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Sábado XXXII Ordinario

Padre Eugenio Fernández Herrera11:07

Transcription

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre sin desfallecer. Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle, "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo, "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme." Y el Señor añadió, "Fijaos en lo que dice el juez injusto. Pues Dios no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche o les dará largas. Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" Palabra del Señor.

Nos podemos sentar, hermanos. Señor encontrará la fe en nosotros. No lo sé. Estos días hemos estado, ha venido la la palabra hablándonos de la venida del Señor, ¿verdad? Cuando venga la venida del Señor, será como los días de Lot, será como los días de Noé, ¿os acordáis ayer? Eh, uno será tomado, otro será dejado, etcétera. El eso fue ayer viernes, el jueves teníamos de cuando dice, "No, no os van a decir, está aquí, está allí, no, ni vayáis ni corráis detrás de ellos, porque el día del hombre, cuando venga el hijo del hombre, será como el el resplandor de de un relámpago de extremo a extremo del cielo. No, todo el mundo lo podrá ver." Bueno, entonces cuando suceda esto, hermanos, en nuestra vida, encontrará fe el Señor en nosotros. O sea, el Señor cuando venga a buscar fruto lo va a encontrar. Y esta fe, ¿qué es? ¿Por qué une la fe a la oración en esta en este en este evangelio, en esta parábola de esta viuda insistente, podemos decir viuda cansona, podemos titular así? La parábola de la viuda cansona, ¿sí? Porque alguna se ríe porque sabe que lo es. de las que estáis riendo, viudas canzonas. Bueno, pero son queridísimas todas.

Esta viuda cansoncita es intensa y todos los días iba allí al juez, el juez que no le importaba la vida ni le importaba nada. A ese juez lo único que le importaba seguramente sería la plata. Cuando no te importan las personas, te importa el dinero. Cuando no te importa el dinero, te importan las personas. Así de sencillo, hermanos. Así de sencillo. Entonces este hombre seguro le interesaba el dinero y como era una viuda era pobre. Las viudas eran pobres en Israel porque quedaban desamparadas totalmente, ¿no? Entonces es como era pobre, no le paraba bolas. Y en aquella época era como ahora, si tú tienes plata, tus cosas se mueven, los procesos que tú pides se mueve y ya está. Si no queda eso archivado. Esta vieja está pidiendo justicia, pero como es pobre y no va a pagar nada, la dejamos allí en un cajón. Pero ella insistía, insistía insistía. Pues si eso hace el juez que no le importan los hombres, cuánto más Dios que sí le importas, que sí te ama. Dice, "No hará justicia sin tardar." Ojo, o sea, que a Dios hay que insistirle, pero tampoco va a ser tanto lo que vas a tener que insistir, porque dice, "Sin tardar, hará justicia sin tardar."

Acordaros el ciego que está al borde del camino. Cómo insiste también, ¿no? Insiste. Señor Jesús, hijo de David, ten piedad de mí. Señor Jesús, hijo de David, ten piedad de mí. Eh, Jesús, no sé si no escuchó o si escuchó y quiso encender en él esta fe y seguía insistiendo dos o tres veces más y el Señor se paró. ¿Qué? Traedlo aquí. ¿Qué quieres que te haga? Que vea. Señor, ve. Tu fe te ha salvado. Por eso encontrará el Señor esta fe en la tierra. Orar. Puede orar el que tiene fe. Puede orar el que tiene fe. El que no tiene fe no puede orar. Y orar, hermanos, qué cosa tan horrible que hemos reducido orar, hablar con nuestro padre a frasecitas hechas, a oraciones hechas y a esquemitas. No, no. Hablar con tu padre bajo un esquema está bien. Es verdad que hay oraciones que nos pueden ayudar. No digo que no, pues por supuesto. Por supuesto, hermanos. De hecho, el Señor nos ha dado una oración, el Padre Nuestro, ¿no? Eh, ha sido revelado también el Santo Rosario. Hay oraciones que nos pueden ayudar, pero no nos podemos quedar en eso. Orar con nuestro Padre es hablar con él y sobre todo escucharlo. Escucharlo. A veces cuando uno va a hablar con su papá es solo a que lo a a a escucharlo. Papá, vengo a contarte esto y tu padre te da un consejo, te ayuda, pero escúchalo. Es escuchar, orar. Yo siempre he dicho que no es tanto hablar con Dios, sino es escuchar a Dios. Eso es orar. Porque nosotros somos, estamos muy acostumbrados a hablar, hablar, hablar, hablar, hablar. Escucha, sé insistente en escuchar. Sé cansoncito como esta viuda en escuchar. Día y noche dice esta mujer, iba día y noche y y y la oración, la petición que hacía era hazme justicia frente a mi adversario. Alguien le había hecho una injusticia a esta mujer, su adversario. Nosotros tenemos un adversario que quiere, que nos hace una injusticia día y noche, eh, que quitarnos el cielo y se llama el demonio, el maligno, Satanás, que viene a nuestra vida, hermanos, a acusarnos y viene a destruirnos y a quitar en nosotros la esperanza, a cerrarnos el cielo, a decirte, "El cielo no existe, Dios no existe y si existe no te ama." Eso es lo que te dice el demonio. Eso es lo que te dice Satanás constantemente y te lo dicen las cosas, ¿no? Eh, si te ¿Por qué? ¿Por qué dices que Dios te ama? Si te amara, tu esposo no sería como es. Si te amara, no tendrías esa enfermedad. Si te amara, no estarías sufriendo esto que estás sufriendo. Y entonces el demonio te pone frente a esto y y tantas veces nosotros si no insistimos en la oración pues nos derrumbamos, hermano. Pero el Señor es más fuerte que el demonio, porque el Señor es un juez justo, amoroso, que ha vencido, además que ha vencido la muerte y su juicio. Siempre es el amor. Y el amor, hermanos, acordaros que siempre vence, siempre vence a todo, a todo lo que nos esté sucediendo.

