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Liberacióny sanidad del Alma. Parte2 /Pra. Lisney de Font/29-11-2020

Juan y Lisney de Font1:22:03

Transcription

¿verdad? Ahora sí, vamos a saborear. Amén.

Ahí oramos: Padre, en el nombre de Jesús, gracias, Señor amado, por tu amor y tu inmensa e infinita misericordia. Gracias, Dios mío, porque solo tú nos das el privilegio de estar en tu casa, casa, de ser bendecidos, y tocados y ministrados por tu palabra. Todo aquello que impida el fluir, Señor, de tu presencia, lo estamos atando y reprendiendo en el nombre de Jesús. Y declaramos, bendito Dios, que esta es una de libertad en el nombre de Cristo, donde tú, Señor, fluyes en nuestra vida, haciendo los cambios y los arreglos necesarios. En el nombre de Jesús, amén y amén. Gloria sea a Dios.

Rapidito hago un recuento para los que levántame la mano los que no estuvieron en el primero. Se lo perdieron, qué mala yo, ¿verdad? Como si usted no quisiera. Pero en el primero estuvimos hablando, ay, no sale, ¿qué hago? Ok, ok. Sí, pero tengo que correrlo hasta el segundo. Ok, ahí está. Eh, el en el primer tiempo estábamos hablando sobre el peligro de no sanar. Somos un ser tripartito, compuesto por cuerpo, alma, y espíritu. Y lo impresionante de nosotros es que en en el alma, en el alma, que es donde está todo el caos que no podemos imaginar, en el alma están aquellos tres asientos a los que amamos: sentimientos, emociones, voluntad, y el intelecto, que es donde está la memoria. Normalmente el ser humano vive sufriendo, hilas, y los sufrimientos, o los acontecimientos negativos en la vida de una persona, era el alma. Cuando una herida en el alma pues está ahí y no se ha tratado y no se ha sanado, esa herida se convierte en un punto de acceso o en un punto de entrada para los espíritus inmundos.

Voy a explicar para que me pueda entender. Toda herida es el orificio a través del cual el enemigo entra para poseer, conquistar y apoderarse de un territorio del alma. El acceso del enemigo, al alma es a través de una herida. Es por eso que necesitamos entender que hay un peligro cuando la herida no sana. Hay un peligro cuando la herida no sana. Las heridas abiertas son puertas de acceso a demonios. Las heridas abiertas supuran y desprenden un mal olor, que es el alimento y la atracción de otros espíritus inmundos. La libertad es efectiva cuando hay sanidad. Estoy recapitulando lo del primer tiempo. La libertad es efectiva cuando hay sanidad. Alguien puede ser libre, al ser libre, el espíritu inmundo sale, pero si la herida no se sana, el espíritu inmundo va a poder regresar y acceder porque la herida es la puerta de acceso al retorno de un espíritu.

La Biblia dice: Cuando un espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, no lo encuentra. Entonces dice: Volveré a mi casa. Él conoce el el recorrido en la entrada para poseer un área y un territorio del alma. Entonces, para poder deslegalizar, desautorizar al enemigo, hay que trabajar la herida, porque aunque desalojemos un espíritu, va a haber la esperanza de que retorne si esa área no es sanada, no es trabajada. Entonces, ellos van a poder a volver a acceder al área del alma por una herida que no se sanó, y que es la puerta de entrada de ellos. Entonces, la sanidad del alma es más efectiva para la liberación que cuando hay liberación sin la sanidad del alma. La gente quiere ser libre sin sanar. Quiero ser libre de la depresión, pero no quiero hablar por qué empezó la depresión. Yo quiero ser libre del suicidio, pero yo no quiero contar de que a mí me violaron cuando yo era niño. Entonces, si yo no trato la herida, esa herida abierta siempre va a ser una puerta, un acceso para que un espíritu entre, y junto con este espíritu van a regresar siete.

El error de la iglesia es que busca libertad sin sanidad, y cuando se busca libertad sin sanidad, caemos en ciclos. Que lo que es ciclo: me liberan hoy, al cabo de seis meses, vuelvo a caer en una crisis depresiva, vuelvo y me ministran y me liberan, vuelvo a caer en una crisis depresiva, y llega el punto donde muchos tienden a decir: Es que nunca se es libre. No, si se es libre, el problema es que no se ha sanado la herida, que es el acceso, la puerta para que el espíritu retorne. Lo impresionante es que el enemigo conoce mejor tu alma que tú mismo. Por lo tanto, el enemigo sabe cómo va a acceder a esa área del alma que él en algún momento conquistó, cuando usted muchas veces ignora cuál es el área del alma que ha sido sanada.

Las heridas del alma, entre más vieja, más peligrosa son, más peligrosas son. Cuando hay una herida en el alma, siempre van a haber estímulos externos que van a aumentar el dolor y que nos van a alejar de la raíz del problema. ¿Qué es esto? Una, digamos que fue una violación, esa es la raíz, esa fue la herida, pero no solo entra un espíritu de violación, sino junto con él, culpa, vergüenza, menosprecio, depresión, ansiedad. Y llega un punto donde nos centramos en lo que más nos afecta, pero nos olvidamos cuál es la raíz del problema. Todo el mundo se centra en: Yo tengo problemas depresivos. Sí, pero ¿cuál fue el origen del problema depresivo? Entonces, como como el mundo espiritual es como una cadena, llega el momento donde le importancia a lo que realmente es importante, y nos olvidamos de que hay algo que está latente y que está atando a nuestra vida impidiéndonos desarrollarnos. Ignorar una herida nos está impidiendo ser libre. Hay gente que prefiere ignorar lo que está pasando, creyendo que al ignorarlo, no estará presente el dolor. Y esto pasa y lo veíamos al principio cuando la herida se como una necrosis, cuando el el tejido muere. Usted puede llegarse a sentir insensible ante lo que sucedió, pero la verdad no es que ya siente lo que sucedió, sino que hay tantos problemas que se han sumado a la situación primaria, que dejamos de prestarle atención al problema primario y empezamos a enfocarnos en lo que nos está afectando en el hoy, sin darnos cuenta cuál es la raíz del problema.

Entendiendo esto, vamos a desarrollar entonces ahora la segunda parte. Y quiero que me acompañe a leer Segunda de Samuel nueve, tres. Fue con el que cerré y dice la Biblia: Y el rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl a quien haga yo misericordia de Dios? Y Ziba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Ziba respondió al rey: He aquí está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodebar. Lodebar significa "no palabra", "no lenguaje". Donde "lo" significa "no" y "debar", significa "palabra". Entonces, ¿cuál era el lugar donde Mefiboset había escogido para vivir? Un lugar donde no había palabra, un lugar donde no había lenguaje, un lugar donde no había un idioma. ¿Qué representa esto? Que cuando hay una herida en el alma, vamos a encontrar comodidad en no hablar del asunto. ¿Cuántos están casados? Hermano, ¿cuántos tienen problemas? El arma más destructiva de una relación es no hablar del problema que se tuvo. Siempre van a haber problemas. El problema está en cuando no hablamos del problema. Y nos quedamos en el carro y vamos a pasar la página y escogemos vivir en Lodebar, en un lugar donde no hay palabra.

