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El tema central de este programa es la inflamación, conocida como el asesino silencioso. Hablaremos también sobre el intestino permeable, qué es y cuáles son los síntomas, las consecuencias, las enfermedades que se desprenden de este padecimiento, los alimentos altamente inflamatorios y la información necesaria para lograr una buena salud intestinal.
Entenderás lo importante que es tener una dieta balanceada, los alimentos a sustituir y cuáles incluir, qué suplementos tomar y cómo tener hábitos saludables que te lleven a un estilo de vida que te permita vivir sin inflamación constante y con un intestino sano. Incluiremos en este programa una dieta específica para tratar, revertir y evitar este padecimiento y unas recetas deliciosas de fácil elaboración. Romperemos el mito que comer sano es aburrido.
Déjenme hablarles sobre el sistema digestivo. Se conoce como el sistema nervioso entérico, pero ha sido llamado el segundo cerebro y es en realidad una unidad anatómica única que va desde el esófago hasta el ano. Aquí se sienten las emociones, el famoso got feeling, que en inglés es instinto o intestino. Y es por eso que cuando nos sentimos nerviosos, con miedo, es muy probable que nos da diarrea, enojo o colitis. Cada emoción es reflejada inmediatamente en nuestro intestino.
En él hay muchos más receptores del cerebro que en el mismo cerebro. Al igual que el cerebro, este sistema produce sustancias que influyen directamente en nuestro estado anímico, como son los neurotransmisores. El 90% de la serotonina y la dopamina se producen aquí, así como muchos otros que trabajan sobre el dolor y el placer. Además de compuestos con un efecto tranquilizante.
El segundo cerebro tiene dos misiones principales. La primera, controlar todo el proceso de la digestión desde los movimientos intestinales peristálticos, la secreción de los jugos digestivos para digerir los alimentos, la absorción y el transporte de nutrientes, así como la eliminación de todos los desechos del cuerpo. La función número dos es colaborar con nuestro sistema inmunológico en defensa de nuestro organismo.
Los últimos estudios sobre nuestro aparato digestivo demuestran que aquí es donde se lleva a cabo nuestra vida interna, la microbiota. Millones de bacterias determinan desde nuestro peso hasta nuestro estado de ánimo. Hoy estamos en pañales aprendiendo de estas bacterias. Cada una puede determinar si tenemos colesterol alto, si subimos de peso o si tenemos alguna enfermedad.
¿Qué es la inflamación? la raíz de la mayoría de las enfermedades. Tomemos en cuenta que entre el 60 y el 80% de nuestro sistema inmunológico está regulado por nuestro intestino. Por lo tanto, si comprometemos su salud, comprometemos también nuestro sistema inmune y generamos una respuesta inflamatoria constante.
La inflamación es una respuesta natural de nuestro sistema inmunológico a invasores externos o internos como virus, bacterias, hongos, toxinas, parásitos, estrés y otros factores. La reacción natural es crear un proceso de inflamación. Por ejemplo, cuando una persona se enferma de gripa, el cuerpo reacciona y como respuesta transporta por el torrente sanguíneo una gran cantidad de glóbulos blancos y nutrientes para atacar. La inflamación cede cuando la amenaza, la infección o lesión desaparece. Es una respuesta de una interacción pro y antiinflamatoria. Ambas siempre deben estar en equilibrio perfecto para la reparación y regeneración celular.
El problema se agudiza cuando los procesos no están en balance, por lo que la inflamación en el cuerpo se vuelve crónica y constante. Por esta razón, a este padecimiento se le conoce como el famoso asesino silencioso, ya que no estoy hablando de inflamación intestinal, estoy hablando de inflamación celular y muchas veces vamos por la vida sin darnos cuenta que vivimos inflamados. Esto es un signo de desequilibrio en nuestra salud debido a la exposición diaria a toxinas, químicos, contaminantes, estrés elevado, falta de sueño y alimentos procesados, entre otros.
