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La Historia de la Humanidad con sus episodios más trascendentales

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La Prehistoria es el periodo de tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros homínidos, antecesores del Homo sapiens, hasta que tenemos constancia de la existencia de documentos escritos, algo que ocurrió en primer lugar en el Oriente próximo hacia el 3500 antes de Cristo.

Durante este periodo, vamos a ver cómo el hombre pasa de vivir en cavernas a ver la aparición de sociedades complejas que dieron lugar a los primeros estados y civilizaciones. Todo esto ocurrió en más de 2 millones y medio de años.

Los historiadores solían dividir la Prehistoria en dos periodos: la Edad de Piedra y la Edad de los Metales. Dentro de la Edad de Piedra tenemos tres periodos: Paleolítico, Mesolítico (que es una época de transición) y Neolítico.

El Paleolítico es el periodo más largo de la existencia del ser humano, de hecho, abarca más del 99% de la misma. En el Paleolítico, el hombre (y cuando decimos hombre, no nos referimos al Homo sapiens actual, sino también a sus antepasados del género Homo) aprende a tallar pequeños utensilios de piedra, de hueso y de asta de animal. En este periodo también hay evidencias de que aprende a domesticar el fuego.

Domesticar el fuego es probablemente la mayor palanca de progreso de la historia de la humanidad, junto con la aparición de la escritura. El hombre vivía al aire libre o en cavernas, se alimentaba de vegetales, frutos y también cazaba animales. Estamos ante una sociedad cazadora-recolectora. Aunque pudiese vivir temporadas en una misma cueva, para subsistir debía moverse a aquellas zonas donde abundase más la comida, es decir, el hombre era nómada.

Los expertos sitúan la aparición del primer Homo sapiens, el primer ser humano moderno, en África. La denominan Eva mitocondrial y de aquí surgió toda la humanidad, sería como nuestra tatarabuela. El Homo sapiens acabó colonizando toda la Tierra y se encontró con diferentes especies del género Homo que habían evolucionado de manera distinta en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, cuando llegó a Europa, convivió con el hombre de Neandertal.

El hombre era nómada, pero todo esto empezó a cambiar con la Revolución Neolítica. El clima de la Tierra empezó a variar, la temperatura aumentó y la retirada de los hielos hacia el 10.000 antes de Cristo dificultó la recogida de vegetales y disminuyó la caza. Se va a extinguir toda la megafauna de este periodo: megaterios, dientes de sable, mamuts. Estamos ante el fin de la última glaciación.

Se denomina Revolución Neolítica a una transformación radical de la humanidad en cuanto a su modo de vivir. La sociedad pasa de ser nómada a sedentaria. Neolítico significa "piedra nueva", pues el hombre desarrolla una industria lítica más sofisticada donde la piedra se pulimenta, distinguiéndose de la industria lítica del Paleolítico, mucho menos refinada. Pero esta no es la verdadera revolución acontecida en el Neolítico.

La verdadera revolución fue la aparición de la agricultura y la ganadería. ¿Cómo aparece la agricultura y la ganadería? El hombre se tuvo que conformar con lo poco que le ofrecía el nuevo ecosistema: jabalíes, cabras, conejos. Muchas zonas de la tierra se convirtieron en zonas desérticas. El hombre se instaló en las cuencas de los ríos que eran fértiles: el Nilo, el Tigris, el Éufrates. Es aquí donde empieza el proceso de neolitización en la zona que conocemos como Creciente Fértil, con forma de luna.

Este cambio no se produjo de forma rápida ni de la misma manera en todos los lugares, y tampoco ocasionó el abandono de las anteriores formas de vida. La domesticación de animales se produce en esta época, a excepción de la domesticación del perro, que es anterior. Después del perro le llegó el turno a la cabra, a la oveja, al cerdo. El hombre también aprende a domesticar las especies vegetales y a controlar las cosechas. Los primeros cultivos son de trigo, cebada y leguminosas como la lenteja, el garbanzo y el guisante.

Todo esto permitió al hombre producir sus propios alimentos y no ir tras ellos. Ya no tiene que cambiar su lugar de residencia, solo en aquellas zonas de mejores condiciones climáticas y de fertilidad. La sedentarización fue un hecho. Los primeros agricultores desarrollan el sentido de la propiedad, trabajan y se agrupan en poblados. Podemos citar como los poblados neolíticos más importantes a Jericó (Palestina), Siria y Çatalhöyük (Península de Anatolia).

Estos poblados empiezan a tener excedentes de alimento que pueden almacenar, siempre y cuando las cosechas fueran buenas, pues el nuevo sistema productivo podía irse al traste si no llovía o los vecinos de los poblados de al lado les robaban el alimento. Con el excedente surge el comercio y también la necesidad de protección. La sociedad se jerarquiza. En este contexto aparecen los estados y los ejércitos.

En Mesopotamia se suceden a lo largo de tres milenios diversos pueblos que fundan civilizaciones: sumerios, acadios, babilonios, asirios. La escritura nace en Mesopotamia a partir de algún sistema contable que servía para contar el ganado y las cantidades de grano. Es la escritura cuneiforme, a base de pictogramas que grababan con un punzón en tablas de arcilla que después cocían. Estamos ya en el año aproximadamente 3.500 antes de Cristo. Es en este punto cuando el ser prehistórico comienza a escribir la historia.

El Antiguo Egipto fue una civilización que surgió cuando se agruparon los asentamientos situados en las fértiles riberas del río Nilo. Para entender la historia del Antiguo Egipto, los historiadores la dividen en varios periodos que veremos a continuación. Los más importantes son el Imperio Antiguo, el Imperio Medio y el Imperio Nuevo. Históricamente fue dividido en dos zonas geográficas diferenciadas: Alto y Bajo Egipto, al sur y al norte respectivamente. El símbolo del Alto Egipto era una corona blanca y el del Bajo Egipto una corona roja. Cuando veamos una combinación de las dos coronas, estaremos hablando de un Egipto unificado.

La civilización egipcia se desarrolló durante más de 3.000 años. Comenzó con la unificación de varias ciudades del valle del Nilo alrededor del 3150 antes de Cristo y se da convencionalmente por terminada en el 31 antes de Cristo, cuando las tropas romanas de Octavio vencen a Marco Antonio, aliado y amante de la reina Cleopatra, la última gran gobernante de una larga lista de faraones.

En Egipto, el Nilo fue la clave para el éxito de la civilización egipcia, ya que este permitía el aprovechamiento de los recursos y ofrecía una significativa ventaja sobre otros oponentes. El Nilo, cada año, sufría enormes crecidas y se desbordaba. Esto creaba una extensa capa fértil a lo largo de los bancos del Nilo que proporcionaba a la tierra ricos minerales y nutrientes y, por ende, excelentes cosechas. No había en el mundo una tierra tan extensa que ofreciera tanto por tan poco. Este es el gran secreto de Egipto.

Esto se tradujo en que los egipcios podían practicar una forma de agricultura menos laboriosa que en otras zonas. La población quedaba liberada de muchas tareas agrícolas y podía dedicar más tiempo y recursos al desarrollo cultural. Los egipcios aprendieron a controlar las crecidas del Nilo por medio de diques y canales, aumentando la superficie cultivable. Distinguieron entre tres estaciones anuales: la de inundación (que va de julio a octubre), la de siembra (que va de octubre a marzo) y la de recolección (que va de marzo a junio).

El Nilo, además de proporcionar enormes beneficios a los agricultores y, por extensión, al resto de la población, también favoreció el comercio, ya que el río funcionaba como una gran autopista comercial. Veamos a continuación los periodos históricos de la civilización egipcia.

El período arcaico tiene lugar entre el 3100 y el 3700 antes de Cristo. Antes tiene lugar el período predinástico de Egipto, en el que surgieron dos reinos independientes: el Alto y el Bajo Egipto. La tradición egipcia atribuye la unificación de los dos Egitpos a Menes, quedando esto reflejado en las listas reales. Menes es también identificado con Narmer, fundador de la primera dinastía y el primer faraón que reinó sobre todo Egipto del que se tiene constancia. Este período arcaico lo conforman las dinastías primera y segunda.

Bajo la dinastía tercera comienza el Imperio Antiguo en el 2700 antes de Cristo. La capital se estableció definitivamente en Menfis. En la época de la tercera dinastía comenzó la costumbre de erigir grandes pirámides y monumentales conjuntos en piedra, gracias al faraón Zoser. La pirámide escalonada de Zoser en Saqqara es la primera pirámide que surge como una superposición de más tabas. Con la cuarta dinastía llegan las tres famosas pirámides que hoy en día es la gran postal de Egipto: hablamos de las pirámides de los faraones Keops, Kefrén y Micerinos, que componen la única maravilla del mundo antiguo que ha perdurado hasta nuestros días.

A esta época le sigue una época de decadencia que comienza en el 2250 antes de Cristo. Es un periodo de hambruna y anarquía, donde el poder de los faraones se descentralizó y se vio muy reducido, hasta que Mentuhotep II vuelve a unificar el Alto y el Bajo Egipto en el 2050 antes de Cristo, fecha que marca el inicio del Imperio Medio.

Es un periodo de gran prosperidad económica y expansión exterior con faraones pragmáticos y emprendedores. La capital pasa a estar en Tebas. Se realizaron ambiciosos proyectos de irrigación para regular las grandes inundaciones del Nilo. También se potenciaron las relaciones comerciales con las regiones circundantes. Las representaciones artísticas se humanizaron y se impuso el culto al dios Amón.

A mediados del 1800 antes de Cristo, los hicsos, un pueblo que tenía su origen en Canaán, invadieron el norte de Egipto y se establecieron en el Delta del Nilo. El poder de Egipto se debilitó y se disgregó en decenas de poderes autonómicos que desembocaron en una nueva anarquía. Aún así, los hicsos no interfirieron en la cultura tradicional, adoptando las creencias y costumbres locales. Tuvieron como capital la ciudad de Avaris, dotándola de fortificaciones y dominando el Bajo Egipto. Modernizaron a los egipcios introduciendo el caballo, el carro de combate, el arco compuesto y diversos elementos de la cultura del bronce.

A finales de este período, los dirigentes egipcios de Tebas, que consiguieron mantener su independencia, dirigieron una guerra de liberación contra los hicsos, que da origen al Imperio Nuevo, que comienza en el 1550 antes de Cristo. Este período es un período en constante estado de guerra con afán expansionista, justificado en principio como defensa ante posibles invasiones, requirió el desarrollo de un ejército profesional permanente. Las nuevas armas que de los hicsos resultaron definitivas.

Es un período de esplendor y de arquitectura monumental. Tebas vuelve a recuperar el poder del pasado, como atestiguan los templos de Karnak y Luxor, dedicados principalmente al dios Amón. El culto de Amón alcanzó en este período una gran importancia. Surgieron también nuevos centros de poder. De hecho, las capitales del imperio fueron Tebas y Menfis conjuntamente.

El reinado de Amenhotep III puede calificarse como el más próspero de este período y de toda la historia de Egipto, pero con el ascenso de su hijo Amenhotep IV, la estabilidad del imperio estuvo gravemente amenazada, aún más cuando este instauró una serie de reformas radicales que tuvieron un resultado caótico. Cambiando su nombre por el de Akenatón, promovió como deidad suprema la hasta entonces oscura deidad solar Atón, iniciando una reforma religiosa que se puede calificar de monoteísta. El faraón suprimió el culto a las demás deidades y, sobre todo, trató de anular el poder de los influyentes sacerdotes de Amón en Tebas, a quienes veía como corruptos. Trasladó la capital a la nueva ciudad de Amarna (actual Amarna).

La esposa de Akenatón, la bella Nefertiti, también jugó un papel político y religioso fundamental en este período. Tras la muerte de Akenatón, accede al trono el supuesto hijo de este, Tutankamón, que restablece el culto al dios Amón, devuelve a los sacerdotes su poder e influencia y vuelve el politeísmo. Tutankamón era un hombre enfermizo que tuvo un reinado muy corto. Ha pasado a la historia como uno de los faraones más conocidos debido al descubrimiento de su tumba en 1922 por parte de Howard Carter. El hallazgo arqueológico más famoso de todos los tiempos es la única tumba egipcia intacta que se ha encontrado hasta la fecha.

En la siguiente dinastía encontramos a un faraón muy importante: Ramsés II, el Grande. Le llamaron "el rey constructor" a raíz de su obsesión por construir templos enormes y espectaculares, como el templo de Abu Simbel, dedicado a su esposa Nefertari. En su reinado también alcanza el rango de capital una nueva ciudad, Pi-Ramsés, impulsada por él. Este faraón también es conocido por sus exitosas campañas militares. Ramsés II condujo su ejército contra los hititas en la batalla de Qadesh, en la actual Siria. Después de llegar a un punto muerto, finalmente aceptó un tratado de paz con el reino hitita. Es el tratado de paz más antiguo registrado. Ramsés, no obstante, presentó esta batalla, que quedó en tablas, como una gran victoria.

Con la siguiente dinastía, en torno al 1060 antes de Cristo, comienza un largo período de decadencia y fragmentación política que duró unos 700 años. Egipto nunca volvería a recuperar su esplendor pasado. A lo largo de este período, Egipto sufrió el dominio de diferentes pueblos extranjeros: libios, palestinos, nubios, persas y griegos, que llegaron a ocupar el poder. A pesar de ello, la civilización egipcia, lejos de quedar anulada, influyó enormemente sobre la cultura de los dominadores, que adoptaron sus costumbres como propias.

Adelantándonos muchos años, llegamos a la batalla fratricida de Actium. En ella, las tropas de Marco Antonio y Cleopatra fueron derrotadas por las de Octavio. Egipto pasaría a ser una provincia más del Imperio Romano.

A continuación, vamos a tratar algunos aspectos del Antiguo Egipto de manera muy breve. ¿Qué son las pirámides? Son los objetos que más han fascinado a los estudiosos a lo largo de la historia, ya que esconden muchos misterios. Eran monumentos funerarios reservados para el faraón. La función de la pirámide era la de contener la esencia del faraón para toda la eternidad. Este resucita y asciende al cielo para vivir eternamente entre los dioses, transfigurado en una estrella. Las pirámides son un vehículo de contacto entre la Tierra y el cielo y, para ello, es fundamental conocer su origen.

Las pirámides surgen de la mastaba. Cuando Imhotep, el arquitecto de Zoser, se le ocurre la idea de superponer varias mastabas, estas se transforman en pirámides escalonadas, constituidas con varias gradas a modo de una escalera gigantesca que se elevaba hacia el cielo. Esta pirámide fue sufriendo una evolución hasta llegar a la pirámide clásica de caras lisas. No se sabe con certeza cómo se construyeron las pirámides, pues no han perdurado documentos de su época que lo describan. Este es un tema que ha fascinado enormemente a los que se intentan adentrar en la cultura egipcia y han surgido muchísimas teorías sobre su construcción. Algunas llegan a hablar incluso de ayuda extraterrestre.

¿Cómo era la religión egipcia? La religiosidad estaba presente en todos los ámbitos de la vida e incluso después de la vida terrenal. Los egipcios creían en el más allá y por ello practicaban la momificación. Embalsamaban los cuerpos con el fin de conservar el cuerpo difunto para la otra vida. También los acompañaban de un ajuar de pertenencias y objetos valiosos. A partir del Imperio Nuevo, los faraones, sus familiares y miembros destacados del gobierno buscaron un lugar a las afueras de Tebas para enterrarse, alejados de los saqueadores. Allí construyeron sus necrópolis: el Valle de los Reyes, el de las Reinas y el de los Nobles.

¿En qué dioses creían? La mitología egipcia es muy compleja y fue variando en los 3.000 años de historia. También varía según la zona geográfica. Cada provincia mantuvo sus deidades protectoras, lo que significaba la veneración a decenas de dioses que, según la ciudad, adquirían mayor o menor relevancia. En Heliópolis se adoraba a Ra, dios del Sol; en Tebas, a Amón; en Menfis, a Ptah. Una característica del panteón egipcio era la costumbre de agrupar a sus dioses en triadas, normalmente una pareja con un hijo. En Heliópolis se dio el culto a Isis, Osiris y su hijo Horus. En la región de Tebas, la triada se componía de Amón, su consorte Mut y su hijo Jonsu. En la mitología egipcia, muchas deidades son representadas con cuerpo humano y cabezas de otros animales. Durante la época de influencia helénica sobre Egipto, lo que perduró con más vigor fue la triada Osiris, Isis y Horus, y su enemigo Set, tal y como se ejemplifica en el Bendito Dios Osiris.

¿Qué escritura tenían los egipcios? Los antiguos egipcios inventaron un sistema de escritura jeroglífica utilizado desde antes del Imperio Arcaico. Durante muchos siglos no se sabía muy bien qué representaba esta escritura, pero en 1799 se encontró la Piedra de Rosetta, en la que está grabado un texto en tres tipos de escritura: jeroglífica, demótica y griega. Gracias a esta piedra, Jean-François Champollion logró descifrar los jeroglíficos años más tarde.

La escritura jeroglífica es muy compleja, pues los dibujos que conocemos con figuras pueden representar ideogramas (que serían la traducción figurativa del símbolo que representan) y fonogramas (representan sonidos del lenguaje egipcio, que son signos consonánticos simples, dobles, triples e incluso de cuatro o más consonantes). Estos se enredan mucho más, ya que algunos ideogramas pueden ser a su vez fonogramas. Durante el Antiguo, Medio y Nuevo Imperio se calcula que existían alrededor de 700 símbolos jeroglíficos, mientras que en la época grecolatina su número aumentó a más de 6.000. Complicado, ¿verdad?

Para finalizar, vamos a ver cómo era la sociedad egipcia. Los egipcios organizaron su sociedad como una gran pirámide. En lo más alto se encontraba el faraón, al que el pueblo adoraba como a un dios. Los sacerdotes eran la segunda casta en importancia, ubicados por debajo del faraón. Su objetivo era satisfacer las necesidades de los dioses. Vivían de donaciones que estaban exentas de impuestos. En algunas épocas llegaron a tener casi más poder que el propio faraón. Detrás de los sacerdotes estaban los escribas. Trabajaban en todos los departamentos de la administración, componiendo y copiando textos y llevando tareas de contabilidad. Algunos llegaron a ser altos funcionarios. Era un oficio noble que se transmitía de padres a hijos. Después tenemos a los soldados, luego tendríamos a comerciantes, artesanos, campesinos y, en la base de la pirámide, los esclavos, quienes tenían a su cargo la realización de las tareas más pesadas.

