📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

SUMER y el primer Héroe de la Humanidad: GILGAMESH. Buscando la inmortalidad. EVA TOBALINA

Raices de Europa56:56

Transcription

[Música] Buenas tardes. Pues efectivamente, vamos a continuar con este mini, mini, mini ciclo integrado por dos conferencias, dedicado a la a la mitología y a las leyendas de Mesopotamia. La semana pasada hablamos de la cosmogonía, de la teogonía, de la concepción del mundo y del cosmos que tenían las gentes de Mesopotamia. Y hoy vamos a hablar del héroe por excelencia de la tierra del Tigris y el Éufrates, que es este Gilgamesh.

Y lo primero que me gustaría decirles es que este personaje, Gilgamesh, aunque para nosotros solo es conocido desde finales del siglo XIX, cuando empezaron a descifrarse las tablillas que contaban su historia, en realidad, durante miles de años, fue el héroe por excelencia de las distintas civilizaciones que se sucedieron en Mesopotamia. Parece que originariamente era un héroe sumerio, pero sus hazañas fueron cantadas, además de por los propios sumerios, por los acadios, por los babilonios, por los asirios, y todavía seguían contándose al final de la Edad de Hierro, a mediados del primer milenio antes de Cristo.

Y esto es así, no estrictamente por el brillo de sus logros o por las cosas que consiguió, o por los monstruos a los que derrotó, o por las hazañas que llegó a realizar, sino que esto es así porque veremos que la historia de Gilgamesh no es tanto la historia de un héroe o de un semidiós, sino que es la historia de un hombre. Y vamos a ver que las tribulaciones, las preocupaciones, los problemas que a él le atormentaban, son problemas con los que cualquiera de nosotros puede seguirse, puede sentirse completamente identificado. Y es este carácter humano, este carácter terrenal, esta cercanía que tiene Gilgamesh, incluso con nosotros, 4000 años después de que empezaran a contarse sus hazañas, lo que ha marcado el secreto de su éxito, y el hecho de que fuera, como les digo, la figura por excelencia de las leyendas mesopotámicas durante 3000 años.

Los investigadores se han preguntado también si entra dentro de lo posible que Gilgamesh pudiera ser un personaje real, cuya existencia después fuera objeto de cantares de gesta. Y la verdad es que, a este respecto, no se puede afirmar absolutamente nada con seguridad. Hay investigadores que defienden la posibilidad de que, efectivamente, hubiera un rey llamado Gilgamesh, que habría vivido hace unos 4600 años en el mundo de los sumerios, en la Baja Mesopotamia, en el sur de lo que hoy es Irak, y que, bueno, pues que hubiera tenido una vida importante, que hubiera dejado una memoria en los hombres. Pero también hay expertos que consideran que puede tratarse simplemente de una figura legendaria. Así que, a este respecto, debo decirles que no hay acuerdo entre los investigadores.

Lo que sí que podemos afirmar con con bastante seguridad es que la historia de un rey llamado Gilgamesh debió de empezar a contarse, como mínimo, a finales del tercer milenio antes de Cristo, o sea, hace unos 4000 años, y debió de empezar a a contarse en la ciudad de Ur, en el sur de Mesopotamia, en el contexto de la civilización sumeria. En esta ciudad de Ur había un rey que se llamaba Sulgi, perteneciente a una de las dinastías reales de Ur, y este Sulgi, con el propósito de aumentar su propio prestigio, de hacer propaganda, en último término, de aumentar su fama, él se decía hermano de Gilgamesh, él se decía que estaba emparentado con Gilgamesh. Y sabemos que este Sulgi creó una especie de escuela de literatos en la ciudad de Ur y que él ordenó que las hazañas, los actos heroicos de Gilgamesh empezaran a cantarse. No.

Entonces, parece que el contexto de este monarca sumerio, ciudad de Ur, finales del tercer milenio antes de Cristo, es cuando empezaron a contarse historias relacionadas con Gilgamesh. Después, ya durante el Imperio Paleo Babilónico, para que ustedes se sitúen más o menos, época de Hammurabi, del famoso Código Legal de Hammurabi, que todos ustedes pueden más o menos ubicar, pues en tiempos de este Imperio Paleo Babilónico, los investigadores ya han encontrado algunas tablillas. Esta que les he traído aquí sería una de ellas, en las que se contaban distintos actos heroicos realizados por Gilgamesh y que recogían historias, pues probablemente de que ya se contaban en tiempos de los sumerios.

Estas hazañas de Gilgamesh, de las que ya tenemos documentación, de las que ya tenemos tablillas que han llegado hasta nosotros, datadas hace 3500, 4000 años, contaban distintas heroicidades de Gilgamesh, distintas hazañas de Gilgamesh, pero no parecen formar parte de un ciclo completo, no parecen formar parte de una historia coherente. Simplemente eran, pues, actos heroicos que había realizado Gilgamesh.

