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[Música] las cosas [Música] sí y [Música] ah [Música] [Música] i hermanos y hermanas, Dios les bendiga. Qué alegría poder saludarlos, poder conectarnos nuevamente a esta hermosa transmisión. También quisiéramos saludar a aquellas personas quienes recientemente han empezado a ver también estas transmisiones. Y quiero decir de ustedes, quienes hoy por primera vez se conectan con nosotros, bienvenidos una vez más a una transmisión de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional.
Vamos a orar a nuestro Dios. Les invitamos a que, puestos de pie desde el lugar donde ustedes estén, si el espacio, el tiempo se los permite, pongámonos de pie y oremos a nuestro Dios. Roguemos que nos acompañe, nos bendiga y nos llene de su presencia. Digámosle: Señor de la gloria, Señor de maravillas, Señor de grandezas, tú eres poderoso, tú eres maravilloso, tú eres nuestro castillo, tú eres nuestro amparo, tú eres nuestro todo. Qué alegría, qué gozo, qué felicidad poder llegar hoy, Señor, a Dios y poder disfrutar de esta hermosa transmisión, de esta meditación en ti, poder aprender de tu palabra, de tus maravillas, conocer más de tu camino para de esa manera, Señor, hacer tu voluntad y alcanzar la vida eterna.
Queremos dedicarte esta reunión, queremos dedicarte cada palabra, cada cántico, Señor, cada lectura. Todo será para honrarte, glorificarte y honrarte. Agrádate de nosotros, bendice, Señor, a toda tu iglesia, quienes en medio de las naciones, en medio de la tierra, también, Señor, nos disponemos como un solo pueblo, como una sola congregación para alabarte, para glorificarte, para exaltarte. Desciende en medio de nosotros, prósperanos en tu misericordia, respalda la predicación de este evangelio y quédate, Señor, oh Dios, en medio de tu pueblo. Todo te lo pedimos y expresamos en el nombre santo y glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Que la gloria y la honra sea por siempre al nombre de nuestro Dios.
Les invitamos a abrir nuestras Biblias. Vamos a leer en el libro del Éxodo, en el capítulo número 15. El libro del Éxodo, segundo libro de la Biblia, capítulo número 15. Vamos a leer un cántico hermoso que Moisés en este momento, inspirado, después de haber salido de Egipto, después de que Dios le dio el triunfo frente al Mar Rojo, cantaba para Dios. Leamos, hermanos, a partir del versículo número uno. Vamos a leer desde el versículo 1 hasta el 18 y lo vamos a hacer para darle la gloria y la honra a nuestro Dios.
Dice la escritura: Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre. Los carros de Faraón y su ejército echó en el mar; y escogidos capitanes suyos fueron hundidos en el Mar Rojo. Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra. Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder; tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo. Y con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti; enviaste tu ira, los consumió como a varas. Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas; se juntaron las corrientes como en un montón; los abismos se cuajaron en medio del mar. El enemigo dijo: Perseguiré, apresaré, repartiré despojos; mi alma se saciará de ellos; sacaré mi espada, los destruirá mi mano. Sopiaste con tu aliento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? Extendiste tu diestra; la tierra los tragó. Condujiste en tu misericordia a tu pueblo que redimiste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada. Oirán los pueblos y temblarán; se apoderará el dolor de la tierra de los filisteos. Entonces los caudillos de Edom se turbarán; a los valientes de Moab les temblará el corazón; se acobardarán todos los moradores de Canaán. Caiga sobre ellos temblor y espanto; por la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste. Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, en el santuario, oh Jehová, que tus manos han afirmado. Jehová reinará eternamente y para siempre. Que la gloria y la honra es ya por siempre al nombre de nuestro Dios.
Pueden tomar asiento y vamos a cantarle a nuestro Dios. Así como Moisés inspiraba y le cantaba a Dios cuando salieron de Egipto, de esa tierra de esclavitud, nosotros también le cantamos a Dios y glorificamos su nombre. Nos ha sacado de la esclavitud del pecado y del y nos ha traído a esta tierra de libertad que nos da este hermoso evangelio, donde fluye así como en la leche, como en la tierra de Canaán, la leche y la miel. Cantémosle a nuestro Dios. El mismo número 180.
"Marche ya de Egipto y..."
[Música]
"...porque ella ha venido a la tierra de Jaén. Me quedaba con mano de poder. Él me dio victoria, el salvador."
[Música]
"Me busqué más porque en tierra de Canaán. No busqué más."
[Música]
"De amor lo poseen el y el blanco. Yo mire."
[Música]
"Allí me dio herencia de su vida y tanto soñar. No me busques más en tierra de Calar."
[Música]
"No me busques más la tierra cuando ves sobre montes a escolio bate en donde."
[Música]
"Mi leche mala la tierra yo no y doña. No me busques más en tierra de Canaán."
[Música]
"De más."
[Música]
"Corazón rebosa de conso y de más. Podemos amarle por cada día más. Estoy marchando."
[Música]
"Este local mira."
[Música]
"Donde más bien visto ya en tierra lejana. No me busques más. Estoy en tierra na bien."
[Música]
Toda la gloria, toda la alabanza y toda la adoración sea por siempre al nombre de nuestro Dios. Decía esa la última estrofa que nuestro corazón rebosa de gozo y de paz. Y eso es lo que cuentan todos nuestros hermanos y hermanas a través de los testimonios. Como lo hacía en esta semana una familia de la iglesia. Antes de los días de la pandemia, ellos tenían un negocio familiar muy próspero. Ellos se encargaban de repartir comidas y ayudar en la logística en muchos eventos que agrupaban muchas, muchas personas alrededor de los Estados Unidos en diferentes ciudades. Ellos se la pasaban constantemente viajando alrededor del país.
Cuando llega el momento de la pandemia, llega el momento de la cuarentena, el comienzo del comercio empieza a bajar, empiezan a prohibirse las reuniones que agrupen gran cantidad de personas y, por ende, su negocio se fue al piso. En ese momento, ellos empezaron a buscar diferentes medios, diferentes trabajos, diferentes ayudas. Aplicaron a las ayudas estatales y gubernamentales, por así como ellos, millones de personas también. Y todos estaban a la espera hasta que el día de hoy, al punto de muchos todavía no saben si van a recibir la ayuda o no. Sin embargo, los hermanos fueron diligentes y siguieron insistiendo. Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses.
Esta semana precisamente era una semana crítica para ellos porque llegaba el vencimiento de todas las cosas. Llegaba el vencimiento para poder pagar su casa, para poder pagar las cuotas de los carros, para pagar los servicios públicos y la comida escaseaba. El día domingo tuvimos una gran bendición. Nuestra hermana María Luisa, la líder mundial de la iglesia, el Señor la utilizaba para darnos unas hermosas palabras, unas hermosas promesas. Entre ellas, el Señor decía que le iba a estar bendiciendo a muchos y que muchos estarían testificando esas grandezas y esas maravillas de nuestro Dios. Esta familia escuchaba esas promesas y confiaban en Dios y se aferraban a ellas.
Al día siguiente, es decir, el lunes de esta semana, reciben una notificación que esa ayuda a la cual ellos aplicaron, el gobierno se les había concedido. Y no solamente ellos, sino que se les van retroactivas desde el mes de marzo, el día que empezaron de producir o ganar en su negocio. También les aprobaron la ayuda para ese negocio familiar que ellos tenían. Y es así como nuestro Dios, de la noche a la mañana, cambió todas las cosas. Ese panorama oscuro que ellos tenían, todo cambió y todo fue en bendición, porque eso es lo que hace nuestro Dios. Él cumple lo que Él dice. Gloria a nuestro Padre celestial. Es ese un Dios vivo y un Dios de poder con el cual contamos en nuestra vida y Él merece que lo alabemos y lo glorifiquemos. Por eso entendemos otro himno.
El libro número 177. "Hay muchos que nunca comprenden". Y número 177.
"Para nada."
[Música]
"Tu poder comprenden por tan gozoso así ese portal."
[Música]
"Así es."
[Música]
"Y así es aquí el portal. Canaán es un cielo cuando alegres."
[Música]
"Y la gente no sabe pues es el este y tu santo de Dios. Nada."
"O si es un cielo, o si es un cielo aquí. Cruz el volcán y llegué a Canaán. Y esos cielos."
[Música]
"El aire de hielo me suena el mensaje."
[Música]
"Pronto ha venido."
[Música]
"Y así es un cielo aquí el portmany. Dos cielos aquí veremos a Cristo que en gloria vendrá. El mismo que la cruz."
[Música]
"Soy i."
"O si es un cielo, o si es un cielo aquí. Y bronce el portmany. No es un cielo avanza."
[Música]
"Rey de reyes."
