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La palabra Apocalipsis se traduce como revelación y es un libro de la Sagrada Escritura y es un género literario que nos invita a todos nosotros a tener una mirada de esperanza sobre lo que está por venir. Y les he dicho muchas veces que nosotros no solamente vivimos esta vida, nosotros nos preparamos para la otra vida. Y nosotros somos capaces de pensar en el momento final. La mejor manera para uno prepararse para cuando llegue ese momento final es desde la esperanza. ¿Y qué es la esperanza? Es aguardar que en Dios la vida puede ser mejor.
Y por eso la persona que quiere estar preparada porque uno no sabe el momento. Hace 8 días yo iba en una moto y va yo manejando la moto mía y un carro me tumbó y el man se voló. Y en ese momento a mí se me pasó por la cabeza todo. Yo dije, "Así es la muerte." Queda uno ahí tirado, estripado, vuelto, nada. El otro se fue, la vida sigue. ¿Y usted qué? Estabas preparado, estabas con tu vida al día, tenías las cosas listas. Eso es el Apocalipsis, queridos amigos. Que usted recuerde que la vida hay que mantenerla al día.
Y por eso, queridos amigos, aparecen esas lecturas tan maravillosas como la del libro de Daniel. que nos va recordando cosas muy especiales y la hemos venido reflexionando durante estos días. Dice el texto de Daniel que hay unos hombres que lo están espiando. Hay gente que se vive metiendo en todo y yo estoy solamente autorizado a meterme en tu vida si es para ayudarte. Nadie está autorizado a meterse en la vida de nadie para complicársela. Si yo quiero ayudarte, es lo único que me autoriza entrar en tu vida. De resto no tengo por qué meterme. Hay unos hombres que están pendientes de Daniel a ver qué hace y qué no hace y lo sorprenden orando y suplicando a su Dios.
Entonces se van a ir donde el rey, el rey Darío, y le van a decir, "Vea, allá hay uno que le está orando a otro Dios distinto a usted." Porque el rey Darío en su soberbia se había erigido como Dios. Yo soy Dios. Pero eso no es raro. Usted no conoce personas que se creen Dios. Claro. Y no es extraño. ¿Sabe por qué? Porque el mismo libro del Génesis nos va a mostrar desde el principio que es la gran tentación en el corazón de los hombres. Cuando la serpiente le da de comer a Adán y a Eva, les dice, "Seréis como dioses." Y ahí empieza esta triste historia de personas que se creen Dios, de personas que no hay con qué cogerlas, de personas que sacaron a este Dios del corazón e hicieron del dinero, de lo que tienen, del poder y del reconocimiento. Un Dios. Eso es Darío. Yo soy Dios. Entonces allí hay uno que le está hablando al Dios de Israel y no le está hablando a usted.
Darío tenía precio por Daniel y quiso salvarlo de la condena a la que estaban sometidos los que cometieran tal traición, que era ir al foso de los leones. Sin embargo, no hace nada. Y yo me pongo a pensar, queridos amigos, en otro pasaje de la Biblia, cuando Herodes hace una fiesta, le hacen una fiesta a Herodes y está Herodías, la mujer de su hermano, y viene la hija de esa mujer y empieza a danzar. Y a Herodes le encanta esa mujer. Y dice la Biblia que quería y admiraba a Juan Bautista. Sin embargo, le dice aquella mujer que está bailando, "Pídeme lo que quieras." Y aunque tenía aprecio por Juan Bautista, esta mujer le dijo, "Dame la cabeza de Juan Bautista." y apreciándolo le puso la cabeza en un charol y se la llevó. También Darío quería y apreciaba a Daniel, sin embargo, termina metiéndolo en el foso de los leones.
Y me pongo a pensar es en el criterio y en lo que a mí como creyente o como una persona correcta me mueve. Lo apreciaba y le quitó la cabeza, lo decapitó. lo apreciaba y lo tiró a que se lo comieran los leones. Y uno va constatando que eso es lo que pasa en la vida de la fe. Yo quiero al Señor, aprecio al Señor y termino cayendo en muchas cosas que terminan negando eso que yo estoy afirmando con las palabras. Entonces, yo soy un creyente, yo soy de Dios. En mi casa eduqué a mis hijos en Dios. estudiaron en colegios católicos. Yo voy a la misa y comulgo. Apareció una hija mía embarazada y entonces se me olvidó el amor que le tengo a él y al oído le dije, "Deshágase de ese niño." Es la misma historia. Es la misma historia. Le tengo aprecio a él, pero cuando la vida me pone contra la pared, saco mi Dios. el Dios que tengo adentro, el anhelo de ser Dios para tener yo el poder sobre la vida y sobre lo que tenga que resolver.
Y póngame todos los casos ahí. Estoy en una gran necesidad, tengo que pagar una platica y no la tengo. Y aparece el que siempre aparece proponiéndome un torcido. Y yo soy de Dios. Soy de Eucaristía, soy de comunión y termino cayendo en ese torcido porque yo necesito esa platica. Y en el hospital me dicen, "Pongámosle una inyeccionita a esta persona para que descanse y usted sabe cómo se llama esa inyeccionita." Y usted es de Dios y usted le dice que lo quiere y siente afecto por él como sentía Darío por Daniel y como sentía Herodes por Juan Bautista. Y terminamos cayendo. Padre, ¿por qué? Porque nos falta autoridad. Padre, ¿por qué? Porque nos falta criterio. Padre, ¿por qué? Porque nos falta coherencia. Y eso es lo que pasa en el mundo. Por eso este país está vuelto como nada. está vuelto nada porque nos profesamos de Dios, nos profesamos creyentes y por debajo de la mesa resolvemos al margen de Dios. Lo metieron al foso de los leones.
Y yo quisiera decirle a usted una cosa y no se le olvide nunca. Yo conozco en esta parroquia tanta gente sufriendo por murgas que les pusieron encima, por calumnias, por chismes, por sufrimientos, por enredos, por malas interpretaciones, por jugadas sucias. Conozco mucha gente que en este momento incluso está resolviendo procesos legales. Y a esas personas yo les quiero decir que se metan en el corazón el texto de Daniel. Al que está libre Dios lo libra. Pero para llegar allá uno debe tener una absoluta confianza en el Señor. No baje la guardia y puede que le hagan doler el corazón y pareciera que las cosas no están saliendo y pareciera que las cosas no funcionan y pareciera que todo se empantanara. Pero usted cada día y cada mañana le dice al Señor, "Señor, como Daniel, yo estoy en tus manos."
Miren amigos, que a veces tienen que pasar cosas muy tristes para uno terminar reafirmando la fe. Termina aquel hombre que se creía a Dios firmando un decreto y en el decreto decía que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. ¿Cuándo el rey Darío decreta eso? cuando vio que los leones no se lo comieron. Amigos, lo que vemos todos los días no es motivo para que nosotros lo reafirmemos a él. Los milagros que usted ve todos los días no son un motivo para que usted renueve su fe delante de él. Cuando el rey Darío ve eso, decreta que todo mundo reconozca al Dios de Daniel como el único Dios. Y entonces los milagros que yo veo a diario, ¿qué? lo que Dios me concede, las puertas que me abre, las caricias que tiene conmigo. Y entonces somos unos irreverentes cuando viendo tantas gracias de parte de Dios, continuamos viviendo como paganos. Que nos ayude el Señor, nos conceda la gracia que le concedió a Daniel de aprender a esperar aún en la persecución en él, porque Dios no defrauda. Digan conmigo, amén.