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Sábado XIV Ordinario (Mt 10,24-33)

Padre Eugenio Fernández Herrera13:44

Transcription

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo. Ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, cuánto más a los criados.

No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto que no llegue a descubrirse, ni nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la agenda. No se venden un par de gorriones por un céntimo, y sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos."

Palabra del Señor.

Se nos podemos sentar, hermanos. Bueno, el Señor sigue con este discurso que le está dando esta enseñanza, esta catequesis preciosa que le está dando a los apóstoles, que los ha enviado. Y toda, toda la, toda la semana ha sido el Señor como ayudándonos a concretizar eso. ¿Qué quiere decir eso? Y cómo nos envía el Señor y nos ha dado ánimo todos los días. Ánimo, no tengáis miedo, tranquilos. Es verdad, os envío así. Las personas os van a matar, pero no tengáis miedo, dice hoy una cosa preciosa: "No tengáis miedo al que puede destruir el cuerpo, pero no puede tocar el alma."

Y generalmente nosotros tenemos más miedo a esos. Tenemos más miedo al que al que puede, digamos, destruirnos físicamente, destruir nuestro nuestro entorno, destruir nuestra economía. Nos da más miedo que llegue un presidente loco, ¿verdad? Nos da más miedo que, no sé, que que nos echen del trabajo. Nos da miedo que que nos dé una enfermedad, una enfermedad seria, no un dolor de cabeza, no, no, una enfermedad seria. Nos da miedo esto, pero no nos da miedo adulterar, pero no nos da miedo hablar mal del otro, pero no nos da miedo tener rencores contra nuestro padre o nuestro hermano. Eso no, eso eso, eso lo mantenemos ahí por años, ¿verdad? O sea, date cuenta, el Señor nos dice: "No, no, estamos mal, hermano, estamos mal. No tengáis miedo al que puede dañar el cuerpo, pero no puede tocar el alma, porque el alma es eterna. El cuerpo no. El cuerpo no. Cuerpo, todos, todos algún día, hermanos, todos."

No quiero ser aquí como un predicador medieval que nos vamos a morir todos, pero es verdad. Pero es verdad, algún día, cuando sea. Y además te voy a decir una cosa que a veces se nos olvida. La medida de nuestra vida ya está dada. Por más que te esfuerces y por más que hagas y deshagas, no puedes añadir una hora sola a la medida de tu vida, ni una. Entonces, ¿de qué te afanas? ¿De qué te afanas si ya está dado el tiempo? ¿De qué te afanas? No llegará. Cómo sea, con una enfermedad, con un accidente, con un con un infarto, con yo que sea, hermanos, que sea. Y no tengamos miedo a esto, ¿no? Ojalá el Señor nos ayude poder entrar cuando nos llegue el momento de la muerte, pero eh eh así, o sea, el cuerpo desaparecerá, pero el alma es eterna, el alma del cristiano.

¿Qué sucede, hermanos? Que cuando el Señor nos envía como apóstoles, el Señor nos envía la misión, hemos creído que la misión es es qué cosa tan horrible. Hemos creído que es rezar mucho, tener como buena relación con Dios para que Dios me ayude, me proteja, me vaya bien. Y entonces eh pues tener salud, vivir bien organizadamente, ser honesto, hay que rezar la coroniña, entonces hay que rezar, no sé qué. Yo le doy duro un poquito a los a los rezanderos, porque no se trata de rezar, hermanos. No se trata de rezar, hay que rezar, por supuesto, hay que orar. Hay que hablar con nuestro padre, hay que orar. Pero no es solo esto, sobre todo es amar.

