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Historia de la psiquiatria full pelicula

Patricio Ivan45:57

Transcription

Un arduo camino para aquellos que llamamos locos. Fueron tratados más como animales que como seres humanos. No había esperanza de curación, sino una eterna tortura. Los desangraban, les ponían sanguijuelas, los empapaban con líquidos fríos. Confinar no era la solución, ya que sus voces pugnaban por ser oídas. Este tratamiento causaba violentas reacciones musculares en todo el cuerpo. Pero surgió una nueva era. La terapia con drogas será finalmente la solución para los enfermos.

[Música]

Mentales. Locura.

[Música]

A primera vista, la aldea de Gil, en Bélgica, se asemeja a cualquier otra de Europa. Pero es singular, una aldea atípica, habitada por personas atípicas. Fernanda es una de ellas. Como muchos de los lugareños de Gil, Fernanda es enferma mental y, sin embargo, disfruta libremente de la vida, como muy pocos en su misma condición pudieron hacerlo en el pasado. Durante más de 600 años, el pueblo de Gil honró un pacto por el cual cuidarían a sus vecinos menos afortunados. El sistema utilizado, denominado cuidado familiar, está simbolizado por una estatua en la plaza del pueblo. Pero si Fernanda hubiera vivido en otra época, su vida y la plaza del pueblo habrían sido diferentes.

Durante gran parte de la historia, las enfermedades mentales no existieron. Eran simplemente locura. Se temía a los enfermos y se los perseguía, y el tratamiento no se diferenciaba de la tortura y el asesinato. A lo largo de la historia, los enfermos mentales siempre fueron muy temidos. Claro, durante siglos se creyó que aquellos que se comportaban de manera extraña estaban poseídos por espíritus malignos o por el [ __ ]. Por eso había temor de ellos. Pienso que todavía hoy, el común de la gente teme a aquellos con un desorden psiquiátrico, a los que se comportan de manera extraña, porque no comprendemos qué es una enfermedad mental. Puede que no lo comprendamos, pero sabemos de dónde proviene. El cerebro humano es el objeto más complejo que se ha descubierto en el universo. Contiene miles de millones de células o neuronas interconectadas de manera muy compleja. Como cualquier otro órgano del cuerpo, puede enfermarse o funcionar mal. Pero un cerebro enfermo puede afectar nuestros pensamientos y nuestra conducta, aquello que nos define como humanos. Nuestros antepasados, al no conocer el cerebro, atribuían la locura a fuerzas externas, sobrenaturales y oscuras que irrumpían en la mente y enloquecían a la infortunada víctima.

La forma más antigua de liberarlas dio lugar al primer procedimiento quirúrgico: la trepanación. Era común entre las culturas que creían que lo único que necesitaba una mente contaminada era un poco de aire fresco. Los demonios que aullaban dentro de la cabeza eran liberados, sencillamente, perforando un orificio.

[Música]

Los antiguos romanos acusaban a los cielos de sus problemas mentales. El término "lunático" proviene del latín "Luna". Ellos sabían mucho sobre lunáticos, pues casi siempre había uno en el poder de todos los emperadores romanos dementes, y hubo muchos. Calígula se destacó. Al principio, no fue tan grave. Nombró senador a su caballo. Pero a partir de allí, todo fue de mal en peor.

[Música]

Abusó de César. Durante su reinado, su inclinación a la locura, la crueldad y la megalomanía jamás se vio igualada en la historia. Hoy se sospecha que la esquizofrenia fue responsable de sus comportamientos extremos, y solo su inmunidad divina evitó que corriera la misma suerte que los demás enfermos mentales. Alguien con mayores razones para aducir jerarquía divina, ahuyentó a los locos en vez de unirse a ellos. Jesús ahuyentó a los demonios por imposición de manos. Lamentablemente, sus seguidores, a lo largo de los siglos, no fueron tan gentiles. Su filosofía fue la de combatir fuego con fuego. Los demonios de la locura eran ahuyentados a latigazos, puntapiés o con fuego. Todo para el bien del paciente. El fervor religioso alcanzó su clímax entre los años 1500 y 1700, cuando miles de dementes fueron quemados en hogueras, acusados de brujos y descarriados.

