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Minibiografía: Hernán Cortés

Clío8:27

Transcription

Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano nació posiblemente en julio de 1482. Vio la luz en Medellín, España, en la región de Extremadura, una de las más violentas en la España medieval debido al constante combate entre las fuerzas musulmanas y cristianas. Fue hijo único de Martín Cortés, un hidalgo pobre originario de Salamanca que luchó por la reconquista de Granada. Su madre, Catalina Altamirano, fue una mujer muy religiosa. Hernán Cortés fue primo lejano de Francisco Pizarro, conquistador del otro gran Imperio de América precolombina, el Imperio Inca.

De niño no disfrutó de buena salud e incluso estuvo a punto de morir, pero fue salvado por su ama de leche. A los 14 años, como era costumbre en las familias de hidalgos, Cortés ingresó en la Universidad de Salamanca para aprender latín y derecho. Impulsado por su espíritu de aventura, Cortés llegó al Nuevo Mundo en 1504, a los 22 años. Su primera acción militar de mérito fue su participación en la conquista de Cuba, donde actuó como mano derecha del adelantado Diego de Velázquez.

En 1519, con cierta reticencia, Velázquez designó a Cortés para dirigir la tercera expedición a costas mexicanas. Contra el plan de Velázquez, que no iba más allá de continuar las exploraciones en el litoral y los intercambios con los nativos, Cortés levantó por su cuenta una flota más grande. En la nave principal mandó poner esta inscripción en latín: “Hermanos, sigamos la señal de la Santa Cruz con fe verdadera, que con ella conquistaremos”. Cuando Velázquez quiso detenerlo, Cortés y sus navíos ya habían partido.

Su primera parada en México fue la isla de Cozumel, junto a la Península de Yucatán, en donde se encontró con indígenas mayas. El diálogo con los pobladores fue posible pues no era la primera expedición española que hacía contacto con ellos. Ahí se enteró que había algunos españoles en la zona que, al naufragar, habían sido tomados como esclavos por los mayas. Cortés se comunicó con ellos y, poco después, se encontró con Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Jerónimo de Aguilar se alistó rápidamente con la expedición de Cortés y fue de gran utilidad como traductor. Pero Gonzalo Guerrero, asimilado a la cultura maya, quien era capitán en su población y tenía una familia—la primera familia mestiza de México—se quedó con su gente y murió luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado.

La expedición de Cortés llegó a la desembocadura del río Tabasco donde, después de un corto enfrentamiento contra los indígenas, finalizado por un cañonazo que provocó el miedo y la rendición de los nativos, Cortés y sus hombres recibieron como ofrenda 20 esclavas. Entre ellas, aquella que fue bautizada con el nombre de Marina, Doña Marina, también llamada Malinzin o La Malinche. Hablaba con fluidez el maya y el náhuatl. Ella y Jerónimo de Aguilar, hablante a su vez de maya y de español, fueron los traductores de Cortés durante la conquista de México. Pero, además de esto, Marina se convirtió en la asesora política del capitán español y en una astuta negociadora con los indígenas, con lo que contribuyó en gran forma a la victoria de los europeos.

Cortés se informó también en aquellas costas sobre el Imperio mexica y el dominio que tenían en la región. Dedujo que la única manera de conquistar en su totalidad a este nuevo mundo era avanzando hacia el interior del país y tomando la capital de los mexicas, la gran Tenochtitlán. Aunque su intención de descubrimiento era clara, Cortés estaba limitado por no tener capacidad jurídica para conquistar o poblar la nueva tierra. Para resolver este problema, fundó en 1519 la Villa Rica de la Veracruz, cuyo nuevo ayuntamiento lo designó capitán general y justicia mayor. Para este momento, la noticia del arribo de los españoles ya había llegado al palacio de Moctezuma, que esperaba tranquilizarlos y alejarlos con los regalos que les envió; pero estos obsequios solo sirvieron para incrementar la sed de oro de los españoles y su avance era inevitable.

Durante los preparativos para dirigirse a la capital mexica, un grupo de totonacas se presentó ante Cortés para ofrecerle combatir al lado de sus hombres. Así, Cortés se enteró del gran odio que le tenían a los mexicas algunos reinos de Mesoamérica debido a siglos de subyugación y se dio cuenta de la oportunidad de conquista que esto le brindaba. El primer reino con el que se encontraron los españoles en camino a Tenochtitlán fue Tlaxcala, que sometieron tras 18 días de combate. La subsecuente alianza con Tlaxcala fue determinante en lo que vendría, pues le significó miles de guerreros adicionales. Poco después, los españoles tomaron el reino de Cholula, donde se le preparaba una emboscada. Después de cometer una de las matanzas más sangrientas de la conquista, finalmente Hernán Cortés se encontró con Moctezuma en Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519.