La Antigua Grecia es, junto con el cristianismo, el germen de la cultura occidental. Su historia se divide en cuatro periodos: Edad Oscura, Época Arcaica, Período Clásico y Período Helenístico. La civilización griega tiene su origen en la civilización cretense o minoica de la isla de Creta y en la micénica de la ciudad de Micenas. Los cretenses ya construían palacios como el Palacio de Knossos, con grandes habitaciones, escaleras monumentales, jardines y almacenes para el legendario rey Minos. En cuanto a la cultura micénica, situada en el centro y sur de la Península Griega, podemos destacar que también fueron grandes constructores. El yacimiento arqueológico más importante es el de Micenas, con la Puerta de los Leones.

Estos helenos formaron la primera cultura avanzada de lengua griega. Esta escritura fue bautizada recientemente como Lineal B. Su economía era muy estructurada y dependían del comercio de productos como el aceite, lana, vino y esclavos. Se les considera los antepasados directos de los griegos.

Cuando colapsa la civilización micénica, nos adentramos en la Edad Oscura. Se le llama así debido a las pocas fuentes y documentos que se han encontrado de este período. Este período transcurre entre el 1200 hasta el 776 antes de Cristo. La Edad Oscura en el mundo griego significa el paso del bronce al hierro, la transición de lo prehelénico a lo helénico. Abarca lo sucedido durante los siglos que separan la descomposición del mundo micénico y la eclosión del mundo heleno.

Al finalizar la Edad Oscura, comienza la Edad Arcaica, que va del 776 al 499 antes de Cristo. Cuando los griegos necesitaron más tierras y decidieron expandir sus territorios, las tribus griegas fueron estableciéndose en Grecia continental y las islas del Mar Egeo, en un primer estadio, para acabar conquistando Asia Menor y el sur de Italia y Sicilia, conocido como Magna Grecia. Estas tribus indoeuropeas hablaban distintas variantes de la futura lengua griega, emparentada con la lengua micénica. Estos pueblos eran los aqueos, jonios, dorios, eolios, arcadios.

En la Época Arcaica, la nobleza arrebató el poder a los reyes y se formaron las distintas ciudades-estado o polis: Atenas, Tebas, Esparta, Corinto, Argos, etc. La necesidad de encontrar nuevas tierras, el aumento demográfico y los conflictos sociales les llevaron a buscar nuevas colonias independientes, tanto en el este como en el oeste. Esto supuso un enorme despegue económico. Aspectos que favorecieron la colonización fueron la aparición del hoplita o soldado de infantería griego, el progresivo uso del trirreme (navío de tres remos, más ágil que las embarcaciones fenicias) y la introducción de la moneda para las transacciones comerciales.

En la decisión de fundar nuevas colonias, así como en la elección de su ubicación, jugó un papel fundamental el Oráculo de Delfos, del que más tarde hablaremos. De esta manera, la cultura griega se expandió. Aunque fueran ciudades-estado independientes que guerreaban entre sí, había un sentimiento de pertenencia a una misma cultura común y un sentimiento de unidad, ya que compartían una misma lengua, tenían los mismos cultos y creencias y se reunían en las mismas celebraciones. Los romanos llamaron griegos a los habitantes de la Antigua Grecia, aunque estos se llamaban a sí mismos helenos, y con el nombre de Hélade se conoce al territorio en el que se asentaron.

Tras la Época Arcaica, comienza la Edad Clásica, del 499 al 323 antes de Cristo. En este período ocurrieron las Guerras Médicas, una liga de pueblos griegos contra el temible Imperio Persa. Todo comenzó cuando ciudades jónicas de Grecia y Asia Menor se revelaron contra el dominio persa. Muy pronto, las demás ciudades formaron una confederación militar contra un ejército persa que estaba bajo el mando del rey Darío I, iniciándose la Primera Guerra Médica. Esta guerra se saldó con una victoria griega.

La guerra se reanudó en el 480 antes de Cristo bajo las órdenes del rey Jerjes, hijo de Darío. Los aliados griegos, con Esparta y Atenas a la cabeza, lograron vencer nuevamente al Imperio Persa. Famosas son las victorias griegas en Salamina y Platea, o la defensa heroica espartana del desfiladero de las Termópilas, liderada por el rey Leónidas. La suerte no solo de Grecia, sino de la civilización occidental, se había jugado en una serie de jornadas decisivas.

Atenas inició una época de esplendor bajo el gobierno de Pericles, que cambió el mundo occidental. Sin embargo, pronto Esparta pretendió liberarse del poder ateniense. Espartanos y atenienses antiguos iniciaron una larga guerra llamada la Guerra del Peloponeso, que concluye con la derrota de los atenienses y la nueva supremacía de Esparta, aunque pronto se produciría un nuevo renacimiento de Atenas tras el debilitamiento de Esparta y su guerra contra Tebas.

En su último período, el Helenístico, del 323 al 30 antes de Cristo, Alejandro, hijo del rey Filipo II de Macedonia, heredó de su padre una Grecia derrotada y acabó sometiendo al Imperio Persa. Sus conquistas crearon un vasto imperio desde Egipto hasta la India, ayudando a difundir la cultura griega por todo el Mediterráneo y gran parte de Oriente. A partir del año 200, los romanos empiezan a apoderar de todas las zonas colonizadas por los griegos, tomando al fin el último de los reinos de los sucesores del imperio de Alejandro, el reino de la dinastía de los Ptolomeos en Egipto, con Cleopatra como su última representante. Tras la derrota de Cleopatra y Marco Antonio en el 31 antes de Cristo por parte de las tropas de Octavio, los romanos acabarían absorbiendo la herencia de la cultura griega.

Las formas de gobierno de las polis griegas fueron muy dispares. Los modelos más conocidos y que ejercieron más influencia fueron los de Esparta y Atenas. Esparta era un pueblo guerrero con gran preparación militar, rígido y austero. Durante mucho tiempo hubo una diarquía, una forma de gobierno en la que dos reyes pertenecientes a las grandes familias espartanas regían sobre el pueblo. La contribución de Esparta a la cultura es más pobre que la ateniense.

Atenas fue la ciudad más importante. Era una ciudad con mar, que vivía de cara al comercio. El nombre de la ciudad viene de la diosa Atenea. Atenas significa "hijos de Atenea". Según la mitología, Atenea era hija de Zeus. Atenea es la diosa de la sabiduría, pero también es una diosa protectora y combatiente. Se la suele representar con una lechuza.

En Atenas nació el sistema político que hoy conocemos como democracia, el gobierno del pueblo, la forma más perfecta de gobierno. Si bien este sistema difiere en muchos aspectos del que conocemos actualmente, fue Pericles quien sentó las bases de este gobierno democrático, pero en siglos anteriores la obra de legisladores como Solón y de tiranos como Pisístrato hizo posible que los ciudadanos atenienses participaran en las tareas políticas.

Las ciudades griegas estaban dominadas por una Acrópolis, un pequeño recinto sagrado en lo alto de una colina. La Acrópolis de Atenas albergaba el tesoro de la ciudad y diversos templos para ritos religiosos y altares para ofrendas. La diosa Atenea era la patrona y protectora de la ciudad. Era honrada en el Partenón. El Partenón de Atenas fue mandado reconstruir por Pericles, pues los persas arrasaron con la antigua Acrópolis en la Segunda Guerra Médica. Fue realizado como agradecimiento de la ciudad a los dioses. Para su historia definitiva, los arquitectos fueron Ictinos y Calícrates, que estuvieron a las órdenes del gran arquitecto y escultor ateniense Fidias, autor de la decoración escultórica y de la gran estatua criselefantina de la diosa Atenea Partenos, que cada año era agasajada con ofrendas. Un ejemplo es la procesión de las Panateneas. Esta procesión atravesaba la ciudad, comenzaba en el Ágora y ascendía hasta la Acrópolis durante el festival de las Panateneas, en el que se ofrecía un vestido llamado péplo a Atenea.

El Ágora de Atenas era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social. Aparte de las Acrópolis, había otro tipo de recintos sagrados: estos eran los santuarios. Un santuario era un recinto panhelénico, por lo tanto, su financiación, a diferencia de las Acrópolis, dependía de todo el mundo griego. El santuario de Delfos era el más importante del mundo. Estaba dedicado al dios Apolo. En él se hallaba el Oráculo.

El Oráculo de Apolo en Delfos se convirtió en toda una institución en Grecia. Cuando se consultaba, una sacerdotisa llamada Pitonisa entraba en trance y pronunciaba palabras inconexas que un sacerdote daba después coherencia en forma de proverbios. El que buscaba consejo extraía de él una predicción que se podía interpretar de muchas maneras. El oráculo nunca fallaba, lo que podía fallar era la predicción. Peregrinos de toda Grecia, incluso extranjeros, se acercaban a Delfos a consultar el oráculo, que jugó un papel muy importante en la fundación de nuevas colonias o en asuntos de guerra.

Otro santuario muy famoso es el santuario situado en Olimpia. Estaba dedicado al dios Zeus. En este santuario se celebraban cada Olimpiada, es decir, cada cuatro años, los Juegos Olímpicos. Los Juegos Olímpicos servían no solo para honrar a los dioses, sino para acercar a los diferentes pueblos helénicos. Durante la celebración de la competición, se promulgaba una tregua para permitir a los atletas viajar en condiciones de seguridad desde sus polis hasta Olimpia.

Los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia fueron bastante diferentes de los modernos. Había menos eventos y solo los hombres libres que hablaban griego podían competir. Los griegos competían en las modalidades de carrera, lucha, lanzamiento de disco, jabalina, salto, carreras de caballos y otras pruebas. El premio era una corona de olivo y el reconocimiento en su ciudad de origen. Con frecuencia, los poetas les convertían en celebridades y vivían el resto de sus vidas a costa del erario. Los primeros Juegos Olímpicos se cree que celebraron en el 776 antes de Cristo, fecha que marca el inicio de la Época Arcaica.

Ya han ido apareciendo algunos de los dioses griegos. Los griegos creían en un panteón de 12 dioses que, según la mitología, vivían en el Monte Olimpo. Todo comenzó cuando Urano cometió incesto con su madre Gea, la Madre Tierra. De este incesto surgieron primero los Cíclopes y después los Titanes. De los Titanes surgen los dioses. Para entender las intrincadas relaciones entre Titanes, dioses, hombres, semidioses, etc., os aconsejamos ver el vídeo de Mitología Griega y Romana publicado en este canal. Al final del vídeo encontraréis el enlace.

Estas leyendas y mitos son la base fundacional de la cultura griega. Las aventuras de los dioses se narran, entre otras fuentes, en la Teogonía de Hesíodo y en las epopeyas del poeta Homero: La Ilíada y La Odisea. La Ilíada relata la destrucción de Troya. Una confederación de aqueos, entre los que se encuentran Ulises y Aquiles, parten de Troya, pues el príncipe troyano Paris había secuestrado a la bella Helena de Esparta. Durante 10 años, los griegos sitiaron la ciudad. Héctor de Troya, hermano de Paris, desencadena la cólera de Aquiles tras matar a su querido amigo Patroclo. Aquiles acaba dando muerte a Héctor. La suerte de la batalla cambió cuando Ulises urde un plan muy eficaz: construir un gran caballo de madera, escondiendo a sus mejores guerreros en su interior. Los troyanos, al creer que se trata de una ofrenda, introducen el caballo dentro de sus murallas. ¡Gran error! Finalmente, Troya cae.

En La Odisea, Ulises, también conocido como Odiseo, tras batallar en la Guerra de Troya, regresa a Ítaca, su hogar. En La Odisea se narra un duro camino de vuelta lleno de peligrosas aventuras. La fecha de composición de La Ilíada y La Odisea es controvertida. La opinión mayoritaria la sitúa en la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo. Hay incluso quien discute su autoría. Incluso se pensó que Troya nunca existió hasta su descubrimiento en el siglo XIX por Heinrich Schliemann. Los sucesos acaecidos en Troya, sin embargo, se remontan mucho antes que Homero, se remontan al principio de la Edad Oscura. Parece, pues, que los poemas homéricos son el producto de una tradición oral transmitida a través de generaciones. Con la legendaria Troya comienza, pues, la historia de Grecia.

Los griegos también produjeron grandes obras de teatro, donde se construía todo un mundo artificial para representar la vida humana. Esquilo, Sófocles, Eurípides crearon grandes tragedias. Estos autores son de la Época Clásica, la época de la Antigua Grecia más esplendorosa. Se representaban en el teatro. El teatro griego se originó en un espacio circular al aire libre llamado orquesta, en el que se ejecutaban una gran variedad de actividades, desde espectáculos artísticos, danzas, recitados y piezas musicales, hasta eventos cívicos y religiosos. Los teatros griegos se apoyaban en una pendiente para construir el graderío.

A los antiguos griegos también se les considera los precursores del pensamiento occidental actual, un modo de pensar que utilizaba razones y argumentos y que valoraba la lógica y la razón como la más valiosa posesión. Para entender la filosofía griega, hay que conocer la filosofía de tres figuras que han determinado el pensamiento occidental hasta nuestros días: Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates vivió toda la época de Pericles. A los discípulos anteriores a él se les denomina presocráticos, como el matemático Pitágoras. El discípulo de Sócrates fue Platón, y el discípulo de Platón fue Aristóteles. Aristóteles asistió al ascenso de Macedonia y fue el preceptor de Alejandro Magno.

La armonía de las proporciones y la representación de la figura humana fueron los elementos centrales en el arte helénico. Para estudiar el arte griego es importante distinguir entre Época Arcaica, Clásica y Helenística. Los edificios más destacables son los templos religiosos como el Partenón, que se ajustaban a determinadas proporciones. Podían ser de uno de los tres estilos u órdenes principales: dórico, jónico o corintio.

La escultura es otro ejemplo de belleza y proporciones. Sus autores más importantes fueron Fidias, autor de la obra escultórica del Partenón; Praxíteles, autor del Hermes de Olimpia con su famosa "curva praxiteliana"; Mirón, autor del famoso Discóbolo; y Policleto, quien también escribió un tratado llamado Canon y es autor del Doríforo, su escultura más destacada. Aunque en el arte griego no hay muchas muestras de pintura, sí hay muestras de cerámica, donde se reflejaban las epopeyas literarias y su vida cotidiana.

Hemos visto, pues, la importancia de la Antigua Grecia, enormemente influyente en nuestra cultura, tanto para la lengua, la política, los sistemas educativos, la filosofía, la ciencia o las artes. También la cultura griega y, por extensión, la romana, tuvo un importante auge en períodos como el Renacentista o el Neoclásico.

El Imperio Romano fue el tercer período de la antigua civilización romana. El primer período fue la monarquía y el segundo la República. Repasemos muy brevemente el origen de Roma. Según la tradición romana, el origen de Roma se remonta a los hermanos gemelos Rómulo y Remo, que de bebés fueron amamantados por la Loba Capitolina. Más tarde, Rómulo mató a Remo y fundaría la ciudad de Roma sobre el monte Palatino, convirtiéndose en su primer rey.

La forma política de Roma será la monarquía hasta que fue expulsado el último rey, Tarquinio el Soberbio. Después de la expulsión del monarca, se creó un Senado permanente que decidió abolir la monarquía, convirtiendo a Roma en una República. Durante la etapa republicana, su principal competidora fue la ciudad púnica de Cartago. Las Guerras Púnicas llevaron a Roma a salir de sus fronteras naturales en la Península Itálica y a adquirir poco a poco nuevos dominios que debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, en España y Iliria. Fue en ese momento, al comienzo mismo de la República, cuando las conocidas siglas SPQR (Senatus Populusque Romanus), algo así como "el Senado y el pueblo Romano", se convirtieron en el símbolo de Roma.

Roma se hizo con el control de la cuenca mediterránea. Los dominios se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Así fue como surgieron personajes ambiciosos como el general Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad del Senado Romano y reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas para obtener rédito político. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se había erigido en mandatario absoluto de Roma y se había hecho nombrar "dictator perpetuus".

Esto, sin embargo, no agradó a los miembros más conservadores del Senado Romano, que conspiraron contra él y lo asesinaron durante los Idus de Marzo, dentro del propio Senado, lo que suponía el restablecimiento de la República, cuyo retorno, sin embargo, sería efímero. El precedente no pasó desapercibido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer emperador de Roma, tras derrotar en el campo de batalla primero a los asesinos de César y más tarde a su antigua aliado Marco Antonio, unido a la reina Cleopatra de Egipto en una ambiciosa alianza para conquistar Roma.

A su regreso a Roma, el poder de Octavio fue enorme, tanto como lo fue la influencia sobre sus legiones. En el año 27 antes de Cristo, se estableció una ficción de normalidad política en Roma, otorgando a Augusto, por parte del Senado, el título de "Imperator Caesar Augustus". El título de emperador, que significa "vencedor en la batalla", lo convertía en comandante de todos los ejércitos. Formalmente, nunca aceptó el poder absoluto, aunque de hecho lo ejerció. Aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica.

Los primeros emperadores, desde Augusto hasta la muerte de Nerón (es decir, entre el 27 antes de Cristo y el 68 después de Cristo), formaron la dinastía Julio-Claudia. El reinado de Nerón se asocia comúnmente a la tiranía y a la extravagancia. Se lo recuerda por una serie de ejecuciones sistemáticas, incluyendo la de su propia madre, y sobre todo por la creencia generalizada de que, mientras Roma ardía en un gran incendio, él lo contemplaba desde la distancia tocando la lira.

Tras el período del 68 al 69, el "año de los cuatro emperadores", dio paso a la dinastía Flavia. A los Flavios le sucedieron la dinastía de los Antoninos, que trajeron la época dorada. En esta época, a lo largo del siglo II, el Imperio alcanza su máximo esplendor. Destacar la figura del emperador Trajano, nacido en Hispania. Fue el primer emperador romano nacido en una provincia de Roma. Fue un gobernante eficaz y querido por el pueblo. Bajo su reinado, el Imperio alcanzó su máxima expansión. El último de los llamados "cinco buenos emperadores" de la dinastía Antonina fue Marco Aurelio, al que le sucedió su hijo natural Cómodo, con el que reaparecerían muchos de los problemas previamente presentes.

