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Qué tal, sean todos bienvenidos a una nueva edición de Historias Innecesarias. ¿Cómo le va? [Música]
Este es un video que puede envejecer o muy bien o muy mal. Está hecho con la mejor evidencia posible al día de hoy, junio de 2021. Aquí voy con esto: a que si somos extremistas, podemos reconocer dos opciones. Opción 1: las vacunas continúan siendo seguras y efectivas. Spoiler: contra el COVID logramos derrotar a la pandemia y volvemos a ser felices, a tener una vida normal e impregnarnos de sudor ajeno en algún recital o en algún boliche. Opción 2: nuevas variantes completamente destructivas del COVID comienzan a surgir, las vacunas dejan de ser tan efectivas, pero continúan siendo seguras; pero lamentablemente eso nos lleva a la inminente destrucción de la raza humana, culpa del COVID, y en cuyo caso eso no me interesa porque estaríamos todos muertos y nadie estaría viendo este vídeo. Pero en fin.
Después de ese tranquilizador y sereno mensaje, empecemos con este vídeo. No sin antes agradecer al señor Juan Manuel Carballo Ida, también conocido como Karma, por su enorme ayuda en la corrección de este guion y felicitaciones nuevamente por tu libro, que me lo liquide en dos días exactos. Y ahora sí, empecemos. Hablemos un poco de las vacunas contra el COVID. A estas alturas es casi innecesario recalcar los peligros del COVID-19. Quizás el mejor ejemplo que tenemos actualmente sobre la gravedad del asunto es el caso de India, donde el número de muertes totales rozó las 400.000, número que crece a un tenebroso ritmo de miles de muertos por día.
Pero la ciencia, esa maravillosa cosa gracias a la cual pasamos de vivir 15 a más de 80 años y gracias a la cual hoy en día tenemos aprobadas 8 vacunas contra un virus que nos lleva a una pandemia, está cambiando el juego. Por primera vez en la historia tenemos una o varias vacunas mientras transcurre una pandemia, incluso quizás durante el peor momento de esa pandemia. Es más, es la primera vez en nuestra historia que decidimos salir de una pandemia con una vacuna. En otra época tendríamos que haber utilizado trenes para transportar la abismal cantidad de cadáveres, o hasta tendríamos que abandonar nuestras casas y ciudades por completo en búsqueda de un nuevo lugar donde vivir, alejados del virus, casi como sucedió con la fiebre amarilla en Buenos Aires en 1871. Pero ahora la situación es diferente. Ahora salvar nuestra vida está, podría decir, al alcance de nuestras manos, con un simple pedazo de tela cubriendo nuestra nariz y nuestra boca y con una hermosa inyección cargada de un líquido que técnicamente nos salva de sufrir las peores consecuencias de un virus que, al momento de la realización de este vídeo, ya mató a 3.703.420 personas alrededor del mundo, y estoy seguro que ese número quedó muy chico para cuando estés viendo este vídeo.
Muchos países del mundo ya comenzaron su campaña de vacunación. Por supuesto, hay países que tienen muchas vacunas disponibles y otros que no tienen ninguna, pero esa desigualdad tiene que ser tratada en otro vídeo, ya que requiere un enfoque mucho más profundo. Hasta este momento, más de la mitad de los adultos en EEUU recibieron al menos una dosis de alguna vacuna contra el COVID. Y si bien eso suena y es una buena noticia, la parte negativa es que mientras más adultos mayores se vacunan, más vacunas van venciendo, ya que la población joven actualmente duda mucho sobre si vacunarse o no, y esa es una muy mala noticia, ya que para lograr la famosa inmunidad de rebaño se necesita la mayor cantidad de gente vacunada. Actualmente hay muchos centros de vacunación en EEUU que se ven obligados a cerrar ya que la asistencia de voluntarios es baja o en otros casos nula. A raíz de ese problema es que en ese país comenzaron a surgir incentivos para quienes opten por vacunarse: cerveza gratis, donas gratis, o hasta en algunos estados, un cigarrillo de marihuana gratis. En EEUU tiene muchas vacunas, pero le falta gente que quiera vacunarse.
