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[Música] el 16 de junio de 1955 se produce la masacre de la Plaza de Mayo. El plan tuvo la participación mayoritaria de la armada, aunque también participaron miembros de la fuerza aérea y grupos de civiles antiperonistas.
Para entender el porqué de este ataque, debemos remontarnos 9 años atrás. Juan Domingo Perón es elegido presidente y desde allí comienza una serie de reformas sociales, políticas y económicas que logran su punto máximo en una modificación de la Constitución nacional en el año 1949. El acercamiento del gobierno con los sindicatos de los trabajadores fue la base de la política de su gobierno. Esta fuerte relación garantizó una distribución de la riqueza más equitativa.
A pesar del amplio apoyo, Perón tenía una fuerte oposición que se centraba en grupos conservadores, muchos de ellos católicos pertenecientes a la clase alta. Dentro de las fuerzas armadas, el sentimiento antiperonista era importante, sobre todo en la armada, donde sus miembros eran parte de esa clase alta que veía cómo sus beneficios históricos iban desapareciendo poco a poco gracias a las políticas antes mencionadas.
De todas formas, el primer gobierno de Perón se desarrolló con un gran éxito. Su relación sentimental con Eva Duarte fue un punto a destacar, siendo considerados como una suerte de abanderados de los pobres. La fuerte unión entre sindicatos obreros y el gobierno era algo sin precedentes en el país.
En 1951, Perón vuelve a ganar las elecciones con un 63,51% de los votos. El apoyo social era innegable. En 1951 se produce un intento de golpe de estado por parte de Benjamín Menéndez, que fracasa por escaso apoyo y una mala logística. Perón adquirió un discurso provocador con la oposición y tomó ciertas actitudes reticentes con respecto a la Iglesia Católica, como por ejemplo, no asistir a fechas religiosas importantes o darle más importancia a otros cultos.
A pesar de que el intento de golpe de estado fue un fracaso, la Marina, en conjunto con grupos de civiles y líderes de partidos opositores, se mantuvieron en una postura de conspiración latente. Lo claro era que de nada servía iniciar un golpe de estado sin apoyo de miembros del ejército.
"Cada minuto sea para juramentarnos, hay que avanzar inaccesible de esta patria para derrotar a nuestros enemigos expertos e internos, hasta vigilarlo si fuera preciso."
Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación. "El penosísimo de ver informar al pueblo de la República y a las 20:25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación."
Para sus seguidores, Eva se había convertido en una especie de mártir que dio la vida por la causa, siendo casi venerada por ello. Quienes se oponían al gobierno veían esto como una forma de control, de manipulación de la sociedad, que utilizaba la imagen de Eva como si una figura religiosa se tratase, sumado al control férreo de los medios de comunicación que se alineaban ahora bajo el mensaje peronista.
Aquel día, seis personas murieron y cerca de un centenar resultaron heridas producto del estallido de dos bombas en las cercanías de la Plaza de Mayo. Esto sería el presidente directo de lo acontecido poco más de dos años después. Luego del atentado, los manifestantes que estaban reunidos escuchando el discurso del presidente se dirigieron a las sedes de los partidos opositores, ocasionando incendios, saqueos y destrozos.
El capitán de fragata Jorge Bazzi sugirió la idea de realizar un ataque inspirado en el bombardeo que el Imperio de Japón había realizado en 1941 sobre Pearl Harbor. A pesar de lo arriesgado y peligroso que era el plan, varios miembros de la armada se mostraron interesados en llevarlo a cabo. El problema nuevamente era encontrar apoyo en el ejército. Eduardo Leonardi y Pedro Eugenio Aramburu se negaron a participar, aunque ninguno denunciaría la conspiración. Ambos tendrían una participación trascendental en la dirección del país de los siguientes años.
Por otro lado, un grupo de civiles antiperonistas se sumó a la conspiración. Raúl La Muraglia, un hombre que previamente había financiado a la Unión Democrática, partido que aglutinó a casi toda la oposición peronista para disputar las elecciones de 1946, se sumó a la conspiración aportando un avión de combate y el financiamiento necesario para concretar la operación. Otro empresario llamado Alberto Gainza Paz también ofreció su apoyo. Estos personajes vincularon a los conspiradores con miembros del Partido Colorado Uruguayo, lo cual extendió los lazos, facilitando el exilio hacia este país ante un eventual fracaso de la misión.
