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Es considerada el pulmón verde de la tierra y un gran tesoro de la biodiversidad, la selva del Amazonas. Miles de millones de árboles absorben enormes cantidades de dióxido de carbono y producen valioso oxígeno. Con ello, esta selva hace un aporte decisivo al control del calentamiento global, una función importante que se ve amenazada por la creciente deforestación.
Científicos de todo el mundo observan y analizan la selva tropical desde hace décadas. Hace unos 15 años se hizo un descubrimiento extraordinario: por encima de las copas de los árboles, el fenómeno de los ríos voladores. Antonio Nobre investiga el clima en la Amazonia desde hace 40 años. "Este árbol es como un géiser verde. Cada día bombea 1000 litros de agua desde el suelo a la atmósfera. Estos son los verdaderos artífices del clima."
En sus investigaciones sobre los ríos voladores y su rol en el gran motor climático, Antonio Nobre se encontró con algunos enigmas. En todo el planeta, los vientos siguen un patrón determinado, con una excepción: la región del Amazonas. En un estudio a gran escala, desde América del Sur hasta Siberia, Nobre demostró que los bosques tienen una relevancia fundamental en la regulación del clima global.
Con el descubrimiento de los ríos voladores, la selva amazónica cobra una perspectiva totalmente nueva. La expresión "ríos voladores" suena paradójica. Nos hace imaginar grandes corrientes de agua fluyendo en el cielo, pero esos ríos no transportan agua líquida como en la tierra, sino vapor de agua.
El término fue acuñado por el climatólogo José Marengo. Su colaboración con otros colegas para el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático fue distinguida con el Premio Nobel. El científico peruano ha participado en numerosos estudios sobre el clima en Sudamérica. "En meteorología se sabe que los vientos soplan especialmente fuerte en algunas regiones. Cuando yo estaba en Estados Unidos, reconocimos esos patrones. Descubrimos que hay regiones que funcionan como estrechos canales hídricos y que son de extrema importancia para el monzón en la India o aquí en Sudamérica."
Y luego apareció el estudio de los profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, presentado en 1998. A los investigadores estadounidenses les llamó la atención la presencia de unas bandas estrechas de miles de kilómetros de longitud en las imágenes satelitales. Estas bandas pueden verse durante días y están compuestas de vapor de agua. Los científicos llaman a ese fenómeno "ríos atmosféricos". "No son nuevos, existen desde que se hacen observaciones, son parte del ciclo."
Los ríos voladores fueron descritos por primera vez a finales del siglo pasado. Uno de ellos aparece con frecuencia sobre Sudamérica. El primero en interesarse por este río de nubes fue un ecologista que, como piloto, conocía muy bien los cielos de la Amazonia. Gerard, brasileño por elección y aventurero, solía viajar por el turbulento espacio aéreo para la Agencia Nacional de Aguas de Brasil.
"No es fácil volar sobre la Amazonia. La selva es densa, hay pocos aeródromos, nubes bajas y mucha lluvia." Moss comenzó a cartografiar el curso de los ríos voladores.
"Comenzamos en Belén. La masa de aire se desplazaba según lo esperado en dirección a Acre, luego giraba hacia el sudeste, pasando sobre Mato Grosso y sobre Sao Paulo hacia el Atlántico. Antes de llegar al sur del continente, las masas de aire se encuentran con los Andes. Esta barrera de 6000 metros de altitud desvía la corriente." Como lo mostró un experimento llamado Celjares, liderado por José Marengo. "Fue un ensayo de campo que desarrollamos de forma conjunta con Estados Unidos, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina. Queríamos más información sobre la estructura y funcionamiento en Sudamérica de la corriente en chorro de bajo nivel, de la que sabíamos muy poco."
