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José Ortega y Gasset nació en Madrid en 1883. Dentro de la continuidad del desarrollo de su pensamiento, cabe distinguir un periodo perspectivista y otro racional vitalista. En el primero, se opuso tanto al idealismo como al realismo y afirmó que la sustancia última del mundo es simplemente una perspectiva. En el segundo, reinterpretó la razón como razón viviente y la vida como realidad y última radicalidad.
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¿Cómo están, amigos? Bienvenidos. Seguimos con nuestro camino examinando filósofos importantes que piensan y que pueden ayudar a pensar. Y hoy llegamos a una figura muy destacada del pensamiento español, del pensamiento en lengua española, porque tuvo mucha proyección sobre América y también una notable proyección en el resto de Europa. Es José Ortega y Gasset.
José Ortega y Gasset, eh, fue una figura que empezó en el periodismo. Era hijo de un gran periodista y, aunque naturalmente, pues, siempre sintió un interés por la filosofía, en especial por la filosofía alemana, eh, sus inicios estuvieron en el periodismo y es un articulista extraordinario. Y a lo largo de toda su vida, el grueso de su obra, si se ven los volúmenes de sus obras completas, la mayor cantidad de sus obras son artículos de periódicos, son breves, eh, ensayos que caben en una revista, son una pequeña conferencia surgida, digamos, de lo que se puede hacer en un, en un periódico. Eh, reunió la mayor parte de esos escritos como en, en la serie "El espectador", que era el rubro con el que él publicaba sus artículos. Y también tiene una labor, él hizo una labor, eh, de editor, eh, de revista, porque fundó "Revista de Occidente", que es quizá una de las publicaciones más influyentes, más importantes a lo largo de toda la, la, eh, época, eh, pre, anterior a la Guerra Civil en España. Y a la vez, fue un hombre público, fue una figura carismática y estuvo muy, eh, implicado en la política. No solamente habló en política desde fuera, sino que formó parte de asociaciones, se enfrentó de una manera, no nunca excesivamente heroica, pero a veces enérgica, a la autoridad. Eh, antes de la Guerra Civil, eh, fue un destacado republicano. Y bueno, luego después de la guerra, su actitud, eh, de un distanciamiento más o menos, al, pero no de condena explícita del régimen de Franco, pues le ha valido bastantes, bastantes críticas. Lo que nadie puede dudar es que Ortega fue un semillero de ideas. Es decir, lo importante de Ortega es que, digamos, él sembró muchísimas ideas, dio pie a muchísimas iniciativas y sus obras están llenas de impulso para el que quiere seguir pensando a partir de ellas. Vamos a estudiar por unos momentos su historia, su trayectoria, su pensamiento.
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José Ortega y Gasset provenía de una familia de la alta burguesía madrileña. Su abuelo materno y su padre fueron notorios periodistas y él mismo mostró pronto dotes suficientes para emularlos. A los 8 años es inscrito en el internado jesuita de El Palo en Málaga. En 1897 obtuvo el título de bachiller con promedio sobresaliente e ingresa en la Universidad Central de Madrid con la intención de seguir la carrera de leyes, pero pronto se cambia a la de filosofía. Obtiene su licenciatura brillantemente en 1902. Desde el comienzo de su trayectoria intelectual aboga por la modernización y europeización de España. En 1905 obtiene su doctorado. En los años siguientes realiza cursos de perfeccionamiento en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo. También comienza a enviar artículos que son publicados en el periódico español "El Imparcial", uno de los más prestigiosos de la época. En estos años, Ortega va definiendo su ideario republicano y liberal con manifiestas simpatías hacia el socialismo. Abandona la fe católica y abraza decididamente el agnosticismo. A partir de 1908 ocupa el cargo de profesor de psicología, lógica y ética en la Escuela Superior de Magisterio. En 1910 contrae matrimonio con Rosaura Potor y Topete, a quien había conocido casualmente unos cinco años y medio antes. En ese mismo año es nombrado catedrático de metafísica en la Universidad Central de Madrid. Además, publica artículos y ensayos en la prensa y da también numerosas conferencias. Adhiere al Partido Radical Republicano de Alejandro Lerroux, aunque con algunas prevenciones. Al año siguiente nace su primer hijo, Miguel Germán. En 1913 funda la Liga para la Educación Política Española y poco después, pues, funda y dirige el semanario "España", que da cabida a una vanguardia intelectual de reformistas liberales y socialistas moderados. Pero toda esta actividad no hace olvidar a Ortega sus intereses filosóficos y en 1914, un mes después del nacimiento de su hija Soledad y poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, publica su primer libro: "Meditaciones del Quijote".
