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Y cuando son las 7:18 minutos, hora central europea, queda menos de una hora y cuarto para que termine la cotización en Estados Unidos. Vamos con nuestra entrevista del día; nos acompaña, tenemos el placer de recibir a Gonzalo Bernardos, profesor de economía en la Universidad de Barcelona. Gonzalo, buenas tardes y bienvenido.
Muy buenas tardes.
Pues vamos a hablar, Gonzalo, de esa guerra comercial que Donald Trump está protagonizando y liderando. Tenemos al primer ministro de Canadá que, en sus primeras declaraciones en el cargo, el sustituto de Justin Trudeau, Marc Carney, ha dicho que va a buscar a otros socios comerciales mirando precisamente a Europa en general y a Francia en particular. Gonzalo, ¿es realista la posibilidad de la puesta en marcha de un nuevo orden comercial en el que los países dejen atrás a Estados Unidos o incluso opten por bloquear a este país a nivel comercial?
No, para nada. Mira, los gobernantes permanecen en su cargo cuando pasan dos reválidas. La primera reválida es cada cuatro años, normalmente, y los electores le dan o le quitan la confianza; pero la segunda reválida es muy frecuente y tiene lugar en los mercados financieros. Los mercados financieros están suspendiendo claramente a Trump; le están otorgando prácticamente un cero desde que tomó posesión, si la memoria no me falla, el 20 de febrero hasta la actualidad, es decir, hasta ayer. El Standard & Poor’s había bajado casi un 9%; el Nasdaq, por encima del 10%; la cotización del dólar prácticamente había pasado de 0 a 0 respecto al euro. Entonces, es indiscutible que a muchísima gente le está haciendo perder mucho dinero. Estas personas no se van a quedar de brazos cruzados. Además, vamos a ver cómo las empresas van a salir muy deterioradas en Estados Unidos: unas porque van a exportar menos, otras porque no van a tener a los precios que tenían los bienes importados; y todo esto va a acabar con menos ingresos y, sobre todo, con más inflación, porque los aranceles son inflacionistas y porque, además, es inflacionista la bajada de impuestos prometidas de sociedades y del impuesto de la renta. Entonces, Trump no puede dimitir como dimitiría o lo obligarían a dimitir un primer ministro en una economía occidental; y el mejor ejemplo es Liz Truss, la ministra más breve en Reino Unido desde 1834, si la memoria no me falla; duró 45 días porque hizo una soberana barbaridad en un entorno de recesión y elevada inflación: cogió y bajó los impuestos, la mayor bajada de los impuestos desde 1972 con Edward Heath, y aumentó el gasto público para rebajar la factura del gas y la electricidad. Entonces, yo te auguro que no tardará mucho Donald Trump en decir: “Donde digo digo, mañana diré Diego.” Y la política comercial que ahora veremos no tendrá nada que ver con la que resulte en los próximos tiempos.
¿Crees que Donald Trump no va a implementar los aranceles que él mismo ha dicho? ¿Pero no puede suceder que, si hace eso, deje de tener credibilidad? La credibilidad hoy en día en un político no es un punto fuerte; míralo aquí en España: hemos visto 23.000 rectificaciones de Pedro Sánchez, y ahí lo tienes. Pero no son los Pedro Sánchez la verdad y la mentira, sobre todo desde la irrupción de las redes sociales, prácticamente se confunden, y muchas personas no saben distinguir una de la otra. Entonces, eh, de Trump, que muchísimos norteamericanos no se lo han tomado en serio y muchas personas de otros países tampoco, en el momento que es el actual, que se lo tomen en serio, va a saber lo que son las presiones de los lobis, lobis que buscan lo mejor para las empresas, lobis que estarán escandalizados por la pérdida de capacidad de ocupación de muchísimas familias. Entonces, delante de esto reaccionará. Ha sido bastante patético ver cómo el integrante principal de la Casa Blanca hace propaganda de unos coches Tesla, unas empresas automovilísticas que ya no está entre las siete magníficas de la bolsa, que ya no está entre las diez primeras y que aproximadamente ha perdido el 50% de su capitalización. Incluso un acuerdo de Elon Musk con América Móvil para la extensión de uno de sus negocios se ha ido al garete simplemente por un tuit que dejaba muy mal parado, injustamente mal parado, a México. Estamos ante un mundo diferente al que hemos conocido los que tenemos una edad, y que Trump rectifique se da por sentado que lo puede hacer en cualquier momento e incluso sobre un mismo tema tratar de forma diferente en cuatro días, cuatro veces. Decías… el intento de espaldarazo que le ha dado Donald Trump a Tesla esta semana después de las caídas importantes que ha sufrido en bolsa, y te quiero sacar a colación precisamente a esta compañía porque es la primera compañía norteamericana que le ha dicho a Donald Trump que los aranceles pueden afectar al sector automovilístico estadounidense; y me llama la atención porque el CEO de Tesla es el asesor de Trump.