Los relatos españoles indican que en cuestión de días hicieron prisionero a Moctezuma en su propio palacio, pero se cree que este proceso pudo tomar meses. Ya al mando provisional de Tenochtitlán, Cortés tuvo que regresar hacia la costa para enfrentar la expedición de Pánfilo de Narváez, enviado por Diego de Velázquez para capturarlo por su desobediencia. Al partir, dejó Tenochtitlán al mando de su capitán Pedro de Alvarado. Este, con desconfianza debido a las continuas advertencias de sus aliados tlaxcaltecas sobre una conspiración, decidió atacar primero y lo hizo en plena celebración de la fiesta de Toxcatl, donde mató a gran parte de la jerarquía militar. Los mexicas respondieron a esta ofensa atacando a los españoles y obligándolos a retirarse al palacio de Moctezuma donde tenían su cuartel. Cortés, que regresó poco después de su triunfo sobre Narváez, trató de apaciguar la situación pidiéndole a Moctezuma que saliera a un balcón para hablar con su pueblo. Provocó así su muerte, pues de la furiosa multitud salió una piedra que golpeó fatalmente al emperador.

Tras algunos días más de acoso de los mexicas contra su refugio, los españoles intentaron escapar secretamente de la ciudad, pero fueron sorprendidos y derrotados en la llamada Noche Triste. El mermado ejército tuvo que refugiarse en Tlaxcala, amargado por la derrota. Cortés decidió tomar a toda costa Tenochtitlán, que gobernaba ya entonces el primo de Moctezuma, Cuauhtémoc. Cortés decidió sitiar la capital para cortar las fuentes de agua y comida y cerrar la salida de sus habitantes, lo que provocó hambruna y una terrible epidemia de viruela. Después de 80 días de asedio, los mexicas finalmente se rindieron y los españoles tomaron la capital el 13 de agosto de 1521.

Victorioso, Cortés se estableció en Coyoacán con La Malinche, con quien tuvo un hijo llamado Martín, mientras se reconstruía Tenochtitlán. En julio de 1522, su esposa, Catalina Suárez, llegó de Cuba y se reunió con Cortés, pero a los pocos meses se le encontró muerta, con el conquistador como principal sospechoso de su asesinato. Más tarde, en ese mismo año, Cortés fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva España, como había decidido llamar al país. Durante los dos años de su mandato, Cortés se empleó principalmente en el establecimiento del dominio español y la evangelización, al igual que nuevas expediciones a regiones aledañas, como fue la de Michoacán en 1524.

Cortés inició la expedición a Honduras, la cual entrañaba grandes peligros por la dificultad de atravesar la selva densa y durante la cual mandó finalmente ejecutar a Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica. A su regreso de la desastrosa expedición, se enteró de las acusaciones que se le habían hecho en España y tuvo que regresar a su patria para defenderse ante el Rey Carlos V, con quien se entrevistó en 1528. Tras enfrentar los cargos, fue absuelto, pero se le retiró su posibilidad de gobernar, aunque se le concedió el título de Marqués del Valle de Oaxaca. En 1535, realizó su última expedición a la actual Baja California; exploró esta región y llamó al Golfo de California “Mar Vermejo”. Aunque unos años más tarde otro explorador lo bautizó como Mar de Cortés. En 1540 regresó a España. Al año siguiente, participó en la campaña de Carlos V en tierras africanas cuando intentó infructuosamente conquistar Argel. Cortés se estableció, a su regreso, en Sevilla, donde murió el 2 de diciembre de 1547. Sus restos fueron trasladados más tarde a México, donde reposan en el Hospital de Jesús, fundado por él.

Admirada durante los tres siglos del dominio español en México y vituperada después de la Independencia, la figura de Cortés, más allá de las comprensibles polémicas, refleja la unión de dos mundos y el apogeo de la época de exploración y conquista española en el mundo, que permitió a ese imperio expandir enormemente sus territorios y alcanzar la supremacía global en los dos siglos siguientes.