Tenemos que esperar a la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo, pues entre el 1600 y el 1100 antes de Cristo, todavía en época Babilónica, para que un sacerdote escriba de nombre, pues francamente impronunciable, Sîn-leqi-unninni, que bueno, no es tan conocido como Homero o como Virgilio, pero que podría compararse con ambos por la importancia que ha tenido su obra. Este Sîn-leqi-unninni, como les digo, en la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo, entre más o menos el 1600 y el 1100 antes de Cristo, en algún lugar de Babilonia, cogió las leyendas que se contaban de Gilgamesh, las distintas hazañas que había realizado el héroe, y las ordenó, componiendo una historia coherente que tiene un principio, que tiene un nudo y que tiene un desenlace, y que además enseña unas enseñanzas de vida, unas lecciones sobre la existencia de los hombres, que son las que han hecho este relato inmortal.

Así que sería esta de este sacerdote escriba babilónico de hace más de 3000 años la que habría pasado a la fama, de acuerdo, y la que hoy se considera la versión llamada Babilónica o la versión canónica de las leyendas de Gilgamesh. Como vamos a ver más adelante, es un relato conmovedor, es un relato que tiene unas profundas enseñanzas de vida, es un relato que nos muestra el crecimiento de un héroe que aparece en todo momento representado como un ser humano con sus virtudes y sus defectos, y que revela una extraordinaria madurez literaria para un texto que, quiero insistir, fue escrito en el sur de lo que hoy es Irak hace más de 3000 años.

Esta versión de la leyenda, como les digo, la que se considera canónica, se suele titular también "Aquel que contempló el abismo" o "Aquel que miró las profundidades", porque esa es la primera frase del poema, de acuerdo. "Aquel que contempló el abismo". Este poema babilónico, redactado en el corazón de Mesopotamia, fue después copiado por los asirios, que también tenían en Gilgamesh a uno de sus grandes héroes, y acabó formando parte de la biblioteca que el rey Asurbanipal tenía en Nínive. Y es en las tablillas extraídas de la biblioteca del rey Asurbanipal en Nínive, y que están datadas ya en el siglo VII antes de Cristo, fíjense cómo hemos ido recorriendo milenios, es en estas tablillas, 2000 años después del momento en el que supuestamente debió de vivir Gilgamesh, cuando tenemos, o dónde tenemos, la versión más completa que conservamos del texto.

De acuerdo, tenemos algunos fragmentos de los textos paleobabilónicos, pues la versión más completa que tenemos de la historia es la que se conserva en la biblioteca de Asurbanipal en Nínive. Curiosamente, esta versión más completa de la historia, que probablemente sería de las últimas, la que se redacta en el siglo VII o la que se copia en el siglo VII antes de Cristo, es la primera que encontramos. Nínive fue excavada por Henry Layard a finales del siglo XIX. Esas tablillas de Nínive se llevaron al Museo Británico. En el Museo Británico empezaron a leerse y a traducirse a finales del siglo XIX, y es en ese momento cuando los europeos descubrimos que había habido un héroe extraordinario llamado Gilgamesh, que había sido, pues, la gran figura literaria de Mesopotamia, de acuerdo.

Así que nosotros empezamos a desenredar la madeja precisamente por la última versión de la leyenda, que es también la que se nos conserva más completa hoy en día. Entre las tablillas de la época paleobabilónica, Imperio Babilónico, y entre las tablillas asirias, y entre alguna otra tablilla que ha ido apareciendo por ahí, los expertos manejan más de 200 tablillas de arcilla con distintos fragmentos de la leyenda de Gilgamesh. Y debo decirles que ese número está constantemente creciendo. Hay repartidas por los distintos museos y fundaciones del mundo miles, decenas de miles de tablillas, y la mayor parte de las tablillas de la antigua Mesopotamia están todavía sin descifrar. Y constantemente, a medida que se descifran nuevas tablillas, pues van saliendo nuevos fragmentos de la leyenda.

Esta foto que les he traído, por ejemplo, aquí, es de una tablilla que apareció en el año 2012 y que se dio a conocer al gran público en el año 2015, o sea, prácticamente hace nada. Y como les digo, se espera que aparezcan nuevas versiones o nuevos añadidos de la historia de Gilgamesh a medida que se vayan excavando yacimientos y se vayan traduciendo las tablillas que ya tenemos.

Y bueno, dicho esto, ¿quién era Gilgamesh y por qué es tan famoso para que su historia se contara durante más de 2000 años en la antigua Mesopotamia? Bueno, pues Gilgamesh era el rey de la ciudad de Uruk. Uruk era una de las grandes urbes sumerias y se encontraba en el extremo meridional de Mesopotamia, en el sur de lo que hoy es Irak, a orillas del río Éufrates, muy cerca de la ciudad de Ur, o de la ciudad de Lagash, o de la ciudad de Nippur, del resto de las grandes ciudades de los sumerios. Hoy en día está un poquito desmejorada, sí que quedan restos de Ur, pero como les digo, han conocido sin duda eh tiempos mejores. Hoy en día Ur es un gigantesco sucesión de tell, de montones de tierra y de arcilla, pero bueno, todavía quedan algunas construcciones imponentes, como este gran zigurat de la ciudad de Uruk, que podría haber estado dedicado al dios del cielo Anu y a su hija la diosa Inanna, conocida por los babilonios como Ishtar, y de la que van a ver ustedes que vamos a hablar bastante a lo largo de la conferencia de hoy.