Yo no sé, aquí los que estáis los que estáis casados, yo os invito a ser humildes y a buscar el amor, el amor verdadero, no el amor impostado, no el amor de apariencia, porque uno los ve y todo queridísimos, pero uno rasca un poquito y, Señor mío, lo que encuentro. Y os invito a las viudas que estáis aquí a vivir vuestra viudez con alegría. con amor poder amar a las personas. Estáis más libres, no tenéis nada que hacer, no hacen nada. Me perdonáis, pero no hacen nada. Entonces, reza, ora, sirve, sirve a los más necesitados, sirve a la iglesia, ama y tu vida está resuelta. Os invito a los que tenéis una enfermedad hoy aquí, una enfermedad seria, a que os podáis unir a Cristo en la cruz. con esa enfermedad, la pasión de Cristo, con ese sufrimiento y poder amar al mundo de esa manera, mostrándole al mundo que se puede ser feliz en medio de una enfermedad. Os invito a los que estáis siendo perseguidos, a los que os están calumniando, a los que se están riendo de vosotros por Cristo, a que os unáis al Señor en este sufrimiento para mostrarle al mundo que se puede ser feliz, que toméis la cruz. Os invito a los jóvenes, no veo muchos hoy hasta ahora, casi ninguno. Yo os invito a todos a amar verdaderamente, hermanos, a que a que este amor vaya uniéndonos más al Señor, a este juez amoroso. Pues ánimo, que el Señor nos ayude a clamar ante él día y noche a orar. No dejar la oración, no dejar la oración. Porque a veces la tentación es ir dejando esta oración porque estoy bien, porque estoy cómodo, porque tengo la vida más o menos solucionada y ya no pido tanto porque hemos reducido a Dios, a como a un Dios que me dé cosas y cuando ya tengo las cosas ya lo dejo. Y verdaderamente el Señor te ha dado muchas cosas, te ha dado todo lo que tienes y muchas veces dejamos la oración y lo buscamos solamente cuando estamos mal, cuando viene algún sufrimiento, cuando algo nos supera, entonces ahí recurrimos a Dios. No dejes la oración porque el demonio no deja de trabajar. El demonio, cuando tú tienes todas las cosas que le has pedido a Dios, el demonio no dice, "Ah, bueno, ya tiene todas las cosas, ya voy a dejar de molestarle." No, va a llegar con mucha más fuerza. ¿Por qué? Porque tú has dejado las armas y quizás has dejado la oración. No dejes la oración ni aun cuando estés bien, siempre orando y pidiéndole al Señor en todo momento que te haga justicia frente a tu adversario, porque ese adversario no descansa, hermanitos, no descansa. Algunos dicen, "Ay, me voy a tomar unas vacaciones de Dios." Bueno, pues tómate vacaciones de Dios y no vengas a misa si no quieres. Vete a la finquita y no vayas el domingo a misa. No pasa nada, hombre. Si voy a Melgar a Melgar, ¿no? Que es de pobres. Ana Poima. Si voy a Ana Poima. Entonces, eh, allí, ah, no voy a ir a misa, me quedo en la piscinita, me quedo haciendo un asadito, me quedo allí con mi familia compartiendo y ahí no voy a misa. Bueno, quizá ese domingo no pasa nada, pero quizá el siguiente, que no vuelvas a misa. El demonio ya te ha cogido ventaja, bastante ventaja. No dejes nunca la oración, no dejes nunca los sacramentos y no dejes nunca de amar. Que así sea, hermanos.