En el siglo XV, la sangre se derramaba en forma un poco más metódica. En aquel entonces, se creía que los fluidos vitales del organismo albergaban las enfermedades. Las sangrías constituían un tratamiento popular, al menos entre los médicos que hacían sangrar las venas ellos mismos o con la desinteresada ayuda de las sanguijuelas. Cuando no conseguían sanguijuelas o veían que estas no iban a servir, se usaban sanguijuelas artificiales: las ventosas. A pesar de ser una práctica de más de 2500 años de antigüedad, aún se aplican ventosas en los balnearios de salud en Finlandia.

Había otros métodos de purga aún más extraños. Un irlandés diseñó la caja giratoria de Walon en Europa, que luego se llevó a los Estados Unidos. Lo que se hacía era sujetar al individuo a la silla y hacerlo girar. Pertenece a la época en que se creía que la mayoría de las enfermedades, incluyendo las, eran transportadas por la sangre. Haciendo girar a la persona, la fuerza centrífuga impulsaría la sangre impura desde el cerebro a los brazos y los dedos. Y si además vomitaban, era otra forma más de purgar los fluidos dañinos.

Pero la máxima expresión de este arte era el sillón tranquilizador, que combinó la perversidad de todos los demás métodos en una sola tortura para los enfermos mentales. Los amarraban por meses, los hacían sangrar, les ponían sanguijuelas, los empapaban con líquidos fríos, les colocaban bolsas de hielo en los pies y les echaban líquidos calientes en la cabeza, con la sola idea de volverlos a la realidad. Frente a semejante abuso generalizado, no era de sorprender que un santuario para enfermos mentales tuviera tanto éxito. Durante más de 600 años, Gil es un lugar sagrado para los dementes y el hogar de su patrona, Santa [Música] Digna.

La historia es un relato de incesto, asesinato y [Música] milagros. En el año 600, la reina de Irlanda yacía en su lecho de muerte. Desconsolado, el rey decidió que su hija Digna era la única que podía reemplazarla. Pero ella rechazó las atenciones incestuosas de su padre y huyó a Bélgica, con los demonios susurrándole al oído. El rey la buscó hasta dar con ella en Gil. Tras sufrir otro rechazo y guiado por el [ __ ], el rey, ofuscado y demente, decapitó a su hija. Al morir, resistiendo las oscuras fuerzas de la demencia de su padre, Digna se convirtió en la patrona de la locura y se la representa aplastando a [Música] demonios. Su iglesia en Gil se volvió un lugar sagrado y pronto surgieron relatos de curas milagrosas. Con la difusión de este relato, comenzaron a llegar pacientes buscando ahuyentar sus propios demonios. Al principio, se alojaron en la catedral. Pero a medida que se acercaba más gente, los sacerdotes solicitaron la ayuda de los pobladores, y esto creció hasta que todas las familias del pueblo que vivían cerca de la iglesia comenzaron a aceptar enfermos mentales en sus hogares y a cuidarlos. Gozaban de la libertad para vivir como ciudadanos comunes. Pero en otras latitudes, la libertad no era más que un lejano sueño y la prisión reemplazó a la tortura.

[Música] Misterios.

[Música]

Soy terapeuta sexual y mi hermana Jennifer es uróloga. Conozcan el equipo. Pacientes pueden retribuir a la comunidad. El taller de bicicletas permite que la mitad de Gil pueda trasladarse. Pero alguna vez, los enfermos mentales tuvieron que soportar una cadena aún más pesada, como nos muestra esta escultura de un antiguo paciente.

A partir del siglo XIX, la creencia en la posesión satánica prácticamente desapareció en la mayoría de los países. En lugar de torturarlos, a los locos se los encerraba y mantenía alejados de la sociedad. El nombre de esa prisión se convirtió en uno de los términos más infames y aberrantes del idioma: el manicomio. El horror en su máxima expresión. Este es un asilo para dementes incurables. Manicomio. No tiene nada que perder, salvo la razón.

El Museo Imperial de Guerra en Londres fue alguna vez el más famoso manicomio e hizo su propia contribución al idioma inglés. Bedlam es ahora una palabra relacionada al caos y a la confusión. Hoy, los cañones de poderosas naves de guerra flanquean la entrada, pero en el pasado, lo hacían dos estatuas de mirada desvariada y locura melancólica. Estas figuras torturadas dan nuevamente testimonio de lo que reinaba allí.