Yo no sé qué tiempo vivió Mefiboset en Lodebar, pero obviamente este joven, usted sabe que había sido huérfano, abandonado, lisiado, enfermo, y de pronto vive en un lugar donde no hay lenguaje. Y cuando llaman su lenguaje era agresivo. Esto me llamó la atención. Escuchen: Nadie podía hablarle al rey de la palab, de la manera en la que Mefiboset le hablaba al rey. Nadie podía decirle: Hermano, es es fuerte decirle al rey: Yo soy un perro, ¿para qué me quieres? ¿para qué me llamas? Yo no me puedo sentar a la mesa, ¿qué quieres conmigo? Soy un perro, hermano. Era faltarle el respeto al rey. Entonces, ¿cuál era la agresividad que había en Mefiboset? Su inferioridad lo hacía agresivo. Su complejo de inferioridad lo hacía agresivo. Hay gente que es agresiva porque tiene un complejo. Hay gente que tiene problemas de ira porque no habla, porque no puede exteriorizar lo que tiene. Entonces, la oportunidad que tiene para hablar, no puede hablar, porque la herida que hay en el alma ha estado segregando enojo, ha estado segregando impotencia, ha estado segregando, y todo esto se convierte en herida no sanada, supura.

Entonces, ¿qué es supurar la herida? Dolor. Y ese dolor no se exterioriza, sino que se interioriza y se empieza a encapsular. Y como se empieza a encapsular, está retenido hasta que hay una vía de escape. Y empieza a comportarse como agresión, violencia, ira, enojo. Cuando usted ve una persona que es altamente explosiva, hay una herida en el alma y esa herida en el alma ha deformado el carácter. Mefiboset estaba herido. Podemos solo con Mefiboset, podemos hablar de más de seis tipos de herida. Estaba herida su paternidad, estaba herido su lenguaje, estaba herido, hermano, físicamente, había había una deformación física que aumentaba la herida del alma. Cuando alguien está herido, se va a encontrar los defectos que usted no puede imaginar, porque las heridas en el alma te impiden aceptarte a ti mismo y conocer quién eres. Una herida en el alma afecta la identidad. La mayor cantidad de lesbianas y homosexuales que hay hoy en el mundo están heridos. Fueron heridos en sus casas, y encontró el hombre, en otro hombre, lo que nunca encontró en su padre. Y la herida en el alma confundió el afecto con que está enamorado o que yo quiero ser homosexual. Hay una herida que no sana.

Muchas que han practicado el lesbianismo, y se lo digo porque pasan por mi oficina. Muchas mujeres que han practicado el lesbianismo, muchas llegaron ahí por una rebeldía, por una herida de algo que ocurría en la casa. Yo escuché una muchacha decir que tuvo cuatro años una relación con una mujer, me lo dijo en la oficina, esperando todos los días que su madre la fuera a sacar de aquella casa. Se fue a vivir con otra mujer para llamar la atención de la madre. Y lo único que ella quería, todas las mañanas soñaba con que la mamá llegara ese día y le dijera: Arriba, vámonos pa' la casa. Entonces, la herida en el alma es el trabajo en secreto del diablo. Por eso hay espíritus que no se manifiestan en un culto, porque están escondidos dentro de una herida. Es un territorio del alma que ha sido conquistado por un espíritu y que ha sido entronado y le da la legalidad al de gobernar un territorio del alma por el silencio, Lodebar, porque no hay palabra, porque no se exterioriza lo que pasa. Y al no hablar de lo que pasa, al no hablar de lo que pasa, estamos autorizando al enemigo.

En el mundo físico, en el mundo real, para que alguien sea sentenciado por una violación, tiene que haber una acusación, ¿cierto? Entonces, la ley puede meter preso a un violador y ejercer justicia cuando se exterioriza lo que pasó. Mientras el hecho está en secreto, el agresor tiene libertad. ¿Cierto o falso? Mientras el hecho esté en secreto, el agresor tiene libertad. Pero una vez que el hecho se denuncia, el agresor es perseguido para ser encarcelado y que pague por lo que hizo. Llevémoslo al mundo espiritual. Mientras usted no denuncie. Pastora, ¿cómo que denuncie? Sí, cuando usted viene frente a un sacerdote, usted en el mundo espiritual está denunciando lo que el enemigo hizo contra suya y hay leyes del reino que le respaldan a usted porque el enemigo no tiene derecho sobre nosotros a no ser que nosotros le demos derecho. Entonces, cuando usted llega y denuncia que la palabra no sería denuncia, sino que...

Pierden la sensibilidad, te olvidarás de ella, pero no dejarán de estar presente ni de afectar el comportamiento. ¿Qué significa esto? Cuando una persona está herida, va a evitar el contacto físico, verbal y visual con alguien. Mefiboset no quería hablar con nadie, él vivía en Lodebar. Déjenme donde nadie me habla. Cuando tu hijo se tranca en el cuarto y no quiere hablar con alguien, no es algo común, es algo negativo. Alguien te dice: No me hablen, no quiero hablar. No, no, no, pero díganme. No quiero decirle nada. Es una mala señal. Cuando uno se acerca en la iglesia, alguien y le dice: Hermana, quiero hablar con usted, mire que siento que usted tiene un problema y Dios me ha revelado y sé que Dios quiere hacer la libre. No, no, no, si yo estoy bien. Ah, le dio legalidad al enemigo porque le está diciendo: No voy a exponer la herida, no voy a exponer la cueva donde vive el enemigo que tiene conquistado un territorio. Entonces, lo que más pasa es que hay gente que no puede no ponerse en riesgo porque las heridas se acomodan. Un herido se va a rodear de gente herida para alimentarse de lo que segrega el otro. Si si una mujer fue violada, sus mejores amigas van a ser violadas. Y eso lo entiende porque cuando ahí hacen, no sé cómo le llaman aquí, esos grupos donde la gente va y habla y habla y habla y se sientan, terapias grupales, ¿verdad? En grupo y allí un grupo, todos problemas matrimoniales y una mujer: Buenas, yo soy fulana. Bienvenida, fulana. Mi esposo me golpea. Y todas lloran. ¿Por qué? Porque se están retru-mentando de lo que segrega la herida ajena. Es por eso que usted busca hablarle a gente de su problema que no le puede cantar las cuarenta y decir lo que realmente pasa. Y usted llama, y usted escribe, y usted se aconseja y yo: Pero yo hablé con fulana, pero yo hablé con Ciclana. Sí, pero como ella es tu amiga, no te va a poder decir lo que realmente te tiene que decir. Entonces, la persona herida evita el contacto porque no puede poner en riesgo las heridas. Esto es una trampa de las tinieblas. Esto es una trampa de la... El diablo no quiere exponerse. Y cuando usted enseña la herida, usted está exponiendo el territorio que el enemigo tiene conquistado.

Hay heridas que pierden la sensibilidad, te olvidarás de ella, pero no dejarán de estar presente ni de afectar el comportamiento. Dígale al que está a su lado: Usted es el resultado de heridas. Nunca he oído la frase: Hoy entro a la iglesia y cambió. ¿Cómo ha cambiado? Ya no es el mismo. Ya no le gusta. Antes se subía en la mesa, en la fiesta, con tres cervezas y bailaba. Ya ni habla. Porque el resultado de aquel espectáculo era un complejo de inferioridad donde yo quería que me vieran. Y treparme en la mesa con una cerveza era suficiente para que la gente me aplaudiera. Y como yo en mi casa no tuve aceptación, yo tenía que buscar en mi círculo social la afectación que yo no tenía en mi casa para alimentar mi herida. Pero cuando vine aquí y me sentí aceptada por Cristo, ya no necesitaba pararme en una mesa a bailar. Entonces, hay gente que dice: ¿Cómo ha cambiado? Claro, porque a medida que sanamos, el comportamiento es cambiado. Yo no puedo intentar cambiar mi comportamiento si yo no sano la herida que altera mi comportamiento. Esto es importante.

