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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo tomó la palabra Jesús y dijo, "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen con mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Mis queridos hermanos, tomen asiento, por favor. Qué alegría celebrar esta Eucaristía con ustedes. Hoy es un día muy especial. Hoy celebramos una fiesta muy bonita. ¿Cómo se llama? Qué bonita fiesta, ¿no? Muy querida por sus hijos, muy apreciado. Una fiesta muy popular, prácticamente está impregnado en nosotros. Esta fiesta es muy hermosa. ¿Y qué es lo que nos hace descubrir esta fiesta? ¿Cómo también le conocen a la Virgen del Carmen? ¿Cómo la la estrella del mar? ¿Por qué la estrella del mar? ¿Qué buscan los navegantes? cuando están perdidos. ¿Qué buscan los navegantes cuando quieren orientar su rumbo? La estrella. ¿Para dónde? Si llega vean la estrella, ¿qué quiere decir eso? ¿Qué significa ya? Que están seguros, que van a llegar a un buen puerto.
Así es, mis queridos hermanos. María es llamada también la estrella del mar. espiritualmente hablando, ¿cómo nos ayudaría esta estrella? Mucho. Puede ser que tu vida esté extraviado en el caminar de esta vida. Puede ser que un problema te esté ahogando. Puede ser que estés sumergida en un problema y no sabes qué hacer. A veces dicen, "No hayo luces para mis problemas. Todo veo oscuro. No veo salida." A veces decimos esas palabras sin darnos cuenta que hay una estrella que nos guiará. ¿Quién es esa estrella? María.
Puede ser que tu hogar, tu como vida de esposos estén pues en una etapa de sus vidas muy crítica. Puede ser que se estén peleando, no no no ven nada de de paz, de tranquilidad, de armonía en la familia. Los esposos ya no saben qué hacer. Cada uno por su lado, cada uno quiere hacer su vida, su antojo y los problemas llegan y llegan y llegan y no pueden ver una salida. ¿A dónde debemos elevar nuestros ojos? A María. Ella nos va a ayudar. Ella es nuestra madre, quien nos ama, quien nos quiere. Por eso debemos invitar a María a nuestra vida. Y no solamente esta devoción no solamente nos ayuda aquí. en esta vida, sino también después de la muerte.
Mis queridos hermanos, esta devoción es muy hermosa, es muy bonita. Entonces, ¿qué dificultades estarás pasando en tu corazón, en tu alma? ¿Qué problemas te estarán agobiando? No sé, tus hijos, tu economía, cada uno somos un mundo y a veces nuestro barco, que es nuestra vida, pues a veces está tomando rumbo adverso a lo que quiere nuestro padre. ¿Cuál es el deseo de nuestro padre celestial? Que todos sus hijos se salven. Y ese es el deseo más grande de todos nosotros. ¿Cuál es el deseo que tenemos en nuestro corazón, en nuestra alma? ¿Cuál es el deseo más grande que tenemos? Habitar en la casa de Dios por años y gozar de su semblante todos los días de mi vida. Eso es el deseo de cada uno de nosotros que está impreso en nuestro corazón, en nuestra alma. Pero hay un pero. ¿Cuál es ese pero? ¿Estás trabajando? Ese es el problema grande. Queremos ir al cielo, queremos con todo nuestro corazón, pero nuestra vida, muchas veces nuestras acciones no van acorde a nuestro deseo, pero tenemos una ayuda muy hermosa, una ayuda poderosa. ¿Quién es esa ayuda poderosa? María, nuestra madre.
Por eso el evangelio del día de hoy dice aquí, "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, yo los alivé. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón." Mira lo que nos está invitando el Señor en este día. Muchos hermanos me dicen, "Padre, yo no me voy a misa porque tengo mucho trabajo. Tengo que esforzarme mucho para sacar adelante a mi familia." Efectivamente es así. Si no se esfuerza, pues, ¿quién quién nos va a dar algo a nosotros? Nadie. ¿Qué me dicen los varones los domingos cuando le invito a misa? No puedo, par, es el único día que tengo de descanso. Le digo, está bien, todo lo que tú quieras, pero yo sé que te esfuerzas cada día, yo sé que trabajas incansablemente para sacar adelante a la familia, pero también el Señor te dice, "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Y caen con mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón." sabe tu esfuerzo, sabe nuestras dificultades, pero también el Señor necesita que te acerques a él como todo buen padre.