A la gloria, la alabanza y la exaltación sean por siempre a nuestro hacedor. Y así como lo dice el título de ese himno, es un cielo aquí. Es un cielo en medio de nosotros. Es un cielo en medio de esta hermosa congregación, la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, la cual se complace en saludarlos a todos ustedes quienes se conectan por primera vez con nosotros. Queremos compartirles que en este lugar Dios se manifiesta como la Biblia no lo enseña, a través de sueños, a través de visiones y especialmente a través del don de la profecía. Y cuando en el lugar donde usted esté se dé la oportunidad que la iglesia se abra, lo invitamos para que asista, para que escuche profecía, para que viva una experiencia directa y real con Dios, pero sobre todo, para que su vida sea inundada de paz, de gozo y felicidad, porque eso siempre será lo más destacable en este lugar. Gloria al nombre de nuestro Dios.
Queremos invitarles a todos a que, puestos de pie en este instante, oremos a nuestro Dios y le demos gracias por su misericordia y por su por su bondad. Cuántas cosas Dios no ha hecho por nosotros, más que motivos suficientes para que agradecer. Oremos, hermanos y hermanas.
Señor de la gloria, Dios de las maravillas, grande, poderoso, eterno y maravilloso eres tú. Tú eres nuestro refugio, tú eres nuestro amparo, tú eres nuestro escudo, tú eres nuestra fortaleza. Qué alegría, qué gozo, qué felicidad, qué paz se siente, Señor, adiós estar contigo, tenerte en nuestra vida, caminar de tu mano. Te damos la gloria y la alabanza por ese hermoso sacrificio que hizo nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario, a través del cual nos está dando esta oportunidad de vida eterna. Nos ha dejado un camino, el evangelio de salvación, para que lleguemos a ti, para que moremos contigo, para que disfrutemos de tus bondades. Gracias por tu enseñanza, gracias por tu doctrina, gracias por la manifestación del Espíritu Santo que es evidente, es palpable en medio de nuestra vida, porque vemos siempre tu manifestación y el cumplimiento de tus promesas. Gracias porque eres tú quien nos sustenta, en esto que nos provees para todas nuestras necesidades. Vienes tú quien no solamente abunda, sino que sobreabunda y nos saca siempre adelante. Gracias por la paz, gracias por el gozo y gracias por la alegría que toda nuestra vida, a nuestra alma y a nuestros corazones. Por todas tus obras y grandezas, te damos gracias en el nombre santo y glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Que la gloria y la gracia por siempre al nombre de nuestro Dios.
Vamos a cantarle coros a este Dios vivo y de poder. Los coros nos encontramos en la segunda parte de nuestros seminarios y vamos a empezar cantando el coro número 139. "Él hizo tanto para mí". Como número 139.
"Cielos."
[Música]
[Aplausos]
[Música]
"E verdadero."
"E para."
[Música]
"A mí."
"Para mí."
"Cantar esta mitad de las cosas que el Señor ha dicho para."
"Y para mí."
"Para mí."
[Música]
"De las cosas de la gloria."
La gloria y la honra sea por siempre a nuestro hacedor. Vamos también a cantarle otro coro a nuestro Dios. Es el coro número 74, que lleva por título "No puede estar triste". Y eso sí que es una realidad en medio de nosotros, porque tenemos a Dios presente todo el tiempo y Él nos llena nuestra vida de alegría y felicidad. Cantémosle el coro número 74. "No puede estar triste."
[Música]
"Bueno, puede estar triste un corazón que tiene a Cristo. No puede estar triste un corazón que tiene a Dios. No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo. No puede estar triste un corazón que tiene a Dios."
"Buenas tardes. Está corazón que tiene a Dios. Con gas. No puedes darte este un corazón que tiene a Dios. No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo. No puede estar triste un corazón que tiene a Dios. No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo. No puede estar triste un corazón que tiene a Dios."
"Cristo. No puede estar triste un corazón que tiene a Dios."
"Tantas bombas. Buenas tardes. Un corazón que tiene a Dios."
"O no."
De la gloria, el poder y la exaltación sean por siempre a nuestro hacedor. Ha llegado ese momento hermoso que todos estamos esperando, el momento de escuchar de nuestra maestra, aquella persona que Dios ha puesto en medio de su pueblo para dirigirnos y enseñarnos. Por eso, con mucha alegría, los dejamos en compañía a nuestra hermana María Luisa Piraquive. Dios les bendiga, hermanos.
[Aplausos]
Muy buenas a todos y a todos, a todos mis queridos hermanos y hermanas y todas las demás personas que han dispuesto su corazón para estar en estos momentos en esta enseñanza y también los que nos acompañan. Por ejemplo, el día domingo, muchas bendiciones para todos ustedes, que mi Dios siempre nos esté mirando y que Él esté considerando sus necesidades, sus peticiones y que lo que ustedes pidan o anhelen, lo deseen en su corazón, Dios les esté concediendo siempre. Y gracias le damos al Señor porque Él ha estado prometiendo cosas muy hermosas para la gente, no solamente para los que se reúnen, se congregan en nuestra iglesia, sino también para muchas personas que han tenido la oportunidad en esta pandemia, han tenido la oportunidad de ver, de hoy ver y oír las enseñanzas que nosotros estamos dando aquí, la doctrina que Dios nos da, el evangelio verdadero de nuestro Señor Jesucristo.
Así que nosotros aquí, con mucha alegría y con mucho gozo, estamos aquí en nuestra cita para engrandecer a Dios y también para impartir lo que Dios nos da, para que todos aprendan, para que todos seamos enseñados por nuestro Dios, porque el Espíritu Santo es el que siempre está ahí asistiéndonos y enseñándonos para que podamos así recibir esa palabra maravillosa y que esa doctrina llegue a nuestros corazones, llegue a nuestro ser como un refrigerio, como un bálsamo para nuestras almas. Así que los invito para que ustedes se sienten y hoy vamos a estar cantándole al Señor un himno más, como siempre, un himno más. Vamos a cantarle a Dios el himno número 204, que titula "Canten con alegría". Y vamos a estar cantándole al Señor con todo nuestro corazón antes de iniciar nuestra enseñanza.
"Canten con alegría, las alas avanzase Cristo el Rey. Anden en los caminos que nos mostrará su sangre. Vivan los redimidos en las victorias del vencedor, para que todos juntos veamos las glorias del redentor. Cristo es la luz del mundo y el que le sigue la luz tendrá. Cristo es el pan de vida y el que de él come no morirá. Cristo es la fuente viva y el que de él bebe no tendrá sed. Y si queréis la vida y da la fuente y allí bebe. Cristo el de las ovejas, en redimir a su buen pastor vino para salvarlas, pero sufriendo cruento dolor. Y al derramar su sangre en el madero de aquella cruz, vida, paz y esperanza y eterna gloria nos dio Jesús. Ahora ya no estoy triste, sino que vivo siempre feliz, con la dulce esperanza de que algún día iré al país. Este país amado donde moradas fue a preparar, gritó el pastor eterno, ya sus ovejas vino más. La honra y la gloria para nuestro Dios."
Gracias le damos al Señor por este cántico también tan hermoso, ese mensaje tan lindo que Él, nuestro pastor, Él, nuestro pan de vida, Él es la fuente de agua con la cual nos refrescamos y el Señor es el todo en nuestras vidas. Y así entonces, hoy les cuento que hoy ustedes tendrán que poner mucha atención en la enseñanza porque quizá muchos de ustedes nunca habían escuchado lo que hoy vamos a hablar, nunca habían seguramente leído en la Biblia. Pero es necesario que nosotros, para hablar hoy, nuestra enseñanza se titula "El Señor Jesucristo es el mediador del Nuevo Pacto". Cuando dice que Él es el mediador del Nuevo Pacto, fue porque hubo un primer pacto y ahora el Señor Jesucristo es el mediador de ese Nuevo Pacto. Así que vamos a estar hablando un poquito de la antigüedad del pueblo antiguo. Voy a hablarles, hacerles a ustedes un recuento rápidamente.
