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Heraldo Podcast, un lugar para tus oídos.
Hey, ¿cómo estás? Soy Sonia Acosta y quiero darte la bienvenida a este nuevo episodio de [__] Comodidad. La verdad es que hoy no te voy a dar ningún preámbulo, hoy me voy a ir directo. ¿Sabes por qué? Porque tengo en esta cabina a alguien que tú amas, yo sé que tú lo amas, lo amas muchísimo, y yo también. Y nos está haciendo así el honor. Ya sé que no te va a gustar que diga eso, pero sí se siente como un gran honor tenerte acá. Entonces, tengo en la cabina a Mario Guerra, otra vez. ¡No tenemos emoción que vamos a tener a Mario Guerra otra vez! Dijo que sí.
Hola, Mario. Buenos días, buenas tardes, buenas noches, porque sabes que no sabemos a qué hora nos están escuchando. Buenos días, tardes, noches. ¿Cómo estás? Muy bien, Mario, muy, como te decía, muy contenta, cañón, muy contenta de que estés acá. Te juro, traigo así como estoy emocionada. Mario, yo también me gusta mucho venir para acá. Está padre, ¿verdad? Está padre.
Oye, Mario, a ver, cuéntanos, digo, ya el episodio pasado nos estuviste hablando de tu libro, ¿te acuerdas? De la tristeza. Nada más así como por echar chisme, ¿cómo va ese libro? Bastante bien, bastante bien. Es un libro que, bueno, finalmente, ¿quién no va a tener una pérdida? ¿Quién no va a ser un proceso de duelo, particularmente con la muerte de un ser querido? Y este, y bien. Yo creo que siempre va a haber audiencia y necesidades de de esos temas, sobre todo tocándolos con el afán de la ayuda, del de de salir, de moverse a través de esos pantanos, como dije en su momento, de la de la pérdida, del duelo. Entonces, bastante bien, va, va muy bonito. Me da mucho gusto que le esté yendo chingón a ese libro porque, la verdad, sí es una joya. Eh, yo les tengo que decir aquí a todas las personas que nos escuchan, claramente decirte a ti, que yo he recomendado muchísimo el episodio que que hicimos juntos acá, porque a mis clientes, okay, y tengo que decirlo, que sobre todo a personas que están terminando relaciones de pareja con un apego fuerte, no, con una tristeza profunda, no. Y entonces, de pronto, así de, "Oye, pues a ver, aquí está este episodio, te lo paso". Y de verdad, Mario, los comentarios que yo he recibido de, "Wow, gracias, justo me estoy haciendo". ¿Te acuerdas de este concepto que yo te decía, está como esta cosa sutil que hacemos, este abandono sutil? ¿Te acuerdas que tú hablabas de ese concepto? Bueno, mucha gente me dice, "Está cabrón porque es algo que estoy haciendo". Es muy, es muy interesante ese tema, como no es como tan contundente, pero cuando hacemos ese abandono sutil, wow.
Pues bueno, agradecerte. Ay, muchas gracias, porque finalmente es cierto, nos vamos identificando con ciertas cosas y no hay como como verse reflejado, ¿no? A lo mejor en un podcast, escuchar algo que nos está pasando para, yo creo que principalmente el sentimiento es, no nada más me pasa a mí. Totalmente. No estoy solo. No estoy solo. Y no que sea, como dicen por ahí, mal de muchos, consuelo de pocos, sino más bien para identificarnos como parte de esta tribu humana, ¿no? Que somos y que a veces nos han vendido la idea, la cultura, la sociedad, de que si somos sensibles, somos débiles, de que si no podemos, entonces estamos yendo para abajo. Y darnos cuenta que es parte de la experiencia humana, ¿no? Todos, yo, tú, todos hemos experimentado pérdidas y a todos nos ha costado, del trabajo que nos ha costado salir, pero aquí estamos. Aquí estamos. Aquí seguimos.
Y sabes qué es lo que yo me digo cuando a veces estoy ahí es, eh, literal, hago una pausa, por lo menos en la cabeza, digo, a ver, Sonia, a ver, atención, a ver, ¿estás respirando? Sí. Okay, entonces todavía no se acaba. Entonces, a darle la vuelta.
Oye, pero bueno, decirte eso que ha sido una, pues una herramienta, ya se convirtió en una de mis herramientas, compartirlo. Y justo hablando un poquito de cuáles son los temas, ¿no? Que están sucediendo allá afuera. No, yo te, yo te decía, ¿no? Que quería invitarte de vuelta para que habláramos de, de lo que yo de pronto también escucho con muchos de mis clientes, ¿no? Y sin duda, también a nivel a título personal, ¿no? Con las cosas que pasan. Y yo escucho muchísimo este trabajo de del niño, ¿no? O sea, el niño interior, de de la infancia, es destino, de estos abandonos o huellas de la infancia, ¿no? O sea, como, como que hay muchos, hay muchos autores también allá afuera que están tocando esta parte, ¿no? Se está haciendo mucho hincapié en esta parte de sanación del niño, ¿no? Y de pronto yo decía, no, a ver, ¿sabes qué? Necesitamos hablar con alguien que le sepa. Y por eso es que dije, a ver, que venga Mario.
Bueno, entonces, a ver, ¿cómo le quieres entrar? Parte de las heridas de la infancia, que yo creo que por ahí va, ¿no? No sé, yo siento que de pronto ahí está como el centro de, pues el origen de muchas cosas, ¿no? Yo creo que pensar que eso, ¿no? Porque les oímos tanto la serie de la infancia para acá, el niño interior para allá, ¿qué será eso? No. Hay quien dice, me ha tocado escuchar o ver personas que dicen, "No, eso no existe". Y yo digo, bueno, es que es una forma de describir, ¿no? Cuando les digo, a ver, cuando hablamos del niño interior, no es que se comieron un niño y si sí, es ilegal, no lo hagan, ¿no? Pues se llama canibalismo. Perdón, es que tengan un niño adentro. A menos que alguien esté embarazado, ¿no? Pero este, no es una, es una metáfora para explicar nuestro mundo interior emocional. Para hablar del niño interior o del niño herido o de las series de la infancia, tendríamos que presuponer que hay un niño o niña sano también. Y si lo hay, sí. Entonces, ¿qué pasa? ¿Qué son las heridas de la infancia? Son las experiencias que vivimos en la primera etapa de nuestra vida. Digamos, si vamos a quedarnos en la infancia, tendríamos que llegar hasta los tres años, pero se extiende hasta la niñez. Digamos, pudo haber sido determinante para la forma en que nos vamos a relacionar en el futuro, en la vida adulta, en la adolescencia, con amigos, con relaciones románticas, con los propios padres, pero sobre todo con nosotros mismos. Totalmente. Con nosotros mismos.