Entre más inflamación tenga el cuerpo, más sustancias inflamatorias se producirán como una respuesta de protección. Al vivir con una inflamación aguda o crónica, se empiezan a presentar síntomas o enfermedades tales como la artritis, obesidad, asma, enfermedades autoinmunes, cardíacas, cáncer, Parkinson. colitis, cansancio crónico, migrañas, etcétera. Por eso es tan importante apagar la inflamación para que el cuerpo nos deje de atacar.
Vamos a comprender cuál es la relación de la inflamación y la nutrición. Lo que comemos puede promover tanto la producción de sustancias inflamatorias como antiinflamatorias. Nuestro sistema inmune reacciona ante los excesos de alimentos que se consumen como cereales y grandes cantidades de carbohidratos procesados, alcohol o lácteos y grasas trans que se encuentran en las margarinas o en las frituras. Una dieta rica en azúcares, grasas o alimentos procesados causa una ganancia de peso resultando en obesidad, resistencia a la insulina y en algunos casos diabetes. Todo lo anterior provoca la liberación de sustancias proinflamatorias por el tejido graso o la famosa longita, que es muy inflamatoria.
No se desesperen, todo esto tiene solución y lo mejor es la prevención. Existen varios factores de riesgo de inflamación crónica como el envejecimiento. Con los años el cuerpo tiende a generar mayor respuesta inflamatoria causando una mala salud intestinal. Otros factores son nuestros malos hábitos como el cigarro, la falta de sueño, el sedentarismo y el estrés que disparan emociones como la tristeza, depresión y ansiedad. Todo esto genera la producción de sustancias proinflamatorias.
Otro factor importante en el proceso de inflamación es la mala salud intestinal y el desequilibrio de las grasas omega6 que se obtienen de los aceites refinados provenientes de los granos y las semillas. Estas grasas son las más utilizadas por la industria de alimentos, efecto contrario que es el omega-3, que se obtiene de pescados de agua fría como el salmón, la sardinas, el arenque, bacalao, así como la linaza y las nueces, que son antiinflamatorios y que resultan muy benéficos para nuestro organismo. El problema es que el cuerpo no los produce por sí solos y es necesario adquirirlos a base de una dieta mediterránea rica en estas grasas.
Existen algunos alimentos de difícil digestión que provocan y aumentan la inflamación en el organismo. Por ejemplo, el azúcar conocemos que tiene muchos efectos negativos en nuestro cuerpo como obesidad, resistencia a insulina, diabetes y hasta, ¿qué crees? Hígado graso. Recuerda que si te pasas en calorías, tu cuerpo lo almacena en forma de grasa.
Los aceites vegetales que conocemos como el aceite de soya, aceite de cártamo, girasol, maíz u algodón y se conocen como grasas trans, ya que se encuentran en aceites conocidos como hidrogenados. presentes en la margarina, mantecas, frituras y todas las comidas rápidas. Son aceites muy económicos que a altas temperaturas se oxidan.
Lácteos, un gran porcentaje de la población mundial no es capaz de digir los lácteos causándonos inflamación. Los lácteos comerciales que han sido pausterizados y homogeneizados son los más alergénicos, ya que no poseen la enzima lactasa, la cual es capaz de digerir la lactosa. Además, contiene la proteína de la leche caseína, que es muy inflamatoria y alérgica. La mejor versión para tomar lácteos es la fermentada, como el kefir, el yogur griego y algunos quesos maduros bajos en lactosa y caseína.
Carnes de engorde son las carnes provenientes de animales que han sido alimentados con granos como el maíz y soya, granos transgénicos. Una dieta con exceso de omega 6 y baja en omega3 da como resultado una carne llena de grasa saturada que eleva el colesterol y provoca inflamación. Hay que sumarles los antibióticos, hormonas y pesticidas a los que han sido expuestos.
Carnes procesadas. En esta categoría entran todas las carnes que han sido sometidas a los procesos de conservación, como los famosos embutidos, que contienen una gran cantidad de preservadores y aditivos, como los nitritos relacionados con la inflamación.
Alcohol. Su exceso produce inflamación, especialmente en órganos como la laringe, esófago e hígado.