Y los que han leído mi Biblia o los que han escuchado la historia, recordarán que Jacob tuvo doce hijos. Eso yo recuerdo que en la historia de niña me enseñaron que Jacob ya había tenido doce hijos. De entre esos doce hijos, su hijo menor fue llevado a Egipto por sus hermanos porque sus hermanos le tenían envidia y lo vendieron. Y fue a Egipto José. Estando allí en Egipto, él duró allí toda su vida hasta que él murió en Egipto. Pero antes de eso, él supo que él era hebreo y que su familia estaba sufriendo muchas necesidades, mucha hambre, porque hubo mucha hambre en la tierra. Y Dios pues le reveló a Jacob que se fuera para para Egipto porque allí sí había abundancia de pan. Y era porque José, cuando estuvo en Egipto, él ocupó el segundo lugar del rey porque Dios le dio gracia ante el rey y Dios lo bendijo en gran manera. Y por eso es que él gobernaba y pues mandaba en todo lo que fuera de asunto de comida, de comercio. Bueno, cuando ya él supo de su familia, pues él permitió que su familia se fueran a Egipto y allí estuvieran viviendo por muchos años. Y allí pues su familia también creció, se multiplicó. Y tantos fueron los años que vivieron en Egipto que fueron cuatrocientos treinta años. Así que pues Jacob murió allá, los hijos, los familiares, las generaciones, José también murió. Pero cuando pasaron cuatrocientos treinta años, fue cuando se levantó Moisés, que yo creo que ustedes también han escuchado de Moisés, los que no han leído Biblia. Y para mis hermanos y mis hermanas, pues es un repaso de lo que ya sabemos, de lo que ustedes han aprendido. Pero eso no sobra que usted vuelva nuevamente a ver estos temas porque esto es muy importante también para enseñarle a la gente, porque todos debemos ser maestros y maestros de la palabra del Señor.
Así que esta enseñanza es para ser maestros. Y las personas que nunca habían leído Biblia, pues les va a encantar esta historia maravillosa. Así que, como les decía, que duraron allí cuatrocientos treinta años y luego aparece Moisés allí, que Dios lo bendijo también. Y Dios le habló a Moisés que sacara al pueblo de allí de Egipto, ya porque ellos habían vivido esclavos del gobierno del rey durante cuatrocientos treinta años. Y Dios le dijo a Moisés: "Ya es el momento de que usted salga ahí con este pueblo y yo los voy a llevar a la tierra de Canaán, que es la tierra que fluye leche y miel". Dando a entender que aquella tierra de Canaán era una tierra fructífera, de abundancia, una buena tierra donde se darían buenos frutos, habría abundante comida y ellos estarían gozando y disfrutando de esa tierra de Canaán, disfrutando de todas las maravillas allí en ese lugar. Esa fue la promesa que Dios les hizo.
Y es así como Moisés entonces salió con el pueblo. Dice que eran más de 600 hombres, sin contar las mujeres ni los niños. Salieron de Egipto por mano, con la mano de Moisés, pero Faraón, el rey, se oponía. Dice que los persiguió y llegaron al Mar Rojo. Ustedes se acordarán de esa maravillosa que dice que Moisés, con la vara del poder que Dios le había dado, dividió las aguas del mar y ellos pasaron en seco. Y cuando los egipcios y el rey también iban a hacer lo mismo, entonces Dios devolvió las aguas y todos perecieron ahogados.
Así que cuando Dios les decía que ellos los iban a llevar a esa tierra de Canaán, que era una tierra de bendiciones, Dios también estaba hablando hacia el futuro, que esa tierra de Canaán de bendición era, un día en el futuro, en los postreros tiempos, estaría el Señor también llevando a su pueblo a esa tierra de Canaán, tierra de Canaán donde se disfruta de la paz, de la bendición, de la abundancia espiritual. Esa tierra de Canaán en la que hoy nosotros, la Iglesia del Señor y los creyentes en Cristo, aquellos hombres y mujeres que buscan lo de Dios, que están disfrutando y participando del Espíritu Santo y sus dones. Esa es la tierra de Canaán en el sentido espiritual, es simbólico.
Entonces, yo voy a seguir narrándoles la parte física y material de aquel entonces. Así que Dios entonces, cuando ya Dios, Moisés sale con el pueblo y atraviesa el Mar Rojo, llegan a un desierto y en ese desierto pues hacen una parada de descanso. Y es cuando Dios le da las leyes a Moisés. Dios le dio sus mandamientos a Moisés en tablas de piedra en un monte, en el Monte Sinaí. Allí Moisés habló con Dios durante 40 días, 40 noches y Dios le dio las leyes, sus mandamientos y Dios le dio muchas ordenanzas a Moisés y lo vio y lo dirigió cómo era que él tenía que hacer de ahí en adelante.
Es así que entre esos mandamientos que Dios le dio a Moisés, le dijo que tenía que construir o erigir un tabernáculo, que había que hacer un tabernáculo para que se reuniera el pueblo para adorar y glorificar a Dios todos los sábados. Entre esos mandamientos, Dios les dijo que trabajarán seis días y reposarán el séptimo día, que era el sábado, porque ese día era dedicado para nuestro Dios, para ir al tabernáculo y cantarle a Dios, glorificar a Dios y llevar los animales, las ofrendas para hacer los sacrificios. Y allí estaban los sacerdotes que Dios había nombrado, la tribu de Leví había nombrado como sacerdotes para que ellos ministraran. Esos sacerdotes eran puestos por Dios y entre ellos había un sumo sacerdote, que era pues la cabeza pues de los demás sacerdotes. Ellos estaban allí para hacer los sacrificios de los animales y para presentar las ofrendas delante de Dios. Se suponía que todos los sábados el pueblo acudía a ese tabernáculo para adorar al Señor.
Dios tuvo mucho cuidado de la construcción de este tabernáculo. Como ellos estaban en el desierto y estaban caminando de parte en parte, porque tenían que caminar mucho para llegar a la tierra de Canaán, el Señor le dijo a Moisés que él tenía que hacer un tabernáculo desarmable. Había que hacer las piezas aparte y luego armarlo para que cuando llegaran a un sitio, armaban el tabernáculo y así de esta manera hacían los rituales y de todo lo que Dios les había enseñado Moisés. Que el pueblo tenía que hacer para venerar al Señor.
Por lo tanto, Dios le dijo a Moisés que cuando fuera a hacer ese tabernáculo, tenía que ser de la madera más fina, de las pieles de ovejas, pieles de cabras, pieles de animales, lo mejor, pieles de animales exóticos. Y que tenía que ser la mejor tela, el mejor lino, todo lo mejor, lo más fino. Y también mucho oro, mucho oro tenía que haber en esa construcción de este tabernáculo. Todo era lo más fino, lo más preciado que él tuvo que emplear para elaborar ese tabernáculo.
Entonces, una vez que estuvo ese tabernáculo, Dios le dijo a Moisés que había que armarlo, que dirigirlo. Eso era como un salón, como lo que hoy en día nosotros llamamos un salón o una sala grande, un lugar grande donde se reúne mucha gente para adorar al Señor. Es así como Dios le dijo a Moisés que él tenía que hacer ese tabernáculo porque allí Dios se iba a manifestar. En ese tabernáculo, Dios se manifestaría y hablaría con el sumo sacerdote. Esa fue esa era la promesa, ese fue el pacto. Ese pacto que Dios hizo con Moisés y el pueblo se trataba de eso: hacer el tabernáculo con lo mejor, con lo más fino, entre las maderas, pieles, oro, plata, todo lo mejor. El Señor le dio el diseño a Moisés y le dijo que qué ellos tenían cada sábado tenían que ir allí, hacer sacrificios y adorar a Dios y darle gracias a Dios. También les enseñó que cada año había que celebrar la Pascua y que la Pascua eran siete días continuos de celebración, de alabanza a Dios. Era esas fiestas eran espirituales, era para honrar a Dios. Y allí Dios le dio el diseño que más adelante lo vamos a leer, el diseño del tabernáculo. Porque Dios se estaría manifestando. Dice que con la sangre de los animales que sacrificaban, el pueblo sería purificado y perdonado sus pecados. Y el mismo sacerdote también tenía que purificarse y sus pecados del mismo sacerdote tenían que ser perdonados. Todo esto se hacía cada año.
Así que todo este fue el pacto primero, el primer pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel. Y les dijo que tenían que los sábados hacer la voluntad de Dios, cumplir los mandamientos y honrar al Señor. Y luego, entre los días de la semana, ellos tenían que ya hacer sus quehaceres, sus trabajos, pero tenían que vivir en santidad porque los iba a llevar a la tierra de Canaán, que era una tierra que era de abundancia y de bendición.
Entonces, ese fue el primer pacto, que decía el Señor: "Con la sangre de los animales, yo les perdono los pecados". Porque todos tendrán que ser rociados de la sangre de los animales. El sacerdote, como repito, también tenía que lavarse con esa sangre de los animales para que Dios le perdonara también al sacerdote.
Entonces, ¿qué sucedió? Que ese fue el primer pacto. Pero si nosotros seguimos leyendo la historia, nos damos cuenta que el pueblo le falló a Dios y pecó una y muchas veces en el desierto. Y Dios había dicho que en ese desierto no iban a durar poco tiempo y llegarían a Canaán. Pero por causa del pecado y la maldad que ellos comenzaron a hacer allí en el desierto, a espaldas de Moisés, Dios se enojó y dijo que ya esa gente que había salido de Egipto no entrarían a la tierra de Canaán y que Dios ya no iba a cumplir su pacto con ellos como les había prometido, que ya ellos morirían todos en el desierto y el pacto sería anulado.
