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31 cosas escalofriantes de la conquista de México el 13 de agosto de 1521. Go. Tenochtitlán fue vencida por los españoles después de un sitio de 75 días; ese día, el capitán español García Olguín apresó al emperador azteca Cuauhtémoc, según la narración que Hernán Cortés hizo en su tercera carta a Carlos V, rey de España y emperador del sacro Imperio Romano Germánico, comenzando el periodo virreinal que duraría tres siglos. La caída del Imperio mexica fue un punto de inflexión en la historia; abrió la época de las masivas transferencias de metales preciosos hacia España, que convirtieron al reino español en una potencia mundial.
A pesar de la abrumadora superioridad técnica de los españoles y del enorme ejército que conformaron mediante alianzas con pueblos indígenas enemigos de los aztecas, estos opusieron una tenaz resistencia antes de perder Tenochtitlán. Sin embargo, los enemigos más formidables de los aztecas que defendían su capital fueron las enfermedades llevadas al Nuevo Mundo por los españoles, especialmente la viruela. Vamos a presentar en este vídeo los momentos más escalofriantes de la caída de Tenochtitlán, y cómo este acontecimiento cambió el mundo hace cinco siglos. Antes de meternos a fondo, no te olvides de suscribirte a nuestro canal y activar las notificaciones para mantenerte al día con nuestras actualizaciones. [Aplausos] [Música]
Número 1: El primer intercambio fue de oro por vidrio. El 8 de noviembre de 1519, Hernán Cortés y su ejército entraron en Tenochtitlán, aparentemente en son de paz. La capital del imperio azteca, Moctezuma II, los esperaba rodeado de su corte, y el español intentó abrazarlo, pero se lo impidieron, pues el emperador azteca era intocable. Cortés se quitó un collar de cuentas de vidrio que llevaba puesto y se lo colocó al emperador mexica; los mexicas correspondieron colgándole al jefe español un collar de caracoles con camarones de oro en sus extremos. Después de la bienvenida, Cortés y sus acompañantes fueron alojados en el Palacio de Axayaca.
Número 2: Cortés hizo prisionero a Moctezuma. Cortés se aprovechó de un incidente en el que participó el pueblo de Nautla, una comunidad totonaca de Veracruz que era tributaria de los aztecas y que se había hecho aliada de los españoles. Cuando el recaudador de impuestos de Tenochtitlán llegó a Nautla por los tributos, el cacique totonaco se negó a pagar y pidió ayuda a la guarnición española. Hubo un enfrentamiento en el que murieron siete españoles, incluyendo el capitán Juan de Escalante, y cuando le llegó la noticia, Cortés le reclamó a Moctezuma el comportamiento de su gente y lo hizo prisionero.
Número 3: Cortés ejecutó al cacique. Cortés había convertido el Palacio de Axayaca, en el que estaba alojado, en su cuartel, y Moctezuma fue llevado allá, ante el asombro de sus vasallos que veían a su emperador hecho prisionero. Cortés exigió al emperador azteca que le entregara al cacique Cuauhpopoca, al que el conquistador responsabilizaba por la muerte de los soldados españoles. Moctezuma se dio a las presiones de Cortés y le entregó a Cuauhpopoca, que fue ejecutado en la hoguera junto con varios de sus hombres. Antes de morir, gritaron que habían actuado contra los españoles siguiendo órdenes de Moctezuma, una declaración que Cortés había estado tratando de sacarles.
Número 4: La masacre del templo sublevó a los aztecas. Cortés tuvo que ausentarse de Tenochtitlán para enfrentar a Pánfilo de Narváez y dejó en la ciudad azteca a Pedro de Alvarado con 80 hombres para custodiar a Moctezuma y controlar la plaza. Los españoles estaban nerviosos ante su inferioridad numérica frente a un posible ataque mexica, y Alvarado decidió atacar primero, perpetrando la masacre del Templo Mayor. Esta matanza encendió la mecha de la rebelión, y Cortés, que ya había regresado a Tenochtitlán, le pidió a Moctezuma que calmara los ánimos.