[Música]

Esto está documentado en un cuadro de 1735 de William Hogarth. "El Progreso del Libertino" muestra escenas que son literalmente de locura: pacientes sucios y trastornados, sin control, por los caóticos pabellones donde probablemente pasaban la vida entera. El cuadro muestra otro de los oscuros secretos del manicomio: dos espectadores mirando la escena por pura diversión. Hace 200 años, en el mismo lugar donde hoy las familias visitan el Museo de Guerra como esparcimiento, sus antepasados recorrían los mismos corredores con idéntico motivo. Los manicomios y sus infortunados moradores eran una forma popular de divertimiento para los europeos del siglo XVI.

[Música]

Los manicomios franceses eran igualmente deplorables. En 1790, el médico Philippe Pinel estaba a cargo de Bicêtre, el hospital para enfermos mentales de París. Lo que vio lo horrorizó.

"Dije: 'Puedo recordar'. No puedo recordar. Le dije que no recuerdo. No puedo recordar".

Ante el horror de sus colegas, Pinel ordenó desencadenar a los pacientes y reemplazar los calabozos por habitaciones soleadas y acceso a los jardines del hospital. Fue un hito en el tratamiento de los enfermos mentales. La filosofía de Pinel de tratar a los pacientes con consideración en lugar de crueldad produjo una ola de cambios en la psiquiatría. Una investigación hecha en Bedlam en 1813 reveló, entre otras atrocidades, el destino de James William Norris. Estuvo confinado en el sótano de Bedlam entre 9 y 14 años, en una estructura de hierro especialmente construida que le aprisionaba el cuerpo del cuello para abajo.

[Música]

El tratamiento de Norris provocó la indignación por las condiciones en los manicomios. Rápidamente, Europa convirtió estas prisiones en confortables hospitales de recuperación. Este cambio también llegó a América, gracias al esfuerzo de una mujer. Probablemente, Dorothea Dix fue una de las líderes de la reforma de su época. Ella se concentró en reformar las instalaciones en Massachusetts y Connecticut, donde logró vaciar las celdas. Ya no se encadenaban los pacientes a las paredes. A partir de 1800, surgió una nueva concepción de hospital para enfermos mentales y prácticamente se abandonó el término manicomio. Estas inmensas moles eran ciudades autosuficientes, con sus propias granjas, pastelerías y hasta plantas de energía. Pero los pacientes aún tenían pocas esperanzas de recuperación y, aunque ya no había cadenas, no hicieron más que cambiar unas limitaciones por otras.

En el siglo XIX, cuando surgió la psiquiatría, la gente creía que las enfermedades mentales tenían un fuerte componente biológico en el cerebro, y en realidad, no se equivocaron. Pero por aquel entonces, la ciencia no estaba desarrollada, no existía la neurociencia, y en realidad, no se equivocaron. Pero por aquel entonces, la ciencia no estaba desarrollada, no existía la neurociencia, y no se podía establecer científicamente el papel del cerebro en la enfermedad mental. Entonces, se volvió a pensar en la influencia de misteriosas fuerzas cósmicas en el comportamiento humano. Una de ellas fue el magnetismo animal, denominado así por su descubridor, Franz [Música] Mesmer. Sostenía que se podía controlar el estado mental de los pacientes canalizando esta energía a través de ellos. Esto se lograba al poner a los pacientes en trance, método denominado mesmerismo, en honor a su descubridor. Las teorías de Mesmer sobre el magnetismo animal nunca se tomaron en cuenta, pero los psiquiatras adaptaron la terapia del trance y la llamaron hipnosis para darle mayor credibilidad. Médicos como Jean Charcot comenzaron a explorar los pensamientos más profundos de los pacientes a través de la hipnosis. Pero uno de sus discípulos realmente revolucionó la psiquiatría cuando descubrió que no hacía falta poner al paciente en trance para que recordara sus problemas más profundos. Alcanzaba con un cómodo diván. El nombre del discípulo era Sigmund Freud.