Tras el asesinato de Cómodo por su Guardia Pretoriana, el Imperio se sumió en una época de confrontación civil, tras la que asumió el trono Septimio Severo, quien instauró la dinastía Severa, que termina con Alejandro Severo. Después, entramos en lo que se conoce como la Crisis del Siglo III, un período de 50 años de duración. Es este un período de profunda crisis, durante el cual se producen fuertes presiones de los pueblos exteriores y una fuerte crisis política, económica y social en el interior del Imperio.

Tras una fase de anarquía militar, en el que la seguridad y la unidad del Imperio se habían visto gravemente comprometidas, diferentes emperadores de origen ilírico y danubiano reunificaron el Imperio y sentaron las bases para restablecer la situación. Esta crisis se estabiliza con el ascenso de Diocleciano, que llevó a cabo un importante programa de reformas. El emperador Diocleciano comprendió que el Imperio era demasiado vasto para gobernarlo en circunstancias tan graves y decidió trocearlo. Esta época es conocida como la Tetrarquía o gobierno de cuatro, implicaba que el gobierno del Imperio se repartía geográficamente entre cuatro gobernantes. Este sistema fue útil mientras estuvo al mando, pero colapsó en el momento en que este abdicó.

La Gran Persecución de Diocleciano fue la última y quizás la más sangrienta persecución de cristianos en el Imperio Romano. El sistema de la Tetrarquía desembocó en una lucha entre gobernantes en la que solo podía quedar un emperador. Este fue Constantino el Grande, legalizador de la religión cristiana por medio del Edicto de Milán en el año 313. Convocó el primer Concilio Ecuménico Universal en Nicea en el año 325. En este Concilio se unifican los dogmas y se sientan las bases del credo oficial. Se considera que esto fue esencial para la expansión de esta religión. Constantino fue el primer emperador cristiano.

En esta etapa se produce el traslado de la capitalidad del Imperio a la antigua ciudad de Bizancio, reconstruida y ampliada por decisión del emperador, que pasó a denominarse Constantinopla. El Imperio, poco a poco, fue entrando en declive. El emperador Teodosio I hizo de la religión católica la religión oficial del Imperio. Tras su muerte en el año 395, llega por fin la división administrativa del Imperio Romano en dos mitades, repartidas entre sus dos hijos: Arcadio recibió el Imperio de Oriente y Honorio recibió el de Occidente.

El Imperio Romano de Occidente, terriblemente desgastado tras las incansables incursiones bárbaras y el malestar social por la mala gestión de las tierras, desapareció en el año 476, fecha en la que se inicia la Edad Media. El Imperio Romano de Oriente perduró cerca de mil años más, el Imperio Bizantino, que acaba adoptando el idioma griego, sobrevivió hasta el año 1453, fecha de la caída de Constantinopla (la actual Estambul). Con el colapso del Imperio Bizantino, último vestigio del Imperio Romano de Oriente, finaliza la Edad Media, dando inicio a la Edad Moderna.

El Imperio Romano, en su época dorada, estuvo en constante expansión, pero dentro de las fronteras del Imperio reinaba la paz, lo que se conoció como Pax Romana, que permitió al Imperio alcanzar su máximo desarrollo económico, comercial y territorial. En la cúspide de su poder, el Imperio Romano dominaba tres continentes y numerosas urbes. Allí donde conquistaba, construía. La mayor evidencia del poderío del Imperio Romano es quizás su arquitectura y su ingeniería: anfiteatros donde se presenciaban espectáculos de luchas de gladiadores, circos donde se realizaban carreras de cuadrigas, teatros que vieron representaciones de tragedias y comedias, termas, acueductos, calzadas, templos para los dioses, basílicas para administrar justicia.

Porque no solo nos dejaron un gran legado arquitectónico, una de las mayores herencias fue quizá el Derecho Romano, uno de los más importantes cuerpos de legislación de la humanidad y, sin duda alguna, el primero de Occidente y base del derecho actual. El Imperio Romano consiguió dominar una vasta extensión territorial con unas mismas.

Costumbres, un mismo modus vivendi para una ciudadanía multiétnica. Este dominio territorial no fue posible sin el ejército más poderoso del mundo y sus unidades de Infantería, las legiones. Durante el Imperio, el ejército estaba formado por 30 legiones de unos 5.300 hombres cada una. Cada legión se dividía en 10 cohortes y estas, a su vez, en centurias.

La centuria era la unidad básica de Infantería, formando la espina dorsal de las legiones. Cada centuria constaba de 80 hombres y era comandada por un centurión. Para entrar en la milicia, una condición indispensable era ser ciudadano Romano; los esclavos lo tenían completamente prohibido.

La sociedad se dividía en varios estamentos. Los ciudadanos romanos se dividían en patricios y plebeyos. Se denominaba patricios a las familias más antiguas de Roma, quienes formaban una aristocracia. Poseían privilegios. Al principio, estas familias componían el grueso del Senado. Poco a poco, la descendencia de estas grandes familias fue desapareciendo con el paso del tiempo. El término "patricio" dejó de tener el significado que se le había dado hasta entonces para significar aristócrata o poderoso, pero sin distinción de sangre.

Los plebeyos solían ser campesinos, artesanos, comerciantes y también constituían el grueso del ejército. Luego estaban los esclavos. Los esclavos no tenían derechos de ningún tipo. Normalmente eran prisioneros de guerra. El número de esclavos en Roma llegó a ser enorme con la expansión del imperio. Se les obligaba a hacer los trabajos más duros. Se puede decir que su destino dependía de la benevolencia o crueldad de su amo. Muchos de estos esclavos eran utilizados para satisfacer las ansias de diversión del emperador y del pueblo. Los esclavos pueden ganar su libertad de diversos modos. A los esclavos liberados se les llamaba libertos.

Para bien o para mal, Roma está enraizada en nuestras tradiciones políticas, culturales y literarias, en nuestra forma de pensar. Es imposible entender la idiosincrasia de Occidente sin la civilización romana.

La Edad Media es el periodo histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el siglo XV. Se suele situar su inicio en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y su fin en el año 1492 con el descubrimiento de América, aunque también se sitúa en 1453 con la caída de Constantinopla, fecha que tiene la singularidad de coincidir con la invención de la imprenta por parte de Gutenberg y también con el fin de la Guerra de los 100 Años, una guerra que en realidad duró 116 años entre los reinos de Francia e Inglaterra.

Esta guerra fue de raíz feudal, pues su propósito era resolver quién controlaría las enormes posesiones acumuladas por los reyes ingleses desde 1154 en territorios franceses. Debido a ello, tuvo implicaciones internacionales y, finalmente, después de numerosos avatares, se saldó con la retirada inglesa de tierras francesas.

En la Edad Media se sustituyó el modo de producción esclavista por un modo de producción de servidumbre feudal. También se fue produciendo una descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio Romano, que dio paso a una dispersión del poder. En lo ideológico y cultural, se produjo un mestizaje de la cultura clásica con las culturas monoteístas cristiana e islámica, cada una en su espacio.

La Edad Media suele dividirse en dos grandes periodos: temprana o Alta Edad Media (siglos V a X) y Baja Edad Media (siglo XV). Como hemos visto, la Edad Media duró unos mil años y en mil años ocurren muchas cosas. Por un lado, en Oriente tenemos la historia del Imperio Romano de Oriente, apodado como el Imperio Bizantino, con la capital en Constantinopla, donde se hablaba griego. Desde aquí se cristianizarán los pueblos eslavos como los serbios, los búlgaros y los rusos.

Por otro lado, en Europa occidental tenemos un montón de pueblos germanos "bárbaros" para los romanos, procedentes del norte de Europa, que fueron descendiendo en sucesivas oleadas hacia el sur y se fueron asentando, formando reinos. Estos pueblos aseguraron y fusionaron con su cultura muchos rasgos de la civilización griega y latina, adoptando el derecho romano y el cristianismo como religión oficial.

En el año 620, en La Meca, surge la figura de Mahoma, que crea una religión monoteísta, el Islam. A su muerte en el 632, la Península Arábiga era ya en su mayoría musulmana. Sus sucesores tomaron el título de califa e iniciaron una expansión territorial que llegó desde la Península Ibérica hasta la India. La presencia de los musulmanes como una civilización rival alternativa, asentada en la mitad sur de la cuenca del Mediterráneo, cuyo tráfico marítimo pasan a controlar, obligó al cierre en sí misma de la Europa occidental durante varios siglos. Para algunos historiadores, este hecho significó el verdadero comienzo de la Edad Media.

En el año 732, en la batalla de Poitiers, con Carlos Martel a la cabeza de un ejército, comienza el rearme de las fuerzas musulmanas en Europa. El nieto de aquel Carlos Martel, Carlomagno, expandió los distintos reinos francos hasta transformarlos en un imperio, el Imperio Carolingio, al que incorporó gran parte de Europa occidental y central. Conquistó Italia y fue coronado imperator augustus por el Papa León III el día de Navidad del año 800.

A su muerte, el Imperio se acabaría dividiendo entre sus nietos. Alemania y Francia se disputan el norte de Italia; gana Alemania, que obtiene el favor del Papa y la corona imperial. El resultado es el Sacro Imperio Romano Germánico. En el año 962, el rey alemán Otón I, llamado "el Grande", es coronado emperador.

Tras la desintegración del Imperio Carolingio y el fracaso del proyecto político centralizador de Carlomagno, la debilidad de los reyes se hizo evidente. Sus sucesores se vieron obligados a ceder gran parte de su autoridad a los condes y marqueses para obtener su apoyo. Para asegurarse la lealtad de estos nobles, los monarcas les entregaron tierras, los feudos. Por otro lado, las invasiones de vikingos, sarracenos y húngaros aumentaron la inseguridad general, lo que obligó a los reyes a encomendar a los nobles la defensa de sus territorios. Nace la figura del caballero.

El feudalismo alcanzó su madurez en el siglo XI y tuvo su máximo apogeo en los siglos XII y XIII. Su cuna fue la región comprendida entre los ríos Rin y Loira, dominada por el ducado de Normandía. Por feudalismo entendemos al sistema basado en una serie de lazos y obligaciones que respaldan compromisos, generalmente militares, entre un hombre libre (el vasallo) y otro hombre libre en situación superior (el señor). El vasallo juraba fidelidad a su señor y se comprometía a cumplir determinadas servidumbres, principalmente de auxilio militar y consejo político (auxilium et consilium), recibiendo como contraprestación un beneficio, habitualmente el control y jurisdicción sobre la tierra y la población de su feudo o señorío. A esto se conoce como vasallaje.

El vasallaje se confirmaba a través de dos ceremonias: el homenaje y la investidura. La posibilidad de que un vasallo tomara bajo su protección a su vez a otros hombres que pasaban a ser sus vasallos, establece una red piramidal de relaciones vasalláticas. Al final del vídeo veremos cómo era la típica pirámide de una sociedad feudal.

Acabamos de ver cómo se pasó de un estado romano basado en el poder central y un vasto territorio a un estado basado en vínculos personales, fragmentado en los distintos feudos. En ellos, el señor acapara las funciones propias del estado, como por ejemplo legislar, imponer impuestos y administrar justicia. La tierra adquiere una enorme importancia económica al disminuir el comercio y la circulación monetaria, por eso la agricultura es la base de la economía feudal, una economía de autoconsumo. La vida rural predomina frente a la urbana.

Un feudo típico se componía de una aldea rodeada de terrenos para cultivar, protegida por un castillo regentado por un señor. A este castillo también se le denominaba "burgo". Por extensión, se aplicó el nombre de "burgo" a las poblaciones que se desarrollan en torno a estas construcciones. Así surgieron las grandes ciudades medievales. A los habitantes de estas nacientes ciudades se les llamaban burgueses, naciendo el término "burgués". A estos centros acudían los campesinos a vender sus excedentes (cereales, frutas, carne), a la vez que compraban artículos de cotidiano elaborados por los artesanos (herramientas, cerámica, ropa). Se fueron creando nuevos barrios de artesanos y mercaderes que se agrupaban en gremios.

Fue en estas ciudades donde nació el estilo gótico, una evolución del románico. Estas ciudades vieron el levantamiento de prodigiosas catedrales. París, Colonia, León o Burgos se cuentan entre las obras arquitectónicas más extraordinarias que ha construido el hombre. También las ciudades vieron nacer las universidades, como las de Bolonia, Oxford, Cambridge, Salamanca o París. En ellas se aprendían las siete artes liberales, compuestas por el trivium (gramática, lógica y retórica) y el cuatrivium (geometría, astronomía, aritmética y música). También podían cursarse estudios especializados como derecho, medicina, teología y filosofía. La filosofía dominante era la de Aristóteles, cuyos textos habían llegado a Europa a través de los centros de enseñanza árabes. La filosofía medieval, la escolástica, se proponía fundamentalmente sistematizar la concepción cristiana del mundo en aristotélicos. El representante más célebre de esta corriente fue Santo Tomás de Aquino.

Catedrales majestuosas, universidades... ¡Vaya! Parece que la Edad Media no es esa época oscura que siempre nos han querido vender. Y todavía no hemos mencionado los monasterios. Los monasterios también fueron islas de civilización. De ellos no solo emanaba espiritualidad, cultura y cristianismo, también fueron los que introdujeron la rotulación de los bosques, beneficiosos inventos como la buena cerveza o maravillosos remedios naturales. Pero los monasterios fueron fundamentalmente grandes escritorios donde se salvaron, copiaron y conservaron los manuscritos que hemos heredado de la Antigüedad.

Estas islas de civilización no eran lo común dentro de la sociedad medieval. La mayoría de la población era analfabeta. Aquí, los juglares y trovadores jugaron un papel muy importante. Eran músicos y poetas que divulgaron oralmente las hazañas épicas de héroes. La Edad Media es la época de los grandes caballeros y los grandes cantares de gesta, como el Cantar de Mío Cid, la Canción de Roldán o el Cantar de los nibelungos. Estos poetas también nos hablaron del amor cortés, que expresaba el amor de forma noble, sincera y caballeresca. El mayor ejemplo lo encontramos en la historia artúrica de Tristán e Isolda. La poesía trovadoresca era sobre todo de temática amorosa, pero también podía centrarse en aspectos políticos, morales, religiosos, etc.

Otro de los temas podría ser el de las Cruzadas, una serie de campañas militares con el objetivo de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa, el territorio geográfico que comprende todos los sitios en los cuales se desarrollaron escenas bíblicas.

Para terminar, veamos cómo era la pirámide social de un régimen feudal. En lo alto de la cúspide se encontraba el emperador o los reyes. Para el siguiente escalón, vamos a establecer dos columnas diferenciadas, pues la Iglesia constituía una jerarquía paralela a la nobleza. Dentro de la alta nobleza tenemos a duques, marqueses y condes, cuyos títulos derivan de gobernadores del Imperio Carolingio. Un escalafón más bajo tenemos a barones, caballeros, etc. La rama del clero también distingue entre alto clero, que procedía de la alta nobleza y las familias reales, y el bajo clero, que procedía de familias acomodadas de campesinos y artesanos. En la base de la pirámide tendríamos al 90% de la población: el campesinado. Los campesinos con menos derechos, como el de no poder abandonar el feudo, eran los siervos. La diferencia principal entre un siervo y un esclavo consistía en que, en general, un siervo no podía ser vendido por separado de la tierra que trabajaba y en que jurídicamente era un hombre libre. Era una sociedad profundamente estática, ya que cada individuo permanecía en la clase social en la que había nacido. Las injusticias que comportaba esta jerarquía eran compensadas por la religión. Toda situación de desventaja en este mundo se compensaba con una situación de ventaja en el siguiente.

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El Estado moderno surgió entre los siglos XV y XVI, cuando los reyes europeos aprovecharon la crisis del feudalismo para concentrar su poder, centralizando el dominio sobre sus tierras. Este proceso se hizo pactando con los señores feudales para recibir sus tierras a cambio de algún privilegio o bien conquistando los territorios a base de guerras sangrientas. Los reyes recibieron el apoyo de la recién nacida burguesía, que deseaba desprenderse de los señores feudales para romper su condición de vasallos.

El mapa político europeo, que antes se asemejaba a un mosaico político multicolor de contornos inestables, va a experimentar cambios. El número de reinos independientes empieza a contraerse y los límites empiezan a consolidarse. Este resultado fue la consecuencia de la ascensión de una serie de monarcas con cierta conciencia nacional que entendieron su mandato de manera diferente a sus predecesores: Luis XI y Francisco I en Francia, los Reyes Católicos en España y, posteriormente, el emperador Carlos V y su hijo Felipe II, Enrique VII y Enrique VIII en Inglaterra, Cristián I de Dinamarca, Casimiro IV de Polonia, Matías Corvino en Hungría, Iván III en Rusia. Ellos fueron los artífices de la aparición de los primeros estados de corte moderno.

Estos reyes gobernaban de la mejor manera posible para conservar la corona. De alguna manera, hubo una suerte de selección natural que influyó en el resultado final. Las monarquías más débiles desaparecieron. Los que lograron resistir inauguraron un nuevo sistema de reinar que marcaría la vida política europea de los tres siglos siguientes: un sistema autoritario que los historiadores llaman el Antiguo Régimen. La población o bien pertenecía a la clase privilegiada (clero y nobleza) o bien al estamento de los no privilegiados (burguesía y pueblo llano).

¿Cuáles son los antecedentes de la aparición del Estado moderno? A final de la Edad Media se produce una enorme crisis en Europa con grandes hambrunas. La Peste Negra había reducido drásticamente la población. Los desequilibrios económicos afectaron a todos los sectores. Las cadenas de vasallos-señor se desestabilizaron. Pero a partir del siglo XV, los efectos de la crisis empezaron a disminuir. Europa comenzó a experimentar cierta recuperación.

La conquista de Constantinopla por parte de los turcos en 1453 supone el fin del Imperio Romano de Oriente y es una de las fechas que utilizan los historiadores para situar el inicio de la Edad Moderna. En Constantinopla se conocía bien a los clásicos (Platón, Séneca, Heródoto, Horacio, etc.), mientras que durante la Edad Media, en Europa, se conocía fundamentalmente a Aristóteles y, además, se le conocía a través de traducciones árabes. Cuando los eruditos que hablaban griego se refugian en Europa, muchos de ellos en Florencia, tras la caída de la ciudad, traen consigo todo el saber grecolatino. En Europa se redescubre a los filósofos clásicos. Esto cambiaría radicalmente la mentalidad europea.