Las mediciones al pie de los Andes muestran que esta masa de aire extremadamente dinámica contiene mucha humedad. Las masas de aire del Atlántico fluyen hacia la cuenca del Amazonas y luego chocan con los Andes, donde se desvían y aceleran. Y en ese punto, parecen un río. De ahí el nombre de "río atmosférico" o "corriente en chorro de bajo nivel". Demuestra la existencia de una corriente de aire cargada de humedad, alimentada principalmente por los vientos alisios del Atlántico, y a la que en verano se le suma otra corriente subtropical. Esta masa de aire atraviesa la Amazonia en dirección a los Andes, donde se desvía hacia el sur. Un auténtico río volador.
Alguien que sabe lo importante que son estos flujos de humedad es el geocientífico Antonio Nobre, del Instituto de Investigaciones Espaciales de Brasil. "En mi investigación sobre la influencia de la selva amazónica sobre nuestro clima, me encontré en el 2006 con una región sudamericana a la que bauticé como 'cuadrilátero de la suerte'. Se extiende desde Cuiabá en el norte hasta Buenos Aires en el sur, desde Sao Paulo en el este hasta los Andes en el oeste. Y en el centro de esta zona se encuentran las cataratas más bellas del mundo, lo que significa que hay una sorprendente cantidad de humedad en este cuadrilátero."
En el cuadrilátero de la suerte se encuentran las Cataratas del Iguazú, una de las siete maravillas naturales del mundo. Sin la humedad de los ríos voladores que cae en forma de lluvia más al norte, este espectacular paisaje no sería posible. El cuadrilátero de la suerte tiene la mayor densidad de población de Sudamérica. Es el corazón del subcontinente. Aquí se produce gran parte de su riqueza.
Pero, ¿por qué es tan próspera y tan húmeda esta región? A su misma latitud se encuentran desiertos como el de Namib y el Kalahari en África, y el Outback en Australia. Al otro lado de los Andes está el desierto de Atacama, uno de los más inhóspitos del planeta. Y luego tenemos el cuadrilátero de la suerte, en una zona donde debería haber un desierto. Pero, ¿por qué no lo hay?
Al oeste de los Andes se extiende el desierto de Atacama, donde en algunos lugares pasan décadas sin lluvias. A la misma altitud, al este de los Andes, en cambio, hay campos fértiles. No es casualidad, sino que tiene que ver con la circulación atmosférica, más concretamente con la llamada célula de Hadley. La cuestión es: ¿por qué todos los desiertos de la tierra están situados a unos 30 grados de latitud norte y sur? No es casualidad. ¿Qué ocurre allí? Los rayos solares que llegan hasta el Ecuador calientan el suelo y el aire. El aire asciende por convección porque es más liviano y se desplaza a latitud superiores. En su camino, pierde la humedad, llueve. Después, el aire está seco y caliente y se mueve hasta los 30 grados de latitud sur y norte. Allí desciende, quita la humedad del suelo y se forman los desiertos. Esta circulación se denomina célula de Hadley y explica por qué los desiertos están donde están. Con una excepción: el cuadrilátero de la suerte.
¿Por qué? Para comprender cómo funcionan los ríos voladores, nos adentramos en el corazón de la selva. Las precipitaciones allí son impresionantes. El agua está en todos lados, en forma visible e invisible.
La extensa cuenca del Amazonas evidencia la riqueza de lluvias de la región. Pero, ¿qué rol desempeña la selva tropical en el ciclo del agua? ¿Hasta qué punto contribuyen los incontables árboles a la formación de los ríos voladores? Nuestra búsqueda nos lleva a una zona protegida: la Reserva de Tapajós. Aquí, la Universidad de Arizona y el Instituto Brasileño de Investigaciones del Amazonas operan una estación científica con varios instrumentos. Se mide la "respiración del bosque". Esto incluye la fotosíntesis, un proceso en el que los árboles convierten el dióxido de carbono y el agua en oxígeno y azúcares. La función clorofílica es un valioso indicador de la salud del bosque.
