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Evangelio San Juan 14, 15 - 21 Homilia Pbro. Martin Avalos

Chobe Àvalos38:53

Transcription

El Señor esté con ustedes. Proclamación de la Buena Nueva de Salvación según San Juan. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si me aman, cumplirán mis mandamientos. Yo le rogaré al Padre y él les enviará otro Consolador, que esté siempre con ustedes: el Espíritu de Verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes. No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré en él".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Pueden acomodarse allí en su casa, queridos hermanos, para poder reflexionar acerca de la palabra de Dios en este sexto domingo del Tiempo de Pascua. Ya el tiempo se va terminando. El próximo domingo celebramos la solemnidad de la Ascensión y dentro de 15 días estaremos celebrando Pentecostés. El tiempo pasa rápido, el tiempo pasa rápido y los hombres también pasaremos rápido por este mundo. Nadie será eterno y lo único que va a quedar en este mundo de nosotros es el recuerdo de lo que hicimos, de las decisiones que tomamos. Si fueron buenas, el mundo nos va a recordar como sabios, pero si fueron malas, el mundo nos va a recordar como necios. En lo único que va a quedar, queridos hermanos, lo que hicimos, las decisiones que tomamos. El día que nos vayamos y nos encontremos con el Creador, el día que nos vayamos y tengamos que darle cuentas al Creador, qué es lo que hicimos, cómo lo hicimos, las decisiones que tomamos, si favorecieron a mi familia, a mis cercanos, si favorecieron a aquellos de quienes tenía cierta responsabilidad en este mundo.

Hermanos, estamos de paso en este mundo. No seremos eternos. ¿Por qué entonces no construimos un mundo donde podamos vivir en paz? ¿Por qué entonces, queridos hermanos, no permitimos que Dios nos ayude? Acerquémonos a la palabra de Dios que quiere iluminar nuestra vida. Acerquémonos a lo que Dios nos quiere decir en este día, en medio de estas circunstancias, en medio de esta situación, en medio de esta pandemia, en medio de esta enfermedad, en medio de esta falta de ponernos de acuerdo. Hermanos, ¿qué es lo que el Señor nos dice a través de su palabra?

Voy a centrarme sobre todo en el Evangelio para no hacer muy larga la enseñanza. Me voy a centrar en el Evangelio que acabamos de escuchar, que es parte de los discursos que Jesús da antes de partir. Según los estudiosos, Jesús lo va a pronunciar en la víspera de su Pasión, cuando reunió a sus discípulos. El ambiente, por lo tanto, es un ambiente tenso. El ambiente, por lo tanto, está impregnado de esa partida de Jesús, que no será nada fácil, porque ya les ha anunciado que va a sufrir, que va a padecer, que el mundo lo va a rechazar y que lo colgarán de una cruz. En medio de ese ambiente, centro mi enseñanza en tres puntos que considero importantes.

El primero es lo que nos dice Jesús: "Si me aman, cumplirán mis mandamientos". "Si me aman, cumplirán mis mandamientos". El amor se manifiesta en la obediencia a los mandatos de Jesús. El verdadero cristiano que ama a Jesús es el que cumple sus mandatos, no solamente uno, no solamente dos, no solamente la conveniencia, no solamente aquellos que se acomodan al estilo de vida que llevo, sino que el Señor habla en general: "Si me aman, van a cumplir mis mandatos". Queridos hermanos, el amor no es solo una emoción, el amor no es solamente un sentimiento. El amor debe manifestarse sobre todo en las obras. Ya la sabiduría popular lo dice: "Obras son amores y no buenas razones". Cuánta gente tiene buenos sentimientos, cuánta gente manifiesta buenas emociones, cuánta gente tiene buenos propósitos, pero falta ese elemento sumamente importante y que hace la diferencia entre amar a Jesús y no amarlo: es volverlo obras y llevarlo a la práctica, es concretizarlo, es ayudar, es convertirlo en la misericordia a través de las obras, sean estas corporales o espirituales.

