para que cuando usted lea la Biblia, busque por qué Jesús hace ciertas preguntas. No es que surgen de la nada. Oh, se le ocurrió al Señor yendo por aquel camino. Se le ocurrió preguntarle, ¿no? Déjeme le explico, le cuento. Herodes el Grande tuvo hijos. Uno de sus hijos fue el que fundó la ciudad llamada Cesarea de Filipo. Hay otra Cesarea que era donde el rey Herodes tenía su casa de verano. Era una mansión que estaba a la orilla de la playa. Como el pobrecito no tenía mucho que hacer, pues iba para aquella casa, lo haría de la playa, de donde podía contemplar todo lo que sucedía, especialmente con el pueblo judío. Él era muy metido en las costumbres judaicas. Él era muy metido. Él conocía la palabra, él conocía la escritura, él conocía los sacerdotes, él conocía las promesas, él conocía las profecías. ¿Se acuerda cuando llegaron los famosos reyes y preguntaron, "No, ¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido?" Él se turbó porque él era el rey de los judíos. Él tenía el título de rey de los judíos. Por eso es que cuando llegan y preguntan, "¿Dónde está el rey de los judíos?" Dijo, "Quitó." Y hubiera sido aquella, ¿verdad? "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?" Y él dijo, "Ah, así está la cosa. ¿A quién fue a llamar? A los conocedores de la palabra. Fue, buscó a los sacerdotes, a los escribas y les dijo, "Ey, ¿qué dice la Biblia? ¿Dónde? ¿Cómo dice la palabra? ¿A dónde van a hacer el Mesías?" Y entonces ya los que conocen le dicen, "Oh, este, Miqueas 5:2 dice, 'Pero tú, pequeña Belén, no eres la más pequeña entre las tribus. De ti saldrá el libertador que guiará mi pueblo.'" Ah, entonces van a ser aquí. Porque conocía su hijo. Su hijo que a sus pies también llegó a ser un joven, según la historia romana, muy inteligente y fundó esta ciudad llamada Cesarea de Filipo. ¿Por qué la fundó? Él quería tener como en Grecia un aerópago, un lugar a donde la gente venía y daba sus discursos filosóficos, daba sus discursos religiosos, daba sus discursos de cualquier cosa que venía. La gente siempre ha tenido comezón de escuchar, siempre queremos aprender. Entonces, se daba en el mercado, se daba en el teatro y había un lugar llamado el aerópago donde usualmente venía gente de afuera y daba a conocer su manera de ver la vida, su filosofía de la vida, de la religión, lo que sea. Entonces venía la gente a escuchar a todos estos predicadores callejeros, a todos estos filósofos callejeros y venía y se juntaba la gente para poder escuchar la enseñanza de aquel varón. Es ahí donde Cristo pregunta. Es en ese momento que la gente va a escuchar a toda aquella gente que Jesús les pregunta, ¿qué dice la gente? ¿Me están siguiendo, hermanos? Amén. Es en ese cuadro que se presenta esta situación. Seguramente los apóstoles, los discípulos en determinado momento habían ido a escuchar, ¿no es cierto?, lo que la gente decía, lo que los filósofos presentaban, lo que el pueblo pensaba de aquel hombre llamado Jesucristo, que no se paró en aquella ciudad a dar su enseñanza, pero pasaron por ahí y ya era conocido como uno de los más grandes maestros que estaban en aquel entonces y seguro, no lo dice la Biblia, no lo dice la Biblia, pero usando nuestro sentido común y de acuerdo a la misma pregunta que hace Jesús, de seguro los apóstoles fueron a escuchar lo que era normal, ¿no? Fueron a escuchar alguno de aquellos grandes y a enterarse de todo el pueblo qué idea tenían de este hombre llamado Jesucristo. Por eso es que les