Número 5: Moctezuma II murió a manos de su propio pueblo. Moctezuma salió al balcón y pidió a su pueblo retornar a la calma; mientras los mexicas se horrorizaban por su complicidad con los españoles, el emperador fue apedreado y alcanzado con varias flechas, muriendo poco después de sus heridas. Moctezuma II fue reemplazado como tlatoani por su hermano Cuitláhuac, de carácter más fuerte, quien comenzó de inmediato a organizar su ejército y a buscar alianzas con otros pueblos indígenas.
Número 6: La retirada de los españoles. Los combates entre los aztecas y los españoles comenzaron en junio de 1520, y los indígenas cercaron el Palacio de Axayácatl y sus alrededores, donde Cortés estaba atrincherado con sus soldados y un grupo de indios aliados. Cuando ya se estaban quedando sin provisiones, los españoles decidieron escapar en silencio a la medianoche del 30 de junio de 1520. Circulaban sigilosamente por un puente de canoas, tratando de que los caballos no relincharan, cuando una anciana mexica que se había levantado a recoger agua en un canal los vio y dio la voz de alarma.
Número 7: Cortés perdió más de la mitad de sus hombres en la huida. El sonido de los tambores de piel de serpiente despertó a la población, y rápidamente los aztecas se organizaron para impedir la huida de los españoles y sus aliados. Bernal Díaz del Castillo afirma que en los enfrentamientos y la debacle de la huida murieron más de 600 hombres de Cortés, entre españoles e indios aliados —más de la mitad de sus efectivos—. Los que salvaron la vida y fueron hechos prisioneros corrieron peor suerte, ya que fueron reservados para sacrificios. Se afirma que los que pudieron escapar lo consiguieron porque se liberaron del peso del oro que cargaban encima, lanzándolo al agua.
Número 8: El episodio es conocido como la Noche Triste. Los supervivientes estuvieron a salvo cuando llegaron a tierras de sus aliados, los tlaxcaltecas. Cortés quedó muy deprimido por la mortal huida, y el episodio pasó a la historia con el nombre de la Noche Triste. Los españoles se convirtieron en huéspedes de los tlaxcaltecas, quienes recibieron varias propuestas aztecas para que los entregaran a cambio de la paz; sin embargo, los tlaxcaltecas se negaron a entregar a los españoles, ya que Cortés planteó la formación de una gran coalición para conquistar Tenochtitlán. Así quedó echada la suerte de la capital azteca. El emperador Cuitláhuac, que murió de viruela en noviembre de 1520, y Cuauhtémoc fue electo nuevo tlatoani azteca.
Número 9: Cortés contó con la colaboración de 75.000 guerreros mexicanos enemigos de los aztecas. Meses antes de la caída de Tenochtitlán, la capital azteca, Cortés contó con su propio ejército de 800 españoles que disponían de armas de fuego, una flota de 13 bergantines, y de caballos y perros de guerra. Además, el conquistador estableció una alianza con indígenas de Texcoco y Tlaxcala, enemigos de los aztecas, que aportaron un ejército de 75.000 guerreros comandados por sus propios jefes. Aunque unificados bajo el mando español, estos pueblos indígenas eran tributarios forzados de los aztecas de dos maneras: mediante el pago de tributos económicos y mediante la entrega de personas para alimentar las piedras de sacrificios en honor de los dioses.
Número 10: La superioridad en armamento y recursos de los españoles era abrumadora. En su libro *La Conquista: catástrofe de los pueblos originarios*, el historiador mexicano Enrique Semo Caleb destaca la abrumadora ventaja tecnológica de los españoles sobre los aztecas: su superioridad técnica sobre los amerindios era considerable; un ejército basado en el hierro, la pólvora, el caballo y los mastines, sofisticadas contra ejércitos de la Edad de Piedra, exclusivamente formados por infantería en formaciones primitivas, y continúa. Cortés sabía que la derrota en una o dos batallas importantes rompería el mito y la fama que los hacía superiores; retroceder para rehacerse, como Cortés les recordó varias veces, equivalía a darse por vencidos, ya que no podía esperar ninguna ayuda de Cuba; y darse por vencidos equivalía a darse por sacrificados y comidos. La disyuntiva era vencer o morir.