En el Medievo, los europeos habían vivido demasiado preocupados por el más allá, convencidos de que la vida terrenal era un mero trámite para acceder a la vida eterna. Vivían temerosos de Dios. De estas ataduras se fue librando el hombre a lo largo de la Edad Moderna. Se empezaron a valorar los goces terrenales. El Decamerón de Boccaccio se convierte en un paradigma de la libertad sexual de la época. Se sustituye el teocentrismo medieval por el antropocentrismo: el hombre como centro del universo. Surge el humanismo como reacción a la educación escolástica aristotélica de la Edad Media. Algunos humanistas empezaron a referirse a su propia época como un período de luz que rompía con la larga noche del pasado. Boccaccio y Petrarca fueron dos profetas de lo que estaba por llegar.

Bajo el dominio, Florencia se convierte en la cuna del Renacimiento, en una nueva Atenas. Por Florencia pasaron el arquitecto Brunelleschi, el arquitecto y tratadista Alberti, el escultor Donatello, el pintor Rafael y dos genios absolutos como Miguel Ángel Buonarroti, que dominó la escultura, la pintura y la arquitectura, y Leonardo da Vinci, pintor, arquitecto, científico, inventor, músico y un largo etcétera. El Renacimiento surge, pues, en Italia y supone una ruptura con la mentalidad medieval y una vuelta a los valores de la cultura clásica, un gusto por la vida, por la belleza del cuerpo humano. El hombre renacentista se libera y vuelve su vista hacia la Edad Clásica, a Grecia y a Roma.

Desde Italia, las ideas renacentistas llegaron al resto de Europa con rapidez. Se produce un renacer estético. Este nuevo talante se vio reflejado en las artes, pero también en todos los campos del saber: ciencia, filosofía, política. La invención de la imprenta en el siglo XV por parte de Johannes Gutenberg generó una amplia difusión de todas las ramas del conocimiento. Este invento fue crucial en la propagación del saber. Sin duda, estamos ante una segunda palanca de cambio clave en la historia de la humanidad.

Los avances en física, astronomía, biología, anatomía humana, química, medicina transformaron las visiones medievales sobre la naturaleza y sentaron las bases de la ciencia moderna. Se produce una revolución científica que empieza con Nicolás Copérnico y su teoría heliocéntrica. Más tarde, un entusiasta de las ideas de Copérnico, Johannes Kepler, definió cómo eran las órbitas elípticas que seguían los planetas alrededor del Sol. Durante casi cinco milenios, el modelo geocéntrico de la Tierra como centro del universo era prácticamente aceptado por todo el mundo. El modelo heliocéntrico, según el cual la Tierra y los planetas se mueven alrededor del Sol, supuso una auténtica revolución e hizo temblar los cimientos sobre los que se sustentaba todo el conocimiento.

La atrevida hipótesis heliocéntrica chocaba de frente con las Sagradas Escrituras. El tribunal de la Santa Inquisición investigó a Galileo por defender los postulados de Copérnico y casi le cuesta la vida. La revolución científica culmina con Isaac Newton. En 1687, publica su obra más importante, "Principios matemáticos de la filosofía natural". En esta obra expone la teoría de la gravedad, inspirada en un suceso acaecido años antes mientras meditaba bajo la sombra de un manzano, cuando un fruto cayó del árbol.

El humanismo y la invención de la imprenta fueron las dos primeras palancas de cambio que activaron la Edad Moderna y trajeron consigo el Renacimiento y una revolución científica. La tercera palanca fue el descubrimiento de América en 1492. Cristóbal Colón, en su afán por encontrar una nueva ruta que le lleve a las Indias, se topa con un nuevo continente desconocido a ojos de Europa: América. Este hecho supuso el encuentro de dos mundos que habían evolucionado de manera aislada.

Empieza una etapa de conquistas en nombre de la fe católica. Un grupo reducido de españoles puso en jaque al Imperio Azteca con Hernán Cortés al frente. Los españoles supieron aliarse con las tribus locales a las que el gran Moctezuma tenía subyugadas. Cortés traía caballos y armas muy superiores, pero el arma más poderosa que sus hombres traían consigo era invisible al ojo humano: la viruela y otras enfermedades. Los europeos ya eran inmunes a estos agentes patógenos; sin embargo, los indígenas no. Cuando Pizarro llegó al Perú, las enfermedades ya habían llegado a la región y habían diezmado a la población. La viruela fue realmente el arma biológica que conquistó América.

En un primer momento, los españoles y portugueses se repartieron el Nuevo Mundo en el Tratado de Tordesillas, pero las demás naciones europeas querían un pedazo de ese pastel y, posteriormente, también se lanzaron a la conquista. Surgió la fiebre por el oro y la plata. Toda Europa creció enormemente gracias a las riquezas de América. Además de oro y plata, la conquista dio lugar a la importación de nuevos productos agrícolas desconocidos en Europa, como el tomate, el maíz, la patata, el cacao y el tabaco, que tuvieron un gran impacto en la economía y hábitos europeos. La burguesía y financiera se benefició por el mercantilismo y la expansión europea subsiguiente a la era de los descubrimientos.

Durante la Edad Moderna se va a producir una transición del feudalismo al capitalismo. La apertura del mundo a los europeos con la era de los descubrimientos trae como consecuencia la primera economía mundial. Aparecen las primeras bolsas de valores, como la de Ámsterdam y la de Londres. La Bolsa de Valores de Ámsterdam fue fundada en 1602 por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y operaba con acciones y bonos. Semanalmente publicaba un boletín que se utilizaba como referente a la hora de ejecutar las órdenes de compraventa. Las compañías privilegiadas tomaron el control monopolístico de rutas y productos. La clase comercial y financiera se fue fortaleciendo con el nacimiento del Estado moderno, pero principalmente en aquellos con mentalidad protestante, como veremos a continuación.

La cuarta palanca de cambio que afectó enormemente al devenir de los tiempos y a los avances de la época fue la Reforma Protestante, iniciada por Lutero. Durante el final de la época medieval se había producido una gran crisis en la Iglesia Católica debido a numerosas acusaciones de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa. Para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma, la venta de indulgencias se disparó. Las indulgencias no perdonan el pecado, pero reducían los años que los pecadores debían pasar en el purgatorio antes de entrar en el reino de los cielos. La Iglesia Católica empezó a traficar con los sentimientos de los fieles.

En 1517, un monje alemán, Martín Lutero, colgó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg un escrito en el que exponía 95 tesis contra la doctrina católica de las indulgencias. Aunque tan heroico acto no está tan claro, lo que sí se produjo es un debate que puso patas arriba a la cristiandad. La reacción de Roma no se hizo esperar. El Papa condenó firmemente las tesis de Lutero con un efecto contraproducente que solo consiguió darle más publicidad al alemán. No solo se enfrentó con el Papa, sino que el recién coronado emperador Carlos V quiso poner en orden los asuntos con Lutero. El emperador le pidió a Lutero que se retractara de sus doctrinas, pero Lutero solo reconocía la palabra de las Sagradas Escrituras. Convirtió la Biblia en el único criterio para determinar cualquier asunto relacionado con la fe. La casta clerical perdía así su función mediadora entre Dios y el hombre. Lutero era un hereje y, como tal, fue declarado proscrito.

La imprenta fue el secreto del éxito del protestantismo en Europa. Se producían anualmente millones de copias de las ideas reformistas. Lutero fue el autor más prolífico, pero había más escritores protestantes. Europa sufriría una radical transformación religiosa y el poder de la Iglesia se disgregaría en diferentes confesiones protestantes. La evidencia demuestra que Lutero no destruyó la Iglesia, sino que creó otra. Ni Lutero dejó de ser clérigo, ni disminuyó el número de ellos; simplemente se formó un nuevo cuerpo sacerdotal, solo que ahora ese cuerpo de pastores servía únicamente al señor del territorio, que era el que le daba de comer, y no a un Papa extranjero y a un emperador de intereses afines.

Los nuevos Estados modernos exigían más independencia de la Iglesia Católica Romana. El rey de Inglaterra, Enrique VIII, también desvinculó sus lazos con Roma y fundó la Iglesia Anglicana. La causa fue que el rey quería anular su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y tía de Carlos V. El Papa de Roma, Clemente VII, se opuso a la anulación de su matrimonio. La respuesta del monarca fue romper con el catolicismo y erigirse como jefe supremo de una nueva iglesia: la Iglesia de Inglaterra. La Iglesia Anglicana guarda muchas similitudes con la Católica, pero no depende de Roma.

Tras la muerte de Lutero, el pensamiento de Juan Calvino cobró fuerza y se hizo mayoritario entre los reformistas. Calvino era un seguidor de las ideas de Lutero y convirtió la ciudad de Ginebra en un estado teocrático de corte totalitario. Los pastores se convirtieron en policías de la moral y los viajeros comprobaban asombrados cómo en aquella ciudad no había robos, ni prostitutas, ni asesinatos, ni lujos, ni alcohol, ni bailes, ni vicio de ningún tipo.

Es preciso en este instante recordar que la Iglesia Católica condenaba fuertemente el cobro de intereses, censurando esta práctica con el nombre de usura. En la España católica, de hecho, el trabajo manual era algo deshonroso, propio de seres de segunda. Los hombres de honor solo se manchaban las manos en la guerra, por eso muchos hidalgos preferían la pobreza a tener que trabajar. Sin embargo, en los países del norte de Europa, donde se extendió la moral calvinista, el trabajo dignificaba al hombre y ser comerciante o prestamista acabó siendo una ocupación honrosa, una moral consagrada al capital. Por ello, estos países prosperaron y se enriquecieron, y no es desacertado decir que por ello los países protestantes son más trabajadores, más austeros y ahorradores que los católicos.

El calvinismo no solo se extendió por Europa, sino que los movimientos migratorios llevaron el calvinismo a Norteamérica: los puritanos ingleses que viajaron en el Mayflower, los hugonotes franceses, los colonos holandeses de la Nueva Ámsterdam (más tarde llamada Nueva York) y los irlandeses, escoceses presbiterianos de los Montes Apalaches. Los colonos calvinistas también fueron los primeros europeos que protagonizaron África del Sur; fueron conocidos posteriormente como Boers o afrikáners.

La Reforma Protestante, liderada por luteranos, calvinistas y anglicanos, había desencadenado un cisma europeo que se tradujo en cruentas guerras de religión. En Francia, se persiguió a los hugonotes calvinistas. En la Noche de San Bartolomé, en París, el rey francés mandó ejecutar a más de 3.000 hugonotes. Las matanzas se extendieron por todo el país. En unos días, los católicos se cobraron más víctimas que las que se cobró el Tribunal de la Santa Inquisición en toda su historia. Las tensiones entre católicos y luteranos también desencadenaron la Guerra de los 30 Años, que si en principio tuvo un desencadenante religioso, terminó por convertirse en una guerra europea en la que las grandes potencias intentaron buscar su hegemonía.

La feligresía católica europea se había reducido drásticamente. El daño infringido por la Reforma fue enorme. Los católicos necesitaban una Contrarreforma que pusiera orden y coto a los desmanes que se venían practicando desde hacía tiempo y que diera respuesta a la Reforma Protestante. En la ciudad de Trento se celebró un Concilio que supuso para la Iglesia una especie de catarsis. Se puso orden en el clero, se eliminaron algunos abusos y se reformó la administración. Además, se idearon formas de propaganda para atraer fieles y propagar la fe. El arte fue utilizado como un vehículo de expresión para mayor gloria de Dios y de la Iglesia. Nace el arte barroco, un arte retorcido, dramático, exagerado, que abusa del ornamento. El arte barroco triunfó en toda Europa, incluso en la zona protestante, y se reveló como un atractivo mecanismo de propaganda y control ideológico.

Hemos visto, pues, que el Estado moderno poseía identidad, estaba organizado, estructurado y era autoritario. El poder estaba centralizado y era reconocido políticamente. El autoritarismo puso fin a las guerras civiles, garantizando una paz interna que favoreció el progreso económico con la expansión de nuevos mercados y rutas comerciales que se abrieron tras el encuentro con un nuevo continente. También floreció una nueva mentalidad, una concepción más abierta, en definitiva, más moderna, que culminaría en el siglo XVIII con la Ilustración.

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El descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492 es uno de los hechos más importantes de la historia universal y representa el encuentro definitivo de dos mundos que habían evolucionado independientemente desde el origen de la humanidad, lo cual cambió el rumbo de la historia. A finales del siglo XV, la gran mayoría de la población pensaba que la Tierra era plana. Los marineros temían que allende los mares hubiera monstruos marinos. También creían que a partir de un punto los barcos desaparecían o caían por un abismo. Los únicos continentes conocidos eran Europa, África y Asia. Sin embargo, un navegante genovés, Cristóbal Colón, partía de la idea de que la Tierra era esférica.

Los hombres cultos, los navegantes y comerciantes conocían perfectamente que la Tierra no era plana. Colón vivió muchos años en Lisboa, que entonces era el gran centro de la navegación, copiando cartas geográficas y mapas. El comercio de las especias tuvo en un principio su centro en Venecia. Tras la caída del Imperio Romano, el Imperio Otomano pasó a tener el control territorial de las rutas de comercio.

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Había que buscar nuevas rutas. Los portugueses se habían adelantado a los castellanos en la exploración marítima y ejercían un fuerte dominio comercial en las costas africanas. Ya habían descubierto la isla de Madeira, las Azores y Cabo Verde. La corona portuguesa perseguía en aquellos momentos un plan para llegar a la India rodeando el sur de África, hazaña que acabaría culminando Vasco de Gama años más tarde. Colón tenía un proyecto para llegar a las Indias Orientales y Cipango (actual Japón) siguiendo una nueva ruta marítima por el oeste, en vez de la ruta tradicional hacia el este por tierra.

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Este proyecto fue llamado la "Empresa de las Indias". Lo que no imaginó Colón es que el radio de la Tierra era mucho más grande y que en medio se iba a encontrar con un continente desconocido: América. Colón primero ofreció su proyecto a Juan II de Portugal, el cual trasladó el asunto a su comité de consejeros en temas náuticos, que finalmente rechazaron el proyecto. Tras la declinación del rey de Portugal, Colón ofreció el proyecto a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Durante años, Colón esperó a que su proyecto fuera aceptado. Cuando ya Colón había perdido toda esperanza, los Reyes Católicos accedieron a patrocinar el viaje y, en las Capitulaciones de Santa Fe en Granada, acordaron con Colón el inicio de la expedición y cómo sería el reparto en caso de que la misión fuese exitosa. En el documento se le otorgaba a Colón el título de Gran Almirante de la Mar Océana y el cargo de virrey de todos los territorios que descubriera, así como la décima parte de todos los beneficios obtenidos.

A Colón le costó enrolar a su tripulación; un viaje a lo desconocido producía verdadero pánico, pero finalmente, el 3 de agosto de 1492, Colón partió del puerto de Palos de la Frontera (Huelva) con tres carabelas: la Santa María, la Pinta y la Niña. Aunque en realidad la Santa María era una nao, que gustaba menos a Colón, pues era más grande y menos maniobrable. Vicente Yáñez Pinzón era el capitán de la Niña, Martín Alonso Pinzón el de la Pinta y Cristóbal Colón el de la nao capitana, la Santa María. Unos 90 hombres formaban el resto de la expedición, casi todos andaluces.

La expedición se dirigió a las Islas Canarias, donde Colón acondicionó sus naves para adecuarlas a la travesía atlántica y se aprovisionó de víveres. Colón sabía que tenía que descender a esa latitud para [ __ ] los vientos alisios. El 6 de septiembre de 1492, la expedición partió nuevamente hacia las Indias desde la isla de La Gomera. El viaje de Cristóbal Colón no resultó fácil para nadie; de hecho, hubo conatos de amotinamiento, pero gracias a la presencia y las dotes de mando de Martín Alonso Pinzón, se consiguieron resolver estas situaciones.

Había pasado un mes y seis días desde que partieron de La Gomera y la tripulación estaba muy desmoralizada y desprovista de toda esperanza. Ya se habían agotado todos los cálculos y previsiones realizadas por Colón. Fue entonces cuando el marinero Rodrigo de Triana, encaramado al palo mayor de la Pinta, divisó algo en el horizonte y gritó: "¡Tierra a la vista!". Era el día 12 de octubre, fecha que hoy se rememora como la Fiesta de la Hispanidad o Día de la Raza. La expedición había llegado a una pequeña isla de las Antillas. Esta isla era Guanahani para los nativos. Colón la bautizó como San Salvador. Hoy, la identificación exacta de la isla es materia de debate.

Colón hizo tres viajes más. Con el tiempo y nuevos viajes, la teoría de la existencia de un nuevo continente desconocido se hacía más fuerte. Sin embargo, Colón murió pensando que había llegado a las Indias por una nueva ruta occidental. Creyó firmemente en esta teoría de una manera un tanto obstinada, la misma obstinación que le había llevado al éxito años antes. Colón descubrió un nuevo continente, pero nunca lo supo.

El año 1492 cambió la historia de la humanidad para siempre y para la historiografía supone la ruptura con la Edad Media para adentrarnos en la Edad Moderna.

La Revolución Industrial, cuando tiene lugar, es en el período que va de 1780 a 1840, donde tiene lugar en Inglaterra para después extenderse a Europa y a los Estados Unidos. ¿Por qué fue una revolución? ¿En qué consistió? Desde el Neolítico (esto es, 10.000 años antes del siglo XVIII), la humanidad no había experimentado una serie de transformaciones tan importantes en cuanto a su economía, su productividad, aparición de nuevas tecnologías que conllevó a una transformación profunda de la sociedad. En el Neolítico se aprendió a plantar, aparece la domesticar a los animales, apareció la ganadería. Las sociedades ya no necesitan ser nómadas para subsistir, por lo que el hombre se hace sedentario y recolector, pudiendo almacenar el excedente. Surge un nuevo modelo de organización social con la aparición de ciudades y de nuevas civilizaciones.

Con la Revolución Industrial se va a vivir otro salto cualitativo en la forma de vivir. Se va a pasar de un sistema rural de producción manual basado en la agricultura a un sistema de producción industrial en las ciudades. Vamos a desgranar cómo van apareciendo estos cambios.