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En su primera obra publicada, "Meditaciones del Quijote", que es una obra muy variopinta, muy con, con muchos aspectos, muy caleidoscópica, nada sistemática, nada orgánica, y que ya preludia, digamos, una carrera que no iba a ir por los cauces habituales de la academia ni de la universidad, sino que iba a estar un poco siempre al margen, como un francotirador, como mucho más próximo a los ensayistas más actuales, más modernos, que a lo que había habido en el pasado. Digo que en esa obra, en "Meditaciones del Quijote", Ortega acuña la frase que se va a convertir casi en el lema y en el, en el frontispicio de toda su obra filosófica: "Yo soy yo y mis circunstancias", y añade: "y si no la salvo, tampoco me podré salvar yo". Es decir, eh, el ser humano es evidentemente una individualidad. Eh, para Ortega, lo que existe es esa biografía humana. Él no cree, eh, dice en un momento, que no existe el ser humano, no tiene naturaleza, sino que tiene historia. Es decir, que nos vamos haciendo y que vamos y que vamos apareciendo a lo largo del tiempo, fabricándonos a nosotros mismos. Pero esa fabricación no es algo aislado, es, no es único, sino que tenemos una circunstancia determinada. Todos, nuestro yo no es ese yo aislado y antagónico que podría pensar un Unamuno, sino que es un yo que tiene que estar de alguna manera haciéndole esfuerzo por ponerse de acuerdo y por rescatar a su circunstancia. La circunstancia es la historia, la circunstancia es el, la gente que nos rodea, las circunstancias son las ideas, las personas, digamos, a las que tenemos que salvar de la ignorancia o salvar del fanatismo. Y, y el, hay que salvar esa circunstancia. O sea, el yo no basta con que yo me retire a mi torre de marfil, con que yo logre de alguna manera alcanzar una cierta perfección personal, si no he logrado levantar y salvar la circunstancia que me rodea. Es decir, el, pues el país, la época en que, que me toca. Eso define bien esa tarea regeneracionista que tuvo Ortega. Ortega, pues, tuvo una dimensión de regeneracionismo y de ahí su pasión por la publicación, las revistas, en fin, no, no fue un hombre desligado nunca de su tiempo, sino que al contrario, más bien brotó su pensamiento de la necesidad de, [Música] salvarlo.
En 1916, Ortega publica el primer volumen de una recopilación de notas y ensayos bajo el título de "El espectador", al que seguirán siete más, el último de los cuales verá la luz en 1934. También en 1916 es invitado a dar una serie de charlas en Buenos Aires, donde recibe un caluroso reconocimiento. Da exitosas charlas también en las universidades de Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Montevideo. Regresa a España en 1917 y se encuentra con su tercer hijo, José, nacido un par de meses antes. Junto con un amigo, Nicolás María de Urgoiti, funda el periódico liberal "El Sol". En 1919, Urgoiti funda la editorial Calpe, que pronto se fusionará con la catalana editorial Espasa, y para la que Ortega dirige la colección "Biblioteca de las Ideas del Siglo XX". Pero todo eso no es suficiente para él. En 1923 funda la editorial "Revista de Occidente". En 1928 visita Buenos Aires y Santiago de Chile. Y en 1931 funda la Agrupación al Servicio de la República junto con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. El programa de esta agrupación, dirigida por Ortega, de claro carácter antimonárquico, propone la separación de Iglesia y Estado, la sindicación de los trabajadores, el control centralizado del desarrollo económico, una mayor autonomía regional y algunas medidas de socialización del capital privado. En abril de 1931, Alfonso