Hermanos, en los momentos de crisis es cuando podemos nosotros descubrir el verdadero amor. En los momentos de crisis es cuando podemos sacar eso bueno que hay en nuestro corazón, esa enseñanza que hemos aprendido de la palabra. Es precisamente en estos momentos cuando, si de verdad amamos al Señor, vamos a hacer vida esa palabra, vamos a concretizarla, sobre todo en aquellos que están cerca de nosotros. No es un sentimiento. Podemos llorar en un momento de quebrantamiento, podemos derramar lágrimas, como lo hizo también Pedro, o como aquella mujer que enjugó los pies de Jesús. Pero el Señor, queridos hermanos, quiere que manifestemos ese amor. ¿Y cómo amar y cómo expresar el amor a Jesús y cómo amar a los demás? Es algo difícil. Por eso envió al Espíritu Santo. Lo que el Señor nos manda no es nada fácil. Ser un verdadero cristiano no es nada fácil. Y pongo un ejemplo: cuando nos invita a perdonar siete veces, no es nada fácil. No es nada fácil el perdón, no es nada fácil sanar el corazón, no es nada fácil hacerle el bien a alguien que nos ha ofendido, que nos ha dañado, que nos ha perjudicado. Queridos hermanos, ahí se manifiesta el verdadero amor a Jesucristo.

Y como sociedad y como salvadoreños, nos llamamos cristianos. Y el Divino Salvador, y todo el mundo toma la imagen que está ahí en esa plaza, y la Virgen, y los cantos, y cuántas cosas. Pero no somos capaces de amarnos, porque nuestro corazón está lleno de ese veneno que se llama odio. Se llama odio. Esa es la raíz. Ahí está precisamente el problema. Hermanos, ¡qué nombre más hermoso, el Salvador! En la Constitución está plasmada ese ser de la sociedad, religioso, reconocida las iglesias católica y evangélica, y todos los domingos los templos llenos, abarrotados. Y ahora, hermanos, no podemos manifestar el amor de Jesucristo. Y ahora, hermanos, no podemos cumplir su mandato: "Amén, perdónense". Y si Jesús lo dijo, es precisamente porque lo necesitamos. "Si me aman", dice el Señor, "si me aman". Y ese amor comienza por nosotros, y ese amor pasa por la casa, y ese amor debe llegar a los ambientes.

Ustedes, queridos laicos, que están en el mundo, que están en las estructuras, que están en la economía, que están en la política, que ven el amor de Jesucristo. Aquellos que se llaman cristianos, yo no puedo llegar a esos ambientes, el sacerdote no puede llegar a esos ambientes, pero sí ustedes. Y eso no es debilidad, no es signo de perder, no, al contrario, de ganancia, porque es lo que traerá paz. Es lo que necesitamos. Y por algo el Señor lo dijo: "Queridos hermanos, el que me ama cumplirá los mandamientos". Y solo me queda en el primero. No digamos los demás.

Esta mañana sé que no voy a llegar a mucha gente y que estará llegando quizás a unos pocos, pero es importante que nosotros transmitamos este mensaje. Ya en la segunda lectura, San Pablo nos invitaba a dar razón de nuestra fe. Ya en la segunda lectura, San Pablo nos recordaba que la fe no es para guardarla, la fe no es solamente para el domingo que nos reunimos en la iglesia o en estas circunstancias en nuestra casa. Ya San Pablo nos recordaba que la fe es para hacer la vida, para que irradie nuestra vida. Por eso dice: "Hay que dar razón de esa esperanza, hay que dar razón de esa fe", de una manera sencilla, de una manera respetuosa, pero sobre todo, queridos hermanos, con una paz en la conciencia. Y lo que San Pablo ha recordado a todos, a ustedes, queridos hermanos laicos, a nosotros también sacerdotes, hoy. Ya no encontramos esas circunstancias que estaban en la época del apóstol San Pedro. Perdón, ya no encontramos esas circunstancias que estaban en la época del apóstol San Pedro. Ahora ya no hay esa persecución cristiana, pero ahora sí también nos enfrentamos a un mundo que tiene otros valores, a un mundo que nos quiere encerrar en la sacristía, a un mundo que no quiere que el cristianismo llegue a las estructuras. Hermanos, esa es la gran amenaza. El Evangelio quiere ser arrinconado, el Evangelio quiere ser encerrado, ¿por qué? Porque los valores del Reino no coinciden con los valores de este mundo. Y eso toca a ustedes, queridos laicos, eso toca a ustedes que están en las estructuras, y eso toca a ustedes que dicen creer en Dios, que aman a Dios, que son cristianos, independientemente de cuál sea la denominación.