Entonces, ¿qué son las heridas de la infancia? Son daños repetidos, necesidades no cubiertas, identidades pretendidas de ser anuladas, que fueron realizados de manera sistemática. Porque hay quien me dice, fíjate que ya regañé a mi niño porque se portó mal, entonces ya le hice una herida de la infancia. Yo, a ver, no. Si lo regañas una vez o metiste la pata una vez, no necesariamente ocurre una herida de la infancia. Cuando los daños son sistemáticos, cuando es tu forma de ser, ¿no? Okay.
Alguna vez escuché a un, un pescador de Harvard decir, mira, es lo bueno, lo malo y lo feo. Lo bueno es tener con el niño, una actitud de conocerlo, al niño o la niña, conocer quién es, porque no es un adulto en miniatura, ni es una extensión de mí. Entonces, puede venir con gustos diferentes a los míos, temperamento diferente al mío. Y entonces, lo que hacemos normalmente es que tendemos a tacharlos de rebeldes, por ejemplo, ¿no? Si no me hace caso, es rebelde. Si es sensible, es chillón. Si este me contesta, es majadero. Entonces, vamos poniendo etiquetas. Ser lo bueno, como decía yo, es entender y conocer que ahí enfrente tienes un, un niño que es un ser que ya está en formación, que ya está desarrollando su potencial, su personalidad, como dije, su temperamento, sus gustos y sus disgustos. Y conocer eso es la parte buena. Luego, lo, lo malo es cuando, como digo, hacer que encajen en nuestro mundo, que supuestamente es el correcto. Y lo malo es cuando ya le pegamos el grito, la nalgada, cuando lo criticamos, "No te da vergüenza que todo mundo esté viendo cómo estás llorando, como si fueras un cobarde, como si fueras un débil. Mira nada más qué pena, ya te están viendo toda la gente y sabes qué están pensando de ti, que eres una majadera". Es lo que están pensando.
Ay, Mario, lo estás diciendo y digo, "Ay, no, güey, no hablen así". Es que ahí está, es que eso duele. Eso es lo malo. Ah, eso es lo malo. Llegar allá. Pero de lo malo, puedes regresar a lo bueno, ¿okay? Cuando dices, "Sintió horrible, cuando dices, 'Oye, ¿sabes qué? Perdóname, estaba yo ansioso, estaba yo enojado, no debía hablarte así'. No, no es verdad que tú tienes que darle gusto a todo el mundo, no tiene, no es verdad que tienes que cuidar que todos, que todo lo que piensen de ti. No, algunos pensarán cosas que les gusten y otras que no. Pero no es verdad. Yo me equivoqué". Es reconocer y reparar.
Lo feo, porque es lo bueno, lo malo, lo feo. Lo feo es ya no regresar a reparar nunca, reconocer y mantenerte sistemáticamente en este tipo de mensajes de, "Tú aquí no eres nadie, quieres tomar decisiones cuando crezcas, trabajes y te ganes tu dinero, haces lo que te dé la gana, pero mientras lo haces en estas paredes, yo mando, te vas a someter". ¿Y sabes por qué? Porque yo soy tu padre, porque yo soy tu madre. O sea, esa es el argumento. Sí, porque a mí no me vas a ver la cara, porque cuando tú vas, yo ya vengo, ya vengo. Porque mira mi colmillo retorcido, eh. Años me ha costado. Sí, de sufrimiento. Para cualquier pelagatos va a venir, no ha nacido el hijo, no ha nacido el hijo. Yo lo voy a ver, que me vea como tú me estás viendo. Así que vuélvelo a hacer. Y prefiero pagar la cuenta del dentista cuando te reviente la boca de un bofetón a que me vuelvas a contestar de esa manera. Y que esa sea la manera de interactuar a base de miedo, a base de amenazas, a base de desprecio, de condicionamiento.
"Ah, estás llorando. Ahorita va a venir, déjame ver quién, el señor del costal, el de la basura. Te vas a ir con el de la basura. Ahorita le voy a decir, a ver, señor de la basura, venga, llévese a esta niña que está llorando". Así que te lleve, que te lleve.
Alguna vez me pasó, me pasó a mí. Iba yo, y se lo cuento luego en mis talleres, iba yo a cruzar una calle en una calle muy transitada y de repente me llamó la atención una niña que lloraba, lloraba como de cinco o seis años, estaba haciendo un berrinche, pero qué bonito berrinche estaba haciendo, hermoso, estaba hermoso. De todo lo que tenía que tener un berrinche, tenía mocos, baba, roja, moradita, ¿no? Y la mamá desesperada tratando de calmarla y no lo podía calmar. Entonces, yo volteaba la niña, dije, qué bonito está haciendo, ¿no? Porque porque tenía todo para poder hacer que la mamá se saliera de sus casillas. Entonces, la mamá desesperada calmándola, yo esperando que para cambiar la luz del semáforo para cruzar. Entonces, la señora que voltea, me ve y le dice a la niña, "Si no dejas de llorar, el señor te va a llevar". Yo, lo primero que dije, "No, señor, no te la lleves". "No es para tanto". Pero el señor soy yo, nada más estaba yo en la esquina, ¿no? Entonces, yo dije, entonces la señora voltea, me ve, me me cierra el ojo y me dice, "¿Verdad?". Entonces, yo volteo a la niña, a ver la señora, y le digo, "No". Y la niña, sí, porque la niña dejó de llorar en cuanto le dijo eso y se me quedó viendo así con ojos enormes de, "El señor se me va a llevar".
"No sabían que eras tú, Mario". Claro, claro. Entonces, la, la, este, cuando le digo a la señora que no, que no me la voy a llevar, la niña vuelve a llorar. Y la señora me echa una mirada así como de, "Maldito traidor, no es posible que no vaya a ayudar". Una cosa tan básica. Pero es que te imaginas, ¿qué te imaginas? Claro, te imaginas que yo entro al juego y le digo a la niña, "Sin niña, ven, ven, vente conmigo". Lo primero que va a quedar en su mente va a decir, "A ver, ¿qué tan importante soy para mi mamá para que me regale con el primer pelón que está en la esquina? Qué cabrón, qué tan importante debo ser, cuánto me debe valorar para que sea capaz". Y luego, el otro también, "que sí me iba a llevar". Cuando me han dicho que no confíe en los extraños, que no me vaya con nadie, y entonces, de repente, cuando mi mamá se le ocurre, entonces me voy con el primero que está parando, con quien sea, me entrego con quien sea.
