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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas.
Gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído, todo como les habían dicho. Al cumplirse los 8 días, tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el Ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Siéntense un momentito, queridos hermanos. Hoy estamos celebrando la solemnidad de María, Madre de Dios. ¿Y por qué María es Madre de Dios? Porque María aquí dio a luz a Jesús, y Jesús es Dios, ¿sí o no? Sí. Jesús es el Emmanuel, ¿qué significa Emmanuel? Dios con nosotros. Y qué bonito es poner este año nuevo, 2025, en el corazón de la Virgen, nuestra madre. Y yo quisiera, brevemente, que juntos hoy hagamos tres acciones con relación a Dios para terminar este año como los que somos creyentes, discípulos de Jesús.
En la mañana estaba escuchando las noticias y escuchaba que hoy muchas personas hacen su baño de florecimiento. ¿Eso está bien o está mal? Pésimo. Hay que bañarse todos los días y punto. Nada de baño de florecimiento. Eso es superstición. ¿Y un cristiano tiene que ser supersticioso? No. ¿En quién tenemos que confiar? En Dios. Es un pecado. Muy bien. Tu bendición, Juan Francisco. ¿Escucharon a Juan Francisco? A ver, bañarse con flores, leer el horóscopo, todo eso es pecado, ¿sí o no? Sí. Ofende a Dios. Tienes que confiar en Dios y punto.
Hoy les animo a vivir tres puntitos. Primero, hoy le decimos a Dios: gracias. ¿Qué le decimos hoy a Dios? Gracias. Porque él no se deja ganar en generosidad. Dios siempre bendice. Qué bonito lo que hemos escuchado en la primera lectura: "El Señor te bendiga, te proteja, ilumine su rostro sobre ti, te conceda su favor". Dios siempre bendice. Y en la medida que nos acercamos a Dios, somos bendecidos por Dios. En la medida que nos alejamos de Dios, perdemos las bendiciones de Dios. Hoy le decimos a Dios: gracias por este año 2024.
Ya que veo a muchos niños y me alegra ver a tantos niños, y felicito al coro que tenemos, espectacular, mejor que el coro de los Niños Cantores de Viena. Hay un cuento muy bonito que es para niños, pero es para todos, en realidad. Y es el siguiente: una vez un panadero le regaló a un mendigo un pan. Y el pan le dijo: "Gracias". Perdón, el mendigo le dijo "gracias" al panadero. Ya estoy hablando tonterías. El mendigo le dijo "gracias" al panadero, y el panadero le dijo: "No me des gracias a mí, dale gracias al molinero". Y el mendigo fue al molinero y le dice: "Gracias". Y el molinero le dice: "No me des las gracias a mí, dale gracias al agricultor que sembró el trigo". Y el mendigo va al agricultor y le dice: "Gracias". Y el agricultor le dice: "No me des las gracias a mí, dale gracias a Dios, que hizo posible que saliera el sol, que hizo fértil a la tierra, que envió la lluvia desde el cielo". Hermanos, siempre hay que darle gracias a quién. A Dios. Hoy le damos gracias a Dios por este año que ya está terminando. Y también le damos gracias a Dios por las cruces que hemos tenido, porque Dios bendice con la cruz y Dios nos ha dado muchas gracias para superar los problemas que nunca van a faltar en nuestra vida.
El segundo punto que les invito a vivir hoy es hacer un buen examen de conciencia. ¿Cuál es el segundo punto? Hacer un buen examen de conciencia. Hay que hacer un buen examen de conciencia. Cuando termina el año, las empresas, las instituciones hacen un balance: ingresos, egresos, superávit, déficit. Hacen un análisis de cómo han ido las cosas. Lo mismo tiene que pasar con nosotros. Hagamos un examen de conciencia. Pensemos qué cosas buenas hemos hecho el año 2024. Y también hagamos examen de conciencia de todo aquello que no hemos hecho bien, de las veces que le hemos fallado al Señor, de aquellas veces que no le hemos respondido a Jesús. Hagamos examen de conciencia.
Y lanzo algunas preguntas: ¿He cuidado la oración todos los días? ¿No he dicho de vez en cuando? ¿Qué he dicho? ¿Todos los días? ¿He rezado todos los domingos? ¿He venido a misa? ¿Me he acercado con frecuencia a la confesión? Porque todos somos pecadores, yo el primero. ¿Hemos tenido paciencia, comenzando en la casa? ¿Hemos sido personas solidarias, generosas? ¿Hemos sabido escuchar? ¿Hemos sabido aceptar las correcciones? Y así podría seguir. Hagamos examen de conciencia. Nos hace mucho bien hacer examen de conciencia. Y todo lo bueno que hemos hecho es para dar gracias a Dios, porque si hacemos cosas buenas es porque el Señor nos mueve. Y lo malo que hemos hecho es para pedir perdón a Dios y también al prójimo, si lo hemos ofendido, y para acercarnos al confesionario.
Y el tercer punto: saquemos hoy un propósito de lucha. ¿Qué he dicho? Saquemos hoy un propósito de lucha. Un propósito de lucha. ¿Qué significa? No significa que te vas a bronquear con tu esposo, con tu esposa. No. ¿Qué significa? Un propósito de lucha que tenemos que detectar, y por eso hay que hacer examen de conciencia, en qué es lo que fallamos más. Y vamos a prometerle al Señor luchar en ese punto concreto. De repente, por un ejemplo, me he acostumbrado a ser una persona irascible. Pues ahí tengo un punto concreto. ¿Qué punto sería de lucha? La paciencia. O de repente me he acostumbrado a mentir. Entonces, ¿cuál sería el punto de lucha? La veracidad. Cada uno tiene que saber ver por dónde le aprieta el zapato, y ese es su punto de lucha.