Se sumaron miembros de la Fuerza Aérea como Agustín de la Vega y políticos e intelectuales opositores como Miguel Ángel Zavala Ortiz, Américo Ghioldi y Adolfo Vicchi. Si la misión era exitosa, estos tres hombres integrarían un triunvirato que se encargaría de gobernar el país. Debido al escaso apoyo dentro de la Fuerza Aérea, el plan sería ejecutado por la Aviación Naval perteneciente a la Armada. Poco después, se unió al grupo rebelde el contraalmirante Samuel Toranzo Calderón, jefe del Estado Mayor del Comando de Infantería de Marina, que asumió el liderazgo de los comandos civiles. Debido a su influencia, Toranzo Calderón volvió a insistir a miembros del ejército para que se plegaran a la conspiración. Leonardi y Aramburu volvieron a rechazar la oferta. Sin embargo, logró que el capitán Justo León Bengoa, comandante de la Tercera Brigada del Ejército asentada en Paraná, y el coronel Eduardo Señorans, jefe de Personal del Estado Mayor del Ejército con asiento en el Ministerio de Guerra, se muestren interesados en el ofrecimiento.
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Se estudió detalladamente los movimientos del presidente, elaborando el siguiente plan: Perón se reunía con sus ministros todos los miércoles en la Casa Rosada entre las 9:30 y las 10:30 de la mañana. La idea principal era realizar un ataque rápido alrededor de las 10 de la mañana, aprovechando dicha reunión para no solo matar al presidente, sino a la mayoría de sus ministros. La intención era lograr un golpe tan fuerte que no permitiera al gobierno reaccionar. El asesinato de su líder sería un duro golpe de ánimo y en las fuerzas armadas esto serviría como un impulso para consumar el golpe de estado.
El grupo tenía a su disposición la Base Aeronaval de Punta Indio, ubicada a unos 150 kilómetros del objetivo. La base de Morón se encontraba a menos de 30 kilómetros, pero era controlada por la Fuerza Aérea. Para concretar el plan, era indispensable tomar el control de Morón. El objetivo era difícil, pero de ello dependía el éxito o el fracaso de la misión. Los comandos civiles realizarían la tarea de neutralizar la respuesta de los miembros de la Confederación General del Trabajo y la Alianza Libertadora Nacionalista. Serían apoyados por infantes de Marina pertenecientes al Batallón de Infantería de Marina número 4, que avanzarían hasta la Casa de Gobierno desde Dársena Norte.
En una primera instancia, el ataque sería realizado el 9 de julio de 1955. Sin embargo, algo hizo que la fecha se adelantara. Aquella fragmentada relación del gobierno con la Iglesia Católica había llegado a su quiebre definitivo. Varios sacerdotes comenzaron a conspirar contra el gobierno, financiando campañas de desestabilización social y formando parte de las conspiraciones que buscaban derrocar a Perón. El clima social estaba en un punto de no retorno. En este lapso y sin un debate previo, se sancionaron la Ley de Divorcio, también se aprobó una Asamblea Constituyente para realizar una reforma constitucional, la cual tenía como objetivo separar el Estado de la Iglesia. Se suprimieron algunos feriados religiosos, se eliminó la prohibición del ejercicio de la prostitución, entre otras medidas legislativas que fueron interpretadas por la Iglesia como una provocación.
"Yo vengo recibiendo normalmente informaciones desde todos los lugares de la República, en los cuales se denuncia una intromisión, una propaganda y una distorsión en la acción de algunos clérigos de la República."
El 9 de junio debía celebrarse el Corpus Christi, un importante celebración católica. Sin embargo, desde la Iglesia decidieron realizarlo el 11 de junio, ya que sería sábado y podría concentrarse más gente. El gobierno se opuso al traspaso de día, pero esto no sirvió de mucho. Aquel sábado, una multitud se reunió en la Catedral Metropolitana.