Sí, pero mira, es el asesor para reducir el gasto público, eh, un asesor que hasta ahora está haciendo muy mal su trabajo, porque, en primer lugar, porque el gasto público, principalmente en Estados Unidos, lo hacen los Estados, y Trump no tiene competencia directa sobre los Estados; en segundo lugar, el gasto federal, la reducción está siendo escasísima; está viendo mucha más palabras, palabras y palabras y pocos hechos; y, sobre todo, a mí me hace mucha gracia la unión entre Trump y Elon Musk. Por una parte, Trump admira a Elon Musk porque es el empresario que a él le hubiera gustado ser. Trump ha sido un especulador que le ha ido muy bien cuando el mercado inmobiliario estaba en auge y que le ha ido muy mal cuando el mercado inmobiliario está en declive. Realmente, lo que ha tenido éxito Trump es como personaje televisivo con “El Aprendiz”. Aquí, en relación a Elon Musk, es que no puede ser presidente de Estados Unidos porque es sudafricano. Por lo tanto, la unión con Trump es para tener una influencia política que no tenía; pero yo creo que uno y otro han menosado la capacidad del resto del mundo de oponerse a los deseos del presidente de Estados Unidos. Es clamoroso y prácticamente propio de la risa cómo se queda descolocado cuando el Estado de Ontario le dice que le va a cortar la electricidad al medio norteamericano cuando ve los aranceles que ha impuesto a productos europeos. Europa coge y se lo represalia. Musk aún no ha asumido bien de que las ventas en China de Tesla se han desplomado a la mitad; que en los países nórdicos, en que Tesla era la marca más destacada en ventas, se han hundido irremisiblemente; y que Estados Unidos es un país muy antipático, y te lo dice un proamericano de toda la vida como soy yo. Porque, claro, que Trump quiera jugar al Monopoly, ¿vale?, pero que quiera jugar al Risk y quiera invadir otros países de una u otra manera, a mí me parece absolutamente impresentable.
¿Qué debe hacer a tu juicio Europa para responder a los aranceles del 200% al vino y a las bebidas alcohólicas de Trump que anunció ayer como contrarrespuesta a la respuesta europea?
Muy sencillo: ir represaliando todo tipo de medidas. Mira, esto va de tamaño; ellos tienen 350 millones de habitantes, nosotros tenemos 450 millones. Lo que pasa es que hay una serie de países que han vivido muy bien de lo que es la globalización comercial. Tenemos esencialmente tres: Alemania, número uno; Países Bajos, número dos; e Italia, número tres, con respecto a Estados Unidos. El que está muy erosionado es Irlanda, porque es la sede más fiscal que de otra cosa de muchas multinacionales tecnológicas americanas, y por aquí puede tener más de un problema; pero, por ejemplo, un país como España nos podemos permitir perfectamente cualquier guerra comercial con Estados Unidos porque las cuentas son claras: nosotros importamos bastante más de lo que exportamos; en segundo lugar, nuestras exportaciones solo son el 4,8% del total; y tenemos solo unos poquitos sectores afectados, sectores que al principio van a tener dificultades para reconducir las ventas a otros países, pero que al final los acabarán reconduciendo. Si es un impacto muy fuerte, sí afecta al aceite de oliva, al vino, al cava; pero estimaciones que se han hecho del posible, la posible repercusión sobre la economía española de los aranceles de Estados Unidos con un 25% no llega a medio punto del PIB, medio punto que, por otra parte, recuperaríamos porque la política monetaria de la zona euro sería más laxa de lo que es en la actualidad. Por lo tanto, eh, sí hay tres países que han de estar muy preocupados: Alemania, Países Bajos e Italia, pero principalmente Alemania, que llueve sobre mojado. Nosotros nada, podemos soportar perfectamente la guerra comercial, y el que más tiene que perder es Estados Unidos porque la guerra comercial