Número 11: Antes del sitio, los españoles cortaron el suministro de agua de la ciudad. Los españoles ejecutaron el sitio de la capital azteca siguiendo cuidadosamente los métodos que los europeos ya llevaban siglos aplicando y perfeccionando, muy superiores a las tácticas conocidas por los sitiados. El 24 de mayo de 1521, pocos días antes de comenzar el asedio, los españoles Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid destruyeron el acueducto de Chapultepec que abastecía a la ciudad después de una dura batalla. Pocos días después, los conquistadores y sus nativos aliados comenzaron el sitio de Tenochtitlán y Tlatelolco.
Número 12: Los aztecas opusieron una tenaz resistencia a los españoles. El historiador estadounidense Brian Hammont apunta en *Historia de México*: la ventaja estratégica de Cortés fue haber llegado a Tenochtitlán en un momento de debilidad política dentro del régimen gobernante; al mismo tiempo, las potencias rivales y subordinadas ardían de resentimiento hacia el dominio azteca y buscaban una oportunidad para devolverle el golpe. Y agrega: con todo, la reducción de Tenochtitlán requiere un esfuerzo inmenso en gente, pues los métodos bélicos aztecas plantearon grandes dificultades a los españoles. Los aztecas demostraron una gran destreza en el empleo del arco; sus lanzas de punta de piedra cortaban mejor que el acero español; los dardos lanzados con tiradores podían penetrar la armadura y matar; las piedras de las hondas también infringieron daños. Los españoles y sus aliados tuvieron que conquistar la capital azteca calle por calle.
Número 13: Los aztecas bloquearon el paso de los bergantines clavando grandes estacas debajo del agua. Según Jesús de León Toral en *El ejército mexicano*, el proceso que culminó con la aniquilación del ejército mexica fue prolongado, cruento y violento, presentándose el fenómeno bélico abarcando las formas hoy conocidas como guerra fría en sus aspectos psicológicos y económico, y conflicto armado empleando todos los medios de ataque y defensa conocidos por los contendientes. Ni los españoles ni los aztecas pensaron que el sitio sería tan prolongado. Los indígenas clavaron grandes estacas debajo del agua para bloquear el avance de los bergantines españoles hacia la ciudad y obstaculizaron el avance por tierra, abriendo zanjas en las calzadas. Otra táctica mexica fue producir ruidos ensordecedores: insultar y gritar a los españoles para tratar de intimidarlos.
Número 14: Cortés fue hecho prisionero y escapó superando los temores indígenas al combate nocturno. Cuauhtémoc desconcertó a los españoles realizando ataques por la noche. La lucha fue encarnizada, y los españoles capturados vivos eran sacrificados. Los tlatelolcas hicieron prisionero a Cortés, y cuando lo llevaban en una canoa al teocalli del dios Huitzilopochtli para sacrificarlo, el jefe español salvó la vida por los pelos: un español cortó de un solo tajo las manos del mexica que lo había detenido, y Antonio de Quiñones logró salvarlo. Los aztecas desarrollaron un aprendizaje bélico durante el asedio; fabricaron lanzas largas para atacar a la caballería española y aprendieron a lanzarse pecho a tierra cuando recibían fuego de artillería.
Número 15: El olor de los muertos era insoportable. Al inicio del sitio, los aztecas incineraban a sus muertos, pero después la mortandad y la intensidad de los combates no lo permitieron; los cadáveres empezaron a amontonarse, tapizando el suelo y haciendo el aire irrespirable. Muchos mexicas, incluyendo mujeres y niños, prefirieron arrojarse a los canales para morir ahogados antes que caer prisioneros. Cortés relató los padecimientos aztecas escribiendo que, según pareció, del agua salada, y del hambre y el mal olor, había dado tanta mortandad en ellos que murieron más de 50.000 ánimas durante el asedio. Cortés intentó negociar con Cuauhtémoc la rendición de los aztecas, aunque sin éxito. En medio de los combates, una de las cosas que los españoles más temían era que sus aliados indígenas se apoderaran del botín.