Los cereales refinados que se encuentran en el pan, pastas, galletas, arroz blanco, etcétera, y que la mayoría de las personas hacen uso excesivo de estos productos. Su consumo en exceso provoca deficiencias del complejo B necesarias para metabolizar estos carbohidratos y sobre todo porque contienen una proteína de trigo conocida como gluten y la contienen en cantidades superiores a la que podemos digerir.
Aditivos y endulcorantes artificiales. ¿Cuáles son? El aspartame y el glutamato monosódico o MCG, también conocido como ajinomoto. Se ha demostrado que disparan estados inflamatorios y que inciden en enfermedades como la artritis reumatoide. Estos se encuentran en gran parte de los productos procesados y envasados, sobre todo en los productos orientales.
Hay ciertos alimentos que también generan alergia, como la soya, los cacahuates, huevos, papas, berenjenas, pimientos y jitomate. Recuerda, la vida es un 8020. Meter a tu cuerpo 80% alimentos antiinflamatorios y un 20 proinflamatorios que los podemos consumir eventualmente y los veremos más a detalle.
Ahora sí vamos a entrarle de lleno a este tema y entender qué es el intestino permeable, cómo se repara y su relación con nuestro estado de ánimo. Para entender la condición del intestino permeable, es importante resaltar que dentro de nuestro intestino existe una capa de mucosa que es esencial para la absorción apropiada de nutrientes. Esta capa es porosa y actúa como un filtro o barrera permeable que permite que los nutrientes de nuestros alimentos se absorban al torrente sanguíneo sin dejar pasar toxinas dañinas, bacterias y partículas de alimentos no digeribles. La función de esta capa de la mucosa del intestino es parecida a la de un mosquitero que solo deja pasar el aire pero deja fuera los insectos.
El intestino permeable es una condición que ocurre cuando esta capa mucosa se vuelve demasiado por le permite entrar toxinas, partículas de alimentos no digeribles al torrente sanguíneo. Automáticamente el cuerpo las reconoce como extrañas y se activa el sistema inmune generando anticuerpos que atacan el propio tejido, provocando muchas enfermedades autoinmunes como lupus, artritis, esclerosis múltiple y fibromalgia. Por mencionar algunas en una lista de 80 enfermedades de causa desconocida en las comunidades médicas.
La capa de la mucosa del intestino se daña cuando hay estrés, comida procesada, masticación insuficiente, generando así una mala digestión que a su vez produce químicos y tóxicos y gases provenientes de las bacterias encargadas de separar los nutrientes de la comida. Tal vez los principales contribuyentes para el intestino permeable son el consumo excesivo de líquidos con las comidas, comer de más, el alcohol, la cafeína y la ingesta exagerada de azúcar, la cual alimenta hongos y parásitos. Los aditivos, drogas, medicamentos, incluyendo aspirina, cortisona, ibuprofeno, antiácidos y antibióticos, son también un causante de un intestino permeable.
Algunos de los síntomas relacionados con esta condición son dermatitis en la piel, diarrea, cansancio, dolores de articulaciones, migrañas y hasta depresión. Hoy se sabe, que ya lo mencioné anteriormente, que en nuestro intestino se produce el 90% de nuestros neurotransmisores encargados de la felicidad, del buen humor y de la concentración, siempre y cuando tengamos una buena flor intestinal. Y por lo contrario, cuando no tenemos estas buenas bacterias saludables, producimos neurotóxicos que llegan al cerebro causando inflamación y un intestino roto, desatando enfermedades como depresión, Alzheimer, Parkinson, entre muchas más. Por eso quiero que se guarden este concepto. Intestino roto es igual a cerebro roto y un intestino contento es igual a un cerebro contento.
