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Ya vimos lo importante que es ser testimonio para nuestros ahijados, pues nosotros somos los segundos padres. Por eso nos llamamos "compadres", es decir, los que comparten la responsabilidad de padres.
Y por eso lo que Jaime decía es verdad: cuando alguien me pide que sea padrino de su hijo, siempre le digo algo: "¿Eres consciente de lo que me estás pidiendo? Porque si ser padrino es ser otro padre en la ausencia de los padres biológicos, entonces eres consciente de que me estás dando cierta autoridad sobre tus hijos? Si tu hijo un día se porta mal y hace algo que no debería, ¿eres consciente de que tengo la autoridad para corregirlo?". La mayoría me dicen: "No lo había pensado". Entonces pregunto: "¿Y quieres que, si es necesario, corrija a tus hijos?". Algunos dicen: "No, porque solo yo puedo corregir a mis hijos". Bueno, entonces búscate otra persona.
Y por eso, cuando yo elegí al padrino de mis hijos, yo fui claro con ellos y les dije: "Son como sus hijos y tienen ustedes la autoridad de reprenderlo y de corregirles las veces que sean necesarias". Y entonces uno de ellos me dijo: "No solo eso, también tengo el deber de corregirle a usted si usted no está haciendo las cosas bien". Y lo pensé y tiene razón, porque si el papá, que es el principal educador del hijo, no educa al hijo como debería, ¿qué está haciendo? Impidiendo que el padrino sea un ayudante en la educación, porque el papá, que es el principal responsable de la educación, no educa.
Y ahí es donde él tiene que hablar también con su compadre y decirle: "Mire, yo lo respeto mucho, usted es el papá, pero delante de Dios nos comprometimos a educarlos según la fe de la iglesia, y usted como papá está dejando muchas cosas que desear". Y por eso, yo escuché a un padrecito que decía: "Si tú eres el padrino de los hijos de un matrimonio que no está casado por la iglesia, es también tu deber ayudar a esos padres a que finalmente se casen por la iglesia". Y por eso el padrecito decía: "Si alguien que no está casado por la iglesia te pide que seas padrino para sus hijos, dile sí con una condición: yo acepto ser padrino si ustedes se casan por la iglesia". ¿Para qué? Para que podamos educar al hijo según la fe de la iglesia. Porque queremos que los padrinos sean casados por la iglesia, pero que no los primeros educadores son los papás, no son los primeros que deberían estar casados por la iglesia para que sean testimonio de vida para sus hijos. Pues entonces, de nosotros depende bastante también el hacerle saber al padre del hijo que el responsable en la educación es él, y que el primero que debe de convertirse en testimonio de vida cristiana es él. Y solamente así podremos educar al hijo de manera correcta.
Escuchen lo que dice el libro de Proverbios, capítulo veintidós, versículo seis: "Proverbios veintidós seis". Dice así: "Dale buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará". Escuche bien: "Dale educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará". ¿Por qué hoy encontramos jóvenes y adultos que pareciera que no fueron educados? Porque vieron educadores, no estuvo la presencia educadora de los padres, y tampoco estuvo la presencia educadora de los padrinos. Por eso hoy que tenemos una generación de jóvenes que viven sin valores humanos y sin valores cristianos, la responsabilidad primera es de los padres y segundo de los padrinos. Dejamos de educar al niño, y esto es maravilloso.
Imagínese si de ahora en adelante todos los papás y los padrinos tomaran en serio la educación de sus hijos y de sus ahijados. ¿Qué sociedad tendríamos en unos años? Una sociedad totalmente diferente. Una sociedad más humana. Y sobre todo, una sociedad con valores cristianos. Pero nosotros dejamos que los hijos crezcan sin educarlos, y por eso cuando el hijo es grande, queremos decirle algo, es imposible.
Miren, hay padrinos que nunca se preocupan por la educación de su ahijado cuando el ahijado es pequeño. ¿Sabe hasta cuándo se preocupa? Hasta cuando el ahijado ya cometió muchos errores en su vida. Hasta allí aparece. Yo que hablé con un joven que estaba preso y le hice una pregunta: "¿Por qué llegaste aquí?". Y me dijo: "Porque no sabía lo que hacía. A mí no me enseñaron que tomar cosas ajenas no era correcto. Desde niño yo tomé cosas ajenas. Y era normal. Llegaba a mi casa con cosas que mis papás no me habían comprado. Ellos nunca me dijeron: '¿De dónde lo trajiste?'". Y entonces pregunté: "¿Y tu padrino?". "El padrino nunca apareció en mi casa. ¿Sabe cuándo apareció mi padrino? Hasta ahora que estoy preso". Y él dijo: "Y yo creo que cometí muchos errores en la vida porque nadie me hizo favor de decir por dónde caminar". Y pregunté: "¿Y quién crees que es el principal responsable?". Y me dijo: "Mis papás, pero también mis padrinos que vivían cerca y que nunca se tomaron la molestia de darme un consejo".