Nos situamos en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra. Las 13 colonias británicas en América acaban de independizarse, hecho que marca el inicio de la Edad Contemporánea. Es la época de las revoluciones liberales y el derrocamiento del Antiguo Régimen. Desaparece el poder absoluto del monarca; los súbditos se convierten en ciudadanos que van a poder tomar decisiones sobre su propio destino. Desaparece la brecha social entre los privilegiados y el pueblo llano con el surgimiento de una nueva clase social: la burguesía, una clase revolucionaria enfrentada a los estamentos de los privilegiados.

¿Por qué la Revolución Industrial comienza en Inglaterra? En Inglaterra se había instaurado 100 años antes el sistema parlamentario, definido ideológicamente por el liberalismo de John Locke, basado en la división de poderes, la economía de mercado y la libertad individual. Este modelo fue copiado después por Estados Unidos, Francia, España y es el modelo que se usa hoy en día en casi todos los países democráticos. Este sistema presta un nivel de seguridad jurídica que proporcionaba suficientes garantías para el empresario privado. Ellos, sumado a una mentalidad protestante más abierta que en otros países del sur de Europa, un período de paz dentro de Gran Bretaña, un buen sistema bancario, cierto equilibrio monetario y la ausencia de inflación, hacen que se den las condiciones para que aparezca el capitalismo y, con ello, la revolución de la industria.

Inglaterra también tenía una posición geoestratégica privilegiada. Poseía una gran flota naval que dominaba los mares, controlaba, entre otros, los territorios del subcontinente indio, fuente importante de materias primas para su industria, como el algodón, que alimentaba la industria textil.

El proletariado. Con el nacimiento de la burguesía, nace también el proletariado, los trabajadores o clase obrera, que carece de propiedades y medios de producción, por lo que para subsistir se ve obligada a arrendar sus fuerzas de trabajo a la burguesía, propietaria de los medios de producción. Las condiciones laborales de los trabajadores eran todavía muy precarias, con largas jornadas de trabajo y malas condiciones sanitarias. Pese a esto, supusieron un gran avance respecto a épocas anteriores.

Hubo un éxodo del campo a las ciudades. Las grandes ciudades mejoraron su alcantarillado y mejoraron las condiciones de salubridad. Se redujeron las epidemias y Edward Jenner descubrió la primera vacuna contra la viruela. Se redujo la mortalidad infantil. La consecuencia fue una gran explosión demográfica: en un siglo se triplicó la población del país. Aumentó la esperanza de vida de los 35 a los 50. El capitalismo trajo progreso y el salario medio en Inglaterra se duplicó. Los precios bajaron y mejoró sustancialmente la calidad de vida. Aunque el nivel de vida mejoró en el cómputo general, los grandes beneficiarios fueron los burgueses, que pasan de ser una clase social revolucionaria a una clase acomodada. La burguesía, cuya situación de privilegio social se basa fundamentalmente en la fortuna, desplaza definitivamente a la aristocracia terrateniente, cuyos privilegios estaban en su origen o en sus vínculos de sangre. Pero el nivel de vida de la clase obrera todavía tendría un amplio margen de mejora, y si no que se lo digan a Karl Marx.

¿Cuál fue el principal avance tecnológico de la Revolución Industrial? La máquina de vapor fue un invento que perfeccionó el ingeniero escocés James Watt. La máquina de vapor consiste en un motor de combustión externa que transforma la energía térmica de una cantidad de agua en energía mecánica. Por la flecha roja a la izquierda entra el vapor de agua calentado por una caldera de carbón cerrada herméticamente. Se genera vapor de agua, lo cual produce la expansión del volumen de un cilindro, empujando un pistón mediante un mecanismo de biela-manivela. El movimiento lineal alternativo del pistón del cilindro se transforma en un movimiento de rotación que acciona una rueda.

¿Qué aplicaciones tuvo la máquina de vapor? La introducción de la máquina de vapor en las distintas industrias fue el paso definitivo en el éxito de la Revolución Industrial, pues su uso significó un aumento espectacular de la capacidad de producción. Al elevar la capacidad de producción, se disminuye el tiempo de fabricación de los productos, dando paso a la producción en serie. Se simplifican tareas complejas en varias operaciones simples que pueda realizar cualquier obrero sin necesidad de que sea mano de obra cualificada y de este modo bajar costos en producción y elevar la cantidad de unidades producidas.

Los modelos anteriores de máquinas de vapor a los de Watt se habían usado para achicar agua. La máquina de Watt introducía el movimiento rotatorio, por lo que se pudo usar para suministrar energía motriz a otras máquinas, como un molino harinero, un martillo de forja, para elevar carretillas con mineral en las minas mediante raíles metálicos o para la floreciente industria textil del algodón.

Pronto se realizaron los primeros experimentos para aplicar el vapor al transporte terrestre. George Stephenson, que comenzó experimentando con el transporte de grandes cargas en las minas de carbón, puso a punto su primera locomotora. La construcción del ferrocarril de Liverpool a Manchester en 1829 consolidó su fama para siempre. El ferrocarril permitía transportar materias pesadas a 40 kilómetros por hora, una velocidad antes impensable, acortando extraordinariamente el tiempo de los desplazamientos y permitiendo vertebrar el comercio interior, escasamente desarrollado hasta entonces. El volumen de los intercambios se multiplicó.

También se aplicó el vapor en otro ámbito del transporte: la navegación fluvial y marítima con la invención de los barcos de vapor. Otro avance digno de mención fue el alumbrado público de gas. Las ciudades se convirtieron en lugares más seguros para viajar al instalar lámparas de gas en las calles. Se redujeron las tasas de delincuencia.

Al final de la Revolución Industrial, las ciudades se habían transformado. La población de Inglaterra se había triplicado. Las ciudades de Birmingham y Manchester prosperaban como ciudades textiles, ruedas mecánicas tejían su tela y sus chimeneas echaban humo sin parar. Aparecieron ferrocarriles modificando y vertebrando el trazado de las ciudades y, en los muelles, barcos de vapor. La vida cobró nueva animación. De una nación que labraba el campo, Inglaterra, de pronto, se había convertido en la primera nación industrial del mundo. Pero todo esto solo es el principio, pues a partir de 1850 entramos en la segunda fase de la Revolución, conocida como la Segunda Revolución Industrial.

En 1776, los colonos instalados en la costa este de Norteamérica, organizados en 13 colonias, quisieron dejar de ser ingleses. Este año firmaron la Declaración de Independencia y anunciaron al mundo la creación de una nueva República y se dispusieron a defenderla con las armas frente a uno de los mejores ejércitos de la época: el ejército de Su Majestad Jorge III. Conviene recordar que las 13 colonias fueron fundadas por el Imperio Británico entre los siglos XVI y XVII. Estas colonias eran: Massachusetts, New Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Pennsylvania, Nueva Jersey, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.

El detonante principal de la revolución de las 13 colonias lo encontramos en las medidas que impuso la corona británica tras la Guerra de los Siete Años. Denomina Guerra de los Siete Años a una serie de conflictos internacionales por el control colonial. Los dos principales oponentes fueron Francia y Gran Bretaña. La guerra se saldó con victoria británica, pero el precio fue muy alto. La corona estaba muy endeudada y, ¿qué hacen los gobiernos cuando se endeudan? Subir los impuestos. Y los que salieron más perjudicados fueron los colonos ingleses del norte de América. Pero es justo recordar que la monarquía británica no era la más autoritaria de Europa. El sistema

El parlamentarismo inglés se había fraguado mucho antes con la Revolución Gloriosa y la Declaración de Derechos, que culminó con el Acta de Unión de 1707. Este sistema de corte liberal fue el primero en reducir el poder del monarca y marcó un ejemplo para el resto de las naciones estado modernas que todavía andaban en el absolutismo.

El sistema parlamentario inglés supuso una oleada de liberalismo que puso en crisis el Antiguo Régimen. La vida política de las colonias se desarrolló con cierto grado de autonomía, creando sistemas de gobierno propios, pero la guerra modificó radicalmente el panorama anterior. La nueva intervención inglesa sobre la actividad económica de sus colonias americanas, para beneficio de la capital, hizo que progresivamente los colonos se fueran resistiendo al control londinense.

Consideraron abusivas las nuevas políticas económico-fiscales y administrativas. "No hay tributación sin representación" fue el lema con el que las 13 colonias denunciaron los impuestos como ilegítimos al no estar representados en el Parlamento británico, ya que el Bill of Rights prohibía el cobro de impuestos sin consentimiento parlamentario.

Como decíamos, el Primer Ministro de Gran Bretaña, George Grenville, durante la monarquía de Jorge III, aumentó los impuestos para incrementar los gastos destinados a cubrir la deuda que el estado había alcanzado y también poder cubrir el coste económico que suponía el mantenimiento de las tropas que guarnecían los enclaves del imperio. La presión de los impuestos recayó fundamentalmente sobre las colonias de Norteamérica y las Antillas.

En esta línea se aprobaron las leyes recaudatorias conocidas como la Ley del Azúcar en 1764 y la Ley del Timbre en 1765. La situación se agravó con las Leyes de Townshend en 1767 para recaudar por medio de las importaciones de las colonias. Además, con Townshend se pretendió desvincular a los soldados norteamericanos de las autoridades locales, ligándolos a Inglaterra por la nómina. Esto permitió a las tropas allanar las viviendas solo por sospecha de delitos.

La política económica británica, con sus medidas impopulares y su implantación coercitiva, obstaculizaba las actividades comerciales de la oligarquía norteamericana. Se organizó una asociación de Patriotas que defendía los derechos de los colonos frente al abuso británico, llamada Hijos de la Libertad. El grupo estaba liderado por el ideólogo y referente intelectual Samuel Adams y por el comerciante John Hancock.

Los conflictos sociales no tardaron en aparecer. En 1770 ocurrió la Masacre de Boston, en la que los soldados que ocupaban militarmente la ciudad dispararon contra la multitud que protestaba, muriendo cinco estadounidenses. Samuel Adams afirmó que esa noche fue el detonante del deseo de independencia. El hecho llevó al monarca Jorge III de Inglaterra a eliminar los impuestos aduaneros, dejando solo aquel que pesaba sobre el té, aunque notablemente reducido.

Desde entonces se vivió un periodo de calma hasta que en 1773 Jorge III aprobó la denominada Ley del Té, que en la práctica concedía el monopolio del comercio del mismo a la Compañía Británica de las Indias Orientales, ya que se les eximía pagar el impuesto aduanero, lo cual les permitía comerciar a unos precios mucho más reducidos que el resto. Esta gran compañía actuaba como un gran lobby y ejercía gran influencia en el parlamento.

En 1773, los Hijos de la Libertad se pronunciaron en contra de la Ley del Té y planearon el Boston Tea Party. Cuando la privilegiada Compañía Británica de las Indias Orientales descargó en Boston una partida de té, algunos habitantes de la ciudad se disfrazaron de indios mohawk y echaron al agua el cargamento. El desafío fue contestado con la aprobación por parte del gobierno británico de los llamados Decretos Intolerables en 1774, que limitaban las competencias de las autoridades coloniales, interviniendo y creando un estado de excepción.

Esto desencadenó la celebración del Primer Congreso Continental, que reunió a los representantes de las colonias en Filadelfia. Se reclamaba al rey inglés el derecho de las colonias para hacerse cargo de sus asuntos internos sin injerencia del imperio, lo cual supondría el fin de la relación colonial. Las posiciones de los colonos eran diversas: unos pedían la independencia y otros querían mantener el vínculo, pero reclamaban más autonomía y más derechos. En cualquier caso, la petición al rey no fue aceptada por los ingleses.

Comenzó el boicot a los productos comerciales británicos. En 1775 estalló la guerra, que durará hasta 1783. Los hechos que iniciaron las acciones bélicas y que acabaron con las posibilidades negociadoras para la resolución del conflicto se iniciaron en Lexington y Concord en abril de 1775. Estas batallas desembocaron en el asedio de Boston, donde los británicos tuvieron que retirarse de la ciudad.

Al mes siguiente empezaron las reuniones del Segundo Congreso Continental, donde se abordaron temas militares para lograr la organización formal y eficaz de un ejército. Más allá de los milicianos, es cuando empieza el reclutamiento de soldados. Se nombró a George Washington, un reputado militar, como Comandante en Jefe de las fuerzas norteamericanas.

En plena guerra, el Segundo Congreso Continental aprueba en Filadelfia, un 4 de julio de 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, redactada por Thomas Jefferson, hombre especialmente reconocido por su calidad intelectual. También harían correcciones sobre el borrador de Jefferson el abogado John Adams y el científico Benjamin Franklin. Estos tres personajes son clave; si sumamos a George Washington, estamos ante los cuatro padres fundadores más conocidos. Esta declaración confirió unidad y determinación formal a la guerra de las 13 colonias.

El Imperio Británico no pudo seguir tomando el conflicto como una rebelión temporal, por lo que seguidamente adoptó estrategias de guerra. Tras salir de Boston, William Howe, comandante del ejército británico en América del Norte, reunió las tropas en Nueva York con la pretensión de dividir las fuerzas enemigas y concentrar la contienda en una batalla decisiva. Los norteamericanos evitaron tal confrontación para practicar la guerra de guerrillas. Expulsados de Nueva York, se trasladaron a Nueva Jersey. Meses más tarde, Washington y su ejército cruzan el río Delaware para obtener una victoria en Trenton.

Ese mismo año, la victoria continental en Saratoga fue decisiva. Este fue el punto de inflexión que decantó los apoyos externos hacia los norteamericanos: Francia con Lafayette y España con Bernardo de Gálvez, mientras el Imperio Británico seguía sufriendo grandes costes. El Imperio Británico no pudo aguantar más la situación y en 1783 firmó la paz y reconoció la independencia de los Estados Unidos de América.

Los representantes de los territorios ahora independientes se reunieron en la Convención de Filadelfia en 1787. Se instauró un Gobierno Federal presidencialista con un sistema legislativo bicameral, un presidente de la República y un poder judicial de servicio vitalicio. Lo que en un principio fue una discusión para la reforma de los Artículos de la Confederación por el Segundo Congreso Continental, desembocó en la redacción de la Constitución de los Estados Unidos, ratificada por el pueblo en convenciones en cada estado con el nombre de "Nosotros el Pueblo" (We the People). En las elecciones de 1789, Washington fue elegido primer presidente de los Estados Unidos. John Adams y Thomas Jefferson acabarían siendo el segundo y tercer presidente.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la independencia de Estados Unidos? Las principales fueron la Revolución Francesa y el proceso emancipador de Latinoamérica.

La Revolución Francesa: La Ilustración había servido de impulso a las 13 colonias. Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos sirvieron de trampolín ideológico para el inicio de la Revolución en Francia.

El proceso emancipador de Latinoamérica: El esquema colonial padecía los achaques de la vejez. La independencia de Estados Unidos y la posterior Revolución Francesa son episodios que no pasarían desapercibidos a ojos de las élites de América del Sur. En 1808, la invasión francesa de España acabó con la deposición de Fernando VII, el "rey felón". El hermano de Napoleón, José Bonaparte, se hizo con el trono español. Ahora las colonias españolas eran dependientes del hermano de Napoleón, a quien encima le crearon fama de alcohólico. ¿Acaso esto no era motivo suficiente para emanciparse?

Fernando VII acabaría recuperando el trono tras la Guerra de Independencia española contra el invasor francés, pero la reinstalación del absolutismo no sintonizó lo más mínimo con los vientos liberales que soplaban. El argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar acabarían liderando la causa independentista de las colonias españolas de ultramar.

La Revolución Francesa fue el cambio político-social más importante que se produjo en Europa a finales del siglo XVIII. Fue un periodo violento en el que se derrocó el Antiguo Régimen para acabar instaurándose un nuevo régimen donde la burguesía, apoyada en ocasiones por las masas populares, se convirtió en la fuerza política dominante.

Veamos los detonantes que iniciaron esta revolución. Siglo XVIII. Nos hallamos en Francia. La corriente de pensamiento vigente es el pensamiento ilustrado. Las ideas de gente como Voltaire, Rousseau, Montesquieu han hecho mella en la sociedad. Sostenían que el conocimiento humano podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor. Este tipo de pensamientos se expandió a través de reuniones realizadas en casas de gente adinerada, en las que participaban intelectuales y se hablaba de filosofía, política y literatura.

Se leía la Enciclopedia, una iniciativa de Diderot y D'Alembert, que contó en sus sucesivas publicaciones con numerosos colaboradores que escribieron miles de artículos para dejar plasmado el pensamiento ilustrado. La Enciclopedia contribuyó al descrédito del sistema. Una sociedad culta que piensa por sí misma era la mejor manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen. Los principios basados en la razón, la igualdad y la libertad estaban presentes en la mentalidad de los franceses, no solo de los franceses. Las ideas ilustradas se habían extendido por Europa y sus colonias, al otro lado del océano. La Ilustración había servido de impulso para que un 4 de julio de 1776 las 13 colonias norteamericanas consiguieran su independencia.

Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista. Reinaba por entonces Luis XVI, que estaba casado con María Antonieta. El poder del rey y la nobleza eran la base de este régimen. El estado se encontraba en una situación económica bastante precaria. Los gastos militares y las malas cosechas crearon una gravísima situación social. El pueblo pasaba hambre mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada, endeudando más las arcas del estado. La mentalidad ilustrada más el descontento social provocaron el caldo de cultivo perfecto para que estallara la revolución.

Pero antes, vamos a ver cómo estaba dividida la sociedad francesa. La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados. El primer estado era la Iglesia. No pagaba impuestos, recibía de los campesinos el diezmo, es decir, la décima parte del producto de sus cosechas. Solo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones, y la educación estaba en sus manos.

El segundo estado lo componía la nobleza, dueños de las tierras. La nobleza tampoco pagaba impuestos. Los campesinos les pagaban un tributo y solo podían venderles sus cosechas a ellos. Era una casta encerrada en sí misma. El primer estado y el segundo estado, es decir, el clero y la nobleza, sumaban un 3% de la población. El tercer estado comprendía el 97% de la población restante y su composición era muy variada. Por un lado, estaba la burguesía, formada por los ricos comerciantes, banqueros, los profesionales liberales (médicos, abogados), también por artesanos y pequeños comerciantes. Por otra parte, existían campesinos libres, pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacía los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venía ocurriendo en Inglaterra.