En esta ciudad de Uruk, de donde Gilgamesh era el rey, él había nacido como hijo del rey anterior, que se llamaba Lugalbanda, y que ya tenía sus propias hazañas, sus propias historias heroicas. El padre de Gilgamesh ya había sido un gran guerrero, ya había sido un héroe y ya había sido objeto de leyendas antes de que naciera su hijo. Y la madre era la diosa vaca salvaje, así es como aparece en las tablillas, llamada Ninsun. Podría ser el personaje que aparece en esta representación de aquí, al menos el nombre de la divinidad aparece en la escritura cuneiforme. La diosa vaca salvaje Ninsun, que era una divinidad menor, pero que tenía el poder de leer y de interpretar los sueños.

De tal manera que nuestro héroe, nuestro protagonista, Gilgamesh, es el hijo de un rey que también era un gran guerrero y de una diosa. Y es, además, el rey de la ciudad de Uruk. Y nos dice de él el relato que era dos partes humano y una parte divino, que tenía dos partes humanas y una parte divina. Y que además era versado en todas las materias, que era sabio en todos los aspectos del conocimiento humano. Pero fíjense, a pesar de eso, en el momento en el que comienza la leyenda, este rey de Uruk no es en modo alguno un hombre perfecto. Está muy lejos de serlo. Gilgamesh es un hombre grande, fuerte, hermoso, rico, sabio, poderoso, pero es también un hombre arrogante, es también un hombre cruel, es un hombre que se comporta de forma tiránica con sus propios súbditos y que tiene sometida a su ciudad de Uruk de una forma tan cruel, de una forma tan despiadada, que los habitantes de la ciudad no dejan de pedir a los dioses que pongan solución a la postración a la que les somete este Gilgamesh.

Y los dioses escuchan a los hombres y deciden darle a Gilgamesh un escarmiento. Y para dar un escarmiento a este a este Gilgamesh, a este hombre tan arrogante, los dioses deciden crear una criatura. Una criatura que se llama Enkidu, y que es el hombre salvaje. Este Enkidu nos lo describe el relato como un personaje medio humano, medio animal, cubierto completamente de pelo, que vive en las extensiones salvajes de Mesopotamia, que se alimenta de hierba y de frutos del bosque, que cabalga junto con los animales y los rebaños, que bebe el agua de los ríos y que desconoce completamente los modos y las costumbres de los hombres.

Pero cierto día, este Enkidu se topa con una mujer. Se topa con una prostituta de un templo. En muchos templos en la antigua edad se practicaba la prostitución sagrada. Las mujeres se prostituían en esos lugares en honor de las divinidades a las que se rendía culto allí. Y bueno, este Enkidu se topa con esta señora, con esta prostituta de un templo. Automáticamente, los dos se acuestan. El poema nos dice que ella se quita la ropa, deposita sus prendas en el suelo, los dos se tumban sobre las ropas de la mujer, comienzan a acostarse, y Enkidu, nos dice el poema, tiene una erección durante siete noches y seis días. No. Hasta que esto, insisto, es las palabras del texto, versión canónica Babilónica.

Y en el transcurso de de este encuentro sexual, que como les digo, dura seis días y siete noches, al final del mismo, mediante el contacto con esta mujer, Enkidu va aprendiendo el lenguaje humano, va aprendiendo las formas de los hombres, desaparece su aspecto salvaje y adopta la forma de alguien más semejante a un ser humano, y finalmente acaba convertido en un hombre, en un ciudadano, en lo que Aristóteles definiría como un "zoon politikon", en alguien que conoce las maneras de vivir con otros semejantes. Y el final de la transformación es que Enkidu se levanta del encuentro con esta mujer, se acerca a los animales que habían sido sus compañeros hasta ese momento, y los animales salen todos corriendo porque él se ha transformado ya en un ser humano.

Y bueno, pues Enkidu, que ha sido creado por los dioses para darle una lección a a Gilgamesh, para para derrotar a Gilgamesh y apartarlo del gobierno de la ciudad de Uruk, Enkidu va a la ciudad, donde él ya sabe cómo comportarse, y se enfrenta a Gilgamesh en un combate singular. Y comienzan los dos a pelearse. Cada uno es tan fuerte como el otro. Y al término de esta pelea, no gana Enkidu, tampoco gana Gilgamesh. Los dos acaban en tablas y terminan convertidos en buenos amigos. Y el salvaje y el rey, el hombre del campo y el hombre de la ciudad, Enkidu y Gilgamesh, acaban transformados en los mejores amigos.

Y deciden los dos salir por el mundo en busca de aventuras, en busca de aventuras, en primer lugar, para ganar fama, para ganar fortuna, para hacerse un nombre. Y en segundo lugar, en busca de aventuras también para encontrar algo con lo que compensar a los ciudadanos de Uruk por el maltrato al que les había sometido Gilgamesh. Gilgamesh ya empieza a convertirse en un hombre un poquito más sabio, reconoce que ha sido un tirano con los habitantes de su propia ciudad y decide marchar muy lejos, más allá de las siete regiones, hasta la montaña donde se encontraba el bosque de los cedros, con la idea de obtener allí madera y llevársela a los habitantes de su ciudad como regalo para compensar por su mal comportamiento anterior.