pregunta, ¿qué dice la gente de mí? ¿Y por qué me atrevo a decir todo eso? Porque ahí mismo le dicen, "Ah, unos dicen esto, ah, unos dicen lo otro." O sea, andaban metidos en el pueblo, ¿o no? Habían ido a escuchar y era tanto así que hasta se les olvidó que no creen en la resurrección, amén, en la encarnación, pero le comenzaron a decir que había reencarnado alguien más en él, ¿o no? Usted leyó conmigo ahí, o algunos dicen que eres fulanito, reencarnado, ¿verdad? O Jeremías reencarnado. Hasta se les olvidó eso por lo que el pueblo dice. No lo reprendieron a decirle, "No, no, no, eso no es así, porque la muerte es una y ya se acabó. Escrito está que el hombre muere una vez y después el juicio." Nada de eso pudieron decir porque todavía no estaba escrito Hebreos, ¿verdad? Pero sí comienza ese vaivén. ¿Qué dice la gente? ¿Quién soy yo? ¿Se imagina si Jesús se apareciera hoy en día y dijera, "¿Quién dicen ustedes que soy yo? ¿Cómo lo ven? ¿Cómo me miran ustedes? ¿Soy el Dios de los milagros? ¿Soy el Dios que les suple? ¿Soy el Dios que los sana? ¿Soy el Dios que los salva? ¿Soy el Dios que los perdona? ¿Quién soy yo para cada uno de ustedes?"

Entonces viene la situación donde sabe usted que Pedro fue el único que respondió sabiamente, ¿verdad? "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Solo hay otro apóstol en la historia de los evangelios que hace esa confesión también delante de otro. ¿Se acuerda de aquel Tomás? Juan 20:28 nos hace mención a esto. Cuando el Señor se aparece, Tomás entonces se presenta y lo mira y entonces se convence de que de verdad el Cristo que había visto crucificado, morir en la cruz es el mismo Cristo que ahora tiene enfrente, no más que ya en poder, glorificado, resucitado. Y cuando lo ve y el Señor le dice, "¿Me estás viendo ahora? ¿Puedes creer? Mete tu mano, mete tu dedo en mi mano y mete tu mano en mi costado para que veas que yo soy." Y cuando aquel hombre hace aquello, entonces hace esa confesión, entonces Tomás respondió y le dijo, "¡Señor mío y Dios mío!" Hasta ahí usted, hasta que lo vio resucitado, "¡Señor mío y Dios mío!" ¿Y qué era para él antes? Entonces, piense conmigo, ¿qué era para él entonces? ¿Un maestro solamente? ¿Alguien a quien él siguió porque le daba de comer o porque le gustaba la forma en como hablaba? Pero hasta que comprueba aquello declara, "Mi Señor, mi Dios."

¿Cómo andaremos nosotros con todo esto? Me pregunto yo, ¿será que alguno de nosotros hemos hecho esa confesión diciéndole, "Señor, tú eres mi rey, tú eres mi guía, tú eres mi salvador, tú eres mi todo"? Ahora yo le traigo el reto a usted. Y si él es nuestro rey, ¿por qué es que no lo adoramos como rey? Y si él es nuestro guía, ¿por qué es que no le seguimos como nuestro guía? ¿Por qué es que siempre tomamos nuestros propios caminos si sabemos que él es el camino? ¿Por qué tomamos nuestras propias decisiones cuando la Biblia nos invita a que conversemos con él, a que platiquemos con él, a que le pidamos sabiduría? "Ay, es que yo no sé qué hacer." No tiene sabiduría. Dice la carta del apóstol Santiago, "Pídasela a Dios y él te la da y te la va a dar en abundancia." Pídele a Dios sabiduría, pero si es tu guía, pero no le pedimos, no lo seguimos. Él es nuestro rey, pero no nos sometemos como súbditos, sino que siempre queremos hacer nuestra propia voluntad. Oh, no, no, no. Él es mi todo. ¿Por cuántos partidos de fútbol lo has cambiado? ¿Por cuántos partidos de béisbol lo has cambiado? Si él es tu rey, ¿por qué no le