Transcription
El Señor está con usted.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando uno estaba oscuro, y vio la puerta quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Pedro y el otro discípulo a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
Salieron Pedro y el otro discípulo y fueron rápidamente al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro. Ya mirando, se vio las vendas en el suelo, pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no en el suelo con las prendas, sino enrollado en algún sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la escritura que él había de resucitar de entre los muertos.
Aleluya.
Queridos hermanos, estamos ya en el tiempo de la Pascua, y este tiempo de Pascua crea una serie de tareas. Vamos a analizar las lecturas de hoy para sacar cuatro tareas que todos tenemos que realizar en este tiempo de Pascua.
Vamos a la primera lectura, el libro de la Biblia. Hemos proclamado la primera lectura, los Hechos de los Apóstoles.
Primera tarea: Ser testigo de Cristo resucitado. Los apóstoles fueron testigos de un Cristo vivo. En lo que hemos escuchado de la primera lectura, dice que Jesús pasó haciendo el bien y curando a los dos primeros. Por hoy, Jesús cuenta contigo. Pasa haciendo el bien. Cada uno de nosotros tiene que ser un testigo de un Cristo vivo.
¡Qué Dios, hermanos, qué importante es reflejar a Cristo! Es lo primero.
Hace dos años atrás, me encontré con un taxista que era evangélico. A mí siempre me gusta conversar con los taxistas, incluso muchas veces algunos se confiesan cuando me están haciendo el viaje y ya no me quieren cobrar. Por eso, mucho confesable en el viaje. Por si acaso, siempre pago los taxis y me hice amigo de ese taxista evangélico. Sabía bastante teología, estaba estudiando teología evangélica. Y fíjense, para Dios no hay casualidades. Varias veces me encontré con él. Aún tan grande y como nos hicimos amigos, que le decía: "¿Cuándo te haces católico?". "Nunca", me decía. "Como debe ser católico, si yo veo que en las procesiones hay gente que se emborracha, no voy a ser católico nunca". Yo le hablaba, le decía: "Padre, por cierto, era muy respetuoso. Yo no voy a ser católico". Y fíjense cómo es Dios. Me encontré con él por una calle de Magdalena, estaba con su carro, meto cuentas y estaba caminando y le dice: "Padre, ya me convertí, ya soy católico". "¿Y qué pasó?". Y me dijo: "Me he convertido por el buen ejemplo de una señora. Esa señora me ha enseñado lo que significa ser católico".
Queridos hermanos, qué importante ser testigos de Cristo. Pero primero, podemos dar sermones espectaculares, pero si no damos testimonio de Cristo, esos sermones no sirven para nada. ¿Cuál es la primera tarea de la Pascua? Ser testigos de Cristo.
Vamos con la segunda tarea. Esto nos lleva al Salmo. Un salmo, como todos los salmos, preciosos y que ha sido cantado muy bonito por Carlos, que además es hincha del Sporting Cristal, por eso lo ha cantado bien. ¿Qué hemos hecho del salmo? "Este es el día en que el Señor ha actuado".
Segunda tarea: Estad alegres. Queridos hermanos, tenemos que vivir la alegría pascual. San Atanasio, uno de los grandes doctores que ha tenido la Iglesia en los primeros siglos, decía que los santos siempre estaban alegres porque todos los días vivían la Pascua. Alta estar alegres en el Señor. Nuestra alegría es pascual. Estamos alegres porque Cristo ha vencido a la muerte. Estamos alegres porque Cristo está vivo. Estamos alegres porque Cristo está realmente presente en la Eucaristía. Estamos alegres porque cada Santa Misa nos encontramos con un Cristo vivo. Estamos alegres porque el Señor nos espera en el confesionario.
Segunda tarea: Estar alegres. Siempre alegres. San Alberto Hurtado, santo sacerdote, decía: "Contento, Señor, contento".
Vamos con la segunda lectura, que el libro de la Biblia nos proclamó la segunda lectura, la Carta a los Colosenses.
Tercera tarea: Ser persona de esperanza. Hemos escuchado lo que Pablo nos dice hoy en la Carta a los Colosenses: "Ya que habéis resucitado con Cristo, aspiren a los bienes de allá arriba, donde está Cristo resucitado, no a los bienes de aquí de la tierra". Hermanos, no podemos ser mundanos. Nuestra esperanza nos habla del cielo. Hay que desear el cielo o la vida eterna. Las personas de esperanza esperamos llegar al cielo. Cristo, con su muerte y su resurrección, ha abierto las puertas del cielo de par en par. Tenemos que ser personas de esperanza.