Hermano, si de verdad amamos a Jesús, en la época de crisis debemos manifestar ese amor a través del perdón. Lo que este pueblo necesita es perdón. Lo que este pueblo necesita es... ¡a Dios! Entendámoslo de una sola vez. Nos hemos alejado de Dios. Hemos creído que los proyectos humanos nos iban a dar la salvación.

Segundo, el Señor dice: "Voy a enviar un Consolador, un Paráclito". El Señor va a enviar un Consolador, va a enviar un Paráclito. Eso significa esta palabrita griega. Paráclito tiene varios significados y quiero poner atención a algunos de ellos. Primero, Paráclito se le llamaba a la persona que en una situación de angustia se hacía presente. Se le llamaba cuando alguien estaba angustiado en un caso judicial, en un caso en el derecho. Entonces llamaba a un Paráclito, un abogado que defendiera en un tribunal. Y el Señor dice que va a enviar ese abogado, y el Señor dice que va a enviar ese Paráclito. Esa es la promesa que el Señor hace: "Va a enviar ese Paráclito, va a enviar ese Consolador". En situaciones de angustia. Claro, los primeros cristianos estaban dando testimonio ante los tribunales, los primeros cristianos estaban siendo perseguidos. Claro que sí. Pero hermanos, también nosotros estamos viviendo momentos de angustia. Mucha gente encerrada, mucha gente necesitada, mucha gente que se siente sola, mucha gente que se siente deprimida, angustiada. El Señor ha hecho una promesa: "Hoy enviaré ese Paráclito".

Hermanos, por eso Jesucristo ya lo pensó en todo y nadie debe sentirse solo. Pero claro, hay que invocarlo, hay que reclamarlo, hay que tomarlo en cuenta, hay que invitarlo. Paráclito era el experto, el consultor que se llamaba para aconsejar en situaciones difíciles. En el mundo griego se le llamaba Paráclito a la persona técnica, experta, consultor, se llamaba para aconsejar en situaciones difíciles. Hermanos, ¿cuántas veces cometemos errores aún en lo humano porque no nos dejamos ayudar? Perdónenme, querido hermano, querida hermana, no nos dejamos ayudar. "Yo no necesito a nadie, a mí nadie me va a mandar, yo ya sé lo que tengo que hacer". No queremos ayuda, aún en lo humano. No queremos ayuda. Vemos a nuestros padres como los fracasados, como los ignorantes. Vemos a los mayores innecesarios. Cuando, queridos hermanos, todos necesitamos ayuda. Los santos han tenido confesores y directores espirituales. Los que queremos crecer un poquito necesitamos consejería. Por hermanos, ¡cuántos creen tener la verdad! ¡Cuántos creen tener la razón y los equivocados son los demás! Cuentan que un día un loco se robó un carro y entonces encendió la radio y se fue en el carro. Entró en freeway en sentido contrario. Comienza la policía por radio a decir: "Tengan cuidado, un loco va en sentido contrario". Y dice: "¿Loco? ¡Un montón de locos que vienen en sentido contrario!". Hermanos, a veces eso es lo que nos sucede. Creemos que los que van en sentido contrario son los demás, no yo. Son los demás, no yo. No nos dejamos ayudar, no nos dejamos aconsejar.

La palabra de Dios nos hace una promesa en este día. El Señor nos dice que enviará ese Paráclito. Elegimos Paráclito para los momentos de angustia, pero también para que nos aconseje en los momentos difíciles. Queridos hermanos y hermanas cristianos, el Espíritu Santo nos aconseja y el Espíritu Santo nos habla de manera diferente. Y el Espíritu Santo se dirige a través de las circunstancias, a través de lo que está pasando. El Espíritu Santo te habla a través de su palabra. El problema es que estamos sordos o le hemos puesto párpados a los oídos.