Ahora, quiero hablar de algo. ¿Alguien trae medicina en su cartera? Que tendrá una cápsula que me regale. Final, las liberamos para que dejen de tomar medicamentos. No, una cápsula. ¿De cuál? Ok. A diferencia de las pastillas, esto es una cápsula, lo que significa que el medicamento está adentro y cae a su estómago, se desbarata la capa de afuera y empieza a funcionar, ¿verdad? En las heridas se encapsula el dolor. El dolor no desaparece, sino que sencillamente está escondido, encapsulado. Y la cápsula puede estar ahí por años, años, hasta que venga algo que empiece a deteriorar la cobertura que tiene esa herida. Entonces, hay gente que dice: Yo sané. Hace diez años mi esposo me fue infiel, pero ya yo sané. No, no sanaste. Tienes encapsulado el dolor. Hasta que alguien empiece a dañar esa protección y se exponga todo el dolor que tienes dentro. Yo me tomé hace como tres meses, en la cuarentena, el trabajo de ponerme a estudiar expedientes sobre personas violentas, agresivas, altamente violentas. Y todas ellas explotaron con nada. Y yo me enamoré del tema. Mano, gente normal, de hecho, a veces el más pasivo es el más peligroso. Y algo destruyó aquella capita que protege toda la ira que lleva dentro. El enemigo te hace creer que como no se siente el dolor, la herida sanó. No, el problema es que el dolor se encapsuló, está ahí dentro, comprimido, hasta que viene algo y empieza a deteriorar la protección. Entonces, al enemigo le conviene que usted tenga el dolor encapsulado. Al enemigo le conviene que usted crea que está sano.

Le voy a decir algo aquí entre nos. Si Dios permite y este video no llega a Cuba. ¿Sabe cuál es el líder en el que más yo confío? Yo le voy a decir, el que más pasa por una oficina. ¿Sabe por qué? Porque ese te está diciendo que no tiene problemas para abrirte el alma. Cuando la gente se ministra, es altamente confiable. Pero cuando la gente encapsula su vida y: ¡Guau, qué buen cristiano! Es perfecto. Nunca ha tenido un sí, un no en el matrimonio. Es perfecto. Lleva una vida perfecta, es irreprensible. Ese líder es enseñable. Prepárate. Porque cuando todo lo que está encapsulado, al enemigo le convenga exponerlo, va a explotar. Pero mi mayor confianza está en gente que pasa por la oficina y te dice: Nosotros fuimos infieles. Yo me alteré, le metí una galleta, la cogí contra la pared, le ale. Sí, pastor, y yo me defendí, arañé en la cara y lo mordí también. Y uno dice: Dios mío, qué vulgar. Que un líder diga eso, no está evitando que su problema se encapsule, porque esto es una bomba de tiempo. ¿Y sabe qué ha pasado con los ministerios? Encapsulan su problema por la vergüenza. Y el enemigo los deja correr. Y luego vemos gente grande que cae. Su problema nunca se eliminó, se encapsuló. Te devuelvo la cápsula. Esperemos, no te la tomes más. Cuando usted no quiere sanar, cuando usted no quiere sacar lo que hay, cuando usted... Y uno de los cónyuges: Yo creo que tenemos que hablar. Miren lo que dijo la pastora el domingo. ¿Con quién? Ya eso pasó, hace diez años. Sigue encapsulando el problema. Yo quiero que vaya conmigo y miremos esto.

Lidiar contra un comportamiento sin buscar la raíz es perder el tiempo. Una herida sin sanar será la responsable de futuros fracasos. Hermano amado, hermano amado, queremos trabajar el comportamiento sin buscar la raíz del problema, no es efectivo. Todo tiene una raíz y la Biblia dice que mientras la raíz está ahí, hay esperanza. Y lo miramos del lado positivo. Démosle vuelta al verso: Mientras hay una raíz que no se ha tratado, hay esperanza para que el enemigo destruya su vida. Mujer que llegó a mi oficina y dirá, siempre habla de mujeres. En el primer servicio de hoy hablamos de que la mujer no tiene tantos problemas como el hombre en exteriorizar lo que le pasa. Y esta mujer me llegó a la oficina porque su esposo la violaba. Su esposo la violaba. Y la violaba como un chipojo. No sé, aquí como le dicen al chipo, al cahuayo, lagartija. Una lagartijita. ¿Se entiende lagartica, verdad? Ella le tenía pavor a la lagartija, al animal. Y entonces él salía al patio, la cazaba, se la ponía cerca para violarla. Porque la mujer sucumbía. Y cuando aquella situación llega a la oficina, a mí me impresiona tanta. Si es su esposa, puede estar con ella, cuántas veces le da la gana. ¿Cuál es el problema de violarla? Y era obviamente alguien que tenía la necesidad de demostrar una hombría superior. El que se violenta en la en la intimidad tiene un problema, y es que necesita el mismo tratar su herida asegurándose de su hombría. Y yo: ¿Qué pasa aquí? Le digo a él: ¿A ti te violaron? ¡Jamás! ¿Qué pasó? No, no, a mí no me violaba. ¿Qué pasó? Su mamá lo desnudaba y lo ponía en el medio de la sala, desnudo, y pasaban sus primos, sus hermanos, y todo el mundo lo veía desnudo. Eso es todo el que pasaba al ser un niño, hablaba de sus genitales. Mira, qué chiquitico, mira qué palomita, mire. Entonces... Bueno, hermano. Usted se ríe, él lloraba. Y eso le abrió una herida en su alma tan grande, que treinta años después no lograba ser feliz con su esposa y no lograba tener una intimidad saludable y no lograba ser feliz en la cama. Y todo estaba en una herida de la niñez.

Entonces, a veces queremos trabajar un comportamiento cuando no buscamos la raíz. Yo, yo no quiero seguir en la iglesia porque no mejor no hablo. Ahí tienes el problema. No es la iglesia, eres tú. Es una herida de la que no quieres hablar. Pero la herida no es en la iglesia, la herida es vieja. Se encapsula el dolor, y cuando hay un acontecimiento externo que hace que explote la herida, nos damos cuenta cuán vulnerables somos.