Pero volvamos a París. Cuando la precariedad provocó revueltas, la gente fue a quejarse a Versalles del hambre que pasaba. Entonces corrió el rumor de que la reina, muy altanera, pronunció la frase: "Pues que coman pasteles". Algo así trascendió y resultó bastante provocador. Para levantar el grave déficit presupuestario, el rey tuvo que declarar al estado en bancarrota y convocar en 1788 los Estados Generales, un parlamento medieval que se había convocado por última vez 174 años antes. Una asamblea donde los diputados de la nobleza, el clero y el pueblo se reúnen. Estuvieron presentes unos 1.200 diputados. La mitad representaba a los dos primeros estados y la otra mitad representaba al tercer estado, que había conseguido duplicar su representación. La sesión inaugural fue presidida por el rey Luis XVI.

La nobleza y el clero reclamaban el voto por estamento, que les aseguraba la mayoría sin necesidad de lograr un consenso. El tercer estado pedía el voto por cabeza, que permitía más igualdad en la votación. Ante la negativa de los dos primeros estados y el consecuente bloqueo de toda votación, el tercer estado invitó a que diputados sueltos de la nobleza y del clero se unieran a ellos. Dos nobles y 149 miembros del clero lo hicieron. Ante este acto revolucionario, el rey Luis XVI mandó cerrar la sala y prohibió su entrada a los representantes del tercer estado.

Los diputados del tercer estado entonces deciden constituirse en una nueva asamblea y ser los verdaderos representantes del pueblo de Francia. Encontraron otro lugar de reunión: la sala del Juego de Pelota de Versalles. Esta asamblea tomó el nombre de Asamblea Nacional, prometiendo permanecer unidos hasta dar una constitución a Francia. El rey intentó la disolución de la asamblea. El diputado Mirabeau entonces pronunció la célebre frase: "Estamos aquí por la voluntad del pueblo y solo saldremos por la fuerza de las bayonetas".

El 14 de julio, el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico, pero también punto estratégico del plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la prisión, retornando al ayuntamiento. La multitud acusó al gobernador de la prisión de traición, lo apuñalaron y recibió un balazo que lo mató. Su cabeza fue cortada y exhibida en la ciudad clavada en una pica, naciendo desde entonces la costumbre de pasear en una pica las cabezas de los decapitados, algo que se volvió muy común durante la Revolución.

La toma de la Bastilla dio a los radicales y al pueblo de París mucha confianza en sí mismos, lo que tuvo su expresión en la prensa. Jean-Paul Marat, un médico que fundó un periódico de enorme éxito, se convirtió en la voz de la Revolución y en una especie de líder del proletariado. Con su continua hostigación a los ricos, el rey acabó cediendo. Invitó a la nobleza y al clero a que se unieran a la nueva Asamblea Nacional.

La Asamblea adoptó el nombre de Asamblea Constituyente. Entre las labores que llevaría a cabo la Asamblea Constituyente destacan la aprobación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la supresión del feudalismo, la apropiación de los bienes de la Iglesia, la Constitución Civil del Clero, la libertad de prensa y, por supuesto, la redacción de una constitución. En esta asamblea se sentaban a la derecha los que defendían una monarquía parlamentaria, a la izquierda partidarios de una república. Se sentaban los que representaban los intereses de las clases medias y populares. Así nace la definición ideológica del concepto entre ser de derechas o de izquierdas.

A finales del mes de septiembre de 1789, en París circulaba el rumor de que el rey estaba formando sus tropas y los periodistas, con Marat a la cabeza, azuzaron a la gente con el fin de que reaccionase. La gente marchó a Versalles, acampó, organizó revueltas a las afueras de palacio e incluso un grupo de mujeres entró en palacio y decapitó a miembros de la guardia real. Después exigieron al rey que trasladara su residencia de Versalles a París, y así lo hizo. Una gran multitud desfiló a París y el rey tuvo que alojarse en el Palacio de las Tullerías. Era una manera de tenerle más controlado y poder someterlo a la voluntad popular.

La Asamblea Constituyente, que trasladó también su cámara a París, consigue aprobar la Constitución en 1791. Francia funcionaría como una monarquía constitucional. La Constitución establece que la soberanía reside en la nación y ya no en el rey. Al rey no le queda otra que aceptar la Constitución con su poder enormemente debilitado. El rey empieza a pergeñar un plan para recuperar su poder. Sabe que solo puede hacer esto con la ayuda de un ejército extranjero. Su plan es escapar de las Tullerías para alcanzar la frontera más cercana. El rey y la reina se disfrazan de criados y escapan durante la noche. Cuando están a punto de alcanzar la frontera con Austria, su plan fracasa. Les descubren y les apresan.

En este momento, el doctor Guillotin había propuesto un sofisticado método de decapitación que presenta a la Asamblea. El periodista Marat, entusiasmado con este artefacto, apoda al aparato "guillotina". Acabará teniendo un papel muy importante. Con los reyes presos y por miedo a un ataque inminente, la Asamblea se anticipa y declara la guerra a Austria, el país de la familia de María Antonieta. Pronto Prusia se une a Austria.

El 10 de agosto de 1792, las masas asaltaron el Palacio de las Tullerías y la Asamblea Legislativa suspendió las funciones constitucionales al rey. La Asamblea acabó convocando elecciones con el objetivo de configurar por sufragio universal un nuevo parlamento que recibiría el nombre de Convención Nacional. Aumentaba la tensión política y social en Francia y, además, se encontraba en guerra e iba perdiendo territorios ante sus enemigos.

El nuevo parlamento elegido, compuesto fundamentalmente por los jacobinos, con Robespierre a la cabeza, y los girondinos, de corte más moderado, deciden abolir la monarquía y proclamar la República. Abren un juicio al rey por traición, que finalmente es condenado a muerte. Muere ejecutado en la guillotina. La reina María Antonieta acabaría corriendo la misma suerte y sería ejecutada más adelante.

La revolución se había radicalizado. Durante este periodo se produjo el ajuste de cuentas entre los jacobinos radicales y los girondinos moderados. El sanguinario Marat arremete en su periódico contra los moderados y publica listas de supuestos traidores a la revolución. Esto acabaría con Marat asesinado mientras se daba un baño en su casa. La consecuencia: Marat se convirtió en un mártir, en una leyenda de los radicales.

La Convención Nacional redactó una nueva constitución, creó también un nuevo calendario según el cual el año 1792 se convertiría en el año 1 de su nueva era. Cambiaron los nombres de los meses (Floreal, Brumario, Germinal), se quitó la semana con el fin de suprimir las connotaciones religiosas del domingo y cada mes se dividiría en tres periodos de 10 días. Los grandes oradores Robespierre y Danton son las figuras revolucionarias que cobraron más protagonismo en este momento.

El poder legislativo de la nueva República estuvo a cargo de la Convención, mientras que el poder ejecutivo recayó sobre un órgano de nueva creación: el Comité de Salvación Pública. Con el fin de salvaguardar la República, este órgano cayó bajo el mando del jacobino Robespierre. Los jacobinos desataron lo que se denominó el Reinado del Terror entre 1793 y 1794, una especie de dictadura jacobina. El experimento republicano francés acabó evolucionando en un régimen terrorista. Entre 10.000 y 40.000 personas fueron guillotinadas ante acusaciones de actividades contrarrevolucionarias. Los inclementes responsables del terror sirvieron mal a los ideales que decían defender. Sacerdotes y miembros de la nobleza fueron guillotinados.

Mientras tanto, en la guerra en la frontera, un joven general está comenzando a ganar algunas batallas para la República Francesa. Se llama Napoleón Bonaparte. Pero en el interior, una rebelión que llegó a convertirse en una verdadera guerra civil enfrentó a los partidarios de la Revolución Francesa y a los contrarrevolucionarios. Se denominó la Guerra de la Vendée.

La locura colectiva hizo que los propios líderes revolucionarios corrieran la misma suerte al ser acusados y condenados por celos de sus rivales o por aspirar a una dictadura personal. Robespierre propone "más terror como un camino hacia la virtud". Danton, sin embargo, cree que es el momento de acabar con el terror. Consecuencia: guillotina a Danton. Robespierre aumenta el número de ejecuciones, lo que se conoce como el Gran Terror. La locura de Robespierre solo podía acabar de una manera: con su cabeza cortada en la guillotina.

Con la caída de Robespierre acabó el terror, pero no la revolución. Finalmente, en un intento de moderación, en 1795 se promulgó la nueva Constitución del Año III, que había elaborado y aprobado la Convención durante los meses anteriores. Se trataba de una constitución muy diferente a la de 1793 y, en esencia, volvía a los principios de la Constitución monárquica de 1791. Las dos novedades principales que presentaba era que el poder legislativo estaba compuesto por dos cámaras, siguiendo el modelo británico, y que el ejecutivo estaba integrado por cinco personas que formarían el Directorio, el nombre con el que acabaría conociéndose al nuevo régimen republicano.

El Directorio es una fase entre 1795 y 1799 de carácter más moderado. Este periodo está caracterizado por la disensión entre los directores y una grave crisis económica. Napoleón Bonaparte, retornado de su campaña en Egipto, encontró la motivación para dar en 1799 un golpe de estado, el del 18 de Brumario. Se hizo proclamar Primer Cónsul de la República. Comienza la fase política del Consulado. En esta etapa consiguió restablecer el orden interno con gran apoyo del pueblo francés. La economía volvería a crecer.

En 1804, vuelve a dar otro golpe de timón mediante un plebiscito y Napoleón se proclama Emperador. Para muchos historiadores, aquí acabó la revolución, pero el grito de la Revolución aún pervive hoy en día en todas partes: "¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!". Estas palabras cambiaron la historia de Occidente para siempre.

La Primera Guerra Mundial, antes conocida como La Gran Guerra, fue una confrontación bélica ocurrida principalmente en Europa entre los años 1914 y 1918. La guerra más sangrienta que había conocido el mundo hasta entonces. Más de 9 millones de combatientes y unos 7 millones de civiles perdieron la vida, una cifra extraordinariamente elevada comparado con guerras anteriores. Estas cifras son tan elevadas, entre otras cosas, por los avances tecnológicos e industriales de los beligerantes. En la Gran Guerra se vieron involucradas todas las grandes potencias industriales y militares de la época.

Antecedentes: De la noche a la mañana, Alemania, que había llegado tarde al reparto colonial, se incorpora al club de las grandes naciones. Su gran ejército había infligido una humillante derrota a la Francia de Napoleón III y el rey de Prusia Guillermo I se había proclamado emperador (Kaiser) de todos los alemanes. Tras esa guerra franco-prusiana, Francia perdió las regiones de Alsacia y Lorena. Por eso, Francia y el Imperio Británico aparcaron sus diferencias. En cuanto el gigante alemán empezó a hacerle sombras, formando la Entente Cordiale (entendimiento cordial) en 1904, que tras la anexión del Imperio Ruso pasó a llamarse la Triple Entente.

¿Qué bando se enfrentaron? Se enfrentaron dos bandos. Por un lado, la Triple Entente, que acabamos de mencionar. En el otro bando tenemos a las Potencias Centrales, que surgen de la Triple Alianza, formada por el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro e Italia. La alianza era una coalición inicialmente integrada por el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro por iniciativa del canciller Otto von Bismarck. Estos países acordaron apoyarse en el caso de ser atacados por Francia o por Rusia. Ambas alianzas sufrieron incorporaciones: el Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria se unieron a las Potencias Centrales. Italia se cambia de bando y se une al bando, a la postre ganador, el de la Triple Entente. También se les une el Imperio del Japón y Estados Unidos.

¿Cuál fue el detonante? El imperialismo y colonialismo que venían desarrollando desde hacía décadas las potencias involucradas fue la principal causa subyacente, pero la chispa que desató el conflicto se encendió el 28 de junio de 1914 en Sarajevo con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa. El asesino era un ultranacionalista de origen bosnio. Bosnia había sido anexionada al Imperio Austrohúngaro. Con el asesinato buscaba la unificación de todos los eslavos del sur de Europa bajo otra forma de gobierno, integrándose con el vecino Reino de Serbia y librándose de los odiados austriacos.

El asesinato desató una crisis diplomática. Austria-Hungría y Alemania exigieron a Serbia la apertura de una investigación y la actuación en territorio serbio. Serbia se negó en rotundo, con el respaldo de la Rusia del Zar Nicolás II. Austria-Hungría finalmente declara la guerra a Serbia. Rusia entonces sale en ayuda de Serbia. Más tarde, Alemania mueve ficha, invade Luxemburgo y declara la guerra a Rusia y a Francia, e invade Bélgica. Los británicos salen en auxilio de Bélgica y Francia y se movilizan contra Alemania. Y así sucesivamente. De pronto, media Europa estaba en guerra contra la otra media.

Hoy resultaría impensable la alegría que produjo en Alemania el estallido de la guerra. Los alemanes pensaron en una guerra rápida: derrotar a Francia entrando en París, invadiendo la neutral Bélgica para en pocos meses trasladar toda su maquinaria a Rusia. ¡Toma! Los franceses resistieron el avance armamentístico, impuso una guerra muy costosa y muy larga que rápidamente se enquistó y se convirtió en una auténtica carnicería. Las líneas de trincheras apenas variaron.

En esta guerra aparecieron nuevos cañones, ametralladoras, submarinos, carros de combate, aviones de combate, dirigibles, gases venenosos mortíferos como el gas mostaza. Se combatió en muchos frentes: en los Balcanes, en los Dardanelos, en Oriente Medio, en el Cáucaso, en los Alpes italianos, en África, en Extremo Oriente, en el Pacífico y en el Atlántico, aunque los principales esfuerzos se concentraron en dos frentes: el frente occidental y el frente oriental.

La guerra de trincheras, en la cual los ejércitos combatientes se refugian en zanjas cavadas en el suelo, existe a partir de la revolución que supuso el uso de armas de fuego. Este tipo de guerra llega a su punto máximo de brutalidad y mortalidad en el frente occidental. En 1916, con las batallas de Verdún y la del Somme. En el frente oriental pusieron al mando del ejército alemán a una vieja gloria, Paul von Hindenburg. Tras sus victorias, acabaría siendo jefe del Estado Mayor con el general Ludendorff como subordinado. Ambos acabarían creando una dictadura militar, dirigiendo de facto el país, marginando al Kaiser Guillermo II y al propio parlamento alemán.

Los alemanes intentaron aislar a los ingleses con sus submarinos. U-Boote: estos submarinos atacaban una y otra vez los barcos que abastecían la isla. En 1915, los alemanes hunden el RMS Lusitania, un gran transatlántico, orgullo del poderío británico. En el hundimiento mueren 128 estadounidenses. Este hecho también cabreó mucho a los Yankees. Aún así, el presidente demócrata Wilson se presentó a la reelección haciendo campaña con el lema "Él nos mantuvo fuera de la guerra" y salió reelegido. Sin embargo, los alemanes seguirían hundiendo barcos mercantes. Además, se interceptó un telegrama del ministro alemán de asuntos exteriores, Arthur Zimmermann, dirigido al presidente de México, intentando convencerle de que se posicionase en el conflicto de su lado si los Estados Unidos entraban en la guerra.

¡Y vaya si entraron! Este fue el casus belli que provocó que en 1917 los Estados Unidos le declararan la guerra a los alemanes, y esto, claro, terminó de desestabilizar la balanza. También ese mismo año, en Rusia, las hambrunas, las bajas de la guerra y otros factores desencadenaron el estallido de lo que sería la Revolución Rusa. El Zar Nicolás II tuvo que abdicar y los bolcheviques, liderados por Lenin, tomarían el control. Finalmente, los rusos firmaron el armisticio con los Imperios Centrales y más tarde la paz.

Los alemanes aprovecharon este pequeño éxito para enviar casi todo su ejército oriental al frente occidental e intentar obtener una victoria rápida antes de la llegada masiva de los estadounidenses. Era su baza definitiva. Pero mal alimentadas y cansadas, las tropas alemanas no pudieron resistir la contraofensiva de Foch y fallan frente al objetivo final: París, quedando a 120 kilómetros de la capital gala. El general Foch comanda sus tropas francesas y estadounidenses hacia la victoria en la Segunda Batalla del Marne. Los tanques británicos causan graves bajas. Por otro lado, la superioridad aérea de los británicos y sus aliados acaba imponiéndose a la de los alemanes. Los italianos también derrotaron a los austrohúngaros.

Ludendorff y Hindenburg son partidarios de la capitulación inmediata, pues creen que el frente se derrumbará en cualquier momento. Tropas estadounidenses de repuesto no paran de desembarcar e incluso Italia se prepara para enviar más refuerzos a Francia. Alemania y las Potencias Centrales, sobre el papel, habían perdido la guerra. El presidente norteamericano Wilson proclama que Estados Unidos solo negociará con un gobierno alemán democrático. Después de una revolución obrera en Berlín, el Kaiser abdica y huye. Es el fin de los Káiseres alemanes.

Tras el Tratado de Paz de Versalles, Alemania sufrirá humillantes sanciones que avivaron el odio alemán hacia los vencedores. El Primer Ministro francés había sido el más vehemente, defendiendo con ardor las represalias contra los alemanes. El orden mundial se alteró tras la guerra. Cuatro imperios se deshicieron: el alemán, el austrohúngaro, el otomano y el Imperio Ruso de los zares. El deshonroso Tratado de Versalles acabaría propiciando gran resentimiento en Alemania y el ascenso de un joven cabo llamado Adolf, que desencadenaría una Segunda Guerra Mundial.

La Revolución Rusa es un movimiento político, social y económico que estalló en el año 1917 en el Imperio Ruso. Este episodio, por las trascendentales consecuencias que derivaron de él, es considerado como uno de los más grandes acontecimientos de la época contemporánea. La consecuencia fue el derrumbe de la dinastía de los zares, herederos de los emperadores romanos, lo que significó la abolición del sistema absolutista y despótico hasta entonces imperante. La revolución trajo consigo como resultado un gobierno de corte comunista dirigido por Vladimir Lenin.

Las causas que motivaron la Revolución Rusa fueron:

Primera causa: Rusia estaba en guerra con Alemania. Se trataba de la Primera Guerra Mundial, entonces llamada La Gran Guerra. Las constantes derrotas que estaban sufriendo los ejércitos rusos en la guerra y las numerosas bajas llevaron al descrédito a los Romanov, la última dinastía zarista con Nicolás II a la cabeza. Años antes, en 1905, tuvo lugar una primera revolución tras la derrota rusa ante Japón en la Guerra Ruso-Japonesa.