El psicoanálisis surgió a fines del siglo XIX y dio una visión totalmente diferente sobre las causas de las enfermedades mentales. Se creía que no tenía nada que ver con el cerebro, que era psicogénico. Según Freud, las enfermedades se producían como resultado de anomalías durante la socialización en la primera infancia. Las complicaciones cuando se aprende a ir solo al baño, haber visto a la madre desnuda, haber escuchado al papá y la mamá hacer el amor una noche, podían arruinarte para siempre en términos de enfermedades psiquiátricas. Pero no todos son tan sarcásticos con las teorías de Freud. La idea del psicoanálisis es que hay una parte del inconsciente que no está unida realmente al pensamiento racional de todos los días, y el inconsciente es una parte ingobernable de la mente que contiene toda clase de deseos reprimidos, recuerdos de la niñez, que pueden afectar nuestro comportamiento actual. Y la manera de revelar esos secretos es formular preguntas correctas y evaluar muy cuidadosamente las respuestas.

"Debe decirme todo lo que pasa por su cabeza, aunque sea desagradable, parezca poco importante, irrelevante o sin sentido."

"Siempre me atormentaron los impulsos criminales."

Lo insólito es que tanta gente tenga opiniones encontradas sobre Freud y nunca leyeron un solo trabajo suyo. Con frecuencia, los que recurren a sus obras y las leen, notan que hay 23 volúmenes en inglés que tienen una cantidad extraordinaria de observaciones, análisis, opiniones que pueden trasladarse al siglo XXI. Inconscientemente omitió que le debe dinero a la empleada del correo porque eso le trae a la memoria conflictos dolorosos que no quiere [Aplausos] recordar.

Si bien el psicoanálisis fue útil para los ricos y neuróticos, no servía para los pacientes gravemente enfermos de los atestados hospitales. A ellos les esperaba un choque [Música] eléctrico.

A pesar de su enfermedad mental, Fernanda puede vivir una vida familiar normal con Linda, su madre sustituta. Finalmente encontró su lugar y, luego de perder a su esposo, Linda tiene alguien que la acompañe.

"Me hace muy feliz que Fernanda viva aquí. Es muy colaboradora. Le agradezco mucho y la respeto todos los días. Trato de decirle: 'Fernanda, estoy muy feliz de que estés aquí. Eres muy importante para mí'".

Y son esos detalles los que la hacen sentir mejor. Se siente parte de una familia. A Fernanda le hace bien tener responsabilidades, como el lavado. De hecho, durante mucho tiempo, el agua se usó para ayudar a los pacientes. En los albores del siglo XX, se volvió a recurrir a los elementos para tratar a los enfermos mentales. La hidroterapia se basaba en colocar al paciente perturbado en agua caliente hasta calmarlo. Una cura realmente efectiva, como bien sabemos quienes disfrutamos de un baño caliente. Sin embargo, esto representaba la más sofisticada de todas las posibilidades. Durante muchos años, los pacientes recibían mucha agua, pero poca terapia. En la mayoría de los casos, la hidroterapia tenía por finalidad conmocionar en lugar de calmar. El equivalente a una bofetada para sacar a los pacientes de su locura. Los pecados morales y espirituales de la locura se limpiaban con la saludable práctica de colocarse gorras de baño y mojarse mutuamente con mangueras.

Pero los médicos pronto descubrieron un problema que el agua no podía resolver, por más presión que tuviera: el regreso de una de las enfermedades más mortales de la historia: la sífilis.

[Música]

La sífilis fue una de las más importantes causas de la demencia. Probablemente, el 80% de los casos de enfermedades mentales fueron causados por alcohol o por sífilis. La sífilis era el SIDA de esa época. Luego de una incubación de unos 10 años, los gérmenes de la sífilis atacaban el cerebro y literalmente se lo comían. Sin lugar a dudas, la neurosífilis causaba graves trastornos físicos y mentales. El doctor Julius Wagner von Jauregg, un neurólogo vienés, descubrió una cura radical para la neurosífilis en 1917. Irónicamente, enfrentando uno de los enemigos más grandes de la humanidad contra otro. La malaria causa más muertes que ninguna otra enfermedad, pero von Jauregg descubrió que esta podía curar además de matar. Descubrió que al inyectar una cepa benigna de malaria en los enfermos con neurosífilis, se producía una fiebre que mataba los gérmenes de la sífilis. Los efectos eran asombrosos. Pacientes que habían estado postrados con alucinaciones, temblores y discapacidades motrices, se curaban por completo en pocas semanas. Por primera vez en la historia, se descubrió un tratamiento específico para una enfermedad mental específica. Este fue el primer indicio que tuvo la neurociencia de que un tratamiento actuando sobre el cerebro curaría o podría mejorar la condición del paciente.