El ecólogo brasileño Leonardo Sicardi trabaja aquí regularmente. Su objetivo es determinar la actividad fotosintética real del bosque. Según Sicardi, los datos satelitales sobre fotosíntesis son inexactos porque solo toman en cuenta el follaje de la parte superior de la selva. "Apenas lo toma el sol, se va, como si fuera a propósito. En la selva amazónica hace falta mucha paciencia." Sicardi también mide la fluorescencia de las hojas en las capas inferiores y encuentra un indicio de su actividad fotosintética. "Hoy disponemos de tecnología para explorar grandes extensiones de selva, por ejemplo, por satélite, pero la teledetección es imprecisa, no muestra lo que ocurre en el interior de la selva." El científico genera datos más precisos sobre la actividad fotosintética de la selva, una labor importante de cara al cambio climático.
La protección del clima también es una preocupación para Antonio Nobre. Junto con Sicardi, estudia las plantas en el lugar.
"¿Qué árboles? Este Leonardo es un... una de las especies que conforman el dosel forestal, una de las especies arbóreas más comunes aquí. Lo que me parece fascinante es el sistema de raíces. Míralo. ¿Pero eso no es del pequiá? ¿De dónde viene? No, no son de esos, de ahí atrás. Sí, del tahuarí. Las raíces del tahuarí le dan soporte al pequiá, se expanden como una red de cuerdas de acero sobre las raíces superficiales del pequiá, como un sistema de anclaje para que el árbol no se caiga. Asombroso. Las raíces anclan el árbol. Para eso crecen desde el tronco de forma radial. ¿A qué profundidad está el freático? Cerca de 60 a 70 metros. El árbol tiene una raíz pivotante que llega hasta las aguas subterráneas, así que la raíz crece probablemente hasta 60 metros de profundidad." El pequiá tiene una raíz principal que es más larga que su tronco y con la que alcanza las aguas subterráneas. Sus raíces laterales viven en simbiosis con los llamados hongos micorrícicos, que proporcionan importantes nutrientes al árbol. "Hay estudios al respecto, por ejemplo, uno de mis colegas checos ha estudiado la conexión entre las raíces finas de los árboles y ciertos hongos y ha calculado que puede haber 5000 km de red fúngica en un metro cuadrado de suelo forestal. Estos hongos son muy eficientes para extraer agua y nutrientes del suelo." Los hongos micorrícicos suministran agua y sales del suelo directamente a las raíces. Esta savia es vital para el árbol. La savia fluye desde las raíces hacia arriba a través del xilema, y así se suministran nutrientes y agua a la copa del árbol. "En un corte transversal de este árbol veríamos cómo el agua y las sales son transportadas desde las raíces a través del xilema. El xilema es un tejido conductor leñoso situado bajo la corteza. Por sus vasos circula el agua con los nutrientes."
Esta corriente de savia asciende hasta la copa del árbol, desafiando la gravedad. Una de las razones por las que los árboles producen tantas hojas es que una sola hoja, como esta, tiene una capacidad limitada de absorber luz. Por eso, cuantas más hojas tiene un árbol, más posibilidades tiene de absorber luz y más dióxido de carbono puede intercambiar con la atmósfera. Este proceso es el milagro de la fotosíntesis. Para la fotosíntesis, las plantas necesitan energía solar, dióxido de carbono y agua, que absorbe a través de las raíces. Mediante un proceso bioquímico, se generan glucosa y oxígeno.
Curiosamente, solo una pequeña parte del agua que incorpora un árbol sirve para su nutrición. La mayor parte del agua absorbida se usa para expulsar calor a través de la transpiración de las hojas. Con la transpiración, los árboles se protegen del sobrecalentamiento, de forma similar a como nos protegemos los humanos con el sudor. Este pequeño milagro de la naturaleza se produce en todos los árboles y plantas. En la selva tropical, la radiación solar es especialmente intensa.
Para saber cuánta agua bombean del suelo las raíces de un árbol, Scott Saleska, de la Universidad de Arizona, mide su savia, que es agua en un 99%. Los ríos voladores transportan agua de un extremo a otro de la cuenca del Amazonas, y estos ríos se alimentan de miles de millones de afluentes, es decir, los árboles de esta selva. "Todos los días tomamos el pulso de la selva. Con los instrumentos de la torre, no solo podemos medir el flujo de savia y así el aporte de cada árbol, sino también la cantidad total de humedad que libera la selva." Este anemómetro registra con gran precisión y en 3D la velocidad de los vientos alrededor de la torre. "Podemos ver cuánto vapor de agua contiene el viento descendente seco y cuánto contiene el viento ascendente húmedo, y a partir de la diferencia calculamos la cifra de 30 toneladas de agua liberada por hectárea de bosque."
