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Homilía 19.06.2026 / Viernes 11ª semana Tiempo Ordinario

En ti confío4:02

Transcription

Viernes de la undécima semana del tiempo ordinario. El evangelio es Mateo 6:19-23.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Hacéos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban, porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es tu ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz. Pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará oscuras. Si pues la luz que hay en ti está oscura, ¿cuánta será la oscuridad?"

No, no amontonéis tesoros en la tierra, pero fijémonos bien, no es cuestión de cantidad. Puede haber también tesoros materialmente pequeños, pero son tesoros. El problema es el afecto desordenado. El tesoro es aquello a lo que se adhiere el corazón. Es lo que amas. Eh, repito, no es cuestión de cantidad. Puede haber también pobres que tengan su corazón puesto en las riquezas. También podría haber ricos que estén desprendidos en el afecto de sus riquezas, pero obviamente hay que decir que el peligro de la del apego a las riquezas en los ricos, obviamente será grande. Será grande, ¿no?

"Donde está tu tesoro, ahí estará también tu corazón." Es una expresión clave, es una especie de diagnóstico espiritual. ¿Dónde están tus apegos? ¿A qué está apegado eh tu corazón? ¿Cuál es tu tesoro? Si alguien desea conocer el estado interior de su alma, puede hacerse unas preguntas muy objetivas. ¿Qué es lo que suele ocupar mis pensamientos? Y está tu tesoro. Eh, ¿qué es lo que temes perder? Quizás tu salud, quizás qué es lo que te obsesiona perder, qué es lo que te produce mayor alegría. Entonces, de esa manera uno identifica su verdadero tesoro. Eso es un una manera de diagnosticar espiritualmente dónde tenemos puesto nuestro corazón.

Pues bien, eh se nos invita a alzar la mirada, eh a mirar al cielo, atesorar tesoros en el cielo. No basta con intentar purificar los apegos, no hay que iluminar, enamorar nuestro corazón de Dios. El tesoro celestial está constituido por las obras que Cristo nos permite realizar. Son las obras de misericordia. Nada de lo hecho por amor a Dios se pierde. Eh, es como eso de atesorar tesoros en el cielo. Es como una invitación a una inversión espiritual. Los hombres suelen buscar asegurar sus bienes no materiales sin lugares seguros. Cristo nos enseña que el único lugar verdaderamente seguro es el cielo. Atesorad tesoros en el cielo. Pon tu corazón en Dios. ¿no? Y que ese sea tu tesoro. De esa manera también te purificarás, tendrás la luz suficiente para poder purificarte de los apegos materiales, ¿no?, de tu corazón.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

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