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¿Por qué somos corruptos?

UniJaveriana4:27

Transcription

En tu mente, en ti, y en tu mente; en tu mente hecha la ley, hecha la trampa. En Colombia, la corrupción está desbordada y normalizada. Incluso hay quienes dicen que la corrupción es inherente a la naturaleza humana. Pero, ¿lo es? Este tipo de comportamiento es condenado por los seres humanos y por otras especies. Entonces, lo primero que hay que decir es que los estudios revelan que no es un comportamiento inherente al ser humano. Hay estudios que muestran, por ejemplo, que mamíferos como los lobos, los perros, algunos gatos, castigan a otros miembros de su propia especie cuando intentan obtener beneficio propio, cuando intentan pensar sólo en ellos y no en el resto de la manada.

En humanos también sabemos que tenemos sistemas para censurar fuertemente a aquellos que cometen actos individuales por encima de los intereses del grupo. Y es que precisamente eso es la corrupción: intentar obtener un beneficio individual o personal por encima de, digamos, los recursos del grupo que son para todos. Presenciar actos de corrupción afecta a nuestro cerebro como si le doliera; percibir la corrupción genera un alto gasto para nuestros sistemas neurales. De alguna manera, ver que alguien es corrupto nos genera dolor e incomodidad. Los estudios de neurociencia respaldan eso: cuando hay alguien que comete un acto corrupto, cuando estamos en estudios experimentales viendo que alguien comete un acto corrupto, se nos activan áreas del cerebro que también se activan cuando se procesa el dolor físico. Se activa la amígdala, se activa la ínsula, se activan cortezas prefrontales centrales, se activan cortezas temporales. Esa red es la misma red que se activa cuando uno sufre un dolor físico o cuando ve a otro sufrir.

Pero, ¿qué hace que cometamos actos corruptos? ¿Será que hay gente propensa a ello, o el que anda entre la mira algo se le pega? En eso hay hipótesis. Hay gente que dice que aquellos que son más individualistas, aquellos que tienen más baja empatía, aquellos que piensan activamente en las recompensas propias, en la codicia, podrían tener más propensión a tener o hacer actos. Sin embargo, los estudios en ese campo no son concluyentes. Por contraste, los estudios que sugieren que los actos corruptos están más movilizados por el contexto social son más grandes, son más fuertes y parecen tener mayor soporte por la ciencia. Esto es: la corrupción pareciera estar más modificada y modulada por el contexto social que por factores individuales de las personas.

Un ejemplo de la vida cotidiana podría ser que cuando estamos viendo un partido de la selección Colombia y vemos que cometen un penalti alguno de nuestros jugadores, y de pronto nos ponemos a ver con detenimiento: no ha sido penalti. Igual celebramos que el árbitro haya pitado penalti, incluso sabiendo que no es justo. En ese escenario, por el contexto social y por el soporte emocional que tiene ese ejemplo, uno podría decir: si yo también he celebrado un penalti que no es penalti, porque es un penalti a favor de mi grupo. Eso muestra que la corrupción no parece inherente a las personas. Yo hablaría más de actos corruptos que de personas corruptas.

¿Qué podemos hacer para evitar estos actos de corrupción, sobre todo en una cultura como la nuestra, donde se dice que el vivo vive del bobo? Lo que deberíamos hacer como sociedad, en este país nuestro, en esta Colombia donde los casos de corrupción aparecen por todas partes, es fortalecer nuestro contexto social; que nuestros organismos de control social se hagan más rigurosos, se hagan más rígidos; que además revelen otras formas de comportarse, que muestren lo productivo y lo bueno de los actos en los que la gente colabora o en los que la gente es generosa. Si tenemos un contexto social así, donde se predominan los actos colaborativos por encima de los actos individuales, seguramente tendremos un mejor control para los actos corruptos que el simple castigo o la penalidad o la cárcel, que yo creo que es un modelo que debe trascender.