¿Y por qué es importante que nos vacunemos? Porque quizás a mí o a vos que estás viendo este vídeo el COVID no nos haga nada grave, aunque vale aclarar que en el último tiempo se registraron muchos jóvenes en terapia intensiva, incluso sin comorbilidades. Pero además, más allá de si tengamos síntomas o no, no dejamos de ser un arma letal para los que nos rodean y para quienes sí pueden enfermarse gravemente. Como dije, con el COVID no se sabe qué porcentaje de la población debería estar vacunada para lograr la inmunidad de rebaño; por lo tanto, para lograr que el virus deje de circular es necesario que una gran parte de la población esté protegida, y por eso es fundamental vacunarse. Ensayos clínicos demostraron que las vacunas contra el coronavirus son eficaces para prevenir formas serias de COVID y que reducen drásticamente la transmisión del virus. Mientras más circula el virus, más posibilidades de que el virus siga mutando, más posibilidades de que las vacunas sean un poco menos eficientes contra esas nuevas mutaciones y, por lo tanto, más posibilidades de que volvamos al punto inicial, y nadie quiere volver al punto inicial. Nadie. [Música]
Pero entonces, si hay vacunas gratuitas que no solo pueden salvar tu vida, sino que además la de quienes te rodean, ¿por qué la gente duda sobre ellas? [Música]
Si dudamos por una cantidad de razones. En primer lugar, es lógico tener miedo. Estamos hablando de algo que nos vamos a meter en nuestro cuerpo; es obvio querer lo mejor tanto para nosotros como para nuestros amigos y familiares. Y ojo, quiero recalcar que estoy hablando de dudar. Dudar no significa convertirse en antivacunas; dudar significa justamente dudar, no saber. El problema es que si dudas, probablemente elijas no vacunarte. Por eso mi idea con este vídeo es despejar la mayor cantidad posible de esas dudas, ya que todas las preguntas que tengas sobre las vacunas tienen respuestas, solamente tenés que buscarlas.
Y antes de adentrarnos en los mitos que más dudas generan, saquémonos de encima la teoría quizás más insólita y al mismo tiempo la más fácil de responder: Bill Gates quiere controlarlos colocando microchips junto a las vacunas. Eso no es verdad por el simple hecho de que esa tecnología no existe, por no mencionar que sería algo extremadamente caro de realizar. Ese rumor se inició porque la Fundación Gates realizó hace muchos años algunas investigaciones sobre tinta invisible que podía ser introducida junto a vacunas, pero con el tiempo eso se fue sacando de contexto y todo derivó en chips y control de masas. Y por otro lado, seamos sinceros: ni Bill Gates ni nadie necesita colocar chips junto a las vacunas para rastrearnos; tenemos rastreadores 24 horas consecutivas prendidos en nuestros bolsillos.
Y ya que estamos con lo insólito: no, las vacunas tampoco tienen células de fetos abortados. Ahora sí, lo que más duda genera es la famosa frase: "Todas las vacunas aparecieron muy rápido y no están lo suficientemente probadas, o prefiero esperar a otra vacuna más segura". Ese miedo suele estar acompañado de la creencia de que para hacer las vacunas contra el COVID se saltearon fases de pruebas y que básicamente todos somos ratas de laboratorio en quienes se van a aprobar. Y eso no es del todo así. Para contestar eso, primero tenemos que entender rápidamente cómo es el proceso y las fases de investigación de una vacuna. Lo voy a explicar muy resumidamente, ya que es algo un tanto aburrido de escuchar, pero me parece importante tenerlo en cuenta.
Después de superar la etapa preclínica, es decir, después de que la vacuna se prueba en cultivos celulares y en animales, llega la parte de los ensayos clínicos, es decir, pruebas en seres humanos. En la fase 1 se administra la vacuna a un pequeño grupo de personas; en la fase 2 se amplía ese número de personas y se trata de ajustar las dosis necesarias y confirmar su seguridad; en la fase 3 se demuestra que la vacuna es segura y eficaz en un ensayo con decenas de miles de personas de diferentes edades. Consiste en elegir a dos grupos de personas: a un grupo se le da la vacuna real y al otro un placebo. Luego siguen con su vida normal, pero ni el paciente ni el médico saben si recibieron la vacuna o el placebo. Después queda esperar y ver cuánto se contagiaron de cada grupo; así se calcula la eficacia. Si los resultados son favorables, las autoridades regulatorias aprueban la vacuna. Por ejemplo, en el caso de Argentina, el ente encargado de aprobarla es la ANMAT, que debe autorizar una nueva vacuna de acuerdo a normas nacionales. Y una vez que ya está disponible para la población, la vacuna sigue siendo monitoreada en los estudios llamados de fase 4 o farmacovigilancia. Estos estudios proporcionan información sobre la seguridad y la eficacia de la vacuna en la población en general. Esta última fase no concluye nunca; desde que la vacuna es autorizada constantemente se la sigue monitoreando y controlando.