Un árbol gigante de la selva puede evaporar hasta 1000 litros de agua al día, es decir, liberarla a la atmósfera en forma de vapor. Por eso llamo a estos árboles "géiseres verdes". "Imagínese, en la Amazonia, y casi 400.000 millones de árboles. Son 400.000 millones de géiseres que crean un flujo de humedad con más agua que el río Amazonas." Hace tiempo que se sabe que los árboles transpiran, pero hace poco que se ha descubierto en qué cantidad. Antonio Nobre calculó que la selva amazónica bombea cada día alrededor de 20 mil millones de toneladas de agua a la atmósfera, más que los 17 mil millones de toneladas que el río Amazonas, el mayor sistema fluvial del mundo, aporta a diario al Atlántico.
Esta gigantesca evapotranspiración es posible debido a la morfología de los árboles. El bosque expulsa tanta agua debido a su estructura tridimensional. "Se sabe, un árbol como este ocupa tal vez un metro cuadrado en el suelo en la parte inferior del tronco, pero todas las hojas de su copa suman un área de más de 150 metros cuadrados. Si se compara el área de evaporación de un árbol con la de un océano, lago o río, se ve que, en el caso del agua, el área de evaporación de un metro cuadrado siempre es de un metro cuadrado. Esto significa que, en términos de evaporación del agua a la atmósfera, una hectárea de bosque es más eficiente que una hectárea de océano." "Correcto, pero muy poca gente sabe que un bosque evapora mucha más agua que un cuerpo hídrico. La gente no es consciente de ello, pero es exactamente por eso que una selva tiene un impacto tan grande en el clima. Y la estructura tridimensional, la verticalidad del bosque, es un factor clave en esta evaporación a gran escala. Es el factor clave, permite que la selva transpire enormes cantidades de agua y así contribuye significativamente a la humedad de la atmósfera."
Los géiseres verdes tienen un papel muy importante en el futuro de la región amazónica. Después de identificar en la selva tropical el origen de los ríos voladores, Antonio Nobre examina los datos climáticos de toda Sudamérica y encuentra extrañas contradicciones.
"Aquí se puede ver una representación de los vientos alisios, esos vientos más bajos que soplan sobre mares y tierra. Soplan desde ambos hemisferios hacia el Ecuador, pero nunca lo cruzan, excepto en el gran portal de aguas sudamericano, en la zona entre Marañón y la Guayana Francesa. Aquí los vientos alisios cruzan el Ecuador y fluyen a través de toda la Amazonia hasta Argentina, sin explicación." Estaba frente a un enigma. Los vientos seguían un patrón determinado en todo el mundo, menos en la región del Amazonas.
En el curso de sus estudios, Antonio Nobre encontró otra contradicción. En meteorología, la presión es más baja sobre superficies cálidas y más alta sobre superficies frías, y el viento siempre sopla desde una zona de alta presión hacia una de baja presión. Pero al observar los datos de la cuenca del Amazonas, entre el Atlántico y la selva tropical, pasaba exactamente lo contrario. El viento fluía desde el Atlántico, que es más cálido, casi siempre hacia el interior, que suele tener una temperatura menor. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía soplar el viento de una zona de baja presión a una de alta? "Es como un coche que conduce cuesta arriba sin el motor en marcha."
Antonio Nobre revisó en vano innumerables publicaciones y teorías hasta dar con un libro escrito por dos físicos rusos que hasta entonces le eran completamente desconocidos. Trataba sobre "La regulación biótica del medio ambiente". "Apenas comencé a leer, quedé hechizado, no podía parar, literalmente devoré el libro."