Y nosotros perdemos la edad precisa para educar a los hijos por pereza. Todos los seres humanos, los niños, sobre todo, pasan por una etapa que se llama sensitiva. En esa etapa sensitiva, el niño absorbe lo que le enseñe. Y por eso, la mejor edad para educar y corregir a una persona es cuando esa persona todavía es un niño, porque está en la etapa sensitiva. Cuando crece, es difícil corregirle.
Y les voy a poner un ejemplo: hubo un joven que fue preso por robo y lo condenaron a muchos años. Allá encerrado tuvo tiempo para pensar y para preguntarse: "¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Cómo terminó mi vida en esto?". Y el joven se dio cuenta. Que no había llegado solo. Él había crecido con su abuelita. Y llegó a la conclusión que la abuelita había sido demasiado permisiva o alcahuete. "Mi abuelita me dejaba hacer todo, berrinches, lo que yo quería. Y por eso si hoy estoy aquí, no es solo mi culpa. También es culpa de la abuela, que me permitió hacer lo que a mí se me daba a mi regalada gana". Así que él se hizo una promesa: "Cuando yo salga de aquí, me la pagará, porque yo he perdido muchos años de mi vida y mi abuelita tendrá que pagar con los últimos años que le quedan".
Así que, ¿cuándo finalmente salió de la cárcel? Llegó a la casa de su abuela nuevamente. Y le dijo: "Ven, abuelita. Vamos al campo". Y la abuelita pensó que el nieto la llevaba al campo de paseo. Y la llevó donde había un arbolito pequeñito y le dijo: "Abuelita, ¿puedes hacer un arco con este arbolito?". Y la abuelita dijo: "Sí". Agarró la abuelita el arbolito y lo convirtió en un arco. Luego lo llevó a un árbol grande y le dijo: "Abuelita, haz un arco con este árbol". La abuelita vio el árbol y dijo: "Imposible, ese árbol está demasiado viejo. Ya no se puede moldear". Y el joven le dijo: "Abuelita, ¿sabes por qué caí preso? Porque cuando era pequeñito no me moldeaste. Ahora que estoy viejo, intentas moldearme. Ahora es muy difícil". Y entonces le dijo a su abuela: "Abuela, yo perdí varios años de mi vida en la cárcel porque tú no me moldeaste siendo niño. Tú perderás los últimos que te quedan". Dicho esto, agarró a la abuelita del cuello y la colgó del árbol y se fue.
Y uno se hace una pregunta: ¿Tiene sentido el pensar que muchas veces nosotros contribuimos a que un hijo se pierda? Claro, porque el hijo no conoce de la vida. Para el hijo, todas las cosas a veces son del mismo color. ¿Y quiénes son los encargados de enseñar? Nosotros.
Y por eso, escuche: ¿cuál tiene que ser la alegría de un padrino? Tercera carta de San Juan, capítulo tres. Perdón, Primera carta de San Juan, capítulo uno, versículo cuatro. ¿Cuál tiene que ser la alegría del padrino y del papá? Tercera carta de San Juan, tercera carta de San Juan, capítulo uno, versículo cuatro. Es que San Juan tiene tres libros: primera, segunda y tercera. Por eso se dice que San Juan es el santo más rápido, porque tiene primera, segunda y tercera. Dice así: "Nada me causa mayor alegría". Escuche bien: "Nada me causa mayor alegría que saber que mis hijos viven en la verdad".
Escúchelo bien, esto no solamente es para los padrinos, también es para los papás. ¿Cuál es la mayor alegría que tiene San Juan? Que sus hijos vivan en la verdad. ¿Y cuál será la mayor vergüenza de un padre? Que sus hijos no vivan en la verdad. ¿Cuál es entonces la satisfacción más grande de un padrino? El ver como sus hijos espirituales viven en la verdad.
Mi padrino de confirmación ahora orgullosamente dice: "Dimas es mi ahijado", pero él nunca hizo algo por mí, nunca me dio un consejo. Y por eso, aunque él hoy se pare el cuello y diga: "Nombre, Dimas es mi ahijado", él no puso ni un granito de arena para que yo fuera la persona que soy. Yo estoy aquí gracias a mis padres, porque mis padrinos brillaron por su ausencia.
Hay que llevarla al árbol. Mi madrina de bautismo, escúcheme bien, nunca me ha dado un solo consejo en toda la vida y vive hasta el día de hoy. Y uno se pregunta: ¿De qué puede estar orgulloso un padrino que no da ni un solo consejo? En cambio, el padrino que de verdad asume su responsabilidad, su mayor orgullo será ver cómo sus ahijados viven en la verdad. Y que ese sea el anhelo de nuestro corazón para todos los que somos papás. Mire, el deseo más grande de nosotros debería de ser que nuestros hijos no solamente sean felices aquí, sino que sean felices en la vida venidera. El gran problema es que nosotros no tenemos ese deseo en nuestro corazón. Por eso, la mayoría de nosotros no desea que uno de sus hijos sea santo. La mayoría de nosotros no desea tener un ahijado santo. ¿Por qué? Porque no hemos entendido el valor de esta vida y ni siquiera el valor de la vida venidera.