Pero entonces, si el proceso de hacer una vacuna consta de tantas fases, ¿cómo es posible que tengamos tantas vacunas contra el COVID tan rápido? Resumidamente: porque estamos en una pandemia. Por primera vez en la historia, todos los países del mundo están trabajando contra el mismo virus, invirtiendo cantidades de dinero que nunca antes se habían invertido y enfocando todo el recurso científico para lo mismo. En otras palabras, en vez de asustarnos por tener vacunas tan rápido, deberíamos maravillarnos. Hay que partir de la base de que la ciencia estuvo trabajando en vacunas contra otros tipos de coronavirus hace años y años. Entonces, cuando apareció el COVID-19, ya había una base bastante sólida sobre la cual trabajar. Y al haber tanto recurso científico orientado a lo mismo —insisto, algo sin precedentes en la historia— se logró acortar esa línea temporal que involucra desarrollar una vacuna. Cosas que normalmente se hacen de forma lineal ahora se podían hacer al mismo tiempo que otras. Es importante diferenciar lo que es llevar a cabo una investigación clínica en un contexto tradicional y otro en pandemia. La forma tradicional es un proceso muy largo que demanda varios años y que además es muy costoso; involucra seguir una secuencia lineal de pasos y en el que se realizan múltiples pausas para análisis de datos. En cambio, en un contexto pandémico se inicia rápidamente y se ejecutan muchos pasos en paralelo. Por ejemplo, para plataformas con experiencia en humanos, la fase 1 clínica de los ensayos puede realizarse en simultáneo con las pruebas en animales. Se realizan fases en forma paralela, al mismo tiempo que se mantienen estrictas normas clínicas y de seguridad. Además, el hecho de que el virus circule tanto en todo el mundo hace que la fase 3 demande mucho menos tiempo, ya que los participantes se contagian mucho más rápido y por consecuencia se puede calcular la eficacia rápidamente. En pocas palabras, en este preciso momento el mundo entero es un laboratorio perfecto para desarrollar vacunas contra el COVID.
Es importante entender que las vacunas que hoy en día conocemos contra el COVID-19 son las que lograron pasar todas esas fases. En un principio había cientos de posibles vacunas, pero la gran mayoría quedaron en el camino por no pasar las pruebas y requisitos necesarios; pero por suerte también hay muchas otras que siguen en camino de ser aprobadas, y ese es otro motivo para alegrarnos. E insisto con lo anterior: a pesar de que fueron aprobadas, continuamente siguen siendo monitoreadas. Por ejemplo, en el caso de las vacunas Johnson & Johnson y AstraZeneca, donde se reportó un extraño patrón de casos de coágulos de sangre que, aunque no eran peligrosos, llevaron a que se detenga la producción ya que se revise en esos casos. A pesar de que la probabilidad de que se generen esos coágulos con algunas de esas vacunas era mucho menor a la de otros medicamentos, y justamente eso demuestra que la seguridad de las vacunas es analizada ante los ojos de todos, públicamente. No hay nada secreto y nada oculto.
Pero ahora bien, ¿qué pasa con los efectos adversos? Se decía que las vacunas de Moderna y Pfizer podían generar efectos adversos graves, como enfermedades neurológicas en un año, o que en diez años podía matarte o que te iba a dar Alzheimer. Pero no hay evidencia ni estudios creíbles sobre eso. También se decía que causaban infertilidad, pero nuevamente no hay evidencia que apoye eso. Es más, cuando se hacían las pruebas para la vacuna Pfizer, varias mujeres quedaron embarazadas, y la única que perdió el embarazo había recibido un placebo y no la vacuna. Tampoco pueden alterar tu ADN. El mito más fuerte es que la vacuna puede darte efectos secundarios más graves que el propio COVID. Ese mito se alimenta de las noticias de personas que se enfermaron o que murieron después de ser vacunadas, lo cual es completamente normal porque básicamente la gente se muere todo el tiempo. Era algo esperable ya que la vacuna era aplicada a mayores de edad o a personas de riesgo, y justamente ellos son quienes, aunque suene crudo, más posibilidades de morir tienen, más allá del COVID, y por el simple hecho de ser personas de avanzada edad o por tener enfermedades previas.