Alentados por este logro, los médicos comenzaron a investigar otras curas físicas para otro tipo de enfermedades mentales. El primer objetivo fue la esquizofrenia. Los médicos sabían desde hacía tiempo que los pacientes con convulsiones epilépticas raramente eran esquizofrénicos. Basados en esta observación, los psiquiatras llegaron a otra gran conclusión: entonces se pensó que si las convulsiones se podían provocar artificialmente, esto podría curar la esquizofrenia.

El primer método que se probó fue inyectar insulina a los pacientes. La insulina es la hormona responsable de mantener el nivel de glucosa en sangre, y una sobredosis produce insuficiencia en las células del cerebro. Rápidamente le siguen convulsiones y un coma profundo. Pero también parecía que ese choque mejoraba a los pacientes. No contribuyó a curar la esquizofrenia, pero descubrieron que los pacientes que sufrían de depresión repentinamente se sentían eufóricos, se sentían mucho mejor. De esta manera, se convirtió en un tratamiento para depresiones graves.

Otra droga para provocar convulsiones llamada Metrazol era más barata, rápida y potente que la insulina. Demasiado potente, como luego se comprobó, ya que cerca de la mitad de los pacientes inyectados sufrieron fracturas de columna. Ambas drogas eran difíciles de controlar. Se les daba insulina y para detener las convulsiones se les inyectaba glucosa. Si eso no se hace bien, el paciente puede morir. Correcto. El Metrazol es aún más peligroso. Necesitaban un modo más prolijo de provocar las convulsiones, un modo más controlado.

Luego de tratar a los enfermos mentales con fuego y con agua, los médicos se volcaron a otra de las fuerzas elementales: la electricidad. Los médicos de la antigua Roma aprovechaban su poder colocando rayas eléctricas sobre la cabeza del enfermo. Al aturdimiento producido por esos choques lo denominaban "narcos" o "sueño", de donde proviene el término narcótico. En los siglos XVIII y XIX, los científicos trataron de controlar la electricidad y el magnetismo a través de medios artificiales, a menudo con resultados alarmantes. Se aplicaban choques moderados a los músculos y nervios, pero no lograban poner una sonrisa en el rostro de los pacientes.

En 1937, dos médicos italianos se inspiraron en los animales que eran aturdidos en el matadero local. Algo irónico, considerando lo que les esperaba. Desarrollaron un método para aplicar choques potentes en la cabeza de los seres humanos. Ese procedimiento se conoció con el nombre infame de terapia de electrochoque. Este fue el mejor método de terapia de choque que se eligió entonces. El uso de la insulina y el Metrazol fue eliminado. El electrochoque se adoptó en todo el mundo y se convirtió en el tratamiento común para muchas enfermedades graves, especialmente depresión aguda. A pesar de los resultados dispares, tuvo grandes éxitos. Muchos pacientes que estaban abatidos por la pena y la desesperanza recuperaron las ganas de vivir.

El electrochoque es uno de los métodos más usados y más exitosos para curar enfermedades mentales. Este tratamiento produce reacciones musculares violentas en todo el cuerpo y debe estar supervisado por un médico experimentado. Nadie sabe con certeza cómo o por qué el electrochoque cura las enfermedades mentales, pero ayuda a ordenar los pensamientos y la gran mayoría de los pacientes se curan. Desgraciadamente, el propio éxito del electrochoque fue su derrota, ya que se usó por demás e inevitablemente hubo abusos. Cuando ayudaba en las terapias de choque, el promedio de duración del tratamiento era de 5 a 10 aplicaciones, y había pacientes que habían recibido 300, 400, 500 aplicaciones sin parar. Como resultado, los sentidos se entorpecían y los cerebros se atrofiaban por el uso excesivo de esta terapia. También se lo usaba como castigo. Si el paciente se ausentaba del hospital sin autorización o se comportaba mal y los médicos se disgustaban, se lo enviaba a terapia de electrochoque. Aunque la aplicación no provocaba dolor, su sola mención era terrible para el paciente. Había mucho miedo asociado a esta terapia. Pero este miedo no era nada comparado con el terror que provocaría otro tratamiento radical: la lobotomía.

[Música]

Es casi imposible saber quién es enfermo mental y quién no en la vida diaria de los habitantes de Gil, y a ellos no les importa. Por desgracia, siempre se juzga a la mayoría de la gente por su apariencia. Cuanto más invisible es algo, como una enfermedad mental, más tenemos que hacerla visible.