sirves como rey? Si él es tu guía, ¿por qué no lo sigues como guía? ¿Por qué lo cambias por cualquier otra cosa? Una ida a la playa, como que si se va a ir el mar, ya no lo va a encontrar usted después. Hermano, el mar ahí va a estar siempre. La iglesia no. Algún día de estos la Biblia dice que la iglesia va a ser arrebatada y ya no nos vas a encontrar, ya no vamos a estar. Y ahí es donde viene la gran pregunta, ¿y dónde están todo ese montón de evangélicos? Aleluya. Para tu información, tenemos una promesa maravillosa que él nos va a venir a levantar un día de estos. Yo no sé cuándo, pero sí sé que lo va a hacer. Un día de estos viene el Señor por su pueblo. Es lo que dice la escritura. ¿Y qué va a suceder? Ya lo declaraste tu rey, sírvele. Ya lo declaraste tu Señor. Usted sabe lo que significa Señor, amo. Él es tu amo. Y entonces, si es tu amo, ¿por qué no lo adoras como amo? Perdón, hermano, pero pero yo creo que tenemos que llegar al momentito donde tenemos nosotros que ver si lo declaraste como rey, si lo dijiste, sosténlo. Si lo llamaste tu Señor y tu Salvador, sosténlo. Mantente firme en eso. No lo cambies por cualquier cosa, hermano. No lo cambie por cualquier cosa. Lo cambiamos tan tan fácilmente, tan fácilmente pareciera que no es quien nosotros decimos que es. Por eso la gran pregunta, ¿qué le vamos a contestar a Jesús? ¿Quién es él para nosotros? ¿Quién es para ti en particular en cada corazón? ¿Quién es Jesús? Porque la pregunta primero es popular. ¿Quién dicen los hombres? ¿Qué dice la sociedad? Oh, no, no. La religión es el oprobio de los pueblos. Okay, está bien. ¿Qué dice la sociedad? Es que solo los tontos son cristianos. Es que a los que van a la iglesia les lavan el coco. Está bueno, no es problema. Está bien, ¿no? Yo te quisiera decir algo. La iglesia puede que esté llena de locos, de tontos, de pobres y de lo que usted quiera, pero vamos con destino al cielo. [Aplausos] Eso es lo más lindo de todo esto. Es que le lavaron el coco, pero yo sé para dónde voy. Es que el pastor te roba el dinero, él va a dar cuenta, pero yo sé a dónde voy porque lo doy con corazón sincero. La Biblia dice que Dios ama al dador alegre. No, no le importa a usted. A poco cuando va a Disla y paga los 100 pesos del parqueo, después va a reclamarlos otra vez. Ya los 100 pesos ya no son suyos, ¿o no? Vaya al mercado y compre lo que usted quiere y después regrese. "Regrésame mi dinero, por favor." A ver qué le dicen. La migra le van a echar tanta cosa está. No, hermano, no, eso no es suyo. Ya pagó, ya pagó. Eso es lo que le duele al. Eso es lo que le duele al cuando nos ve a nosotros y mira a Luis y dice, "Pero es que Luis era mío. Yo le gustaba irse a meter al baile allá con las congas. No, no, no. Si este Fran Cueva, mira, yo lo tenía en las discotecas, pero era el centro de la discoteca. Hm. Ahí lo ponía como trompo. Ah, y él dice, "Pero son míos." Y Jesucristo dijo, "No, yo ya pagué por ellos con mi vida, con mi sangre y con todo mi ser. Así que ya no son tuyos, me pertenecen a mí." Eh, se acabó. Y cuando usted ya le pertenece a Dios, el diablo no puede hacer nada, nada. Porque cuando Cristo oró al Padre y le dijo, "Padre, de lo que me diste, no he perdido uno solo." Estamos en las manos de Dios y de ahí ni el diablo nos arranca. Pero sostenga lo que dice, hermano, sostengámoslo. No lo cambiemos por cualquier cosa, hermanos. No lo cambiemos. Yo, perdona si voy a ser un poco más personal, pero me encanta, me llena, me sobrellena cuando