¿Qué pasa cuando los hijos salen de casa? Nosotros que a veces hemos salido por un trabajo, ¿a dónde queremos volver? ¿Por qué queremos volver a la casa? Porque es nuestro refugio. Dice que los padres son los puertos que no se mueven. Ahí están. Es como esta fiesta de nuestra madre María, la estrella del mar. ¿Por qué? Porque los hijos pueden ir a donde quieran por el trabajo, pero siempre su corazón y su alma, ¿dónde va a anhelar? Su hogar. ¿Por qué su hogar? Porque va a encontrar lo poco, lo mucho que sus papás los da, los da con amor. Imagínate trasladándole eso al cariño de nuestra madre María. Ella nos da todos los beneficios espirituales y nos acerca a dónde? a su hijo. Tantas cosas, mis queridos hermanos, para hacer loas a nuestra madre María. Y debemos estar alegres, debemos estar supremamente contentos porque tenemos una madre supremamente poderosa, intercesora. Lo tenemos. Por eso, mis queridos hermanos, invítale a María a tu corazón, invítale a María a tu vida. ¿Por qué? Porque es nuestra madre. Y qué cosa hace una buena madre? Se fija de los detalles de sus hijos. ¿Se acuerdan ustedes ese pasaje de las bodas de Canaán? ¿Qué estaba faltando? Y el vino significa la alegría. Puede ser que la alegría se esté acabando en tu corazón. Puede ser que la alegría de tu matrimonio se esté languideciendo. Puede ser que como joven estés tomando pues caminos que no te harán bien ahora ni un futuro. Ese detalle ve María, ¿cómo está tu alegría? ¿Mucho o poco? Más o menos, ¿no? Algunos quizás casi nada, pero invítale a María y verás que le va a decir a su hijo, "Mira hijito, se está acabando la alegría de esta mijita. Mira su matrimonio cómo se está yendo. Ayúdalo, por favor." Pero también nosotros dejémonos ayudar. Dejémonos ayudar porque eso es lo que quiere nuestra madre María, que le presentemos nuestra vida, que le presentemos nuestro corazón, que le presentemos nuestra alma para que ella pueda también ayudarnos como nuestra madre que nos ama. Es la figura de una madre. Creo que es la madre que que nos quiere y nos conoce tal cual somos. Así que nosotros no seamos pues reacios a eso. Acerquémonos a ella porque es nuestra madre y ella nos acercará a su hijo.
Mis queridos hermanos, todas las bendiciones en este día. Muchas bendiciones en tu corazón, en tu alma, en tu familia, en tu trabajo y los hermanitos que nos están viendo desde su casa, de su desde su trabajo, a seguir trabajando, a seguir esforzándose, pero no se olviden de acercarse a Dios, de acercarse a María, porque allá vamos. Ese es nuestro puerto que debemos nosotros arribar. ¿Cuál es el puerto que vamos a arribar? El cielo, ¿no? ¿Y qué vas a llevar cuando vas cuando ya vas enrumbado al cielo? ¿Qué vas a llevar? Tus obras, tus acciones. ¿Y quién te ayudará ahí cuando llegas? ¿Quién te esperará? María. Y te conducirá a su hijo, que es nuestro hermano. Todas las bendiciones del Señor en este día. Que el Señor multiplique bendiciones en sus almas. Vamos a continuar nuestra santa misa cantando el ofertorio.
Letanías de la preciosísima sangre.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sálos.
Sangre de Cristo, verbo de Dios hecho hombre, sálos.
Sangre de Cristo del nuevo y eterno testamento, sános.
Sangre de Cristo vertida hasta la tierra en la agonía. Sán.
Sangre de Cristo que corrió en la en la flagelación. Sán.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas. Sán.
Sangre de Cristo derramada en la cruz. Sán.
Sangre de Cristo precio de nuestra redención. Sán.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón.
Sangre de Cristo en la Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas.
Sangre de Cristo, río de misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los demonios, sálos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, valor de los enfermos, sálvanos.
Sangre de Cristo engendrada de vírgenes.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran.
Sangre de Cristo, solaz de los que trabajan. Sán
sangre de Cristo, consuelo de los afligidos. Sán
sangre de Cristo, esperanza de los penitentes.
Sangre de Cristo, alivio de los moribundos.
Sangre de Cristo, paz y gozo de los corazones. Sálvanos.
Sangre de Cristo, garantía de la vida eterna. Sán
sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria, sálos.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
No nos redimiste, Señor, con su sangre.
Dios.
Oremos. Omnipotente yiterno Dios, que constituiste a tu unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate por su virtud. seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración por la santificación y multiplicación de los sacerdotes.
Padre celestial, mayor gloria de tu santo, sacramento de tu amor y en quien tiene toda nuestra complacencia. Por la santificación y multiplicación de los sacerdotes derrama espíritu enciértenos en amor a la cruz y junto su apostolado. Amén. Amén.
Vamos a rezar por cada uno de ustedes para que el Señor derrame su gracia y su bendición. Que María, nuestra madre pues nos acompañe siempre a sus hijos que hoy día se reúnen para celebrar esta santa eucaristía.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Amén.
Vamos a rezar por los hijos que están desorientados por nosotros, a veces que estamos caminando por caminos que no agradan a Dios ni a los hermanos, para que nosotros podamos volver y ver la estrella que es María, la estrella del mar, para enderezar nuestro camino, nuestra vida en dirección al cielo.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Oremos. Confortados con los sacramentos que dan la vida, te pedimos, Señor, que el alma de nuestros hermanos, purificados por la virtud de este sacramento, vivan eternamente en la paz de Cristo, el que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. El Señor les bendiga en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y esta bendición les acompañe ahora y siempre. Amén.
Mis queridos hermanos, esta Santa Eucaristía ha terminado. Podemos ir en paz. Gracias a Dios. Linda jornada a todos.