Ese pacto. Así que el Señor, como Él había hecho promesa, porque ese tabernáculo que Dios le había ordenado a Moisés era el simbolismo de un tabernáculo al futuro, de un tabernáculo que existiría en el futuro y que no iba a ser construido por manos humanas, sino un tabernáculo, un templo que iba a ser construido por el mismo Dios, por el Espíritu Santo. Es por eso que me voy a adelantar en decirles que la Iglesia del Señor Jesucristo es el tabernáculo. Es el tabernáculo.
Así que es el tabernáculo que hizo Moisés era la sombra y era la imagen del tabernáculo futuro, porque ya Dios sabía que el pueblo estaría fallándole a Dios y que Él no iba a cumplir su pacto que les había hecho por causa del pecado y la maldad que cometieron. Entonces, eso es lo que nosotros hoy vamos a ver. Por eso el título dice: "El Señor Jesucristo es el mediador del Nuevo Pacto", porque el primer pacto fue anulado. Pero entonces, yo voy a estar leyendo aquí la promesa, una promesa que Dios hizo sobre el futuro. Señor habló para el futuro. Y nosotros aquí vamos a estar mirando la promesa que el Señor hizo al futuro.
Porque, como les decía, el pueblo le falló a Dios en el desierto con Moisés, que duraron 40 años. Y después pasaron muchos siglos hasta cuando en la época de los reyes, hasta cuando estuvo el rey David, Salomón y todos los reyes y los profetas como Isaías, Jeremías, Lamentaciones. Pasaron muchos siglos y el pueblo siguió pecando, siguió cometiendo muchas maldades delante de Dios. Por eso el Señor ya se había olvidado de ese pacto y Él dijo: "Ya no habrá pacto, ahora viene un pacto nuevo que haré al futuro".
Pero el Señor tuvo misericordia con la gente. Él no los destruyó por completo, porque el Señor tenía que cumplir con una promesa o con un juramento que le había hecho a Abraham. Entonces Dios le había dicho a Abraham: "Sobre tu descendencia, yo voy a bendecirte y todo, y tú serás padre de muchas naciones y a tu descendencia la bendeciré". Y esa descendencia era Cristo Jesús. Y como Dios tenía que cumplir, dice que le juró a Abraham, juró por sí mismo que iba a cumplir esa promesa. Por eso el Señor no destruyó ni acabó por completo a estos israelitas que estaban allí en el desierto con Moisés, porque el Señor tenía que cumplir su promesa que le hizo a Abraham, porque había sido una promesa con juramento.
Entonces Dios tuvo que tener paciencia con las nuevas generaciones y seguir adelante en su plan hasta que se cumpliera el tiempo, hasta que llegara el tiempo que el Mesías aparecería para que Él retomara como ministro, como sacerdote, como el salvador, como el rey, retomara y Él sí verdaderamente se hiciera al frente de un nuevo pacto y Él sí estuviera cumpliendo ese pacto. Entonces pasaron muchos siglos y miles de años para esto. Y por eso Dios, ya después de que de que Moisés ya murió y que en el desierto murieron todos los que habían salido de Egipto, y solamente los niños que crecieron allí en el desierto fueron los únicos que entraron allí a Canaán por mano de Josué.
Entonces, de ahí comienza la historia de la multiplicación, de la forma como se progresan los israelitas, se multiplican en número, pero los problemas y las dificultades y las guerras jamás cesaron. Siempre hubo guerras, siempre Dios los sometió a ellos a muchas guerras y muchas naciones vinieron a humillarlos y a destruirlos, acabarlos, porque el Señor se había enojado porque su pacto había quedado por el piso. Entonces Dios, a través de los profetas, cuando ya aparece Isaías, Jeremías y Ezequiel, Dios comienza a hablarle al pueblo y a recordar que Él para el futuro tenía algo mejor, algo nuevo, tenía un pacto nuevo al futuro.
En Jeremías 31, así que ustedes busquen en la Biblia rápidamente, Jeremías capítulo 31 y vamos a leer desde el verso 31 al 34 rápidamente. Claro que tiene el verso 27 dice: "He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal". Dando a entender el Señor que esta simiente de hombre era del gran profeta o del Hijo de Dios, y de esta simiente de animal se trataba de la parte humana que adquirió nuestro Señor Jesucristo.
Entonces ahí decía nuestro Dios que he aquí vienen días en que estaría manifestándose de esta manera. Y aquí en el verso 31 dice el Señor, ya la promesa al futuro, por causa de que su pueblo le había fallado, dice: "He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá". Dice: "Vienen días en que yo haré un nuevo pacto, porque el primer pacto fracasó y haré uno nuevo". Y en el verso 32 dice: "Porque vamos a estar leyendo hasta el 34, no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová".
Pero este pacto que yo haré al futuro, dice el Señor, que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: "Daré mi ley". Recordemos que Dios le había dado la ley a Moisés en el Monte Sinaí y Él la escribió en un libro. Esta ley Dios se la dio escrita en unas tablas de piedra, pero Moisés también escribió en el libro el resto de leyes y preceptos que Dios le dijo. Y aquí entonces Dios está recordando que daría su ley nuevamente. Su ley ya no era esa ley física en tablas físicas, escritas en tablas de piedra o en un libro, sino que ya sería escrita, dice: "Daré mi ley en su mente y las escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo".
Entonces, yo vuelvo a repetir que dice el Señor: "Este es el pacto que haré con la casa de Israel en el futuro, después de aquellos días". Dice el Señor: "Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón". Recordemos, hermanos, que la mente no son los pensamientos, no vamos a confundir la mente con los pensamientos, que es diferente. La mente es la conceptualización, la mente es el es como el entender, el comprender, el conocimiento y el intelecto. El intelecto, el conocimiento que alguna persona tiene de sí. Por ejemplo, cada uno de nosotros tenemos un concepto de nuestra propia vida y tenemos un concepto de la vida o de la gente o de las cosas. Nos formamos un concepto y sabemos qué es, para qué es, por qué servirá. No son los pensamientos, es la conceptualización que nosotros tenemos de nosotros mismos, de la vida, de Dios, de la gente, del mundo, de todo.
Entonces, la mente y el corazón se puede decir que es lo mismo, porque dice que todo sale es del corazón. Dice que del corazón salen hasta los pensamientos, salen, son del corazón. Entonces, cuando Dios dice aquí: "Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón", entonces es esa forma de ser, raciocinio del ser humano. Dios allí en su razón le dio su ley y dice: "Y la escribiré en su corazón". Ya no será en tablas de piedra, sino que será en la conciencia, en el ser, en la misma persona que Dios siembra y escribe su ley. Y dice: "Y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo".
Es así como una persona. El día de hoy, pero le damos el verso 34: "Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de sus pecados". Aquí estaba el Señor hablando.
Estas promesas futuras que las estaría cumpliendo con nuestro Señor Jesucristo. Y cuando dice: "Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni a su hermano", diciéndole: "Te voy a enseñar a conocer a Dios", se refería a que cuando Dios le dio los mandamientos, le dio la ley a Moisés, Dios le dijo: "Moisés, escribe en un libro y también todos tienen que escribir en los muros, escribir en sus casas, en los dinteles de las puertas, en todos los lugares. Aún tienen que en su brazo llevar la palabra o en su frente llevarla los mandamientos de Dios. Llévenlos para que los estén leyendo y para que los estén recordando, para que cumplan mis mandamientos, para que no se les olvide. Y cada sábado tienen que ir al tabernáculo a escuchar la ley, cada sábado tienen que ir a que les lean la ley para que no se les olvide, para que cumplan toda la palabra".
Entonces, el Señor puso maestros en ese tiempo, personas especiales para que enseñaran la ley de Moisés y a los niños había que darles clases de la ley de Dios. A todos había que darles clases especiales para que conocieran a Dios, porque estaba escrito en un libro, escrito en tablas de piedra, la ley, la ley de Dios. Entonces, aquí el Señor, cuando dice que aquí vienen días en que ya haré ese nuevo pacto y dice que no era el pacto igual al que había hecho con Moisés en en el desierto allá en Egipto cuando salieron de Egipto, sino que ese pacto sería un pacto nuevo donde Él estaría escribiendo su ley en el corazón del hombre o de la mujer.
Y por eso en el 34 dice que ya ninguno le dice al prójimo: "Venga, usted conoció a Dios", porque todos me conocerán desde el pequeño hasta el grande me conocerá. Y yo les cuento a ustedes que nosotros el día de hoy que estamos viviendo ya la era de nuestro Señor Jesucristo, porque todo esto, estos versos que estamos leyendo, que fueron promesas del Señor, todo esto se cumplió cuando el Señor Jesucristo vino al mundo y cuando el Señor Jesucristo comenzó a predicar el reino de los cielos. Ahí se empezó a cumplir estos versos, porque ese pacto lo hizo Dios con el Señor Jesucristo y comenzó el Señor Jesucristo a enseñarle a la gente. Es que después de que yo me vaya, después de que yo suba de dónde vine, decía el Señor, porque yo vine del cielo y ahora otra vez vuelvo a subir al cielo, pero cuando yo me vaya, voy a enviar el Espíritu Santo y Él va a estar con ustedes siempre, para siempre estará el Espíritu Santo con ustedes y va a estar con ustedes y dentro de ustedes, es decir, los va a rodear y va a estar en el corazón de ustedes el Espíritu Santo y Él les va a enseñar la doctrina, el camino, les va a enseñar todas las cosas y los va a guiar para que vivan la vida recta y puedan tener la salvación.