¿Quién de nosotros no vive estresado? Pero lo que no sabemos es cómo el estrés daña la salud intestinal causando un intestino permeable. Vamos a remontarnos a nuestros ancestros y entender cómo vivimos en el modo de sobrevivencia. El estrés juega un rol crucial en nuestra salud y microbioma intestinal. Las bacterias del intestino pueden producir metabolitos, sustancias conocidos como LPS o lipopolisacáridos que provocan mucha inflamación en el sistema nervioso central. El simple hecho de tener emociones crónicas como preocupación, angustia, miedo a que algo malo te sucede a ti o a tu familia nos hace vivir en modo sobrevivencia. Tu cerebro no distingue si tu miedo es a la muerte o a enfermarte. Miedo es miedo y tu cuerpo genera una serie de reacciones químicas para defenderse o atacar, preparándote para que tu respuesta sea de oída o de ataque impotente. Ciertamente, muchas veces no existe nada fuera ni nadie esperando atacarnos, pero nuestra mente cree que sí, generando pensamientos catastróficos, ya que lo vive como si fuera una verdad.
Cuando vivimos en el modo de sobrevivencia, nuestro cuerpo tiende a acumular grasa junto al hígado para tener una reserva rápida por si no tenemos tiempo de comer y así poder sobrevivir, generando la acumulación de grasa visceral en nuestro hígado, corazón, intestino y otros órganos que nos predisponen a la resistencia a la insulina, diabetes, hipertensión y muchos otros problemas de salud. Nuestras hormonas sexuales obviamente disminuyen, ya que tenemos que darle prioridad a una sola hormona, la hormona del estrés. El cortisol y las demás hormonas disminuyen causando muchos desbalances hormonales. Pero, ¿qué es más importante? ¿Repodirnos o sobrevivir en el estrés? Desde luego, tenemos que sobrevivir.
Tenemos una barrera protectora en nuestra mucosa intestinal que se conoce como Ig. Esa barrera nos impide que se metan toxinas, hongos, parásitos a nuestro intestino, dañando nuestra salud intestinal. ¿Qué pasa cuando estamos estresados? Se sube el cortisol, la hormona del estrés, y baja Ig abriendo esta mucosa y permitiendo el paso a toda sustancia extraña, dañando nuestro intestino, inhibiendo la absorción intestinal. Y algo muy importante, los jugos gástricos disminuyen. La betaína que ayuda a romper las proteínas y que construyas músculo se detiene porque el cuerpo no le va a dar prioridad a producir jugos gástricos y digestión cuando estamos en cacería y tenemos un animal que nos está persiguiendo.
Todo esto afecta nuestra digestión causando lenta motilidad. Nuestro intestino disminuye, no digerimos los alimentos, nos inflamamos, tenemos eruptos, gases, mala digestión y perdemos la absorción de proteínas afectando nuestra masa muscular. Esto a unado a que llevas años tomando antiácidos y que estás bajo estrés, provoca la sensación de que todo te cae mal, no digeres la comida y estás perdiendo tu masa muscular y te sientes mal todo el tiempo. Además, como no tenemos jugos gástricos, aumenta el crecimiento de población bacteriana y nos llenamos de bacterias malas. que dañan nuestro cuerpo y nos afectan nuestra salud corporal.
Es momento de sanar nuestro intestino y apagar la inflamación. Habíamos dicho que la dieta es responsable de activar la inflamación crónica y del intestino permeable. La manera de revertirla y evitarla es mediante un balance en lo que comemos y cómo lo comemos. Los alimentos son información que expresan o apagan nuestros genes. Nuestra dieta tiene el poder de apagarlos y modificar la expresión de ellos. Por ejemplo, sabemos que las balas de la pistola son nuestros genes, pero quien dispara el gatillo somos nosotros. ¿Cómo? Con nuestro estilo de vida. Hoy se sabe que solo 5% de las enfermedades son genéticas y el 90% es lo que hacemos con nuestra vida.
Es muy importante desintoxicar y reparar a nuestro cuerpo mínimo de 1 a 3 meses hasta un año para lograr apagar y regenerar la permeabilidad intestinal. Esto se logra a través de los siguientes consejos. El consumo de suplementos que ayudan a reconstruir esta mucosa intestinal, el consumo de grasas omegas para lubricar nuestro intestino, las enzimas digestivas para mejorar nuestra digestión, el consumo de probióticos para reparar nuestra flora intestinal. Si nosotros cambiamos nuestros hábitos y nuestro estilo de vida, lograremos que la inflamación crónica ceda y el síndrome de intestino permeable desaparezca.
