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Mi mujer no me entiende ☹️

Español con Juan9:46

Transcription

Chicos, ¿qué tal? ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? ¿Cómo estáis? Yo soy Juan. Yo soy Juan. Uy, el micrófono… Tío, que lo voy a romper. ¡Es carísimo este micrófono, es carísimo!

Bienvenidos, bienvenidos y bienvenidas a "Español conmigo", Español con Juan. Este es un canal en español para aprender español. Si tú eres estudiante de español, este es tu sitio. Este es tu sitio. Aquí vas a aprender español. ¿Y la mejor manera? ¿Tú sabes cuál es la mejor manera de aprender español? ¡En contexto! En contexto, en el contexto de una historia. Sí, eso es lo que hacemos aquí normalmente… Uy, ¡qué sucias! ¡Qué sucias, por Dios! Eso es lo que hacemos aquí normalmente: contar historias. Yo os cuento mi vida. Mi vida es muy interesante. Me pasan unas cosas increíbles. La historia de hoy es increíble, increíble. Muy, muy interesante. Muy interesante. Yo creo que os va a gustar. Yo creo que os va a gustar. ¡Uy, que tengo calor! Me voy a remangar las mangas… ¡Uf, qué calor! ¡Qué calor tengo! Siempre mucho calor. Soy un hombre muy ardiente. Vamos al vídeo.

Lo que te tengo que contar es increíble. No te lo vas a creer. ¿Estás listo? ¿Estás lista? ¿Empezamos? Tengo, tengo un problema. Tengo un problema con mi mujer. Mi mujer no me entiende. Dice que yo no sé decir "Federico". Dice que yo no sé decir "Federico". Pero… ¿cómo? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? Sí, dice: "Juan, tú no sabes decir Federico, tío". A mí me parece que lo digo bien, ¿no? Federico… Federico… ¿Cuál es el problema, tío? ¡Federico! Lo digo bien, ¿no?

Pero ahí no acaba la cosa. Ahí no acaba la cosa. Mi hija… Tengo una hija. Tiene 18 años. 19, casi. Casi 19. El año que viene empieza la universidad. Pues la niña… la niña es como la madre, tío. Es como la madre. Dice que su madre tiene razón. Dice: "Papá, papá, mamá tiene razón. Mamá tiene razón. No sabes decir Federico." ¡La niña también! ¡La niña también!

Yo pensaba… yo, al principio, pensaba: "Bueno, mi mujer, claro, es ya mayor. Es ya mayor y, en fin… bueno, somos más o menos de la misma edad, pero en fin… y bueno, pues quizás, no sé, pierde la memoria, ¿no? En fin… lo que pasa cuando uno envejece, ¿no? Cuando uno se hace viejo." Yo pensaba eso. Pero la niña… la niña, que tiene prácticamente 19 años, piensa igual que su madre: que yo no sé decir Federico. ¡Es increíble! ¿No? Parece una tontería. Parece una tontería, pero es… es… es increíble. ¡Federico! ¡Federico! Yo creo que lo digo bien, ¿no? Yo es que, de verdad, no entiendo estas cosas. Yo pensaba: "Bueno, pues será una cosa de mujeres, ¿no? A lo mejor el tono de voz de los hombres es diferente del tono de voz de las mujeres, quizá… no sé."

Y resulta… resulta que mi hijo, tengo un hijo, es más pequeño que la niña. Tiene 16 años. Mi hijo… mi hijo es igual. Mi hijo es igual. Piensa igual que su hermana y que su madre. Me dice: "Papá, que ellas tienen razón. Que tú no sabes decir Federico." ¡El niño también! ¡El niño también! Entonces yo pensaba: "Tío, aquí… ¿qué pasa aquí? ¿Están todos locos?" Al principio me lo tomaba a risa, ¿no? Al principio me lo tomaba a risa. Decía: "Bueno, esto es ridículo, ¿no? Es ridículo." Pero claro, ya todos los días, todos los días, siempre que yo decía "Federico", ellos me decían: "Papá, que no sabes decir Federico, que no es así." Y yo, de verdad, de verdad, me empecé a poner nervioso. Me empecé a poner nervioso. Yo decía: "O están locos ellos o estoy loco yo… o me estoy volviendo loco yo, no sé. Porque yo qué sé…" Empecé a tener problemas. De verdad, empecé a preocuparme. Empecé a preocuparme primero por ellos, ¿no? Primero por ellos, porque pensaba que estaban… en fin, que mi familia tenía algún problema. Pero después empecé a preocuparme por mí. Porque digo: "A lo mejor el problema lo tengo yo, ¿no? A lo mejor el problema lo tengo yo. Estoy loco. Yo qué sé… A lo mejor no escucho bien, ¿no? Federico…"