En Segunda de Samuel, capítulo trece, verso veintidós y veintitrés. La La dice: No habló con Absalón, ni malo, ni bueno, aunque Absalón aborrecía a Amnón porque había forzado a Tamar su hermana. Aconteció pasados dos años, que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, junto a Efraín, y convidó Absalón a todos los hijos del rey. En este, en estos dos versos, yo no quiero detenerme. Usted sabe que Amnón había violado a Tamar, que Absalón la lleva a vivir con él. Pero yo quiero hablar: todo esto que pasados dos años fue que hizo efecto la herida. Entonces, hay cosas que usted le pasa hoy, y que usted tiene como nada, pero que van a surgir efecto en unos años. Usted era un niño de seis, siete y ocho años. Es niño, se le olvida. Ellos no saben. Esa herida se va a manifestar en la adolescencia. Hay matrimonios que tuvieron cinco circunstancias antes de venir a Cristo, pero en Cristo nunca se trabajó la herida que traían. Y van a surgir efectos hasta diez años después. Pero mira, ahora que están en Cristo, mira cómo les fue. Hubo una herida que nunca se trabajó. Y quizás el dolor no era visible porque estaba encapsulado, pero ahí está. Entonces, hay heridas que trabajan en lo secreto. Una herida sin sanar es una bomba de tiempo que el diablo tiene. Un líder que no ha... Es una bomba de tiempo. Un día con un anciano, un servidor, que no ha sanado una herida, es una bomba de tiempo lo que carga adentro, porque el diablo sabe en qué momento hacer que esa herida explote. El intento de asesinato de Absalón hacia su hermano demoró dos años en manifestarse, y para mí eso es poco tiempo. Leí un estudio donde decía que la lepra podía estar hasta veinte años en el cuerpo sin abrir una sola llaga fuera de él. Veinte años gestándose dentro del organismo. Hay heridas que pueden estar décadas escondidas. O no lo digo, lo digo. Hay hombres que tienen una herida que los convierte en violadores, y por años la tienen dentro hasta que tienen una hija o un hijo y entonces lo violan. Y hay mujeres que se casaron con un violador sin saber que lo era hasta que tiene una hija, un hijo. ¿No es así? ¿Cuántos casos usted conoce? Un papá, un abuelo, un tío. Y entonces, ¿el abuelo cuántos años lo tuvo guardado hasta tener una nieta? Cuarenta, cincuenta años. Bueno, nuestra responsabilidad es sanar la herida. No sanada es un peligro. Es la magnitud de una herida no sanada va más allá de lo que usted imagina. Un matrimonio, él le infiel a ella. Él le infiel a ella, y cuando vuelven a acostarse, o cuando vuelven a juntarse, a ella se le desata un espíritu de promiscuidad incomparable. ¿Por qué? Porque al haber estado con otra mujer, dice que el hombre que adultera, que fornica con una... se hace uno con ella. Entonces, el espíritu de fornicación o de adulterio entra en el hombre, y el hombre viene y se acuesta con la mujer, y el espíritu que trae de aquella, ahora entra en ella. Y de pronto: Mi mujer, no la conozco, es una lujuriosa. Y es porque el espíritu entró, que hay una herida en el alma causada por la infidelidad y por una transferencia espiritual de otro espíritu de fornicación. Entonces, la herida en el alma es una puerta abierta a transferencias espirituales y también es una herida en el alma, es una puerta abierta a depósitos de espíritus.

Tuve un matrimonio en mi iglesia, veinte años de cristiano. Él había sido diácono, servidor, líder de intercesión. La madre de los tomates había sido aquel hombre. Tenía un currículum mejor que el mío, administrador de una iglesia, el que abría, el que cerraba, el portero. Llegó a nuestra iglesia luego de veinte años de ser cristiano, y cuando pasó por la iglesia en una... Hermano, en una hora me dijo: Necesito convertirme. Que cogí una hoja y mientras el tipo hablaba, yo escribí. Le dije: Mira, papito, tienes veintiséis espíritus de lo que es ser libre. No, mejor me convierto, me dijo. Es que no somos transparentes. ¿Qué silencio? ¿Sabe cuál era la herida de Absalón? Saber que su padre no le había hecho justicia. ¿Cuántos padres hay aquí? Cuidado cuando usted no le hace justicia a sus hijos. Estando en Honduras, me llega una familia y me traen un niño. Necesitamos que ore por él. OK. ¿Qué tiene el niño? Dice que es homosexual. Cuando lo miro, precioso. A ver, papito, ¿a ti qué te pasa? Para mí eso es... podría salir. Sí, como no. Y la mala. Sí, pero él es el que tiene que... Necesito hablar con ustedes. Sale el niño. ¿Qué le pasó? Eh, ¿qué le pasó? Nadie se quiere suicidar, hermano, porque amanece con ganas de saltar de un puente. Eso, eso no es así. El suicidio no es más que un espíritu que susurra y escribe en la mente y la persona puede leer y puede escucharse hasta él mismo decirse: Quítate la vida. Es, es un espíritu impresionante cuando usted lo estudia. Impresionante. No me refiero a bueno, es que a mí me gustan, por eso me gusta estudiarlo. No me gustan ellos. Y el espíritu de suicidio en alguien es el resultado de una herida por décadas que no se trató o por años. Cuando pregunto: El niño había sido violado. Y ahí viene la segunda pregunta, ¿verdad? ¿Quién? Porque entre más cercano es el agresor, más profundo es la herida. ¿Quién? Mi hermano, me dice ella. ¿Y usted qué hizo? Nada. Ahí tiene el porqué. ¿Cómo? Usted es la responsable. ¿Cómo que yo soy la responsable? ¿Hace cuánto de esto? Seis años. Su hijo lleva seis años esperando justicia. Su hijo lleva seis años esperando una madre que lleve a su hermano frente a la ley. Usted es más hermana que madre. Es que la familia, hermano, por amor de Dios. ¿Dónde está el código? No lo voy a preguntar porque no se va a atrever a decirlo, ¿verdad? Porque hay cámaras, pero ahí en secreto, usted dice: Yo, sin que nadie lo oiga. ¿Cuántos de los que están aquí fueron abusados, violados, y nunca se hizo justicia? Algunos me hicieron así. Yo: Que no lo dijera. Y quizás sí, pero yo no lo dije. Sí, lo dijo, hermano. Ahí. Hay pequeños lenguajes en el cuerpo de un niño. El cuerpo de un niño cambia cuando es abusado. El comportamiento de un niño cambia cuando es abusado. Muchas cosas cambian. El sueño de un niño cambia, la manera en que duerme, la manera, muchas cosas cambian. Y una herida, muchas veces es porque el alma se quedó esperando justicia. Y Absalón, por dos años, estaba diciendo: En cualquier momento va a entrar mi padre, va a coger a mi hermana de la mano, la va a llevar frente a Amnón y le va a pedir... Dos años. Papá, estoy esperando que mi papá haga algo, porque ella también es mi hermana, y no hace nada porque David lo sabía. Entonces, hay heridas que fueron ocasionadas porque sencillamente hubo un padre no responsable en la vida del hijo. Díganle al que está a su lado: Examínate, a ver si al menos habla de usted. Hermano, necesitamos abrir nuestra alma. Mire, yo me tomé el trabajo un día de hacer un trabajo con mi esposo y mirar todo lo que podía afectar a nuestros hijos. Y yo me tomé un trabajo de escribir todos los espíritus que podían atacar a mis hijos por mi lado. Y me di vergüenza a mí misma. Divorcio, ira, cuántas cosas traigo de mi genética. ¿Y la ven? Ni hablar. Y cuando sumamos los dos, si entonces decíamos: Esto es lo que le damos a nuestros hijos. Elijo el primer hijo de una casa, el primer hijo de una casa siempre va a tener problemas con el padre. ¿Sabe por qué? Porque le tocó enseñar al papá a ser papá. Porque ni ser padre ni ser madre se aprende si no es con un hijo. Y en el aprender hay errores, y en los errores hay heridas. Entonces, los hijos primogénitos son heridos por los padres y esas heridas no las sanamos. Con el primogénito da de más, con el del medio aprende a no dar tanto, y con el pequeño aprende a hablar. Si alguien tiene más de un hijo, debe estar diciendo: Es cierto. Y herimos, porque herimos, pero no trabajamos la herida, porque la herida está. Yo le di de más a mi hijo. Muchas veces creía que entre más le daba, más aprendía. Mi Cris, yo le di y muchas veces me tuve que sentar con él, ya grande, decirle: Papi, ¿te acuerdas cuando mamita...? Sí, me acuerdo. Hermano, se acordaba. Sí, mamá, me acuerdo. Perdóname, amor. Entonces, el grande tiene problemas con el pequeño, porque dice: Es que a ti nunca te dieron como me dieron a mí. Y a ti nunca te disciplinaron como me disciplinaron. Entonces, a veces, los hermanos se fajen por culpa de los padres. Si los tiene pequeños, qué lindo que hoy esté aprendiendo. Hermano, hay otros dirá: Padre, ahora es que me doy cuenta que bestia fue. David fue un gran rey, pero fue un pésimo padre. Fue un pésimo padre y entonces causó herida en Absalón. Un rebelde, porque Absalón fue un rebelde y un divisor salió de una herida. Antes de este acontecimiento, Absalón no había tenido ni la mínima idea de dividir el reino. No había necesidad. Una herida, hermano. Perdón, los mayores divisores de la iglesia es gente herida, que nunca habló de su problema. Cuando alguien divide la iglesia, se ven rebeldías, se lleva un chorro de gente. Ese estuvo herido, nunca habló, encapsuló su dolor, y un día, cuando lo lo exteriorizó, acabó con la iglesia. Y todo lo que alimentó la herida se convierte en el argumento sólido de justificar sus acciones. Cuando alguien justifica lo que está haciendo, es señal de que no sanó, no quiere mostrar su herida, y lo que hace es defenderse con las aptitudes de otro y no con la herida propia.