En la Edad Media, hay una serie de imágenes muy duras que tienen que ver con el aspecto de los enfermos mentales. En el siglo XIX, cerca de 1860, lo que fue el concepto teológico de la locura, el castigo de Dios, se convirtió en concepto científico. Y el médico francés Morel trajo la teoría de la pérdida del estado de gracia, la expulsión del Edén, y lo convirtió en un concepto médico llamado degeneración. El loco es degenerado y lleva en su rostro los signos de esa degeneración. Se retrotraen a las primeras etapas de desarrollo de la especie humana, lucen primitivos. Y así se inició una ciencia sobre la insanidad, una ciencia capaz de identificar al loco.

A fines del siglo XIX, existían atlas, como atlas geográficos, pero con imágenes de locos que permitían comparar la imagen con el paciente y poder decir: "Ah, esta persona tiene depresión. Esta otra tiene melancolía, porque esa persona se parece mucho a un [Música] depresivo".

Cuando los manicomios tuvieron acceso a la fotografía a fines del siglo XIX, también la utilizaron como método de diagnóstico. Los pacientes eran obligados a fotografiarse como parte de lo que llamaban tratamiento.

[Aplausos]

Pero no solo se utilizó la vista como uno de los sentidos para diagnosticar. No solo se utilizó la vista como uno de los sentidos para diagnosticar la enfermedad mental. Un método aún más extraño involucró al tacto. La frenología es una idea pseudocientífica por la cual se puede conocer la personalidad de alguien por las protuberancias del cráneo. La inventó el médico vienés Franz Joseph Gall en 1798. La iglesia lo prohibió, lo cual le dio más popularidad. La gran ventaja era que la gente creía que los locos tenían al demonio dentro y ellos lo expulsarían a golpes. El doctor Gall decía: "No es por sus cabezas deformes". Debido en gran medida a la falta de competidores, las teorías de Gall se tornaron muy populares y daba conferencias a multitudes en Europa. Rápidamente, la frenología se extendió a América y fue un éxito. Thomas Edison estaba en una tienda cuando entró un frenólogo y le dijo: "Se equivocó de profesión, debería estar haciendo algo con la mecánica". Y según la historia, sea o no verdadera, se hizo mecánico por esa razón. Pero mucha gente consideró a la frenología en el 1800 y principios del 1900 como una verdadera ciencia y como un medio para descubrir la personalidad. Todos querían saber cómo eran en realidad.

A medida que la tecnología avanzaba, la medición manual de las formas craneanas se tornó obsoleta y la frenología se automatizó. En 1925, un discípulo en Superior, Wisconsin, comenzó a construir una máquina para medir la forma del cráneo y la llamó psicógrafo.

"Vamos a colocar esto en su cabeza y se imprimirá una tira con la calificación de su personalidad de uno a cinco. Uno es deficiente y cinco superior. Aquí vamos."

[Música]

Por más ridículo que hoy nos parezca, Gall estaba próximo a la verdad. Se comprobó que hay determinadas funciones que están localizadas en zonas específicas de la cabeza. Pero la comprobación definitiva fue consecuencia de un extraño accidente que llevó a la psiquiatría por un camino particularmente peligroso. En 1847, un trabajador llamado Phineas Gage construía una vía cerca de Vermont. Su tarea era colocar cartuchos de dinamita en orificios con una vara de hierro. Un día, dio un golpe demasiado fuerte y la dinamita explotó, expulsando la vara que le atravesó la cabeza. Entró por la mejilla y salió por el cráneo, destruyendo a su paso el lóbulo frontal izquierdo del cerebro. Pero para sorpresa de todos, sobrevivió. Se levantó, firmó el libro de asistencia para que le pagaran por su trabajo, luego fue al pueblo y el médico que lo vio colocó la piel de nuevo en su lugar y lo suturó para impedir la infección. Gage vivió 13 años más. Su personalidad cambió. Antes del accidente, era muy trabajador, abocado a su familia. Pero luego no pudo conservar un empleo, se divorció, maldecía todo el tiempo, era conocido como el holgazán del pueblo.