Me acuerdo de una anécdota de creo que era de San Antonio o San Francisco, no me acuerdo. Bueno, da igual. Pero estaban orando con con los hermanos y llegó alguien a pedir una limosna, una ayuda, no sé qué. Y se preguntaron: ¿será que paramos la oración para ayudar o será que la oración es muy importante? Y creo que fue San Francisco que dijo: "Por supuesto, está por encima de la oración siempre la caridad, siempre, siempre." No es que yo me empeño entonces en que todos los días tengo que ir al Santísimo a orar y pues si ese día tu esposo te necesita, pues no vas al Santísimo porque primero está tu esposo que es Santísimo. ¿Cómo te parece que primero está hacerle el desayunito a tu esposo que venía al Santísimo? ¿Cómo te parece que si tu esposo te dice: "Oye, ¿me lavas los calzones que no tengo?" No, que voy al Santísimo. Que se los lave su abuela. Pues no. ¿Cómo te parece que está primero eso?

Se ríen, pero les molesta algunas. Lo que estoy diciendo es que a este no hay que lavarle los calzones, este no hay que hacerle desayunito, a este no hay que consentirlo, a este no hay que decirle a todo que sí para que no esté enojado. Digo este porque está aquí el Santísimo. Bueno, entonces hemos hemos como cogido ese esquemita religioso, incluso hemos, ¿cómo decirlo? Edulcorado a Jesucristo. Edulcorar, ¿sabes lo que es edulcorar? Ahora los alimentos tienen contienen edulcorantes, exceso de edulcorantes. Pues algunos aquí exceso de edulcorantes, algunos tendrían que llevar el cartelito. Y hemos edulcorado la fe. Hemos edulcorado a Jesucristo y por eso rebajamos la fe y rebajamos la misión a la que el Señor nos llama.

Por eso nos parece ridículo que el Señor nos envíe como ovejas. Nos parece ridículo esto de dar la vida. Esto es que nos persigan y que nos dejemos matar. Es que nos parece ridículo. Pero, Señor, pero qué estás hablando, lo haces tú que eres Dios. Pero yo soy un humano. Yo me resisto. Yo me resisto como gato panzarriba, como un marrano cuando lo van a matar. Yo soy ese marrano. Claro que sí. ¿Por qué me van a quitar la vida? ¿Por qué me van a quitar lo mío? ¿Por qué no puedo luchar por mis derechos? Y entonces, ¿qué hemos hecho? Como no lo logramos hacer, al final somos fariseos. Porque, ¿qué hace el fariseo cuando no puede amar? Entonces, ¿qué hace? Leyes para autoconvencerse de que se salva. Entonces, yo, ¿cómo me salvo? Cumpliendo leyes, no amando, no, no cumpliendo leyes.

Entonces, como yo no puedo vivir el evangelio que me da el Señor, porque es un evangelio muy radical, ¿no? Vender vuestros bienes, dad limosnas. Aquí, ¿quién ha vendido sus bienes para dárselo a los pobres? Aquí, ¿quién ha puesto la otra mejilla? Aquí, ¿quién no ha demandado al otro cuando tiene razón y va a ganar? Pues esto es lo que dice el Señor: "A que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames", etcétera, ¿no? Entonces, como no llegamos a ese a ese nivel de fe, entonces, ¿qué hacemos? Lo rebajamos, lo aguamos, lo edulcoramos, azucaramos a Jesús y entonces nos cogemos un Jesucito muy muy Yo no sé cómo te imaginas tú a Jesús. Yo me lo imagino a Jesús y me imagino que era un tipazo, un tipo primero un hombre. Era un hombre con todo lo que significa hombre. No me lo imagino con con esa es que algunas estampitas que hay por ahí, algunas imagencitas, no sé, a veces a veces pon unos Sagrados Corazones muy edulcorados, ¿no te has dado cuenta? Muy afeminaditos, ¿no los has visto? Todo depiladitos, los labios pintados. Los labios pintados. El pelo perfecto, recién salido de la barbería. Jesús, los ojitos azules. Precioso Jesús. Yo no sé si es que lo diseñó alguna mujer intensa, beata, pero ahí está ese. No, ese no es Jesús.