Una herida en el matrimonio es mortal. Una herida por infidelidad es mortal, necesita tratamiento. Hay mujeres que sorprendieron a su esposo viendo pornografía o viceversa. Y el hombre cree: Eso no, no es nada, eso es normal. No, para hay mujeres que para ellas cuenta como infidelidad. Y hay una herida. Y hay que trabajarla. Si no, se convierte en un problema. Dígale al que está a su lado: ¿Habrá heridas en tu alma, mano? Hay peligro en no sanar. Hay peligro en no sanar. Hay peligro en no sanar. Hay peligro en ignorar lo que puede estar sucediendo con uno. Hay peligro en ignorar lo que puede estar sucediendo en el alma. Hay padres que están tan heridos que terminan hiriendo a otros por su herida. La herida tiene consecuencias nefastas dentro de la familia, porque cuando una madre es herida, va a liberarse del dolor de su herida con los hijos porque no puede hacerlo con el cónyuge. Y le va a gritar al hijo como no le puede gritar al esposo. Y va a sonar al hijo. Y entonces, hay veces que una nalgada no viene con el deseo de corregir, viene con el deseo de liberarse de una herida que no tiene cómo exteriorizarla. Entonces, cuando la nalgada no viene a corregir, y viene a ser el agente liberador de un padre impotente, termina hiriendo al hijo. ¿Cuántos han dado bajo ira? No se atrevía a levantarla, hermano. Levantó y yo lo mío. Sí. Nunca se le ha ido la Catalina y ha dado de más. ¿Cuántos son cubanos? Levante la mano. Porque nosotros tenemos una geneti-una genética ahí especial. Quítamelo de adelante que lo mato. Esos son frases común en Cuba. Quítame lo que lo reviento. Usted se ríe, pero es una realidad. Quítamelo, me lo como, y le dan al niño como si fuera un saco de boxeo. Papa, y entonces, el niño, estabilizando el golpe, y si llora y no llore porque te voy a dar más duro pa que sepas lo que te duele. No. Y el niño está entonces el padre tiene una herida que no ha sanado porque no es lo suficientemente valiente para llegar y decirle al pastor: Mire, pastor, no se lo llevamos diez años de casados. Mire, pastora, yo soy madre, pero llevo diez años de casada y mi esposo me fue infiel hace diez años y yo siento que yo no me soporto en la casa y estoy corrigiendo a mis hijos. No le estoy corrigiendo, los estoy hiriendo. Y esa herida en su hijo, usted no la ve hasta años después.