tenemos personas nosotros acá en nuestra iglesia que llegan primero que nosotros y viven mucho más lejos que nosotros y son los primeros en llegar. Y vienen de lejos. Usted que viene de aquí a 10 minutos y ya viene a las 11 y pico. Los hermanos que vienen desde Moreno Valle y están aquí a las 9:30 y usted que vive al cruzar la calle viene tarde. Y usted sabe que es una ley social. Entre más cerca vive de su trabajo, más tarde llega. Más tarde llega. Mi hermana Yolanda dice que vive como a 5 minutos de su trabajo y llega robando base. Sí. Llega robando base y ch a marcar, ¿verdad? Ya. Safe. Es que así somos, hermanos. Así somos. A veces entendemos que tenemos un Dios todopoderoso, que todo lo sabe, que todo lo puede, pero seguimos dependiendo de otras entidades para hacer nuestras cosas. Seguimos dependiendo de aún de nosotros mismos cuando Dios nos ha dicho en su palabra, "Sin mí nada podéis hacer." Y Pablo después dice, "Pero con Cristo todo es posible." ¿Por qué? Porque "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Esta es la diferencia, ¿no? Pero si lo confesamos, sostengámoslo. Mi mensaje de hoy es muy sencillo. Si lo has confesado, sosténlo. Sosténlo. Haz de él lo que tú has dicho que es él en tu vida, en tu corazón. Y si no lo has confesado, pues sería bueno que aprendieras y comenzaras a entender la escritura que dice que "todo aquel que confesare que Jesús es el Señor será salvo." Eso no lo dice la iglesia, hermano. Eso no lo decimos los pastores. Eso lo dice la palabra de Dios. Confesar y luego sostener, porque en el momento que tú confiesas, Jesús te agarra de su mano.

Esta semana, por ahí terminando, miraba una de las predicaciones clásicas de mi pastor de atrás. Y en el tiempo de la guerra en mi país, él nos enseñó algo muy sencillo. Decía él, "El triángulo del éxito." El triángulo del éxito. ¿Cuál es el triángulo del éxito? Tu casa, tu trabajo, tu iglesia. Tu casa, tu trabajo, tu iglesia. Te mantienes en ese triángulo, no te metes en problemas. No te metes en problemas. Eso, eso él nos lo metió en la cabeza tal forma que nosotros no andábamos metidos en problemas ni en manifestaciones ni en aquello, no, porque de mi casa al trabajo, a la iglesia, a la casa, al trabajo, a la iglesia, no se mete en problema, usted no se mantiene bien sin tantas cosas. Y una de esas predicaciones, él decía, las dos cosas más importantes que yo quiero que sea usted en este día, nunca se suelte. y nunca se rinda. Nunca se suelte de la mano de Dios y nunca se rinda. Porque si Dios está contigo, ¿quién contra ti? No te sueltes, no te rindas. Si lo dices, sosténlo. Si lo has creído, manténlo. Si lo crees con todo tu corazón, compártelo. Pero no te sueltes y no te rindas. Es un mensaje tranquilo, sencillo. Dos, dos palabras lindas, pero que si las ponemos en nuestro corazón, hermano, ¿quién está contra un hijo de Dios que está bajo la voluntad de Dios? No ha nacido el incircunciso que detenga a un hijo de Dios que camina bajo la voluntad de Dios. No lo hay, niá tampoco. Y cuando permanecemos firmes en nuestra fe, en lo que hemos dicho, en lo que hemos sostenido, Dios se glorifica. Por lo tanto, termino diciéndole solamente a usted que pueda estar en medio nuestro, a usted que nos mira quizás por primera vez, confiesa, sosténlo, porque en el momento que confiesas, Cristo viene a tu corazón y cuando lo sostienes, él te sostiene también en su mano poderosa. Incline su rostro un momentito, por favor, para poder terminar el día de hoy.