Cien años después, un neurólogo portugués llamado Egas Moniz redescubrió la historia de Gage mientras investigaba cómo controlar a sus pacientes más violentos. Y alguien mencionó el cambio de personalidad que tuvo Gage: pasó de ser amable a insoportable. ¿Por qué no podían revertir esto en el caso de una persona agresiva? Remover partes del cerebro o, al menos, desconectarlos. Perforar el cráneo, insertando un fino instrumento para cortar cuidadosa y estratégicamente la conexión entre el lóbulo frontal y el resto del cerebro. Esto se conoció como lobotomía.

[Música]

Frontal. Los resultados iniciales fueron asombrosos. Pacientes muy agresivos o violentos respondieron milagrosamente a este [Música] tratamiento. A Moniz esto le valió el Premio Nobel de Medicina en 1949. Aún después de este gran reconocimiento, fue cauteloso con su descubrimiento. Era reacio a utilizarla en cualquier clase de enfermedad. Consideraba que esta operación debía ser el último intento por controlar una enfermedad que era muy grave y, además, solo funcionaba en ciertos casos.

Pero los discípulos de Egas Moniz no fueron tan selectivos. Un ambicioso médico norteamericano, Walter Freeman, leyó acerca de sus logros. A diferencia de Moniz, vio en la lobotomía la cura para la mayoría de las enfermedades mentales y una forma de aliviar los manicomios del país, abarrotados de enfermos mentales. Después de la Segunda Guerra Mundial, Freeman y su socio James Watts consideraban que esta delicada operación era muy lenta para sus necesidades y desarrollaron un método no quirúrgico más veloz. Inspirados por una herramienta casera, nació la lobotomía transorbital. Freeman y Watts practicaron la primera lobotomía a una mujer de 63 años de Kansas con personalidad muy agresiva. Al día siguiente, le preguntaron cómo se sentía. Dijo que no se sentía tan inquieta y no le importaba. Pensaron que era bueno. Pero al día siguiente comenzó a empeorar. No se tenía en pie, vomitaba, perdió la visión de un ojo, una serie de efectos colaterales que no esperaban.

En 1951, Freeman era una celebridad y se habían realizado cerca de 20,000 lobotomías. Para 1955, esa cantidad se duplicó. Aunque era cuestionable desde el punto de vista clínico, desde el económico era irreprochable. Una lobotomía costaba $250, mientras que mantener un paciente en un hospital durante un año podía costar $35,000 o más. No hizo falta mucho para convencer a las instituciones de enfermos mentales que la lobotomía era la respuesta a todos sus problemas.

Felizmente para los enfermos mentales de todo el mundo, comenzaba una nueva era. En 1952, un descubrimiento revolucionario daría comienzo a la edad dorada de la terapia con drogas.

[Música] Misterios médicos. Ya regresa.

Del 50, la psiquiatría volvió a estancarse. La lobotomía fue desprestigiada. El electrochoque servía en algunos casos y los hospitales volvieron a llenarse de pacientes sin esperanza de curación. Para muchos pacientes, sí, era la última morada. Se admitían pacientes en el hospital que sabían que no podrían dejarlo nunca. Pero los investigadores de drogas vendrían a salvarlos.

El tratamiento de los enfermos mentales con drogas o fármacos se llama psicofarmacología. Desde tiempos remotos, los médicos reconocen los poderes curativos de hierbas tales como la hierba de San Juan para la depresión, y la medicina moderna está redescubriendo muchas de sus facultades.

La primera transfusión de sangre que se recuerda fue de una vaca a un enfermo mental violento en París en 1667. Se esperaba poder transmitir al paciente la tranquilidad del animal. No hace falta decir que no tuvo un final feliz.

En el siglo XIX, los avances químicos reavivaron el interés en las píldoras y pociones para cambiar la personalidad. La clásica obra del Dr. Jekyll mostraba la transformación inversa. Los médicos esperaban que pudiera funcionar para el bien de los pacientes y curar las enfermedades mentales. Tuvieron que esperar hasta 1952 para asestar el primer golpe. Se descubrió que una droga para combatir las náuseas después de la anestesia tenía efectos asombrosos en enfermedades psicóticas agudas: era la Tacina. Esto fue una revelación para la psiquiatría en general. Pacientes que estaban en el hospital, algunos de ellos durante décadas en hospitales para enfermos mentales, a menudo en condiciones increíbles, podían recibir una píldora que los hacía sentir bien de nuevo. Renació la esperanza entre los médicos y pacientes de institutos para enfermos mentales.

