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Nunca llega el olvido, porque ahí en cada elemento hay una historia y en cada una de las personas que llegaron a la casa hay una historia.
Estamos en el rush literario hoy desde la mesa 8o con Memo Ángel, precisamente en la mesa ocho para hablar de los procesos de creación en la obra literaria de Memo, pero también en su reflexión, en las conversaciones que has tenido, el gusto por la palabra. Eso es el rush literario. Rescatamos emociones. Habíamos hablado en algún momento alguna conversación que todo comienza con una emoción Memo.
También hablamos en este rush literario del pensar en rojo, que son los procesos de creación. Rayamos, corregimos eh las metáforas para contar historias. A veces el tren, por ejemplo, los elementos del transporte, la movilidad podrían ser una manera también de contar la escritura en su ritmo. Hoy tenemos a Memo Ángel porque nos vamos a subir o más bien vamos a estar en esta estación, estación Mesa 8. A Memo le encanta crear a partir de estaciones y como si hiciéramos un mapa, un camino, pues comencemos hablando sobre el lugar de la casa.
La casa en la literatura de Memo, sus procesos, donde ha contado cómo ha sido la casa de la infancia, eh los personajes Memo, que han estado en esa casa literaria tuya desde la infancia y las casas en la literatura. A ver, la casa que en hebreo sería baita y por eso el Génesis se llama Berechit que con B. Esa casa es el mundo que nosotros habitamos. Es el mundo donde aparecen las creaciones, los ordenamientos, las culinarias, las conversaciones, las identidades, los prejuicios. Entonces, la casa es un mundo, es un mundo donde se crea y donde le llega a uno el siglo en el que uno vive. Porque si a mí me preguntaran, hombre, usted cómo le llegó el siglo XX en mi casa, a través de una lavadora, a través de una de un aparato de radio, había un televisor en blanco y negro, habían unos periódicos que hablaban de la guerra. Así me llegó a mí el siglo XX, a la casa.
La casa es el mundo grande por explorar, porque a veces la volvemos rutina y perdemos las memorias que hay en la casa. Ese jarrón, ¿quién lo regaló? O por qué mi mamá compró esa vajilla o esto de quién era aquí, ¿quién se sentó? ¿Qué dijimos en tal día? ¿Qué pasó cuando se murió alguien? ¿Qué pasó cuando se casó alguien? Todo eso son la casa. Se va haciendo una casa ampliada, incluso con las visitas. Claro, con las visitas. Ahí es por ahí es donde primero las mamás construyen su propio mundo en la casa. Para conocer una cultura, uno no puede estar en la calle, tiene que entrar dentro de las casas. Y dentro de las casas están los mundos que las mujeres quieren tener. Entonces, uno, por ejemplo, entra en una casa, encuentra un montón de santicos, veladoras. Ah, ese es un mundo que se quiere tener. Y es como un museo también de una época y una sensibilidad, ¿no? Es el sobre todo que es el museo de la familia, el álbum familiar. el álbum familiar, el que se mueve, que habla, que permite que en un momento dado uno imagine sobre los datos de su propia familia, porque es que la familia nunca ha sido una fricción, la familia ha sido extenderse sobre la tierra y esa parte es interesantísima.
Claro, en tu obra, pero también en tu vida personal, ¿por qué no hablamos también de la casa? ¿Cómo has contado tu propia casa? Eh, ¿cuáles eran esos personajes, los objetos amados con los que se puede hacer un relato y porque una una novela? ¿Cómo está la casa interior tuya en tuga? ¿De qué está hecha?
Nunca llega el olvido, porque ahí en cada elemento hay una historia y en cada una de las personas que llegaron a la casa hay una historia. Además de salónica, por ejemplo, si hiciéramos el el franer, el movimiento por esa casa tuya, a ver, esa casa yo pertenezco pues a al grupo de los estudiosadis y ese es un mundo entre norte de África, Istanbul, algunas cosas españolas y América. Es todos los rastros que vos tenés ahí. Porque por ejemplo, hombre, que la abuela era de Salónica, ¿ves? ¿Qué cosas hay de salónica? Que la tía eh Gabriela vivió en Istanbul. ¿Qué tenemos de Istanbul? Entonces, son casas con geografía interior. Sí. y con la cultura presenta. Yo creo que esa parte es la más interesante porque si la cultura está presente, la memoria está presente. Esa cultura la vas teniendo con las cosas que tenés sin darte cuenta de eso. No llega el olvido total. Sí.