Miren, ¿qué es lo que se necesita para disfrutar de la vida eterna? Voy a leerles un texto, porque yo sé que muchos de ustedes quieren ir al cielo, pero escuchen lo que se necesita para ir al cielo. Hebreos doce catorce: "Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa, pues sin la santidad nadie podrá ver al Señor". ¿Qué se necesita para ver a Dios? Cuando finalmente llegue la hora de morir, dos cosas se necesitan: estar en paz con todos y morir en... porque el que muere en santidad tiene la certeza de que verá a Dios.
Todos queremos ver a Dios, pero la pregunta es: ¿Quién está luchando para llevar una vida santa? ¿Quién de verdad se preocupa por llevar una vida santa? Nadie. Hablar de santidad suena a locura. Cuando se habla de ser radicales, de tomar una decisión: o soy de Cristo o estoy contra Cristo, o le doy mi mano al Señor o se la doy al demonio. Pero no se puede jugar a darle una mano al Señor y la otra al demonio.
Eso me lo explicó mi papá, facilito. Mi papá dice que tenía una novia, ¿a quién quería mucho? Y que un día salió él a pasear con su novia ahí por las calles y de repente apareció el otro novio. Y que cuando mi papá volteó a ver, el otro novio ya le había tomado la otra mano, así que la chica llevaba un hombre a cada lado, tranquila. Mi papá dice: "Yo le apretaba la mano así como: '¡Suéltalo!'". "No". Y la chica, relajada. Dice mi papá: "Caminamos como cinco cuadras llevando cada uno una mano de la chica, y cuando yo me di cuenta que la chica no se atrevía a soltar al otro, la solté yo y nunca más la volví a buscar". Y mi papá me dijo: "Así mismo es el hombre con Dios. El hombre tiene que decidir a quién le va a entregar su mano: a Dios o al demonio".
Porque Jesús dijo que no se puede servir a dos señores, porque se ama uno y se desprecia al otro. Y saben qué es lo que me preocupa a mí: que la mayoría de los cristianos preferimos despreciar a Dios para agradar al demonio. Y por eso es que, por más que deseemos del cielo, yo quiero ver a Dios cuando me muera, pero ¿estás viviendo en santidad? Porque si tú eres el modelo de vida para los que vienen detrás de ti, preocúpate de ser inspiración para ellos.
Yo no sé qué desea su corazón, pero a mí sí me gustaría tener un hijo santo. Aquí en Sucúa tienen el testimonio de Sor María Troncatti. Yo había venido bastantes veces y nunca me había preocupado por conocer su vida. Vine en septiembre y ahí me tomé la molestia por leer su biografía, quedé fascinado. Y quisiera conocer más de la vida de esa mujer, porque verdaderamente es testimonio de santidad.
Y les voy a contar algo que no les he contado a nadie. Yo me fui de aquí cuando mi hija estaba enferma, estaba hospitalizada al borde de la muerte. Y solo recibía llamadas que me pasaban noticias cada vez peores. Recuerdo que cuando llegué a Quito, tenía bastantes horas para dormir en el hotel, mínimo unas seis horas antes de tomar el vuelo. Intenté dormir y justo estaba intentando dormir cuando me llama mi hermano y me dice: "Tu hija pasará a terapia intensiva". Y yo solo te aviso para que seas valiente. Y no la pasaron a terapia intensiva solo por una razón: porque no había un sitio disponible. Y cuando finalmente llegué al aeropuerto a las dos de la mañana, sin dormir y sin ganas de dormir, sin ganas de comer, sin ganas de hacer nada, porque tú sabes que tu hija se está muriendo y tú estás lejísimos.
Me acordé de que había ido primero a Perú y en Perú me regalaron la estampita de una beata. No su nombre, pero creo que de cariño le dicen "Conchita". Yo nunca le había pedido intercesión a un santo. Yo recuerdo que les había predicado: "Mi santo favorito es San Francisco de Asís", y nunca le he pedido intercesión, porque a mí no me interesan tanto los milagritos que me puedan hacer. A mí me interesa su testimonio de vida. Y yo no sé por qué, algo en mi corazón me decía: "Busca entre tus cosas". Abrí mi Biblia y encontré la estampita de la beata Conchita. Y dije: "Bueno, puedo pedir la intercesión de ella". Pero como que no me daba paz. Me acordé que llevaba una estampita que me habían regalado las religiosas de Sor María. Entonces empecé a pedirle a Sor María Troncatti que intercediera por mi hija. Sobre todo por una cosa: Sor María Troncatti amó esta zona de la Amazonía, y por esta zona de la Amazonía estuvo dispuesta a morir. Entonces le dije: "Sormaría Troncati, tú más que nadie entiendes porque estoy lejos de mi casa. Estoy lejos de mi casa por culpa de la tierra que más amaste. Así que échame una manita".