En una oportunidad, estaba tratando de arreglar un problema en mi máquina, en mi computador, y le pedía ayuda a un joven de la universidad. Estuvimos que era noche y no salía y no le daba. Cuando ya llevaban a ser las doce de la noche y batería sueño, y entonces le digo: "Mira, ¿por qué no haces algo? ¿Por qué no le llamas a uno de los profesores o a un compañero que sepa más para que así te pueda ayudar?". Y me dijo: "No puedo llamarle a nadie porque en la universidad yo soy el que sabe más". Hermanos, ¡qué tristeza! Pues ahí lo dejé a él solo. ¡Qué tristeza, hermanos! El Señor nos hace una promesa. El Señor no dice que necesitamos de él. Necesitamos de Jesucristo, necesitamos de su Evangelio, necesitamos de los valores del Reino, de la verdad, de la justicia, del amor, de la paz. Necesitamos, hermanos, a ese técnico, no en lo económico, no en lo político, a ese técnico en lo espiritual, porque nuestro problema es un problema espiritual. Muchas veces tu problema, querido hermano, es un problema espiritual y por eso no salimos de la crisis y por eso estamos patinando en el mismo lugar, tirando lodo para un lado y para otro. El Espíritu que nos aconseje, el Espíritu que nos ilumine, el Espíritu experto. El Señor es experto en problemas, el Señor es experto en dificultades, el Señor es experto en crisis. Y el Señor no va a venir a opacar nuestro conocimiento humano, sino que vendrá a iluminarlo, a fortalecerlo y a darle lo que le hace falta para no ver, hermanos, a no ver, hermanos, al hombre como simple piezas de ajedrez.

Tercero, Paráclito es un especialista que en las guerras se ocupaba para dar, diríamos, en lenguaje un poco más, más nuestro, más moderno, para dar terapia a aquellos soldados que estaban desanimados. A veces el ejército ya no quería pelear, a veces el ejército ya no quería luchar, a veces el ejército, cuando sobre todo había alguna derrota, ya no quería seguir adelante. Entonces llamaban a un especialista que se llama del Paráclito. Hay que animar, entusiasmar, infundir coraje, difundir alegría a todos los soldados. Y el Señor utiliza esta imagen. El Espíritu Santo es precisamente lo que quiere hacer. Hermanos, ¿cuántos hoy estamos desanimados? ¿Cuántos, al ver lo que está sucediendo, y no solo por la enfermedad, sino al ver tanto problema que hay en nuestro país, hermanos, ya no aguantamos? Estamos desanimados. Y es aquí donde el Señor dice: "El Espíritu Santo". Y es aquí donde debemos clamar al Espíritu Santo. Y es aquí, queridos hermanos, donde debemos pedir el Espíritu Santo para que nos anime, para que nos dé vida. Animal es movimiento, es vida, y es lo que hoy necesitamos, porque en el encierro hemos perdido mucho las ganas de vivir. Pidamos el Espíritu Santo. Llamemos al Espíritu Santo a entusiasmarnos otra vez, a decirnos: "El Señor sigue adelante", a darnos la mano, a levantarnos, a fortalecernos, a decir: "Lo que no estamos solos". Usted allí no está solo. E infundir coraje, que lo necesitamos, hermano, para infundir coraje. Porque algunos, para la gloria de Dios, no estamos enfermos en el cuerpo, pero la mente se nos está enfermando, hermano, o no la están enfermando. Y tan responsable es aquel que no cubre el cuerpo como aquel que enferma nuestra mente, el que no tiene esperanza, el que no entusiasma. Y alguien decía: "Mi padre, ¿y usted por qué predica así? ¿Por qué habla así?". Hermano, porque yo como pastor tengo una responsabilidad. Imagínese, yo no puedo decirle, no puedo ser un profeta de mal agüero. No, yo tengo que predicar esperanza, porque predico a Jesucristo que está vivo, a Jesucristo que no nos ha abandonado. Los hombres no mienten, nos engañan, pero Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Y cuánto necesitamos, Señor, de ti.