Naturalmente, esta montaña donde está el bosque de los cedros es un lugar de leyenda. El poema no especifica realmente dónde se encontraba. Lo primero que se le viene a uno a la cabeza es los cedros del Líbano, y que la montaña se trataría de la cordillera del Líbano o del Antilíbano, donde efectivamente había unos bosques que nutrían de madera a buena parte de Oriente Medio. Pero los investigadores también creen que podrían tratarse de los bosques de los Zagros, de los bosques de la región de los Elamitas, que eran vecinos por el este de las ciudades sumerias y babilónicas, y donde las gentes de Mesopotamia también acudían a buscar madera. En cualquier caso, se tratara de bosques en los Zagros, o de bosques en la cordillera del Líbano, o de simplemente un lugar que solo existía en la imaginación del poeta.

Enkidu y Gilgamesh abandonan Uruk, atraviesan las siete regiones, llegan a la montaña, encuentran el bosque de los cedros y comienzan a talar los árboles con la idea de llevárselos. Pero he aquí que los cedros eran extremadamente valiosos, no solo para los hombres, sino también para los dioses. Y por eso los dioses les habían puesto un guardián. Esto es un lugar común que se repite en incontables leyendas de la antigüedad. Allá donde hay algo valioso, hay un guardián que lo custodia. Y en este caso, los dioses habían enviado a un gigante monstruoso que se llamaba Humbaba, y que tiene todo el aspecto de de gigante monstruoso, que era una criatura de aspecto espeluznante, de tamaño descomunal.

Aquí tenemos lo que podrían ser representaciones de este Humbaba. Vemos que tiene los dientes, el rostro. Aquí les he traído e otra. No vemos que tiene la cara contraída en una mueca que causa pavor, nos enseña toda la dentadura. Por lo menos no tiene colmillos, pero le vemos toda la dentadura, los ojos, las cejas. No hay quien piense que estas representaciones de Humbaba, que eran muy frecuentes en el arte de Mesopotamia para acompañar a la leyenda de Gilgamesh, pudieron influir en las representaciones que los griegos hacían de la máscara de la Gorgona, que también eran representaciones de un rostro monstruoso. No.

Entonces, como les digo, hay investigadores que han establecido paralelismos entre el rostro deformado y terrorífico de Humbaba y la máscara de la Gorgona, que solían representar los griegos en sus estatuas o en sus relieves. No. Y bueno, Enkidu y Gilgamesh, cuando ven que Humbaba viene a su encuentro porque están talando los bosques de los que Humbaba es guardián, pues se mueren de miedo. Humbaba es una criatura terrorífica. En principio, lo que hace es salir corriendo. Ya les digo que es un un hombre normal, no es una criatura sobrenatural. Precisamente Enkidu es el que le convence. No, vamos a enfrentarnos con él. Gilgamesh le pide ayuda al dios Shamash, al dios del sol, al dios de la justicia. El dios interviene, lanza un destello, ciega a Humbaba. Aprovechando que Humbaba está ciego, Gilgamesh le mete un aro por la nariz y en Kidu le sujeta los brazos, y entre los dos, parece que consiguen someter al gigante. Parece que consiguen tumbar al gigante.

Ah, esta, por cierto, es una de las versiones de la leyenda. Pero ya les he dicho que conservamos varias. Hay otra versión de la leyenda que dice que Gilgamesh trata de convencer a Humbaba de que les deje llevarse los cedros de la montaña de los cedros, no mediante la violencia, sino mediante la palabra, y que Gilgamesh, al ver que Humbaba está allí solo, eh, pues aburrido, sin mucho que hacer en el bosque, le ofrece al gigante casarse con su hermana, con la hermana de Gilgamesh, y que el gigante, pues, eh, encantado ante esa perspectiva, pues se deja someter por los héroes. No. En este caso, hay dos variantes de la leyenda. El caso es que las dos versiones terminan igual. Humbaba acaba sometido, acaba derrotado por la fuerza o por las promesas por Gilgamesh y Enkidu. Y al final, los dos compañeros, como se ve en esta escena de aquí, acaban cortándole la cabeza y llevándose los cedros de la montaña de los cedros a la ciudad de Uruk.

En este momento, Gilgamesh, con la fama que le ha dado el matar a los cedros y el derrotar al gigante Humbaba, se ha convertido en un hombre famoso, no solo entre los seres humanos, sino también entre los dioses. Y ha llamado la atención de la diosa Ishtar, que le llamaban los babilonios, o Inanna, que es como le llamaban los sumerios. Y esta diosa Ishtar, fascinada por la gallardía de Gilgamesh, por la belleza de Gilgamesh, por la fuerza de Gilgamesh, desciende a la Tierra y le propone a Gilgamesh casarse con ella. Y uno, pues pensaría que baja del cielo la diosa del amor y de la belleza y le propone a alguien tan echado para adelante como Gilgamesh casarse con ella, y uno pensaría que Gilgamesh, pues iba a aceptar.

Pero Gilgamesh le dice a Inanna que ni loco se casaría él con ella, que ella había tratado fatal a todos sus consortes, que había una larga lista de, vamos a decir, damnificados por sus relaciones con Inanna, y que él, ni loco, quiere convertirse en uno más de estos hombres. Y hombre, a Gilgamesh no le faltaba razón, porque si se acuerdan ustedes, comentamos la semana pasada que Dumuzi, el marido de Inanna, por no haber llorado lo suficiente la ausencia de su mujer, bueno, por haber celebrado más bien la ausencia de su mujer, acabó siendo enviado al infierno durante seis meses al año. Los dioses consortes de las diosas de la fertilidad solían ser dioses varones de la vegetación y, por tanto, dioses que morían y renacían. Adonis para Afrodita, Dumuzi para Inanna, no.