Entonces, darnos cuenta de ese, ese mensaje. Eso es lo feo. Esos mensajes que vamos mandando. Criar a base de chantaje, de miedo, de amenazas, de condicionamientos. Pues, como no queremos que el interior de este niño, esa niña, crezca a base de eso, a base de miedo, a base de, "Híjole, no, pues ya no sé quién me quiere, porque sé quién soy. Más supone que me quería querer, me debía querer, es mi mamá. Me amenaza con regalarme con el primero que pase. Eso quiere decir que cualquier otra persona de ahí para abajo que diga que me quiere, pues va a ser un cariño muy frágil".
Y sabes qué pasa con eso que acabas de decir, o sea, y de alguna manera empezamos a creer o a incorporar la idea de que, pues así es el amor. Claro. Eso debe ser el amor, ¿no? O sea, eso es lo que yo merezco como amor. Además, no, también por eso decías en un principio, ¿no? O sea, son estas heridas que de alguna manera se empiezan a manifestar en nuestra, en nuestro relacionamiento, pero romántico, da igual, ¿no? Como en nuestro organismo en general. Y, wow, eso está muy cañón.
Mario, y me quedé pensando también en, a ver, tú tienes hijos grandes, yo tengo los adolescentes, eh, casi 15, ¿no? Y a ver, yo se los puedo compartir aquí en corto, claramente yo fui de alguna manera crecida como niña un poquito con esa, con esa, este, con esa dinámica, ¿no? En donde, pues sí, había etiquetas, este, de alguna manera había cierta, o sea, había coacción, ¿no? Nada, mamá, todo bien, todo chingón, ¿no? No te preocupes, nada más lo que digo es que, pues así se manejaba la idea, así se movía la educación o la crianza. Y de pronto yo, cuando tengo estos niños, de pronto digo, "Híjole, no, yo no voy a hacer eso". Caray, pero entonces, ¿cómo le hago? Y encuentro que, pues hacerlo de una manera diferente, Mario, es hacerlo como por agarrar como la carretera de, no, la libre. Y a ver, tiene su chamba, eh. Y tiene su, tú lo acabas de decir, ¿o saber? No quiere decir que no te vas a enojar, no quiere decir que no le vas a hacer daño a tus hijos a veces con estos, con estas situaciones, pero sí quiere decir que, Híjole, tienes que revirar muchas veces, tienes que meter muchas, muchas, sabes, como arreglarlo. Y es una chamba bien cansada. Por eso de pronto también pienso, pues por eso yo creo que lo hacían antes así, ¿no? Como de, pues era más fácil, pum, pum, pum, te sometían, controlar. Exacto. Es mucho más fácil controlar que te obedezcan, ¿sabes? No, que piensen y que este, reflexionen.
Pero también, si lo pensamos, pues también a veces por eso estamos como estamos, ¿no? Totalmente. Porque estamos enseñados a obedecer, estamos enseñados a creer ciegamente, ¿no? En voces de autoridad. Entonces, ya, yo creo que uno de los efectos más fuertes de de una herida de la infancia es tener esta figura de autoridad que se equivoca, que nunca falla, que debes escuchar siempre, porque yo sé más que tú. Porque lo que hace es que ya no nos enseña a pensar por nosotros mismos, nada más obedecer. Y entonces, podemos caer en las manos desde manipuladores aficionados hasta profesionales, hasta políticos, hasta personas malintencionadas que se valen, bueno, hasta de la mercadotecnia, ¿no es cierto? Caemos en esta influencia de la mercadotecnia, donde como no nos ha enseñado que podemos tomar decisiones diferentes, aunque a veces no le gusten mucho al mundo, y que tenemos que seguir ciertas normas para ser queridos, aceptados y bienvenidos.
Entonces, bueno, pues lo que hay que ver es quién me va a querer, quién me va a aceptar, qué partes de mí tengo que mutilar para que me quieran. Es una palabra bien cabrona, muy similar. Y es que sí, sí, sí, sí se ve, si es la experiencia. Sabes, me hiciste recordar ahorita esta frase de María Montessori, ¿no? Que yo claramente amo a María Montessori, ¿no? Pero que el amor del niño, refiriéndose claramente a niños, niñas, ¿no? El amor del niño es tan grande por sus adultos que es capaz de hacer lo que sea, incluso reprimirse, auto reprimirse, con tal de tener la mirada, la mirada del adulto. Sí, la mirada, pero de aceptación, pero de amor. Y esa es otra cosa que te pongo sobre la mesa. Creo que crecimos creyendo que, o sea, hay dos miradas, creo yo, ¿no? La de amor y la de aceptación. Y creo que nos confundimos.
Y hay otra más, a ver, ¿qué es la de pertenencia? Ay, qué bonito. Sí, qué bonito. Queremos amor, queremos aceptación, pero también queremos pertenencia. Y en este pertenecer, y yo creo que, que todas las tres son muy importantes, pero en este pertenecer, a veces estoy dispuesto a hacer lo que sea. Pensemos que hay una especie de club social, que para pertenecer a él, pues tienes que ir con este esquís y penacho de Apache, y pero aparte tienes que tatuarte la cara, pero además tienes que saber cantar como barítono, pero además tienes que bailar tap, pero además tienes que cortarte un dedo. Pero además, ¿cuántas veces en estos grupos, de verdad, para para pertenencia, te piden un sacrificio? A ver, si de veras, este, desde las famosas novatadas, totalmente, hasta otros lugares.
Ahora, imagínate tú el precio que hay que pagar para pertenecer a esta familia, para poder recibir todo lo que te damos, porque esa es otra. Te va, cuando nos dicen, "A ver, ¿qué te hizo falta? No te hizo falta nada. No te hizo falta nada. Y te lo empiezan a contar y te dicen, tuviste casa, tuviste escuela, tuviste comida, tuviste juguetes. No te hizo falta nada". Y sabes qué contesto yo cuando, cuando digo, alguien dice eso, digo, "A lo mejor lo que te hizo falta fuiste tú". Exacto. Tú. Te hizo falta un lugar aquí donde la persona se sienta importante, mira, y libre de ser quién es.