Hermanos, clamemos a Jesús. Hermanos, busquemos a Jesús. Quizá algunos no compartan mi fe, pero hermanos, él es el único que puede ayudarnos a salir adelante. Y el Señor no anula las soluciones humanas, sino que lo contrario, lo humano lo dignifica, lo humano lo impregna de esos valores que tanta falta nos hacen. Paráclito era la persona que defendía en un tribunal. Paráclito era el técnico o experto a que llegaba y se pedía en situaciones difíciles. Paráclito era aquel que animaba al ejército, que entusiasmaba, que infundía coraje, que infundía alegría. El Paráclito era una persona que brindaba ayuda a quien tuviera problemas. Hermanos, ¿qué no tenemos problemas? No vamos a ir a pedir ayuda a otros, y todos están iguales. Cuando sé que yo creo que a veces entendemos más la fe, o algunos quieren que la entendamos mal. Algunos nos quieren meter en la sacristía. Y ojo, que después de esto, algunos querrán que estemos encerrados. Algunos querrán que esto no lo digamos. Hoy, a través de las redes sociales, es otra cosa, hermano. Es que el Evangelio, ¿para guardarlo? Es que la luna, ¿para meterla debajo de la cama? Laicos, ustedes que deben tomar decisiones, pidan la luz del Paráclito. Ustedes que están en esos ambientes, ustedes que están en las diferentes áreas de la sociedad, pidan la luz del Espíritu Santo. Por favor, no vayan a reducir la fe a una hora que van a misa. Y ahora ya no van. La fe de todos los días, la fe para llevarla ahí, a esos ambientes donde tanta falta nos está haciendo. Ahí, hermano, dónde está la fe. Ahí, hermanos, dónde se ven los valores del Evangelio. Muchos el domingo en la iglesia, pero el lunes se nos olvida. Nos ponemos un traje de escépticos, nos ponemos un traje y hasta de ateos. Esa persona que nos brinda ayuda. Todos tenemos problemas, hermanos. Todos atravesaremos problemas. Hoy nuestro país está en medio de un problema. Y no quiere decir gran problema, porque grande solo Dios. Ningún problema grande, ninguna crisis es grande. Grande sobre Dios. Grande solo Dios.

Esa es la fe que necesitamos. ¡Ánimo, hermano! Y a eso ha venido el Espíritu Santo. De la alegría, una persona que está asumida en los problemas y sumida en la tristeza, en la tristeza, queridos hermanos. Una persona que está sumida en las dudas, en las confusiones, necesita una guía. El Espíritu Santo, el Paráclito. Es que Dios todo lo pensó bien. Es que Dios nos ha equipado bien, pero el hombre no quiere hacer uso de la ayuda de Dios. Los apóstoles estaban llenos de tristeza, de dudas y de confusiones. ¿Cómo estamos nosotros, hermanos? ¿Cuántos amanecimos este día tristes? ¿Cuántos amanecimos este día con dudas? ¿Cuántos amanecimos este día confundidos? Y como quisiera que esta palabra llegara más allá, queridos hermanos, como quisiera que este mensaje llegara más allá y nos dejáramos tocar por el poder de Jesús, que no es algo del pasado, que no es un sueño, que no es un recurso inventado, sino que es aquel que nos ha dado la vida, sino que es aquel que dirá: "Hasta aquí vas a llegar", y con quien un día nos vamos a encontrar para darle cuenta de lo que hicimos. Hermanos, el Espíritu Santo nos ayuda a enfrentar esas situaciones difíciles. Toda fuerza nos da luces para cambiar nuestra vida y para ayudar también a que el Señor cambie la ayuda de los demás.