El diablo nos quita la esperanza. Y si él nos quita la esperanza, es porque sabe muy bien que si te quita la esperanza, vas a estar triste, desanimado, desilusionado. Vamos a tener cero motivación para hablar de Dios. Por eso, la tercera tarea, la Pascua, es ser personas de esperanza. Nosotros sabemos muy bien a dónde estamos yendo. Y aunque tenemos un millón de problemas, sabemos que si recorremos el único camino que debemos recorrer, y que es Cristo resucitado, el fin es el cielo, la patria eterna.
Uno de los grandes escritores ingleses del siglo XX ha sido Chesterton, quien también se convirtió al catolicismo. No era católico, soy católico. Tiene obras muy interesantes. Era una persona muy distraída, un gran escritor, pero muy distraído. Y tomó un té y cuando el cobrador le pidió el boleto, Chesterton comenzó a buscar en sus bolsillos y no encontró. Se le había perdido. Y el cobrador le dice: "No se preocupe, le voy a perdonar". Y Chesterton le dice: "Lo que me preocupa no es que se me haya perdido el billete, sino que no me acuerdo a dónde estoy yendo". Fíjense lo distraído que era. Nosotros sí sabemos a dónde vamos. Por eso, hermanos, no perder nunca la esperanza.
Y es verdad que cuando perdemos un ser querido, nos viene la tristeza, es normal. Pero nuestra esperanza nos dice que nos volveremos a encontrar con nuestros seres queridos. Que nunca se termine.
La última tarea viene del Evangelio. Cuarta tarea. A ver si han estado atentos al Evangelio de hoy. Hay un verbo que se repite constantemente. ¿Qué vergüenza? Alguien me dice: "Ya no puedo ofrecer el ojo". Qué verdad se repite en el Evangelio de hoy: correr. María Magdalena va al sepulcro, ve el sepulcro vacío y va corriendo a decirle a los apóstoles que el sepulcro está vacío. Y ¿qué pasa? Pedro y el discípulo van corriendo al sepulcro a comprobar si lo que dice María Magdalena es verdad. Como Pedro era más gordito que Juan, se retrasa. ¿Quién llegó primero? Juan. Espera Pedro. En verdad, el sepulcro está vacío. Dice el Evangelio que Juan vio y creyó. ¿Qué vio? Dijo que el sepulcro estaba vacío. No vio un cadáver. Por eso escribió.
Nosotros tenemos que correr también con el Evangelio, o sea, la buena noticia. Y esa es la cuarta tarea: el apostolado. Queridos hermanos, hay gente que no se ha enterado que Cristo está vivo. Incluso dentro de tu misma familia, seguramente hay muchos que no se han dado cuenta que Cristo está vivo. Para que esa persona se entere, estás tú. Corre a anunciar la buena noticia. Tienes que ser una persona apostólica. En la Iglesia, todos tenemos que hacer apostolado. Todos tenemos que anunciar las buenas noticias. Cristo ha muerto por nosotros en la cruz, ha derramado su sangre por nosotros en la cruz, pero no se quedó en la cruz, ha resucitado, está vivo y nos cambia la vida.
Vamos a pedirle hoy a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a cumplir estas cuatro tareas. ¿Han retenido cuáles son? Me dice: Primera tarea: ser testigos. Segunda tarea: estar alegres. Tercera tarea: tener esperanza. Y cuarta tarea: hacer apostolado. Ahí están las cuatro tareas de la Pascua. Que la Virgen, nuestra Madre, nos ayude a cumplirlas. Que así sea.
Hemos escuchado en la primera lectura como Pedro dice que ellos han sido nombrados testigos de la resurrección. Primera tarea: ser testigos de un Cristo vivo. En el salmo hemos dicho: "Este es el día del Señor, sea nuestra alegría". Segunda tarea: estar alegres. Y estar alegres no significa que no vamos a tener problemas. La cruz no se opone a la alegría cristiana. Y esto conecta con la tercera tarea. ¿Cuál es la tercera tarea? Tener esperanza. Dice: "Aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra". Somos ciudadanos del cielo. Cristo resucitado nos espera en el cielo, pero también está aquí con nosotros en la tierra, sosteniendo nuestro caminar. Y en el Evangelio aparece varias veces el verbo "correr". Hay que correr para anunciar la buena noticia. Ser apostolado.
Tiene 50 días la Pascua. Algunas 50 días para acercar a Cristo resucitado. Vamos a pedir a la Virgen que nos ayude a vivir las tareas de la Pascua.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma. San José, por tanto, cortina como disco.