Respirar. Me tocó el fin de semana pasado, así que cuando quiera que escuchen esto, siempre hay un fin de semana. Ahorita, ayer, un taller de autoestima. Okay. Y de repente me llamó la atención una, una chiquita bien chiquita, porque normalmente va de 16 para arriba y generalmente van a adultos, pero no, ya muy chiquita, con sus colitas y todo. Y en cierto momento le pregunté, "Oye, ¿cómo te llamas?". Ya me dijo el nombre. Yo, "¿Cuántos años tienes?". "11". Le dije yo, "Ya, ya estábamos como tres cuartos del taller avanzados". Digo, "A ver, cuéntame, ¿te ha gustado el taller?". Me dijo, "Sí". "¿Qué es lo que más te ha gustado?". Y me dijo, "Encontrar personas aquí que siento que siento que me entienden". Y les dije, "Vean, 11 años. Eso es lo que estamos buscando todos. Pertenencia, aceptación". Como bien dices tú, y eventualmente, obviamente, también el amor que, que nos que nos ofrecen las personas cercanas a nosotros.
Y mira qué bonito, esta parte de entendernos. No es tan, es tan complejo de pronto. A ver, lo voy a decir como desde esta idea, ¿no? Decir lo que piensas, decir lo que sientes, decir tus ideas. Ya de por sí, en un entorno en donde todo el tiempo tienes que encajar, pues es retador, ¿no? Es bastante retador poderlas decir y que además no haya de regreso un juicio o el clásico, yo digo, los ojos de huevo, ¿no? "Ahí viene otra vez con su idea, ¿no? Ahí viene otra vez con su pensamiento". No está cabrón que no haya ese juicio de regreso. Otra vez, doble reto, ¿no? Y de pronto siento que, que a densidad, eso le sumamos la edad, ¿no? Que estamos, pues contenidos y más allá del tipo de la crianza que tengamos cada quien, ¿no? Pero la edad en donde, pues sí, necesitamos convivir, conectar de alguna manera, si pertenecer. Hasta la adolescencia está muy cañón, eh. O sea, es un momento muy complejo, ¿no? Que si además ahorita que hablabas de esta chica, ¿no? Años. Necesitamos ser entendidos, saber que, que lo que expresamos tiene, se entrega el mensaje, ¿entiendes? Y que no rebota.
Sí. Y finalmente, la infancia sí nos va a condicionar de muchas maneras, porque en mi infancia vamos a aprender cómo es el amor y así lo vamos a conocer y así lo vamos a buscar después. Y si fue base de maltrato, por más que jures que no, acabas en eso. Es también la infancia es el momento de lo que se llama el espejo del yo interior. Okay. Nuestros padres sirven como un espejo emocional para nosotros cuando somos muy pequeñitos. Entonces, las expresiones que ellos hacen, la forma que nos tratan, la forma en que se dirigen a nosotros, si atienden nuestras necesidades, si lo hacen amorosamente, porque puedes atender necesidades a jalones, así de, "A ver, te acabo de cambiar, ¿cómo es posible que te hayas vuelto a hacer? Qué barbaridad contigo. Ya te dije, no, no es posible. A ver, te vas a comer, te vas a comer eso porque es lo que hay y aunque no te guste. Y si no te gusta, ¿sabes qué? Vas a comer doble ahora para que aprendas, porque en esta casa no se desperdicia. Tú sabes cuántos niños hay en África que bla bla bla bla". O sea, además, porque los niños son muy chiquitos y no se ponen a pensar, "A ver, ¿cómo el que yo me acabe este sándwich que no me gusta va a ser que un niño del otro lado del mundo sea feliz? ¿Cómo va a ser eso?". No, pero entonces te meten la culpa. La culpa, que la tenemos mucho en esta cultura, esto de meter la culpa. "Ya ves, por tu culpa, pues sí, te pegué, pero tú me haces enojar". Eso lo podemos oír con un papá o una mamá, un niño, y lo podemos ir en una relación de pareja, eh. "Te maltrato porque tú, tú tienes la culpa, tú me haces enojar. Yo te que te dije que hicieras, te dije que te fueras a lavar los dientes, pero no me haces caso, por eso te pego". Entonces, empieza a pensar, "Si es cierto, le pegan porque no hago caso, en lugar de decir, a ver, no, si no hago caso, hay muchas maneras de educarme, los golpes no, nunca debería ser una". Y sin embargo, es lo que utiliza esta señora, mamá, este señor, papá.
Entonces, pero empieza a pensar, "Si me tratan mal, es que algo malo hay en mí, por eso me tratan de esa manera". En lugar de pensar, "¿Qué les pasa a sus adultos que me tratan como no merezco?". Porque un niño no tiene la capacidad de decir, "A mí se me hace que mi mamá está estresada y mi papá está medio neurótico, porque ve, hasta se le salta la vena, al pobre, y a mi mamá también le tiembla un ojo. Pues yo creo que vienen de, ahora sí que todo bien en casa, ¿no? Todo bien en casita, todo bien en casita". Pero el niño tiene la capacidad de pensar eso. Cuántos niños no se adjudican el divorcio de sus padres diciendo, "Sí, claro, porque como yo no obedecía, entonces mis papás se divorciaron, pero ya me voy a portar bien para ver si se reconcilia". El corazón, muy cabrón.
Entonces, es todas estas creencias que vamos desarrollando en la infancia de, "Yo tengo la culpa". Bueno, llegado a la adolescencia, viene un proceso de metamorfosis, donde tenemos que romper. Lo voy a decir y lo aclaro, y y apúntelo con lápiz y marcador, es simbólico. Tenemos que simbólicamente matar a nuestros padres para poder renacer nosotros. Cuando oprimes demasiado en la infancia, no permites esta, esta metamorfosis. Y entonces, la persona, el adolescente, pasa por la adolescencia sin desarrollar identidad propia. Está cabrón. Los padres tenemos que permitir que los hijos acaben con nosotros totalmente, que se volteen contra nosotros y digan, "Todo lo que tú me dijiste en la infancia, lo que te admiraba, ¿sabes qué? Lo escupo y me da asco porque es una porquería. Eres la peor persona del mundo". Si uno tiene que aguantar, vale. Decir, "Te quiero mucho", para que después pasen la adolescencia, lleguen y te digan, "Sabes que tienes razón en un chorro de cosas que me decías, en otras no, pero aún así".