Número 16: Tenochtitlán cayó por los mayores recursos españoles y por la falta de agua y las enfermedades. Ante la tenaz resistencia indígena, Cortés ordenó un ataque general que fue repelido por los aztecas y dejó a los españoles sin reservas de pólvora y municiones; aunque tuvieron la suerte de que en esos días llegó un barco a Veracruz que les permitió reponer los pertrechos. Con este reabastecimiento, los conquistadores quedaron en condiciones de atacar con mayor intensidad hasta vencer a los mexicas en Tenochtitlán. Enrique Florescano y Francisco Eiza Barroso apuntan en *Atlas histórico de México*: el sitio de Tenochtitlán fue una serie de sangrientas batallas; el terreno perdido por un bando era recuperado en cuestión de horas. El avance de las tropas españolas fue acompañado por el arrasamiento de la ciudad. Después de tres meses de cruento sitio, la resistencia indígena fue vencida por la fuerza de los atacantes, por la falta de agua y víveres, y las enfermedades.
Número 17: Cuauhtémoc, que resistió en Tlatelolco, antes de ser apresado finalmente. A los mexicas solo les quedó la opción de resistir desde el reducto de Tlatelolco, donde Cuauhtémoc empezó a prepararse para escapar, pero fue apresado. Al verse vencido, el emperador azteca aceptó entregarse a Cortés. El Códice Florentino narra estos hechos así: entonces Cortés envió muchos mensajeros a Cuauhtémoc para que se rindiera, y el tlatoani finalmente respondió que lo haría; así él y los señores principales fueron en canoas hasta donde estaba Hernán Cortés; los sirvientes llevaban sus armas y se pusieron en sus manos. Según esta misma fuente, afirma: toda la gente trataba de abandonar las ciudades, pero los españoles y sus aliados se pusieron en los caminos para asaltarlos; les quitaban todo y se quedaban con las mujeres hermosas y los hombres jóvenes y fuertes para esclavizarlos.
Número 18: Cuauhtémoc le pidió a Cortés que lo matara. Cuando Cuauhtémoc llegó a la presencia de Cortés después de ser capturado, le pidió al jefe español que lo matara. Cortés lo narra así en su tercera carta al rey de España: y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome que le diese de puñaladas y le matase; y yo le animé y le dije que no tuviese temor alguno; y así preso este señor, luego en este punto cesó la guerra. El conquistador y memorialista Bernal Díaz del Castillo consignó las palabras de Cuauhtémoc en ese momento de la siguiente manera: Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cinta y mátame luego con él. Según relata el antropólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma en su libro *La conquista de México*, Cortés no entendió que la petición del emperador azteca era su opción según la cosmovisión azteca. Los guerreros capturados en batalla tenían como destino el sacrificio para que el sol continuara su marcha en el cielo; de lo contrario, se detendría y el mundo acabaría. Cuando le perdonó la vida, Cortés no entendió que el tlatoani le pedía lo que realmente le exigía el momento.
Número 19: Cortés estaba preocupado por el botín. Cortés quería recuperar el oro que había dejado en Tenochtitlán cuando tuvo que huir de la ciudad el año anterior, durante la Noche Triste. El Códice Florentino relata así las preocupaciones del conquistador por el botín: Cortés le dijo a Malintzin que le preguntara a Cuauhtémoc y a los señores de Texcoco y Tacuba dónde estaba el oro que había dejado en Tenochtitlán; y le presentaron una serie de joyas en una canoa, pero Cortés no estaba conforme; quería el oro que habían perdido en la huida de Tenochtitlán, el que había visto antes cuando estuvo con Moctezuma, y les pidió 200 barras de oro; pero los mexicas le explicaron que en los tiempos de Moctezuma eran los pueblos tributarios quienes llevaban todo el oro, por lo que no lo tenían con ellos.
Número 20: El gran mérito de Cortés fue la alianza que forjó con los pueblos indígenas enemigos de los aztecas. El principal mérito de Cortés para realizar la conquista de la capital azteca fue su capacidad para ganarse como aliados a un grupo de pueblos indígenas que juntos superaban ampliamente en número a los guerreros mexicas. Esos mismos pueblos, no solo separados sino guerreando entre sí, habían sido sometidos por los aztecas, quienes les exigían altos tributos y los obligaban a entregar periódicamente una cuota de víctimas para sacrificarlas a los dioses. La fortuna también favoreció a España, ya que plantaron el asedio en un momento en que los aztecas estaban divididos y afectados por una serie de malos presagios que amenazaban su propia existencia como pueblo.