Jesús, yo no sé cómo te imaginas la voz de Jesús, pero Jesús con una sola palabra: "Sígueme". Todo el mundo dejaba todo y lo seguía. ¿Cómo sería la voz de Jesús? ¿Cómo sería la voz para sacar a todo el mundo del templo él solo? Él solo volcó las mesas, sacó a los animales, sacó a todo el mundo a voces. No me imagino que diría: "Ay, me hacen el favor y se me van del templo de la casa de mi padre." No, ese es Jesús fuerte, fuerte, me lo imagino. Fuerte, atlético, me lo imagino. Un tipazo, pero lo hemos edulcorado porque edulcorando, aguando su figura, aguamos su mensaje y por eso mismo, ay, no. Entonces, ay, sí. Eh, todo amor, todo paz, todo.

Como una vez que yo saqué a un perro de la iglesia. Aquí no pueden entrar perros. Te saqué un perro. Ay, es que usted no es Jesús ni San Francisco. San Francisco amaba a los animales. Bueno, pues cuando San Francisco sea el párroco de la iglesia, entonces que deje entrar los animales, señora. Pero aquí no está San Francisco, estoy yo. Y Jesús sacó a los animales del templo. Mejor dicho, muchas viejitas beatas se hubieran escandalizado de Jesús. Muchos se escandalizaron. Pero, ¿tú por qué obras así? ¿Por qué haces esto así? ¿Tú quién te crees que eres? ¿Qué signo haces para obrar así? ¿Qué signo nos muestras?

Y rebajamos su mensaje. Y nos hemos creído que con ser honestos, educados, buena gente, ir a misa y rezar un poquito de vez en cuando, sobre todo cuando estoy mal, con eso basta, con eso me salvo. Y casarme por la iglesia, eso sí, porque los desgraciados que viven en unión libre, esos no se salvan. Solo nos salvamos los que nos hemos casado por la iglesia. Ahí te vas a llevar un poco de sorpresas cuando lleguemos. Es que llegamos al cielo, nos vamos a llevar unas sorpresas. Por eso juzgamos al otro. Por eso aguamos el mensaje.

El vino. Tú un buen vino. Un buen vino o un café bueno se toma puro. Si tú a un vino le echas agua, pues ya no, ya no. Es necesaria esa acidez del vino para disfrutar su sabor. Muchas veces este mensaje del Señor es a veces ácido, pero no le podemos echar el agua, hermanos, porque nos lo cargamos. Nos lo cargamos. Que el Señor nos ayude a dar la vida. A dar la vida. Para eso nos trae aquí a la Eucaristía. Qué importante vivir la Eucaristía, porque en la Eucaristía hay uno que da la vida por ti, que se llama Jesús de Nazaret.

Hoy, que es un misterio, nosotros no recordamos la última cena, ¿no? Nosotros los católicos vivimos de nuevo la última cena. La vivimos. Se hace presente el Señor hoy, como ese día en el cenáculo con los 12, se hace presente el Señor. Da la vida de nuevo el Señor y resucita de nuevo el Señor por ti y por mí. No estoy diciendo ninguna herejía. En la Eucaristía muere y resucita Cristo por ti y por mí. Por eso comulgar es importantísimo. Importantísimo, porque te unes, es comunión. Comulgar es comunión. Entras en comunión con Cristo. Es el culmen de la comunión. Mucho más que orar, mucho más que escuchar la predicación, mucho más que escuchar a no sé quién, mucho más que leer o que ver la la misa de no sé quiéncito, muchísimo más. Recibir el cuerpo de Cristo, mucho más que que te pases horas en el Santísimo, mucho más. Recibir el cuerpo de Cristo, si podemos la sangre de Cristo cuando podemos. Esto te une al Señor, pero una fortísimamente te hace una sola carne con él para poder llevar adelante esta misión, para poder ser apóstoles, para poder para poder dejarnos matar, para poder experimentar esto que dice hoy la palabra.

Dice: "Y si uno, si uno se declara por mí ante los hombres, yo me declaro por él ante mi Padre." Cuántas oportunidades tenemos al día, hermanos, de declararnos por Cristo sin decir nada. No hace falta hablar mucho porque hemos creído que ser cristiano es hablar mucho con nuestros hechos, con nuestra vida. Que así sea, hermanos.