¿Sabes en qué me quedé pensando ahorita? Híjole, o sea, de verdad está muy cabrón. O sea, me están pasando cosas, Mario, mientras te escucho, me están pasando cosas. Escucho, me da mucha tristeza. Me da mucha tristeza saber que, que así funcionan muchos lados, okay, y que además yo lo puedo, digamos, evidenciar cuando estoy trabajando con algunas personas, okay, en este acompañamiento de coaching y demás, ¿no? También lo puedo evidenciar, incluso en, a lo mejor yo escuché o he visto que alguien ha hecho eso, ¿sabes? De esta forma de criar a los niños. Yo en algún momento también hice mis payasadas con mis hijos, ¿okay? Sí, tengo que decir la verdad, que sí hice diez, nueve seguros, y rectifiqué. No, también siento que está muy, muy cabrón, Mario, que que estos adultos que hoy somos tengan adentro a ese, pues a ese niño, esa niña, pues eso, asustada, incomprendida, avergonzada. Peor todavía. Yo creo que con la culpa cuesta mucho trabajo vivir, pero con la vergüenza es terrible.
¿Cuál es la diferencia? Y creo que vale la pena que te iba a decir, a ver, este, nada más para clarificarlo, obviamente por algo que que hiciste, que se supone que no tendrías que haber hecho, o algo que no existe. Tú sí, sí, es algo que te dijeron que tenías que haber hecho y no hiciste, o algo que te dijeron que no hicieras y sí hiciste. Okay, eso es lo que sientes. Es la culpa. La culpa cuando es saludable, porque hay una culpa saludable que te mueve a reparar, que te mueve a corregir, a que te voy a decir, "¿Sabes qué? Perdóname, que debe llegar hasta ahora, me confundí. Perdónenme, los dejé esperando. Perdónenme". Esa culpa es, es una actitud social. Claro. La culpa tóxica es la que, aun cuando ya te hayan perdonado, la sigues sintiendo. Y tú no te perdonas, aunque otros ya te perdonaron. Pero la vergüenza es el malestar que sientes por ser tú. Ya, ya no es que hiciste nada, ya no es que metiste la pata. Ya, ¿cómo pido perdón por ser yo? Puedo pedir perdón porque llegué tarde, puedo pedir excusas, puedo pedir perdón porque tiré la leche, puedo pedir perdón porque dije una mentira. Pero, ¿cómo puedo pedir perdón por ser yo? Y la vergüenza es lo que se siente por sentirte un ser inadecuado, un ser insuficiente. Y eso lo aprendiste en la infancia. Y entonces, eso cuesta mucho trabajo quitar la vergüenza de ser tú, porque, pues, ¿cómo te cambias a ti? ¿Cómo te cambias a ti?
O sea, es decir, más que cómo cambiarte a ti, es cómo te empiezas a aceptar. Es que el mensaje es ese, ¿no? Es que no tengas que cambiarte, es que tienes que darte cuenta que eres una persona como cualquier otra persona que comete errores, que también aprendió todo a base de ensayo y error, porque en la infancia es así, ¿no? Aprendemos a comer ensuciándonos, a escribir haciendo garabatos, aprendemos. Sí, nos cagábamos encima, este, y luego no nos limpiamos bien, y este, y comíamos y andábamos sucios de la ropa y de la tierra y las rodillas raspadas y, y todo así. Pues esa parte del proceso es de socialización. Pero, pero cuando nos dijeron que todo eso era inadecuado, que éramos unos cochinos, que éramos unos desobedientes, que éramos unos burros, que éramos todo lo demás, bueno, se nos va quedando. Y entonces, aprende de los otros lo que soy. Claro. Nos identificamos con esas, con esas etiquetas que nos están poniendo y creemos que solo somos eso, ¿no? Exacto.
Y sabes, yo siempre he dicho, a ver, nos han dicho, "No pongas etiquetas". Y yo digo, "Nomás, América, y me digan cómo no se ponen, porque se ponen, es parte del lenguaje y de todos". Sí, sí. Lo malo es poner una sola etiqueta o dos. Sí, tú eres el flojo, desobediente. Tú eres la berrinchuda, chillona. Y tú eres el mentiroso, rebelde. Entonces, poner dos etiquetas, ya así, así creces. ¿Cuántas personas no crecieron? "No, pues es que el panzón". Pero por qué el panzón si no está gordo. Es que de chiquito era panzón y ya se le quedó el panzón. Oye, ahorita que quisiste, está cabrón, este, mi hermano, por ejemplo, tengo un hermano así, hermano adorado, tengo un hermano que me lleva dos años, ¿no? Yo soy la más chica. Y entonces, él se llama Marco, okay, pero de chavo le decían Chiquis, por ejemplo, o San Marco. Es un hombre de uno ochenta, ¿okay? De no sé, de 80 kilos, ¿okay? 90, da igual. Pero es un barba, ¿no? Sí, y con una voz así, ¿okay? No. Oye, Chiquis. Entonces, es como de, güey, es rarísimo, o sea, como que no checa el audio con el video, ¿no? Pero ahí se van quedando sus etiquetas. Omarquito, dices, güey, quedando las etiquetas.
Yo creo que como no se puede no poner etiquetas, pues vamos a ponernos todas las etiquetas. A veces soy más listo, a veces soy el más tonto, ahora soy el más rápido, a veces soy el más lento, el que le cuesta más trabajo entender. Entonces, somos, somos muchas cosas, ¿no? Solamente una cosa. Y así como fuiste el berrinchudo, chillón, desobediente, también fuiste el que aprendió, el que se fortaleció y el que supo hacer juicios para determinar qué camino quería seguir. Así como eres el que se cayó, también eres el que se levantó. Así como que tuvo miedo, eres el que supo afrontarlo. Así como fue este, el que alguna vez mintió, también eres el que pidió perdón. Y así como fuiste una vez lastimado, también ahora eres el que está sanando. Totalmente.
Entonces, yo creo que hay que ponernos todas esas etiquetas posibles, porque eso es parte de la condición humana. Y es algo que tendríamos que enseñar a los niños. Sí, claro. Porque luego a veces, "No, es que eres el más listo y debes ser siempre el primero y debes ser". A ver, y cuando no lo soy, ¿qué? Entonces ya no soy nada, porque supone que tenía que ser eso. No puedo ser el que a veces gane y el que a veces pierda. Y ni cuando gane me vas a hacer una fiesta nacional, ni cuando pierda me vas a hacer burla. Yo siempre estoy muy, muy en contra de esto, cuando hay niños que juegan algún deporte y los que ganan, ah, jajaja, y se burlan de los demás. Y los otros, "bolos perdedores". No, nadie. No es condición humana a ganar, perder, competir y a veces no querer.