Necesitamos sanar. Necesitamos llegar ante el sacerdote, necesitamos mostrarle nuestra alma al Señor y decirle: Aquí está lo que soy, aquí está como soy, aquí está lo que cargo dentro, necesito que tú trabajes en mi alma, necesito que tú me sanes para poder quitarle la autoridad al enemigo. Llegó un muchacho a la oficina y me dice: Pastora, soy adicto a la masturbación. Son cuatro o cinco veces al día, a veces más, cuatro, cinco veces a la semana, a veces todos los días, a veces en la mañana, en la noche, como quiera. Tengo callos en mi mano. Necesito ser libre. ¿Cuándo te violaron, hijito? ¿Cómo usted sabe? A mí engáñeme con una receta de cocina, pero en eso no. Chistosas. Me dice: Hace cuatro años me violaron y desde entonces empezó el problema. Sí. Cuéntame, ¿cómo te violaron? El muchacho empieza a culpar. Mi mamá me mandó a una casa y un amigo me estaba esperando, el dueño de la casa, y me abusó. Y vea. OK. Es duro confesar. Es duro confesar. Ahorita le decía a la pastora: Yo prefiero liberar que ministrar el alma. Qué rico es echar fuera un demonio, hermanos. ¿Sí? Eso no lleva, eso no lleva clavos, eso no lleva problema. Eso lleva oración, ayuno, consagración y autoridad. Ya. Pero espero, desautorizar al enemigo del alma. Jesús necesita que el paciente, paciente, que el enfermo, diga: Aquí está mi llaga. Cuando yo entendí que a Jesús lo desnudaron, desnudaron para llevarlo al madero, yo entendí que ahí estaba haciendo el Señor un trabajo completo en la cruz. Y era trabajando en la desnudez. La desnudez es vergüenza. Hay gente que se ha soñado desnuda, y eso es vergüenza. Y cuando Jesús estaba desnudo en el madero, mi aplicación, mi ángulo, es que él estaba en aquel lugar cubriendo nuestra desnudez, porque todo lo nuestro fue sobre él. Entonces, él fue desnudo para que nosotros pudiésemos ser cubiertos. Pero en todo el Antiguo Testamento, cuando alguien tenía lepra, tenía que llegar al sacerdote y decirle: Aquí está mi lepra, examíname, y determina tú qué te hacer hacer. Entonces, según la magnitud de la lepra, el sacerdote le decía: Sal de la ciudad, no puedes quedarte, tu ropa... Vamos a revisar lo demás. Alguien herido no debería servir porque el servicio provoca roce y el roce aumenta la magnitud de la herida. Pero al ser servidor, va a callar lo que realmente siente y se va a convertir en una bomba de tiempo. Hay gente que le dice al Señor: Yo quiero servirte, pero tiene el alma herida. Ya tenía que haber terminado hace rato. El del piano sí me ayuda. Debemos de dejar a que el Señor sane nuestra herida. Es doloroso, hermano. ¿Quiere que le cuente? Me quedé a medias con el testimonio. Oramos por el muchacho, le ministramos, y a la semana, semana, a mí se me había olvidado. Pastora, pastora. Dígame. Fui libre. No tengo niños. ¿Fue al baño, se lavó sus genitales por primera vez? No por primera vez, obvio, toda la vida se los había lavado, pero se lavó sus genitales y por primera vez no sintió el descontrol de estimularse. Sintió que por muchos años podía lavarse naturalmente. Él se hacía, se se tocaba con miedo porque sabía en qué terminaba. ¿Y sabe qué me dijo? Si yo no hubiese confesado, yo no hubiese sido libre. Porque la raíz de un problema es más fuerte. El espíritu raíz es más fuerte. Es como camuflajearse, es como esconderse. Se me se me para usted, hermano, un momentico. Ayúdeme. Se me para. Usted es la que danza, ¿verdad? Sí. OK, póngase aquí frente a mí. Mano, ¿me ayuda usted? Se pone de pie, aquí en el pasillo. Póngase de frente para allá. Ahí está. Parece detrás de él. Ahí, ahí, ahí mismo. Quédese ahí. Mira, si usted está mirando de allá, no me va a ver. El espíritu raíz se se esconde. Entonces, a veces el espíritu raíz fue una violación. Pero adelante vino una depresión, o un complejo de inferioridad, o la culpa, y la vergüenza, y luego viene y se manifiesta, hermano, un pensamiento suicida. Trajemos el hermano es un suicida. Hay que trabajar espíritu de suicidio. No, no, este podrá irse. Mi hermano, siéntese. Gracias. Y luego, todavía está enchamucado. Hay complejo, hay inferioridad, hay hay agresividad, hay sí. El problema es que el espíritu raíz es el que se esconde. Mientras el espíritu raíz no sea descubierto, siempre, siempre va a haber un camuflaje hasta que se empiezan... Ya, gracias, mi hermana. A quitar todas las capas. ¿Por qué cada espíritu se trae a siete peores para esconderse él y que el centro sean los siete peores? Y entonces trabajamos con los siete peores, pero el primer espíritu está ahí escondido, y va y se trae siete peores, y siete peores. ¿Qué está haciendo el espíritu raíz? Asegurando su territorio. Y la única manera de desalojar el espíritu raíz es siendo a la raíz. Es yendo a donde no queremos ir, es abriendo las áreas que no queremos abrir, es hablando de aquellos temas que no queremos hablar. Mano, hay gente que me llega a la oficina y yo, Dios mío, me hacen perder el tiempo diez horas dándome vuelta. Pal final, yo decirle: Dime tal cosa. ¿Cómo usted lo sabía, pastor? Ay, padres que no quieren hablar. No es lo mismo ser confrontado que confesar. No es lo mismo que yo venga y te diga: En tu vida pasa tal cosa, que cuando tú vienes y dices: En mi vida pasa tal cosa. Porque la confrontación es buena, pero fue la gente externa que empezó a incomodar un agente interno. Pero cuando usted como agente interno empieza como a desacomodar lo interno, el enemigo sabe que se le acaba el tiempo. Se remueve el espíritu raíz. Es que hay la total libertad. Mientras el espíritu raíz no sea removido, ahí todavía va a haber cautividad, va a estar cápsula, encapsulado el problema, va a estar escondido el problema, pero está ahí, está ahí. Hay una pequeña penita. Entonces, para ser totalmente libres, ya voy a terminar, necesitamos sacar el espíritu raíz. El Salmo ciento cuarenta y siete, tres dice que nuestro...

Dios sana a los quebrantados de corazón. Y dice que él venda nuestras heridas, mi hermano. A veces me dan hasta pesar, pero ¿cuánto nos cuesta, hermano? Hay alguien a quien amo mucho, no voy a decir su nombre, porque si no van a decir después tiene preferitismo. Pero casi siempre está conmigo en ministración. ¿Y sabe lo que más amo? Que cuando yo salgo de una administración con alguien, él está conmigo. Es un minuto. Yo me acuerdo cuando yo hacía tal cosa y tal. ¿Y tú qué haces? Dice, terminando mi proceso, porque cada vez que alguien confiesa, él le viene a memoria. Dice, no es que yo estoy frente a un sacerdote y estoy sacándolo. Y entonces, hermano, el el cambio en este hombre ha sido tan extraordinario. ¿De qué te sirve aparentar en la iglesia ser pasivo si en tu casa eres un tigre? Porque el problema es que tenemos que ir a la raíz. No sirve un evangelio de hipócritas, hermano. A Jesús le caían mal los hipócritas. "Generación de víboras hipócritas", le decían. ¿Por qué hipócritas? Porque en la sinagoga eran tremendos. Pero Jesús conocía el corazón. ¡Qué fuerte, verdad! Que el Señor llega al culto y diga, "¿Qué santos aquí?" Como si no los hubiera visto en la casa. "¿Qué santos aquí?" Como si no los hubiera visto en el cuarto, en el baño, en el trabajo.

Entonces, ¿sabe qué? Lo que me lo que amo de este verso. Cuando dice, "Él sana a los quebrantados". Y quebrantarse, quebrantarse, es partirse, es romperse, es hacerse pedazos. Y cuando usted rompe algo, lo que hay dentro se puede ver. Esa es cuando el Señor dice, "Yo sano a los quebrantados". Él está diciendo, mi capacidad de sanar es para aquellos que se pueden romper, para que se puedan mirar dentro, para que se pueda mirar dentro. Jesús podía ver dentro de la gente. Nosotros no tenemos esa capacidad, hermano. Por eso fue que Samuel falló como profeta cuando fue a ungir a David. No podía ver dentro. Y Dios le dice, "Oye, oye, Samuel. No, ese no es. Tú miras lo que está frente a tus ojos, pero yo miro el corazón". Entonces, Dios tiene la capacidad de ver lo que tú no quieres que otros vean, pero él lo ve. Él está diciendo, el mundo espiritual puede ver lo que hay en ti.

Necesitamos quebrantarnos. Necesitamos decirle a la gente, ¿sabes qué? Basta de llevar una vida en apariencia. Mano, yo detesto la súper espiritualidad en alguien, porque al final es falso. Nadie puede ser veinticuatro horas espiritual. Te tiene que salir lo de niño, te tiene que salir lo de mortal, te tiene que salir lo de ser humano. El de ver una película. "No, es del diablo". Y Procoshoto, ¿no? No, hermano. Reírse es bueno de cuando una vieja se cae, cuando el otro pierde los dientes. Eso no es malo. Entonces, a veces, yo he compartido con pastores. Yo digo, "Qué pecadora me siento frente a estos". En serio, porque yo soy como soy, soy yo, soy yo. No puedo fingirla. "Oh, Señor. Eso es a las tres de la mañana. Eso no es para frente a usted, ¿eh? Eso es a mis puertas cerradas. Mis moqueras, esa puerta cerrada. Yo no tengo que salir del cuarto". Aleluya. Aleluya.