Cuando llegué a Panamá, mi esposa me mandó un audio y me dijo: "Mira, es difícil que nuestra hija se salve. Yo ya la entregué a las manos de Dios. Mi corazón ya se preparó para lo que sea". Eso sí, no cabe en mi cabeza. Dije yo: "Yo no estoy preparado para eso". Y si ella dice que ya preparó su corazón para lo que sea, yo no. Y me acuerdo que ahí sí me dio ganas de decirle a Dios: "Señor, si quieres que sea tu amigo, piénsalo bien antes de que permita que las cosas sucedan, porque si mi hija se muere, me voy a enojar contigo". No se lo dije, pero lo pensé.
Y cuando llegué finalmente al hospital, yo tenía la esperanza que cuando mi hija me viera, se alegrara, porque siempre le gusta estar más conmigo que con su mamá. Y por eso dije: "Cuando yo llegue, ya se va a alegrar". Y me acuerdo que cuando llegué, entré al hospital, llegué a la una de la mañana, solo abrió los ojos, me vio y los volvió a cerrar. Y le pregunté: "¿Sabes quién soy?". Y me dijo sí, moviendo la cabeza. Y entonces se puso a llorar y dijo: "Mi mamá me salí porque qué quería a su mamá y no a mí". Ahí también entendí el valor de una mamá. Al padrino de mi hijo le había pedido: "Compadre, déjeme su carro, voy a dormir en él". Estacionó un carro frente al hospital, ahí me fui a dormir. Y me acuerdo que esa noche le pedí tanto la intercesión a Sor María Troncatti y dormí. Lo curioso es que al otro día, yo no creo en esas cosas. Después lo pensé y dije: "Algo tuvo que suceder aquí". Abrí el carro y lo primero que vi al amanecer fue un gran arcoíris. Y el arcoíris se forma solo cuando llueve, y esa vez ni siquiera había llovido, ni en la mañana ni la tarde anterior. Pero yo solo vi el arcoíris y se me hizo raro.
Después me tomé el tiempo para leer el libro de la biografía de Sor María Troncatti y me di cuenta que el arcoíris había sido un signo que había acompañado la vida de Sor María Troncatti por mucho tiempo. Solo quedaba una duda. Dije: "Bueno, lo único que me falta comprobar es ¿en dirección a qué apareció el arcoíris?". Así que fui a imprimir un mapa del continente americano, me situé de dónde estaba en dirección al arcoíris y me di cuenta que justamente el arcoíris había aparecido en la dirección que estaba el Ecuador. Entonces yo creo y estoy convencido que Sor María Troncatti de alguna manera, como decimos en México, "metió la mano" para que mi hija se recuperara.
Y desde allí, yo me hice una pregunta: ¿Por qué en Sucúa no se valora el testimonio de esta mujer tan valiente? ¿Por qué Sor María Troncatti es una mujer desconocida en Ecuador? Porque no nos interesa la santidad. Y después recordé cómo es que me interesé de la vida de Sor María Troncatti. Se había venido bastantes veces y me acuerdo que Amaru me llevó a ver el museo. Y mientras yo miraba los objetos y la religiosa que me llevó en el tour me enseñaba los objetos, ella decía: "Toque si quiere, toque si quiere". Yo tenía pena tocar porque en los museos de los santos no te dejan tocar. Y yo no sé por qué, sentía que tocar algún objeto me iba a servir. Yo decía: "Esto me va a servir en algún momento de mi vida". No pasaron dos días y ya andaba necesitando de eso.
Y por eso, nosotros debemos buscar la santidad, más que nadie. Porque nosotros tenemos un testimonio de santidad entre nosotros. Y por eso yo deseo que uno de mis hijos sea santo, por lo menos uno. Pero ¿qué sería lo mejor que nos puede pasar a los papás? Que nuestros hijos vivan en la verdad. ¿Qué es lo mejor que nos puede pasar a los padrinos? Que nuestros ahijados vivan en la... Imagínese, ¿qué sentirá el corazón de una persona que sabe que su hijo, que su hijo es santo? En Guatemala beatificaron a un niño, a Juanito. Y cuando a Juanito, ahí estuvo presente su mamá. Y yo me hago una pregunta: ¿Qué sentirá el corazón de una mamá al saber que tiene un hijo que es beato? Es lo mejor que te puede pasar en la vida.
Yo recuerdo que hablé con un padrecito allá en la casa de los Salesianos el año pasado, cuando cumplió años Monseñor Pedro. Y un padrecito se acercó y me dijo: "Oye, ¿a que tú no sabes quién es mi madrina?". Y le dije: "No, adivínalo". "Yo no lo conozco". Y me dijo: "Mi madrina es Sor María Troncatti". Y todavía dijo: "De todos mis hermanos sacerdotes, soy el único que tiene una madrina que es beata". Ah, me dio envidia por él. Y yo también quisiera que mi madrina fuera beata. Yo también quisiera que mi padrino sea santo.