XIII suspende el ejercicio del poder monárquico y se proclama la Segunda República. Ortega, al frente de una coalición republicano-socialista, es elegido diputado para las Cortes Constituyentes. No obstante, ante la radicalización de la izquierda y la derecha y consciente de su escasa influencia en la lucha parlamentaria, Ortega se retira de la actividad política, disolviendo la Agrupación al Servicio de la República y renunciando a su puesto en el parlamento. En estos años previos a la Guerra Civil, Ortega publica varios libros, entre ellos "España invertebrada", "El tema de nuestro tiempo", "La deshumanización del arte", "Ideas sobre la novela" y, fundamentalmente, "La rebelión de las masas" en 1930, que le vale el inmediato reconocimiento internacional. Esta obra lleva hasta sus últimas consecuencias las teorías orteguianas y de las circunstancias. Luego, en rápida sucesión, aparecerán otros títulos: "Guzmán el Bueno", "Meditaciones de la técnica", "En torno a Galileo", "Historia como sistema" y "Misión del bibliotecario". Comienza en estos textos a profundizar en el tema que ocupará sus reflexiones de aquí en más: la vida. Para Ortega, la vida y la razón son irreductibles entre sí, pero a la vez están en continua colaboración y participación. La unión dinámica de ambas es lo que Ortega denomina razón vital. Esta razón vital, realizada en el curso de los tiempos y manifiesta en cada momento vivido, es razón histórica, que explicita el hecho de que el hombre es siempre él mismo y su circunstancia, de modo que la circunstancia es la articulación de la razón vital con el conjunto de lo dado en cuanto suma de todos los puntos de vista [Música] individuales.
La aportación más importante de Ortega y Gasset al pensamiento está también en una línea vitalista. No me atrevería a decir que existencialista, en el sentido bronco, digamos, de don Miguel de Unamuno, pero también está más bien próximo a esos filósofos de la existencia, o al menos de la vida, como decía, porque él decía que lo importante era la vida. Entonces, la razón. Ortega defiende la razón, no es irracionalista como en ocasiones es Unamuno. Él defiende la razón y con todo lo que la razón importa, la ciencia, la técnica, etcétera. La razón le parece importante, pero una razón vital, una razón, digamos, que surge de la vida y al servicio de la vida. Él habla, su, o quisiera a veces llamar a su filosofía raciovitalismo. Una, no un racionalismo, sino un raciovitalismo, es decir, una mezcla entre racionalismo y vitalismo, una combinación de ambas cosas. Ni un vitalismo ciego, ni un racionalismo anémico y que olvida la, la vida, la fuerza, la necesidad de la vida, porque pensamos para vivir, pensamos para vivir mejor. En cierto momento, él, compara al filósofo como alguien que ha caído de un barco, o un naufragado, que está allí en el mar tumultuoso, turbulento, y entonces tiene que intentar nadar. La filosofía es ese intentar nadar cuando nos estamos ahogando en la realidad. Es de, hemos caído en la realidad, estamos manoteando, tratando de, de salvarnos en la realidad. Y ese intento de salvación es precisamente la filosofía. No es una filosofía, eh, meramente académica, no es, por supuesto, con, con un conocimiento del mundo como si fuera simplemente un agradable espectáculo que vemos, sino que es la urgente necesidad de saber a qué atenernos, de saber cómo vivir, de saber cómo nos vamos a arreglar con la realidad, que es eso que nos está haciendo y ofreciendo permanentemente resistencia. El raciovitalismo, la razón vital, la combinación de, eh, la lucidez y el empuje y la urgencia vital es lo que da su tono esencial a la filosofía.