Número 21: Cortés probablemente habría fracasado de no ser por las enfermedades que asolaron a los indígenas. Charles Mann, escritor estadounidense especializado en temas históricos, señala que las enfermedades fueron el gran aliado de Cortés: no habría vencido al imperio de los aztecas sin ellas; mientras las embarcaciones llegaban a Tenochtitlán, no hubiera sido arrasada por la viruela en la misma pandemia que posteriormente asoló el territorio inca del Tahuantinsuyo. La gran ciudad de Tenochtitlán perdió al menos la tercera parte de su población a raíz de la epidemia, incluido Cuitláhuac. Apunta que la caída del Imperio mexica fue un parteaguas de la historia mundial, señalando: la exploración y conquista de la Nueva España fue un suceso de importancia universal; junto con la de Perú, abrió la época de la minería de plata y oro y la explotación de muchos millones de amerindios, y con ello dio un impulso decisivo al desarrollo del capitalismo temprano en Europa.
Número 22: Llevó al imperio español al primer plano mundial. Aumentó contundentemente los ritmos de acumulación de capital y posibilitó la conversión de la corona española en centro de un gran imperio. Cuando, 50 años más tarde, la monarquía hispánica fundó la ciudad de Manila en Filipinas y llegó el primer galeón a esta ciudad cargado de plata desde Acapulco, el virreinato de la Nueva España se constituyó ramal del comercio mundial. Y agrega: transformó el África en una reserva territorial para la caza de esclavos; introdujo cambios decisivos en el mundo y en la vida de los moradores originales de la Nueva España. Para fines del siglo XVI, la Nueva España se había transformado en el principal destino de emigrantes españoles.
Número 23: La conquista española produjo la más importante ruptura cultural. Los pueblos indígenas mesoamericanos pronto se dieron cuenta de que respaldar a los españoles solo había conducido a cambiar una servidumbre por otra, con el agravante de que el nuevo yugo implicaba perder su propia cultura para someterse a otra ajena. Empezaron a creer que sus dioses no habían sido capaces de defenderlos y que el Dios de sus adversarios era más poderoso. La estabilidad del gobierno español en México no corrió riesgos por varios siglos porque los pueblos originarios nunca fueron capaces de aliarse para una rebelión general.
Número 24: El rey de España nombró un virrey para neutralizar cualquier aspiración secesionista de Cortés. Durante los meses siguientes a la derrota azteca, Cortés gobernó de forma absolutista, sin compartir el poder ni con los españoles ni con los líderes de los pueblos indígenas aliados; sin embargo, tuvo que salir en campaña hacia las Hibueras (el actual Honduras) para controlar un alzamiento de Cristóbal de Olid, y su poder se redujo considerablemente con la llegada de las primeras autoridades reales venidas de España. Con la instalación de Antonio de Mendoza como primer virrey de Nueva España en 1535, el rey Carlos I de España sobrepuso su poder real e imperial al de Cortés, impidiendo que los conquistadores se convirtieran en señores feudales capaces de desafiar a la corona española, planteando una potencial independencia.
Número 25: Las colonias americanas fueron concebidas como la fuente de riqueza de España. Utilizarlas como fuente de riqueza para beneficio de la corona, a través de un estricto control de sus economías mediante la extracción de oro, plata y demás recursos naturales, y la aplicación de onerosos impuestos al comercio interno y externo, tanto de exportación como de importación, reservando al rey los monopolios más lucrativos. La idea no era construir con las colonias una sociedad a semejanza de la madre patria europea, sino utilizarlas como botín y para el pillaje tolerado a los aventureros que estuvieran dispuestos a cruzar el océano para afianzar la presencia española.