Qué orgullo siente el ahijado en su corazón cuando su padrino y su madrina es un ejemplo de vida. Pero ¿qué sentirá la ahijada en su corazón cuando mira que el padrino es todo lo contrario? Hoy yo les puedo decir una cosa: yo elegí a mi padrino de confirmación. Él lo digo sin miedo. Si un día el padrino ve este video, le va a servir de algo. Estoy arrepentido de haber elegido a ese hombre de padrino, porque nunca fue testimonio de vida para mí. Nunca me ha dado un solo consejo. No porque lo necesite, yo sé pensar por mi cuenta. Pero qué padre sería tener a una persona que por lo menos te ayude a tomar decisiones más sensatas. El saber que de verdad te ve como un hijo espiritual. Hoy veo a otra persona y siempre le digo a mi papá: "Yo no sé por qué elegí al padrino que tengo, bien pude elegir a esta otra persona que es un verdadero testimonio de vida".
Nuestra misión como padres y como padrinos es ayudar a que nuestros hijos alcancen la santidad. Y nuestros hijos podrán caminar en ese camino que nos lleve a la santidad si nosotros somos los primeros que caminamos. Mire, al hijo no se le puede pedir que camine por un camino que usted no está dispuesto a caminar. El hijo termina caminando los caminos de su padre. Eso lo sé yo. Cuando yo era niño, mi papá me llevaba a predicar. Me cargaba. A veces en carro, a veces a caballo, a pie, como fuera. Recorrí muchos lugares. Lloro de chiste, mi papá siempre cuenta: "A esa comunidad ya fui". Y yo digo: "Yo también". Y me pregunta: "¿Cuándo?". "Pues cuando iba con usted". Hoy que soy viejo, he pasado de nuevo por muchos de esos caminos y yo recuerdo cómo es que pasé aquí la primera vez. Y me acuerdo la primera vez pasé por este camino cuando quien venía a predicar aquí era mi papá y yo venía con él para acompañarlo. Hoy, hoy me toca recorrer ese camino solito, porque voy a hacer lo que mi papá me enseñó. Y me gustaría hacer ese mismo testimonio para mis hijos, que un día uno de mis hijos haga lo que yo hago. Mi papá. Mi papá dice: "Yo puedo morir en paz. Tengo un sucesor. Lo que yo hacía, hay alguien ya que lo hace mejor y por eso puedo morir". Y yo digo: "Yo también quisiera que un día uno de mis hijos haga lo que yo hago, porque para mí, mi mayor orgullo será que mis hijos se mantengan en el camino de la verdad".
Ahora, pero ¿cómo se logra tener hijos que busquen la verdad y que busquen la santidad? Aquí les los consejos: ¿Cómo lograr que nuestros hijos y nuestros ahijados caminen por ese camino de la verdad y que busquen la meta final de todo bautizado, que es la santidad?
Primero, orando por ellos. El padrino debe tomar un tiempo cada día para orar por sus ahijados. Así como oramos por nuestros hijos, deberíamos orar también por nuestros ahijados. Miren, hay sacramentos que crean un vínculo con la otra persona de parentesco tan fuerte, hasta el grado de que nuestros hijos no se pueden casar con nuestros ahijados. Por ejemplo, nuestros ahijados del bautismo son prácticamente nuestros hijos según la carne. Nuestros hijos no se pueden casar con nuestros ahijados de bautismo. Y por eso, así como oramos por nuestros hijos, debemos orar por nuestros ahijados.
¿Saben cuál es el mayor problema? Que muchos de nosotros ni siquiera sabemos orar por nuestros hijos. Seamos sinceros. La mayoría de los papás no dedican un tiempo cada día para orar por sus hijos. Y mire, proveer materialmente es asegurar solo la vida material, pero la oración asegura la vida espiritual de los hijos.
Les voy a poner un ejemplo: saben por qué nuestros hijos no son felices, ¿por qué el ser humano, por más que tiene y por más que alcanza, no es feliz? Por esta razón: el ser humano no solamente es materia, también tiene un alma que es espiritual. Y cuando el hombre crece solo materialmente, pero no espiritualmente, el hombre no alcanza su plenitud y se pasa por la vida sin encontrar el sentido de su existencia.
Y cuidado con estos padrinos. Hay padrinos que creen que ser padrino es proveer materialmente. Y por eso dicen: "No, yo soy un buen padrino. Siempre que encuentro a mi ahijado, le doy sus veinte dólares". Y miren, hay papás que no saben. Hay papás que buscan a los padrinos por dinero. Y por eso: "¿Quién le puede dar más a mis hijos?". Yo por eso le digo a mis compadres: "Miren, no quiero cosas materiales, no quiero dinero, no quiero regalitos, porque si ustedes proveen materialmente a mis hijos, se van a olvidar de lo más importante que es la formación espiritual". Y sin embargo, la mayoría de los padrinos, al igual que los padres, nos quedamos solo proveyendo materialmente.