Entonces, bueno, los mesopotámicos conocían la historia de Dumuzi, sabían que Inanna lo había mandado al infierno seis meses al año, y entendían que Gilgamesh le decía: "Ni hablar, me caso yo contigo". Y bueno, Inanna, despechada, recuerden que es la diosa del amor y de la belleza, y aunque no es una divinidad, se queja a su padre Anu, que era el dios del cielo, y le pide a su padre que le entregue el Toro del Cielo, que es la constelación de Tauro, que le entregue el toro celestial para utilizarlo para castigar a Gilgamesh.

En un primer momento, el dios Anu, el padre de Inanna, el dios del cielo, se muestra reticente a emplear a la constelación de Tauro para castigar a un a un chico que no había querido casarse con Inanna. Pero Inanna amenaza con que si no se le hace caso, empezará a gritar y a gritar y a gritar, y que gritará tan alto que levantará a los muertos de sus tumbas, y que una vez que salgan los muertos de sus tumbas, comenzarán a devorar a los vivos. Y ante esta perspectiva de vivir lo que podría describirse como el ataque zombi más antiguo señalado en una fuente histórica, los muertos que se levantan de sus tumbas y empiezan a comerse a los vivos, pues los dioses acceden a las peticiones de Inanna y envían desde el cielo al toro celestial, al toro cósmico.

Que llega a la ciudad de Uruk. Primero se come todas las cosechas de la ciudad. Después, con sus cuernos, empieza a destrozar sus murallas, empieza a pisotear sus canales, y hace un destrozo tremendo. En ese momento llegan Gilgamesh y Enkidu. Los dos grandes amigos. Enkidu sujeta al toro por el rabo, Gilgamesh coge al toro por la testuz, coge literalmente al toro por los cuernos. Entre los dos lo matan y acaban con el toro del cielo y con la amenaza que se cernía sobre la ciudad de Uruk.

Inanna, Ishtar, la diosa del amor y de la belleza, que está contemplando esto, muerta de rabia y de cólera, despechada porque no hay manera de castigar al héroe o de forzarle a someterse a sus deseos, desciende ella misma a la ciudad de Uruk, dispuesta a llevar a cabo la tarea que no había podido llevar a cabo el toro cósmico, dispuesta ella a destruir la ciudad. Y cuando Enkidu y Gilgamesh ven que la diosa está tratando de destruir Uruk, Gilgamesh coge una de las patas del toro, se la tira a la cabeza a Inanna, le pega a Inanna un trompazo tremendo con la pata del toro. Es el toro cósmico, claro, no estamos hablando de un toro normal, estamos hablando de la constelación de Tauro. Que Enkidu le ha cogido una pata, se la ha tirado a Ishtar, le ha dado a Ishtar en toda la cara. La diosa se ha quedado medio aturdida. Y en ese momento le dicen: "Enkidu, márchate de aquí, déjanos tranquilos, o como te coja, te juro que te voy a sacar las entrañas y las voy a colocar a tu lado".

Y la diosa Ishtar, ante esta advertencia terrible, ante esta amenaza aterradora, pues decide retirarse y abandona sus pretensiones con Gilgamesh y Uruk. En este momento, los dos héroes, los dos amigos, están en la cima de su gloria y deciden celebrar un gran banquete en la ciudad para conmemorar su triunfo. Y los dos se sienten capaces de cualquier cosa, puesto que han derrotado al gigante Humbaba, se han llevado la madera de los bosques que es de cedros, y han dado muerte al toro cósmico y le han dado en las narices, ni más ni menos, que a una diosa mesopotámica.

Pero esa noche, después del banquete, cuando uno, cada uno se retira a dormir, Enkidu tiene un sueño. Y en este sueño, que Enkidu no sabe si es sueño o vigilia, Enkidu entrevé en el cielo una asamblea de todos los dioses. Y ve que las divinidades mesopotámicas están reunidas en un cónclave y están discutiendo el comportamiento de los dos amigos. Y están hablando de que estos dos amigos se han vuelto demasiado arrogantes, demasiado soberbios. Un griego diría que están cometiendo la falta de "hybris", la falta de soberbia, la falta de creerse ellos iguales o incluso superiores a los dioses. Y Enkidu, aterrado, observa cómo las divinidades deciden que Enkidu y Gilgamesh deben ser castigados y que deben ser castigados con la muerte.

Y al final de este episodio, que que Enkidu no sabe si es un sueño o es verdad, él ve cómo los dioses deciden que de los dos, el que debe morir es el propio Enkidu. Y efectivamente, a la mañana siguiente, Enkidu se despierta y descubre que se encuentra enfermo. Y poco a poco se va sintiendo cada vez mejor, cada vez peor, perdón. La enfermedad se va extendiendo por su cuerpo. Él empieza a tener delirios, empieza a tener de nuevo episodios a caballo entre el sueño y la vigilia, entre ve el inframundo, el mundo de los muertos, llega a divisar entre las sombras a Ereshkigal, a la diosa del más allá. Y al final de todo, Enkidu muere, castigado por los dioses por su arrogancia.

