Transcription
[Música] Continuamos con este extracto del Salmo 119. Ahora, el versículo 68 nos dice: "Bueno eres tú y bienhechor; enséñame tus estatutos."
Este es una confesión de fe en la naturaleza misma de Dios. Una tercera cualidad representa para los alumnos exitosos de la escuela de la aflicción de Dios es que él comprendía que el alumno debe tener fe en la persona de su maestro. Este es el mismo principio que Cristo enseñó en Juan 15:20. David sabía que para poder aprender las verdades que Dios quería enseñarle a través de la aflicción, él tenía que humillarse delante de su maestro y aceptar estas aflicciones con algo bueno, tal como el siervo no es mayor que su señor, el alumno no es mayor que su maestro.
Observemos con profundidad la verdad que dice David: "Bueno eres tú" se refiere a la naturaleza de Dios, y al decir "bienhechor" se refiere a las obras de Dios. Las buenas obras de Dios son la manifestación de su naturaleza buena. Lo que Dios hace es un reflejo de lo que él es. Volvemos nuevamente a la verdad fundamental de varios versículos atrás: si Dios hace bien con sus siervos, es porque él es bueno. Por otro lado, si no aceptamos que Dios hace bien con sus siervos, en efecto, estamos diciendo que Dios no es bueno.
En medio del ardor de una prueba, podemos vernos tentados a exclamar: "Esto no es justo, Dios. ¿Por qué me pasa a mí? No lo merezco. No soy quién para sufrir tanto." Pero tales comentarios no se limitan a acciones de Dios, también reflejan lo que pensamos acerca de una persona. Si decimos que Dios no es justo o que Dios no hace bien con sus siervos, también estamos diciendo que Dios no es bueno.
Recordemos que David dice que Dios es bueno en el contexto de la aflicción que había recibido. Esta es la razón por la cual David está en posición de aprender la verdad de Dios. Él ha experimentado su fe en la bondad de la persona de Dios.
En Lucas 18:21 nos revela cuando un hombre le pregunta: "Maestro, bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" Y Jesús le contestó: "Por qué me llamas bueno, ninguno hay bueno, sino solo Dios." Nos revela que este hombre confiaba en sus propias obras como medio de su salvación. Jesús va directamente al asunto real. Él llamó la atención del hombre al cuestionar el título que le había dado: "¿Por qué me llamas bueno?" Este era el asunto. ¿Comprendía este hombre lo que estaba diciendo? Su respuesta a Jesús nos demuestra que no. "Esto es lo que Jesús le estaba diciendo: ¿De veras entiendes lo que estabas diciendo cuando me llamaste bueno? ¿Comprendes que ninguna persona es buena, sino únicamente Dios?" Qué importante es hacernos estas preguntas.
El materialismo de este hombre, que según la Biblia era un hombre rico, impidió que viera la verdad que Jesús enseñaba. Él quería ser justificado por guardar la ley en lugar de por obedecer al maestro. ¿Te das cuenta? Muchas veces nosotros creemos que podemos hacer lo mismo, ser justificados por hacer algo, pero no por obedecer al maestro. Jesús reveló la hipocresía de este hombre al decirle que vendiera todo lo que tenía y que se lo diera a los pobres. Este hombre no pudo hacerlo porque realmente no creía que Jesús era bueno. Si Jesús fuera bueno, todo lo que dijo sería para bien de este hombre, aún si en el momento tuviera apariencia de aflicción.
David sabía que Dios es bueno y quería que Dios le enseñara sus estatutos. El carácter y las acciones siempre van de la mano. Una enseñanza mala es el resultado de un mal carácter; una enseñanza buena es resultado de un buen carácter. David entendió que para recibir la verdad bien enseñada, Él necesitaba buscar en la palabra de Dios.
¿Cómo está tu expediente para la escuela de la aflicción? ¿Estás tomando en cuenta los requisitos que hemos hablado y, más que eso, estás dispuesto o dispuesta a cargar con el dolor que sea necesario para terminar la escuela? ¿Has doblado tus rodillas genuinamente ante la presencia de Dios?
Oremos. Padre santo, te agradecemos por este tiempo tan especial. Te sabemos que tu amor es tan grande porque nos sigues enseñando cómo caminar a tu lado como alumnos que somos de ti. Queremos salir aprobados. Esta escuela no nos gusta sufrir, no queremos aflicciones, pero no las podemos evitar. Danos el corazón correcto. Ayúdanos a no enredarnos en cuestionar, en preguntar, en querer respuestas. Ayúdanos a ser obedientes y a mantenernos aprobados por ti. Gracias, Señor. En el nombre de Jesús, amén.
[Música]