Después de leer el libro, Antonio Nobre se pone en contacto con los autores, Víctor Gorshkov y Anastasia Makarieva, del Instituto de Física Nuclear de San Petersburgo. La innovadora teoría fue desarrollada en esta modesta dacha, a una hora en auto desde San Petersburgo, primero por solo y más tarde con su colega Anastasia Makarieva. "Gorshkov murió en 2019, pocos años después de comenzar su colaboración con Antonio Nobre. Víctor trabajó aquí durante muchos años. Aquí comenzó a investigar en el campo de las ciencias geográficas y biológicas y desarrolló la teoría de la bomba biótica. La bomba abiótica combina física teórica y biología." A diferencia de los investigadores del clima con sus métodos habituales, los dos físicos nucleares aplican las leyes básicas de la física para despejar las incógnitas de Nobre.
"Las hojas verdes de los árboles enriquecen la atmósfera con vapor de agua, una sustancia excepcional."
Cuanto más se elevan las moléculas de vapor de agua en la atmósfera, más bajas son las temperaturas. Se enfrían y pierden energía, de modo que ya no pueden separarse cuando chocan. Condensadas en gotas, ocupan menos volumen que en estado gaseoso y forman nubes. Las gotitas se acumulan y se forman nubes, y el espacio vacío creado como resultado de la condensación hace que disminuya la presión del aire en la columna atmosférica. La redistribución vertical del aire sobre un área extensa hace que baje la presión en la atmósfera inferior, de modo que el aire húmedo de las áreas vecinas de mayor presión fluye hacia el bosque. Los científicos se refieren a este mecanismo que genera y controla los vientos y succiona tierra adentro las masas de aire oceánico como "bomba biótica". Un fenómeno basado en la condensación de la enorme corriente de vapor de agua que el bosque emite. "Hicimos una estimación teórica de la fuerza de este proceso y resultó ser coincidente con la fuerza de la circulación atmosférica observada. Esto significa que la bomba abiótica juega un papel importante en el origen del movimiento del aire y puede que sea responsable de que el aire proveniente del Atlántico cruce el Ecuador sobre la cuenca del Amazonas, llegando así al otro hemisferio."
La teoría de la bomba biótica aporta una explicación de por qué en el Amazonas los vientos soplan desde el mar hacia la selva tropical, donde cruzan el Ecuador y alimentan los ríos voladores. Pero, sobre todo, evidencia que los bosques de todos los continentes son esenciales para nuestro clima. No solo la selva amazónica, sino también todos los grandes bosques naturales funcionan como bombas bióticas. Esto incluye a los bosques ecuatoriales de África, así como los singulares bosques de Papúa Nueva Guinea, los bosques boreales de América del Norte y el extraordinario cinturón forestal de Rusia, que atrae aire húmedo de tres océanos e influye decisivamente en la circulación atmosférica de todo el continente euroasiático. "La bomba biótica es el mecanismo que provee de humedad y mantiene húmedo al continente. Si la bomba biótica fallara mañana por algún motivo, en menos de 10 años toda el agua dulce del continente drenaría hacia el océano."
Poco después de la bomba biótica, los investigadores hicieron otro descubrimiento importante al intentar averiguar por qué llueve tan a menudo en la selva amazónica. El proyecto de investigación comenzó hace unos 10 años en una de las zonas vírgenes de la Amazonia, bajo la dirección del investigador Alessandro Araujo y varios científicos del Instituto Max Planck, entre ellos Stefan. "Es difícil de llegar, seis, siete, ocho horas de viaje. El destino es una reserva natural, lejos de cualquier intervención humana. Ahí está nuestra torre. Me gusta, creo que es más alta que la Torre Eiffel, cuatro metros más alta que la Torre Eiffel." Para garantizar que los resultados de medición sean lo más fiables posible, el campamento base de los científicos se encuentra a cierta distancia de la torre. ATO y sus sensores de alta sensibilidad. El Observatorio Torre Alta del Amazonas (ATO, por sus siglas en inglés) es una torre de medición extraordinaria, y solo hay otra igual en el mundo: la torre SOTO en Siberia.