"El mundo no lo puede conocer", dice la palabra de Dios, porque el mundo tiene otros valores. Predicarle a cierta gente del perdón es algo iluso. Preguntad. Predicarle a cierta gente que tiene que dialogar es la única forma de resolver los problemas. Queridos hermanos, y Dios nos ha dado la lengua y nos dio dos oídos para que escuchemos el doble y hablemos la mitad. Queridos hermanos, a veces me siento como una voz que grita en el desierto. A veces me siento como encender esa vela en la oscuridad. El mensaje no llega, no despertamos. ¿Dónde estamos, iglesias? ¿Dónde estamos, nuestra gente? Nos hará una muestra con solo un helicóptero. ¿Qué pasó con una imagen? Cuánta gente entusiasmada, cuánta gente emocionada. Hermano, nuestra gente está sumergida en la tristeza, en la desesperación. Mucha gente ya no halla qué hacer. ¿Dónde estamos? Observados. ¿Dónde estamos? Si un curita y ahorita hay 320 personas en Facebook que están siguiendo la misa y 850 en YouTube. Hermanos, si todos nos uniéramos, si todos buscáramos el poder del Espíritu Santo, la ayuda de Dios, creo que Dios nos escucharía, hermano. Ese es mi fe. Y el día que pierda la fe, entonces sí voy a cerrar toda la iglesia. El día que ya no crea en el poder de Dios, en el poder del Espíritu Santo, el día, hermanos, en que no crea que el Señor es la solución, no tiene la solución, la solución es el camino, la verdad y la vida. No es lo que queremos. Pues, hermanos, el día que ya no crea, no sé qué estaría haciendo aquí. Entonces sí cierro la iglesia y me voy. Pero yo creo en Jesús, yo creo en su poder, yo creo que este mundo necesita espiritualidad, necesita fuerza, necesita ayuda, necesita ánimo. Saldremos adelante, primero Dios. No perdamos la fe. Pero que este mensaje debe llegar a todos, y todos somos todos. Como cuando, verdad, con Jonás predicó, dice la palabra, el primero fue el rey y hasta el burro era la historia de Jonás. Hermanos, creamos en el poder, en la fuerza.

Dentro de 15 días, Pentecostés. Tercera idea y última, porque ya me comió el tiempo. "No los dejaré desamparados". ¡Qué noticia más hermosa! No estamos huérfanos, hermanos. No sé si alguien ha crecido sin papá. Se le murió. Tener lo mismo a tener un papá irresponsable son cosas diferentes. No es lo mismo. Es diferente no tener papá, que se te ha muerto. Es el huérfano. Estar huérfano, crecerse en el padre sin la ayuda, sin las fuerzas, sin el consejo. Hermanos, el Señor dice: "No los voy a dejar huérfanos". Ratón se lo dijo a los discípulos de Sócrates cuando este murió. Recuerde, lo envenenaron. Y entonces la pole dijo: "No lo pueden". Usted no se va a quedar huérfano. Sí, pero no le puedo hacer la promesa que Jesús hará a sus discípulos: "Volveré". "Volveré". Hermano, esta palabra "volveré" va a llenar de fortaleza. "Si me voy, pero no del todo, voy a volver", dice Jesús. Ustedes no se van a quedar sin papá, ustedes no se van a quedar sin protección, sin ayuda. Yo voy a volver. No estamos huérfanos. Hay un Dios que nos cuida, que nos protege, que nos ayuda. Hay un Dios de poder, hermanos, hay un Dios que no nos abandona, menos en este momento. El Señor lo dice en su palabra, y el Señor no miente, el Señor no cambia, el Señor no miente. "Volveré, volveré", porque él es padre que cuida, que protege. Esa presencia trinitaria que el Señor nos promete a través de su palabra.

Queridos hermanos, en esta oportunidad de alargar un poco la enseñanza, quizá abuse un poco de su paciencia, pero igual considero, queridos hermanos, que si nosotros nos callamos, las piedras van. ¿Dónde estamos? ¿Dónde estamos? De verdad, queremos mucho, hermanos. De verdad, pidámosle mucho al Señor. Y luego, amemos al Señor, cumplamos sus mandamientos, hagamos lo que cada uno tiene que hacer. El mal va a ser derrotado. Venzamos el mal a fuerza de bien, dice San Pablo a los Romanos. A veces, pareciera que el mal, que el odio, que el rencor va venciendo, que eliminar, que humillar, que pisotear va venciendo, que anular al adversario va venciendo. Ya tuvimos una experiencia, hermanos. Construimos una paz pegada con saliva y se cayó. No volvamos a cometer los mismos errores. Si no hay valores, si no hay principios y si no hay fe, nos pasarán esa factura. Que el Señor bendiga, cuide, proteja y oremos. Oremos de verdad. Miremos ese Espíritu Santo sin miedo. Anunciemos sin miedo, sin temor, porque brota de nuestra fe.