El relato nos cuenta que la muerte de Enkidu es devastadora para Gilgamesh. Que el héroe se queda abrazando el cuerpo de su amigo hasta que los gusanos salían de las narices y de las orejas y de la boca del cadáver. Y que después le dio a Enkidu el mejor funeral que se le podía dar, y que cubrió su tumba de joyas, y que trató de asegurarle el mejor tránsito posible al inframundo. Pero la muerte de Enkidu, la muerte de su gran amigo, de este hombre, de este salvaje, en la plenitud de sus fuerzas y de su poder, no solo le ha provocado a Gilgamesh una tristeza insoportable, sino que además le ha colocado frente a frente con la más dura de las realidades del género humano, y es que todos algún día, incluidos los héroes, incluidos los reyes, tenemos que morir.

Y como en la historia del Buda, ese contacto repentino con la muerte, la enfermedad, el dolor, que hasta ahora Gilgamesh no había conocido, obra una transformación en el héroe, que queda tan, tan conmocionado, tan, tan atribulado, tan desesperado, que decide partir en un viaje en busca del secreto de la inmortalidad, pues no acepta que él también, el gran Gilgamesh, el que ha derrotado a Humbaba y ha dado muerte al toro cósmico, tenga que morir como el resto de los mortales.

Y bueno, Gilgamesh empieza a preguntar, empieza a viajar, empieza a inquirir, y acaba enterándose que había un personaje de un nombre también complicadito, Utnapishtim. Y que este Utnapishtim era un hombre que era inmortal, era un hombre que no moría, y que vivía, no sé si se acuerdan de cómo mostramos el mapa del mundo según los babilonios, que vivía en estos lugares más allá del mundo conocido, más allá del Océano Amargo, más allá del fin de la tierra, que en el mapa de Babilonia aparecían representados con la forma de estos triángulos que les mostré en color amarillo en el mapa.

Y bueno, Gilgamesh idea que va a llegar más allá del fin del mundo, que va a cruzar el Océano Amargo, allá donde ningún mortal puede llegar, para preguntarle a este Utnapishtim cuál es el secreto de la inmortalidad. Y en este momento comienza el topos del viaje del héroe. Y Gilgamesh atraviesa parajes desérticos y se enfrenta a todo tipo de criaturas salvajes, reales e imaginarias. Y derrota a un león con sus propias manos. Y luego llega a la cima de una montaña y en la cima de una montaña ve una pareja, un hombre y una mujer, que tienen el cuerpo mitad humano, mitad de escorpión, y que brillan tanto como el sol, y que le causan un pavor insoportable.

Pero al final se atreve a hablar con ellos, y luego descubre que el hombre y la mujer escorpión hablaban y, de hecho, eran gente de lo más agradable. Y le dicen a Gilgamesh: "Ah, pues comprendemos tu búsqueda. Mira, puedes seguir el camino en esta dirección". Y Gilgamesh continúa. Y ya cuando está llegando literalmente a lo que para los mesopotámicos era el fin del mundo, cuando delante de él está el Océano Amargo, que rodeaba toda la tierra, Gilgamesh ve a lo lejos un maravilloso jardín. Y mientras está ahí pensando: "¿Cómo puedo cruzar este Océano Amargo? ¿Cómo puedo llegar al otro lado? ¿Cómo puedo superar estas aguas sobrenaturales?", se encuentra con una mujer.

Y resulta que esta mujer, que vivía allí en el último confín de la tierra, a caballo entre entre el mundo real y el mundo sobrenatural, era la cervecera de los dioses. ¿Por qué? Los dioses, pues, les gustaba la cerveza y tenían, esto es así, una señora que se la preparaba, y que bueno, pues ella estaba, pues en contacto, estaba en el mundo de los hombres, pero conocía los secretos del mundo de los dioses, porque como les digo, era la que les preparaba a los dioses la cerveza. Y esta señora, que era la cervecera de los dioses, eh, pues se encuentra con Gilgamesh. Gilgamesh le cuenta: "Quiero llegar al otro lado porque sé que allí vive un hombre que es inmortal. Dime, ayúdame".

Esta señora le dice: "Mira, Gilgamesh, tú tienes que abandonar estos propósitos, tienes que abandonar esta idea, no sirve de nada. ¿Por qué no aceptas tu realidad? ¿Por qué no aceptas lo que es el destino de los hombres?". Y esta mujer le dice unas frases, le trata de animar con unos versos, porque en en babilónico es un poema que se han convertido en una de las partes más conocidas del relato. Esta mujer le dice a Gilgamesh: "Déjate de buscar la inmortalidad. Haz que tu existencia sea dichosa. Baila durante el día y la noche. Lleva ropas limpias. Deja que te laven la cabeza. Date un baño. Regocíjate con el pequeño que sostiene tu mano. Deja que una mujer disfrute de tu abrazo, porque este y no otro es el destino de todos los hombres mortales".

No. Disfruta de la vida, disfruta de los placeres que te ofrece el mundo, disfruta de tu familia, de tus hijos, de tu mujer, y olvídate de esta búsqueda vana. No. Pero Gilgamesh todavía está muy lejos de estar preparado para aceptar estas palabras de gran sabiduría que le dice la cervecera de los dioses, y le sigue insistiendo que él quiere llegar al otro lado, no, y que quiere hablar con el hombre inmortal.