Entonces, ¿sabéis lo que hice? Me fui a un psicólogo. A un psicólogo… bueno, a un psicólogo no, a un logopeda. A un logopeda, ¿no? Que es un profesional que trabaja con el lenguaje, ¿no, tío? Yo, al final, me puse tan nervioso, me preocupé tanto… No le dije nada a mi familia, eh, no le dije nada. Pero dije: "Voy a ver. A lo mejor tienen razón, tío. Me estoy volviendo loco yo aquí…" Fui al logopeda, que cuesta un ojo de la cara aquí en Londres, ¿no? Yo vivo en Londres, pues aquí en Londres un logo cuesta un ojo de la cara. ¡Carísimo! Pero fui. Vamos, fui para consultar con él, ¿no, tío? Para consultar con él, a ver qué pasa aquí. Y le dije —era una señora— le dije: "Bueno, mire usted, mi familia, mi mujer, mis hijos, dicen que yo no sé decir Federico." Y ella me dijo: "Pues lo dice usted muy bien." ¡Yo sí! Efectivamente. O sea, yo… es lo que yo pensaba: que lo digo bien, ¿no? Entonces ella me dijo: "Bueno, a lo mejor hay algún problema. Ellos tienen algún problema de oído. A lo mejor no escuchan bien, o en la casa hay algún problema de sonido…" Y digo: "Bueno, no sé… a lo mejor es eso, a lo mejor es eso, yo qué sé… no sé." Estaba… estaba súper nervioso, de verdad. No sabía lo que estaba pasando. Me estaba volviendo loco. Empecé a pensar de todo. Empecé a pensar de todo.

En fin… yo he visto muchas películas. He visto muchas películas, sobre todo de Alfred Hitchcock. Me encanta Alfred Hitchcock. Las películas, las películas así de misterio, ¿no? Y entonces empecé a imaginarme que, a lo mejor, mi mujer y mis hijos se habían puesto de acuerdo para hacerme pasar por loco. Yo qué sé, para quitarme mi dinero, mis ahorros… no sé. Entonces… bueno, os digo una cosa que no se la he dicho a nadie. Pero cambié el testamento, tío. Fui a ver a un notario. Fui a ver un notario y cambié el testamento. Cambié el testamento. Porque digo: "Estos me quieren… aquí pasa algo. Me quieren matar. Me quieren quitar el dinero. O me quieren hacer pasar por loco, no sé…" Porque todos los días, todos los días: "Papá, no es así. No sabes decir Federico. No se dice Federico. No es Federico…" Y digo: "¡____!"

Y al final… al final, bueno… no sé, chicos. No sé. No sé. No sé lo que va a pasar. No sé lo que va a pasar, de verdad. Porque yo estoy… estoy… yo estoy muy enamorado de… estoy muy enamorado de mi mujer. Y a mis hijos los quiero mucho, claro que sí. Pero, de verdad, esto está llegando… parece una tontería, ¿eh? Parece una tontería, pero esto está llegando, está llegando… esta situación está llegando a un punto que yo ya no sé qué pensar. No sé qué pensar, de verdad. ¿Yo no sé decir Federico? ¿Yo no sé decir Federico? Yo me… en fin, me estoy volviendo loco. Me estoy volviendo loco con todas estas… con todas estas majaderías. Esto… esto está caliente. Está caliente. El Federico no funciona. El Federico no funciona. Está… está todo caliente. Está todo caliente. ¡Marta! ¡Marta! El Federico no enfría. Hay que llamar al técnico. ____ Que los técnicos del Federico son carísimos. Y es raro, ¿no? Es raro, porque, en fin, es una marca alemana. Es una marca alemana, y los Federicos alemanes normalmente son muy buenos, ¿no? Y este no tiene… no tiene ni dos años. No tiene ni dos años. Lo compramos hace dos años. En fin… la vida. La vida.

Bueno, chicos, como veis… como veis, mi vida es un rollo. Mi vida es un rollo tremendo. Hasta luego. Adiós. ¿Hay que llorar? ¿Hay que llorar aprendiendo español? ¡No, tío! ¿Hay que pasarlo mal, hay que sufrir? ¡No, hombre, no! ¡Hay que pasarlo bien! ¡Hay que divertirse con las historias de Juan! La vida de Juan… ¡Qué vida! ¡Qué vida tengo! ¡Ay!