Entonces, yo creo que decir, "Ganaste, bien, es resultado de tu esfuerzo. Perdiste, okay, eso pasa. A veces, porque a veces no es que el otro sea muy malo, ni que tú no seas tan bueno, simplemente es que a veces ocurren diferentes situaciones alrededor de esto, donde no siempre se va a ganar, no siempre se va a perder". Yo siento que eso es una, a ver, bueno, nada, ¿no? O sea, no es un tema de, vamos a decir cómo se educa, ¿no? Pero sí creo que, que o bueno, por lo menos no desde mi, desde mi lado ahorita, pero sí creo que es bien difícil, digo, yo ahorita ya que tengo a mis hijos de esa edad, ¿no? Este, hijos, Mario, sí se puso, digo, no, nuestros hijos, se pone, se pone interesante. Hay una sensación de, de, Híjole, me voy, me estoy equivocando. ¿Sabes? No, no sé nada de ser mamá, no sé cómo se educa, no sé nada. Y terminas replicando un poco lo que, pues lo que aprendiste, lo que observaste en tu casa, incluso lo que ves alrededor. Y yo algo que creo respecto al tema de la maternidad, voy a hablar ahorita un poquito con ese tema, es que, pues yo, yo en algún momento, Mario, dije, "Yo no puedo ser la mamá que veo que existen allá afuera". O sea, yo tengo que encontrar mi propia forma, porque es la que voy a poder sostener ahí adelante. Y es ahí donde de pronto observo que a nivel de educación con los niños, me refiero, crianza, yo la verdad siempre tuve algo muy claro. No, yo como mamá quiero ser el espacio en donde mis hijos puedan respirar. Lo que eso signifique, güey. O sea, no está fácil, eh. No está fácil que les caigas gorda, no está fácil, no está fácil que te diga lo que te dicen, este, no está fácil. Pero sí creo que, que sí se trata de, de acompañar. Un tema más de amarse y aceptarse en el sentido de ser libre de ser quiénes son, okay, con todos los cambios y modificaciones que van a ir haciendo mientras crecen. Más allá de que tengan una autoestima alta en el sentido de, "Tú puedes ser un chingón, tú puedes ser exitoso". ¿Me explico? O sea, no sé, creo que hay como, es que hay, hay muchas distinciones, ¿no? Mario, hay muchos sesgos que puedes mandar el mensaje. "Tú puedes ser exitoso, tú puedes todo". Pero eso no quiere decir que la persona va a tener buena autoestima necesariamente. No necesariamente. No necesariamente. Estás empujando y lo estás obligando a lo mejor a algo que no quiere, pero como que ve que a ti te gusta y te quiere dar gusto otra vez, porque lo que quiere es la pertenencia. La pertenencia. El conocimiento. Exacto.
Con los niños, ¿no? Para que para quedarnos con algo que puede ayudar, hay que hay que graficar hasta con ellos esta distinción de el amor y la simpatía, por ejemplo. Poder decirle, "Mira, yo sé que me quieres y yo te quiero a ti, pero a veces sé que no soy tu persona favorita". Ah, yo les decía eso a mis hijos. "A ver, yo sé que a ver, yo te amo. Nomás ahorita no nos estamos cayendo bien". Exacto. Exacto. Por eso decía, el amor y la simpatía. Entonces, mira, a veces vamos como índice de popularidad. Exacto. Este es el amor que te tengo y está hasta acá arriba. Sí, pero yo sé que cuando te mando a lavar los dientes, mi popularidad baja. Cuando te digo que ya no veas la tele, mi popularidad baja. Cuando te digo que ya no más con tus amigos porque nos tenemos que ir a la casa, mi popularidad baja. Pero yo sé que el amor, igual, no baja. Se. Y a veces sé que cuando te doy un regalo, te te dejo algo, mi popularidad, mi popularidad sube hasta los cielos, ¿no? Mi rey, tengo más likes que en el Face. Pero eso sube y baja. Y eso es natural que sube y bajas en un día. Bueno, es igual contigo. A veces, cuando haces cosas que no me gustan, Híjole, a la mejor tu popularidad baja, pero el amor, eso no se condiciona. Por eso no te voy a regalar con el primer extraño de la esquina. Totalmente. Porque lo que estoy condicionando es el amor y la pertenencia. Exacto. Y lo que tendríamos que decir, nada más es, "Mira, yo acostumbro a hacer esto aquí así. Tú lo estás haciendo diferente. Mira, hay cosas que no se negocian, como la higiene, la salud, la alimentación. Pero hay otras cosas que a lo mejor las haces de una manera que yo no, que yo no sé". No, entonces, en lugar de decirte, "Este, no hables con nadie porque todo el mundo es peligroso, mira, pues bebiendo, no, sigues, que una persona no te toque, etcétera, las precauciones básicas que damos". Pues no vamos a hablar de eso hoy porque no es el tema puntual. Pero yo creo que sí, hacerles ver y nosotros entender la distinción fundamental de que no es lo mismo el amor que la aceptación en un momento dado, o que la popularidad en un momento dado. Y que puedes no ser de acuerdo con una persona y amarla mucho. Totalmente. Igual que puedes estar muy de acuerdo con alguien que no ames. No, a poco porque en el trabajo están de acuerdo con el jefe, jefe conmigo, porque somos almas gemelas, ¿no? O sea, no te casas con el jefe porque está de acuerdo contigo nada más. Es perfecto. Y eso que dices está cabrón, porque aplica mucho para los amigos. Sí. Ah, claro. Me entiendes. O sea, la escuela, yo de pronto, bueno, ahorita con mis hijos, ¿no? Que, ay, es que este, nos llevamos cañón y pensamos igual y todo. Desarrollo. Okay, sí, pero entonces eso no quiere decir que entonces ya este amor por siempre. Claro. No, también porque allí estamos viendo la necesidad de pertenencia. Totalmente. Necesito alguien que se parezca a mí, necesito alguien que piense como yo, porque necesito esta identidad y pertenencia. Entonces, por eso es tan importante en la familia, no condicionar el de, "¿Sabes qué? Pues la puerta está muy ancha, eh, porque aquí, aquí nadie va a hacer lo que le dé la gana. Aquí se va a hacer lo que tienes que hacer. Y si no quieres, mira, a la calle". ¿Qué estás diciendo? No perteneces aquí. Solamente vas a pertenecer cuando hagas exactamente lo que yo te digo que funciona. La mutilación. No tienes que mutilarte porque cosas que tú tienes a mí no me gustan. Quieres pertenecer al sacrificio. Vamos. Ahora, hermanos, hermanas, dense cuenta, eh. Justo esa es la forma en la que de pronto empezamos a vincularnos, pero en nuestros trabajos, con nuestras amistades, con nuestras relaciones, ahora sí que en todos lados, ¿no? Incluso socialmente hablando, ¿no? Entonces, a ver, me encantó este, llamémosle tip, hack, wow, ¿no? De a ver, una cosa es el amor y otra cosa es la popularidad, hablando de de con los hijos, ¿no? Creo que más allá de de cómo sanar al niño herido, okay, o las.