Y bueno, la cervecera de los dioses se se apiada de él y le dice a Gilgamesh: "De acuerdo, hay un barquero, el barquero de los dioses, que es el único que puede cruzar el río amargo, que puede cruzar esta masa de agua sobrenatural, y yo te voy a decir dónde está para que él pueda ayudarte a llegar al otro lado". Y efectivamente, la cervecera le pone en contacto con el barquero. Gilgamesh y el barquero, que es una especie de Caronte mesopotámico, se hacen amigos, y el barquero le lleva al otro lado del Océano Amargo, más allá de los lugares que les era dado transitar a los hombres, más allá del último confín del mundo, donde había un delicioso jardín.

Y en este delicioso jardín, Gilgamesh se encuentra a una, a Utnapishtim y a su mujer, que estaban allí y que, efectivamente, eran inmortales. Y Gilgamesh le pregunta a Utnapishtim: "Y tú, ¿cómo has hecho para ser inmortal? ¿Cómo es posible que que tú hayas escapado al destino que nos atenaza a todos los hombres?". Y entonces Utnapishtim le cuenta a Gilgamesh una historia que se queda imbuida dentro del relato de Gilgamesh. Y esto, para los historiadores y los filólogos, es muy, muy interesante, porque estamos con un relato, con un poema que tiene más de 3000 años, que tiene probablemente 3500 años, y en este poema ya aparece el recurso que a nosotros nos parece muy moderno de una historia que se cuenta dentro de otra historia.

Porque aquí el inmortal Utnapishtim le va a contar a Gilgamesh su propia historia. Y la historia de este señor es que él había pertenecido a una de las primeras generaciones de los hombres. Los hombres habían sido creados por los dioses para trabajar, para hacer el trabajo que las divinidades menores no querían hacer, y proporcionar a los dioses comida y ropa y todo tipo de bienes. Pero los hombres, que en un primer momento eran inmortales, no tenían por qué morir, habían empezado a reproducirse, habían empezado a llenar la tierra y se habían vuelto insoportablemente ruidosos. Y entonces los dioses habían decidido acabar con el género humano.

Por fortuna para Utnapishtim, uno de los dioses, Enki, se había apoderado de él y le dice a Utnapishtim que construya un barco, que reúna a su familia, que reúna animales. En el relato mesopotámico le dice: "Reúne también tus cosas, a tus sirvientes". Bueno, allí iba muchísima gente. Reúne, pues, todo lo que consideres de valor. Pues el el arca, en la versión mesopotámica, pues debía de ser una flota, porque le dicen que meta un montón de cosas y prepárate, porque los dioses van a enviar un diluvio para acabar con el género humano.

Y eh Utnapishtim, pues le cuenta a Gilgamesh cómo va llegando la tormenta, en unos versos también muy conocidos, como primero el cielo se llena de luces a causa de los relámpagos, que eran antorchas que llevaban los dioses, y como ya al final, después de los relámpagos y de los truenos, la calma del dios de la tormenta, esa calma justo antes de la tempestad, la calma del dios de la tormenta recorrió el cielo y todo lo que era brillante a causa de los relámpagos se volvió oscuridad. Y en ese momento, en medio de la oscuridad más absoluta, el diluvio y el exterminio de los hombres.

Al término del diluvio, pues este señor, que había sido elegido por las divinidades para salvarse, Utnapishtim, pues pertenecía, como les digo, a la primera generación, había salvado la vida. Pero cuando ya termina el diluvio y este señor y su mujer son los únicos supervivientes, los dioses deciden entregar a los hombres la muerte, hacer que los hombres sean mortales, y de esta manera tratar de limitar su número. Así que, como Utnapishtim pertenecía a la estirpe de los hombres inmortales, y a partir de este momento todos los hombres tenían que morir, los hombres, no los dioses, no sabían muy bien qué hacer con él. Y le dicen: "Bueno, pues a ti te vamos a llevar a estas especies de islas de los Afortunados, y tú vas a ser el único hombre inmortal".

Pero le advierte Utnapishtim a Gilgamesh: "Yo soy, mi inmortalidad es una solución excepcional a un problema, el diluvio universal, que tuvo lugar solo una vez. Y el resto de los hombres, desde entonces, por deseo de los dioses y de forma inexorable, estáis condenados a morir. Así que, Gilgamesh, hagas lo que hagas, busques lo que busques, intentes lo que intentes, has de saber que no puedes escapar al destino de tu estirpe".

Pero Gilgamesh es un hombre tozudo y le insiste al superviviente del diluvio: "Pero no habrá alguna manera, pero tú no crees que de alguna forma, y si yo me quedo aquí, y si yo hago algo, ayúdame". Y Utnapishtim, conmovido un poco, pues compadecido de Gilgamesh, le dice: "Bueno, vamos a hacer una prueba. Tratemos de comprobar si tú podrías vencer a la muerte. Y para ver si tú puedes vencer a la muerte, veamos primero si puedes derrotar al sueño, que si lo piensan, el sueño es una pequeña muerte. Vamos a ver si puedes derrotar al sueño". Le dice Utnapishtim: "¿Puedes estar siete días con sus noches sin dormir? Quizás puedas vencer a la muerte".