Y escúcheme bien: cuando Dios hizo al hombre, según el Génesis, capítulo dos, versículo siete, Dios lo hizo con dos naturalezas. El Génesis dos siete dice textualmente lo siguiente: "Entonces el Señor formó al hombre con polvo de la tierra, luego sopló en su nariz y le dio un aliento de vida, y existió el hombre como un ser viviente". Escuche bien: nosotros fuimos formados del polvo de la tierra, pero también se nos dio un aliento de vida. El polvo de la tierra es nuestro cuerpo y el aliento de vida es nuestra alma.
Y por eso yo comparo al hombre con una botella de agua. Aquí hay dos cosas: aquí hay un envase y un contenido. ¿Qué es más importante aquí? ¿El envase o el contenido? El contenido. Yo no compro una botella de agua por el plástico. Yo compro una botella de agua por el agua. Y por eso, cuando la botella pierde el contenido, ¿a dónde va a parar? A la basura, porque lo más importante será siempre el contenido.
Mire, el hombre es igual. Nuestro envase es nuestro cuerpo, nuestro contenido es nuestra alma o espíritu. ¿Cuándo es que el hombre no encuentra sentido a su vida? Miren, cuando el envase es más grande que el contenido. Miren, si este es el envase, este es el cuerpo. Este cuerpo tuvo materialmente todo para crecer y creció bastante, pero como espiritualmente no se le dio nada, solo creció un poquito. Y ¿qué es lo que queda en ese envase? ¿Cómo se llama esto? Vacío. ¿Por qué el hombre tiene vacíos existenciales? ¿Por qué el hombre a veces llora y no sabe por qué llora? "Me falta algo, pero no sé qué me falta". Porque tiene un vacío. ¿Por qué? Porque solo creció físicamente, pero su espíritu no ha crecido.
Y por eso, escúcheme bien, hubo un padrecito que un día nos compartió un pensamiento y nos dijo: "Dimas, tú que vas a tantos sitios, llévate un mensaje". Y le dije: "¿Cuál es el mensaje, padre?". Y me dijo: "Dile a las personas que cuiden su alma como cuidan su cuerpo". Escuche bien: "Que cuiden su alma como cuidan su cuerpo". Y le dije: "Va, padre. Gracias por el consejo. Lo voy a llevar". Pero después dije: "Oiga, pero como que no le entiendo mucho. A ver, explíquese, sea un poquito más claro, más preciso para que con facilidad podamos explicarlo".
Entonces llamó a un joven y dijo: "Ve". El joven estaba bien cambiado, bien elegante. Y dijo: "Mira, este joven cuida bien su cuerpo. Mira, hasta el gimnasio va, musculoso. Pero mira cómo cuida su cuerpo. Mira, tiene una gorra, cuida su cabeza. Tiene una camisa bien bonita. Tiene un pantalón bonito. Tiene zapatos. Mira, hasta un perfume se puso para tener buen olor. Todo eso tiene su cuerpo". Y ahora le pregunto al joven: "Joven, ¿todo esto tiene tu cuerpo? ¿Qué tiene tu alma?". Y el joven dijo: "No sé". "Tu alma está desnuda, tu alma no tiene nada". Y preguntó al joven: "Joven, ¿cuántas veces comes al día?". "Por lo menos tres, padrecito". "¿Y cuántas veces alimentas tu espíritu al día?". "Yo voy a misa cada domingo". Pero estoy preguntando: "¿Cuántas veces alimentas tu alma al día?". "Y ¿por qué no comes solo los domingos también?". "Ah, no, me muero". "Cuida tu alma como cuidas tu cuerpo".
Y luego le preguntó: "¿Cada cuánto te bañas?". "Ah, todos los días, padrecito, hasta dos, tres veces al día". "¿Cada cuánto te confiesas?". "Años han pasado". ¿Qué pasa con un cuerpo que no se baña? Apesta. ¿Cómo estará nuestra alma? Apesta. ¿Por qué? Porque solo nos preocupamos por nuestro cuerpo. Y el padrecito concluyó con una frase que me impresionó y dijo: "Si cuidáramos nuestra alma como cuidamos nuestro cuerpo, no habría personas en el infierno". Grábese bien eso: "Si cuidáramos nuestra alma como cuidamos nuestro cuerpo, no habría personas en el infierno".
Sin embargo, nosotros somos tan cuidadosos ahorita, hasta alcohol llevamos, antibacterial, se nos cae algo, ya no lo levantamos porque dice que tiene bacteria. Pero a nuestra alma le metemos cualquier porquería. Pura basura le metemos a nuestra alma y nuestra alma, lejos de tener buen olor, parece un basurero.