La ciudad de Orán que queda en Argelia, en el norte de África. Orá, porque a ver, ahí se dieron los orígenes de lo que yo escribo. O sea, la gente hablaba de Orá, la jugando cartas hablaban de Orá y claro, Orá hasta que lo fui lo conocí. ¿Fuiste? Pues sí, claro. Ir a la otra casa, ¿no? Es eso. Ir a donde quedaba la otra casa. Eso me llevó a escribir un libro que llama La casa de las cebollas. Me fui a meter a ver. la cosa y claro, encontrás un montón de referencias que estás viendo allá, por ejemplo, pero que las tenés en tu casa. Es la misma historia, porque en esas maletas se traían sus países. Eso es una cosa.
Y y ¿qué encontraste en la casa de las cebollas, Memo? No, no. Entonces, pues el origen, primero la situación francesa que había en ese momento en Argelia. lo de lo lo que hacían los judíos, lo que significaba que alguien de un grupo se fuera a casar con uno de otro grupo, lo que es la ingeniería de caminos y los aventureros. Es una cosa que a mí siempre me llamó la atención, ¿cierto? Por ejemplo, ahí hay un personaje es un boxeador y ese boxe se lo llevan para todas partes porque así pierdan. es la única manera de atraer la gente para empezar a hacer negocios con ellos o para eh comprarle las tierras baratas o lo que sea. Entonces, claro, uno empieza a a escutar la casa y se encuentra con pues muchos rastros. Uno, las familias, los orígenes. Hay que tener en cuenta que uno llega a duras penas. [Música] hasta las bisabuelas. Es muy difícil llegar a las tatarabuelas. Claro. Cierto. Por más rastros que se busque es difuso, ¿no? Claro. Entonces, claro. Ahí aparece esa gente que viene desde el bisabuelo hasta el momento. Lo que hicieron. Eh, lo bueno de las familias es que hay gente para todo. Hay el que es sabio, hay la señora Cendosa, pero también hay el que es bandido, la tía que resultó medio [ __ ] o sea, todo eso está dentro de una familia que porque es un mundo entero y y por eso las historias, si esa gente diversa no existiera, las familias no habría de que hablar. Claro. O sea, la diversidad es lo que permite que se haga una literatura de familia familiar o al menos arrancando de la familia.
Ahorita que estamos hablando de las casas y de ese esculcar las casas, hacer ese rastreo y aulas de Argelia, se me vienen dos nombres literarios para saber cómo has conversado con ellos también. Natalia Ginsburg y eh Albert Camí. Con Camí, con Ginsburg, ¿cómo has encontrado también las cosas, la casa, la familia y en este caso Argel? Sí, él le trabaja a la casa y tiene una gran novela que se llama nuestros ayeres y unas biografías, una especie de ensayo biográfico sobre quién era la familia y cómo funcionaba. Pero yo en camino no puedo rastrear la casa porque realmente no aparece, ¿cierto? Él es un hombre de los afueras de la calle. Él es un mersol, es un ramber, es cualquiera de estos, pero como que nunca se mete a las casas y el único interior que no deja de ser muy interesante es de una de una obra de teatro que llama malentendido. Es un hombre que vuelve a la casa, al hotel y no saben que es el hijo. Si usted pararle una sorpresa, pero las señoras del hotel vivían de matarlo huéspedes y lo más cierto, pero si se rastrea mucha gente que usa la casa Pachev Singer, por ejemplo, la rastrea muy bien. Eh, Natalia Ginsburg la rastrea muy de una manera muy interesante. Perek nombrando cositas que él recuerda, ¿cierto? O sea, construir una casa es construir un, como decía ahora, es construir un mundo. Ahora, ¿qué vamos a hacer con ese mundo? ¿Cuántas historias tiene? ¿Cuántos tiempos tiene? ¿Y cuántas posibilidades podría tener? Porque es que la literatura plantea lo que pudo pasar o lo que puede pasar. Eh, además ahí es donde uno no queda preso de anécdotas, porque la casa es un museo de imaginarios, cierto, imaginarios, incluso muchas cosas que han llegado de una u otra parte contienen más un imaginario que una realidad. son más las ficciones, las proyecciones. Claro. Y las valoraciones que se le hace. El mundo simbólico. El mundo simbólico.