Hace un tiempo se viralizó el titular: "23 personas mueren en Noruega después de recibir la vacuna". Pero es algo esperable. Cuando se hicieron autopsias en esos 23 casos, ninguna muerte reportada estuvo vinculada a la vacuna. Aunque suene obvio, es importante entender que la vacuna solo te protege contra formas graves de COVID; no te hace inmortal. Por supuesto que puede haber efectos adversos, algunos muy serios como anafilaxia, pero en 47 casos por cada millón de personas vacunadas con Pfizer y 25 por cada millón vacunado con Moderna, y solo suele ocurrir en personas con historial de alergias severas. Las vacunas de AstraZeneca y las de Janssen se asociaron a casos muy raros de trombos sanguíneos, es decir, coágulos y disminución de plaquetas; sin embargo, el riesgo de que esto suceda es extremadamente bajo: 0.0004% con AstraZeneca y 0.0008% con Janssen. Es más, es más probable que presentes trombosis asociada al uso de anticonceptivos orales o hasta por viajar en avión. Pero la gran mayoría de los efectos adversos suelen ser dolor de cabeza, articulaciones, dolor de brazo, un poco de fiebre o quizás absolutamente nada.
En Argentina, según el último informe de vigilancia de seguridad en vacunas, el 99.2% de los eventos reportados luego de la vacunación fueron leves y moderados. Es muy poco probable que después de recibir la vacuna contra el COVID-19 se produzcan efectos secundarios graves o que causen un problema de salud a largo plazo. El monitoreo de la vacunación demostró históricamente que los efectos secundarios generalmente ocurren dentro de las seis semanas posteriores a la vacunación. Millones de personas recibieron las vacunas contra COVID-19 y no se detectaron efectos secundarios a largo plazo. En otras palabras, ningún efecto adverso de ninguna de las vacunas contra el COVID es más peligroso que la otra alternativa: el COVID. Es de vital importancia que se vacune la mayor cantidad de gente posible. Según un estudio del gobierno británico, gracias a la campaña de vacunación en Reino Unido, hasta el 13 de mayo de 2021 se evitaron 13.200 muertes y alrededor de 39.700 hospitalizaciones. Otro estudio de la CDC, es decir, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU, encontró que las vacunas de Pfizer y Moderna son un 94% más efectivas contra las hospitalizaciones por COVID-19 entre adultos mayores de 65 años vacunados entre enero y marzo de 2021. Es decir, las vacunas funcionan, y se puede ver en las estadísticas y en los gráficos que día a día salen a la luz. La eficacia promedio de las vacunas disponibles en Argentina varía del 70% al 90%. Eso significa que en algunos casos las personas pueden contraer la enfermedad, ya que ninguna vacuna es 100% efectiva, pero sí es 100% efectiva para prevenir las formas severas de la enfermedad. Es decir, si te vacunas con una de un porcentaje un poco menor de eficacia tienes más posibilidades de enfermarte, pero de ninguna manera vas a sufrir las graves consecuencias. En Argentina, el 95% de los pacientes en terapia intensiva no están vacunados, justamente porque las vacunas previenen estos casos. Además, se ve una reducción muy drástica de la ocupación en mayores, que son quienes recibieron la vacuna en un principio.
Y antes de repasar rápidamente cuáles son las vacunas disponibles al día de hoy, hay que aclarar que la inmunidad que genera la vacuna no depende solo de los anticuerpos; existe la inmunidad celular que no puede medirse tan fácilmente como los anticuerpos. Ahora bien, ¿qué vacunas podemos encontrar actualmente? Quizás la que más conozcas: Sputnik V, desarrollada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya en Rusia. Tiene un 92% de eficacia con las dos dosis y está autorizada en Argentina. Se han notificado unos 23.642 eventos supuestamente atribuibles a la vacunación tras la aplicación de 1.181.292 dosis. De esos 23.642 eventos notificados, el 99.4% fueron leves y moderados, y el 0.6% fueron hospitalizados para tratamiento sintomático con recuperación. Al analizar los eventos clasificados como relacionados con la vacuna, se evidencia que la fiebre, la cefalea y el dolor en las articulaciones fueron el diagnóstico más frecuente.