Para esto es necesario hacer ejercicio con frecuencia, minimizar el estrés, mantener un peso ideal, no fumar ni tomar alcohol, dormir profundo un periodo diario de 7 a 8 horas, tomar más agua entre comidas, pero sobre todo llevar una dieta rotatoria con un gran contenido de fibras para eliminar toxinas y una dieta rica en antioxidantes como frutas y verduras, granos integrales, alimentos que contengan omega-3 como el pescado, salmón salvaje, chía o linaza e integrar unos buenos suplementos como la vitamina C, la vitamina D3, complejo B, minerales y probióticos y la glutamina para fortalecer nuestro sistema inmunológico.
Ahora sí te daré algunos tips y suplementos para ayudar a reparar tu intestino. Durante la inflamación crónica existe la presencia de hongos como cándida y parásitos intestinales. Hay que atacarlos tomando un tratamiento de suplementos y una fórmula herbal que te daré más adelante y encontrarás en tu ebook. Incluye los tes verdes y la macha. Son altos en antioxidantes, ya que contienen catequinas y polifenoles que pueden detener el envejecimiento y apagar tu inflamación. La infusión de hierbas como el té boldo contiene un compuesto conocido como boldina que combate los radicales libres causantes del envejecimiento y ayuda a limpiar tu hígado.
Hay que consumir grasas saludables a alimentos ricos en omega-3, que son grasas que producen nuestras hormonas sexuales y antiinflamatorias, que además bajan el colesterol malo, previenen un trombo, nos dan flexibilidad y fuerza a las arterias. Así como a la célula. Los encontramos en las sardinas, anchoas, pescados de agua azul, truchas, salmón salvaje, en el aceite de oliva extravirgen por su alto contenido de ácido leico, aguacate, linaza, almendras, semillas de girasol, pistaches, aceitunas, chía y nueces, que además son una fuente rica en magnesio y nos ayudan a tener un buen sistema inmunológico como un buen funcionamiento de nuestros músculos y nervios. El consumo de grasas, aún siendo buenas, debe de ser moderado.
Otro tip es consumir especias como el jengibre, la canela y la cúrcuma, que contiene curcumina, la cual actúa como un excelente antiinflamatorio, analgésico y antioxidante. El azafrán ayuda a subir tu serotonina, mejora tu humor y tu ansiedad. El chile y la pimienta callena contienen capsaicina, un excelente antiinflamatorio.
Consume alimentos ricos en antioxidantes. Recuerda que los antioxidantes son el escudo protector de nuestras células que detienen la oxidación y los radicales libres. Alimentos ricos en colores como granada, cereza, frutos rojos, piña, sábila, aloe vera que quite el reflujo, sana el intestino, ajo y cebolla que contienen sulfur, limpia nuestro hígado. Todos estos alimentos ricos en antioxidantes tienen minerales y vitaminas que ayudan a la salud de tus músculos y tus nervios.
Consume cereales como el arroz integral, quinoa, amaranto, que contienen fibra, proteína, vitaminas que ayudan a mejorar tu digestión. Incluye en tu dieta el famoso caldo de hueso casero porque contiene gelatina que sale del colágeneno y contiene glutamina y argirina que ayudan a cenar tu intestino, la mucosa intestinal y mejoran tu digestión.
Espero que este programa te haya dado una visión más clara sobre la importancia de llevar a cabo una alimentación sana y balanceada. Esto no quiere decir que nunca más vas a poder comer o tomar alimentos denominados proinflamatorios, pero es necesario que controles el consumo y que no sea en exceso. Siempre la regla 8020, 80 sano y 20 no tan sano. Súmale años a tu vida y te dejo esta frase que me encanta de Hipócrates. Deja que el alimento sea tu medicina y que la medicina sea tu alimento, a tu salud.