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Santa Misa de hoy domingo 7 de diciembre de 2025. Rvdo. David Amado, pbro.

María de Nazaret22:53

Transcription

Toda la tierra espera el Salvador y en surco abierto a la obra del Señor. Es el mundo que lucha por la libertad, reclama justicia y busca la verdad.

Pueblo de Sion, el Señor vendrá a salvar a los pueblos y hará resonar la majestad de su voz con alegría en vuestro corazón.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Hermanos, para participar dignamente en estos sagrados misterios, reconozcamos con humildad que somos pecadores.

Tú que viniste a visitar a tu pueblo con la paz, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Tú que viniste a salvar lo que estaba perdido, Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Tú que viniste a crear un mundo nuevo, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Oremos.

Dios todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales para que aprendiendo la sabiduría celestial podamos participar plenamente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del libro de Isaías.

En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará a los pobres con justicia. Sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra, pero golpeará al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura y la lealtad cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero. El leopardo se tumbará con el cabrito. El ternero y el león pacerán juntos. Un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso. Sus crías se tumbarán juntas. El león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera de la víbora. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo, porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos. Se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confío tu juicio al rey, tu justicia al Hijo de Reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna. Domine de mar a mar, del gran río al confín de la tierra. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. Él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Que su nombre sea eterno y su fama dure como el sol. Él sea la bendición de todos los pueblos y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos.

Hermanos, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos según Cristo Jesús. De este modo, unánimes a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: "Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré por tu nombre."

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya. Preparad el camino del Señor. Allanad sus senderos. Toda carne verá la salvación de Dios. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Ese es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: "Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de pelo de camello con una correa de cuero en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán. Confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones pensando: 'Tenemos por padre a Abraham'. Pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles: y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias."

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos hermanos, estamos ya en el segundo domingo de Adviento. Es un tiempo breve este del Adviento. Cuatro semanas, cuatro domingos y aparece la figura de Juan Bautista. Uno se podría preguntar, ¿por qué aparece Juan Bautista? Porque Juan Bautista no está anunciando el nacimiento de Jesús. De hecho, él nació seis meses antes de Cristo. Por lo tanto, no está anunciando el nacimiento de Jesús. Cuando Juan empieza a predicar, Jesús ya es mayor y sin embargo se le llama el precursor, el que va adelante. ¿Por qué? Porque anuncia que Cristo viene como salvador, no que va a nacer, sino que viene como salvador. Y por eso para nosotros también tiene un sentido muy preciso en este tiempo de Adviento, porque Juan Bautista no está diciendo: "Prepárate para celebrar las fiestas de Navidad", sino que te está diciendo: "Prepárate para el encuentro con Cristo." Prepárate para el encuentro con Cristo, porque Cristo viene como Mesías redentor. Vino en la debilidad de la carne, vendrá en gloria y majestad para juzgar al mundo y viene también continuamente a visitarnos con su gracia, a ofrecernos su misericordia y a darnos la oportunidad de crecer en la amistad con él.

Entonces, fijaros, está Juan predicando en el desierto. Se va al desierto a predicar, es muy curioso. No predica en Jerusalén. De hecho, la gente sale de Jerusalén para ir a buscarlo al desierto. Eso es muy interesante, porque Juan Bautista obliga a la gente a dar un paso. Siempre hay que dar pasos. Es verdad que el Señor viene, pero nosotros también vamos al encuentro del Señor. Y Juan obliga a la gente a salir de su comodidad, a salir de su rutina, obliga a la gente también a pensar. Y por eso para nosotros también en este tiempo de Adviento, aquí hay una enseñanza importante porque nos obliga también a darnos cuenta de qué significa que el reino de Dios está cerca, que es algo que quizá hemos olvidado. Así empieza la predicación de Juan, así empezará también la predicación de Jesús. "Se ha cumplido el tiempo. Convertíos porque el reino de Dios está cerca", dice Jesús. Y Juan dice lo mismo: "Convertíos porque está cerca el reino de los cielos." Eso quizá lo hemos olvidado. Fijaros que la distancia hace que se relaje la atención. Cuando queda mucho, el alumno que tiene lejos la fecha del examen, pues quizá no estudia con toda la intensidad que debería. Después se descubrirá, conforme se acerca la fecha en que ha de rendir cuentas de sus conocimientos, que es capaz de aprender mucho más de lo que imaginaba por la presión del tiempo, por la capacidad de concentración que desconocía. La vida espiritual pasa algo parecido. Mientras uno piensa que todo está lejos, pues puede llevar una vida más o menos relajada. Sin embargo, Juan dice: "No está cerca." Por lo tanto, si está cerca, significa que el tiempo se ha acortado. Significa también que cada instante se convierte en decisivo y por lo tanto que nosotros no podemos posponer la respuesta. Hemos de hacer algo.