no solo es con Europa, va a ser con todo el mundo. En otras cosas, porque tenemos un presidente que no tiene ni pajolera idea de economía. Él piensa que la política comercial es como el mundo de la empresa: hay una demanda, y, por lo tanto, si yo me llevo una parte mayor, la otra empresa se lleva una parte menor; por lo tanto, esto es un juego de suma cero: yo gano, el otro pierde o viceversa, y yo, que tengo más tamaño que la mayoría de las otras empresas, me voy a convertir en el abusón del barrio y aprovecharme. Pues, señor Trump, en la política comercial no es así. La política comercial está basada en que la igualdad de exportaciones e importaciones, el comercio genera PIB, en que después de las sucesivas rondas comerciales del GATT y la última, la Uruguay, en que se creó la Organización Mundial del Comercio, siempre esa liberalización del comercio ha conducido a resultados positivos, y que si hay un proteccionismo, este debe ser muy especializado en determinados productos y con determinados países. Lo que no tiene ningún sentido es que Trump haya llegado y el arancel medio de Estados Unidos haya pasado del 2,5 al 12,5, un arancel que va a provocar una subida de la tasa de inflación solito de un 1%, es decir, de un punto.
Precisamente hablando de los objetivos que persigue Estados Unidos y de la percepción que hay en Wall Street, decías hace unos minutos el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, que los aranceles no van contra ningún país, sino que tienen como objetivo recuperar el liderazgo económico de Estados Unidos. ¿Por qué Wall Street responde así? ¿Por qué hay temor a esa recesión?
Mira, la Reserva Federal de Atlanta eh monitoriza prácticamente casi diariamente la coyuntura económica de Estados Unidos. A mitad de enero, el PIB de Estados Unidos estaba creciendo al 4%; el 3 de marzo estaba descendiendo al 2,8. En principio, un salto espectacular y muy negativo. No obstante, vamos a encontrar una explicación porque un volumen tan importante de cambio en el PIB en tan corto plazo de tiempo merece una explicación. La aplicación, en primer lugar, es muy sencilla: es que se han adelantado muchísimo las importaciones porque los receptores de Estados Unidos han pedido rápido, rápido, rápido que me envíes muchísimos más productos para tener stocks más baratos de los que tendría si hago mis pedidos como lo hacía normalmente. Claro, aquí es: importaciones restan, ¿vale? Pero lo más preocupante es lo que va a suceder próximamente. En primer lugar, en Estados Unidos, Trump ha generado incertidumbre económica. Cuando tú generas incertidumbre económica, vas a tener en los próximos meses paralización de la inversión de las empresas. En segundo lugar, las familias van a gastar menos porque tienen miedo. En tercer lugar, vamos a ver cómo es más difícil encontrar un empleo; vamos a ver cómo es más difícil cambiarse de empleo. Entonces, la situación esta la refleja la bolsa, la refleja también la moneda, y no la refleja la deuda pública porque el tipo de interés de la deuda pública a un año, tres años, cinco y diez ha bajado porque se está convirtiendo en estos momentos en un activo refugio. Pero yo no me gustaría estar en la piel de Estados Unidos. Afortunadamente, nosotros en España estamos mucho mejor y estamos a salvo porque tenemos tres impactos muy positivos en el PIB durante 2025 de los que no depende prácticamente nada lo que ocurra en Estados Unidos: el turismo, que volverá a marcar récords; los fondos Next Generation, que tarde pero que empiezan a llegar a las empresas; y, finalmente, entre 400.000 y 500.000 inmigrantes que llegarán y trabajarán donde nosotros no queremos hacerlo.
Pues, Gonzalo Bernardos, profesor de economía en la Universidad de Barcelona, un placer esta charla contigo y que tengas buen fin de semana.
Gracias, muchísimas gracias. Adiós.