Y Gilgamesh le dice: "Por supuesto que puedo". Y en el momento en el que le dice: "Por supuesto que puedo", Gilgamesh, que llevaba muchas aventuras, muchos viajes, que había llegado al fin del mundo, había cruzado el Océano Amargo, había conocido a la cervecera de los dioses, se había enterado de la historia del diluvio, en el momento en el que Gilgamesh le dice: "Dice, por supuesto que puedo quedarme despierto siete días y siete noches", Gilgamesh se duerme y se queda profundamente dormido durante una semana entera. Y cuando se despierta, Utnapishtim le dice: "¿Ves? No puedes vencer a la muerte, porque ni siquiera puedes derrotar al sueño".

Pero ya les digo que Gilgamesh es un hombre persistente y todavía Gilgamesh le dice: "Pero, pero de verdad, ¿no hay alguna manera? ¿Pero tú no crees? ¿Pero es cierto que me he dormido? ¿Pero...?" Y al final Utnapishtim le dice: "Mira, es imposible no morir. Pero puedo darte un pequeño consuelo. En el fondo del océano hay una planta de la cual solo queda un ejemplar. Pues bien, si comes esa planta, no vas a ser inmortal, pero vas a recuperar tu juventud y vas a volver, en el instante en el que la comas, a ser joven".

Y hombre, no es la inmortalidad, pero creo que ustedes y yo firmaríamos volver a tener 20 años comiéndonos una lechuga, ¿no? Pues no es la inmortalidad, pero bueno, firmo. Esto me parece un premio adecuado, ¿no? Y pues, eh, Gilgamesh, pues ya también Utnapishtim, ya de una manera, no, de quitarse a Gilgamesh de encima, ya Gilgamesh acepta, dice: "Bueno, pues acepto este premio de consolación que me propones".

Y entonces Gilgamesh vuelve a cruzar el río amargo, regresa al mundo de los hombres, busca el océano, se sumerge en él, nada, está en el fondo, en el fondo más profundo de las profundidades, encuentra la planta mágica, la arranca, la saca a la superficie, está a punto de darle un mordisco. Pero recuerden que Gilgamesh es un hombre, y es un hombre con sus defectos y sus virtudes. Y Gilgamesh dice: "¿Y si Utnapishtim me ha engañado? ¿Y si me he equivocado de planta? ¿Y si la planta en realidad es un castigo de los dioses y no una bendición? ¿Y si esta historia de que cuando la comes vuelves a recuperar la juventud es una mentira?".

Voy a, [ __ ] la planta, la voy a llevar conmigo a Uruk, le voy a dar un trozo a uno de Uruk, y si al de Uruk no le pasa nada, entonces ya me como la planta yo. Y así lo hace. Se la guarda, pone el cam, va en camino hacia su ciudad, va en camino hacia Uruk. Pero cuando ya está llegando a Mesopotamia, cuando ya está llegando a su patria, pues se da cuenta de que después de todas estas aventuras está sucio, está lleno de polvo, lleno de mugre, de barro. Decide darse un baño. Y después de darse un baño, ya cuando se encuentra limpio, cerca de su patria, Gilgamesh decide echarse un sueñecito y descansar. Y ha dejado la planta de la juventud a su lado.

Y en ese momento, una serpiente, que ha olido el aroma de la planta de la juventud, pues va reptando, se acerca sin hacer ruido donde se encuentra Gilgamesh, y se come la planta mágica. En ese momento, Gilgamesh se despierta y ve cómo la serpiente muda de piel y deja su piel vieja, su piel acartonada, y aparece con una piel brillante, iridiscente, nueva. Y entonces Gilgamesh descubre dos cosas: descubre que efectivamente Utnapishtim le había dicho la verdad, y que esa era la planta de la juventud, y descubre que él no solo no va a burlar a la muerte, que está condenado a morir, sino que tampoco va a engañarla volviendo a ser joven.

Y Gilgamesh regresa a su ciudad, decide convertirse en un buen rey, decide ganar la fama y la posteridad no por sus hazañas, sino por lo excelente del gobierno. Decide aplicar los consejos que le había dado la cervecera de los dioses, disfruta del momento de la vida sobre la Tierra, y al final muere en Uruk, siendo un hombre muy querido y un gobernante famoso. Y lo entierran en el lecho del río, en un extraordinario funeral.

Y aquí termina el poema en la versión canónica Babilónica, curiosamente, con las mismas palabras con las que el relato había comenzado. El relato se dirige al lector, además, en primera persona, y le dice: "Súbete a las murallas de Uruk, contempla su extraordinaria construcción, su tamaño, lo bien que están diseñadas, pues fueron construidas por Gilgamesh". Y de este Gilgamesh, el poema en el arranque, en el comienzo, nos dice: "El que contempló el abismo y los cimientos del país, que conoció la verdad de las cosas y fue versado en todas las materias, él que exploró los fundamentos del poder y obtuvo el mayor conocimiento, él que vio lo que era secreto, descubrió lo que estaba oculto, y trajo consigo la historia de antes del diluvio".

El Gilgamesh recorrió un largo camino, se fatigó, encontró al fin la paz, y todas sus empresas se escribieron en una tablilla de piedra. Y yo podría completar que gracias a esa tablilla de piedra y a la labor extraordinaria de los asiriologos, de la profunda enseñanza de vida que nos transmite la epopeya de Gilgamesh, terminamos aquí.

[Aplausos]

[Música]