Los asombrosos resultados hicieron a la Tacina altamente rentable y, a mediados de los 70, marcó el rumbo para toda una generación de nuevos medicamentos. El descubrimiento de estas drogas volvió a colocar a la psiquiatría dentro de la corriente principal de la medicina. Las enfermedades psiquiátricas se pusieron a la par de las demás enfermedades, y los psiquiatras recuperaron su posición de médicos y abandonaron la de trabajadores sociales. Y esto se produjo gracias a la neurociencia.

Una zona en particular del cerebro atrajo la atención de los investigadores. A pesar de que las células cerebrales o neuronas transmiten señales unas a otras, no están físicamente conectadas. Los impulsos nerviosos se transfieren químicamente a través de esa brecha por los neurotransmisores. Uno en particular está asociado con la depresión: la serotonina. Se cree que la descompensación en los niveles de la serotonina produce disfunciones en el cerebro y cambios negativos en el estado de ánimo. Cuando se descubrió una droga que restablecía los niveles de serotonina y parecía curarla, los investigadores supieron que estaban ante un triunfo. El nombre de la droga es Prozac y se convirtió en la droga más vendida de todos los tiempos. Introducida en 1987, en dos años, las farmacias vendieron más de 65,000 recetas mensuales solo en los Estados Unidos. En 5 años, 4 millones y medio de norteamericanos lo habían tomado.

No eran solo los enfermos graves los que se beneficiaban con esta droga. Rápidamente, los antidepresivos y tranquilizantes atrajeron a gente que no estaba enferma, solo se sentían desdichados y estresados. Pasó a ser conocida como psicofarmacología cosmética. En casos de tensión y problemas nerviosos, ahora los médicos recetan [Música] medicamentos. Hacen que aquellos que se sienten a punto de abandonarlo todo estén listos para recomenzar. Que digan adiós a los pensamientos oscuros y reciban el bálsamo de un cielo despejado. Habrá menos gente nerviosa e insomne cuando aprendamos a relajarnos.

Esta es, tal vez, la mayor ironía de la historia de la medicina. Fuimos de los días en que el tratamiento era tal que nadie quería estar mentalmente enfermo, hasta hoy que muchos de nosotros confesamos estar enfermos para poder recibir la felicidad en una píldora fácil de tragar. Pero al mismo ritmo que aumentó el número de drogas, fueron subiendo las enfermedades mentales a tratar por ellas. Al comienzo, solo hubo locura. A ella se sumó más tarde la melancolía, la manía y la afección moral. En 1930, el psicólogo alemán Emil Kraepelin acuñó los términos esquizofrenia y depresión maníaca, y desde entonces se le han unido otras descripciones de nuestros temores y problemas más [Música] profundos. Están catalogados en un inmenso volumen: Manual de Diagnóstico y Estadística. Un libro controvertido que ya va por la cuarta edición. Los desórdenes se incluyen o excluyen a través de los votos de los psiquiatras que se reúnen anualmente, un sistema que muchos consideran político y [Música] anticientífico.

La psicocirugía progresó desde la nefasta época de la lobotomía. Los médicos pueden detectar pequeños tumores o lesiones en el cerebro utilizando técnicas de escaneo avanzadas y destruirlos sin tener que abrir la cabeza o sin siquiera tocar un cabello del paciente. La radiocirugía utiliza un bisturí gamma para proyectar un delgado pero potente haz de radiación a un determinado lugar del cerebro con absoluta [Música] precisión.

Segura. En Gil, Fernanda es afortunada al vivir en una sociedad instruida y tolerante, y estamos empezando a aprender la lección que nos brindan. Durante muchos años, especialmente en la época medieval, se trataba a los enfermos mentales como animales, más que como seres humanos. Y creo que uno de los grandes cambios que vi durante mi carrera en el Departamento de Salud Mental fue el cambio que vi hacia los pacientes, dándonos cuenta que son seres humanos y que necesitan ser tratados con respeto y dignidad. Gente como Mary Hendry, enfermera en Sabe, de esto desde hace mucho, y con su ayuda, Fernanda seguirá mejorando. Cuando le pregunto a Fernanda cuál es la diferencia entre estar en una institución o al cuidado de una familia, ella siempre dice: "Puedo ir donde quiera. Ella sí que es alguien. Estoy bien. No puedo vivir sola porque tengo problemas, pero soy libre".

[Música]