No, hermano. Entonces, a veces aprendimos a ser tan espirituales. Aprendimos un lenguaje, aprendimos un comportamiento, aprendimos a llevar una una apariencia, aprendimos, hermano, a manifestarnos frente a la gente. "Dios le bendiga, oh Jehová le guarde, siento a Dios". No, hermano. ¿Sabe qué? Es necesario muchas veces quebrarnos, quebrantarnos, y llegar frente a los ministros. Ministros, porque tu hermano no te puede sanar. Y cuando vas a Él, tú lo sabes. No te va a decir lo que te tiene. Es que yo amo tanto a los pastores porque los pastores no tienen pelo en la lengua y te dicen, "Mire, pastora, que yo soy víctima". No, eres culpable. Eso solo lo puede hacer un ministro, nadie más tiene esa autoridad por Dios. Entonces, te cantan las cuarenta, las ochenta y las veinte.

Entonces, la gente no quiere llegar al ministro porque no quiere renunciar a lo que hay en su alma. Y el espíritu raíz. Vamos al culto, mi hermano. Así que me importa que seas cristiano. Aquí yo estoy entronado seguro. Hasta el espíritu raíz ya se sabe los coritos, hermano, y viene y canta, "Alabaré". Total, cuando llega a la casa, ya se va a manifestar. Quebrante. Yo tenía que terminar hace ochenta horas, pero bueno. Quebrántese, quebrántense. Saque lo que hay, saque lo que hay. Mano, no nos importa vomitar. ¿Sabe qué? Mejor vomitar y limpios que limpios y estando vomitando. Que no nos importe revolcarnos en el piso. Mejor revolcados y después libres. Germano, hacernos para entrar de libre y en realidad estar revolcados. Porque la gente me ve cuando yo caigo, y grito, y no me importa lo que la gente diga de mí. Todo el que alcanzó un milagro en la Biblia fue porque no le importó la gente, no le importó la gente. Y la única que quería pasarse de lista, que era la del flujo de sangre, no pudo, porque el Señor la hizo que hablara en público.