Ahí se cumple este verso cuando dice: "Y ninguno enseñará a su prójimo a conocer a Dios", porque era solamente con creer en el Señor Jesucristo y comenzar a cumplir esos mandamientos, a cambiar de una vida de pecado a una vida santa. Y entonces el Señor, al dar el Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo es el que nos da la ley y está aquí en nuestro corazón la ley de Dios, los mandamientos del Señor, la doctrina del Señor, todo lo que Él nos prohíbe, todo lo que Él dice que tenemos que dejar para vivir en santidad. Entonces, ahí se está cumpliendo este verso. Y porque dice que desde los niños, claro que desde los niños también, porque nosotros hemos vivido las experiencias que nuestras congregaciones van sus los padres de familia con sus niños. Es un niño de dos años, ya hay niños hasta de dos años que ya entienden que Dios habla, ya entienden que a Dios hay que cantarle, que a Dios hay que alabarle. Y ya desde los dos años los niños están aprendiendo de Dios, aprendiendo la doctrina. Y a ellos, pues no es necesario darles unas clases especiales, simplemente se les lleva a la reunión y cuando se está dando la enseñanza, ellos ponen mucha atención.
Y entienden mejor que los adultos. Comprenden la doctrina mejor que un adulto, y ellos son más sinceros y aman a Dios. Y Él, ellos le enseñan a papá y mamá en la casa. Le dice: "Hay que orar, hay que buscar a Dios, usted debe confiar en Dios".
Uno escucha a los niños decir estas cosas. ¿Por qué? ¿Por qué Dios puso en su corazón su ley? Así como dice: "Pondré escribir en su en sus corazones, escribiré la ley, y Yo seré ellos por Dios, ellos van a ser mi pueblo". Y los niños, desde el chico hasta el grande, aprenderán y entenderán el camino de Dios, porque el Espíritu Santo es el que está haciendo esa obra, ese milagro en los seres, en nuestros corazones.
Entonces, se ha cumplido esta promesa del Señor. Cuando vino del Señor Jesucristo, por eso hay que resaltar y valorar a nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Ese misterio tan grande que Dios nos ha dado. Nos ha dejado de decir que Él trabaja de como Padre, que Él trabaja como Hijo y trabaja como Espíritu Santo, pero que es un solo Dios. Y nosotros no tenemos que entrar a cuestionar, porque como humanos no sabemos más que Dios. Solamente tenemos que creer y aceptar la enseñanza que Dios nos dejó, sin preguntar tanto, sin cuestionar.
Entonces, eso es lo que Dios quiere de nosotros: creerle. Pero también lo bonito es la forma como nosotros estamos disfrutando estas promesas. Por eso, mi invitación a todas las personas, a todos aquellos que no han tenido la oportunidad de leer la Biblia hoy, de ir a la congregación, mi invitación es que lean la Biblia. Y qué hermoso fue leer la Biblia del principio. Usted va a entender mucho, porque si usted lee con su corazón, con sinceridad, Dios le va a quitar un velo, unas tinieblas, algo que Él, que Él no le permite entender, comprender. Y Dios va a hacer que usted entienda la palabra del Señor y que usted se enamore de Dios y se enamore de la Biblia, de leer la Biblia en sentido espiritual.
Entonces, estamos hablando que nuestro Señor Jesucristo es el mediador de ese nuevo pacto, porque el primer pacto fracasó. Ahora vamos a pasar a Hebreos. Pasemos rápidamente a Hebreos. ¿En qué consistía ese pacto antiguo? Vamos a leer en qué consistía el pan, el primer pacto que Dios hizo con los israelitas que salieron de Egipto por la mano de Moisés.
Entonces, es bueno leer. Y como decía, algunos de ustedes seguramente no van a entender mucho porque no habían leído la Biblia, pero les queda la inquietud para que lean la Biblia. Y entonces, ya ustedes van a descubrir cosas hermosas. Aquí en Hebreos 9 del 1 al 22 vamos a estar leyendo rápidamente. Y dice de esta manera. Yo creo que a ustedes se encontraron Hebreos 9 del 1 al 22. Vamos a ver en qué consistía el primer pacto, repito, que Dios hizo con Moisés al pueblo de Israel cuando estaban en el desierto.
Y dice en el verso 1: "Ahora bien, aún el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal". Dice, tenía ordenanzas de culto, ese es el primer pacto. Tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. El santuario era el tabernáculo que les mencioné, que fue elaborado con lo mejor y lo más fino, los materiales más finos que hubo: mucho oro, mucha plata, muchas piedras preciosas, mejores maderas, pieles exóticas de animales exóticos y pieles de animales. Y los árboles más finos. Con esto elaboraron el tabernáculo. Eso se llama el santuario.
Entonces, dice aquí, porque el tabernáculo, al verso 2: "Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el lugar santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición". Aquí comienza a describir de qué se componía ese tabernáculo que Dios le dijo a Moisés que construyera para que los sábados se reuniera el pueblo a adorar a Dios y hacer los sacrificios. Está ahí, va a describirlo, pero solamente es como un resumen, porque no está todo en detalle. Es el resumen.
Pero este tabernáculo tenía un simbolismo al futuro. Así como el pacto, este era el pacto que Dios había hecho con ese pueblo, que era el culto y el santuario terrenal. Y dice que estaba construido en la primera parte, era un lugar santo. Había un candelabro, hilo y una mesa y los panes de la proposición. Todo esto tenía un simbolismo. El mismo santuario terrenal o el mismo tabernáculo simbolizaba la ingle, la iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Ese era el símbolo, la iglesia de nuestro Señor Jesucristo como templo espiritual. El templo espiritual. Este templo físico era el símbolo del espiritual en el futuro que Cristo Jesús construiría.
El verso 3 está diciendo que detrás del segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el lugar santísimo. Entonces, dice que estaba, era un salón y en la primera parte era el lugar santo. Y luego había un velo, una cortina, por decir, aquí a mi espalda. Esta pared, no este muro, no era así, digamos, de material, sino era un finísimo. Y ahí estaba. Y detrás era el lugar santísimo. Y dice: "El lugar santísimo tenía un incensario de oro". Ese incensario, dice que eran las, es el simbolismo de las oraciones de los creyentes, de la gente que sigue el evangelio de Cristo verdadero, que las oraciones que llegan a Dios es el incienso.
Entonces, todos estos, todos estos elementos que se describen aquí en el tabernáculo, en ese santuario, tenían un simbolismo al futuro. Y como dijimos, que es el tabernáculo era la iglesia del Señor, corazones de hombres y mujeres que se convierten a Dios y que son hijos de Dios. En este segundo, aquí de mi espalda hacia atrás, allá en el lugar santísimo, estaba el incensario de oro, que simbolizaba las oraciones de los santos o de los creyentes en Cristo Jesús, los que hacen la voluntad de Dios.
Y también estaba el arca del pacto. El arca del pacto, que también simboliza el corazón del hombre que alberga a Dios, porque Dios debe morar en el corazón de un hombre y una mujer que hacen la voluntad del Señor. Ese arca del pacto estaba cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón, el maná, que fue el pan del cielo que que descendió allá en el desierto para que comieran. Y dice que Dios le dijo a Moisés que guardara también un poco de maná en esa arca, la vara de Aarón, que reverdeció, y las tablas del pacto, las tablas de la ley de Moisés. Esto Dios le había dicho a Moisés que él tenía que guardar en esa urna o en esa cajuela, en ese propiciatorio, tenía que guardar eso. Y estaba allí detrás del salón principal, que era el santuario, era el lugar santísimo.
Entonces, allí en ese lugar santísimo nadie podía entrar. Aquí en el verso 5 dice: "Y sobre ella los querubines". Sobre esta arca que Dios había puesto, aunque Moisés puso en el lugar santísimo, que contenía el maná, la vara de Aarón y las tablas del pacto, sobre ella había unos querubines de gloria que cubrían el propiciatorio. Y dice que estos querubines eran hechos de oro. Y estaban. Si estos querubines era como un simbolismo o como Dios mostrándole al hombre que Dios habita en medio de los querubines, pero los espirituales. Pero para que el hombre se hiciera una idea de cómo era un querubín, pues entonces Dios le dio el diseño a Moisés de los querubines y le dice: "Así son los querubines celestiales, los espirituales son así como esta figura, pero esta figura no es para que usted se ponga a honrarla ni adorarla ni alabarla, simplemente es para que sepas cómo es un querubín y para que sepas que Dios habita en medio de ángeles y de querubines". Era eso lo que Dios le quiso demostrar, le quiso decir a Moisés.