Hay un cuento, no sé si ustedes saben el cuento de los tres leones. ¿Lo saben? A ver, si lo cuento bien y no como el cuento del que el pan habló. Se dice que había que elegir al rey de la selva entre tres leones. Habían tres leones y el monito, que era el animal más sabio de la selva, reunió a todos los animales y dijo: "Hay tres leones, pero solamente uno puede ser el rey. Entonces, para elegir al rey, vamos a dar a los tres leones un reto: que suban a la montaña más alta". Y los tres leones aceptaron el reto. El primer león intentó y no subió, no pudo, se cansó. El segundo león intentó y no pudo, se cansó. Y el tercer león también intentó y no pudo. Entonces el mono dijo: "¿Cómo vamos a ahora elegir al rey? Los tres han fracasado". Pero el águila habló y dijo: "Yo tengo la solución, porque yo he estado volando alrededor de la montaña y yo he escuchado lo que han dicho cada uno de los tres leones". El primer león, cuando ya no podía más, dijo: "Montaña, me venciste" y bajó. El segundo león, cuando ya no podía más, dijo: "Montaña, me venciste" y bajó. Y el tercer león dijo: "Montaña, me venciste, pero mañana yo te voy a vencer". ¿Cuál de los tres fue elegido rey? ¿Cuál? El tercero. A ver, ¿qué niño me explica por qué? ¿Qué niña? A ver, tú. Al toque levantaste la mano. Ven, nena, ven. No me hagas quedar mal. ¿Por qué el tercer león fue elegido rey? Porque él dijo que lo iba a hacer mañana y se va a cumplir. Hacerlo ya. Muy bien. Porque tuvo la fuerza de voluntad. Bien. Fue el único que tuvo esa fuerza de voluntad, es decir, que sacó un propósito de lucha. ¿Entendiste? No. Muy bien. Bendiciones, hija. ¿Entendieron el cuento? Lo conté bien.
Seguramente hemos fracasado en muchos puntos el año 2024. Seguramente hemos tenido muchas caídas el año 2024. Somos débiles y frágiles, pero lo que el Señor ve es la lucha que ponemos. Por eso, hoy sacamos un propósito de lucha. Hoy le vamos a pedir a Jesús que nos dé la gracia para mejorar en todo aquello que sabemos, con conciencia, que tenemos que mejorar.
Y termino con un detalle del Evangelio muy bonito. Los pastorcitos llegan a Belén y se encuentran con el niño Jesús. Pero el niño Jesús no estaba solo, estaba con María y José. Y cómo vuelven los pastorcitos luego de ver al niño Jesús, a ver, ¿quién me dice? ¿Han estado atentos? ¿Cómo vuelven? Vuelven alegres. Pero, ¿qué más dice el evangelio? Que regresaron contándose chistes. Regresaron felices. Claro que felices. Regresaron alabando a Dios y dando gloria a Dios. ¿Cómo regresaron? Alabando a Dios y dando gloria a Dios. Pues hoy le pedimos a la Virgen que nos ayude para que este año 2025 demos gloria a Dios con nuestra vida y que nuestra vida sea una alabanza a Dios. Que María Santísima nos ayude a todos para que este año 2025 estemos más centrados en Jesucristo. Y feliz año para todos ustedes, queridos hermanos.
Hoy contemplamos a la Virgen como la Madre de Dios. Ella también es nuestra madre. Hoy ponemos en su Inmaculado Corazón todas nuestras intenciones para este año 2025. Tres puntitos. Primero, hoy decimos: Gracias. Gracias, Dios. Gracias, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por todo lo que nos has dado este año 2024. Segundo puntito: hoy hacemos un buen examen de conciencia. Hay que ver dentro, hay que ver lo que hemos hecho bien en el año 2024 para dar gracias a Dios. Y lo que hemos hecho mal para mejorar, para corregir, para pedir perdón a Dios y también al prójimo, si hemos ofendido a alguien. Hoy es un buen día para reconciliarnos. Y número tres: sacar un punto de lucha. Hay que ver en qué vamos a luchar el año 2025. De repente, la paciencia. De repente, la veracidad. De repente, la pureza. De repente, la amabilidad. Que cada uno vea por dónde le aprieta el zapato.
Vamos a pedirle a nuestra Madre que nos ayude para que el año 2025 estemos más centrados en Jesucristo. De manera especial, le pedimos a nuestra Madre que conduzca al cielo a nuestras hermanas Graciela Harvey Bravo y Zoraida Bravo Pedreros, quienes hemos ofrecido la misa.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de la Salvación. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Van a inclinar sus cabezas y todos decimos: Amén. A cada invocación.
Dios, fuente y origen de toda bendición, les conceda su gracia, derrame sobre ustedes la abundancia de sus bendiciones y los proteja durante todo este año 2025 que ya comenzamos. Que Dios misericordioso los mantenga íntegros en la fe, inconmovibles en la esperanza y, en medio de las dificultades, perseverantes hasta el fin en la caridad. Que Dios nuestro Padre les conceda un feliz y próspero año nuevo en compañía de María, nuestra Madre, y escuche siempre sus súplicas y los lleve a la vida eterna. Amén.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
De corazón les deseo un feliz año 2025. Unidos en Jesús y María. Bendiciones. Les encomiendo. Pueden ir en paz.
¡Que viva María, Madre de Dios!
[Aplausos]