Número 26: España extrajo una riqueza incalculable. La sociedad novohispana se organizó en base al criterio de la explotación de recursos y el control del intercambio comercial. La plata y el oro eran extraídos para destinarlos a la corona; era obligatorio el consumo de los excedentes de la producción del reino español; estaba permitida la importación solo de lo que la economía de España y Nueva España no pudieran producir. Carlos María de Bustamante y Lucas Alamán escribieron: durante los tres siglos de dominación colonial, la riqueza extraída de la Nueva España era incalculable; baste considerar que solo al final del virreinato, la revisión de las series fiscales demuestra que se extrajeron aproximadamente 250 millones de pesos de las tesorerías de la Nueva España entre 1780 y 1810 por cuenta de la Hacienda Real para ser remitidos al exterior.
Número 27: Cuando terminaron los tres siglos de colonización española, México padecía de un 98% de analfabetismo. Hacia el final del periodo colonial, Nueva España tenía una población de 6 millones de habitantes, de los cuales el 91% vivían en las áreas rurales y el 9% eran urbanos, con un 98% de analfabetismo. La población estaba compuesta por un 60% de indígenas, un 21.7% de mestizos, un 17.9% de criollos (descendientes de españoles), un 0.3% de europeos (principalmente españoles) y un 0.1% de africanos; todos distribuidos en un territorio de 4.4 millones de kilómetros cuadrados, que sería la superficie actual de México si posteriormente no hubiera perdido vastas extensiones frente a Estados Unidos.
Número 28: La dominación española introdujo en México una nueva sociedad de castas. Durante el Imperio azteca, el huey tlatoani (equivalente a rey o emperador) ocupaba la cúspide de la pirámide social; inmediatamente debajo en jerarquía estaban los pipiltin y los teuctli. Los pipiltin eran los nobles hereditarios y ocupaban los principales cargos de gobierno, y los teuctli integraban un señorío logrado a través de una acción sobresaliente, especialmente en el área militar. Seguían los pochteca, una clase social formada por comerciantes adinerados, y los macehualli, que eran los ciudadanos corrientes. En la parte socialmente más baja estaban los mayeques, equivalentes a siervos. Esta estructura fue cambiada de raíz por los españoles, que convirtieron a los indígenas en una sola clase social.
Número 29: Los españoles de nacimiento y los criollos se convirtieron en los altos gestores de la economía. La nueva pirámide de la sociedad colonial combinó los conceptos tradicionales con la movilidad social basada en los objetivos económicos. Los españoles de nacimiento y sus descendientes nacidos en México se convirtieron en la élite gobernante del reino español en Nueva España. Cuando alguien de esta élite rica aspiraba a un título nobiliario...
Se revisaban sus apellidos y su nivel de riqueza; si el dinero era mucho, podía derrotar cualquier accidente genealógico del pasado para el reconocimiento social. Josefa Marín de Narváez, bisabuela materna de Simón Bolívar, perturbó a los Bolívar durante dos siglos por haber sido hija extramatrimonial. Aunque hubiera legado la fortuna que hizo de la familia del libertador una de las más ricas de la época colonial en Venezuela.
Número 30. Humboldt definió a México como el país de la desigualdad, en contraste con la opulencia en la que vivían en Nueva España las élites, formadas principalmente por los españoles de nacimiento y los nacidos en México. En el otro extremo del arco social estaban los mestizos y, sobre todo, los indígenas. La desigualdad social mexicana asombró a Alexander von Humboldt, quien escribió: “México es el país de la desigualdad; acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortuna, civilización de la tierra y población”. Una estimación reciente situó en 63.5 el índice de desigualdad de Gini en Nueva España al final de la época colonial.
Número 31. El rey, el alto gobierno de España, tenían un conocimiento superficial de lo que ocurría en las colonias de ultramar. A la corona española lo único que le importaba era que sus colonias americanas mantuvieran llenas las arcas reales para financiar la vida oponente de las guerras en Europa, aparte de defender el catolicismo contra la reforma protestante. El desconocimiento de los reyes españoles y del alto gobierno en España sobre la situación en sus posesiones de ultramar se hizo tan acentuado que las leyes que formulaban eran inaplicables en el nuevo mundo, a lo que las élites novohispanas encontraron una salida con la expresión “sacata, pero no se cumple”. Esta separación entre las leyes y su aplicación está en el origen de la corrupción administrativa en los países latinoamericanos. La caída de Tenochtitlán abrió el proceso histórico que conformó al México de hoy, con sus fortalezas y debilidades.
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