Y en Antioquia, por ejemplo, ¿quién nos ha dado una idea de casa que se pueda convertir incluso en territorio? A ver, aquí que yo sepa, María Cristina Restrepo por la casa de la calle de la casa de la calle Maracaibo que hospitaleta en el sol negro de papá, ¿cierto? ¿Quién más ha trabajado la casa? Manuel, Manuel Vallejo, Darío Ruiz en una novela que se llama En voz baja, ¿cierto? Rastrean pues ese mundo casero. El mismo pues Carrasquilla más o menos que Carrasquilla. Bueno, sí, sí trabaja la casa realmente la marquesa Yolombó porque ahí cocinan, ahí se hacen brujerías, ahí pasan un montón de cosas. Pero así como sacándole punta, pues saquémosle punta al mundo que yo tengo, no salgamos a narrar lo que yo no tengo porque o no todavía no entiendo, pero en las casas uno sabe quién es y sabe las historias secretas y tiene la posibilidad de imaginar y convertir a otro en otras cosas, porque uno se puede, por ejemplo, plantearse eh qué hubiera pasado si mi mamá hubiera sido la señora del servicio, porque eso es lo que es la literatura es cambiar porque si no se vuelven anécdotas. ¿Qué ocurriría así? El sí condicional como una posibilidad ocurrir y eso es lo que uno cuenta, lo que ocurriría. Por eso muchas veces el mundo de cualquiera escritor que que no maneje anécdotas es un mundo que hay que que cualquiera da una razón distinta. entre tres hay tres razones distintas de qué es ese mundo, porque los puso a imaginar y no porque se sentó a contarles esto fue así y se acabó, ¿no? Para eso están los historiadores, los periodistas, los
La casa en el territorio eh de Juan Rulfo, de García Márquez, en este contexto latinoamericano, ¿cómo ves la casa y y cómo mirarnos desde la casa de de esas dos obras de Pedro Páramo y de 100 años de soledad? de Soledad tiene casa ahí es donde se van a dar la o van a aparecer laboratorios, muchachitas que aprende de no sabe de dónde, incluso hasta comerse las paredes de la casa, tierra de la casa y la tierra de la casa. La tierra de la casa. Lo que si no veo yo es en Rulfo que él maneje casas, pero tal vez como en la idea de de ese Pedro Páramo que al final se le desmorona como como en cierta abstrapción, eh un mundo así como onírico, ¿cierto? La casa onírica, ¿no? Coma es onírica. Comala es toda una casa, pero pero la casa es como casa nosotros no la manejamos o casi en América Latina no se maneja la casa tomada, por ejemplo, eh la casa tomada de Cortázar o hay un hombre, Manuel Mica Laines, un gran escultor argentino que escribió ahí vivieron y cuenta la historia de Argentina en un barrio, en una casa del barrio San Isidro, ¿cierto? O y y llena de de objetos, de viajes por el mundo. Mujica Laines amaba los objetos casi con un fervor eh espiritual, ¿no? Porque es que eso lo ponía a escribir, ¿cierto? Esto, ¿qué significa esto? ¿Por dónde llegó? ¿Qué pasó mientras llegaba? Una una maravillosa. Pero de resto, los que más se cierran en casa ya son los europeos. Otros. A ver, ahora también eso es el clima, ¿cierto? Es un clima que permite estar en la calle, que debe estar en la calle y que lo definía muy bien el don José Ortega y Gaset que decía que es una ciudad, aquel lugar donde yo abro la puerta de la casa y me encuentro con mis amigos, lo que no pasa en lo rural, ¿cierto? Vamos a abrir la puerta. Hay tres vacas, cuatro caballos, pero el español se mantiene por fuera, por eso el pijote se da todo por fuera y se aburre la casa. Es más, como que tendría que salir de las casas, de las fondas. Eh eh lo doméstico es temporal, es una estación y eso marca la literatura de origen española, pues y latinoamericana.
Pues estamos en la mesa ocho y estamos en la estación, en este caso estación casa con Memo Ángel, haciendo algo así como un caminito para entrar a su obra y el diálogo que tienes eh eh con la literatura, con los otros referentes con los que conversas, nos tomamos un café, esto eh estamos con lluvia, que entre otras cosas eh eso mejora la conversa. Eh, tenemos café, que también la poética del café es un tema que tenemos que tocar, que nos invita a la conversación, pero estamos en la mesa ocho y vamos para la estación infancia. Conversemos de la estación infancia, que incluso en la literatura la voz narrativa de los niños, el punto de vista de la infancia, eh la literatura contada con los niños. Me encantaría mucho que en este rush literario apareciera la voz del niño Guillermo contándonos su infancia, el barrio, la casa, la gente de tu casa, Memo, en tu infancia.