Hay dos versiones de los hechos sucedidos posteriormente: una, que fue la difundida por el gobierno, en la cual la multitud que marchó hacia el Congreso apedreó las sedes de diarios afines al gobierno y, una vez llegados a destino, arriaron la bandera argentina prendiéndola fuego, colocando una del Vaticano en su lugar y destrozando una placa conmemorativa de Eva Perón. En la segunda versión, estos hechos fueron planificados y llevados a cabo por miembros infiltrados pertenecientes a la Policía Federal, promovidos desde el gobierno para ensuciar a la congregación y mostrarlos como un grupo violento y antipatriótico.
Por este conflicto, se produjo la renuncia y posterior exilio del ministro de Interior y Justicia, Ángel Borrego, quien aparentemente habría estado implicado en los hechos. Tres días después, se exoneró a los monseñores Manuel Tato y Ramón Pablo Novoa, expulsándolos del país.
Debido a los grandes incidentes desarrollados aquel 11 de junio y, sobre todo, debido a que los servicios secretos navales le transmitieron a Toranzo Calderón que la conspiración había sido descubierta por los servicios de información de la Fuerza Aérea, se decidió poner en marcha el plan. El gobierno había pautado un acto para desagraviar la quema de la bandera nacional, que se llevaría a cabo el 16 de junio de 1955. La Fuerza Aérea realizaría un vuelo sobre la Plaza de Mayo y luego se desarrollaría un desfile militar. Esto atrajo a varias personas a la Plaza de Mayo.
Un automóvil había salido el día anterior rumbo a Paraná para informarle a Bengoa el adelantamiento de la operación. Sin embargo, al llegar, no pudieron localizarlo, ya que este había viajado a Buenos Aires el día anterior. El ministro de Guerra, Franklin Lucero, realiza un llamado a Perón en el cual le dice que deben reunirse de manera urgente. Una hora más tarde, la reunión se concreta en la Casa Rosada. Lucero le informa al presidente que maneja la información de que la Armada está preparando un levantamiento.
A las 8 de la mañana, Benjamín Garyulo arengó al Batallón de Infantería de Marina número 4 desde Puerto Belgrano. La flota de mar se disponía a zarpar rumbo a Buenos Aires. Minutos después, los movimientos de los infantes de Marina y de la flota de mar fueron pospuestos debido a que condiciones climáticas de aquel día impedían que los aviones despegaran desde la Base Aeronaval de Punta Indio.
Lucero le indica a Perón que es momento de retirarse de la Casa de Gobierno porque el ataque era inminente. Durante esa fría y nublada mañana, los comandos civiles se habían ubicado en distintos puntos de la ciudad: en cafeterías, plazas o caminando como simples transeúntes, esperando el momento indicado para actuar. Para las 10 de la mañana, las condiciones mejoraron, pero no eran óptimas, así que se decidió esperar un poco más.
Cuando parecía que el plan sería abortado, un grupo de aviones comenzó a sobrevolar la ciudad de Buenos Aires. A las 12:30 del mediodía, la población civil no interpretó esto como un aviso previo de un ataque, sino como parte del espectáculo aéreo que estaba programado para aquel día. Unos 10 minutos después, uno de los aviones arrojó la primera bomba. Debido a la limitada visibilidad y la baja altura a la que volaban los aviones, varias bombas no impactaron los objetivos deseados. Una cayó sobre un colectivo, otra sobre la boca de un subte.
Los infantes de Marina se acercaron a las inmediaciones de la Casa Rosada, atacando a los granaderos que la defendían. Varias toneladas de bombas y proyectiles fueron disparadas hacia la Casa Rosada, el edificio de la CGT, la residencia presidencial (ubicado en donde actualmente se encuentra la Biblioteca Nacional) y otros edificios. De manera directa e indirecta, el Aeropuerto de Ezeiza sería utilizado como punto de reabastecimiento para los aviones después del primer ataque. Desde hacía más de un año, se había planificado la construcción en forma clandestina de un depósito para almacenar las bombas y el combustible.