Heridas de la infancia y me encantó el enfoque que le empezaste a dar tú Mario. Es, hablemos mejor de cómo empezamos a crear sin crear heridas de infancia. No hablemos mejor de eso, ¿no? En lugar de, de ahora qué cosa literal, ¿no? O sea, vamos a sanarnos. Sí, eso nos toca a nosotros como adultos, pero estamos creando y acompañando niños que estaría chingón pues tuvieran las menos posibles, ¿no?
También, yo estoy de acuerdo contigo y creo que se puede hacer de la misma manera. Fíjate, se hace con nosotros mismos de adultos y se hace con los niños. ¿Cómo lo haces? Primero le das voz, luego esa voz la escuchas, atiendes sus necesidades y tomas en cuenta sus opiniones. Y entonces, eso es muy sanador porque entonces le estás dando el permiso, porque los padres lo damos, de ser tú. Puedes ser tú y es bienvenido. Ya no porque tú le tienes que ir al equipo que yo le voy y tienes que jugar el deporte que yo juego y te tiene que gustar lo que no. No. Mira, a mí me encantó el béisbol, pero tú eres de soccer. Órale. Y sabes qué, no te voy a decir pues vete a ver ahí tu partidito porque el béisbol es el deporte de inteligente, ¿no? A ver, vamos a ver cómo es un partido. Totalmente. Por eso no me gusta y tú me vas a introducir ese mundo. Entonces, eso, eso es darles voz, permitirles la voz, escuchar esa voz, atender necesidades y después poder, poder tener enfrente a lo que tenemos enfrente, a otra persona. Con nosotros lo podemos hacer, darnos voz a lo que queremos, a lo que nos da vergüenza decir de adultos, ¿no? Qué van a pensar. No, pues ya ahorita ya estoy grande, ya ahorita ni modo que cambie de carrera. ¿Por qué? No sé lo que quieres. Justo no está vibrando por ahí. Si te está saltando por ahí, pues eso es seguramente muy seguido en el coaching, cuando tres personas que dices, esta persona no está donde debería estar, no está a gusto con lo que está haciendo, ¿no? Y está forzada por el, por esta presión cultural, por esta presión social que tenemos que sacrificarnos y que, ah, no, ahí estudié eso, pues ahora tengo que trabajar en eso. Bueno, ya estudié o ya me casé, entonces aquí ya, ya me quedé aquí. Es decir, no sabes, como que todo está grabado en piedra, ¿no?
Fíjate que decías ahorita algo, como ahorita que me quedé pensando con los chicos, ¿no? Algo que yo me gustaría sumar, ¿no? A lo que decías como los puntos claves es irnos a la posibilidad también de estar reconociendo día tras día, año tras año a nuestros hijos, ¿no? O sea, yo te soy súper honesta, yo he tenido, digo, tengo dos hijos adolescentes, pero he tenido como ochenta, eh. O sea, en esos dos he tenido como ochenta, o sea, he tenido de todo, eh. Pero no solamente físicamente, sino la forma de pensar, la forma de actuar, los intereses, todos. O sea, ellos están cambiando todo el tiempo. Y y me gusta ver todo lo que se pueden, ¿sabes? Como como si fueran estas plastilinas, ¿no? Que de pronto aparecen como estrellita, este platito, ¿no? O sea, pueden ser lo que sea, ¿no? Y además ver eso en el otro también, como tú lo decías, te permite verte a ti y también tu ser libre de ser quién eres, ¿no? Y de poder expresar qué es lo que estás diciendo. Y no tienen que decir porque hay un gran miedo social, sobre todo aquellos que tienen hijos o que van a tener hijos, de no quiero hacerlo mal. No quiero hacerlo mal. Yo les digo, no te preocupes, lo vas a hacer mal. De hecho, sí. De hecho, sí. Pero lo que importa es que corrijas, lo que importa es que repares y lo que y lo que importa es que si te brincaste a lo malo, regresas a lo bueno. Pero no te quedes en lo feo. Porque quedarte en lo feo es ya rendirte, decir, pues así soy yo, me educaron. Y mira, yo he tenido personas que he escuchado personas que su fan, que dicen, a ver, a ver, no, no, no, estas modas de ahora que no, que hay que tomar en cuenta. A mí me educaron, la letra con sangre entra y mírame, soy una persona de bien. Ouch. Sí, volvemos al punto de no te faltó nada, tuviste casa, comida, escuela, ¿no? A ver, ponte que seas una persona que vive bien y que tiene honestamente ganado su dinero. Ay, mira, me tienes así hoy. Todos lo cual no quiere decir que esta es una persona que esté bien necesariamente, porque nomás hay que ver cómo está tu mundo emocional, cómo está tu niño interior abandonado, asustado, enojado, enterrado acá adentro, enterrado acá adentro por protegerse. Es que yo como soy de mecha corta, es que pues yo también, es que yo mejor no tengo amigos porque pues traicionan, este, pues ya tengo cuatro o cinco divorcios, pero pues ya voy por el quinto porque no hay quinto malo. O sea, personas que no se dan cuenta y tú los ves y dices, en serio, nunca te has preguntado qué puedes hacer para ayudar en esto, ¿no? Totalmente tuya, ¿no? Has escuchado interior que te dice, no, por Dios, no te vuelvas a casar sin antes haber hecho algún ejercicio de introspección, este, para que no te vuelva a pasar lo mismo. O vuelves la vida y en para de pasadita, ¿no? Híjole, no.
