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Primeramente, yo aprendí a cazar con la flecha. Tengo 78 años. Lo más difícil es mi cuerpo que ya no puedo caminar lejos. Lo máximo, 2 días será.
Este es el río Maniqui, en el Amazonas de Bolivia. En esta zona viven los tsimane, un pueblo nómada relativamente aislado en el norte del país con una característica particular. Los ancianos de esta comunidad envejecen lento y mantienen un vigor físico y mental excepcional hasta muy avanzada edad. Algo que ha atraído la atención de los científicos.
Nos permitieron entrar en su territorio, no sin antes emprender un largo viaje que tomó varias horas de carretera y canoa. Ella es Martina Canchi Nate. Es la primera abuela tsimane que nos recibe. Y esa vitalidad de la que estábamos advertidos nos dejó sin aliento en poco tiempo. "Que pause un momentico". Y varias veces, nos tocó pedirle tregua al ritmo de Martina.
¿Nos recuerda cuántos años tiene? Ella no recuerda cuántos años tiene. Aquí la edad parece algo irrelevante. Pero ya en su casa, después de un trago de chicha y un breve momento de quietud, Martina reaccionó a aquella pregunta que le hicimos en la selva. Y buscó su identificación para mostrarnos que tiene, oficialmente, 84 años.
¿Y quién la ayuda? Nos contesta, en su idioma el chimán, que aunque sus hijos la apoyan, es ella quien hace las tareas de la casa. “Ella todo lo hace… va a traer yuca, trae plátano…”
Dos estudios publicados entre 2017 y 2023, encontraron que las arterias de estos ancianos son mucho más jóvenes que las de personas de la misma edad en otros países; y que también sus cerebros envejecen más lento.
En el pueblo de San Borja, el más cercano al territorio de los tsimane, el antropólogo estadounidense Hillard Kaplan estudia la salud de esta etnia desde hace dos décadas. Y en su centro de estudios trabajan varios investigadores de la propia comunidad. Cuando compararon los datos con los de otras poblaciones del mundo, descubrieron que los tsimane eran los campeones en salud arterial. Kaplan y sus colegas encontraron que el 85% de estos ancianos tenían cero riesgo de cardiopatías y que la mitad de los mayores de 80 años ni siquiera tenían signos de calcificación en sus arterias, uno de los principales indicadores de enfermedades arteriales. Tampoco encontraron problemas de obesidad, hipertensión o hiperglucemia.
¿Cuál es el secreto de su buena salud? Un factor clave es la alimentación. Los esposos Hilda y Pablo nos invitaron a su “chaco”, o huerto, para recoger arroz. Así lo han subsistido ancestralmente los tsimane, que basan su dieta en la pesca, la caza y la recolección. Aquí no es imposible conseguir azúcar, harinas u otros alimentos procesados, pero su acceso es muy limitado y rara vez vimos estos productos. Lo mismo con los cigarrillos o el alcohol. Nos dijeron que ni siquiera acostumbran a mascar hojas de coca, una tradición en otras etnias de Bolivia.
Aunque cazan y crían animales, los que dominan tres cuartas partes de la dieta son los carbohidratos: yuca, plátanos, maíz, arroz, frutas, semillas... Pero muchos tsimane no saben con precisión sus edades. Nos dijeron que se guían por registros de las misiones cristianas en la zona o por el tiempo en que se conocen entre ellos.
"¿Y la escopeta?" Me llamo Juan Guitiérrez Rivero. "Ahora sí, vámonos al monte. A buscar al bicho". Tengo 78 años. A Juan Gutiérrez lo acompañamos en un día de caza. Lo más difícil, digamos, es mi cuerpo que ya no puedo caminar lejos. Lo máximo, 2 días será. Ya no camino lejos.