Luego tenemos la Sinopharm, producida por el laboratorio del Instituto de Productos Biológicos de Beijing en China. También está autorizada en Argentina, tiene una eficacia de un 79% con dos dosis y tiene efectos adversos principalmente leves o moderados, y se resuelven en su totalidad a los pocos días de vacunación. Los más frecuentes son dolor en el sitio de la infección, fatiga, fiebre transitoria, dolor de cabeza, diarrea, tos y disnea. La Vaxzevria, desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, es producida en India, tiene una eficacia de un 70% con las dos dosis y está autorizada en Argentina. La mayoría de sus efectos adversos observados fueron de intensidad leve a moderada y se resolvieron a los pocos días y son muy similares a los de Sinopharm. Oxford de AstraZeneca también desarrollaron la Covishield. El siguiente tema es Covaxin, producida en Corea del Sur, y la Abdala, producida en México y Argentina. Luego tenemos la de Pfizer, desarrollada en EEUU, una eficacia de un 95% en sus dos dosis y está autorizada en Argentina. Los efectos secundarios incluyen dolor en el lugar de la infección, cansancio, dolor de cabeza, dolor muscular, fiebre y escalofríos. Hay una remota posibilidad de que la vacuna pueda causar una reacción alérgica grave, insisto, remota. Janssen Pharmaceuticals se produce en EEUU, tiene una eficacia de un 72% en una sola dosis, aún está en proceso de registro en nuestro país. Sus efectos secundarios normalmente se presentan dentro de los siete días posteriores a la vacunación y suelen ser leves a moderados; fueron más comunes en personas de 18 a 59 años de edad en comparación con mayores de 60. Cansino, una vacuna similar al Sputnik V, es producida en China, con una eficacia del 65.28% en una sola dosis. Y luego hay dos vacunas aún no autorizadas: CoronaVac de Sinovac, con una eficacia de un 54% en dos dosis, y Moderna de EEUU, con una eficacia de un 94% en dos dosis.
En fin, para cerrar: al día de hoy el COVID mató a 3.703.420 personas, mientras que las muertes por efectos secundarios graves derivados de la vacunación son extremadamente raras. Es normal tener preguntas y dudar acerca de este tema, pero hay muchas respuestas, solo tenemos que buscarlas y no quedarnos con el primer titular que leamos. Y no te enojes con quien duda de las vacunas; no lo hace porque piensan destruir al mundo, lo hace porque nos llega demasiada información y lamentablemente de esa demasiada información, la gran mayoría es información de mala calidad y con pocos fundamentos, que lamentablemente es la que más fácil se viraliza y la que normalmente optamos creer. Dudemos, investiguemos.
Y el líquido. Normalmente tanto el principio como el final de estos vídeos están completamente accionados por mí, más allá de toda la historia innecesaria en sí del medio; pero esta parte del cierre decidí borrarla ayer después de acompañar a un amigo a vacunarse. Realmente me alegro muchísimo ver la cantidad de gente que estaba esperando por su vacuna. Por supuesto que eso nos deriva a un montón de quejas completamente válidas, como mala información brindada o mala distribución de las vacunas o gente que hace colas eternas y cuando por fin se llega le dicen que su vacuna no estaba o lo que sea; pero lo importante es que tenemos vacunas. A estas alturas del año pasado yo estaba en medio de una crisis y completamente convencido de que mis viejos, mis tíos, mi abuela, incluido yo, que todos nos íbamos a morir. Hoy en día tengo la suerte de que prácticamente toda mi familia y un montón de seres queridos más estén vacunados. Por supuesto que se pueden enfermar igual, como bien hablamos en el vídeo: las vacunas son algo así como un casco o como un cinturón de seguridad. Puede chocar igual, pero las probabilidades de que te mueras son realmente muy, muy bajas. En el medio de todo esto hubo millones de muertos; entre esos millones, probablemente haya algún familiar, amigo o conocido tuyo, y eso es algo que vamos a lamentar por siempre; pero por suerte ahora tenemos vacunas y la posibilidad de que pasemos por ese horrible momento, que quizás pasaste de tener un familiar internado y no poder ni siquiera acercarte a despedirlo, son muchísimos, muchísimos menores.
Me encantaría estar vacunado y poder contarles que me vacuné, pero lamentablemente, o bueno, o por suerte, todavía no me toca, ya que tengo 24 años, soy muy joven y estoy en la plenitud de mi vida, tanto física como mental, a pesar de que por fuera parezca un Harry Potter pasadísimo de drogas que no duerme hace casi un mes. Así que, en resumen, por favor, si tienes la posibilidad, vacúnate. Juntos terminemos esta, que ya estamos todos completamente podridos de esta pandemia. Nos encontramos en el próximo vídeo. Por supuesto que sí; los invito a dejar un like, un comentario, a suscribirse y ¿por qué no? Activar la campanita para recibir una notificación cuando se suba un nuevo vídeo al canal. Hasta luego, y vacúnate.