Entonces, dice que sobre él colocó los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio, de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle, dice el apóstol. Así dispuestas estas cosas en la primera parte del tabernáculo, entran los sacerdotes, dice, es decir, en el lugar santo, entre los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto. Y los oficios del culto, pues era hacer los sacrificios, sacrificar los animales y quemar y asar la carne y ofrecerle a Dios, hacer una serie de rituales para adorar a Dios. Y la gente afuera estaba, digamos, toda la gente estaba apostada glorificando a Dios y cantándole a Dios, porque eso era lo que Dios quería, que a Él se le alabara ese día sábado.
Y dice aquí en el verso 7: "Pero en la segunda parte". Nosotros estamos leyendo la descripción del tabernáculo o del santuario que Dios le ordenó a Moisés en el desierto y que es símbolo del tabernáculo espiritual después de Cristo, que es la iglesia o el corazón del hombre, de los que le siguen al Señor. La iglesia de nuestro Señor, compuesta por hombres y mujeres de todo el mundo que buscan a Dios y aman sus mandamientos y los cumplen. No. Yo repito eso para que algunas personas de pronto no se vayan a confundir.
Y dice aquí el verso 7: "En la segunda parte, es decir, aquí detrás de mí que yo les enseñé, que detrás, digamos, en el lugar santísimo, estaba el velo". Ese es el lugar santísimo. Y les decía que nadie podía entrar. Y dice en el verso 7: "En la segunda parte, sólo el sumo sacerdote, una vez al año". Una vez al año, el sumo sacerdote, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo".
Entonces, dice que una vez al año el sumo sacerdote entraba allí a este lugar santísimo. Y el primero, ya tenía que haberse purificado el sumo sacerdote con la sangre de los animales que sacrificaban. Dice que él le rociaba la sangre al pueblo. Ese era el oficio del sacerdote, del sumo sacerdote. Cuando los otros sacerdotes hacían los sacrificios, recogían la sangre y tomaban esa sangre y él le rociaba a todo el pueblo. Pueden ustedes imaginar cómo quedaba la gente de manchada de sangre, porque así Dios lo había dicho, que todos, a todos les rociara esa sangre para yo perdonarle los pecados. Y el sumo sacerdote también tenía que untarse esa sangre para que Dios le perdonara a él sus pecados. Y una vez que él hacía ese ritual, entonces él podía entrar al lugar santísimo, una vez cada año.
Y cuando él entraba al lugar santísimo, Dios hablaba con él. Y si el sumo sacerdote no cumplía con el requisito de pedirle perdón a Dios, de rociarse con la sangre para que Dios le perdonara algún pecado, sino que él entraba en pecado, él moría instantáneamente, moría. Y nadie podía entrar a sacarlo, sino que tenían que sacarlo con una cuerda. Como era de exigente, como era estricto el Señor en la enseñanza de culto de ese primer pacto, de ese de ese santuario terrenal, de ese tabernáculo hecho de mano de hombres, construido por la gente. Y Dios fue tan estricto, era muy estricto el Señor, porque ese tabernáculo era el símbolo del hombre y la mujer que se dicen ser hijos de Dios y que tienen que andar sin pecado para poder tener comunión con Dios. Y si no, pues entonces Dios castiga. Y si la persona llega a morir en el pecado, pues se condena. Y esa era la enseñanza.
Entonces, Dios era tan estricto. Y aquí dice que este sumo sacerdote, él tenía que perdonar los pecados del pueblo, era rociándoles la sangre de los animales. Como podemos ver qué diferencia de trabajo de estos sacerdotes de lo que hoy en día uno escucha por allá en las religiones. Escuchan uno mucha gente decir que sacerdotes y que no hacen estas cosas que aquí dice la Biblia. Y esto fue lo que Dios mandó, ordenó. Pero claro que esto ya no hay que hacerlo, porque eso quedó anulado porque el pueblo de Israel falló. Entonces, ya, ya no existe eso. Esos sacerdotes que Dios nombró en la antigüedad, la tribu de Leví, era el símbolo de los sacerdotes futuros.
Y hoy en día, que estamos viviendo el futuro, porque el futuro de nuestro Señor Jesucristo, hoy en día, que ya estamos viviendo ese futuro después de que vino el Señor hace más de 2000 años, entonces, ¿quiénes eran esos sacerdotes? ¿Y quién era este tabernáculo? Entonces, el tabernáculo, el corazón del hombre y la mujer. Y el sacerdote, pues también los creyentes, porque dice el Señor que Él a todos sus seguidores les dio el título de reyes y sacerdotes. Entonces, los hombres y las mujeres que siguen el verdadero evangelio de nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo los mandamientos del Señor, son sacerdotes espirituales, son reyes. Así que esta es la semejanza, la imagen y la sombra que hubo allá con Moisés. Es la sombra y la imagen de lo que había de venir al futuro con nuestro Señor Jesucristo.
Y aquí, nuestro Señor Jesucristo, como ese sumo sacerdote, que nosotros ya vimos al Señor Jesús como el sumo sacerdote Melquisedec, vino a perdonar nuestros pecados. Así como en esa época el sumo sacerdote rociaba la sangre al pueblo para perdonar pecados, el Señor Jesucristo una sola vez hizo su sacrificio y derramó su sangre para perdonar los pecados. Porque Él, como sumo sacerdote, tuvo que padecer y tuvo que ser su sangre derramada para perdón de pecados. Y todo fue simbólico, espiritual, aunque su muerte fue física y el derramamiento de sangre que Él hizo fue físico. Pero la gente, cuando cree en el Señor y busca al Señor Jesucristo, y Él entró a morar en el corazón de esta gente, y esta gente comienzan a hacer la voluntad de Dios, entonces, simbólicamente o espiritualmente, ya son lavados, limpiados con esa sangre y sus pecados perdonados.
Entonces, acá en el verso 8, estamos hablando nosotros de la descripción del templo terrenal o del tabernáculo que hizo Moisés. En el verso 8 dice: "Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al lugar santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie". Daba a entender que a este lugar santísimo, el que yo les digo a ustedes que está aquí en mi espalda, que en ese lugar santísimo nadie había entrado, porque el único que entró simbólicamente fue el Señor Jesucristo con su sacrificio en la cruz del Calvario. Dice que se rompió ese velo, ese velo se rompió y el Señor entró al lugar santísimo para hacer por, para posesionarse de lo que Él era realmente, de ese ministro, de ese sumo sacerdote, de ese salvador que perdonaría pecados con su sangre.
Entonces, aquí el verso 9 dice: "Lo cual es símbolo para el tiempo presente". Dice, en el tiempo presente. Dice, según el cual sea ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en cuanto a la conciencia el que practica este culto. Aquí está el apóstol Pablo enseñando que hasta cuando él estaba predicando el evangelio, todavía oía y oía por allá que estaban allí los israelitas todavía haciendo sacrificios y haciendo todos estos rituales. Pero el apóstol Pablo les decía: "Eso ya no tiene ninguna validez, ya no hay validez, porque Jesucristo anuló estas cosas".
Y aquí en el verso 10 dice: "Ya que consiste sólo de comidas". Ya está hablando que era símbolo, todo esto era símbolo del futuro, del templo espiritual y de este sacerdote Melquisedec, el Señor Jesucristo. Y que todo es espiritual, que la palabra de Dios escrita en el corazón del hombre. Entonces, él dice aquí en el verso 10: "Que el terrenal consistía en comidas, bebidas, diversas abluciones y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas".
"Pero estando ya presente Cristo como sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no he hecho de manos, es decir, no es de esta creación humana". Entonces, aquí ya está hablando el apóstol que Cristo Jesús, como ya estaba presente, Él era el sumo sacerdote que con su sangre Él sí hizo todo perfecto. Mientras que todos los demás sacerdotes, les decía que les tocaba cada año estar haciendo el mismo ritual, porque nunca lograron hacer perfecto al pueblo, jamás. En cambio, el Señor Jesucristo sí vino y hacer al hombre, ya la mujer perfectos delante de Dios, porque Él fue el único que logró, como sumo sacerdote, como el que perdona los pecados, Él fue el único que logró, logra y logrará que el hombre y la mujer sean santos y perfectos delante de Dios. Él con su espíritu, con su poder, con su evangelio verdadero, que es la manifestación del espíritu de Dios en las vidas de los seres. Ese Dios invisible.