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De entre 1934 y 1935, Ortega ve con asombro y consternación que los falangistas afirman seguir algunos de sus postulados filosóficos. José Antonio Primo de Rivera lo reclama como líder ideológico y le reprocha no apoyar públicamente a quienes piensan a partir de él. Lo cierto es que Ortega no siente la menor afinidad con los derechistas y no entiende cómo ha surgido el malentendido. Responde con el más absoluto silencio. En agosto de 1936, un mes después del inicio de la Guerra Civil, Ortega y su familia abandonan España hacia Suiza y al poco tiempo se instalan en París. Permanecerán allí hasta 1939. Luego, Ortega continuará su ruta de exilio por Buenos Aires durante un par de años y finalmente Lisboa. En la primera publica "Ensimismamiento y alteración" y en la segunda, a poco de establecerse, da a conocer su "Introducción a Velázquez". Finalizada la Segunda Guerra Mundial y ante las garantías del gobierno franquista, vuelve a España, pero no instala su residencia en ella, sino que apenas monta un departamento en Madrid para alojarse en sus esporádicas estadías en la capital española. Escribió aún su estudio sobre "La idea de principio en Leibniz", en el que realizó un análisis sistemático de la idea de principio a través de la historia de la filosofía, y pronunció brillantes conferencias en Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y Alemania. El 18 de octubre de 1955, víctima de un cáncer que había afectado su aparato digestivo, falleció en Madrid. El gobierno franquista hizo circular en dicha oportunidad una normativa que indicaba a los periódicos que, al redactar la pertinente nota necrológica, omitieran sus errores políticos y religiosos, a la vez que evitaran llamarlo maestro. Organizó también una misa pública en honor al filósofo, que la familia dignamente rehusó, respetando así sus convicciones no católicas. La revista "Ínsula" dedicó un número entero a Ortega y fue inmediatamente clausurada. Sin embargo, unos meses más tarde, la Universidad de Madrid organizó un importante acto en su memoria que tuvo el carácter de una reparación. La muerte de Ortega dio pie a la primera protesta pública importante de la posguerra por parte de la oposición al régimen franquista, protesta que este no reprimió porque en esos momentos España estaba ingresando en la ONU como miembro de pleno derecho y reclamando un lugar entre los países industrializados de Occidente. Postumamente han ido apareciendo varios títulos de Ortega que no habían sido publicados en vida, entre ellos "¿Qué es filosofía?", "El hombre y la gente", "Investigaciones psicológicas" y "Una interpretación de la historia [Música] universal".
Ortega y Gasset ha tenido una gran y duradera influencia en el pensamiento español y en el pensamiento, eh, hispanoamericano. Eh, por supuesto, en un primer momento, en la, durante la época del franquismo, en la cual él mantuvo una postura de reserva, pero, no, no de, de, de contestación decidida, lo cual se le ha reprochado. Eh, durante ese, durante esa época franquista, eh, digamos, la filosofía de Ortega fue el refugio frente a las filosofías tomistas, religiosas, clericales que se daban habitualmente en la universidad. Eh, una serie de pensadores como, eh, Manuel García Morente, como Javier Zubiri, como Julián Marías, por supuesto, como Aranguren, etcétera, son seguidores de las doctrinas y de las ideas, viven y se alimentan en gran medida del pensamiento de Ortega. El legado de Ortega es enormemente fecundo. Es raro leer una página, leer un ensayo de Ortega sin encontrar una serie de cosas, eh, que nos, nos ayudan a nosotros a pensar. O sea, bueno, él saca sus propias conclusiones, pero nos da una idea que nosotros podemos utilizar. Quizá una de las más sugestivas es la distinción entre ideas y creencias. Él dice que creencias es aquello en lo que estamos, es decir, nosotros tenemos una serie de creencias que no discutimos, que no criticamos, que damos por descontadas y a partir de las cuales, pues, desarrollamos nuestra vida. Es decir, esas creencias no nos las planteamos, las vivimos, las necesitamos, pero no nos las planteamos. Y luego están las ideas, y las ideas, ahí sí, ya son reflexivas, son controvertidas, eh, sobre ellas pensamos, por, eh, podemos prescindir de ideas, pero no de creencias. De alguna forma, a veces, incluso las ideas pasan a convertirse en creencias con el tiempo, con la rutina, etcétera. Hay muchas, muchas ideas importantes en Ortega y muchas, eh, ideas que siguen siéndolo. Ha pasado, como muchos pensadores, un cierto purgatorio. En una época estaba bien visto hablar mal de Ortega o desdeñar a Ortega, pero yo creo que con el tiempo, eh, se va agigantando bastante su obra y se está viendo que es una obra de indudable mérito y, sobre todo, de indudable fecundidad. Eh, hasta aquí hoy hemos llegado con acompañando a este pensador. Eh, el próximo día tendremos otro pensador y tendremos otra reflexión que también compartiremos con ustedes.
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Oh.
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[Aplausos]
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Ah.
B.