Los detectores distribuidos en toda su altura extraen continuamente aerosoles, micropartículas que el viento sopla de los árboles, pero también polvo, bacterias, polen o minerales sólidos suspendidos que se encuentran en la atmósfera inferior. Todas estas muestras se analizan en contenedores de laboratorio. Cuentan con la tecnología necesaria para analizar los aerosoles con la mayor precisión.
"Una gran ventaja es que aquí podemos medir a diferentes alturas. De esta manera, registramos las diferentes concentraciones de aerosoles en el bosque y por encima del bosque, las diferencias entre la madrugada y la tarde, y la distribución en cantidad y tamaño de las micropartículas." Los aerosoles sobre el dosel son muy diversos y a menudo apenas de unos nanómetros de tamaño, lo cual dificulta su análisis. Sorprendentemente, los primeros resultados indican una alta proporción de potasio, un elemento frecuente en hongos. "Si observamos más de cerca las emisiones de los hongos, vemos que además de esporas, que tienen un tamaño de una micra o más, también hay aerosoles ricos en sales de potasio y actúan como germen para los núcleos de condensación. Las nubes se forman a partir de estos núcleos de condensación, y estas nubes suministran lluvia a la selva. Es decir, hasta cierto punto, la selva produce sus propias precipitaciones."
Haber descubierto qué rol cumplen los aerosoles que libera el bosque en la producción de gotas de agua ilustra una vez más cómo funcionan los bosques. Las lluvias frecuentes son importantes para que los árboles puedan evaporar grandes cantidades de agua y así alimentar a los ríos voladores en su camino a través de la vasta región amazónica. Para Antonio Nobre, esta es la confirmación de su teoría de la auto-regulación de los ecosistemas. "¿Cuál es la respuesta? Los árboles liberan sustancias químicas, núcleos de condensación de nubes, núcleos de condensación. Para mí, esto es polvo de hadas, polvo mágico, invisible. No se puede ver, pero es muy eficaz para atraer moléculas de vapor de agua y formar gotas."
"La selva captura vapor de agua, que no es bueno porque acumula el calor, sí, y lo devuelve en forma de lluvia vivificante. Al mismo tiempo, disipa el calor hacia arriba, y eso es importante para el enfriamiento. Esto se debe a que la condensación tiene lugar a gran altura, a cuatro o cinco kilómetros. Es decir, cuando los árboles sudan, el calor sale a la superficie y se libera al espacio. Este es un sistema de enfriamiento vertical, un mecanismo muy importante y efectivo al que no se le presta suficiente atención." Es que la bomba abiótica nos muestra que todo está interconectado, y el vapor de agua es un elemento clave en el ecosistema forestal y de gran importancia para el cambio climático. "El carbono es importante, sin duda, pero es solo una pequeña parte. El ciclo del agua y la energía es mucho más importante."
"Cuando llegué por primera vez al Amazonas en 1999 o 2000, y nos conocimos hace unos 22 años, estaba centrado en el carbono. Yo me hacía la pregunta: ¿sigue siendo la selva amazónica un reductor de carbono? ¿Qué tan grande es este sumidero? ¿Desaparecerá y se convertirá en emisor? Todo se centraba en el carbono y descuidamos otras cuestiones, especialmente el rol del ciclo del agua. Pero en los últimos años me he dado cuenta de la importancia del ciclo del agua. Hoy, además, tenemos las herramientas conceptuales, informáticas, incluso teóricas para medir su contribución."
Mientras los dos científicos comparten los últimos hallazgos, la destrucción de la selva amazónica avanza inexorablemente. Más de 100.000 incendios se registran al año, un número catastrófico. Determinado por un pequeño departamento del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). "Bajo la dirección de Alberto, trabajamos con unos 10 satélites y procesamos unas 200 imágenes al día. El resto lo hacen las computadoras. Los programas pueden localizar los incendios, se calcula con bastante precisión."
