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Evangelio día Viernes 24/04/26 - Padre Carlos Rosell - Juan 6, 52-59 - Discurso en Cafarnaún.

Cooperadores de la Verdad (Católico)16:00

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo discutían los judíos entre sí: "¿Cómo puede este darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día."

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí, yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre. Del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado el cielo, no como el maná que comieron sus padres y murieron. El que come de este pan vivirá para siempre."

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Este pasaje del Evangelio según San Juan, capítulo 6, nos habla de la Eucaristía y hay dos enseñanzas muy bonitas. Sobre la Eucaristía, Jesús nos ha dicho: "Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna." Es la primera enseñanza. Recibir la Eucaristía trae vida eterna porque Jesús ha venido a traer vida y vida en abundancia. Decía San Ignacio mártir que la Eucaristía es alimento de inmortalidad. Quien recibe correctamente la Eucaristía tiene vida eterna, porque Jesús es la vida con mayúsculas.

Y la segunda enseñanza viene a ser la siguiente. Dice Jesús: "quien come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él." Es decir, nos convertimos en sagrarios vivientes. Cada vez que recibimos correctamente la Eucaristía, en verdad nos convertimos en sagrarios vivos, portadores de Cristo.

Hermanos, siempre nos vamos a quedar cortos cuando hablemos de lo que significa recibir la sagrada Eucaristía. Nunca estará de más recordar las condiciones para recibir correctamente la Eucaristía. No han pasado de moda, aunque algunos dicen que ya no hay que decir eso, sí hay que decirlo. Hay mucha ignorancia religiosa para recibir la Eucaristía. Lo primero estar bautizados, pero además estar en gracia de Dios. Nunca recibamos la Eucaristía, hermanos, si tenemos pecados graves y nadie está libre. Somos pecadores. Si hay pecados graves, ¿qué debemos hacer? Acercarnos a la confesión. Además, debemos saber a quién se va a recibir. Ahí está Jesucristo, su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Y haber guardado el ayuno eucarístico, es decir, una hora antes de la comunión, no de la misa, de la comunión, no comer nada ni beber nada, salvo agua, medicinas. Son las condiciones que la iglesia siempre ha enseñado.

Pero hay un punto que quisiera remarcar. La Eucaristía no es el alimento para los impecables. Ciertamente hay que estar en gracia de Dios, pero la iglesia nunca ha dicho que para recibir la Eucaristía tienes que ser santo. Somos pecadores. Pecadores que luchan contra el pecado. La iglesia ha condenado el hansenismo. Padrecito, ¿qué ha dicho? Hansenismo viene de Hansenio. ¿Qué decía Hansenio? Vivió en el siglo XV. Decía que para recibir la Eucaristía tenías que ser santo. La iglesia rechazó esa postura. Para recibir la Eucaristía hay que estar en gracia, pero tienes tus miserias, tus debilidades, tus fragilidades. La Eucaristía no es el alimento de los impecables, es el alimento de los pecadores que luchan contra el pecado.

Por eso es muy importante, hermanos, no perder de vista que la Eucaristía también exige nuestra conversión. Hoy hemos escuchado en la primera lectura la conversión de ¿quién? de Saulo, hoy San Pablo. Y fíjense, Pablo en sus cartas también nos va a hablar de la Eucaristía y él va a tener una experiencia tan profunda con Jesús que le llevará a decir que nosotros los cristianos formamos con Cristo un solo cuerpo. Y si tú recibes la Eucaristía, tienes que preocuparte de cuidar ese cuerpo, es decir, cuidar la unidad en la iglesia.

Hemos escuchado en la primera lectura como Saulo va a una ciudad a perseguir, encarcelar a los cristianos. ¿A qué ciudad? Damasco y en el camino tiene ese encuentro con Cristo resucitado, se cae, está rodeado de una luz y escucha la voz de Jesús. Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo pregunta: Señor, ¿quién eres? ¿Y qué escucha? Jesús: "Soy yo, Jesús, a quien tú persigues." Hermanos, ¿a quién iba Saulo a perseguir? A los discípulos de Jesús, a los cristianos. Y Jesús le está diciendo: "A mí me persigues. Quien ataca a los cristianos ataca a Cristo, porque los cristianos con Cristo son un solo cuerpo." Esto nunca se le va a olvidar a San Pablo. Formamos con Cristo un solo cuerpo. Por eso en Primera de Corintios 10:17 nos va a decir: "Si todos participamos del mismo pan, es decir, de la Eucaristía, formamos con Cristo un solo cuerpo." Si tú recibes la Eucaristía, tienes que cuidar el cuerpo de Cristo, que es la iglesia.

Hermanos, lo repito, si recibimos la Eucaristía, tenemos que ser personas que cuidan la comunión en la iglesia, que construyen siempre puentes, nunca muros. Pidamos hoy a la Virgen, nuestra madre, que nos ayude a tomar conciencia que recibir la Eucaristía es lo máximo, lo más bonito, lo más sublime, pero también la Eucaristía trae exigencias. Una de ellas es cuidar la unidad en la iglesia. Que así sea. Amén.

Queridos hermanos, hoy es viernes, día dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Vamos a rezar juntos las letanías al Sagrado Corazón de Jesús.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Jesucristo, óyenos.

Jesucristo, óyenos.

Jesucristo, escúchanos.

Jesucristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Corazón de Jesús, hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre, por el Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien mora toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos nosotros hemos recibido, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, liberal con todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, desgarrado por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, víctima por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

Jesús manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oremos.

Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te tributa y concede aplacado el perdón a estos que piden tu misericordia en el nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Hermanos, hoy Jesús nos habla de la Eucaristía. "Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día." Recibir la Eucaristía es garantía de salvación. Jesús ha venido a traer vida y vida en abundancia. Y Jesús también nos ha dicho: "Quien come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él." Cada vez que recibimos la Eucaristía, nos convertimos en sagrarios vivos, portadores de Cristo.

Nunca estará de más recordar las condiciones para recibir correctamente la Eucaristía. Lo primero estar en gracia de Dios. Tenemos que tomar conciencia que si hay pecados graves hay que confesarse. Eso no ha pasado de moda. Hay que saber a quién vamos a recibir. Ahí está Jesús en la Eucaristía y haber guardado el ayuno eucarístico, no haber comido ni bebido nada una hora antes de la comunión. Pero además es bueno recordar también que la Eucaristía no es para los perfectos, no es para los santazos. La iglesia rechazó la postura de Jansenio. Jansenio decía: "Solamente pueden comulgar los santos." Hermanos, todos somos pecadores, pero pecadores que luchan contra el pecado.

Hoy hemos escuchado en la primera lectura la conversión de ¿quién? Saulo, de Saulo. Y Saulo se va a dar cuenta que cuando se persigue a los cristianos, se persigue al mismo Cristo, porque todos los cristianos con Cristo forman un solo cuerpo. Si recibimos la Eucaristía, también hay una exigencia: cuidar el cuerpo de Cristo, cuidar a la iglesia, cuidar la unidad de la iglesia, ser personas de comunión, no personas que generan división.

Que la Virgen nos ayude a ser verdaderamente eucarísticos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, dulce corazón de María, sea salvación del alma. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.