La rutina física de estos ancianos es otro factor determinante. Abuelos como Juan, caminan, en promedio, 17 mil pasos por día. En Europa el promedio es de aproximadamente 6 mil pasos diarios. Juan es parte de los 705 voluntarios de la comunidad cuya salud es estudiada. "Y de aquí, digamos, uno tiene que agarrar su arma... y su linterna... y ya tienen que ir espiando el bicho". Hay veces cuando hay suerte, bueno pilla un jochi, un guaso... puede devolverse al medio día. Pero si uno no pilla tiene que estar andando todo el día. "Uno para ir a cazar tiene que sacar su flecha y su escopeta y tiene que caminar". Hay veces también nos íbamos con mi señora al monte con cama a dormir allá. Dormíamos una semana y cazábamos harto bicho y nos veníamos. Así vive uno en el campo.
La alimentación y la actividad física hacen que los ancianos tsimane tengan 70% menos de atrofia muscular que personas de la misma edad en Reino Unido, Japón o Estados Unidos. Y al igual que su cuerpo, los científicos comprobaron que también su cerebro envejece más lento. Estas son pruebas cognitivas que se hacen a los abuelos para ver si tienen demencia o no. El dato que asombró a los investigadores es que la pérdida de la función cerebral es un 40% más lenta en los tsimane. La demencia, particularmente el Alzheimer, tiene menos incidencia entre ellos.
En otra aldea conocimos a Fermín. Tiene 78 años, y nos cuenta que el dolor en los pies que no lo deja cazar. Nos explica que está limpiando sus flechas para evitar que la humedad las dañe. Confía en que las volverá a usar.
La atención médica moderna es un privilegio que no existe en la selva, aunque hay organizaciones que los asisten. A pesar de su gran estado físico, los ancianos tsimane padecen constantemente de inflamaciones o enfermedades parasitarias, detectadas en el 100% de los voluntarios. Cuando necesitan asistencia médica especializada, deben trasladarse a la ciudad, algo relativamente nuevo para ellos. "Justo hoy nos llegaba un paciente… ...penoso, ha sido una herida en la pierna".
El doctor Daniel Rodríguez es miembro del equipo que estudia la vejez de los tsimane. Y su papel no se limita a solo indagar en datos científicos. Aunque no haya mejorado realmente la llegada de los servicios médicos a la gente, tienen más chance de rescatar a un niño de que se muera por diarrea. El mismo hecho de participar en nuestro estudio nos genera a nosotros el compromiso de tratar de ayudarles en resolver esos problemas.
Durante años, la expectativa de vida estuvo lastrada por la alta mortalidad materno-infantil. Cuando comenzaron los estudios, la media rondaba los 45 años de vida. Pero esa exposición a enfermedades infecciosas y parasitarias podría ser un tercer factor clave en la longevidad de los tsimane. Hasta cierto punto las infecciones pueden ser beneficiosas. Se llega a un nivel de convivencia que probablemente son como los seleccionados los que sobreviven y los que están ahí. Eso también puede ser un factor protector para muchas cosas. Por eso, los expertos están estudiando cómo su sistema inmunológico, al estar más equilibrado frente a bacterias y parásitos, los protege específicamente de enfermedades arteriales.
En el recorrido por la selva, los tsimane con los que hablamos coincidieron en algo: su territorio, y sus costumbres están cambiando. “Le he fallado, se escapó el bicho”. Cuénteme usted ¿qué está pasando con la caza? El fuego los ha espantado lejos a los animales por eso es que ya es difícil para cazar. Por eso es que estamos criando vaquitas para que de eso vivamos porque ya no hay animales. Ya se han acabado. Por eso estamos comprando vaquitas para mantenernos con eso, porque ya no hay. Por lo menos con eso haciendo crías vamos a producir y de eso vamos a vivir.
El acercamiento al mundo urbano está aliviando muchos de sus problemas, pero tiene su impacto. Los médicos han notado cambios como aumento de peso y del colesterol; también la diabetes, que era algo desconocido, está empezando a aparecer. Pero a pesar de los cambios, los tsimane se sienten orgullosos de saber que su estilo de vida ancestral es ahora una referencia de salud más allá de la selva.