Después de varios años de trabajo, el departamento tiene datos reveladores sobre los incendios en la región amazónica. "En este mapa vemos muchas cosas interesantes. Estos son incendios a lo largo del Amazonas. Las personas que viven cerca del río a menudo provocan incendios aquí. Por ejemplo, vemos una gran concentración de incendios a lo largo de esta línea. ¿Por qué? Porque por ahí discurre la carretera entre Cuiabá y Santarém. Los colonos llegan, hacen desmontes y los satélites registran esos incendios. Lo mismo ocurre con la Transamazónica, donde los incendios también se intensifican a lo largo de la ruta."
"Una cosa es segura: con tanta humedad, la selva tropical no se prende fuego por sí sola. Pero los incendios no se detienen. La cosa es simple: sin humanos, no hay fuego. Así de claro." Se estima que el 20% del bosque natural ya ha sido destruido. Además, existe lo que llamamos deforestación o destrucción parcial: desmontes por incendio, en los que el fuego se propaga a la selva. Si se agrega eso, la proporción de la selva destruida es probablemente del 40 o 50%, no un 20%.
Una espada de Damocles pende sobre estos grandes bosques vírgenes, indispensables para nuestro clima. Las consecuencias de su pérdida se vienen estudiando desde hace tiempo. Los investigadores del clima predicen el surgimiento de un paisaje de sabana, en el que la vida todavía será posible. Los partidarios de la bomba biótica ven un futuro mucho más sombrío. "Cuando comenzamos el proyecto Ríos Voladores en 2006, nuestro lema era: si la deforestación continúa así, Sao Paulo pronto será un desierto. Los climatólogos eran escépticos sobre esto en ese momento, muchos pensaron que nuestra declaración era exagerada."
En ninguna parte se pueden demostrar mejor las consecuencias de la deforestación que en las Cataratas del Iguazú. Están a punto de secarse. Normalmente, la corriente del río Iguazú tiene un caudal de 1700 metros cúbicos por segundo. Hoy está entre 300 y 400, una quinta parte del valor normal. Claro que en la temporada seca, en la que estamos, el río suele llevar menos agua, pero no tan poca como ahora. "Mire eso. Antes, esa pared rocosa estaba cubierta por agua, incluso en la estación seca, y ahora apenas hay un hilo de agua."
Para Antonio Nobre, esta triste imagen confirma lo que ha estado advirtiendo durante más de 15 años. Las mediciones muestran que la evaporación está disminuyendo en la selva amazónica. Los ríos voladores transportan cada vez menos agua. El peligro es que, si el suministro de humedad continúa disminuyendo, se pierda algún día la maravillosa conexión que existe a través de los ríos voladores entre el Amazonas y esta imponente área de América del Sur y que ayuda al clima. Es la zona más productiva del continente.
¿Podría una reforestación masiva detener este proceso? La teoría de la bomba biótica básicamente sostiene que los bosques primitivos no pueden ser reemplazados sin más, y menos a través de monocultivos agrícolas, pero tampoco con un nuevo bosque, porque tomaría una eternidad hasta que pudiera ofrecer el mismo rendimiento. Pasarían docenas, si no cientos de años, antes de volver a ser completamente funcional. "Este sistema evolucionó a lo largo de millones de años, es increíblemente eficaz, se regula a sí mismo y hace una gran contribución al medio ambiente. No debemos perderlo."
En su búsqueda de la solución al misterio de los ríos voladores, los científicos descubrieron cuán compleja es la función de los árboles en el ciclo del agua, cuán fundamental es el mecanismo de la bomba biótica y cuán crucial es el papel de los bosques en la regulación del clima y el control del calentamiento global. Los bosques vírgenes deben ser protegidos. "Si perdemos la vida, el espíritu de la selva, entonces perdemos la lluvia, y sin lluvia no tenemos nada que beber ni qué comer. Esta es una sabiduría antigua en la cultura de los pueblos indígenas, y nosotros, las sociedades desarrolladas y civilizadas, debemos aprender de ellos." En realidad, es bastante simple: dejen a la selva en paz.