Dice el evangelio que la gente acudía de todas partes. Juan llevaba un testimonio con su modo de vestir, con sus palabras, con la vida que llevaba. Su austeridad era ya un testimonio. Juan ya estaba diciendo: "Lo que acontece es algo importante, es algo serio." Su misma vida lo proclamaba. Por eso el evangelista explica que vestía una piel de camello con una correa y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Era también la imagen de un profeta. Podía recordarles a Elías, podía recordarles a otros personajes del Antiguo Testamento, pero lo importante es que la gente entonces se sentía conmovida, iban a él y ante la presencia de Juan se producía ya un primer cambio interior. Llegaban delante de Juan después de ese camino que han realizado, escuchaban la predicación de Juan y entonces confesaban sus pecados. Es lo segundo que hacen. Lo primero es ponerse en camino. En ese ponerse en camino se dan cuenta de cuál es su vida. Se dan cuenta de que ese camino que han hecho pequeñito predispone para otro más grande que es el de la vida eterna. Entonces confiesan sus pecados. Fijaros la otra enseñanza que tenemos para también este Adviento. ¿Qué significa salir al encuentro de Cristo? Darnos cuenta de que necesitamos de su salvación. ¿Y qué significa la salvación que nos trae Jesús? La liberación de nuestros pecados. Juan es el mismo que después señalará a Jesús delante de sus discípulos y dirá: "Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo."

Confesaban sus pecados. ¿Qué es lo tercero que acontece? Que recibían el bautismo. Se hacían bautizar por Juan. El evangelista explica que Juan dice: "Yo os bautizo para que os convirtáis." El bautismo de Juan no es como el bautismo cristiano, era lo que se llama un bautismo dispositivo. Era una acción que hacían para poder salir al encuentro de Jesús, pero que manifestaba ya esa conversión. Era un signo verdaderamente penitencial.

Entonces, en este evangelio aparece también otra cosa muy interesante. No solo venía la gente, podríamos decir, del pueblo. Hay otros momentos del evangelio, ¿verdad?, y explica pues que iban también los soldados, que iban los publicanos, gente de toda clase y condición, sino que también aparecen los fariseos y los saduceos. Los fariseos y los saduceos, los conocéis, dos grupos religiosos, sociales, importantes en tiempo de Jesús. Los saduceos, bastante condescendientes con el poder romano, no creían en la resurrección de los muertos. Y como no creían en la resurrección de la carne, pues entonces querían vivir bien en este mundo. Los fariseos, muchos de ellos, se habían esforzado tanto por cumplir la ley que se habían olvidado de la gracia, de la necesidad, de la misericordia de Dios para transformar nuestra vida. Pensaban que se podían salvar solos. Pero fariseos y saduceos, podemos deducir de lo que dice el evangelio, decían: "Bueno, allí hay un personaje que llama la atención, que atrae a las multitudes. Vayamos nosotros también a ver qué tal, por si acaso", podríamos decir. Y esta es otra enseñanza muy importante: cuando hacemos las cosas religiosas por si acaso. No se pueden hacer por si acaso, porque todo acto verdaderamente religioso en el cristianismo supone un encuentro con Cristo. Supone colocarse delante de alguien, no delante de una fuerza anónima, no para que suceda un grito mágico, sino encontrarse verdaderamente con alguien. No son cosas que hacemos desde fuera, sino que implican una relación personal con Dios, que para nosotros supone también la transformación de nuestra vida, porque recibimos el don de la gracia.