Y dice aquí en el verso 12: "Y dice, no por sangre de machos cabríos". En el verso 11 dice: "Estando ya presente Cristo como sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos de humanas, sino espiritual". Dice: "No por sangre", dice, "y no por sangre de animales, de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, allá en la cruz del Calvario, entró una vez para siempre en el lugar santísimo, el espiritual". El físico, recuerden que les dije que Él es físico. Aquí estaba el velo y ahí estaba el lugar santísimo físico, que era donde una vez cada año entraba el sumo sacerdote. Pero el Señor Jesucristo, como sumo sacerdote, dice que Él entró con su propia sangre, entró a este lugar, pero ya no fue al físico, sino al espiritual, al simbólico.
Y dicen: "No por sangre de los machos, de las becerros ni de las ovejas, sino por su propia sangre, una vez entró para siempre en ese lugar santísimo, habiendo obtenido eterna redención". Porque si la sangre de los toros, de los machos cabríos, las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, a los que habían pecado, santifican para la purificación de la carne, cuanto más, dice, cuanto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo.
Está diciendo que si en esa época, cuando estaba el tabernáculo, cuando estuvo el templo de Salomón, que allí ni hicieron sacrificios, sino que fue un paganismo y fue una idolatría lo que hubo en ese templo de Salomón. Pero si en el tabernáculo que hizo Moisés, que alcanzaron a hacer algunos los rituales, hacerla, hacer todas estas cosas los sábados, en la Pascua, entonces dice que si eso, la sangre de esos animales, Dios la vio con buenos ojos y les perdonaba a la gente sus pecados, que con mayor razón, como no va a perdonar Dios a la gente que cree en el Señor Jesucristo, que Él derramó su sangre para salvación, como Dios no va a aceptar eso. Lo acepta.
Dice el verso 15: "Así que por eso es mediador de un nuevo pacto". ¿Quién? Cristo Jesús. Es el mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo la muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Entonces, en este nuevo pacto, para que fuese puesto en práctica, en acción, el nuevo pacto, había que, y la muerte tenía que estar ahí de por medio. Alguien tenía que morir para anular el primer pacto y empezar el nuevo pacto. Porque estamos destacando a nuestro Señor Jesucristo como ese mediador de ese nuevo pacto. Y nuestro Señor Jesucristo como ese sumo sacerdote Melquisedec, que entró una vez, una vez entró al lugar santísimo simbólico, espiritual, para perdonar los pecados. Y comenzó ese nuevo pacto. Dios lo vio con buenos ojos. Eso fue su plan de Dios. Y eso es el cumplimiento de esas promesas que Dios hizo allí de lo que leímos en Jeremías, que dice el Señor para el futuro: "Yo voy a hacer un pacto nuevo, no como el que hice allá con Moisés en el desierto, no como ese pacto, sino que voy a hacer un pacto nuevo donde Yo, dice el Señor, donde Yo estaré con los hombres y las mujeres y me conocerán desde el chico hasta el más grande, me conocerán".
Ese es el nuevo pacto: andar con Dios, vivir con Dios, tener a Dios en el corazón, que mi corazón, que que mi ser sea templo de Dios, que los hombres y mujeres creyentes en el Señor Jesucristo se conviertan en ese templo de nuestro Dios, un templo espiritual donde Dios habita y habitará en el corazón de la persona. Ese es el nuevo pacto, ese pacto que hizo el Señor Jesucristo allí en la cruz del Calvario, derramando su sangre.
Entonces, por eso nosotros tenemos que valorar y saber en quién hemos creído, en quién hemos creído. Porque estaremos perdiendo el tiempo si todavía estamos aquí haciendo sacrificios de animales y derramando sangre y, bueno, impregnándonos de sangre todo el cuerpo. Y eso ya es nulo, eso ya no tiene ningún significado. El Señor Jesucristo hizo ese milagro y ya el templo es espiritual. Dice que es un templo que no es hecho por mano humana, como el primero. El primero hubo que construirlo, pero este templo es espiritual. Dios no forma, Dios lo hace perfecto.
Y aquí dice que para que ese testamento fuera puesto en acción, habría que morir. Dice, dice: "Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga la muerte del testador". Y dice: "Pues el testamento con la muerte se confirma, pues no es válido entre tanto que el testador vive". Y por eso, el Señor Jesucristo tuvo que morir en la cruz del Calvario para anular a ese texto de ese pacto que había de la antigüedad. Para poderlo anular, lo anuló con la cruz del Calvario el Señor Jesucristo.
Y dice que en el verso 19: "Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos con agua, lana escarlata, hisopo y roció el mismo libro y también todo el pueblo". Y dice que todo fue purificado con sangre, diciendo: "Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado". Eso fue lo que hizo Moisés. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado según la ley con sangre, y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Eso fue lo que Dios le enseñó a Moisés y eso era lo que hacía Moisés.
Pero, fuera caso, ese pacto fracasó. Y Dios tuvo que anularlo. Y el Señor esperaba que eso fuera anulado. Y por eso el Señor Jesucristo se ofreció en venir al mundo. Y el Señor Jesucristo, en un lugar de un salmo, le dice al Padre: "Déjame, déjame ir al mundo, que yo quiero, yo quiero salvar esta gente, yo quiero salvar la humanidad. Déjame ir, que yo sí voy a hacer ese verdadero sacerdote que va a limpiar los pecados, va a perdonar pecados, va a purificar, va a hacer la obra perfecta y va a levantar a hombres y mujeres que te alaben, que te glorifiquen, porque yo sí haré eso". Eso, eso lo tenemos aquí en el Salmo 40 del verso 6 al 8, que dice el salmo: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, me pero me preparaste cuerpo. Dice el Señor Jesucristo al Padre: Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí".
Entonces, el Señor Jesucristo se le ofreció al Padre, le dijo: "Como todo fue un fracaso, como no se pudo hacer lo que tú habías planeado, no se pudo hacer con Moisés, entonces yo sí voy y yo voy a ir a hacer esa obra perfecta". Y el Padre dijo: "Está bien". Y por eso el Señor Jesús viene como ese sacerdote, como ese sumo sacerdote, y también como ese sacrificio vivo, Él mismo, donde Él se sacrifica y con su sangre.
Entonces, allá en la cruz anula el pacto antiguo que Dios había hecho con Moisés. Queda anulado. Y el Señor comienza a decir: "Ahora hay otro pacto. Saben que el pacto de ahora es diferente, porque el pacto de ahora es el espíritu. El espíritu de Dios descenderá y estará con ustedes los que han creído en mí". Porque era creer en Jesucristo, creer que Él es el Hijo de Dios, que es el salvador, el Mesías. Y Él hizo milagros y señales, y hasta el día de hoy está haciendo milagros y señales en nuestras vidas. Y por eso es que creemos que Él es Dios y que Él es ese sumo sacerdote que perdona pecados, porque no hay ningún otro ser que pueda perdonar pecados sino Cristo Jesús.
Y todo es espiritual. Su templo es espiritual. Su iglesia, que Él está construyendo, es espiritual. Son los corazones de hombres y mujeres que se conviertan a Él en el mundo. Ellos son su templo, ellos son el tabernáculo, ellos son ese lugar santísimo donde Dios habla al corazón del hombre en el lugar santísimo. Entonces, el Señor Jesucristo haciendo esta obra maravillosa.
Pasemos aquí a Hechos para terminar. En Hechos 8, retrocedemos aquí en Hechos 8. Que dice en el del 1 en el verso 1 al 7. En el verso 8, capítulo 8 de Hebreos. Hebreos dice: "Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, a nuestro Señor Jesucristo, el cual se sentó a la diestra del trono de la majestad en los cielos". Nuestro Señor Jesucristo, en el verso 2: "Nuestro Señor Jesucristo, ministro del santuario". Recordemos que el santuario en la antigüedad era el tabernáculo que hizo Moisés. Pero el santuario espiritual, el corazón del hombre y la mujer que busca a Dios, que cree y acepta a Jesucristo. Dice que Cristo es ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre.
Así que el Señor Jesucristo, con su poder y con su espíritu, con su sangre que derramó en la cruz, Él levantó un tabernáculo, un santuario espiritual. Ese es el nuevo pacto. Todo es espiritual. Por eso hoy nosotros buscamos a Dios en espíritu y en verdad. Y si alguien dice: "¿Dónde es el templo de Dios? ¿Dónde está la iglesia de Dios?". En el corazón de mujeres y hombres que cumplen los mandamientos del Señor. Que estos hombres y mujeres se reúnen en algún salón, en algún lugar espacioso, se reúnen para que todos como iglesia alaben a Dios y glorifiquen a Dios. Pero si estos hombres y mujeres se les ocurriera salir e irse para la orilla del mar a glorificar a Dios, allí, pues allí está la iglesia del Señor, porque la iglesia del Señor no son las paredes, los muros, el piso, no es nada de construcción física, sino espiritual en el corazón del hombre.