Segunda causa: Rusia sufría una aguda crisis económica con escasez de alimentos para la población, que sufría una terrible hambruna. Era un país eminentemente rural y atrasado. La organización social de Rusia estaba basada en la más absoluta desigualdad, distinguiéndose dos clases sociales bien marcadas: la nobleza y el pueblo llano, casi todos campesinos. No existía prácticamente clase media.

La tercera causa la encontramos en la esposa del zar Nicolás II, la Emperatriz Alejandra, de origen alemán, tremendamente impopular y enemiga de cualquier reforma favorable al pueblo. Un año antes habían asesinado a Rasputín, médico y asesor de la Emperatriz. Estas causas, unidas a un invierno muy duro, fueron el detonante que hizo saltar la revolución.

Vamos a distinguir dos fases dentro de la Revolución: en el año 1917, la Revolución de Febrero y la de Octubre, que en realidad se produjeron en marzo y en noviembre, ya que Rusia se regía por el calendario juliano en vez de por el calendario gregoriano como el resto del mundo.

La Revolución de Febrero se inició con una huelga espontánea de los trabajadores de las fábricas de la capital, Petrogrado (hoy San Petersburgo). Los días siguientes, las huelgas y manifestaciones se generalizaron por todo Petrogrado y la tensión fue en aumento. Las manifestaciones cada vez fueron más multitudinarias. El ejército no contó con los medios para reprimir la revolución y Nicolás II, el último emperador de Rusia, tuvo que abdicar. El primer episodio de la revolución se había saldado con más de un centenar de víctimas, principalmente manifestantes.

La caída rápida e inesperada del régimen suscitó en el país una ola de entusiasmo y un sentimiento de liberación. Un gobierno provisional, el poder absoluto, rápidamente este gobierno lo acabaría encabezando Alexander Kerensky. Estas primeras semanas, llenas de esperanza y generosidad, fueron muy pacíficas, tanto en las ciudades como en las zonas rurales. No hubo represalias contra los antiguos siervos del zar. Se decretó libertad de prensa, de reunión y se permitió la entrada de exiliados políticos, entre ellos la entrada del revolucionario Vladimir Lenin, que vivía en el exilio.

Las posiciones empezaron a mover los Soviets, que eran asambleas populares de obreros, soldados y campesinos. En un principio permitieron al gobierno provisional gobernar, pero insistieron en una prerrogativa para influir en el gobierno y controlar diversas milicias. La masa de trabajadores y campesinos se politizaba. El pequeño Partido Bolchevique, liderado por Lenin, quien impuso una radicalización estratégica, se hizo portavoz del creciente descontento general y se convirtió en depositario de las aspiraciones populares. Con sus grandes dotes de oratoria, comenzó a defender los postulados de Karl Marx para sustituir el capitalismo por un nuevo sistema socioeconómico socialista e instaurar la dictadura del proletariado.

Un frenesí por dialogar y exponer ideas se instaló en la sociedad. El gobierno de Kerensky cada vez era más impopular, incapaz de hacer reformas, se distanció de la población. Se siguieron mandando tropas para luchar en la Primera Guerra Mundial. Esto desencadenó revueltas populares. El gobierno provisional optó por la represión y comenzó a perseguir a los opositores. Lenin y León Trotsky planearon el derrocamiento del gobierno provisional para instalar el sistema comunista.

Si la Revolución de Febrero fue un levantamiento espontáneo, en la Revolución de Octubre se podría hablar de un golpe estratégico organizado por Trotsky y Lenin contra el gobierno provisional. En la Revolución de Octubre, en Petrogrado, los Soviets se apoderaron de los puntos estratégicos de la capital y asaltaron el Palacio de Invierno, derrocando al gobierno provisional. Lenin anunció tres medidas: una paz inmediata, un decreto sobre la tierra para distribuirla entre los campesinos y la formación del Soviet de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom) que organizaría unas elecciones para elegir a una Asamblea Constituyente.

El Partido Bolchevique de Lenin resultó derrotado en las elecciones. Lenin mandó disolver la asamblea democráticamente elegida al estar en minoría. Esto desembocaría en una guerra civil. Los bolcheviques crearon la Checa, una organización de inteligencia política y militar para aplastar cualquier tipo de disidencia. Sus métodos de represión no se limitaron a detenciones y fusilamientos en masa, sino que utilizaron brutales métodos de tortura. Aparecieron los primeros campos de concentración. El Terror Rojo había comenzado.

En 1918, el que fuera Zar de Rusia, Nicolás II, la Zarina Alejandra y sus cinco hijos, que se encontraban recluidos en una mansión de los Montes Urales, fueron masacrados por un grupo de revolucionarios. La guerra civil que enfrentó al Ejército Rojo de Trotsky contra el Ejército Blanco se saldó con la victoria del Rojo. Se había impuesto el leninismo y la dictadura del proletariado. Se formó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922. El país estaba profundamente tocado. Una terrible hambruna mató a más de 5 millones de personas.

Se pusieron en marcha una serie de reformas. El partido es dirigido de forma vertical, de arriba hacia abajo. El nuevo estado consiste en una pirámide de Soviets, en donde realmente el partido decide y los Soviets votan lo que ha dicho el partido. En 1922, un Lenin enfermo deja su puesto. Se inicia una disputa por la sucesión entre Trotsky, el creador del Ejército Rojo y la cabeza más brillante del partido, y otros cabecillas. En 1924 muere Lenin. Iósif Stalin, un hombre al que todos habían infravalorado, se impuso contra todo pronóstico y sería el sucesor de Lenin. Trotsky fue expulsado del partido y finalmente asesinado. Stalin impuso un gobierno totalitario y sangriento y elevó a la Unión Soviética la categoría de gran potencia política, económica, científica y militar del mundo. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas duraría hasta el año 1991.

El Crack del 29 fue la más devastadora caída del mercado de valores en la historia de la bolsa en Estados Unidos. Mucha gente se arruinó y lo perdió todo. A este crack le siguió una fuerte crisis económica conocida como la Gran Depresión. En este vídeo os vamos a contar la historia que creíamos que nunca se iba a repetir.

Miércoles, 23 de octubre de 1929. Los precios se desploman en el mercado de valores de Nueva York. La Bolsa neoyorquina, situada en el número 11 de Wall Street. Los inversores están sorprendidos y preocupados. Durante años, los precios de las acciones no habían parado de subir. A ese miércoles le sucedió el Jueves Negro. De repente, la Bolsa de Nueva York se llenó de gente que, en vez de comprar, quería vender. Dicen que hubo gritos, llantos y empujones en el parqué. En las calles aledañas se congregó una gran multitud.

Para entender el crack, debemos retroceder una época. En 1919, los Estados Unidos habían emergido como primera potencia tras la Primera Guerra Mundial. Estados Unidos estaba viviendo una etapa de euforia muy gratificante y placentera que creían duraría para siempre. Eran los Felices Años 20. Las fábricas americanas producían productos para la vieja Europa para costear la guerra. El estado había emitido unos bonos llamados "Bonos Libertad". Si pagabas por dichos bonos, el estado te devolvería el precio de los bonos con intereses. Por primera vez, los ciudadanos vieron que podían obtener rentabilidades interesantes por sus ahorros.

Así, Charles Michel, presidente del National City Bank, viendo que se acababa de crear un público con tendencia a invertir, decidió sacar al mercado bonos corporativos o acciones y le dijo a la gente que eran inversiones fiables y con poco riesgo. Pronto los bancos empiezan a sacar nuevos productos financieros, abriendo también el grifo para que la gente acceda al capital. Por primera vez se instala el "compre ahora y pague después". El acceso al crédito era facilísimo y todo el mundo, desde el director de un banco hasta un limpiabotas, podía endeudarse y vivir por encima de sus posibilidades.

En esta expansión de crédito tuvo mucha culpa la recién creada Reserva Federal en 1922, bajando los tipos de interés a niveles históricamente bajos, hinchando una burbuja inflacionista e iniciando una borrachera bursátil. La bolsa, en aquel entonces, era un mercado en el que solo invertían expertos, muy restringido al público, y se acomodaba como un mercado competitivo, rigiéndose a las leyes de oferta y demanda. En este punto, el mercado especulativo se abrió a todo el mundo. Todo el mundo quería su tajada. Mitchell habría agencias de corretaje por todo el país. Eran lugares donde se podía invertir en bolsa. Se actualizaban los valores a cada segundo y era necesaria acudir para poder comprar o vender. Allí se te proporcionaba un papel para dar validez a tu compra o venta, y este debía ser conservado. Y llegó al alcance de todo tipo de personas en Estados Unidos.

La gente estaba encantada. Se creó un mercado alcista que parecía que no bajaría nunca. En los años 20 se llegaban a obtener grandes beneficios con un capital pequeño. La situación se embelleció aún más por la venta de acciones a crédito. Si querías comprar acciones, pedías dinero prestado a un tipo de interés muy bajo. Total, en un mercado alcista, al vender vas a recuperar tu dinero y al final salías ganando.

El mundo se endeudaba y las agencias permitían un apalancamiento 1 a 10, es decir, invertir una suma diez veces superior a tu capital real. Se calcula que dos terceras partes de las acciones de Wall Street se compraban con dinero prestado. La bolsa sube o baja rigiéndose por la ley de la oferta y la demanda, es decir, de lo que la gente está dispuesta a pagar. Aquí la demanda crecía sin precedentes. En vista del gran beneficio que todo el mundo estaba obteniendo, la gente no le importaba cuánto pagar por las acciones, siempre y cuando subieran. Este exceso de demanda provocó que los valores creciesen y creciesen sin control, fuese de la empresa que fuese. No importaba porque estaban subiendo, siempre subían. Por lo tanto, el precio de las acciones se empezó a inflar, alejándose de sus valores reales. Así es como se crean las burbujas.

Paul Warburg, un banquero estadounidense, lanzó un aviso de la burbuja que se había creado y avisó de una enorme depresión, pero nadie le quiso escuchar. Lo hicieron callar. Nadie escuchaba a las personas que querían pisar la realidad y la gente seguía envuelta en su sueño americano. Se continuó invirtiendo mucho y aumentando la burbuja. Hubo un momento en que algunos inversores profesionales se dieron cuenta de que el mercado se estaba sobrecalentando. Los más profesionales y astutos se salieron, como el Kennedy, el padre del que luego sería presidente de los Estados Unidos. Llegó a decir: "Si un limpiabotas sabe tanto como yo sobre el mercado de valores, tal vez es la hora de que yo lo deje". Así llegamos al punto...

Máximo y de inflexión de la burbuja, la tendencia de los valores se iba invirtiendo levemente. El mercado se había vuelto más volátil y el malestar aumentaba. Toda la burbuja se provocó por un exceso de confianza de los ciudadanos y cuando esta confianza cae, ya no hay nada que hacer.

Miércoles, 23 de octubre de 1929. La bolsa sufrió un gran golpe al bajar en una sola sesión casi un 7%. Aquel día solo fue un augurio de lo que pasaría el día siguiente, el fatídico y recordado jueves negro de Wall Street.

Jueves, 24 de octubre de 1929. Se desató una furia vendedora de manera que en pocos minutos se cursaron órdenes de venta por un millón de títulos. Las cotizaciones de esas acciones iban cayendo. Se llegaban a ofrecer paquetes de acciones a un tercio de su valor sin encontrar comprador. Los agentes de bolsa pedían desesperados garantías para aquellos títulos que con anterioridad se habían comprado a crédito, pero obviamente nadie podía cubrirlos. Empezaron a circular rumores de suicidios, gente tirándose desde rascacielos y la gente de la calle curiosa empezó a entrar en las instalaciones. El pánico fue gigante. La policía de Nueva York tuvo que tomar posiciones para evitar posibles disturbios. Ya se había roto la burbuja.

La reacción popular fue: "Esto no puede estar pasando". Para el mediodía, los principales jefes de los bancos se reunieron para intentar solucionar la situación. La reunión incluyó a Thomas Lamont, actuando como representante de JP Morgan Chase; Albert Weeken, representante de Chase National Bank; escogen a Richard Whitney, vicepresidente de la bolsa de Nueva York, para actuar en su nombre. Para paliar la debacle, inyectan dinero en una serie de valores que se suponían fiables, los que se conocen como blue chips. El multimillonario John Rockefeller hace lo mismo con esperanza de que cambie la tendencia. Lo consiguieron. La bolsa empezó a subir. Una intervención en los valores por parte de gente poderosa había logrado revertir la sangría de precios. Invirtieron grandes sumas de dinero para remontar los valores y volver a generar confianza a los inversores. El mercado remontó. Incluso los periódicos anunciaban: "La crisis de la bolsa ha pasado". Pero esta inyección de confianza no fue suficiente.

Tras una recuperación el viernes y otra pequeña el lunes, llegamos al martes, 29 de octubre de 1929, conocido como el martes negro. El índice de la bolsa descendió más que ninguna otra jornada de la bolsa en la historia de Nueva York. Las bajadas continuaron hasta el mes de enero, cuando se tocó fondo. El gobierno, presidido por el republicano Herbert Hoover, no sabe cómo parar el golpe.

Consecuencias: Mucha gente se arruinó. Los bancos también se arruinan al no poder recuperar el dinero prestado. Cerraron porque dejaron de ser solventes. Millones de personas pierden los ahorros guardados en esos mismos bancos. 3.000 de ellos cerraron en los dos años siguientes. Después de aquello, la gente guardaba el dinero bajo el colchón. Muchas fábricas echaron el cierre. Aumentó el paro significativamente. Empiezan a aparecer barrios de chabolas por todo el país y, como suceden todas las caídas, finalmente terminó llegando a Sudamérica, Europa y hasta Australia. Inglaterra se cerró tras sus fronteras y abandonó el patrón oro. El paro se disparó en Francia e Inglaterra. El malestar y la crispación social, producto de la crisis económica, se disparó en Alemania. Un joven soldado austriaco empezó a abrirse paso como el símbolo de la salvación económica y el poderío alemán. Se llamaba Adolf Hitler.

El 1 de septiembre de 1939, Hitler invade Polonia. Esta es la acción bélica que realmente inicia la Segunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial es la contienda más devastadora que la humanidad jamás ha conocido, pero para entender cómo se llegó a este punto, debemos remontar los años atrás, por lo menos al final de la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Versalles había puesto fin a la Gran Guerra y la gran Alemania había salido muy perjudicada tras perder territorio y serle impuestas desproporcionadas compensaciones que debía pagar a los vencedores. Los alemanes necesitaban de un líder que les guiara como pueblo y que les hiciese recordar tiempos pasados. Por eso surge un tipo como Hitler, un pintor frustrado que supo canalizar la rabia y los anhelos de todo un país. Si se puede decir algo bueno de un villano como Hitler es que era un gran orador y un maestro de la propaganda. Les habló a los alemanes de la superioridad de su raza y del camino que el pueblo debía seguir para engrandecer la nación. Hitler, a golpe de discurso, se erigió en el líder del Partido Obrero Alemán, transformándolo en el Partido Nacionalsocialista Alemán, de ideas nacionalistas, supremacistas, racistas y un fuerte componente antisemita y antimarxista.

En 1923, Hitler acabó en la cárcel tras un fallido golpe de estado. En su encierro, aprovechó para escribir el "Mein Kampf", mi lucha, libro desquiciado de escasa calidad literaria que acabaría siendo el evangelio del nazismo. Tras su encierro, Hitler volvió a la palestra política y acabaría ganando en 1932 unas elecciones con mayoría simple para alzarse como canciller de los alemanes. Al año siguiente, nace el Tercer Reich, el tercer gran Imperio alemán. En una coyuntura de crisis económica a nivel mundial, rápidamente, bajo una apariencia de legalidad, Hitler establece un régimen totalitario, liquidando las instituciones democráticas de la República de Weimar. Mediante una ley habilitante, se arresta a los diputados del Partido Comunista de Alemania y se los confina en campos de concentración. La persecución de los judíos por parte del nazismo se convierte en una política activa.

El Führer hizo caso omiso de las obligaciones que para Alemania señalaba el Tratado de Versalles, creando un fuerte estado militar con tímidas protestas de Francia e Inglaterra. En el año 1938, empezó a poner en práctica su política de expansión territorial, incorporando a Austria entre sus dominios. Ese mismo año, Hitler amenazó con desencadenar una guerra europea a menos que los Sudetes, una zona fronteriza de Checoslovaquia con una mayoría de etnia alemana, fueran cedidos a Alemania. Para resolver el asunto, se sentaron a hablar en Múnich: alemanes, franceses, ingleses e italianos. A los checoslovacos ni les invitaron. El Primer Ministro británico Chamberlain y su homólogo francés, en un acto de tibieza y cobardía, ceden con tal de que la sangre no llegue al río. Mal calculado. Al año siguiente, Hitler incumple su palabra y ocupa el resto de Checoslovaquia. Churchill criticó duramente a Chamberlain con la frase: "Hemos preferido el deshonor a la guerra; tendremos el deshonor y también la guerra". Y así fue.

Para construir un gran imperio, los planes de Hitler pasaban por la anexión de Polonia. Polonia era un país surgido del Tratado de Versalles. Sus tierras antes habían pertenecido a Alemania, a Austria y a Rusia. A los polacos se les había concedido una franja de tierra para que el país tuviese una salida al mar Báltico a través del corredor de Danzig, partiendo Alemania en dos.

Agosto de 1939. El comunista Stalin y el anticomunista Hitler, dos líderes totalitarios, sorprenden a medio mundo con el Pacto Ribbentrop-Molotov, un tratado germano-soviético de no agresión. Dos enemigos irreconciliables firmaron no atacarse. Nueve días después del pacto, Hitler invade la parte occidental de Polonia y, tres semanas después, los soviéticos se encontraban invadiendo la parte oriental. La invasión de Polonia hizo que por fin Inglaterra y Francia le declararan la guerra a Alemania. Alemania se tomó una pausa para reagrupar filas, mientras británicos y franceses se mantuvieron a la defensiva. Los periodistas llamaron a este periodo la "Guerra de Broma". Los ingleses mandaron tropas a Francia para frenar a los alemanes, la Fuerza Expedicionaria Británica. Las tropas francesas e inglesas se parapetaron tras la Línea Maginot, una línea defensiva construida tras la Primera Guerra Mundial que los franceses creían inexpugnable.