Fariseos y saduceos, pues van a ver a Juan también y Juan les exhorta también a la conversión. Ya no lo hace con palabras amables, no hace un puro enunciado, sino que les dice con toda claridad: "Raza de víboras." Raza de víboras. "¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?" Es una advertencia muy seria. Es una advertencia que también cada uno de nosotros tiene que tomarse en serio. ¿Por qué? Porque podemos vivir dentro de la Iglesia aprovechando los bienes de la Iglesia, pero sin reconocer la misericordia de Dios y sin que suponga una transformación verdadera en nuestra vida. Es la hipocresía. Alguno igual dice: "Bueno, esto siempre se ha dado." Sí, pero procuremos que no se dé en nosotros. Procuremos que no se dé en nosotros.

Entonces, ¿qué les dice Juan? Dice: "Si verdaderamente os queréis convertir, tenéis también que dar el fruto que pide la conversión." Y esto es el último punto que podemos pensar hoy. ¿Qué significa esperar a Jesús? ¿Qué viene? ¿Qué significa prepararse también para la celebración de las fiestas de la Navidad? Por supuesto, donde recordaremos la ternura de Dios que se abaja hasta nosotros, pero también qué significa disponernos para el encuentro definitivo con Cristo y construir también con él en la espera de su reino. Significa dar el fruto que pide la conversión. ¿Cuál es ese fruto? El fruto de conversión, evidentemente, es la caridad. Son las buenas obras, es el amor a Dios y al prójimo. De nada sirve en un árbol frutal que sea muy hermoso, muy bonito, incluso que llegue a dar unas flores espléndidas si al final no fructifican. Porque la finalidad de ese árbol frutal que alguien ha plantado es poder recibir ese fruto. También lo dice Jesús en el evangelio, el capítulo 15 de San Juan, ¿recordáis? Dice: "Yo soy la vid y mi Padre es el labrador." Y habla de los sarmientos. Dice: "Nosotros somos los sarmientos." Y el sarmiento, al final del sarmiento es de donde cuelgan los racimos de las uvas. Nosotros estamos unidos a Cristo. Fijaros qué bonito es esto. Dependemos de Cristo y Cristo, el fruto de Cristo, el fruto de la vid será en el mundo por los frutos de conversión de los cristianos. Porque dejamos que la vida de Cristo fluya, penetre verdaderamente en nuestras acciones. Y es la caridad. Es la caridad. Es la caridad respecto a los demás que a veces no es pública. Quiero decir, porque el que reza por los demás ejercita la caridad, el que trabaja en el silencio y a escondidas ejercita la caridad. El ermitaño que se ha retirado del mundo para pedir por el mundo y rogar por los pecados del mundo, está ejerciendo la caridad, pero son los frutos verdaderos de conversión. Por tanto, la salvación que Dios nos da, que Dios nos ofrece, también supone que nosotros manifestamos esa salvación de Dios en nuestra vida por las buenas obras que no nacen, no son mérito, digamos, de nuestras solas fuerzas, sino de la acción de la gracia dentro de nosotros, en cada uno de nosotros.

Pidamos pues, queridos hermanos, ahora que avanzamos en este tiempo de Adviento, que las palabras de Juan, el testimonio de Juan, la imagen de Juan que podemos tener en nuestra mente nos anime a vivir más intensamente nuestra vocación cristiana, a esperar a Cristo, a pedirle que venga, que se manifieste en nuestra vida, que nos muestre su amor, que nos ayude a reconocer nuestras culpas para poder arrepentirnos de ellas y que nos capacite para obrar el bien.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre.