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¡Hola de nuevo familia! Cada vez se habla más del Internet de las cosas, pero...¿qué es y cómo funciona? Os lo explicamos.
A grandes rasgos, el concepto Internet de las Cosas se refiere a la revolución en las relaciones entre los objetos convencionales y las personas e incluso entre los propios objetos. En otras palabras, se trata de la digitalización del mundo físico, o lo que es lo mismo, que todos los utensilios tradicionales se conecten con la red y también se sincronicen entre ellos mismos para ofrecer un servicio mucho más pleno y eficiente. De este modo, esta idea pretende potenciar que objetos que años atrás se conectaban mediante circuito cerrado, lo hagan ahora globalmente mediante el uso de la red de redes para interactuar entre ellos. Un claro ejemplo sería que al sonar nuestro despertador, la cafetera empezará a calentar el café. Vamos, una especie de acción-reacción pero entre aparatos.
Aun así, el Internet de las Cosas no es un proyecto reciente. Desde hace más de dos décadas, diversos sectores trabajan en la idea de hacer lo más interactivos posible todos los objetos de uso cotidiano para alcanzar lo que muchos denominan como el hogar inteligente, así como también la Smart City.
Pero…¿y cómo funciona el Internet de las Cosas? Pues mediante un hardware especializado (lo que los expertos llaman ‘sistemas embedidos’) que permite a los objetos conectarse no sólo a Internet, sino también programar eventos o llevar a cabo órdenes que les hayamos dictado de forma remota. Por lo tanto, son chips y circuitos que ofrecen la posibilidad de cumpir una serie de tareas muy específicas, las cuales serán asignadas según la IP, ya que todos los objetos tendrán una específica y se podrá acceder a cada uno de ellos en concreto para asignarle una tarea. Aunque también se podría contactar con un servidor externo y enviar los datos que recoja.
Para darle un poco más de forma a este concepto pongamos más ejemplos, hablemos de más casos reales. Mediante el Internet de las Cosas, nuestra nevera podría indicarnos la fecha de caducidad de los alimentos que están a punto de rebasarla. También sería muy factible que nuestro cepillo de dientes nos informara de que ha detectado una pequeña caries y que ha pedido cita en el dentista para que le eche un vistazo. Incluso el retrete podría tomar muestras de nuestra orina y avisarnos de los valores que estuvieran alterados.
Puede sonar demasiado futurista, pero se calcula que en 2020, entre 22.000 y 50.000 millones de dispositivos aproximadamente estarán preparados para conectarse a Internet con el objetivo de proporcionarnos una serie de servicios y aplicaciones inteligentes sin precedentes. De hecho, algunas compañías como Samsung ya ha presentado recientemente prototipos como el SleepSense para controlar, entender y mejorar el sueño y el LG Smart ThinQ, un sensor que nos permitirá conectarnos con nuestros electrodomésticos y conocer, entre muchas otras funciones, si la lavadora ha terminado de hacer el centrifugado.
Pero como era de esperar, una innovación de este calibre también implica una pérdida de la privacidad, porque estaremos cediendo nuestras vidas más aún a la tecnología, la cual podría llegar a ser hackeada como en la actualidad y poner en serio problemas nuestra información personal. Y no sólo eso, sino que cualquiera podría tomar el control de nuestro hogar. Quizás este aspecto y también el alto coste de estos sistemas sean los dos motivos por los que aún el Internet de las Cosas no se ha asentado ya, pero es cuestión de tiempo que nos acabe absorbiendo. ¿Estáis preparados para esta revolución?
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