Durante este periodo de calma, la Unión Soviética atacó Finlandia. No fue un paseo ni mucho menos. Los soviéticos sufrieron innumerables bajas. Finalmente, las fuerzas soviéticas no cumplieron su objetivo principal, el de conquistar Finlandia; solo lograron conquistar algunos territorios fronterizos. Hitler pensó que el Ejército Rojo era un ejército débil, formado por infrahombres. El Führer, muy crecido por sus avances anexionistas y ante la pasividad de buena parte de los líderes europeos, mueve ficha constantemente. Ocupa Dinamarca y Noruega.

Los alemanes finalmente acabaron con la Guerra de Broma en mayo de 1940, tras atacar simultáneamente Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos y Francia. El método es el anteriormente utilizado en Polonia: la Blitzkrieg o Guerra Relámpago. Consiguieron meter sus tanques Panzer por un lugar que se pensaba impenetrable para un ejército mecanizado moderno: el bosque de las Ardenas. El ejército aliado quedaría rodeado. La Batalla de Francia parecía perdida. A finales de ese mes, se llevó en la ciudad de Dunkerque una dramática operación de evacuación de las tropas aliadas en territorio francés. Alemania pudo haberle asestado al ejército aliado el golpe final, pero algún tipo de milagro debía ocurrir, porque Hitler dejó escapar a más de 300.000 soldados. El motivo no se sabe hoy en día; es un debate que sigue suscitando innumerables teorías.

La Batalla de Francia no duró mucho más. El 22 de junio, Hitler se reunió con varios altos oficiales franceses, quienes solicitaron un armisticio. Hitler seleccionó el mismo lugar y el mismo vagón de tren donde se firmó el armisticio con Alemania en la Primera Guerra Mundial. Esta vez se invertían las tornas y Alemania ocupa el asiento del bando vencedor. Así se puso fin a la guerra en Francia. Francia se dividió en dos: una porción ocupada que incluía París y otra no ocupada, controlada por un gobierno colaboracionista con sede en Vichy, presidida por el Mariscal Philippe Pétain. Se la conoció como la Francia de Vichy. Charles de Gaulle inmediatamente se declaró en contra del gobierno de Vichy y proclamó la Francia Libre. Llamó a sí mismo a formar la Resistencia Francesa.

Italia y Alemania, las dos potencias fascistas, estaban unidas desde 1936 en una agrupación que Mussolini denominó el Eje Roma-Berlín. Mussolini, el líder del Partido Fascista Italiano, viendo la facilidad con la que Hitler conquista países, siente que ha elegido el bando ganador. Se ha apropiado de Albania y se ha sumado a los alemanes, declarándole la guerra a Francia e Inglaterra. Il Duce, emulando a Julio César, quiere ampliar más sus posesiones, ya que Italia, al igual que Alemania, había llegado tarde al reparto colonial. Sus planes pasan por conquistar Grecia y Egipto, pero Hitler tuvo que salir al quite para ayudar a los italianos, que más que una ayuda en la guerra, suponen una carga. Los italianos no pueden con los griegos, pero llegarían refuerzos. Finalmente, los alemanes invaden Grecia a través de Bulgaria. Mussolini luego atacaría las bases británicas de Egipto desde Libia. El objetivo era tomar el Canal de Suez, la puerta del Imperio colonial británico.

Pero ¿qué había pasado en Europa tras la derrota de Francia? ¿Qué fue de los británicos? Churchill, nuevo Primer Ministro tras la dimisión de Chamberlain, rechaza firmar un armisticio con Alemania. Hitler decide ir a por todas, pero conquistar Inglaterra no será tan fácil por su condición insular. Los ingleses consiguieron defender heroicamente su isla en la Batalla de Inglaterra, una batalla que se libró sobre todo en el aire: la Luftwaffe contra la RAF. Churchill pronunciaría otra de sus grandes frases: "Nos dejó muchas; nunca tantos debieron tanto a tan pocos". Durante más de un año, Inglaterra soporta la guerra en solitario. Los nazis bombardean durante meses las ciudades más importantes de Inglaterra. Hitler cree dominar la situación y se ve como claro vencedor, pero los ingleses resisten y dan la batalla.

A finales de año, Adolf Hitler se entrevistó con el general Franco en Hendaya, una localidad francesa que hace frontera con España. Hitler quería que España entrase en la guerra de parte de las potencias del Eje. Al final no llegaron a un entendimiento. Franco estaba dispuesto, pero el país atravesaba una enorme crisis tras la Guerra Civil Española. España, si bien prestó apoyo logístico, optó por el papel de no beligerante. Hitler había logrado que Hungría, Rumanía y Bulgaria se unieran a las fuerzas del Eje. Solo faltaba Yugoslavia. Un cambio de gobierno en este país precipitó su invasión en abril del '41.

Hitler soñaba con un imperio alemán que abarcara desde el río Rin hasta el Volga. Es en este momento cuando Hitler decide ampliar fronteras y emprende la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética. La gran motivación era el petróleo ruso. A Stalin, antiguo aliado de Hitler, le pilla un poco por sorpresa. No se esperaba que Hitler rompiese su alianza tan pronto. La invasión se había demorado con la invasión de Grecia y de Yugoslavia. Finalmente, en junio de 1941, los alemanes movilizan entre tres y cuatro millones de soldados. En un primer momento, los alemanes ganan campañas y terreno con facilidad. En un mes, Bielorrusia y las repúblicas bálticas, previamente ocupadas por la URSS, estaban en manos alemanas. Hitler calculó que pocos meses de campaña bastarían para tomar Moscú, pero el crudo invierno llegó y los ejércitos de Hitler se quedaron a las puertas. Lo mismo le ocurrió a Napoleón en su día.

El Eje Roma-Berlín se había ampliado en 1939 con la unión de Japón. Japón era el país más avanzado de Oriente y quiere librar a sus vecinos, es decir, a las colonias europeas orientales, del yugo de Occidente. "Asia para los asiáticos" era una frase común entre los nipones. Ya en 1931 empezaron la invasión de China, que continuó en 1937. Cuando Alemania ocupó Francia, Japón tomó el control de la Indochina francesa. Sobrevoló un bloqueo comercial y un embargo de petróleo por parte del gobierno de Estados Unidos, presidido por Roosevelt. La única salida que le quedaba a Japón era retroceder o ir a la guerra. Los japoneses atacaron por sorpresa la base americana de Pearl Harbor en Hawái en diciembre de 1941. El gigante dormido despierta y Roosevelt pronuncia su famoso discurso de la infamia, en el que declara el estado de guerra entre Estados Unidos y el Imperio Japonés.

Tras Pearl Harbor, los japoneses invaden Hong Kong y, en cuestión de meses, Singapur, Birmania, Tailandia, las Indias Orientales Holandesas, Filipinas. Una especie de tsunami o guerra relámpago a la japonesa. La bandera del sol naciente ondea sobre el Pacífico y Hitler le declara la guerra a Estados Unidos. Con esto, firma su sentencia de muerte definitiva. La derrota es solo cuestión de tiempo.

Una batalla naval empieza a librarse en el Pacífico. En el Atlántico, la batalla se venía librando desde el principio de la guerra. En este escenario, los U-boat alemanes hunden una cantidad enorme de aliados, la mayoría barcos de abastecimiento. Para evitar la sangría, el papel de la inteligencia aliada fue clave, concretamente con el desciframiento de la máquina Enigma usada por los nazis. Algunos expertos señalan que la guerra se acortó dos años por este motivo.

En el Pacífico, en 1942, los americanos consiguen vengarse de Pearl Harbor seis meses después, concretamente en la Batalla de Midway, un duro revés para los japoneses, donde pierden cuatro portaaviones. Las tornas se habían empezado a invertir. En Europa, Churchill aprueba bombardeos masivos sobre la población civil alemana, mientras en el norte de África, las tropas alemanas de Rommel y las italianas ganan algunas campañas, pero son derrotadas en las batallas de El Alamein, que marcan un cambio de rumbo. Los alemanes no consiguen llegar al Canal de Suez y, con ello, el plan de tenaza de ir por las reservas de petróleo de Oriente Medio se desvanece. Los alemanes también planean conquistar los campos petrolíferos del Cáucaso. Es entonces cuando Hitler decide dividir sus fuerzas e ir a por Stalingrado con el objeto de asestarle un golpe moral a Stalin, pues era la ciudad que llevaba su nombre. Mala jugada por parte del Führer. Aunque los alemanes conquistan buena parte del Cáucaso, sus tropas acaban retirándose, ya que su mirada estaba fija en Stalingrado.

A principios de 1943, los alemanes se rinden tras la larga Batalla de Stalingrado, la más sangrienta de la historia de la humanidad. La grave derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta ciudad significó un verdadero punto de inflexión y fue decisiva en los resultados finales de la guerra. A partir de aquí, los alemanes ceden constantemente terreno a los rusos. En julio de ese año, los alemanes no consiguen frenar al Ejército Rojo en la Batalla de Kursk, la mayor batalla de tanques de la historia. Ese mismo mes, los aliados bombardean Roma, lo que provoca gran desmotivación en los italianos. Estaban convencidos de que los aliados nunca bombardearían la Ciudad Santa. Además, saben que están perdiendo la guerra. Terminarían por renegar de sus antiguos aliados. Al poco tiempo, deponen a Mussolini y lo arrestan. Duro revés para los alemanes. Los italianos les han traicionado.

El 4 de junio de 1944, los aliados llegaron a Roma y la liberaron. El 6 de junio, un enorme contingente de tropas aliadas desembarcó en las playas de Normandía. Los alemanes, que ya retrocedían por el este, empiezan a retroceder por el oeste. El avance aliado es incontenible. No tardan en llegar a París. Cuando los aliados cruzan la frontera germana, los alemanes lanzan una desesperada ofensiva en las Ardenas que no surte efecto. En el Pacífico, las tropas niponas se desvanecen. Las acciones de los kamikazes solo retrasan la ofensiva estadounidense.

En enero de 1945, el Ejército Rojo llega al campo de concentración de Auschwitz, Polonia, y libera a miles de prisioneros. La opinión pública empieza a conocer los horrores del Holocausto judío y su verdadero alcance. Más de 6 millones de judíos fueron asesinados por el régimen nazi. En febrero, los aliados realizan el bombardeo de Dresde, uno de los mayores bombardeos sobre población civil de toda la guerra, resultando destruida casi toda la ciudad. En abril, los rusos llegaron a Berlín y ganan la última batalla europea. Ese mismo mes, se suceden el fusilamiento de Mussolini y el suicidio de Hitler. Finalmente, la Alemania nazi se rinde incondicionalmente ante los aliados. Termina la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero la guerra continúa en algunas zonas de Asia y Japón. Hicieron falta dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto para rendir al incansable ejército del emperador Hirohito.

La Guerra Fría fue un enfrentamiento iniciado al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945. El fin de la guerra supuso el fin de la hegemonía de Europa. Dos potencias tomaron el relevo: Estados Unidos y la Unión Soviética, liderando dos bloques con sus propias alianzas y estados satélites: el llamado bloque occidental capitalista y el bloque del este comunista. ¿Por qué se llamó Guerra Fría? Porque ninguno de los dos bloques tomó nunca acciones directas contra el otro. No fue una guerra al uso, aunque sí hubo conflictos derivados y guerras subsidiarias. Las razones de este enfrentamiento fueron esencialmente ideológicas, políticas, económicas y propagandísticas. La Unión Soviética financió y respaldó revoluciones y gobiernos socialistas, mientras que Estados Unidos también dio abierto apoyo y propagó desestabilizaciones y golpes de estado en Latinoamérica.

Los antecedentes de la Guerra Fría los encontramos antes de 1945, concretamente en 1917, tras el triunfo de la Revolución Rusa, de la que Rusia emergió como el primer país socialista. Este fue uno de los primeros eventos que provocó erosiones considerables en las relaciones ruso-estadounidenses. Los soviéticos defendieron que el capitalismo debía ser derribado por la fuerza para ser reemplazado por un sistema comunista. Los capitalistas americanos, tras el estallido de la revolución, ayudaron al Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa. Finalmente, las tropas del Ejército Rojo, lideradas por Trotsky, se hicieron con la victoria.

Pero avancemos de nuevo a 1945. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, conviene recordar que la Unión Soviética y Estados Unidos habían sido aliados para frenar los planes de Hitler. Antes de que acabase la guerra, se reunieron en Yalta Joseph Stalin, Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt como jefes de gobierno de la URSS, del Reino Unido y de Estados Unidos, respectivamente. La Conferencia de Yalta tuvo su continuación con la Conferencia de Potsdam, ya con Alemania totalmente rendida y Hitler muerto. Estas conferencias supusieron la división de Alemania en cuatro zonas: una parte para cada país y otra para Francia. También se trataron asuntos sobre el desarme, desmilitarización, devolución de territorios anexionados por Alemania, la persecución de los militares de guerra nazis y la creación de las Naciones Unidas.

Los soviéticos, tras la guerra, habían ocupado de facto las zonas de la Europa del Este que habían defendido y liberado. Para frenar esta expansión soviética, Estados Unidos ayudó con el Plan Marshall al salir de sus ruinas a Europa Occidental y a la zona occidental de Alemania. Con el Plan Marshall, los estadounidenses dieron enormes ayudas económicas a Europa. El plan estuvo operativo durante cuatro años, desde 1948. Los objetivos de Estados Unidos eran reconstruir aquellas zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras al comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero de nuevo al continente. Todos estos objetivos estaban destinados a evitar la propagación del comunismo, que tenía una gran y creciente influencia en la Europa de posguerra. Los detractores del Plan Marshall argumentaron que este era una muestra de imperialismo económico estadounidense.

Los Estados Unidos promovieron la fundación de la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, una alianza militar intergubernamental sellada en 1949. La organización constituía un sistema de defensa colectiva en la cual los estados miembros acuerdan defender a cualquiera de sus miembros si son atacados por una facción externa. Las naciones rivales, para contrarrestar la fuerza de esta alianza, firmaron el Pacto de Varsovia en 1955. Finalmente, Berlín, Europa y el mundo quedaron divididos por el Telón de Acero. Esta expresión es de Churchill.

En 1949, el Ejército Rojo de Mao Zedong se proclama vencedor de la Guerra Civil China tras derrotar a los nacionalistas del Kuomintang, que contaban con el respaldo de Estados Unidos. Inmediatamente, la Unión Soviética establece una alianza con los vencedores, que habían creado un nuevo estado comunista con la denominación de República Popular China. Al año siguiente, Stalin se vio sorprendido por la participación de tropas estadounidenses en la defensa de Corea del Sur, que había sido invadida por los comunistas de Corea del Norte. El alto el fuego llegó en 1953. Stalin había fallecido ese mismo año. Le sucederá Nikita Jruschov.

Volvamos al Telón de Acero en Europa. En los cinco años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, un total de 15 millones de personas emigraron del este al oeste. Este hecho hizo que el bloque soviético llevara a cabo un bloqueo efectivo de la migración. En 1950, hubo un control férreo de pasaportes para que la gente no se pasase de un bloque a otro. La frontera en Berlín, ciudad que estaba repartida, era un coladero y muchas personas se pasaban del lado comunista al lado capitalista. Este hecho hizo que se construyese el Muro de Berlín en 1961. Conviene recordar que Alemania estaba dividida tras la guerra en dos Alemanias: la República Federal Alemana con capital en Bonn y la República Democrática Alemana con capital en Berlín.

Esta división del mundo en dos bloques se sostenía por el riesgo de que las potencias se aniquilasen unas a otras en una guerra nuclear, lo que obligó a ambos frentes a actuar con mucha cautela. En las zonas más conflictivas, solo en una ocasión estuvo a punto de estallar el conflicto. Tras el derrocamiento del militar Batista en Cuba por parte de Fidel Castro, Estados Unidos trató de realizar una invasión de Cuba que fracasó. En 1962 ocurrió la llamada Crisis de los Misiles, cuando el presidente Kennedy castigó con un bloqueo a Cuba por el asunto de los barcos soviéticos cargados con misiles y dirigidos contra Estados Unidos. En el último momento del partido, el gobierno soviético cedió y los barcos cambiaron de rumbo.

Estados Unidos también había entrado en la Guerra de Vietnam, que a la postre acabó siendo otro duro revés en la historia norteamericana: una experiencia de fracaso, desgaste y frustración. Este conflicto enfrentó a los Estados Unidos y el gobierno de Vietnam del Sur por un lado, contra Vietnam del Norte y las guerrillas comunistas que actuaban en Vietnam del Sur por otro. La guerra terminó extendiéndose también a Laos y Camboya.

La Guerra Fría también fue espionaje, inspección recíproca, conferencias, crisis y soluciones diplomáticas. Y no nos olvidemos de la carrera espacial, una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética que derivó en una exhibición de poderío y musculatura. Los rusos pusieron en órbita el satélite Sputnik en 1957. Inmediatamente, los americanos respondieron con su Explorer One en 1958. Era una cuestión de prestigio. Cuando los rusos enviaron a su primer hombre al espacio, los americanos les mojaron la oreja enviando una nave tripulada a la Luna.

En 1980, Reagan ganó las elecciones con la promesa de incrementar el gasto militar y enfrentarse a los soviéticos en cualquier lugar que fuera necesario. Tanto Reagan como la recién elegida Primera Administradora británica, Margaret Thatcher, denunciaron sin cesar la ideología comunista. Reagan calificó la Unión Soviética como "el Imperio del Mal" y predijo que el comunismo acabaría "en el montón de cenizas de la historia". A principios de 1985, el anticomunismo visceral de Reagan se desarrolló en una postura conocida como la Doctrina Reagan, en la que, además de la contención, abogaba por el derecho de los Estados Unidos de subvertir y derrocar los gobiernos comunistas existentes.

Finalmente, en 1989, cae el Muro de Berlín y supone la definitiva apertura de fronteras entre ambos bloques, el desmembramiento del bloque comunista y el final del Telón de Acero y de la Guerra Fría. Tras la caída, la tensión entre los países del antiguo comunismo y los capitalistas se acabaría diluyendo. De hecho, actualmente, la mayoría de los estados del antiguo bloque comunista han acogido las políticas e ideologías del mundo capitalista.