Bueno, te digo algo, es, ya decía yo que este tema de la infancia, de infancia es destino. ¿Será mi pregunta? A ver, ¿infancia es destino? Le respondemos y vamos a responderle nada más para que quede como como colofón de esto. La infancia nos marca de muchas maneras y hay cosas que que desarrollamos en la infancia que no se nos van a quitar, pero tenemos que aprender a reconocerlas y después ir transitando a pesar de ellas para formarnos en el adulto que queremos ser. No es destino como que no puedo hacer nada. Puedo hacer mucho, aunque me queden cicatrices, pero no me van a quedar heridas abiertas. Esa es la distinción. Cicatrices me van a quedar claramente si tuve una crianza desafortunada o muy estricta o producto del chantaje o de o de la frialdad de quien me criaron, pero con cicatrices se puede vivir. Con heridas abiertas, no. Con ellas abiertas, no.
Qué bonito. Pues justo creo que yo voy a, puedo decir desde este lugar que yo creo que todos, todas, todos los seres humanos, todas las personas traemos heridas de infancia. Todos, todos. Afirmación contundente. Todas las personas traemos. Y creo que lo que acaba de decir es hermoso. Es, okay, nada más, por favor, encárgate con mucho amor, con mucha compasión de de eso, de sanarte. Y si ya de entrada, o sea, ahora sí que si ya además ya tienes hijitos, híjole, porfa, porfa, haz la chamba bonita desde el amor. También esa sería como mi, así mi invitación para todas las personas que nos escuchan. Sí, todas las personas van a tener heridas, sí, pero que no estén abiertas. Mano, sí. Y no anden abriendo las que ya estén por ahí también. No dejen que cicatricen otras. Tal cual. Tal cual.
Oye, Mario, pues a ver, nada más como para cerrar, a ver, te voy a hacer una pregunta que puede ser incómoda, puede ser, sí, la puedes saltar y si no, pues nada. Una herida que tú reconozcas que tuviste, que tienes, que ya sanaste. Mira, te lo voy a contestar. Es una herida con la que he tenido que aprender a vivir con esa cicatriz, sí. Yo llevo muchos años en terapia y este y obviamente me dedico a esto, pero pero obviamente me ha afectado y todavía y cada vez menos, obviamente. Tuve muchos, muchas repercusiones en la vida el hecho de que por diferentes razones, porque había costumbres familiares, porque era el momento, porque lo que quieras, de yo haber sido separado de mi casa de niño a los tres años y haber venido a vivir con mi abuelita y mi tía. No viví con mis hermanos, no viví con mi papá ni con mi mamá. Me separaron de casa de mis hermanos, éramos siete, este y yo fui lo único que vivió fuera de ahí. Me crié como un hijo único teniendo muchos hermanos y obviamente eso repercutió brutalmente en mi, en mi infancia. Repercutió brutalmente en procesos ansiosos en mi niñez y en mi adolescencia y obviamente tú lo preguntabas hace rato, ¿no? Y este de mis hijos y te diré que la mayor, por hablar nada más de la mayor, este tiene 40 años y yo tengo 58. También repercutió en en cómo este hasta hasta en mi forma de de formar familia repercutió. Entonces, claro, he tenido que aprender a vivir con eso, he tenido que aprender a vivir con los miedos del abandono que se pueden repetir, he tenido que aprender a vivir con eso. Pero sin embargo, no he dejado porque empecé desde muy jovencito también, más o menos a mis 25 años, a tomar terapia y gracias a eso no me quedé atorado en aquel pasado. Entonces, sí, sí, yo puedo ser una muestra de que esas heridas y que también también he provocado otras yo por las mismas mías, me he provocado que seguramente, sin duda, este, pero siempre, siempre he buscado reparar y repararme. Y mira, yo soy psicoterapeuta y que si estoy siguiendo el mito de Quirón, el sanador herido, sí. Yo no dudo que esto de haber estudiado esto, el haberme dedicado a esto, venga de y está bien porque es una forma de sublimar aquello que viví que pudo haber sido más catastrófico y que sin embargo, para que el Mario pequeño de tres años, tuvo que haber sido la extinción del mundo como lo conocía. Ya sé. Y de alguna manera es como esta sensación de y que sirva, ¿no? Y que sirvan ahora en el sentido de utilidad, sino que sirva al servicio, ¿no?
Gracias por compartirlo. Muchas gracias por por decirlo. Y pues nada, somos hermanos de la misma herida. Te voy a decir porque, no lo cuento, no me has contado estas cosas frecuentemente. Primero, porque nadie me pregunta. Y segundo, porque no siempre tengo la confianza. Y aquí ocurrieron dos cosas que se conjuntan. Entonces, por eso te lo conté. Y las personas que me conocen de la familia y de mi vida saben esa historia, pero no, no públicamente. Te agradezco mucho. Y la verdad es que lo quise hacer porque pues nada, me queda muy claro que somos estos que queremos, bueno, voy a hablar de mí también ahorita, ¿no? O sea, ser como esta evidencia y no desde un lugar de la evidencia, ¿no? Sino de, güey, o sea, yo traigo también la de la no pertenencia. Ok. Y está cabrón. Está cabrón porque eso ha generado muchas decisiones. Y de pronto se los quiero decir nada más como para cerrar la idea. Yo me di cuenta en las últimas semanas que justo una de las, a lo mejor es otra historia más larga que contaré algún día, pero me di cuenta en las últimas semanas que yo pertenezco, o sea, que que el papá de mis hijos me regaló, me hizo el regalo de el sentido de pertenencia en mi existencia acá, en el momento en el que pues eso, en el que fui mamá. Y es una cosa muy bonita para mí. Anyway, muchas gracias por compartirlo. Muchas gracias por estar aquí otra vez. Qué emoción. Y pues nada, a todas las personas que nos escuchan, ese es el mismísimo Mario Guerra, literal, soltando perlas, soltando puras cosas bonitas, puros, pues, pura belleza para que nos vayamos sanando, que nos vayamos encontrando, que reflexionando, que vayamos, ay, viviendo la vida más chingón y más bonito. Muchas gracias por estar acá. No olvides, por favor, calificar. Acuérdate, Spotify, Amazon Music, Apple Podcasts, El Heraldo Podcast, YouTube. Ponnos todas las estrellitas. Comparte, por favor, este episodio a todas las personas que tú sientas que les va a apoyar y les va a ayudar. Estamos aquí para servir. Y muchas gracias. Gracias. Muchas gracias. No, muchas gracias. Y sabemos que les gusta, pero pónganle ahí la evidencia de que les gusta porque siempre ayuda. Exacto. Siempre ayuda. Muchas gracias. Nos vemos pronto.
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