Entonces, Dios tiene algo extraordinario para nosotros. Él quiere vendarnos, pero ¿a quién? Al que se quebranta, al que rompe esa apariencia, al que rompe las fortalezas, al que rompe, hermano, ese caparazón que está, "Yo soy santo". No, hermano. Todos tenemos pies de, todos tenemos clavos, todos tenemos territorios que conquistar, todos tenemos cosas que decirle, "Señor, aquí está, trabaja con ellas". Que hoy podamos quebrantarnos, hermanos. Que hoy podamos moquear como queramos y decirle al Señor, "Padre, mi problema es sexual, mi problema, Señor, es el dinero, mi problema son las faldas, mi problema es la adicción, mi problema es la pornografía". Ay, qué vergüenza. No, hermano. Eso es lo que quiere el diablo. Para usted y para mí no hay vergüenza. Nuestra vergüenza fue llevada a la cruz. Y cuando creemos que estamos siendo humillados, cuando creemos que siendo humillados, estamos más cerca del milagro de lo que imaginamos. Porque aquel que se humilla, es al que Dios exalta. Es al que Dios dice, "A ti te voy a sanar, por cuanto te quebrantaste. A ti te voy a vendar, por cuanto te quebrantaste. A ti te voy a tocar". Ahí donde está, póngase de pie. Es una tarde gloriosa donde venimos delante del Señor y llegamos delante de Dios para decirle, "Señor, aquí estoy, toma el control de mi vida, toma mi vida". Ahí donde está, cierre sus ojos, levante su mano, comience a adorar a Dios. Ahí donde está, comience a adorar a Dios, comience a adorar a Dios. Ahí donde está. Y ahí donde estábamos, abra su boca. Anhela esa libertad. Esta es una tarde para desautorizar a las tinieblas. Esta es una tarde para quitarle la legalidad que el enemigo ha tenido sobre nuestras vidas. Esta es una tarde para clamar de que somos libres por el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. Esta es una tarde para poder clamar por nuestra libertad. Esta es una tarde quebrantados, para quebrantarnos. Olvida al que tiene al lado, olvida al que tiene a la derecha, a la izquierda. Olvídese de que hay gente que le está mirando. Olvídese de que aquí hay gente alrededor suyo. Este es un día para llegar delante de su trono y quebrantarnos y decirle al Señor, "Aquí todo lo que tengo, te lo muestro, Dios mío. Vengo ante ti a mostrarte cuán débil soy, soy. Vengo ante ti para mostrar todas mis heridas". Señor, mamonsadores, adore a Dios, adore a Dios, adore a Dios, adore a Dios, adore a Dios. Abra su boca, abra su boca, comience a clamar, comience a clamar, comience a clamar, comience a adorar a Dios. Ajá. Vamos ahí donde se abra su boca. Mire, yo voy, voy a a violar todos los protocolos hoy, porque siento algo hermoso del espíritu. Si usted quiere, en esta tarde, desalojar al espíritu raíz, y quiere permitir, permitir al Espíritu Santo, trabajar en las áreas más profundas de su alma. Y quiere desautorizar a las tinieblas, pase aquí al altar. Si usted sabe que hay cosas que tienen que libertad, sacadas, desarraigada, pase aquí al altar a ocupar un espacio, pase a clamar, pase a clamar, pase a clamar, pase a clamar, pase a buscar lo que Dios quiere hacer, pase a buscar lo que Dios quiere hacer. Ese es un día, hermano, para rompernos, para quebrantarnos, para no vivir por apariencia, por el qué dirán, por el qué pensarán de mí. Hoy es un día para sacar lo que está adentro, para dejar al Señor tocar, libertad, sanar. Este es un día de libertad. Te vas a ir libre, te vas a ir libre. Hay cosas que han sido tu vergüenza, y van a ser tu testimonio. Hay cosas que han sido a tu desnudez, pero van a ser el testimonio de la gloria de Dios en en tu vida. Ahí donde está, yo quiero pedirte que empieces a clamar. Algo se está rompiendo en los aires. Algo está en la atmósfera. Algo está aconteciendo. Algo está aconteciendo. Abra su boca, y comience a adorar al Señor. Yo quiero pedirle a los intercesores, comiencen a clamar. Hay cosas que van a empezar a romperse en la atmósfera, que van a empezar a romperse en este lugar. Abra su boca y comience a clamar. Ahí hay gente llorando. Va a haber gente que va a vomitar, va a caer, va a gritar. No sienta vergüenza. Aquí nadie está para señalarle. Hay muchos que se nosotros mismos para señalarle a usted. Más bien, vamos a señalar al diablo para decirle, ya no tienes autoridad sobre esta alma, ya no tienes autoridad sobre esta vida. Ahí está, ahí está. Algo sucede, algo sucede, algo sucede, algo sucede. Abra su boca, abra su boca, abra su boca. No tema. Y está Dios libertando. Ahí está Dios libertando. En el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo. En el nombre de Cristo, todo espíritu de depresión, sale hoy en el nombre de Cristo. Todo espíritu de suicidio, sale hoy en el nombre de Cristo. Todo espíritu de muerte, sale hoy en el nombre de Cristo. Todo espíritu de violencia, en el nombre de Cristo Jesús. Solo asista y está Dios tocando y libertando. Solo momento al piano porque va a empezar a pasar algo, y quiero los servidores asistiendo. Muchas heridas por violación, por abusos, van a saber dónde la gente va a empezar a gritar y a llorar, y esa herida se escondió en violencia, pero hoy ese espíritu raíz va a ser arrancado. Atiendan. Hay gente que va a vomitar, a gritar. Espíritu Santo, toca. Ahí está. Espíritu Santo, toca. Se desata la garganta. Hay gente que empezará a gritar. ¡Sé libre hoy! ¡Sé libre hoy! En el nombre de Jesús, en el nombre de Jesús, en el nombre de Jesús. Ahí está. En el nombre de Jesús, el nombre de Jesús, en el nombre de Jesús. El dolor es intenso, pero ahí está Dios libertando. En el nombre de Jesús, sales de ella, sales de ella. En el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo. Ahí está. ¿Dónde está la otra? Por ahí anda. Sal de ella en el nombre de Cristo. Sal en el nombre de Jesús. En el nombre de Jesús, sal en el nombre de Jesús. Suelta, suéltala, suéltala en el nombre de Cristo. Hay poder. En el nombre de Cristo, todo espíritu raíz. Hoy de ti, en el nombre de Jesús. Vamos, adore, adore a Dios. Está pasando. No atienda lo que está pasando. Vamos, la iglesia clamando, clamando, clamando. En el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo. Falta, falta gente por manifestarse. Ella, ella, ponle la mano en el pecho, tráemela. Espíritu raíz por por violación. Una servidora allí, ella. Espíritu raíz por violación, sale en el nombre de Cristo de Cristo. Servidor, servidora, la cubana, con ella y quita la de atrás, no la de atrás. Esa, esa misma. Ponle una mano sobre tu pecho. Oye, el espíritu raíz que hay en ti se desaloja, en el nombre de Cristo. Lo que hay en los que han detenido atada, has herido a tus hijos, has herido en de raíz, sale hoy de tu vida. Cógelo en el nombre de Cristo. Libre, hoy eres libre, hoy eres libre. Ahí está Dios. Qué lindo, qué lindo, qué lindo. En el nombre de Cristo. Toda la iglesia, cierren sus ojos, levante su mano. No ha pasado ni la mitad de lo que tiene que pasar. Cobren fuerzas, servidores, deje la gente en el piso. Hay gente que no se va a poder parar en mucho, mucho raro. Pónganle una mano aquí. Sal, sal de ella. Cójala. En el nombre de Jesús, sal de ella. Ahí es donde vive su espíritu. Sal de ella. Ahí vive en su garganta. Escucharán un grito fuerte y va a ser libre. Ahí vive él. En el nombre de Jesús. Yo voy a empezar a reprender. Espíritus se van a empezar a manifestar, gritando, vomitando, alardeando, llorando. Todo espíritu del lesbianismo, espíritu de homosexualismo, espíritu de lujuria, espíritu de prostitución, espíritu de mentira, de engaño, baja autoestima, suicidio, muerte, violencia, agresividad, ira, maledicencia, sale hoy en el nombre de Cristo. Sale hoy en el nombre de Cristo. Masturbación, pornografía, estamos desalojándolo en el nombre de Jesús. Voy al espíritu raíz, voy a la herida. Eres del equipo de intercesión, pónmele una mano sobre la pelvis. Vas a sentir que algo brinca, pero el espíritu saldrá de ella en el nombre de Cristo. En el nombre de Cristo. Mírame, la intercesora, sientes como una bolsa que hay ahí. Toca y ahí reprende y va a salir de ella en el nombre de Cristo. Suéltala, suéltala, suéltala en el nombre de Jesús. En el nombre de Cristo. Ahí está. Toca ahora para que vea como no está la bolsa. En el nombre de Jesús. El nombre de Jesús sana toda herida en ti. En el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo. Ahí donde está, levante su mano. Qué lindo, qué extraordinario. Te faltó el amor de un padre, pero tuviste el de Dios. Tu alma sana hoy. Cógela de Cristo. Sana, Espíritu Santo. Levante su mano, levante su mano. Padre, en esta tarde, ahí donde está, en esta tarde. En esta tarde, yo estoy declarando, todo el que vino enfermo, levante su mano, que toda enfermedad física desaparece en el nombre de Jesús. Todo cáncer, toda leucemia, todo tumor, todo diagnóstico de muerte y de enfermedad, desaparece en el nombre de Cristo por el poder, por el poder de su palabra. Hoy eres sana. Toda diabetes, todo lupus, toda hipertensión, toda enfermedad cardíaca, toda enfermedad en los riñones, hígado, vaso, páncreas, en el interior, toda enfermedad en órganos reproductores, desaparece en el nombre de Cristo hoy. Por el poder de la palabra, yo estoy declarando sanidad y libertad en el nombre de Jesús, en tu alma, en tu cuerpo. Declaramos que hay libertad en el nombre de Cristo. Padre, padre, en el nombre de Jesús, vengo como sacerdote, como parte de un cuerpo sacerdotal, sellando, sellando milagros. Aquí hay gente estéril que va a concebir en el nombre de Cristo. Hay vientres que se secaron a causa de maldición y espíritus raíz. Ponle la mano en el vientre a esa joven, la del vestidito de rayas, en el nombre de Jesús, toda la maldición que vivía en tu vientre hoy se desvanece y recibes un milagro en tu interior en el nombre de Cristo. Señor, opera tu interior. Él es tu cirujano. En el nombre de Cristo, en el nombre de Cristo, Él sana tu cuerpo en el nombre de Jesús. Varivia, tócamela detrás. Pulóver rojo. Ella ahí mismo donde ella tiene sus manos, ponle en el nombre de Cristo. Ahí donde estás. Iglesia, levanta tus manos. Padre, declaramos que tú eres el sello de toda libertad y de toda sanidad. Declaramos, Señor, que tú eres el sello de todo milagro. Y hay gente que hoy ha sido sanada en el alma y sanada en su cuerpo. Toda enfermedad en los huesos desaparece, toda enfermedad en la parte ósea desaparece, en el nombre de Jesús. Y es Jennifer, declara vida ahí en su vientre, declara vida. Eso es lo único que vas a decir: "Declaro vida, declaro vida". En el nombre de Cristo Jesús, estamos declarando que Dios está haciendo milagros extraordinarios en esta tarde en tu vida, en tu casa, en tu familia, porque la herida que hoy ha sido sanada, te va a sanar a los tuyos, porque la herida que hoy ha sido sanada, va a ser sanada también en los tuyos, en el nombre de Jesús. Declaramos, Señor, una mañana de sanidad, de gloria, una tarde de victoria en el nombre de Cristo. Todo espíritu que ha salido, declaramos que no tiene retorno en el nombre de Jesús. Y toda puerta que estaba abierta, declaramos que es cerrada en el nombre de Cristo. Declaramos, Señor, materializados los milagros y cada uno testificará de lo que tú has hecho en ellos. Por el poder de la cruz, por el poder de tus llagas, por el poder de tu sangre. En el nombre de Cristo, te damos gracias, Señor. Amén. Y amén. Quiero que que me atienda. No nos da tiempo para coger testimonios, ¿verdad? Ya no. No. Pero usted saldrá y le contará a otros de lo que Dios ha hecho, de lo que Dios ha hecho. Así que ahí donde está, yo le bendigo, bendigo su vida, bendigo. Gracias por habernos sintonizado. Nuestro deseo es que esta palabra haya sido de bendición para sus vidas. Si no tiene dónde congregarse, le invitamos a Mies Ministerios Ebenezer. Nuestro número, siete ocho seis ocho siete siete treinta y siete once.