Transcription
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
[canto] Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hoy la primera lectura, que es un pasaje del Apocalipsis, nos presenta una imagen muy bonita del cielo. El cielo es la nueva Jerusalén, es la morada de Dios con los hombres. Y en el cielo están los santos. Los santos ven a Dios. Los santos interceden por nosotros ante Jesucristo y los santos son nuestros modelos. Pero cada santo ha sido diferente. Cada uno de los santos han sido obras maestras del Espíritu Santo, cada uno en su situación concreta.
Hoy estamos celebrando a una santa ecuatoriana. Es una fiesta. Hemos recitado el Gloria, una santa que tiene algunas características parecidas con nuestra santa Rosa de Lima. Hay algunos paralelos que quisiera mencionar. ¿A qué edad murió Santa Rosa de Lima? Tiene chispa Freddy. A los 31 años. ¿Y a qué edad murió Santa Mariana de Jesús? A los 26 años. Y fíjense, ambas, desde pequeñitas consagraron su virginidad a Jesús. Ambas no fueron religiosas, fueron laicas. Pero desde pequeñitas, tanto Mariana como Rosa, tocadas por el Espíritu Santo, consagraron su virginidad a Jesús. Se entregaron totalmente a Jesús. Por eso hoy el salmo nos habla del esposo. Las consagradas, las consagradas también son las esposas de Cristo.
Mariana de Jesús, como les he dicho, murió a los 26 años, el año 1645. ¿Y cómo muere? Estalló la peste en Quito y ella ofreció su vida por la salvación de su pueblo. Ofrece su vida. El Señor acepta esa ofrenda y ella murió joven, podemos decir, entregando su vida por su pueblo.
Todos los santos han vivido la caridad en grado heroico. Eso es lo que en definitiva, hermanos, nos lleva a la santidad. Cada uno en su situación concreta, ya seas casado, soltero, sacerdote, consagrada, tenemos que vivir la caridad en grado heroico. Es decir, hay que amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro ser, con toda nuestra alma y amar al prójimo con el amor de Dios. Mariana de Jesús vivió totalmente entregada a Dios y por eso dio su vida por sus hermanos.
Todos los santos, queridos hermanos, han tenido vida cristocéntrica. El evangelio de hoy nos presenta unas palabras de Jesús que son una invitación a ponerle a él como centro de nuestras vidas. "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar." Hay que ir a Jesucristo. Esa es la clave para ser santos, ir a Cristo, tener vida cristocéntrica. Mariana de Jesús, Rosa de Lima, hoy también se recuerda San Felipe Neri, tuvieron vidas cristocéntricas. Todos los santos, lo diré un millón de veces, fueron diferentes, pero todos tuvieron vida cristocéntrica y por eso todos rezaban todos los días, todos frecuentaban los sacramentos, todos escuchaban la palabra de Dios, todos amaban a la Virgen y todos amaban al prójimo. Eso es lo que en definitiva nos lleva a la santidad, tener vida cristocéntrica.
Pidámosle hoy a Santa Mariana de Jesús, la Azucena de Quito, que nos ayude a tomar conciencia que estamos llamados a la santidad. Y la santidad no está en lo raro, la santidad está en lo ordinario cuando todo lo que hacemos lo hacemos en comunión con Jesús, porque la santidad consiste en tener vida cristocéntrica. Que así sea. Amén.
Como hacemos todos los martes, nos encomendamos a los santos arcángeles y a nuestros ángeles custodios.
Oración a los arcángeles y ángeles.
San Miguel Arcángel, tú que eres el príncipe de la milicia celestial, acudimos a ti para que nos protejas de los ataques del padre de la mentira. San Miguel Arcángel, ayúdanos. San Miguel Arcángel, defiéndenos de la tentación. San Gabriel Arcángel, tú que anunciaste la buena noticia a la Santísima Virgen María de que sería la madre de Jesús, nuestro Salvador, te pedimos que nos ayudes a comunicar siempre con gozo y valentía el evangelio. San Gabriel Arcángel, ayúdanos. San Gabriel Arcángel, intercede con nosotros para anunciar a los demás. San Rafael Arcángel, tú que eres el protector de los caminantes, te pedimos que nos ayudes a no salirnos nunca del único camino que debemos recorrer en nuestra vida y que es Cristo Jesús. San Rafael Arcángel, cuídanos para que no nos desviemos. San Rafael Arcángel, guíanos. San Rafael Arcángel, ayúdanos para que lleguemos a la casa del Padre.
Santos ángeles custodios que contemplan a Dios uno y trino y que son nuestros buenos compañeros en esta vida terrena. Les pedimos que nos protejan de todo mal, especialmente de caer en el pecado. Santos ángeles custodios, ayúdenos a ser adoradores de la Eucaristía. Santos ángeles custodios, cuídannos. Santos ángeles custodios, rueguen por nosotros. Amén.
Vamos a escuchar la meditación que toca hoy en este mes de mayo, mes de María, día vio.
María, vaso digno de honor. María es vaso digno de honor, pues es la obra maestra de Dios. Rendimos honor a María porque ha sido enriquecida con una serie de privilegios. Ella es la Madre de Dios, la Inmaculada Concepción, la siempre virgen y asunta al cielo en cuerpo y alma. Ese honor a María, nunca nos cansaremos de repetirlo, redunda en el honor a Dios, fuente de todo bien. Así como alabamos a un pintor cuando contemplamos un cuadro hermoso, de la misma forma alabamos a Dios cuando contemplamos a María. Honrar a María es signo de reconocimiento a Dios.
Propósito de hoy: meditar con frecuencia en los privilegios de María.
Hacemos juntos nuestra oración de consagración a la Virgen. Decimos: "Oh, Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco del todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya." Amén.
Hoy celebramos la fiesta de Santa Mariana de Jesús, la Azucena de Quito, santa ecuatoriana, quien murió muy jovencita, ¿a qué edad? A los 26 años, ofreciendo su vida por su pueblo. Y ella, como todos los santos, tuvo vida cristocéntrica. Ahí está la santidad en poner a Jesús como centro en nuestras vidas. Jesús nos ha dicho: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar." En Cristo tenemos que descansar. Cristo tiene que ser la raíz de nuestra vida.
Hoy recordamos también a San Felipe Neri y él decía lo siguiente: "Si pides algo y no es Cristo lo que pides, no sabes lo que pides. Si quieres algo y no es Cristo lo que quieres, no sabes lo que quieres. Y si haces algo y no lo haces por Cristo, no sabes lo que haces." En otras palabras, ¿quién tiene que ser el centro de tu vida? Cristo.
Pidámosle hoy a la Virgen María, nuestra madre, que nos ayude a todos para que, como lo hizo Santa Mariana de Jesús, Santa Rosa de Lima, San Felipe Neri y todos los santos, centremos nuestra vida en Cristo Jesús.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, con Dulce Corazón de María, sed la salvación del mundo. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.
[música]