Yo creo que el que cuenta la infancia de manera detallada es un mentiroso, porque la infancia es es una época de imaginaciones, o sea, no hay a menos de que le estén haciendo un seguimiento, un historial clínico, de resto, eso lo decía Saramago, que es un niño, alguien que hace parte del paisaje, no sabe que están vivos, él se mueve. Kiplin decía algo, algo también con la infancia. decía, "Deme los primeros 7 años de un hombre y le regalo el resto." Porque ahí es donde uno se hace como ser creativo en la infancia. Entonces, contarle a uno, pues yo sí me logro acordar de tres o cuatro cosas, pero como detallarlo, porque es que no existe la memoria, sino el descubrimiento. Que ahí hay una cosa que para un niño es fundamental. ¿Qué es el mundo donde yo me estoy moviendo? Y yo por eso manejo en buena parte de de lo que yo he escrito, los narradores son niños, ¿cierto? Porque pueden imaginarse todo, lo pueden sospechar todo y no tienen complejo de culpa y tienen licencia también. Claro, claro. Entonces, por ejemplo, eso pasa en mesa de judíos, eso pasa en todas las aquí te traje el mar. todas las salidas del tren, siempre es un niño narrando, porque eso me encantó cuando yo hice esa reflexión. A ver, hombre, uno que se acuerda de las niñez, pues al menos donde no le peguen a uno, ¿cierto? Pero si la es así medio salvaje, usted encuentra es fragmentos que además no sabría uno si son verdad o se los imaginó. Claro, por ejemplo, intentando jugar con eso, ¿qué rescatas de tu infancia que de pronto pensas que también te lo imaginaste? ¿Qué rescatarías? ¿Salvar esa belleza de la infancia con qué? A ver, hombre, uno rescataría las conversaciones de la abuela que era una gran jugadora de tute, por ejemplo, rescataría las herramientas de mi abuelo materno que hacían con eso esta gente que construía con eso, ¿cierto? Se rescataría la primera señora que lo trató de pervertir a uno. Claro. Cierto. Que le subió la falda y uno y ahora, ¿qué pasó? Esto, ¿qué es? ¿Se rescataría de pronto algún compañero por ahí particular? Sí, pero una infancia es para construir. Yo creo que por eso, para imaginar, yo creo que por eso García Márquez no fue capaz de narrar la infancia porque se pegó de la [ __ ] ¿no? Una infancia es uno suelto a ver qué le sucede. Ahora uno lo recupera en las novelas. Ah, vamos a poner y un niño no tiene prejuicio, no tiene nada.
En la literatura hay unas voces, unos puntos de vista, unos narradores niños eh maravillosos. Claro, cierto. Eh, hablemos de eso, ese asombro a la hora de pensar en rojo, de hacer la escritura como un proceso muy consciente y uno eh se lee una novela, encuentra en esa novela la llave para encontrar un narrador. De esos narradores de la infancia, con voz infantil, con asombro y sabiduría, eh, ¿cuáles recordas, Memo? A ver, no, hay una frase, un escritor que no me acuerdo quién la dijo honestamente, pero que la frase no me puede olvidar. En casa éramos pobres y nunca nos dimos cuenta. Cierto. Eso es una frase demoledora. Ahora, ¿cuántos narradores niños se han usado en la literatura? Honestamente no sé. Pues no sé, porque por lo común siempre aparece el adulto, pero el niño pues o el punto de vista, ¿no? O el punto de vista de de infantil. Ya me voy con Anton de Sanexiperí. Es porque el Principito es una cosa demoledora. Resume de sabiduría. Un resumen de sabiduría. Podría uno [Aplausos] tomar, ¿no? Es que son muy Vasili Grosman, ¿cómo lo hace? Vida y destino. Todos son ya mayores. Estás en eso. Amos Austen lo logra. no solo lo obra en una historia de amor y oscuridad, al menos la primera parte del libro, porque es muy desde el niño, ¿no? Ese mundo de los adultos, eh, que incluso él no comprende. Claro, claro. Eso no. Bachevi Singer, si uno se mete en los en libros como La Corte de mi padre, donde él estaba niño y oía al papá con las discusiones, manejando el Talmud, separando gente, diciendo si una comida podía comer o no. ¿Cierto? Ahí aparece. Si Ivhevi Singer, ya me acordé si maneja muchos niños. incluso los cuentos para niños, ¿cierto? Porque se dio esa tarea, porque William Fogner, que estudi un cuento infantil hace un cuento maravilloso que es el árbol de los milagros, pero también tiene niños. Sí, claro. En Benji. En Benji, en el Yalquier niño, también furia, un niño con problemas mentales, con es cualquier niño. Claro. No, si se van dando, no se se van dando estos primeros libros de Fernando Vallejo, por ejemplo, desde los días azules, ¿cómo cómo ves eh el punto de vista del niño para eh conectarse con eh con Medellín, con el paisaje de del centro? Eh, ¿cómo es esas primeras obras? Y aprovechamos pues porque estamos en un lugar muy bello del barrio Laureles. Estamos en el Fortín, un restaurante de comida criolla deliciosa. Eh, nos tomamos un bello café al frente de la Universidad Pontificia Bolivariana. Eh, este es de esos lugares que uno dice que ya están en su geografía interior, porque eh nos vemos a nosotros en estos espacios y agradecemos que nos puedan facilitar este espacio. Estamos en la mesa ocho del Rush Literario con Memo Ángel contándonos eh sobre todo la voz de la infancia. Fernando Vallejo, ¿cómo lo encuentras ahí? humorista cuando se trata de manejar muchachitos necios o están narrando la finca en Sabaneta [Música] y pasa una cosa que acaba de pasar en esta conversación y es que cuando está uno niño no sabe cosas hasta que comienzan a hablar, comienza uno a hablar y se le ocurre claro, tal cosa, tal otra, tal otro. Claro, pero pero es porque la intervención del otro es un detonante. Sí, claro. Y precisamente el niño de los días azules eh precisamente se golpea contra el mundo y es un boom, un bang. está casi como haciendo estallar la voz y también la casa y tiene que salir huyendo, corriendo. Y ahí el asunto, no se sabe si es el Fernando Vallejo, se lo inventó él ya. Pero eso no no tiene nada que ver porque la infancia de todas maneras se termina inventando. Por eso los psicoanalistas te llevan hasta el primer recuerdo a ver si eso es inventado todo lo que le has dicho o tiene base en algo que te haya puesto a fabular.
Bueno, estamos en la mesa ocho de Rush Literario y estamos muy contentos porque estamos no solo caminando al encuentro de tus novelas, de tus cuentos, de los artículos, e el de los ensayos, de las lecturas, sino de las conversaciones. Y en estas conversaciones no puede faltar ni el café, obviamente, y pues el café como espacio, como como reunión, como encuentro y el café como bebida. En la poética del café meó cómo ha sido el arte de la conversación, incluso en la literatura, las novelas conversadas, los diálogos interminables que hay en ciertas a obras literarias, muchas veces son en el café. ¿Cómo ves la poética del café que también alimenta la creación literaria que sabemos que que nos gusta tanto conversar y beber café? Ojalá en la mesa ocho, ¿no?
A ver, ahí hay cosas que son, no dejan de ser muy curiosos. Por ejemplo, en el callejón de los milagros, donde se Nagu Mapus menciona un café, no se habla del café. Uno leí otras novelas, por ejemplo, La colmena de Camilo José Cela y no se reflexiona sobre el café. una cosa muy llamativa, pero el café se aparece, digamos, en algunos relatos y en lo que decía Montesquier, el café era un estimulante y por lo tanto había que dejar, obligar a que la gente lo dejara de beber después de las 6 de la tarde, que no se lo vendieran a nadie en el café porque Y si seguían tomando café eran capaces de tumbar el gobierno. Y así pasó muchas veces. Claro. Entonces, alrededor de una taza de café suceden muchas cosas. La pintura ha trabajado mucho la taza de café, pero que yo me acuerde de pronto Jack Prever tiene algo con relación al café, a beber café y con Modiano, ¿cómo es ese entrar al café? No, en el café La juventud perdida, pero es más un lugar de reunión. Claro. Pero, ¿qué pasa alrededor del café? Y yo pero hay una conversación, digamos, como que no termina en en ciertos cafés memorables de Buenos Aires, en cafés memorables, por ejemplo, de Madrid, eh esas conversaciones entre Borges y Bioy Casares, eh, en el Tortoni, en la Biela, son estímulo del café, pero no hablan del café, o sea, es que Es es como eh, a ver, es como yo ser producto de un árbol, lo que estoy nace de ese árbol, pero nadie menciona el árbol. Cierto. Claro, porque en la floración en París era una fiesta. Hemingway está en el café y cuenta la gente. Claro. Y entran, salen y pero y uno ve como que ese café le dura mucho tiempo, pero no habla o no pide otro café. Entonces ese sería un reto interesante, empezar a hablar de la taza de café, que es la que genera todo eso. En este momento está generando que vos y yo conversemos. en este momento está creando un espacio en una mesa de restaurante. En este momento está esperando la taza que laven y mira que que hubo movimientos como el dadadismo que se hicieron en el café. Sí, pareciera que la revolución eh tanto estética como política necesita de esta arquitectura, esta ergonomía, esta postura, pero eso lo damos por lo damos por entendido y uno da por entendido lo que no entiende. Claro.
Estación eh infancia. Ya pasamos por la estación familia, ya pasamos por la estación casa, vamos para la estación viajes, la literatura de viajes. Eh, hemos conversado mucho sobre los viajes por los clásicos, eh incluso los viajes dentro de la casa. Pero en tu obra literaria, ¿cómo participan los viajes? ¿Has escrito libros a partir de esos viajes? ¿De qué te has alimentado con el viaje, mi amor?
Bueno, el viaje da todo. Es que el viaje es una forma de ser libre, ¿cierto? Y el viaje es una forma de encontrar cosas. Y yo sí he surtido mi literatura de viaje. Uy, prácticamente todos los libros de cuentos tienen que ver con viaje. Y estoy hablando de ocho o nueve libros de cuentos que yo por ahí. Todos tienen que ver con viajos. en las novelas, eh, viajes permanentes. La primera novela llama Mesa de judíos, es la preparación de un viaje y lo preparan de tal manera que cuando llegan al país ya no había nada que conocer. Lo prepararon tanto. Claro, que casi lo vivieron ya. Claro, o sea, ya estaba vivido, ya estaba vivido. Entonces, si no, el viaje es fundamental porque el viaje te está mostrando gente, te está mostrando costumbres, te está mostrando geografía, biología, climas y grandes preguntas que uno se hace. Yo estoy solo aquí o estar solo se vuelve una cosa imposible. Entonces, hagamos un mapa. Te digo Berlín y qué te aparece Berlín, Alemania. A mí Berlín es el centro de para cuentos que se dieron en Berlín, en Suiza, en Frey en Frankfurt, en Bremen, en Dresday. No, eso es una araña. Te digo Buenos Aires. Buenos Aires. Cuentos que pues la sola esa novela que escribió que la mujer de Ameguino, buscando la mujer de Ameguino, me aprendí a Buenos Aires. ¿Dónde puede estar esa señora? estar aquí, allí haciendo allá, que es muy bonito porque al fin y al cabo también es un puerto es que esa eh que esa es otra cosa. Cuando uno viaja y conoce ciudades con puerto, ir al puerto es una pregunta, este barco, ¿de dónde viene? Este, ¿para dónde va? ¿Cuánta gente hay aquí que han traído nuevo que no existe, que se comieron y lo tiraron al mar? Los idiomas, las lenguas, los idiomas, las lenguas, incluso hasta las historias, porque hay gente que ya vio otras cosas y que vino a contar. Sí, claro, claro. Si te digo Granada, la nada pues me une con Sevilla, con Jaén, con Málaga, con Córdoba, con eh la la el peor nombre que que yo he oído por ahí, que es la asquerosa que se dice que ahí nació García Lorca, que él no nació en Fuente Vaquero, sino en un pueblo que llama la Asquerosa, el el más bello poeta. El el poema a la belleza que es García Lorca de la Asquerosa. En España hay los nombres más horribles. La entrada, el límite entre Castilla y Andalucía se llama Peñaferros. Increíble. Eh, parece que lo que vemos en esta mesa ocho es que las ciudades de los escritores llevan a otras ciudades. Hay hay una vocación eh de expansión. Se dice una ciudad y aparece otra y la rodea otra, ¿no? Eso se va dando así. Claro. Lo que pasa por ejemplo con Colombia. Bueno, ya que nos metimos hasta Colombia, vamos rapidito. Monp. ¿Qué pasa con Monpó? Monpó es una muy linda porque de todas maneras es una isla fluvial y es la real Cartagena. Aquí están vendiendo los promotores de turismo a Cartagena como una ciudad colonial. Eso ni es colonial ni fue ciudad nunca. Eso fue una fortaleza. Ya después le meten casas republicanas a eso y lo vuelven colonial por decreto. Pero la gente de Cartagena viviera en Monpos. Claro. Ya se ha escrito sobre Monpos. Sí, claro, con otros homes. Yo sobre la costa escrito mucho porque yo iba a ser rico y me fui a vivir un tiempo, se me fui airrón y perros pesa por los políticos que son tan peligrosos, pero conocí la costa. Me tocaba hacer las ventas siguiendo las fiestas de la Virgen del Carmen que comienzan el 20 de enero en Celej y terminan el 26 de junio en el Banco Magdalena. Contrati orquestas, de la mujer costeña. Bueno, ahí pasaba de todo, de todo. Hay un autor antioqueño que valdría la pena tal vez como como buscarlo para eso que estás diciendo el Caribe, Mario Escobar Velázquez, ¿cómo lo ves ubicado desde ese paisaje Caribe? A ver, Mario realmente logró muy Caribe está, pero estáendo es un libro de historia, ¿cierto? O sea, no tocó el Caribe Moderno. Mario nunca se metió con Barco, lo mismo que García Márquez, ¿cierto? No se metieron con barco, no con grandes cargamentos, con grandes asendados, porque por están los grandesado, pero si aparece algo muy interesante con un escritor antioqueño que se llama Tomás González, que ha sabido manejar el mar, Bendaval, que ha sabido manejar dejar las fincas a en el golfo, que ha metido gente allá para que fracase, que sabe lo que es un viaje en bus en el momento que las carreteras horribles hasta turbo. Ese sí ha conocido el mar y un paisaje como el desencanto, ¿no? y un país aérea o cómico también porque no está poblado de contrabandistas, de marihuaneros, de monjas perdidas, bueno, por todos lados, pero me parece que incluso lo maneja mucho mejor que Álvaro Muti.
Estación en la mesa 8 de Rush Literario música. ¿Cómo suena tu escritura, Memo? cómo conversas eh con la eh los ritmos eh incluso digamos como eh las canciones, cómo aparecen en tu escritura y esa relación de la literatura y la música, ¿cómo la has leído? ¿Cómo la has sentido? Y si te alimentaste de alguna fuente sonora.
Sí, sí. Yo necesito música para escribir. Yo sin música no soy capaz de escribir. Y a ver, eh, he escrito mucho varios cuentos de gente bailando y cómo de baila y cuentos de músicos. Por ahí tengo uno que le que ha gustado mucho el trompeta, ¿cierto? los músicos del café, o sea, las orquestas, eh, mucho de tango, pero porque yo soy muy tanguero, pero con tango que llega hasta ahora, pues hasta bajos fondos, o sea, no estoy por allá clavado con Malena todavía, con Troilo todavía la orquesta típica. Claro, eh, con Leopoldo Federico. Bueno, eh, pero y los pongo y para una novela que se llama Aquí te traje el mar, yo aprendí a bailar tango porque el último capítulo es bailar por una cabeza. Claro. Y eso te llevó a aprender a bailar tango. Sí, sí, sí. Yo ya no tengo problema. Pues yo soy el bailarín de tablado, pero sí de academia. Llevo la señora, la señora me trae, la llevo. Hacemos firuletes, hacemos el tornillo, arrancamos y terminamos con el ocho. Bueno, para la novela pasa de todo para llegar a esa novela. Qué interesante con Memo Ángel. Entonces, aprendemos a bailar para poder completar una novela. Tal vez eso es la escritura también, la palabra danza. Hay movimientos. Es que, por ejemplo, hay una novela muy muy interesante de Arturo Pérez Reverte, llama tango. El problema es que Arturo Pérez no sabe bailar tango, entonces se vuelve una cosa que nombra, pero no que la vibra. ¿Qué significa [ __ ] a alguien en estar en alguien? Incluso el guiño. Claro, el guiño. Eso tiene ceremonia de todo. Eso tiene de todo. El el ritual, una mirona, un canengue por para que la gente pueda bailar en un prostíbulo. Pero es hermoso lo que decís, porque hay escritura que está en apariencia bien escrita, pero no tiene canyengue. Claro. Es que a ver, hombre, uno no puede escribir sobre lo que no conoce y lo que uno conoce lo tiene que haber vivido. No quiere eso decir que para escribirnos una novela de un crimen yo que sea un criminal, pero al menos intentarlo un poco, o al menos usar los crímenes que hace la cabeza o robarse un beso como mínimo. Pero sí, pero es muy difícil, pero las experiencias normales ayudan mucho. Claro.
En la mesa ocho, estación Voces femeninas y creo que con eso vamos a ir terminando el café porque se vendrán más encuentros. Seguramente, Memo, eh los universos femeninos especialmente y y ahí el siglo XIX tiene unas mujeres interesantísimas desde el realismo, el naturalismo y creo que se convierten también como en modelos en América Latina también para averiguar eh las formas femeninas, la psicología femenina, eh cómo aparecen tu obia y tus lecturas de los universos femeninos en estación voces femeninas.
A ver, yo me escri entre mujeres y como me escri entre mujeres las manejo pero de arriba para abajo. Le voy a poner un ejemplo. Yo tengo dos hijas. En mi casa había dos hijas. Mi señora, la señora al servicio, la perra y la gata y yo todo femenino. Todo el mundo femenino. Me gustan mucho los personajes mujeres, demasiado porque o las he vivido o las he visto funcionar. Vamos. La última novela que la inundación, que significa abandonar a la pareja vista desde ambos lados. ¿Qué significa eso? ¿Cierto? ¿Qué significa entonces las mujeres cómo se comportarían o cómo me las imagino? Y hay una constante en todo esto que es mi tía Lía, pues mi tía Lía es un equivalente a Madamboía, Ana Karenina, a a Clara Jacobis, una aura de Carlos Fuentes. Claro. Y yo una novela que se llama Mis siete tías sobre la tierra más mi mamá que era tía. Ya está hablando de todas las mujeres.
Ahorita nombraste Ana Karenina precisamente. Me encantaría que cerráramos este rush literario con la estación Ana Carenina. Hablamos de trenes, hablamos de de bailes, de salones, eh de una sensibilidad y un punto de vista que tiene también como una censura social y cultural. Eh, para vos, Ana Carenina, como universo femenino, ¿qué te qué te entrega? ¿Qué qué rescatás? ¿Qué recibís de Ana de Ana Karenina Toly?
A ver, hombre, vea. Cuando uno se separa de la pareja se da cuenta o cae en cuenta de algo, de que la pareja había sido mamá, había sido novia, había sido mujer, había sido a de casa y que dentro de todo eso, cuando se llega al fracaso, fue porque a uno se le olvidó que seguía siendo mujer. Eso está por encima de cualquier otro rol cosa. Entonces, Ana Caren hace eso, ¿cierto? Mujer en toda la extensión. Sí, porque es que a ver, vivir con el marido Ana Carenina ser horrible, ¿cierto? con las amigas hasta que se siente de alguna forma querida, deseada, ansiada y se tira por ahí. Escuchada. Claro. Y se tira por ahí. Es que el ejemplo es muy bravo, ¿cierto? Era lo mismo pasa con con Madam Bobarí. Madame Bobarí creía en el amor y nunca llegó a él, por ejemplo. O sea, que empieza uno a decir, "Bueno, un momentico, es que hay un elemento primordial que es el que lleva a que todo se destruya y es olvidarse de ese elemento que hizo posible que yo quisiera, que yo amara." Pero, ¿cuál fue el elemento? Sí, lo que facilitó los encuentros, la esa reunión. Claro. Mira que mencionaste a Madame Bobarí también y entonces con Ana Carenina, ¿cómo son las figuras de esos hombres que gravitan, cierto? Eh, en ellas, ellas son eh planetarias, solares, son estrellas autónomas y esos dos maridos están ahí suspendidos. ¿Cómo es la figura de ese modelo eh literario estético antropológico de hombres? El primero es que Karenin quiere ser un funcionario exitoso, trabajar eh tener nombre, ser oído y el marido de Madam Bobarí se se le olvida se le olvida a ella. Él se mantiene curando gente y es muy bonito en su profesión, pero se les olvidó a los dos que tenían una señora y esto lleva a un cuento de que a una novela que aparece dentro de la novela del Quijote, se llama el curioso impertinente, ¿cierto? Cuando yo llego y encuentro lo perfecto y empiezo a cuestionarlo hasta hasta que lo pierdo. Hasta que lo pierdo. Curioso y pertinente es tremendo. Y eso es más o menos el mundo de Ana Karenina, el mundo de Flober.
Vamos a cerrar en el rush literario con la amistad y además porque como estamos en un café esto es puro tránsito y estamos ahí. Sí. Eh, démonos un minuto para hablar, ¿no? Y esta señora que le sonría a la sonría, ¿cierto? le sonríe. Es hermoso más porque eso es lo bonito del café, los que entran, se acomodan, eh, todo esto que estamos escuchando. Yo creo que eh tiene un mérito especial hacer una entrevista en este tipo de espacios porque la vida está en movimiento, nada se programa. Memo, hagamos en la estación amistad, en la estación amigos, una referencia especial. Eh, hay un amigo muy cercano, eh, Reinaldo Espitaleta. Para vos, eh, ¿cómo es esa estación Hpitaleta, esa estación amigo? Eh, Café del Sur, eh, una conversación que todavía se mantiene le puedes reír a la cámara. Ríale. Qué bellás que le gusta la sonrisa en la cámara, ¿eh?
A ver, con Reinaldo digamos que creamos una sociedad de soñadores literarios, los que se encuentran, que creen que pueden escribir y comienzan a soñar que van a escribir, ¿cierto? A partir de ahí se da algo que no necesariamente yo a Reinaldo le dejo de ver 6 meses y pero vuelvo y volvemos a lo mismo, a soñar. A soñar. Es que la las amistades se hacen con sueño. Cierto. Cierto. Si no hay como soñar, no hay nada que hacer. Sí, yo Reinaldo lo quiero es por eso. Y es un sueño que no se agota, que que sigue permanente, casi se renueva. Incluso seguimos soñando como dos muchachos. Eso es el rush literario, una estación eh que a veces dura 40, 50 minutos, a veces un poco más, pero para mantener el sueño de la conversación, generar encuentro, generar amigos. Le agradecemos a Memóo Ángel que haya estado en esta estación en la que tantos aprendizajes hemos tenido. Precisamente una conversación con Memo Ángel es pasar por muchas estaciones, ver muchos letreros, eh uno con voz tiene la literatura, el movimiento y ni siquiera solo la literatura, la cultura. Y eso es lo que hemos hecho juntos en este rush literario. Hemos estado en un tren, pero el tren va a seguir eh su marcha. La estación sin fin, la estación que no termina. Así debemos terminar. Y sobre todo que cuando se va al tren mueven un punto rojo. Es y además todo comienza con el tren, incluso el cine y muchas veces desde antes. Así que sigamos este rush literario en el tren de los soñadores, de la amistad, defender la amistad como ese sueño que no termina. Gracias, Memo. Agradecemos también a este hermoso café, al Fortín, ¿cierto? porque nos ayudó aquí en esta mesa a viajar. [Música]