Mire, el alma tiene dos ventanas o dos puertas por donde entran cosas: los ojos y los oídos. Le hago una pregunta: ¿Qué es lo que ve usted en la televisión? ¿Cosas que hacen crecer su alma o pura basura? ¿Qué nos ofrecen los programas de televisión hoy? Pura basura. Y miren, mientras más "chafa" sea el cómico, más famoso es. En México, antes habían cómicos muy buenos, por ejemplo, Cantinflas, que para mí es el mejor. No me gusta la serie del Chavo del Ocho ni nada de Chespirito por una razón: porque Chespirito siempre hace parecer al pobre tonto. Y porque se puede predecir, si el Chavo lleva un vaso de agua, ya sabes que lo va a tirar. Es demasiado predecible. ¿Saben qué me encanta de Cantinflas? Que Cantinflas aborda problemas sociales de cómica, pero dice una gran verdad. Hoy nuestros cómicos de México son una vergüenza. Hay un cómico mexicano que se ha hecho muy famoso con el nombre de Brinco Dieras. Pura tontería dice, puras burradas. Y yo no sé cómo hay gente que llena los estadios para ir a escuchar puras tonterías. Cuando yo veo que hay gente que llena los estadios para escuchar al Brinco Dieras, digo: "Esos no cuidan su alma. Esos llenan su alma de porquerías".
¿Qué escuchamos? ¿Qué música cree que escuchamos? ¿Música que nos hace más inteligentes o música que nos embrutece? Mire, la mayoría de la música embrutece a las personas. Escuchen la mayoría de las canciones denigran la dignidad de la mujer. A la mujer la ven como objeto y la hacen sentir miserable. Hay una canción de un cantante mexicano que se ha hecho bien famosa que se llama "El Soltero Feliz", que dice que es el que duerme con una y amanece con otra. Y la mujer ahí anda bailando "El Soltero Feliz". Si escuchara que esa canción denigra su dignidad. Escuchen los reggaetoneros, casi los reggaetoneros por naturaleza denigran a la mujer. Y toda esa porquería dejamos que entre a nuestra alma y por eso, ¿en qué se convierte nuestra vida? En una porquería. Vivimos peleando. Dormimos en la misma cama y no nos soportamos. Yo a veces me pregunto: ¿cómo harán esos que viven peleando para tener intimidad? Si dice que ya no se soportan, que ya no se aman, que se viven mal diciendo, ¿cómo para eso se pueden poner de acuerdo?
Hay una señora que me decía: "Hermano, mi marido nunca, nunca, nunca me habla bonito. De gorda, de fea, de vieja, de... ahí no me baja. Que soy inútil, que soy una burra, que soy todo". Y la única vez que se me acerca y me dice: "Gordita", ah, ya sé que quiere. Y cuántos hombres ven a la mujer como objeto. Y por eso la tratan bien solo cuando la necesitan. Y por eso hay hombres que se la dan de muy, como decimos en México, de muy gallitos, que se creen demasiado. Digo: "Dime cómo tratas a tu mujer y te voy a decir la calidad de persona que eres". Porque aquí puedes venir que eres Juan, "camaney", y que eres muy importante. Mira, si no respetas a la mujer que es la madre de tus hijos, tu vida es una porquería. ¿Para qué nos engañamos? Porque hay gente que no es muy amable y todo, pero ¿cómo trata a sus hijos? Como animales. Y cómo esos pueden ser testimonio de vida para otro. ¿Cómo puede un hombre maltratador que humilla a su mujer ser testimonio de vida para su ahijado? Y si un día el ahijado maltrata a la mujer, ¿con qué cara le va a ir a decir al ahijado: "No maltrates a tu mujer"? Si él es el primero que maltrata la suya. Con qué cara.
Muchos no tenemos autoridad moral para corregir a nuestros ahijados, porque nosotros estamos caminando por un camino que nos lleva a tener una vida miserable. Y por eso, hoy es un buen día para pensar en lo que hay en nuestra vida y decir: "Dejémonos de fingir". Yo puedo venir aquí bien "pingüino" para el día del sacramento, acá bien elegante, oliendo rico. Y hay gente que invierte tanto en perfumes caros, que no es malo. Pero solo se preocupa oler bonito por fuera. Pero abre la boca, y en su corazón hay un basurero.
Yo por eso trabajé en una empresa japonesa y el japonés me dijo: "Dimas, en esta empresa no vamos a cometer los errores del pasado". Una empresa que tenía el japonés se fue a la quiebra porque la puso en manos de mexicanos. Y los mexicanos no estamos capacitados para vivir en libertad, hacemos de nuestra libertad un libertinaje. El japonés me dijo: "Díganse en esta empresa, no vamos a corregir, no vamos a cometer el mismo error, vamos a corregir los errores. Y una de las primeras cosas: no le vamos a dar autoridad a los tontos". Así que vamos a seleccionar el personal. En la antigua empresa habían ingenieros que se graduaban en la Universidad Iberoamericana. De la Iberoamericana entraban solo por decir de dónde venían. "Si es de la Iberoamericana, contrátalo, aunque no haya vacantes. Luego vemos a quién corremos". Hasta que nuestra empresa se hizo un relajo. Y le dije al japonés: "Si usted me permite, yo voy a seleccionar el personal". Y por eso, cuando había una entrevista de trabajo: "¿De dónde vienes?". Rapidito me sacaban. "Mira, graduado de la Iberoamericana". "Papeles, no me interesan. A mí me interesa la calidad de persona, porque tendré una calidad de producto si tengo una en mi personal". Así que primero cuéntame sobre ti. Ahora sí que como dijo la canción: "Dime, ¿a qué dedicas tu tiempo libre?". "Ah, no, me voy de pinta con mis...". "¿Bebes?". "¿Te gusta la cerveza?". "Sí". "¿Te emborrachas?". "Sí". "Descartado. Con este no puedo trabajar". Se emborracha el viernes, el sábado y el domingo. ¿Cómo va a llegar el lunes? Medio fumigado todavía, como cucarachas recién rociada con Baygon. ¿Usted cree que ese que malgasta su dinero en lo que no vale, va a ser un empleado responsable? Descartado, no te queremos aquí, fuera. Me metí a sus perfiles de Facebook. ¿Qué publica? Porque eso que consiente que está en su perfil, lo consiente aquí en su cabeza. Primero, y como están sus cosas, estará su cabeza. Era difícil entrar a trabajar ahí, pero solamente así aseguramos la estabilidad y la competencia de la empresa.