Que Dios dijo: "Enseñaré a cada uno desde el chico hasta el grande y le enseñaré mis caminos y los escribiré en su corazón". Bendito sea el nombre del Señor. Y aquí en el verso 3 dice: "Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este, nuestro ministro, que hablando Cristo, este tenga algo que ofrecer. Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley". Los cuales es decir, estos sacerdotes físicos que hubo en la ley de en el pueblo de Israel, estos sacerdotes físicos que hubo en el pueblo de Israel, repito, dice: "Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, Moisés, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte". Así que fue Dios el que le mostró a él el modelo de cómo era que él tenía que hacer ese, ese tabernáculo.
Dice: "Pero ahora", dice el apóstol, "pero ahora, es decir, en este tiempo, tanto mejor ministerio es el del Señor Jesucristo, dice, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas". Dice: "Porque si aquel primer tabernáculo hubiera sido sin defecto, ciertamente, o aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado para el segundo pacto, no hubiera habido un segundo pacto". Así que nuestro Dios vio que ellos habían fracasado y por eso había un segundo pacto. Nuestro Señor Jesucristo.
Aquí en el verso 13 dice: "Pasemos al verso 13 y dice: Al decir nuevo pacto, ha dado por viejo al primero". Entonces, el primer pacto, la ley de Moisés y el tabernáculo que Dios le ordenó a Moisés construir, ese era el primer pacto, con todos sus sacrificios y rituales. La Pascua, la misma Pascua, hoy en día es Cristo Jesús. Es nuestra Pascua. Cristo Jesús es nuestro sábado. Cristo Jesús es el sumo sacerdote que entró a ese lugar santísimo que nadie podía entrar, sino una vez cada año, el sumo sacerdote físico. Y Cristo Jesús es el que ha venido a cambiar y dar un nuevo pacto, un nuevo testamento, una nueva manera de vivir la vida eterna o de ganar la vida eterna. Él ha traído un nuevo método de salvación. El Señor Jesús es el nuevo método de salvación.
Y aquí dice que este nuevo, al decir que Dios daría un nuevo pacto, significaba que el primero ya estaba, era viejo y estaría desapareciendo y desapareció en la cruz del Calvario. Por eso el Señor Jesucristo, cuando estaba predicando le a la gente el reino de los cielos, les decía: "La ley de Moisés y los profetas de la antigüedad fueron hasta Juan únicamente, hasta Juan Bautista únicamente fueron la ley y los profetas. De ahí en adelante, ya eso no existe ni existirá. De ahí en adelante, solamente existe la obra del Espíritu Santo, la promesa que el Señor Jesucristo hizo antes de subir al cielo, hizo la promesa de que enviaría el Espíritu Santo para que Él estuviera en el corazón de hombres y mujeres y que Él estaría transformando corazones, porque Él sí iba a hacer el trabajo completo y perfecto". Y Él ha hecho ese trabajo.
Y aquí, para finalizar, dice en el capítulo 10, verso 1: "Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros". Dice que la ley de Moisés o ese tabernáculo que hizo Moisés, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, nunca pueden hacer perfectos a los que se acercan. En cambio, el sacrificio que el Señor Jesucristo hizo en la cruz del Calvario, sí hizo y hace y hará perfectos a todos los hombres y mujeres que se acerquen a Él como ese sumo sacerdote, como ese mediador del nuevo pacto, como ese salvador, el Mesías, el Rey, como el que cambia la vida, transforma el corazón. Él es el único.
Así que estamos viviendo una era nueva, estamos viviendo un nuevo pacto gracias a nuestro Señor Jesucristo. Y estamos disfrutando de la obra del Espíritu Santo, porque Dios ha enviado su espíritu y está con nosotros. Está el espíritu de Dios en los corazones de hombres y mujeres que cumplen los mandamientos del Señor, porque esos mandamientos están escritos en el corazón y Dios les está ayudando a cambiar. Y gracias le damos al Señor Jesucristo, porque Él sí perdonó con su sacrificio, que lo hizo una sola vez, pero permanece para siempre, perdona los pecados de la gente que ayer se convirtió, los que se convierten y se convertirán a Él. Y esa obra será perfecta.
Así que nosotros le damos gracias a Dios por este mediador del nuevo pacto, nuestro Señor Jesucristo, porque todo lo que existió en la época de Moisés, en la ley de Moisés, cuando Dios le ordenó a él muchos requisitos, ordenanzas, muchos ritos y fiestas, todo eso era como dice aquí, la imagen, la sombra, el simbolismo de lo que había de venir en el futuro. Y el futuro era el Señor Jesucristo, que Él venía a cambiar esas cosas físicas, materiales, que fracasaron y no pudieron salvar a nadie. Él venía a cambiarlas por algo espiritual. Por eso el Señor siempre enseñó y dijo: "Mi reino no es físico, mi reino no es de este mundo, es celestial, espiritual". Y los que me siguen vivirán una vida espiritual, una vida recta y santa, y tendrán a Dios en sus corazones. Eso fue lo que prometió. Ese es el nuevo pacto.
Que Dios los bendiga, que Dios los ilumine y que Dios esté con ustedes y les enseñe. Y Dios convierta sus corazones a Él para que ustedes ganen la vida eterna, para que ustedes disfruten de estas bendiciones maravillosas que ofrece este sumo sacerdote, Cristo Jesús, Melquisedec, dice que de la orden de Melquisedec. Así que glorificado nuestro Dios para siempre.
Vamos a estar orando. Bendito Dios, Padre Santo, Padre de nuestro Señor Jesucristo, gracias te damos, Señor. Gracias te doy, Padre celestial, por haber meditado en tu palabra, por haber recordado, aunque no se puede hablar específicamente o en detalle, porque es mucho lo que habría que hablar, Señor, y necesitaríamos muchas horas para detallar y describir todos los pormenores y todas aquellas cosas grandes y maravillosas que tú enseñaste, que tú le dijiste a Moisés, le ordenaste, y todos aquellos símbolos, todas aquellas metáforas, todas aquellas parábolas, por las cuales tú, a mi manera de figuras y de ilustraciones, siempre estuviste hablándole al pueblo, hablándole a toda la gente. Y solamente tú le dabas la inteligencia de los entendidos. Pero los entendidos son aquellos que disponen su corazón para ti. Y entonces, a ellos son a los que tú, mi Señor, les enseñas, les enseñas tu camino, tu palabra, tu doctrina. A ellos tú das a conocer los misterios escondidos y guardados.
Gracias, Señor, gracias, Padre Santo, porque esta es tu maravilla, esto es lo grande y lo preciado que hay en ti. Por eso, Señor, nosotros creemos en ti, porque te estamos conociendo como un Dios poderoso, verdadero, un Dios grande, justo, misericordioso, un Dios perdonador, un Dios de amor, un Dios enérgico y estricto. Pero es que tú nos enseñas a ser así. Pero ya hemos aprendido, Señor, a ser rectos, justos, hemos aprendido, Señor, a ser honrados, a vivir la vida recta, santa, a dar buen ejemplo, a dar buen testimonio. Hemos aprendido de ti. Y qué hermoso es seguir tu camino, qué hermoso es seguir tus pisadas.
Bendito Dios, gracias, mi Señor. Dale la oportunidad, Señor, a mucha gente, a muchas personas. Dale la oportunidad para que ellos conozcan, para que ellos también sientan la presencia de tu Espíritu Santo en sus corazones, para que tu Señor también siempre escribas en sus corazones tu ley, tus mandamientos, que son hermosos. Gracias, mi Padre. Dale mucha oportunidad a la gente y que haya mucha gente, Señor, en el mundo que se convierta, que te alaben, que te glorifiquen y te ensalcen, porque tú eres digno, eres digno de la honra y la gloria y la alabanza. Gracias, mi Padre. Gracias, Señor, en el nombre glorioso de tu Hijo Jesucristo, te lo pedimos todo. Amén.
Gloria a ti, mi Señor. Estaremos cantándole al Señor el coro el 171, que dice: "Satura mi, Señor, con tu Espíritu". El coro 171. "Satura mi, Señor, con tu Espíritu. Satura mi, Señor, con tu Espíritu. Y déjame sentir el fuego de tu amor aquí en mi corazón, Señor. Y déjame sentir el fuego de tu amor aquí en mi corazón, Señor. Satura mi, Señor, con tu Espíritu. Satura mi, Señor, con tu Espíritu. Satura mi, Señor, con tu Espíritu. Y déjame sentir el fuego de tu amor aquí en mi corazón, Señor. Y déjame sentir el fuego de tu amor aquí en mi corazón". Gloria.
Y ahora, nuestro Dios, muchas gracias que me dio. Los bendiga a todos grandemente y que el Señor haga muchos milagros en sus vidas y los bendiga muy mucho. Gracias. Que mi Dios les bendiga. Un besito para todos.
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