Tras la primera oleada de bombardeos, un grupo de aviones pilotados por miembros de la Fuerza Aérea leales al gobierno despegaron desde la Base Aérea de Morón. Posteriormente, se produjo un enfrentamiento entre ambos escuadrones, siendo derribado un Texan AT-6 rebelde sobre el Río de la Plata, cerca de Aeroparque. Otra aeronave sería derribada en Ezeiza. En tierra, varios regimientos del Ejército que se encontraban en las inmediaciones de la ciudad acudieron rápidamente en defensa del gobierno, sumando a civiles peronistas.
Al regresar a Morón, los miembros de la Fuerza Aérea notaron que la base había sido tomada por un grupo rebelde que los detuvo y posteriormente volvió a despegar los aviones, esta vez con el objetivo de atacar la Casa de Gobierno. Para la 1 de la tarde, la situación era la siguiente: los rebeldes tenían controladas las bases de Punta Indio, Ezeiza y Morón, teniendo un gran dominio en el aire. Sin embargo, en tierra, la situación era significativamente diferente. Los granaderos pudieron contener la situación hasta la llegada del Ejército y de los civiles armados, lo cual inclinó la balanza en favor de las tropas leales, que no solo superaban en número a los infantes de Marina, sino también en armamento, desplegando elementos de artillería y tanques Sherman.
Los comandos civiles se habían apoderado de Radio Mitre, desde donde emitieron una proclama en la cual informaron la muerte del presidente. Los aviones que habían despegado pocos minutos antes desde la base de Morón llegaron a Buenos Aires, ametrallando varios edificios. Nuevamente, el desbalance de fuerza se empezó a hacer notorio. De esta forma, los infantes de Marina retrocedieron hasta guarecerse principalmente en el Ministerio de Marina, ubicado en el edificio Guardacostas. El ministro de Marina, Aníbal Olivieri, quien estaba internado en el Hospital Naval, se dirigió al ministerio, asumiendo el liderazgo de la operación.
El apoyo de Bengoa desde Paraná nunca se concretó. El general fue detenido en Aeroparque, frustrando su participación. Tampoco existe demasiada información acerca de la participación de Eduardo Señorans y si tuvo alguna, no fue demasiado determinante. La primera de las bases aéreas en ser recuperada fue Punta Indio, que había sido abandonada, ya que los rebeldes se habían trasladado de Ezeiza. De todas formas, Ezeiza estaba rodeada por miembros del Tercer Regimiento de La Tablada. En la base de Morón, los miembros leales de la Fuerza Aérea que habían sido detenidos previamente pudieron liberarse, iniciando un combate interno para recuperar el control.
Alrededor de las 3:20 de la tarde, cuando los marinos estaban a punto de rendirse, una tercera oleada de aviones volvió a bombardear la ciudad. Perón estaba refugiado en el Ministerio de Guerra, ubicado a unos pocos metros de la Casa Rosada. Para las 4:30 de la tarde, los rebeldes apostados en el Ministerio de Marina ofrecieron su rendición con la condición de que el Ejército evite un linchamiento social. Así finalizaba la sublevación con más de 300 muertos entre civiles y miembros de las fuerzas armadas, muchísimos heridos y desaparecidos. Entre los escombros, más de 100 miembros de la conspiración escaparon hacia Uruguay en esta última oleada de aviones bombarderos.
"Maravillosa que ha desarrollado el Ejército y en la manifestado ser verdaderos soldados. Desgraciadamente, no puedo decir lo mismo de la Marina de Guerra, que es la culpable de la cantidad de muertos y heridos que hoy debemos lamentar los argentinos."
Esa misma noche, un grupo de personas, aparentemente leales al gobierno, quemaron varias iglesias en los alrededores de Buenos Aires. Perón culpó de estos actos a los socialistas, alegando que estas acciones eran parte de una estrategia para ensuciar al gobierno. Estos actos hicieron que algunos miembros del Ejército se distanciaran del gobierno. Sin embargo, la violencia desatada y, sobre todo, la brecha generada entre las fuerzas armadas y la Iglesia con el gobierno, provocaría que el 16 de septiembre de 1955, tres meses después de aquel bombardeo, se llevase a cabo un nuevo intento de golpe de estado, esta vez iniciado en Córdoba, que finalmente terminaría derrocando al gobierno, instaurando una dictadura autodenominada Revolución Libertadora.
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