Y por eso, si eso hacemos con una empresa, ¿por qué no hacer eso con los seres humanos? ¿Qué es más importante, una empresa o la vida de un hijo? ¿La vida de un hijo? Estamos tratando con personas y por eso somos padrinos, porque nos comprometemos a ser modelos de vida. Y si no somos modelo de vida, si no podemos vencer ni siquiera el vicio del trago, ¿qué otra cosa, pues?
El hombre se conoce por sus triunfos, y el hombre más sabio no es aquel que conquista una nación entera. El hombre más sabio es aquel que se conquista a sí mismo, que lucha con sus defectos y los vence. Yo siempre le digo a uno: "¿Qué puede más una botella de alcohol que tu inteligencia?". Yo pensaba que eras muy inteligente, pero si te domina una botella de alcohol, ¿dónde queda lo inteligente? Si eres esclavo de las cosas, ¿dónde queda tu inteligencia?
Por eso, nadie puede dar lo que no tiene. Primero nosotros tenemos que convertirnos en testigos de Cristo y llevar una vida cristiana auténtica. Y entonces, ahora sí, podremos decir, como dice el Chapulín Colorado: "¡Síganme los buenos!", porque nosotros ya sabemos por dónde está el camino.
Para terminar, usted se iría para Estados Unidos con alguien que nunca ha ido a Estados Unidos, ¿sí o no? ¿Le pagaría para que se lo lleve a Estados Unidos? No. Uno no paga con quien no conoce el camino. El que conoce el camino y conoce por dónde hay que meterse y pasar, ahí sí. Mire, ¿saben por qué mueren muchos migrantes en México? Porque muchos la juegan al valiente. "Ah, no, eso de llevar gente a Estados Unidos es fácil, yo me voy y me llevo unos". En México dominan los dominan los carteles de la droga. Para pasar por una ciudad tienes que pagarle a un cartel. Y cuando un "ba" quiere meter gente por una ciudad y por un camino sin hablar con el cartel de la droga, y el cartel de la droga te encuentra, no la cuentas.
Hace unos años, en un estado del norte de México, mataron a ochenta migrantes centroamericanos porque los encontró el cartel de la droga pasando por el territorio que ellos dominan sin haberse reportado, y los quemaron vivos. Ochenta. Por eso yo digo: ¿ir con quien no conoce el camino? Es la peor decisión que puedes tomar. Nosotros somos padrinos, significa que nosotros conocemos el camino. Y por eso los papás confiaron en nosotros y nos dijeron: "¿Sabe qué? Queremos que usted guíe a mis hijos". ¿Pero qué tipos de guías vamos a hacer? ¿De esos ciegos que se van nomás a ver qué pasa? Acuérdense que un ciego no puede guiar a otro ciego. Primero hay que conocer el camino para dirigir a otro.
Pidamos entonces a Dios que nos dé primero la humildad de reconocer que tenemos muchas cosas todavía con las que debemos luchar. Pero mire, somos frágiles, pero si tomamos la decisión de decir: "Señor, yo sí quiero ser diferente, yo quiero cambiar, quiero ser modelo de vida". Y no tanto porque sea padrino, porque soy papá. Porque más que mis ahijados, a mí me deberían de preocupar mis hijos. Si una persona no cambia de vida por sus hijos, no de vida por nadie más. Y las mujeres lo saben. Muchos hombres, ¿qué prometieron? "No, cuando me casé contigo, voy a cambiar". ¿Cambió? No. Nacieron los hijos. ¿Cambió de vida? Sigue siendo el mismo sinvergüenza todavía. Y ahora cree que porque tener un ahijado va a cambiar de vida.
Si es humilde, sí. Si pide ayuda y reconoce: "Solo no puedo, con la gracia de Dios, sí. Si Dios me da la gracia, puedo". Y por eso hubo un santo que le dijo a Dios: "Señor, dame tu gracia y después pídeme lo que quieras". Pidamos a Dios lo mismo: "Señor, dame tu gracia, dame la humildad, hazme valiente. Y después de eso, pídeme lo que quieras. Estaré en la disposición de ser un verdadero guía espiritual".
Muchas gracias por su atención y que Dios les bendiga.